miércoles, 22 de septiembre de 2021

RESEÑA: "EL CHIVO EXPIATORIO", DAPHNE DU MAURIER

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Alba Editorial
Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Número de colección: 49
Encuadernación: Rústica
Formato: 12,5x20
Páginas: 504
ISBN: 978-84-9065-742-3
Categorías: Clásicos, Rara Avis
Precio:25,50 €

Sinopsis de la Editorial:


John, un profesor inglés de Historia, soltero y de mediana edad, pasa, como todos los años, sus vacaciones en Francia. En Le Mans se encuentra por casualidad con un tipo que es físicamente igual a él. Asombrados por el parecido, se emborrachan juntos y se cuentan sus desdichas. John le habla de su vida solitaria y sin sentido y el otro –el conde Jean Le Gué– le deja entrever que su problema es exactamente el contrario: «Poseo demasiadas cosas. Cosas humanas». A la mañana siguiente, John despierta en un hotel de mala muerte, sus cosas han sido sustituidas por las del conde y un solícito chófer le espera para llevarle a casa. La casa resulta ser un antiguo château con foso, torreones y gárgolas… y es así como se encuentra de pronto al frente de una familia escabrosa, un negocio ruinoso y una nueva identidad siempre en peligro de ser desenmascarada.

Propuesta musical para el libro:




La belle amour es una canción compuesta por Harry Frekin. Fue interpretada por la cante Paule Desjardins en el Festival de Eurovisión de 1957, en el que quedó en segunda posición. La pieza sigue los criterios del llamado estilo chanson, muy de moda en los inicios del famoso festival, que popularizaron a lo largo del siglo XX cantantes de la talla de Édith Piaf, Jacques Brel o Charles Aznavour.


Lo que Undine opina del libro:


<Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero.> Samuel Butler 


Rio Loira a su paso por Blois.
Fuente Undine von Reinecke
Hace algunos años hice un viaje por Francia para ver los castillos del Loira. Una de las etapas de mi aventura gala me llevó hasta la histórica ciudad de Blois, que está situada muy cerca del regio río y a medio camino entre las célebres villas de Tour y Orleans. Blois es famosa por su elegante castillo renacentista, que mandó construir el rey Luis XII, y por haber sido el centro de operaciones de Juana de Arco durante la batalla de Orleans, entre otros muchos acontecimientos históricos de importancia. Durante la Segunda Guerra Mundial la ciudad fue ocupada durante cuatro años por el ejército alemán, y su liberación no llegó hasta agosto de 1944, con la llegada de los norteamericanos. Tanto en el momento de la ocupación como en el de su liberación, Blois tuvo que sufrir constantes bombardeos. Pero esto no fue lo peor que le sucedió a la ciudad en aquellos duros momentos, lo más terrible fue ver cómo vecinos y conocidos de toda la vida se denunciaban unos a otros, acusándose indistintamente de traidores o colaboracionistas, por miedo al invasor y, en ocasiones, por rencillas personales. Así nos lo contó el guía del Museo de la Resistencia de Blois (Centre de la Résistance), quien también nos comentó que, finalizada la contienda, la población firmó un pacto no escrito de silencio y perdón, con el fin de olvidar y dejar atrás aquellos años de vergüenza y dolor. Pues bien, en esta histórica Francia de posguerra, no muy lejos de la ciudad de Blois, se sitúa la novela que os presento hoy. Se titula El chivo expiatorio, y está firmada por la aclamada escritora inglesa Daphne du Maurier. El libro fue publicado en los últimos meses por Alba Editorial, y forma parte de la exquisita colección Rara Avis, al igual que otros exitosos títulos de la autora, entre los que se encuentra El río del francés 👈 que reseñé hace un par de años. 

El chivo expiatorio comienza así:

<Dejé el coche al lado de la catedral y bajé las escaleras hasta la Place de Jacobins. Seguía lloviendo a cántaros. No había parado desde Tours y lo único que había visto de esos campos que tanto me gustaban era la superficie lustrosa de la route national, cortada rítmicamente por el monótono vaivén del limpiaparabrisas.
Antes de llegar a Le Mans, se intensificó el abatimiento en el que había empezado a caer en las últimas veinticuatro horas. Era inevitable, siempre, al final de las vacaciones; pero esta vez era más consciente que nunca de que el tiempo había pasado muy deprisa, no porque hubiera hecho muchas cosas, sino porque no había conseguido nada.>

El chivo expiatorio narra la inquietante aventura de John, un inglés de mediana edad, académico de historia que, como cada verano, pasa sus vacaciones en Francia disfrutando de su patrimonio, preparando las clases que impartirá el próximo curso en la universidad y documentándose para escribir los ensayos que quiere publicar. La temporada estival ha llegado a su fin y John debe volver a Inglaterra. Durante el viaje de regreso al volante de su coche le invade una perturbadora idea; la realidad de sentirse un fracasado solitario y sin familia, que no ha conseguido nada verdaderamente importante en la vida. El cansancio de la conducción bajo la lluvia le obliga a parar en la ciudad de Le Mans. Mientras pasea por la localidad y observa con cierta envidia la actividad de los transeúntes, un individuo se dirige a él en la calle como si le conociera de toda la vida y, pese a la insistencia de John en identificarse, el sujeto insiste en confundirle con otra persona. Tras este extraño incidente, el protagonista decide entrar en el bar de la estación para ahogar sus penas. Pero, de pronto, su mirada se cruza con la de un sujeto que es su viva imagen. Los dos hombres se presentan y comienzan a conversar, invadidos al tiempo por la curiosidad y por una perturbadora premonición. Mientras están hablando, John se confiesa con el individuo que acaba de conocer y le abre su alma al completo. Sin embargo, su interlocutor, que se presenta como el conde Jean De Gué, es parco en palabras y mantiene una actitud sospechosa y reservada. Pese a los recelos que siente John con respecto a su interlocutor, los dos hombres no pueden separarse, y terminan la jornada emborrachándose juntos. A la mañana siguiente, el protagonista despierta con una resaca tremenda en la cama de un hotel de mala muerte, su ropa y objetos personales han desaparecido, y un hombre, que dice ser su chofer, le está esperando para llevarle a su chateau. Le ha tomado por el conde Jean de Gué. John intenta identificarse, pero tanto el personal del hotel como el chofer del conde están convencidos de que él es el señor de Gué que está confuso por los efectos del alcohol. Así pues, sin oponer más resistencia y con mucha curiosidad por comprobar hasta dónde llegará esta insólita aventura, nuestro protagonista decide aceptar esta nueva identidad y se mete en la piel de del aristócrata, sin conocer absolutamente nada de su vida. Cuando llega a la mansión familiar se enfrenta a la que cree será la más dura prueba, la de ser reconocido por cualquier miembro de los de Gué. Pero eso no será más que el principio del problema, porque bajo las piedras del antiguo castillo descansan terribles secretos de amor y muerte que cambiarán el destino de John y de todos aquellos que tuvieron que ver con el verdadero conde de Gué.


El chivo expiatorio es una apasionante e inquietante novela de magistral atmósfera gótica. Fue publicada en 1957 por la editorial británica Gollancz, bajo el título original de The scapegoat, y se llevó al cine dos años más tarde, con Alec Guinness y Bette Davis como protagonistas, bajo la producción de la propia Daphne du Maurier. En 2012 la ITV realizó una nueva adaptación protagonizada por Mathew Rhys, pero no está a la altura del texto.

Fuente: Wikipedia
Dicen las malas lenguas que la escritora inglesa tomó la idea para su historia de Brat Farrar (Patrick ha vuelto, Hoja de lata 2018), un libro policiaco publicado en 1949 por la escocesa Josephine Tey, en el que también se utilizaba una duplicidad de identidad como principio argumental de la historia. Algo que, por otro lado, ya se había usado con anterioridad en otras novelas como es el caso de El prisionero de Zenda de Anthony Hope (1894). Pero lo cierto es que, como nos cuenta la escritora Jo Walton en su interesante artículo al respecto, el único punto que comparten ambas novelas es éste. Porque El chivo expiatorio no es una novela policiaca, sino un thriller psicológico con un cierto toque de fantasía. Me explico, la historia parte de un principio poco probable: dos hombres completamente iguales físicamente, hasta el punto de que nadie puede distinguirlos, ni siquiera por sus maneras ni por su dicción, pese a ser uno francés y el otro inglés, y que intercambian identidades sin que uno de ellos conozca nada de la vida del otro y, pese a todo, nadie perciba las diferencias. Parece poco verosímil que esto pueda suceder, ¿verdad? Sin embargo, la historia está tan bien construida, los personajes son tan inquietantes e interesantes y la narración es tan emocionante y subyugante, que abandonar la lectura es del todo inimaginableLa magia narrativa de Daphne du Maurier y su magistral capacidad para crear atmósferas se presenta en El chivo expiatorio en su máximo esplendor. 

Chateau de Brissac.
 Fuente: Undine von Reinecke
Como decía al comienzo de la reseña, la autora nos traslada a la Francia de posguerra, con todo lo que eso conlleva: los odios y rencores que nacieron durante la ocupación nazi aún siguen presentes entre la población, y pueden estallar en cualquier momento. Ubica en ese ambiente a su atormentado protagonista, y  pone en su camino a un individuo idéntico a él, un hombre que parece tenerlo todo: es conde, posee una finca con un castillo, una gran familia y una empresa cristalera con un montón de empleados a su cargo. Du Maurier juega a ser el genio de la lámpara e intercambia la vida de esos dos hombres, como otorgándoles a cada uno de ellos el deseo que han rogado al cielo. Pero, como decía Oscar Wilde, “Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad”. Porque la realidad del conde de Gué es mucho más compleja de lo que aparenta y, lo que comienza siendo una extraña aventura para John, rápido se transforma en un angustioso y complejo episodio. Durante un periodo de tiempo nuestro protagonista ejercerá las funciones de dios pagano, con poder sobre el destino de una estirpe en decadencia, los de Gué. John será hijo, hermano, marido, padre y señor de sus vasallos, para un conjunto de personajes que parecen salidos de los mejores cuentos y novelas de la literatura gótica y de misterio de todos los tiempos, ya que gran parte del éxito de esta novela reside en sus personajes, desde el propio protagonista y su doppelgänger, hasta el último empleado de servicio del chateau. Cada sujeto es más complejo y siniestro que el otro. Comenzando por una madre postrada en la cama, desde donde dirige la vida de todos los hijos con despotismo; siguiendo por una esposa quejumbrosa, que vive su matrimonio con frustración; por otro lado está el taciturno hermano, que no lleva nada bien ser el segundón; no nos olvidemos de la cuñada, una joven guapa que está aburrida de su matrimonio y busca nuevas emociones; mención especial merece la hija del conde, una niña precoz que tiene visiones marianas; y para poner la guinda al pastel, nos encontramos con la hermana mayor, una solterona con la que hace años que no se habla, y vive escondida en la religión. A estos principales debemos añadir la brillante introducción de unos secundarios de primera, encabezados por una doncella del castillo que, aunque singular por sí misma, es imposible no rememorar en su persona a la eterna Mrs. Danvers de Rebecca (1938), la más famosa novela de Daphne du Maurier.

Bette Davis y Alec Guinness (adaptación de 1959)
Fuente: Multitudeofmovies.wordpress.com
Como vemos, la autora no dejó ningún punto flaco en este título; tanto el momento histórico, como la ubicación, la trama, los personajes... Todo se conjugan a la perfección para dar como resultado una novela fascinante y absorbente, capaz de secuestrar entre sus páginas al lector más exigente. Ya que, desde mi punto de vista,  El chivo expiatorio no es sólo una interesante historia de misterio con un final de primera, es también una novela que traspasa la superficialidad del mero entretenimiento, para adentrarse en terrenos filosóficos que estudian la complejidad del individuo.

Cuenta Laura Varnam en la web oficial de Daphne du Maurier, que a la autora se le ocurrió la idea para la novela durante un viaje que realizó a Francia en 1955 para investigar sobre sus ancestros, los Busson-Mathurin, que también eran industriales del vidrio, como los son los personajes del libro. Un día mientras se estaba documentando al respecto, se cruzó con un hombre que era el vivo retrato de un conocido suyo. Este suceso le pareció tan turbador que la motivó para escribir El chivo expiatorio. Al parecer, du Maurier se dejó llevar tanto por la historia que estaba escribiendo, y le afectaron de tal modo la investigaciones que realizó para los perfiles psicológicos de sus personajes, que constantemente encontraba paralelismos con lo que sucedía en su vida privada. Esta cuestión mermó su fortaleza emocional y, cuando terminó la novela después de seis meses de durísimo trabajo, la autora fue diagnosticada de agotamiento nervioso. Un mal que comparten muchos creativos del mundo del arte que viven su trabajo con tanta pasión, pero que a menudo suele ir acompañado de gran talento, como es el caso que nos ocupa.

Cierro aquí mis impresiones sobre una novela que me ha fascinado como pocas, y que no dudo en recomendar a mis lectores. Esta obra ha llegado hasta nosotros como una muestra ejemplar de la soberbia capacidad narrativa de una autora que fue amada por muchos, criticada por unos pocos, y acusada de plagio en ocasiones, pero que supo hacer brillar sus ideas con luz propia y pasión. Daphne du Maurier elevó el género del thriller psicológico y de misterio a cotas incomparables, y El chivo expiatorio es una prueba indiscutible de ello.


<Combatirse a sí mismo es la guerra más difícil; vencerse a sí mismo es la victoria más bella.> Friedrich von Logau


Undine von Reinecke ♪


La autora por la Editorial:

Fuente: Alba Editorial
Daphne du Maurier
Nació en Londres en 1907, hija del actor y empresario Gerald du Maurier y nieta del autor e ilustrador George du Maurier. Educada en familia y más tarde en París, empezó escribiendo cuentos y artículos en 1928 y en 1931 publicó su primera novela, Espíritu de amor. El éxito de Rebeca (1938), su tercera novela, enseguida adaptada al cine por Alfred Hitchcock, le dio fama mundial, y a partir de entonces se convertiría en una de las novelistas más populares del siglo XX. Entre sus otras obras, muchas de ellas llevadas también al cine, cabe mencionar La posada Jamaica (1937; Rara Avis núm. 37), El río del Francés (1941; Rara Avis núm. 42), Monte Bravo (1943), Los parásitos (1949), Mi prima Rachel (1951; Rara Avis núm. 32), Los pájaros (relato incluido en la colección The Apple Tree, 1952), Mary Anne (1954), El chivo expiatorio (1957) y Perdido en el tiempo (1969). También escribió teatro y biografías. Vivió la mayor parte de su vida en Cornualles, donde se ambientan muchas de sus novelas. Allí murió en 1989.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

RESEÑA: "GUÍA PARA VIAJEROS INOCENTES", MARK TWAIN

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Autor: Mark Twain
Editorial: Ediciones del Viento
Traducción: Susana Carral Martínez
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 624
Edición: 6
Formato: 16x24cm
Fecha de lanzamiento: 01/10/2009
ISBN 9788418227028


Sinopsis de la Editorial:


En 1867, los periódicos de Norteamérica se hacen eco del anuncio de la “Excursión a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios”, para la que se proponen fletar un barco que partirá del puerto de Nueva York. Se trata de uno de los primeros viajes organizados de la historia, del que forma parte el que luego sería padre de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, decidido a plasmar su opinión en las crónicas que envía al diario Alta California. No deja títere con cabeza: empezando por él mismo, pasando por Miguel Ángel, los Maestros Antiguos, los guías de turismo –a los que pone a caldo–, franceses, napolitanos, y acabando por los Peregrinos y su viaje a Tierra Santa. En 1869 se edita “The innocents abroad” que recoge todas sus crónicas y tiene tanto éxito que, durante mucho tiempo, se empleó como guía de viajes. De hecho, fue la obra más vendida del autor en vida. Twain utiliza sus amplios conocimientos, su dominio del idioma, su peculiar humor y su ingenio para conseguir un libro espléndido; un regalo para el lector moderno.


Propuesta musical para este libro:



William Mason fue un pianista y compositor estadounidense, que nacido en una familia de músicos. Viajó a Europa mediado el siglo XIX, y allí fue alumno de Franz Liszt. A su regreso a los Estados Unidos formó parte y lideró en Nueva York un grupo de cámara que introdujo en el continente la música romántica europea, especialmente la de Robert Schumann. Todo ello en el contexto sociocultural de la Guerra de Secesión.


Lo que Undine opina del libro:


<El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios.> Carlo Goldoni

Como cada tercer miércoles de mes de 2021, Lecturas de Undine dedica la entrada semanal del blog al viaje literario La vuelta al mundo en doce libros👈 Septiembre está dedicado a Nueva York, ciudad a la que llega por tren el carismático Phileas Fogg de Julio Verne, tras haber dejado San Francisco a sus espaldas. Esta línea de ferrocarril que utiliza el autor fue construida tres años antes de que el francés publicara La vuelta al mundo en ochenta días, dato que evidencia el gran trabajo de documentación de la inmortal novela.

Jacobo II
Fuente: wikipedia
Nueva York es en la actualidad la ciudad más poblada de Estados Unidos, y desde finales del siglo XIX es además uno de los puntos estratégicos más importantes de la economía mundial. A la ciudad se la reconoce también por sus característicos rascacielos, por la inconfundible Estatua de la Libertad y por su contribución al mudo de las bellas artes y la cultura mundial.

Nueva York fue bautizada con este nombre en 1664 en honor al duque de York, quien se convertiría en Jacobo II, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1685-1688), por expreso deseo de Carlos II, su hermano mayor, que decidió regalar a Jacobo los terrenos de Nuevos Países Bajos, incluida Nueva Ámsterdam, que Inglaterra arrebató en 1664 a Holanda, después de una cruenta batalla. Los holandeses volvieron a recuperar la ciudad en 1673 y la renombraron como New Orange, pero un año más tarde volvió bajo control inglés.

Mujeres Lenape, 1910
Fuente: Wikipedia
Es de recibo mencionar que antes de llegar los europeos a aquellas tierras en 1524, por obra y gracia de la corona francesa al mando de Giovanni da Verrazzano, que la bautizó como Nouvelle Angoulême, el lugar donde hoy se ubica Nueva York pertenecía a la tribu Lenape; estos primeros pobladores vendieron en 1626 la isla de Manhattan a los holandeses, y la leyenda que narraba la transacción estuvo bajo sospecha durante mucho tiempo. Como quiera que sea, esta gran metrópoli comenzó a cobrar importancia como punto estratégico comercial y de comunicación bajo la corona inglesa, que supo sacar partido a uno de los puertos naturales más grandes del mundo. Ubicado en la desembocadura del río Hudson, que cede sus aguas a la bahía de Nueva York y que terminan en el océano Atlántico, el puerto neoyorquino era la puerta de entrada al Nuevo Mundo para la mayoría de inmigrantes, especialmente en el siglo XIX y comienzos del XX, donde fueron recibidos por Miss Liberty desde 1886, gran paradoja para una ciudad que había sido uno de los centros de esclavitud más destacados en el siglo XVIII. Nueva York jugó un papel capital en la Guerra de la Independencia (1775-1783), allí se libró la Batalla de Long Island, la más importante de la contienda, que cayó del lado británico. Transcurridos dos años tras la victoria final norteamericana, la asamblea del Congreso de la Confederación designó a Nueva York como la capital de la nación, función que desempeñó hasta 1790. Allí fue investido George Washington como primer presidente de los Estados Unidos, allí se redactó la Declaración de Derechos, ambos acontecimientos en 1789. 

Edward Moran, 1886
Fuente: Wikipedia
Nueva York recibió el siglo XIX con dos grandes fenómenos, el de la inmigración masiva, especialmente llegada desde Irlanda, y el de convertirse en una sede abolicionista de gran importancia. A ello se unió el crecimiento industrial y comercial de la ciudad, que extendía su influencia internacionalmente. Así era la Gran Manzana cuando estalló la Guerra de Secesión en 1861, y que duró hasta 1865, pocos años antes de la publicación del libro de Mark Twain que me ocupa hoy.

En cuanto a la cultura neoyorquina, es importante comentar que la prestigiosa Universidad de Columbia fue fundada en 1754 y se convirtió en el primer centro de estudios superiores de Nueva York y la quinta más antigua de los Estados Unidos. Cabe señalar, además, que este centro universitario administra anualmente, y desde 1917, el Premio Pulitzer, galardón que se otorga por los méritos en materia de periodismo, composición musical y literatura.

Edgar Allan Poe, 1849 aprox.
Hablando de literatura, como comentaba en la etapa de San Francisco, donde hablé de la novela del Oeste y de frontera👈 los orígenes de las letras norteamericanas fijaron su atención en lo que se escribía en Europa, y tuvo su máximo exponente en escritores como Washington Irving (1783-1878) y James Fenimore Cooper (1789-1851). Pero el gran primer gran escritor del siglo XIX fue Edgar Allan Poe (1809-1849), cuyos trabajos influyeron en la poesía europea a nivel conceptual y de estética. Pero mediado el siglo XIX, nuevas corrientes literarias se ponen de moda en Norteamérica y surgen así el Trascendentalismo de R.W. Emerson y H.D. Thoreau, a quién debemos Walden (1854); la novela puritana desarrollada por Nathaniel Hawthorne (1804-1864), creador de La letra escarlata (1850); y, cómo no, el gran representante del Renacimiento estadounidense de finales de siglo, Herman Melville, que escribió Moby Dick (1851), obra inmortal de la literatura universal. Dos nombres más engrandecen las letras norteamericanas, esta vez en el campo de la poesía; me refiero a Walt Whitman (1819-1892), que con Hojas de Hierba erigió a la lírica al grado de representante de la libertad, y Emily Dickinson (1830-1886), cuyas creaciones elevaban la musicalidad y la sensibilidad a un grado sublime. Otros nombres conocidísimos de la literatura estadounidense de este momento quedan en el tintero, como es el caso de  L. M. Alcott, pero mis lectores sabrán añadirlos a la lista principal.

He dejado para el final un nombre que dio una vuelta de tuerca a las letras en su país y las llevó hasta el siglo XX, ofreciendo a los lectores de uno y otro lado del Atlántico un nuevo concepto literario, con su particular sentido del humor y su aguda mirada sobre la sociedad que le tocó vivir. Me refiero a Samuel L. Clemens (1835-1910), más conocido como Mark Twain, todo un icono para Norteamérica por lo que representa su persona, un hombre hecho a sí mismo que se curtió tanto en el Mississippi como en el Lejano Oeste, y por su excelencia como escritor y periodista. A él pertenece la obra que he elegido hoy para la etapa neoyorquina de La vuelta al mundo en doce libros, que lleva por título Guía para viajeros inocentes, publicada en España por Ediciones del viento, que va ya por su séptima edición. De los motivos que me han llevado a esta elección ahora daré razón.

Guía para viajeros inocentes relata un viaje real que se realizó en 1867. Un crucero que partió desde Nueva York y que recorrió diferentes capitales y ciudades europeas, navegando por el Atlántico, el Mediterráneo y el Mar Negro, hasta llegar a Oriente Próximo para visitar Tierra Santa, como punto culmen del viaje. Desde allí se iniciaría el viaje de regreso, no sin antes hacer la parada obligada en Egipto, y en otros lugares de interés, como España. Pero al crucero había que añadir unas cuantas excursiones por tierra que los viajeros podían hacer o no, en grupos organizados por ellos mismos, y que complementaban estupendamente la experiencia.

Primera edición
Fuente: Wikipedia
El libro fue publicado en 1869 por American Publishing Company, bajo el título original de The Innocents Abroad o The New Pilgrims' Progress, y se publicitó como un texto perteneciente al género de la literatura de viajes. Fue el título más exitoso y vendido de la producción de Mark Twain en vida del autor, y durante mucho tiempo fue también un importante referente para los norteamericanos que querían viajar a tierras extranjeras. Aunque ya existía la literatura sobre viajes, el propio Twain había escrito unos cuantos artículos sobre el tema y había ofrecido conferencias sobre sus experiencias viajeras, hasta la fecha no se conocía una aventura organizada para turistas de tamañas dimensiones. Si tenemos en cuenta que La vuelta al mundo en ochenta días fue publicado en 1872, debemos entender que los organizadores del crucero y Mark Twain pudieron servir de algún modo como inspiración al genial Julio Verne

El viaje que se relata en Guía para viajeros inocentes había sido anunciado en los periódicos norteamericanos durante 1867 y, según Mark Twain, que fue uno de los viajeros que se unieron a la experiencia para documentarla, la idea era tan buena que no podía fracasar.


<Se trataba de una idea magnífica; era fruto del más ingenioso de los cerebros. Se le hizo una buena publicidad, pero no era necesario: su osada originalidad, lo extraordinario de su carácter, su seductora naturaleza y la inmensidad de la iniciativa provocaron comentarios en todas partes y le hicieron propaganda en todos los hogares de la tierra. ¿Quién iba a ser capaz de leer el programa de la excursión sin desear formar parte del grupo?>


Quaker City (1861-1865), Clara Ray (1900)
Fuente: Wikipedia
Twain, siempre con su característicos humor e ironía,  comienza su narración contando cómo se unió a este periplo por el mundo, y comparte con los lectores la carta que escribieron los organizadores del viaje, donde exponen las características y las condiciones económicas del mismo, y da fe de los nombres que formaban el comité de selección de pasajeros, porque estos debían cumplir unos requisitos, no se especifica cuáles, y se comunicaba, además, las características que tendría el vapor en el que navegarían, que debía ser elegido por el propio comité. Como curiosidad he de decir que el barco seleccionado fue el Quaker City, un vapor que había participado pocos años antes en la Guerra de Secesión con el nombre de USS Quaker City. Tras el viaje por Europa el barco fue vendido dos veces más, hasta perderse en 1871 frente a las Bermudas en su última travesía.


<¿Qué le faltaba al programa para que resultase absolutamente irresistible? Nada que cualquier mente limitada fuese capaz de descubrir. ¡París, Inglaterra, Escocia, Suiza, Italia-Garibaldi! ¡Las Islas Griegas! ¡El Vesubio! ¡Constantinopla! ¡Esmirna! ¡Tierra Santa! ¡Egipto y nuestros amigos los habitantes de las Bermudas! Las gentes de Europa que debían unirse a la Excursión, enfermedades contagiosas que habrá que evitar, desplazamientos en barca a cargo de los responsables del navío, médico a bordo, la posibilidad de dar la vuelta al mundo al planeta si los pasajeros lo desean al unánime, el grupo seleccionado con rigidez por un despiadado “Comité para la aprobación de solicitudes”, el vapor seleccionado con la misma rigidez por un igualmente despiadado “Comité para la selección del vapor”. La naturaleza humana no es capaz de resistirse a tentaciones tan desconcertantes.>


Sultan Abdülaziz I
Fuente: Wikipedia
No me he resistido a compartir este pequeño pasaje introductorio de Mark Twain, y será el último, porque el libro no tiene desperdicio y cada pasaje es más hilarante y mordaz que el anterior, para que mis lectores comprendan el carácter del texto. Porque Guía para viajeros inocentes no es un libro viajero cualquiera; el autor, que había sido contratado por un periódico local para que enviara cartas de las crónicas del viaje, adoptó en todo momento una postura crítica respecto a los comportamientos de sus compañeros de aventura, sobre los sucesos diarios en el el barco y en las diferentes etapas del viaje, acerca de las costumbres de los diferentes países que visitaban y en referencia a los acontecimientos que contemplaba durante sus andanzas, causados por la situación política y social internacional. De este modo, el libro no es sólo un relato humorístico que narra una peculiar aventura de sesenta turistas osados por el mundo, sino un interesante testimonio de la historia que todos hemos estudiado, contada por un cronista librepensador, que ofrece su particular punto de vista. Al respecto, y teniendo en cuenta que absolutamente todas las etapas del viaje son interesantes y están contadas con un estilo mordaz, quiero destacar las observaciones que Mark Twain hace sobre las tierras y gentes del Imperio Otomano y su sultán Abdülaziz I, a quien pudieron ver en la Exposición Universal de París de 1867 junto a Napoleón III. Estas apreciaciones, de marcado carácter político y social, serían hoy tomadas hoy en día como una ofensa o una peligrosa provocación de un ciudadano norteamericano. 

Este es el punto de vista que adopta en todo momento el gran escritor. Desde mi perspectiva, Mark Twain observa el Viejo Mundo bajo el prisma de la joven nación en la que nació, una mirada sesgada por carácter altanero y en ocasiones arbitrario de la sociedad norteamericana de su tiempo. Es curioso cómo el escritor parece haber olvidado en su relato los tristes acontecimientos que su país acaba de vivir antes y durante la Guerra Civil, otro quizá hubiera adoptado una posición más humilde con respecto al funcionamiento de las naciones que visitó. Pero eso era parte de la genialidad de Mark Twain, quien, no contento con sus osadas palabras, también se vio involucrado en temerarias excursiones. El relato de ciertas visitas prohibidas por la cuarentena debido al cólera en Italia, Grecia y España, van más allá de la simple picaresca de unos viajeros curiosos, incluso podrían haberse convertido en un conflicto internacional. Dejo a mis lectores que reflexionen sobre el tema.

Por otro lado, y en relación a la cultura, podríamos establecer dos partes en el libro. Por un lado está la etapa europea, en la que el escritor y sus compañeros de viaje visitan una ciudad tras otra, consumiendo arte y lugares de interés sin descanso; y por otro, cuando el grupo de amigos de Twain decide visitar Tierra Santa por su cuenta y a caballo, recorriendo los lugares más emblemáticos que aparecen en la Biblia. En la primera parte europea, el lector se echará las manos a la cabeza por los comentarios que hace el escritor con respecto al mundo antiguo y su arte. De sus críticas no se salvan Roma con sus iglesias, ni Venecia con sus palacios, incluso el grandísimo Miguel Ángel llega a fastidiarle; tan sólo se arrodilla ante el mundo clásico de Grecia. Ni que decir tiene que las costumbres y las comodidades que le ofrecen las naciones que visita, en cuanto a transporte y alojamiento, pasan por su exigente vara de medir. Quiero destacar de entre todos los capítulos el que dedica a dos amantes que dejaron huella en las letras francesas, me refiero a Eloísa y Abelardo. Los pasajes que dedica Twain a la visita de la tumba donde están enterrados son verdaderamente soberbios.

William Cowper. escritor de viajes
Fuente: Wikipedia
Con respecto al viaje a Tierra Santa, aquí la narración se vuelve menos frívola, aunque su tono es igual de crítico
. En esta parte del libro la lectura se torna un poco más lenta, debido a las partes dedicadas a temas bíblicos del Antiguo Testamento que, para quienes están poco versados en el tema, pueden resultar algo áridos. Pese a ello, el relato del periplo por aquellos lugares no carece de interés para quienes amamos la historia del mundo Antiguo y de las diferentes religiones, que tampoco escaparon a su censura. Por otro lado, los capítulos que dedica el autor a comparar las experiencias que tiene en los lugares que visita en Oriente Medio, con respecto a las observaciones que encontraba en los libros de viaje que estaban de moda a mediados del siglo XIX, son de lo más hilarante. Mark Twain desmonta la idea romántica que muchos autores de guías de viajes habían creado. En especial, se desquitó con el libro Tent Life in the Holy Land de William Cowper Prime, al que satirizó hasta la saciedad, debido a las exageraciones que encontró en su relato con respecto a los nativos y a la peligrosidad del lugar. Debo decir que, aunque creo fielmente en su juicio literario, la curiosidad literaria me puede y ya estoy buscando estos libros tan denostados por Twain.

Pero, como pasa siempre, todo viaje llega a su fin, y el buque Quaker City inició el viaje de retorno hacia Nueva York, con escala en Egipto, una parada en el viaje que el grupo de turistas norteamericanos no pudieron disfrutar en su justa medida, debido al cansancio acumulado durante tantos meses. Pese a que visitaron muchos de los lugares que tenían previstos, y que son de gran relevancia histórica y artística, el relato de las excursiones decae al mismo ritmo que la energía de los viajeros. Es una verdadera lástima, ya que me hubiera gustado poder comparar con más exactitud las opiniones de Mark Twain con las que recogí de Amelia B. Edwards en mi reseña de Mil millas Nilo arriba 👈 libro que narra el viaje que realizó la escritora inglesa por Egipto en 1873, creo que contrastar dos visiones tan distintas siempre es enriquecedor. Pese a ello, fue para mí muy satisfactorio encontrar algunos datos de cómo la nación egipcia se preparaba emocional y materialmente para la visita de la Emperatriz de los franceses, conocida en casa como Eugenia de Montijo, de lo que hablé en la reseña que acabo de citar.

Poco más queda por explicar de Guía para viajeros inocentes. Quizá lo más notorio es comentar que el artículo que publicó Mark Twain en el Herald al llegar a Nueva York, con el que cerraba la crónica del viaje, se adjunta al final del libro. Desde mi punto de vista, este texto es el cierre de oro para un libro muy particular, característico de la personalidad y estilo literario de su autor, de una calidad narrativa indiscutible, pero incendiario donde los haya. Leerlo ha sido divertido muchas veces, en otras me ha enfadado, a ratos parece algo árido, y siempre se muestra descarado, pero lo que nadie puede rebatir es que Guía para viajeros inocentes es narrativa de primer orden y que, pese a los ciento cincuenta años desde su publicación, su contenido resulta de máximo interés y relevante en la actualidad por lo que tiene de cotidiano. En definitiva, el libro cumple con las expectativas de su autor que, como aseguraba en el prólogo del libro, Guía para viajeros inocentes pretendía sugerir al lector cómo vería los lugares que se describen en el viaje si los mirase con sus propios ojos, y no con los de aquellos que han viajado a dichas zonas antes que él. ¿No es eso lo que todos queremos?




<He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él.> Mark Twain



Undine von Reinecke ♪



Os espero el 20 de octubre de 2021 en Cobh, Irlanda, la siguiente etapa de La vuelta al mundo en doce libros. Gracias por acompañarme en el viaje.




El autor por la Editorial: 


Foto de A. F. Bradley, 1907
Fuente: Wikipedia
Mark Twain
Samuel Langhorne Clemens es el icono literario más famoso de los Estados Unidos de América y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Nace en Missouri en 1835. A los trece años, tras morir su padre, se emplea como aprendiz de tipógrafo y posteriormente trabaja en el periódico de su hermano. En San Luis se hace piloto de río y de allí extrae su seudónimo: Mark Twain, voz que grita el proel para indicar un calado suficiente para la navegación segura. En 1861 regresa al periodismo y comienza a publicar artículos de opinión y relatos de humor en distintos diarios. Después llegarían los libros cuyos personajes, como Tom Sawyer y Huckleberry Finn, le darían fama universal. Fallece en Redding, Connecticut, en 1910.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

RESEÑA: "HISTORIA DE UNA TIENDA", AMY LEVY

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

ISBN:978-84-949969-8-6

BIC: FYT

Colección: Chamán en su senda (Narrativa)

Páginas: 210

Formato: 21 x 14 cm

Encuadernación: rústica con solapas

Edición: castellano

Precio sin IVA: 14,40 €

Precio con IVA: 15,00 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Historia de una tienda es un retrato de las NEW WOMEN que sobrepasaban los límites del hogar para acceder a las universidades, los clubs y los negocios, espacios que hasta entonces les habían sido vedados. La novela muestra también el conflicto entre los viejos y los nuevos valores, así como las oportunidades que surgían para aquellas mujeres y los obstáculos que les imponían los sectores reticentes a aceptar las innovaciones que pondrían fin al siglo XIX.

 

Propuesta musical para el libro:


Frederick Delius (1862-1934) fue un compositor inglés de origen alemán. Sus composiciones están influidas por la música de autores como Edward Grieg y Richard Wagner, además de denotar cierto lirismo adquirido durante su estancia en Estados Unidos. Sus obras se caracterizan por el el uso de la armonía cromática.


Lo que Undine piensa del libro:

 

<No se nace mujer: se llega a serlo.> Simone de Beauvoir

 

En 2018 Inglaterra celebró los ciento cincuenta años del acceso de la mujer a los estudios superiores. Fue la Universidad de Londres la primera en abrir sus puertas al sexo femenino, bajo acuerdo tomado en el Senado de la Universidad en junio de 1868, que decidió admitir en el examen general a las mujeres. Un año más tarde, nueve estudiantes se presentaron a él, y seis de ellas lo superaron con honores, enfrentándose a un tribunal compuesto sólo por hombres, y afrontaron con profesionalidad las difíciles pruebas intelectuales a las que fueron sometidas en materias de ciencias y humanidades. 

Eliza Orne, primera mujer en obtener
el título de abogado en Inglaterra
Fuente: Wikipedia

Sarah Jane, Moody, Eliza Orme, Louisa von Glehn, Kate Spiller, Isabella de Lancy West y Susannah Wood fueron las pioneras que lograron aquella primera victoria para la mujer en el cerrado y conservador mundo universitario de la sociedad victoriana. Estas mujeres llegaron a ser personajes de gran relevancia tanto en el campo social como el profesional, sírvame de ejemplo  Eliza Orme, que se convirtió en una exitosa jurista y una sufragista reconocida. Pero aún debería pasar una década hasta que las féminas fueran aceptadas en el programa de grado. Pese a ello, la brecha se había abierto y ese mismo año de 1869 se fundó en la Universidad de Cambridge Girton College, el primer colegio universitario sólo para mujeres. La ciudad de Cambridge era un hervidero de intelectuales, como el filósofo Henry Sidgwick, miembro de Trinity College, y de activistas, como la sufragista Millicent Garrett Fawcett, que organizaban conferencias dirigidas a damas, con el ánimo de revolucionar la sociedad y conseguir que la educación superior llegara a un número elevado de mujeres. Así surgió la Asociación para la Promoción de la Educación Superior de la Mujer, y su éxito fue tal que dio lugar a la fundación del Newnham College en 1871, el segundo colegio universitario para mujeres del país, y alma mater de Amy Levy, la escritora de Historia de una tienda.

 
Newnham College. FuenTe: newn.cam.ac.uk

Pero, ¿quién era Amy Levy? Pues nada más y nada menos que la primera mujer judía en acceder a la Universidad de Cambridge, allá por el año 1879, todo un logro en aquellos tiempos, aunque la escritora decidiera abandonar sus estudios de humanidades en el último año de carrera. Como quiera que sea, Levy representa ese ideal feminista, ese arquetipo de “nueva mujer” que nació a finales del siglo XIX y que muchos intelectuales han observado y estudiado desde su nacimiento, entre ellos Henry James. La New Woman definía a esa clase de mujeres independientes y con estudios, que buscaban de manera vehemente un cambio en sus vidas, tanto en el campo intelectual como en el de la actividad física, que iba asociado a un cambio de aspecto, más por sentido práctico que por rebeldía. Levy, que había demostrado sus capacidades literarias desde muy temprana edad, viajó por Europa trabajando como preceptora y se relacionó con otras mujeres intelectuales de su época, entre ellas la grandísima Vernon Lee, de quien se dice se enamoró locamente sin llegar a ser correspondida. Aquellas experiencias europeas le sirvieron de inspiración para crear sus novelas y diseñar los personajes que en ellas aparecen, y que son un homenaje a esa New Woman que rompió los esquemas establecidos. Hasta hace poco tiempo Amy Levy era desconocida en España, pero eso cambió en 2019 cuando Chaman Ediciones publicó Historia de una tienda, que paso a comentar.

Historia de una tienda narra las vicisitudes de las hermanas Lorimer, cuatro jóvenes huérfanas de madre que recientemente han perdido también a su padre. Además de la tristeza que conlleva la pérdida del progenitor, a ello se une la desgracia de carecer de medios económicos para mantenerse, ya que el fallecido se había arruinado. Educadas como señoritas, atendidas por personal de servicio, y acostumbradas a moverse entre la buena sociedad, las cuatro hermanas se ven ahora abocadas a buscar la manera de salir adelante sin recursos. Aunque han recibido ofertas de amigos y familiares para vivir con ellos, las hermanas no quieren separarse ni aceptar la caridad de sus allegados. Por eso deciden idear un plan para poder mantenerse ellas mismas, recurriendo a las habilidades artísticas que poseen. Para ello, deciden vender todo lo que tienen, y con el capital que consigan reunir, abrir un estudio fotográfico. La idea no es bien recibida por sus familiares más cercanos, ni es entendida por sus conocidos. Pese a todo, no carecen de apoyo y consejo por parte de algunos pocos amigos. Así las cosas, las jóvenes comienzan a buscar una casa modesta para vivir y un local para poder abrir su negocio. No tardarán en encontrar el lugar ideal en una de las zonas que está de moda en Londres entre los comerciantes. Las cuatro chicas se reparten las tareas que hacen falta para abordar la empresa que se han propuesto: la mayor se ocupará de las tareas del hogar, las dos medianas serán las fotógrafas y la más joven ayudará en el estudio fotográfico, si su precaria salud se lo permite. Asustadas por el reto, pero con mucha ilusión, comienzan su nueva vida en un entorno desconocido, y enfrentándose día a día a las vicisitudes de las mujeres independientes que tienen que ganarse el sustento. ¿Conseguirán que triunfe su negocio? ¿Serán aceptadas en la sociedad? ¿Se cumplirán sus sueños de independencia?

Historia de una tienda es una bonita, curiosa y aparentemente sencilla historia que fue publicada en 1888, bajo el título original de The Romance of a Shop, y está considerada por la crítica como pionera en el campo literario de la Nueva Mujer, ya que su temática abrió el camino a otras obras de culto del género como The Odd Women de George Gissing (1893).
George Gissing. Fuente: Wikipedia
Como era habitual entre las escritoras feministas y activistas del momento, ya hablé de este tema en la reseña de Barcos que se cruzan en la noche de Breatrice Harraden👈, Emy Levy utilizaba su labor literaria para esconder en sus textos aquellos mensajes que consideraba necesarios hacer llegar a su público, especialmente a las féminas, y que eran reivindicativos de las injusticias y los prejuicios que existían en la sociedad inglesa de finales del siglo XIX contra la mujer, especialmente si ésta decidía vivir de manera independiente. En Historia de una tienda, la autora se sirve de una trama muy usada a esas alturas en el mundo literario, pero efectista, y que anteriormente había funcionado en autoras de otras épocas, como la propia Jane Austen, de la que toma prestada el principio de la trama de Sentido y sensibilidad: hermanas de clase acomodada que se ven en la ruina tras la muerte del padre y que intentan abrirse camino en la vida con los pocos medios de los que disponen. La diferencia entre ambas novelas es que el entorno de la obra de Levy se centra en la clase media acomodada, y que las jóvenes protagonistas ya pueden elegir un camino diferente al matrimonio para subsistir, pese a las dificultades. Y justamente ese es el quid de la cuestión, porque la obra que nos ocupa pone encima de la mesa la misma problemática pero cien años después. ¿Cómo era la vida de una mujer con cierta educación y posición que quería o necesitaba ejercer una profesión, para mantenerse a sí misma? Para contestar esta pregunta, Amy Levy escribió una historia que está en la frontera del conservadurismo decimonónico y la subversión feminista de los nuevos tiempos, donde expone cuáles eran los límites que nunca se debían trasgredir, y que atentaban contra el llamado decoro, si no se quería perder el prestigio social. Y, al mismo tiempo, con su novela abre una puerta a la esperanza para aquellas mujeres que se hacían preguntas y no se conformaban con la educación patriarcal.

Ilustración de Sentido y Sensiblidad (S. XIX)
Hugh Thompson. Fuente: Wikipedia

Al igual que sucede con la trama, y siempre desde mi perspectiva, Levy se inspira en las creaciones de Jane Austen para dar vida a sus protagonistas, que no son más que los arquetipos ya vistos en novelas como Orgullo y prejuicio y Sentido y sensibilidad. Así vemos el paralelismo entre cada una de ellas: Francis, la mayor y fruto de un primer matrimonio del padre, está chapada a la antigua y es una solterona irremediable, que podría equipararse a Mary Bennet; Gertrude, la segunda, más juiciosa y alter ego, en mi opinión, de Levy, es comparable a Elinor Dashwood o Elizabeth Benett; Lucy, la tercera hermana, tiene la gracia y temperamento de Jane Bennet; y Phyllis, la más joven de la familia, divide su personalidad entre la frívola Lydia Bennet y la ardiente Marianne Dashwood. Del mismo modo sucede con los personajes secundarios, de los que podríamos hablar largo y tendido, especialmente de los masculinos. Este pastiche de tópicos funciona muy bien al principio de la novela, creando situaciones interesantes y novedosas que enfrentan a las heroínas de Levy a una incipiente sociedad donde las normas de antaño pierden valor frente a la necesidad de ganarse la vida. Pero llegado a un momento de la historia, la novela da un giro convencional y recompensa a las heroínas, ateniéndose a ciertos valores que en un principio descartaba. Este punto ha sido observado por un sector de la crítica como poco subversivo, por lo que desmerece con respecto a la labor activista del momento, pero desde mi punto de vista, Levy planteó este final tradicional para dar una mayor voz a su novela y a los cambios que plantea, y, de algún modo, con esta solución abre una puerta a la esperanza para aquellas mujeres que se hacían preguntas y no se atrevían a enfrentarse a las normas sociales establecidas hasta el momento.

En cuanto al estilo narrativo, Levy escribe muy bien. La autora emplea en la novela un lenguaje armonioso, accesible y elegante, que deja fluir la historia sin complicaciones e invita a la lectura. Apoya la trama principal en el contexto sociocultural de la época, con datos y curiosidades que tienen que ver con las costumbres, la forma de vida y el mundo del arte. Por dar un ejemplo ilustrativo, es interesante comentar el capítulo que trata sobre un encargo para fotografiar un cadáver que las hermanas Lorimer se ven obligadas a aceptar, una labor que no era extraña en aquella época, pero sí que la ejecutaran señoritas de buena familia. Por otro lado, cabe destacar cómo a través de la novela queda reflejado el importante papel que comenzó a jugar el mundo fotográfico en aquellos días, y que estaba presente en diferentes sectores del mundo profesional como el periodismo, el publicitario y, por supuesto, el personal. Además de todo esto, Historia de una tienda ofrece al lector la panorámica del momento con ciertos cambios efectuados en el proceder de las diferentes clases sociales, que favorecía el acercamiento entre ellas. Ahora el mundo de la cultura y la ciencia reúne entorno a ella a un grupo ecléctico de personas que comparten intereses y están llamados a entenderse. 

Por otro lado, me parece interesante comentar que Amy Levy se sirve de su obra para dar luz sobre las humillaciones que la New Woman sufría, de las que ella misma fue víctima como estudiante de Cambridge y feminista, y que muchas veces incluso provenían de mujeres no afines a la causa.


<Las habitaciones situadas encima de la tienda de subastas las ocupaba ahora una antigua estudiante de Girton que impartía clases en un college femenino cercano y cuya vestimenta no le marcaba la cintura. Las Lorimer se burlaban de los hombros redondeados, de los andares torpes, del vestido verde con mangas de globo y del pañuelo de color azufre de la profesora (...)>

 

Triste pasaje el anterior, testimonio de un tiempo poco iluminado y solidario, pero plagado de personas luchadoras que abrieron el camino a los nuevos tiempos. Este es el valor de Historia de una tienda.

 

<A veces en la vida hay que saber luchar no sólo sin miedo, sino también sin esperanza.> Alessandro Pertini

 

 

Undine von Reinecke ♪

 

 

Con esta reseña cumplo con la segunda novela del reto Serendipia Recomienda. Una propuesta de Miss Hurst del blog Inquilinas de Netherfield, a quien agradezco su interesante recomendación. No dejéis de leer su estupenda reseña 👉Historia de una Tienda.

 

 La autora por la Editorial:

Fuente: Wikipedia

Amy Levy (Clapham, 1861 – Londres, 1889) Fue una escritora británica. Su obra poética se compone de tres libros: Xantippe and Other Poems (1881), A Minor Poet and Other Verso (1884) y A London Plane Tree and Other Poems (1884). Sus tres novelas fueron The Romance of a Shop (1888) y Miss Meredith (1889), en donde dejaba bien clara su preocupación por los derechos de la mujer, así como la polémica Reuben Sachs (1889), sobre la sociedad judía inglesa. En 1886 conoció en Florencia a la escritora Vernon Lee, con quien mantuvo una relación de amistad y de amor no correspondido. Ambas continuaron explorando los temas del amor sáfico en sus obras. Levy se suicidó inhalando monóxido de carbono en 1889, con apenas 28 años, debido a una terrible depresión causada por su evolutiva sordera y por el escaso éxito de sus libros, que daban de bruces con una sociedad, la victoriana, conservadora y patriarcal. Esta es la primera obra de Levy editada en España.

 

El Traductor por la Editorial:

Gonzalo Gómez Montoro

Nació en Murcia en 1982. Es traductor, narrador y articulista. Ha traducido una docena de obras de D. H. Lawrence, Edith Wharton, Émile Zola y Edith Nesbit, entre otros. Algunos de sus relatos han sido premiados y recogidos en el volumen El armario de Abdou, y en 2008 fue seleccionado para formar parte de la Antología de la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana, de Grijalbo-Mondadori. Desde 2012 hasta 2016 publicó artículos, crónicas y reportajes periodísticos sobre la emigración española en El confidencial, Público y Eldiario.es. Ha vivido ocho años en Francia. En 2019 tradujo el ensayo Europa después de Europa del politólogo e intelectual búlgaro Ivan Krastev para la Universidad de Valencia

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

RESEÑA: "DRAGONWYCK", ANYA SETON

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

 Editorial: Libros de Seda

Traducción: Emilio Vadillo

ISBN: 978-84-16973-65-1

Nº de páginas: 416

Formato: Tapa Blanda con solapas

Género: misterio, novela gótica

Categoría: Misterio

 

Sinopsis de la Editorial:

 

La historia de una joven que busca un cambio en su vida y el misterio que la espera en los magníficos pasillos de Dragonwyck.

Miranda Wells tiene dieciocho años y es la hija de un granjero en la América profunda. Está harta de su monótona vida y de que la pretendan jóvenes granjeros sin gracia. Por eso, al recibir la invitación de un pariente lejano en Nueva York, Nicholas Van Ryn, para que se mude a su casa, se entusiasma y lucha por convencer a su madre y, sobre todo, a su padre, para que le permitan ir. La oportunidad de vivir en Dragonwyck, una gran mansión, el magnetismo que el misterioso Nicholas ejerce sobre ella y su modo de vida le parecen un sueño.

Sin embargo, bajo las torres góticas de Dragonwyck, sus jardines en flor y las granjas de los arrendatarios se esconden terribles secretos: la riqueza de los que tienen mucho y la miseria de los que no tienen nada, la lucha entre la libertad y las costumbres feudales, y el amor, la violencia y la oscuridad que a veces se ocultan tras una apariencia bien distinta.

 

Propuesta musical para este libro:


Esta pieza aparece en la novela Dragonwyck, y tiene gran importancia en la trama. Pertenece a la ópera The Bohemian Girl, compuesta por el barítono y compositor irlandés Michael William Balfe, con libreto de Alfred Brunn y, parece ser que está inspirada en La Gitanilla de Cervantes. La ópera se estrenó en Londres el 27 de noviembre de 1843.

 

Lo que Undine piensa del libro:

 

<La historia es la novela de los hechos, y la novela es la historia de los sentimientos.> Claude Adrien Helvétius

 

Mi fascinación por el cine me viene desde la infancia. Soy de esa clase de aficionados que pueden ver una película tras otra sin llegar a cansarse. Por ese motivo, uno de los momentos que guardo con mayor emoción de mi adolescencia son las visitas que hacía al cine de verano que se instalaba todas las temporadas estivales en Madrid, mi ciudad. ¡Cómo me gustaba acercarme al templo de Debod o a Las Ventas, cargada con bebida y aperitivos para ver hasta la madrugada las dos películas que ponían! Desde aquellos días han pasado muchos años, pero mi afición e ilusión por el Séptimo Arte no ha menguado ni un ápice, sino todo lo contrario. Es cierto que ya no visito las salas de cine con la frecuencia que lo hacía antes, porque las películas que se producen actualmente no llaman tanto mi atención. Por eso en la actualidad me organizo mi particular cine de verano en la intimidad de mi casa buscando entre lo mejor del cine clásico. Y en eso estaba yo a comienzos del mes de julio, cuando me topé en Youtube con una película que protagonizaba la grandísima Gene Tierney, la misma actriz que interpretó a la heroína de El fantasma y la señora Muir, uno de mis films favoritos del que os hablé en meses pasados.

Fuente: Wikipedia

La producción llevaba por título Dragonwyck y me dejó tan intrigada la atmósfera cautivadora y misteriosa que presentaba desde su inicio, que no pude resistirme a verla inmediatamente. No habían transcurrido ni diez minutos de la película, cuando me di cuenta que sin lugar a dudas el guion debía estar basado en una novela, como ocurre siempre con los grandes títulos clásicos del cine. Paré la reproducción al instante e inicié una de mis acostumbradas pesquisas literarias, hasta dar con lo que andaba buscando. Efectivamente se trataba de una adaptación cuyo guion estaba basado en un libro que llevaba el mismo título de Dragonwyck. Lo había escrito la novelista norteamericana Anya Seton en 1944, y fue todo un éxito cuando se publicó, de tal modo que captó la atención del gran Joseph L. Mankiewicz, que la llevó a la Gran Pantalla un año más tarde, con el carismático Vincent Price como compañero principal de reparto de Gene Tierney, y el oscarizado Alfred Newman se ocupó de la banda sonora. ¿Se puede pedir más?

En España ya se conocía esta novela con anterioridad -yo he encontrado una edición de la década de 1970- pero en 2019 una reedición llegó hasta nosotros de la mano de la editorial Libros de Seda, que la puso ante los lectores con la traducción de Emilio Vadillo. No se me ocurre una mejor manera para la rentrée de septiembre que reseñar un título con tanto sabor a vacaciones como éste, que ha venido a engrosar mi particular colección de novelas con aire a cine de verano. Dragowyck comienza así:

 

<La carta de Dragonwyck llegó una tarde de mayo de 1844.

Uno de los chicos de la familia Mead la vio en la oficina de correos de Horseneck y, muy juiciosamente, se la llevó, siguiendo su camino habitual de regreso por la calle Stanwick, y la entregó en la granja Wells, que estaba a unos cinco kilómetros de distancia.

Cuando llegó la carta, Miranda no estaba haciendo -lamentablemente era su costumbre- ninguna de las tareas que debía realizar entre las dos y las tres.>

 

Dragonwyck cuenta la historia de Miranda Wells, una joven de dieciocho años hija de un granjero de Greenwich, Connecticut. Guapa y refinada en exceso para el entorno donde vive, sueña con la vida elegante de las novelas románticas que lee a escondidas, mientras holgazanea y escatima sus obligaciones en la granja. Pero un día le espera una sorpresa, a su hogar llega una carta dirigida a Abigail, su madre, remitida por Nicholas Van Ryn, un primo lejano de ésta que es un rico terrateniente de Hudson, Nueva York. En la misiva le ofrece acoger en su gran mansión a una de sus hijas mayores y disfrutar de los beneficios propios de su posición, a cambio de que ésta dedique parte de su tiempo a Katrine, su hija de seis años. Cuando Miranda descubre la noticia siente que en esa carta se encuentra su destino, e intenta convencer a su madre para que acepte la propuesta. Abigail, que conoce muy bien a su marido y sabe que no respeta una vida de lujo y apartada de los mandatos del Evangelio, cree que no será posible, pero promete a su hija hacer todo lo que esté en su mano para ayudarla. Así las cosas, madre e hija se salen con la suya después de mucho negociar con el progenitor, y la muchacha emprende viaje hacia Nueva York el día acordado con Nicholas Van Ryn.

Dragonwyck en el cine.
 Fuente: Culturalmenteincorecto.com

Cuando Miranda es presentada a su benefactor queda gratamente admirada por su elegancia, juventud y cortesía. La galantería con la que Nicholas agasaja a la joven promete días de gran felicidad. Pero sus impresiones cambian cuando llega a Dragonwyck, la ancestral y apabullante mansión que construyó el primer Van Ryn que llegó al continente americano desde su Holanda de origen, y que guarda entre sus piedras una oscura leyenda. Allí conoce a Johanna, la esposa desmesuradamente gruesa y glotona de Nicholas, que la recibe con muchos recelos, ya que ve en Miranda una amenaza, y no le ofrece la hospitalidad propia de un familiar, sino que la trata como a una institutriz. Por otro lado, cuando le presentan a Katrine, su pupila, se sorprende al comprobar que la niña tiene miedo de sus padres y prefiere estar en la cocina con los criados. Pese a todo, la muchacha no se desanima y observa la forma de vida de la familia para intentar encajar en ella, aunque no lo tiene fácil, porque todo a su alrededor es terriblemente extraño. Además, de no ser por las atenciones de Nicholas Van Ryn la vida de Miranda en Dragonwyck sería francamente muy dura, porque los celos de Johanna y las humillaciones de su entorno aristocrático no le dan tregua.

Un día Miranda conoce al doctor Turner, un joven idealista que defiende la causa de los aparceros que trabajan para los grandes señores del río Hudson y lucha por abolir la antigua ley de derechos sobre las tierras. Turner le intenta mostrar a la joven el lado oscuro de Nicholas como persona y como patrón, pero ella no cree en sus palabras.

Las revueltas sociales por la lucha de las tierras se hacen cada vez más cruentas, aunque en Dragonwyck no quieren darse cuenta. Hasta que un día, un incidente peligroso provoca el acercamiento íntimo entre Nicholas y Miranda, y desde ese momento todo parece complicarse y precipitarse en la vida de la muchacha. ¿Abandonará Miranda los principios de su educación por fidelidad a Nicholas Van Ryn? ¿Será éste el caballero educado que aparenta, o por el contrario estará en lo cierto el doctor Turner? Y lo que es más importante, ¿Qué sombrío secreto esconden las piedras de Dragonwyck?

Dragonwyck es una cautivadora, emocionante y oscura novela que fue publicada por primera vez en 1944 por la editorial Houghton Mifflin. Su tenebrosa atmósfera de inicio proclama sin dejar lugar a dudas que es un texto de carácter gótico que ha bebido de las mejores fuentes literarias anglosajonas del género, tanto norteamericanas como inglesas. Muchos son los factores que lo indican: una mansión histórica sombría con una maldición oculta, personajes tétricos y grotescos, secretos inconfesables y, cómo no, una maldición que condena todo ello…

Fuente: Wikipedia
Pero hay otros motivos que me llevaron a mí personalmente a interesarme por este título y que refuerzan esta primera impresión, me refiero al paralelismo que existe en Dragonwyck y algunas de las novelas más importantes y reeditadas de la novela gótica y de misterio de todos los tiempos, como Jane Eyre de Charlotte Brontë o Rebecca de Daphene du Maurier: Un caballero atractivo, culto e inteligente, aunque lánguido y misterioso; una primera esposa siniestra, que vive oculta en una mansión; un romance imposible a los ojos de la Iglesia, y la sombra de un delito que atormenta a los protagonistas. ¿No son éstos suficientes motivos para dejarse seducir por Dragonwyck

Primera edición norteamericana
Fuente: Wikipedia
Pues, aunque no os lo creáis, aún hay más, porque en esta novela subyace un interesantísimo contenido histórico, ya que su contexto nos habla de algunos de los acontecimientos más importantes que sucedieron en Norteamérica durante la década de 1840. Una peculiaridad que encontré particularmente apasionante y que me llevó a pensar en una semejanza literaria más, en este caso con un bestseller que arrasó tanto en el mundo editorial como en el cinematográfico y que representa a la novela sureña por excelencia de los Estados Unidos de América. Estoy segura que mis lectores habrán adivinado que me refiero a Lo que el viento se llevó. Si Margaret Mitchell publicó una novela en 1936 en la que hablaba del sur de Estados Unidos, de los terratenientes, los esclavos y de la Guerra de Secesión (1861-1865), Anya Seton escribió la suya en 1944, y en ella relataba cómo había sido el reparto de tierras en los terrenos donde se erigió Nueva York, el crecimiento durante el siglo XIX de la ciudad, mencionaba las guerras del ejército norteamericano contra México (1846-1848) y, como tema de especial relevancia, los conflictos y levantamientos que surgieron -Anti-Rent War (1839-1845)- contra el sistema establecido en el siglo XVII por la corona holandesa en las colonias, por el que un terrateniente alquilaba las tierras a trabajadores. Además, otro factor en común entre ambas novelas es la introducción de un tormentoso triángulo amoroso. Porque sin duda, como es de recibo en todo bestseller que se precie, el amor es un factor importante en la historia que se cuenta, y en Dragonwyck especialmente. Tanto es así, que hay quienes califican a esta novela sólo como un romance histórico, pero desde mi punto de vista, Anya Seton pretendía mucho más: escribir la gran novela norteamericana.

Fuente: Wikipedia

Ingredientes no le faltaban para conseguirlo, ya que el libro denota que la autora se empleó a fondo para ello, y no sólo por la grandísima e interesante información histórica que comparte, a la que acompañan sus grandes dotes narrativas, sino por la tremenda imaginación que utiliza con ánimo de emocionar al lector en cada etapa de la historia. Anya Seton impresiona con sus conocimientos sobre cultura y literatura anglosajona y su novela es, además, un estupendo directorio de autores y obras decimonónicas, que comparte con el lector a través de las enseñanzas que Nicholas Van Ryn imparte sobre Miranda, la heroína de nuestra historia. Por otro lado, la escritora se permite la licencia de introducir en diferentes escenas del libro a dos de los escritores más aclamados de la literatura norteamericana, como son Herman Melville y Edgar Alan Poe, éste último tiene un papel muy importante en el misterio que esconde Dragonwyck. Un gran aliciente para quienes amamos la literatura decimonónica.

Llegados a este punto, muchos de mis lectores se preguntarán por qué razón este título no ha llegado hasta nuestros días con el mismo ímpetu que Lo que el viento se llevó. En mi opinión, Seton quiso abrir muchos frentes argumentales importantes y la trama principal se distrae un poco entre tantos laberintos temáticos. Algo que debió observar también Mankiewicz, el director de la adaptación cinematográfica, ya que sólo se quedó con la historia más importante y eliminó las secundarias del guion.

Por otro lado, y siempre desde mi punto de vista, los personajes masculinos protagonistas, como el ambiguo Nicholas Van Ryn o el heroico doctor Turner, impactan en el lector menos de lo que deberían los principales de una novela, como lo hicieran Rhett Butler o Ashley Wilkes en la obra de Margaret Mitchell. La responsabilidad de crear personajes inmortales pudo en este caso con la autora de Dragonwyck. Sin embargo, algunos de los secundarios me agradaron profundamente, sírvame de ejemplo Johanna, la esposa del protagonista, este extravagante personaje me parece de los más logrados del libro y añade pimienta al componente gótico de la novela. En cuanto a Miranda, la heroína de la historia, mejor dejo al lector que saque sus propias conclusiones cuando lea esta estupenda y emocionante obra, que no debe perderse.

Ha sido todo un placer sumergirme en la lectura de esta novela. Porque Dragonwyck es de esos títulos que te aportan mucho más de lo que esperas. En sus páginas reside el corazón erudito, literario y romántico de Anya Seton, que late entusiasmado por y para la cultura. 

 

<La felicidad no está en la ciencia, sino en la adquisición de la ciencia.> Edgar Allan Poe


Os dejo con la Suite compuesta por Alfred Newman para la película, a la que acompañan imágenes de la misma.




 

Undine von Reinecke ♭

 

 

La autora por la Editorial:

 

Ann Seton nació en la ciudad de Nueva York y falleció en Greenwich. Era hija de Ernest Thompson Seton y de Grace Gallatin. Su cuerpo descansa en el cementerio de Putman, Greenwich. Varias de sus novelas han llegado a ser best sellers y dos fueron llevadas al cine: Dragonwyck (1944) y Foxfire (1950). Sus libros se han convertido en clásicos con el paso de los años. Entre los que alcanzaron mayor fama están Catalina, Verde oscuridad y The Withorp Woman.