miércoles, 28 de julio de 2021

RESEÑA: "LA LEYENDA DE UNA CASA SOLARIEGA", SELMA LAGERLÖF

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Traducción y postfacio: Elda García-Posada

ISBN: 978-84-939830-8-6

200 páginas

Cartoné

Tamaño: 12 x 20 cm.

PVP sin IVA: 20,19 €

PVP con IVA: 21 €

Fecha de publicación: febrero de 2012

 

Sinopsis de la Editorial:

En La leyenda de una casa solariega, la Premio Nobel sueca Selma Lagerlöf cuenta la historia del estudiante Gunnar Hede, quien, hechizado por la música de su violín y a punto de perder su mansión campestre en Dalecarlia, cae en la locura. La joven Ingrid Berg, rescatada por él de la tumba, aceptará la difícil tarea de curar a Gunnar con su amor inquebrantable y sacrificado.


 

Propuesta musical para este libro:



(Fantasía sobre "El cazador furtivo" de Carl María von Weber)

Pablo Sarasate (Pamplona 1844-Biarriz 1908), fue un compositor y virtuoso del violín español de gran éxito y prestigio universal. Viajó por toda Europa y gran parte del continente americano, dando conciertos que, según las fuentes de la época, fueron memorables. Llegó a tener dos de los famosos violines Stradivarius, uno de ellos, al parecer, fue un regalo de Isabel II. La pieza que escuchamos en este vídeo es la que interpreta el protagonista de La leyenda de una casa solariega.

 

Lo que Undine piensa del libro:

 

< En ocasiones pienso que el premio de quienes escribimos duerme, tímido y virginal, en el confuso corazón del lector más lejano.> Camilo José Cela

 

Llegamos al último miércoles del mes de julio, y antes de iniciar el deseado descanso estival, quiero compartir con mis lectores una novela peculiar y distinta, escrita por una mujer no menos interesante. Se trata de La leyenda de una casa solariega, firmada por Selma Lagerlöf, nombre eminente de la literatura y las letras suecas, a quien le fue concedido en 1909 el Premio Nobel de Literatura. Por ello, Miss Hurst y yo la hemos elegido para formar parte en nuestro proyecto titulado Reseñas Cruzadas, ya que cumple la premisa de ser la primera mujer en recibir este prestigioso galardón.

Fuente: Wikipedia

Como todo el mundo sabe, el Premio Nobel fue creado por Alfred Bernhard Nobel, un industrial, químico e inventor sueco, padre de la dinamita, que dejó estipulado en su testamento, fechado el 27 de noviembre de 1895, que con la fortuna que dejara a su muerte, se debía crear un fondo para dedicarlo a premiar a las personas que destacaran por su brillantez y generosidad hacia la Humanidad, contribuyendo de manera notable con su trabajo, en los campos de la Literatura, Medicina, Física, Química y de la Paz. Pese a que el gran benefactor sueco falleció en 1896, los premios no comenzaron a concederse hasta 1901.

Dese aquella primera vez, y antes de recibirlo Selma Lagerlöf, fueron nueve los escritores premiados, ya que en 1904 se galardonó a dos literatos, año grande para las letras españolas, porque uno de los afortunados fue José Echegaray, que compartió el gran honor con el provenzal Frédéric Mistral.

José Echegaray.
Fuente: Wikipedia
Quiero confesar que, pese al gran prestigio que envuelve al Premio Nobel, sólo he leído a cuatro de los autores que componen la lista de los veinte primeros premiados. Rudyard Kipling, Rabindranath Tagore, Knut Hamsun y Anatole France son los escritores a los que me refiero, y que forman mi exiguo repertorio de nombres. En mi descargo debo decir que no es fácil conocer ni acceder a las obras de aquellos primeros autores honrados por su trabajo, como tampoco es común encontrar sus novelas en las mesas de recomendados de las librerías, ni toparse con reseñas dedicadas a estos insignes literatos. Habitualmente, los lectores interesados en leerlos tienen que hacer el esfuerzo de investigar y buscar arduamente sobre ellos, buceando en bibliotecas virtuales, o entre ediciones descatalogadas y de segunda mano. Quizás por ese motivo no me fue fácil hasta hoy llegar hasta Selma Lagerlöf, a quien encontré casualmente mientras consultaba el interesante catálogo de la editorial Funambulista. Y no es que la autora sueca no haya sido desde siempre reconocida, tanto dentro como fuera de su país. Todo lo contrario, de hecho, una de sus obras, El maravilloso viaje de Nils Holgersson, forma parte de Los cien libros del siglo XX, listado de obras favoritas del público francés, que publicó el diario Le Monde, en el que ocupa el puesto sesenta y ocho, junto a títulos inmortales de autores que aún siguen encabezando el elenco de los más vendidos. Pese a ello, decía, pocos lectores sabrían hablar acerca de la persona o la narrativa de esta interesante escritora, que no sólo destacó en el campo académico y de la literatura, como bien nos cuenta Elda García-Posada en su interesante postfacio de mi edición del libro, sino que fue todo un ejemplo entre sus conciudadanos, demostrando una gran conciencia social en su faceta como hacendada y empresaria, para mejorar la vida de su comunidad. Del mismo modo, Lagerlöf no tuvo reparo en sacrificar parte de su tiempo dedicado al mundo intelectual para servir a su país en el terreno de la política, donde mostró interés por la causa de los derechos de la mujer y las labores sociales. Pese a todo, su trabajo como novelista y escritora no se vio perjudicado, ya que la devoción que sentía por su vocación literaria era inmensa, y así había sido desde edad muy temprana. Muestra de ello es La leyenda de una casa solariega, una de sus primeras novelas, que paso ya a comentar. La obra comienza así:



<Era un hermoso día de otoño a finales de la década de 1830. Por aquel entonces había en Uppsala una alta casa amarilla de dos pisos, que se erigía, extrañamente solitaria, en medio de un pequeño y muy apartado prado en las afueras de la ciudad. Era una casa bastante fea e inhóspita, pero la embellecía la frondosa enredadera que reptaba por la parte soleada de la fachada ambarina, tan alto que enmarcaba las tres ventanas del piso superior.

En una habitación al otro lado de una de esas ventanas enmarcadas por la enredadera se hallaba un estudiante desayunando. Era un mozo alto y guapo, de aspecto distinguido. Llevaba el cabello, que se le ondulaba con gracia, muy retirado de la frente, aunque un mechón le caía continuamente sobre los ojos. Vestía un atuendo cómodo y holgado, pero muy elegante.>


Y este guapo estudiante es Gunna Hede, el héroe de La leyenda de una casa solariega, que nos cuenta su singular historia.

Gunnar Hede era el hijo único de un matrimonio feliz y afortunado, que poseía una magnífica finca familiar en Dalecarlia, con una bonita casa solariega, un lago y un bosque de mágica belleza. El muchacho vive feliz su existencia como estudiante en la ciudad, alejado de su familia, sin atender sus obligaciones educativas, y prestando tan sólo atención a sus progresos como violinista aficionado. Hasta que un día, Alin, el hijo de un fiel jornalero de su padre, que goza de la vida universitaria por cortesía de la familia de Gunna, le echa en cara cómo desaprovecha su tiempo. Alin, que conoce el secreto de la inminente ruina de los Hede, intenta ayudarlo contándole las verdaderas circunstancias familiares, para concienciarle. Hede, muy sorprendido por estas espantosas noticias, se compromete a enmendar su actitud, a abandonar el violín y a reanudar sus estudios con esmero para ayudar económicamente a los suyos. Pero, nada más quedarse a solas, y mientras recapacitaba sobre el preocupante asunto, un sonido que viene de la calle interrumpe sus pensamientos. Se trata de una compañía de titiriteros que se anuncia con la música de un violinista ciego. Gunna sucumbe ante la visión del violín y, olvidando sus recientes promesas, sigue a los acróbatas hasta la calle. En seguida entabla conversación con ellos, y de esta manera conoce la triste historia de la pequeña huérfana Ingrid, nieta del violinista que ameniza las actuaciones. La pareja de artistas le cuenta que, aunque adoran a la dulce niña, no saben qué hacer con ella porque no sirve para la vida circense. La pequeña, que vive preocupada y triste por su inutilidad, es consolada con gran cariño y esmero por nuestro protagonista y, desde ese momento, Ingrid cae rendida ante la amabilidad y belleza de su héroe, del que se separa al finalizar la tarde.

Pero la realidad no puede evitarse y, pese a su amor por la música y el violín, Gunna decide volver al hogar familiar y ponerse a trabajar duramente para recuperar el patrimonio familiar. Sus planes parecen ir bien y poco a poco va reuniendo el dinero necesario para no perder la querida finca ancestral, pero una inesperada desgracia arruina su estrategia y pierde la confianza de su bella prometida. Esta circunstancia angustia al joven que, desesperado por el fracaso, cae presa de una ciega locura que le hace vagar y vagar sin cesar, en busca de un inalcanzable anhelo. Pero la diosa fortuna le ofrece una oportunidad de salvación, y vuelve a aparecer en su vida la pequeña Ingrid, ya convertida en mujer. ¿Serán ambos capaces de reconocerse? ¿Logrará el antiguo amor de Ingrid vencer los obstáculos que los separan y derrotar a la locura?

 

Marbacka

La leyenda de una casa solariega es una preciosa novela, que fue publicada en 1899 bajo el título original de En Herrgårdssägen. Según parece, la historia tiene connotaciones autobiográficas, ya que, de alguna manera, la mansión que aparece en ella estaría basada en Mårbacka, la casa de nacimiento de la autora, que su familia perdió por problemas económicos en 1880, y que la escritora recuperó en 1907, después de trabajar duramente para conseguirlo, al igual que intenta hacer Gunnar Hede, el héroe de su novela. Hoy por hoy, Mårbacka está abierta al público, por expreso deseo en su testamento de Selma Lagerlöf, y es un lugar de culto para los suecos y para el turismo literario.

Como quiera que sea, La leyenda de una casa solariega guarda una estética que hace honor a la tradición cuentística en general y, más en concreto, a la del norte de Europa. Tanto es así que, la novela ha sido relacionada por la crítica con el famoso cuento La reina de las nieves (1844), una de las historias mejor consideradas del escritor danés Hans Christian Andersen, o con la mítica fábula de La Bella y la Bestia, tantas veces versionada. De tal manera La leyenda de una casa solariega recuerda este mundo fantástico que, además de seguir sus esquemas narrativos y cumplir ciertos clichés del género, también encontramos a lo largo de la narración constantes referencias a los cuentos de hadas.

 

<Echaron mano de todos los cuentos que habían representado en el guiñol: la consolaron con la historia de la Bella Durmiente, con la historia de Cenicienta, con todos los cuentos de hadas del mundo.>

 

El estilo que emplea Selma Lagerlöf no deja lugar a dudas, y su historia podría considerarse otro cuento de hadas más, pero escrito en la era moderna y siguiendo algunas de las corrientes intelectuales y activistas de su época, como el psicoanálisis y el feminismo, a los que alude sutilmente. La autora recurre para conseguirlo a la fantasía, a las leyendas medievales suecas, a los seres paganos de la tradición oral y a la mitología clásica, representada por el mito de Eurídice y Orfeo, que encarnan Ingrid y Gunnar, los protagonistas de esta historia. La escritora combina todo ello con gran virtuosismo, y obtiene como resultado una inquietante fábula, interesante y cautivadora, con escenas que presentan una acusada atmósfera gótica, donde el bien y el mal, representados por la cordura y la locura, entablan una dura lucha.

 

< ¡Respóndeme! Pero, si estoy en mi sano juicio. ¿Por qué hay cosas que no recuerdo?>

 

Orfeo y Euridice (Rubens). Fuente: Wikipedia

Por otro lado, Lagerlöf mantiene a sus protagonistas ocupados en un pulso muy igualado, en el que no se sabe muy bien quién salva a quién del mal que los envuelve a cada uno. Hombre y mujer, héroe y heroína, ambos comparten la misma responsabilidad e importancia en la carrera de la vida. Aunque es cierto que hacia el final la balanza se decanta del lado ideológico de la autora, desde mi punto de vista, los dos personajes se ayudan mutuamente. Llegados a este punto, debo comentar otra interesante anécdota que comparte Elda García-Posada en el estupendo postfacio del libro, y es que, al parecer, el personaje de Gunnar Hede podría haber estado inspirado en un estudiante que la escritora conoció durante su juventud, en cuya imagen idealizada basó algunos de sus trabajos. La autora quedó prendada de su belleza, y de alguna manera se enamoró platónicamente. Años más tarde se reencontró con él, y el cambio tan negativo que había sufrido su imagen, debido a un rechazo amoroso, la hizo recapacitar sobre la trascendencia dañina que puede llegar a tener el sentimiento romántico. A raíz de ello escribió la historia de La leyenda de la casa solariega como un interesante ensayo al respecto, en el que intentaba salvar a su antiguo héroe de la desesperación y del desamor.

 

< (…) ella le respondió que no podía seguir esperándole. Entonces Hede sí que perdió la razón casi por completo.>

 

De esta manera, Selma Lagerlöf nos ofrece, a través de su particular historia, una sugerente visión de lo que supone enfrentarse al fracaso y a la depresión que, a veces, deriva en una grave enfermedad mental, medita sobre lo qué puede llevar al individuo a caer en ella, habla de cómo reacciona la sociedad ante la locura y especula con la posibilidad de recuperarse de ella. Abre una puerta a la esperanza, basada en el afecto, el amor y en el poder sanador de los estímulos sensitivos, en este caso, representados en la música del violín.

La autora demuestra tener gran empatía hacia el ser humano, y la vuelca sobre sus personajes, a los que examina profundamente, demostrando su capacidad de análisis psicológico. Estudia a sus principales con amor y pulcritud, con sus luces y sombras, y diseña a los secundarios con esmero, para que sirvan de apoyo a la historia. En este sentido, y desde mi punto de vista, podríamos establecer dos partes en la novela, que vienen definidas por los comportamientos de los personajes. La primera, correspondería al periodo anterior a que Gunnar Hede caiga en el abismo de la locura, en la que los protagonistas no difieren en su comportamiento de cualquier otra figura literaria salida, por ejemplo, de la pluma de Charles Dickens, a quien recordé gracias al matrimonio de titiriteros; y la segunda, sería el espacio de tiempo que abarca la novela tras perder la lucidez nuestro héroe, en él que los personajes adoptan conductas peculiares, a veces, un tanto exageradas, incluso aparecen en la historia seres fantásticos y suceden fenómenos paranormales que enfatizan y denuncian con claridad todos los defectos del ser humano, incapaz en muchas ocasiones de un acto de caridad. En esta segunda parte conceptual de la novela es donde la autora introduce esa acentuada fantasía de la que hablaba al comienzo, con la que se ayuda para dibujar los monstruos y el miedo que anida en la psique humana.

El resultado de todo lo anterior construye una sutil historia que habla de la soledad, del poder del amor para combatirla, del miedo y sus consecuencias, y de la capacidad para vencerlo en buena compañía, todo ello envuelto en una narración de delirante belleza y acusada sensibilidad que invita a dejarse llevar y a soñar.

En definitiva, La leyenda de una casa solariega es una obra sólida que derrocha gran erudición, y denota un alto compromiso moral con el ser humano, signo de la categoría que poseía Selma Largelöf, una intelectual que no vivió encerrada en su mundo de glorias académicas, sino que luchó y combatió la injusticia a lo largo de su vida, incluso dando cobijo a víctimas del nazismo, y no dudó en vender sus trofeos literarios cuando la necesidad apremiaba para ayudar a los demás.

 

< Al bien hacer jamás le falta premio.> Miguel de Cervantes

 

Undine von Reinecke ♪


Os invito ahora a visitar el blog de Las Inquilinas de Netherfield, allí Miss Hurts os espera con sus interesantes impresiones sobre La leyenda de una casa solariega, ¿coincidiremos esta vez? Del mismo modo, emplazo a mis lectores a nuestra próxima cita de Reseñas Cruzadas, que publicaremos el 28 de agosto. ¡Feliz verano a todos!



 

La autora por la Editorial:

Fuente: Editorial Funambulista

Selma Lagerlöf nace el 20 de noviembre de 1858 en Mårbacka, la casa solariega, sita en la provincia sueca de Värmland, que dominará toda su vida y su obra. Con veintitrés años marcha a Estocolmo para estudiar magisterio. Diez años más tarde, mientras se encuentra ejerciendo la enseñanza en Landskrona, publica su primera obra, La saga de Gösta Berling, que tiene una excelente acogida entre el público. Por entonces la familia se ha visto obligada ya, dada su mala situación financiera, a vender Mårbacka. Sin embargo, Selma Lagerlöf a partir de entonces no deja de cosechar éxitos con su fructífera carrera literaria. Entre otras obras, la archiconocida El maravilloso viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, que escribe en 1906 como libro de geografía para escolares por encargo del Gobierno sueco, la consagra definitivamente como la autora sueca más leída dentro y fuera de su país. Ello le permite retornar a Värmland y recomprar su adorada casa natal, que ampliará y reformará cuando en 1909 reciba el premio Nobel de literatura, siendo a la vez la primera mujer y el primer autor sueco en recibir tal galardón. Durante el resto de su vida, compaginará su faceta de prolífica escritora con las de terrateniente, empresaria y activista política. Muere en Mårbacka el 16 de marzo de 1940, a los 81 años de edad, dejando un abundante legado literario que —integrado por obras que han sido traducidas a múltiples idiomas y llevadas al cine— sigue encumbrándola como uno de los grandes nombres de la literatura universal.


miércoles, 21 de julio de 2021

RESEÑA: "MUSASHINO", DOPPO KUNIKIDA

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Ardicia

Autor: Doppo Kunikida

Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés

Prólogo: James Cahill

Ilustración: Dadu Shin

168 páginas

P.V.O.: 16,90 Euros

ISBN: 978-84-942916-5-4

Lanzamiento: Noviembre 2014

 

Sinopsis de la Editorial:

La legendaria llanura de Musashino sirve de escenario a esta colección de historias en las que el japonés Doppo Kunikida confronta los misterios de la naturaleza con los de la condición humana, al tiempo que elabora una conmovedora defensa de la vida sencilla y del camino que nos lleva a perseguir su esencia y sus valores fundamentales. Musashino es una preciosa invitación a la necesidad de alcanzar un equilibrio entre todo cuanto nos rodea y nuestra propia experiencia individual.

De trasfondo más o menos autobiográfico, los relatos de Kunikida, uno de los principales cultivadores de la literatura naturalista nipona, están habitados por personajes solitarios a quienes el efecto consolador del paisaje, la magia de un encuentro casual o una vivencia compartida hacen trascender definitivamente su condición, iluminando para siempre su memoria.

 

Propuesta musical para este libro:

Sinfonia: "Inno Meiji" Kosaku Yamada (1921)

Kosaku Yamada (1886-1965), fue un director de orquesta y compositor japonés, que recibió su educación musical de profesores alemanes, primero en Japón y más tarde en Alemania, donde pudo gozar de las ensenñanzas de Max Brunch. Además de su prolífica carrera como compositor, a él se debe la introducción de la música orquetal occidental en su país, Debussy, Sibelius o Strauss se escucharon en Japón gracias a él. 

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Sólo juzga bien quien sopesa y compara, y cuando pronuncia su sentencia más dura nunca abandona la caridad.> William Wordsworth

 

21 de julio de 2021, he llegado a la etapa de Yokohama, Japón, en mi singladura literaria La vuelta al mundo en doce libros, tras los pasos de Phileas Fogg. Como todos los lectores de Julio Verne recordarán, su héroe tuvo que pasar una jornada en esta ciudad buscando vehementemente a su fiel sirviente Picaporte.

Yokohama es la segunda ciudad más poblada de Japón, tras Tokio, la capital. Está situada en la península de la bahía de Tokio, en la costa del océano Pacífico, y comenzó a tener importancia como punto estratégico de comunicación y comercio en 1859, con la inauguración del puerto de Yokohama, símbolo inconfundible de la apertura de Japón al mundo occidental. No es de extrañar, pues, que Verne eligiera este enclave como una de las etapas de su novela La vuelta al mundo en ochenta días (1872), ya que su misterioso exotismo, escondido durante tantos siglos, y las complejas relaciones que mantuvo con Occidente en las décadas anteriores a la publicación de la famosa novela, debían despertar mucha curiosidad en los lectores decimonónicos contemporáneos al autor, quienes

Matthew C. Perry
Fuente: Wikipedia

presenciaron cómo el país nipón se abría al exterior por obra y gracia de Matthew C. Perry (1795-1858), un naturalista y oficial de la marina estadounidense, que con su llegada en 1853 a la costa japonesa desató el principio del fin del tercer y último shogunato, denominado Tokugawa o Edo, y entrar así en la modernidad de la mano de la era Meji.

Pero expliquemos antes, y a grandes rasgos, el contexto que precedió a esta etapa aperturista. El shogunato eran una especie de dictadura militar que tenía sometido bajo su poder al emperador del Japón. Durante estos periodos dictatoriales, que abarcaron desde 1192 a 1868, la figura que ostentaba el poder era el shogun, que bajo su mando acaparaba el poder político y militar del país, dejando al emperador que tuviera tan sólo la potestad sobre la religión y lo espiritual, y el dominio nominal sobre la Corte Imperial de Kioto. Pero centrémonos en la última etapa de esta forma de gobierno, que es la que afecta directamente en el mundo literario que nos compete.

Emblema clan Tokugawa
Fuente: Wikipedia

Durante el último Shogunato Edo (1603-1868), dominaba el clan Tokugawa, que tuvo subordinados al resto de los clanes, relegándolos a ejercer un dominio secundario en las provincias, generando de este modo el descontento entre ellos. Durante los doscientos sesenta y cuatro años que duró su hegemonía, Japón adoptó una política centralista y de clases, un régimen feudal que, junto con la expulsión de los extranjeros y el cierre de fronteras al exterior, procuró un aislamiento total del país en todos los aspectos. A esta medida política se la denominó Sakoku, y su posicionamiento fue tan radical que prohibió toda influencia extranjera del tipo que fuera, expulsó y persiguió a los forasteros, e incluso llegaron a exterminar a los cristianos. Pero, como mencionaba anteriormente, el poder del Shogunato Edo se debilitó a mediados del siglo XIX, cuando la flota estadounidense se acercó a Japón con intenciones comerciales. Los norteamericanos obligaron a los dirigentes nipones a adoptar un cambio en sus relaciones exteriores mediante lo que se denomina en el mundo de la diplomacia como una estrategia de cañonazo, es decir, que sus navíos amenazaban vehementemente con bombardear las costas niponas. Como el sistema tuvo éxito, otras potencias occidentales también adoptaron esta misma medida, y Japón se vio obligado a establecer relaciones comerciales con Occidente. El resultado de este acercamiento de potencias extranjeras provocó una crisis interna tan inmensa, tanto económica, política como socialmente, que propició un movimiento ultranacionalista que exigía a toda costa la expulsión de las potencias extranjeras, y se inició una cruenta lucha, que ponía en un brete diplomático al gobierno. La debilidad e incapacidad demostrada por el shogunato Tokugawa, que no pudo dominar la situación, terminó provocando que el emperador Kōmei tomara el mando y proclamara un edicto bajo la consigna de expulsar a los bárbaros, y así se comenzó a cerrar las oficinas de comercio de naciones foráneas y a echar a los individuos de otros paises. Evidentemente, este gesto imperial era principalmente un alarde de fortaleza con el que se pretendía debilitar y derrocar el shogunato, ya que los mismos seguidores del emperador mantenían relaciones con los comerciantes occidentales, quienes también les proporcionaban las armas que necesitaban en su lucha interna. Por otro lado, las potencias extranjeras, no contentas con los derechos perdidos con la expulsión, comenzaron a bombardear con sus navíos las costas japonesas, para recuperarlos. La consecuencia de todos estos violentos acontecimientos originó un cambio en la mentalidad de la población patriótica nipona, que veía cómo aferrarse a las tradiciones la debilitaba frente al poder militar de otras naciones, y al mismo tiempo comprendían que era necesario abrirse a Occidente para aprender de él y, de este modo, en el futuro, poder hacerles frente en igualdad de condiciones.

Emperador Mutsuhito
Fuente: Wikipedia
Así es, a grandes rasgos, cómo se cerró un ciclo de la historia de Japón y comenzó la era Meiji. El líder de esta nueva etapa nipona fue el emperador Mutsuhito quien, a la muerte de su padre el emperador Kōmei, lo sucede en 1868 y es proclamado Emperador Meiji, y reinó hasta su muerte en 1912.

En cuanto a la repercusión que tuvieron estos cambios sociopolíticos en la literatura, las fuentes a mi disposición, que eran todas occidentales, cuentan que los autores japoneses de la era Meji gozaron de una moderada libertad para escribir, y ello favoreció una cierta evolución lingüística, que simplificó el idioma japonés al tiempo que se añadían a él palabras extranjeras, debido al contacto con otras lenguas en las relaciones internacionales. Por otro lado, comenzaron a traducirse las grandes obras de autores de Occidente, y los escritores nipones bebían con gran sed y curiosidad todo cuanto caía en sus manos, ya que la falta de contacto con la cultura del exterior había limitado mucho el conocimiento de aquellos intelectuales, herederos de una lengua que tenía sus raíces en la tradición oral, que rendía culto al folclore y la religión, y que no conoció su expresión escrita hasta que no tomó contacto con los signos chinos, sin que se tenga constancia de la fecha exacta. Como quiera que sea, cuando Japón abrió sus fronteras en el siglo XIX, los escritores se rindieron ante las obras del romanticismo europeo, con especial aceptación e interés en las que llegaban desde Alemania o Inglaterra. Los nombres de Goethe, Shiller, Shelley o Wordsworth, como los de Rossetti o Morris, eran de culto entre los literatos japoneses, que intentaban copiar la estética de sus ídolos occidentales, sin llegar a asimilar enteramente su estilo. Estos intentos de romanticismo japonés se le llamó escuela Roman-ha, y aunque su vida fue muy breve, el impacto en la literatura nipona perduró hasta bien entrado el siglo XX. Nos cuenta James Cahill en el genial prólogo de la edición de Musashino publicada por Ardicia, que los autores japoneses no querían sentirse en inferioridad de condiciones con respecto a otras literaturas extranjeras modernas, y que por eso intentaban imitar de inmediato, cada corriente intelectual o filosófica que nacía, y que se etiquetaban así mismos como perteneciente a cualquiera de ellas, antes de que sus obras vieran la luz y pudieran calificarse como esteticistas, realistas, naturalista, o cualquier otro movimiento de moda. El anhelo de no quedarse atrás en la carrera internacional de las letras, como había ocurrido en el pasado, los llevó a esos extremos.

Superada la etapa romántica japonesa de las primeras décadas de la era Meji, y coincidiendo con el cambio de siglo, toma posición una nueva escuela denominada Shizen shugi, que fija su atención en la literatura francesa de la segunda mitad del siglo XIX. En esta ocasión los escritores japoneses se sentían estimulados por las obras de Zola y Maupassant, en su anhelo de plasmar la realidad que les rodeaba. Esta nueva corriente se materializó de tres formas diferentes: los que seguían a Zola, que eran los naturalistas puristas; los que admiradores de Maupassant, que bebían del Impresionismo; y los Naturalistas Románticos, que seguían los preceptos de escritores ingleses, como Wordsworth, y que veían en la naturaleza el espíritu de Dios, y así querían representarla en sus obras.

A este último grupo de Naturalistas Románticos pertenecía Doppo Kunikida, el autor de Musashino, que comienza así:


<”Los últimos vestigios de Musashino se encuentran en nuestros días en el distrito de Iruma”. Leí esta afirmación en un mapa de principios del siglo XIX, que describía Iruma de la siguiente manera:

“El undécimo día del quinto mes del año 1333, los Taira y los Minamoto batallaron durante una larga jornada, en sucesivas escaramuzas, cerca del río Kume, en Kotesashihara. Al ocaso, el clan Taira se retitó seis millas para tomar posiciones junto a la orilla del río. A la mañana siguiente, el clan Minamoto avanzó con éxito hasta desbaratar las defensas del enemigo”.>


Musashino es el título de un recopilatorio de relatos que publicó en 1901 el escritor Doppo Kunikida, quien está considerado el mayor representante de la escuela naturalista japonesa. El libro está compuesto por siete relatos, de entre los que destaca el primero, Musashino, que da título al recopilatorio. Esta primera pieza está escrita en forma de diario y recoge las impresiones que a lo largo de las estaciones del año, ofrecía para el autor la mítica llanura japonesa que bautiza el relato, protagonista a lo largo de la historia de acontecimientos militares y bellas leyendas. El texto está escrito con mucha delicadeza, sensibilidad y romanticismo. Cada imagen que describe, cada sensación que intenta transmitir rezuma belleza y, más que un pasaje escrito, bien podría asemejarse a un cuadro impresionista de bucólica hermosura, o a una pieza musical de exquisita melodía, que estimula los sentidos.


<18 de noviembre

Camino bajo la luz de la luna. Azules cortinas de humo emergen del suelo; los pálidos haces fuliginosos se rompen contra los árboles.>


El autor evoca con gran emoción y nostalgia el encanto de aquella tierra que describe, y comparte sus bellos recuerdos con el lector, al tiempo que compara sus pasajes con poemas de autores japoneses del pasado y escritores europeos que le han impactado.


<Se trata de un pasaje extraído de la traducción de Futabatei Shimei de El encuentro, de Ivan Turguénev. Fue la fuerza de la descripción lo que me permitió por primera vez apreciar la belleza de los bosques caducifolios. (…)>


La sinceridad con la que Kunikida confiesa sorprenderse ante la aguda narrativa de Turguénev, es la demostración de que el choque cultural de Japón con el mundo literario occidental, del que decía haber aprendido tanto. Esta es una constante en todos los relatos del libro, donde cita a sus autores favoritos europeos, entre los que Wordsworth destaca preminentemente. Pese a que muchos lectores podrían pensar que esta circunstancia quita espontaneidad y original al texto, desde mi punto de vista le otorga sabiduría y humildad, ya que la capacidad de sorprenderse ante la belleza de lo desconocido es en sí una virtud.

El segundo de los relatos que aparecen en el libro lleva por título Esa gente inolvidable, y narra el encuentro casual en una posada, entre un escritor joven y un pintor. La conversación que mantienen ambos personajes durante una noche de tormenta sirve para que el autor comparta sus opiniones y sensaciones íntimas con respecto al impacto que causan ciertos individuos en su paso efímero por la vida de las personas: un corto romance, la lección de un maestro, una mirada en la distancia… Son pequeñas estampas del pasado, que toda persona posee, sobre las que reflexiona Doppo Kunikida de manera filosófica. Al finalizar el relato, el propio lector no podrá evitar él mismo recapacitar.

Niebla del río, así se titula el tercer cuento que nos ofrece Musashino. Narra la historia de un personaje que, tras marcharse de su pueblo regresa fracasado después de muchos años. El grato recibimiento de su familia y amigos le ofrecen un futuro, pero el cansancio de los años de lucha le impiden afrontar la dulce realidad. Es un texto realmente bello pese a la tristeza que rezuma. El autor intima con el protagonista para intentar captar el cansancio de su alma y le ofrece una alternativa. Aunque la historia es muy dramática, de clara similitud al romanticismo más efectista, la descripción pictórica de cada escena nos ofrece unas preciosas y delicadas estampas de indiscutible espíritu japonés. Del mismo modo ocurre con los personajes, que parecen emerger de álbumes fotográficos de época.

El cuarto relato se titula El viejo Gen, y cuenta la historia de un viejo barquero que vive solo porque hace años que perdió, primero a su esposa, y después a su querido hijo. Ante la soledad de vida, decide adoptar a un adolescente vagabundo, pero los años viviendo en la calle le dificultan adaptarse a vivir en familia. Esta peculiar y muy interesante historia trata de analizar la importancia de la vida familiar, filosofa sobre los beneficios de una infancia saludable y de la vida en buena compañía. Pese a la belleza que subyace en el mensaje, la niebla no se levanta en el relato, y deja el alma del lector inundada de tristeza. Este efecto último es característico de la narrativa de Doppo Kunikida, quien experimentó periodos de gran pena en su vida personal, motivado, entre otras cosas, por sus dos fracasos matrimoniales.

Con Carta de Yugahara llegamos a la quinta historia del recopilatorio. En ella el autor cambia de estilo y narra de manera epistolar la historia que nos quiere contar, que versa sobre un idilio romántico del protagonista con una mujer con la que mantuvo una breve relación. El relato está fuertemente influido por la corriente romántica europea, donde el fracaso y la distancia imposibilitan materializar el amor. Quienes lean esta fábula posiblemente rememoren los grandes nombres de la literatura romántica que Goethe, entre otros, inmortalizó. Eso sí, el paisaje que se contempla no podría ser más japonés.

Llegamos al sexto de los relatos, cuyo título es Pájaro de primavera. En él se nos cuenta la historia de un maestro que recala en una aldea. Allí conoce a un niño disminuido psíquico, cuya familia, apenada por la vulnerabilidad del muchacho, ruega al profesor que intente educarlo. Pese a los esfuerzos del protagonista, el chiquillo no parece aprender mucho, y es víctima de los instintos que posee. En esta pequeña joya literaria Kunikida dialoga con el lector sobre la incomprensión de la sociedad hacia los individuos más débiles que la componen, y le ofrece una disertación sobre la tolerancia y el amor que debe partir del conjunto de la población. Como la mayoría de los relatos que forman Musashino, Pájaro de primavera destila una gran melancolía, aunque también transmite un precioso testimonio y ejemplo de amor.

Llegamos al final del libro con un cuento realmente interesante, y tiene un título de lo más original: Carne y patatas. El nombre hace alusión a la diferencia que existe entre ser fiel a tu ideología, léase conformarse con comer patatas, o venderse por dinero, lo que es lo mismo, comer carne diariamente. Es un interesante texto donde los protagonistas exponen su manera de pensar y se contradicen ellos mismos, en una clarísima crítica sociopolítica de los acontecimientos internacionales de la época, donde las corrientes filosóficas de izquierdas y las capitalistas pugnaban por otorgarse la razón. Es la pieza más original del recopilatorio, puesto que se aleja del romanticismo inicial y perenne del libro, y además difiere en un punto importante en su estilo, ya que está escrito con gran sarcasmo y humor.

Y hasta aquí llegan mis impresiones de Musashino. Ha sido un auténtico placer y una grata sorpresa mi primer encuentro con literatura japonesa, a través de la obra de Doppo Kunikida. Si bien es cierto que determinados aspectos de su narrativa desconciertan mi mirada occidental, también es verdad que la delicadeza de sus temas y el colorido de su pluma me han subyugado y evocado bellas palabras de un gran poeta.

 

<Las melodías conocidas dulces son, pero las desconocidas aún son más dulces.> John Keats

 


Undine von Reinecke ♪

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Wikipedia

Doppo Kunikida nació en Chōshi en 1871. Estudió Filología Inglesa en la Universidad de Tokio, de donde terminaría siendo expulsado. En 1892 fundó la revista literaria Seinen bungaku, y al año siguiente comenzó su diario, Azamaukazaru no ki. En 1894, tras desempeñar diversos oficios, se unió al periódico Kokumin shimbun como corresponsal de guerra en la Primera Guerra Sino-Japonesa. Sus crónicas desde el frente, Aitei tsushin, fueron recogidas en un volumen y publicadas con gran éxito después de su muerte. Al año siguiente se estableció en Tokio, donde editaría la revista Kokumin no tomo. Su primera colección de relatos, género que seguiría cultivando con enorme éxito a lo largo de toda su carrera, apareció en 1901. Tras dos traumáticos matrimonios fallidos y el fracaso de un incipiente negocio editorial, Kunikida murió de tuberculosis en Chigasaki a principios de 1908.

 

miércoles, 14 de julio de 2021

RESEÑA. "LOS TREINTA Y NUEVE ESCALONES", JOHN BUCHAN

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: ‎ Losada

Fecha de publicación: 25 junio 2014

Traductor: Gerardo Gambolini

Idioma: ‎ Español

Tapa blanda: ‎ 157 páginas

ISBN-10: ‎ 9500399636

ISBN-13: ‎ 978-9500399630

Peso del producto: ‎ 160 g


Sinopsis de la Editorial:

John Buchan, escribió "Los treinta y nueve escalones", cuando empezaba la Primera Guerra Mundial. En esta vertiginosa narración introdujo a su héroe famoso: Richard Hannay, atrapado en una dramática carrera para frustrar un complot contra Gran Bretaña.

 

Propuesta musical para este libro:




Esta mítica pieza de Edward Elgar, que forma parte de un total de cinco que forman el Op 39, se estrenó en su versión original en el año 1901, con un éxito tal, que el público pidió dos repeticiones. Al año siguiente, en 1902, se adaptó para la coronación del rey Eduardo VII, y se añadió el texto de la oda, Land of Hope and Glory.  


Lo que Undine piensa del libro:

 

<La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.> Gilbert Keith Chesterton

 

En el verano de 2019, mis vacaciones transcurrieron en Inglaterra. Como mis lectores habituales saben muy bien, es un país que me apasiona y he viajado a él en múltiples ocasiones. Visitar sus ciudades más célebres es siempre maravilloso, pero recorrer sus carreteras para conocer los pueblos históricos, las mansiones legendarias y las propiedades campestres que pertenecieron un día a sus personajes más ilustres, es un gran privilegio para quienes valoramos los placeres eruditos de la vida. En aquella ocasión, mis compañeros de viaje y yo decidimos hacer un recorrido en coche por Oxfordshire. Siempre procuramos elegir un lugar céntrico para pernoctar y hacer excursiones radiales, y así poder hacer un barrido lo más completo posible de toda la zona.

Charlecote Park.
Fuente:Undine von Reinecke

Pero, a veces, nuestro afán por no perdernos absolutamente nada nos lleva a recorrer muchas millas más de las programadas. Eso es lo que nos ocurrió una de las jornadas de aquel agosto de hace dos años. En aquella ocasión nuestra curiosidad nos acercó hasta Charlecote Park, una gran mansión campestre del siglo XVI, a orillas del río Avon, que está rodeada por su propio parque de ciervos, y que se sitúa a muy poca distancia de Stratford-upon-Avon, ya en Warwickshire.

Cuando decidimos adentrarnos en aquella propiedad, sabíamos que sería toda una experiencia, ya que los ilustres propietarios de otro tiempo, la familia Lucy, habían participado de forma activa en la historia de Inglaterra, incluso se sabe que la celebérrima Isabel I les visitó en su mansión y pernoctó en ella. No obstante, mi anécdota favorita de la familia Lucy tiene que ver con William Shakespeare, quien, al parecer, siendo aún un niño se dedicaba a la caza furtiva en sus tierras, un delito por el que llegó a ser juzgado. Sin duda, el espíritu de aquellos tiempos sigue deambulando por sus piedras, porque nadie que se plante frente a ese magno recinto puede dudar de su origen Tudor. En la actualidad Charlecote Park está bajo la protección del National Trust, organización que se encarga de cuidarla y administrala desde 1946.

Parque diseñado por Capability en
 Charlecote Park. Fuente: Undine von Reinecke

Como decía, la excursión se anunciaba fenomenal: un edificio muy interesante, con colecciones de arte magníficas, y actividades en el interior y el exterior de la mansión, para conocer cómo era la vida de sus ilustres habitantes y el personal de servicio; el broche final lo ponía el precioso parque que diseñó el prestigioso Capability Brown. Pero, lo realmente maravilloso de estas visitas son las sorpresas con las que siempre te topas, y aquel día me recibieron nada más acceder al recinto. Fue en la misma recepción, allí exhibían una galería que mostraba la interesante historia de la familia, donde encontré un nombre que me era familiar. Cuál no sería mi sorpresa al darme cuenta de que se trataba de John Buchan, el escritor de Los treinta y nueve escalones, la famosa novela que ha sido adaptada al cine en múltiples ocasiones, y que yo conocía gracias al célebre Alfred Hitchcock. Pero ¿qué relación unía a John Buchan con la familia Lucy? Entre otras cosas, el enlace de su hija Alice con Sir Brian Fulke Cameron-Ramsay-Fairfax-Lucy, 5th Baronet (1898–1974).

Fuente: Undine von Reinecke
¡Quién les iba a decir a los aristocráticos Lucy que gracias a la labor literaria y de archivo histórico que realizaron los Buchan, padre e hija, el National Trust aceptaría hacerse cargo de Charlecote Park, para restaurarla y dejarla como en sus mejores días de esplendor!

Como quiera que sea, mi interés en aquella visita se incrementó gracias a John Buchan, ya que toparme con los lugares y las circunstancias que rodearon a los autores que leo o descubro es otras de mis aficiones favoritas. Por eso, cuando regresé a España busqué más información sobre el escritor, y hoy puedo afirmar que John Buchan fue un hombre de lo más interesante.

John Buchan (1875 - 1940), nació en Escocia, y fue lo que todos identificamos como todo un hombre del Imperio, es decir, que su figura y su vida participaron de modo activo en la historia de Inglaterra. Aunque sus orígenes no fueron especialmente privilegiados, ya que nació en el seno de una familia cuyo progenitor era un ministro de la Iglesia Libre de Escocia y la esposa de éste la hija de un granjero, sus grandes dotes intelectuales le granjearon sendas becas para acceder, primero a la universidad de Glasgow, y luego a la Oxford, donde finalizó sus estudios de manera brillante, y siendo nombrado presidente de la Oxford Union. De aquellos años universitarios datan sus primeras publicaciones, y los buenos contactos sociales que le ayudarían en el futuro. Después de una breve incursión profesional en el campo de las leyes, aceptó trabajar como secretario privado de Alfred Milner, un alto cargo del estado que ocupaba el puesto de gobernador de las colonias del sur de África. Aquellas experiencias de juventud fueron determinantes para el escritor, e inspiradoras para su obra literaria. A su regreso a Inglaterra, Buchan continuó con su labor como escritor e hizo su incursión en el mundo editorial. En 1907 contrajo matrimonio con Susan Charlotte Grosvenor, hija de Norman Grosvenor y prima del duque de Westminster; de ese afortunado matrimonio nacieron cuatro hijos, dos de ellos también se dedicaron a la literatura.

Sin dejar de trabajar nunca en sus novelas, en 1911 inició su carrera política cuando fue nombrado candidato del partido Unionista, para los distritos de Peebles y Selkirk, en Escocia. Su posicionamiento político era muy personal, ya que apoyaba ideas progresistas como por ejemplo el sufragio femenino, pero sin embargo estaba en contra de las reformas sociales del Partido Liberal, por considerar que fomentaban el odio entre clases sociales.

Fuente: Wikipedia

Con la llegada de la Gran Guerra, Buchan comenzó a escribir para la Oficina de Propaganda de Guerra Británica, y se trasladó a Francia para trabajar como corresponsal de The Times. En 1915 publicó su obra más famosa, por la que es internacionalmente conocido, Los treinta y nueve escalones, de la que luego os hablaré. Al término de la guerra, su labor en la misma fue reconocida y en 1917 le nombraron Director de Información, un cargo que ejecutó con gran profesionalidad. Pese a todo, la literatura seguía ocupando gran parte de su tiempo y además de continuar escribiendo novelas de ficción y aventuras, se inició en el género histórico. Por otro lado, en la década de 1920 sus aspiraciones políticas e intelectuales le consiguieron puestos de gran relevancia, como el de presidente de la Sociedad Histórica de Escocia, y el de administrador de la Biblioteca Nacional de Escocia. A nadie se le escapa que en aquella época la religión marcaba también la vida política del país, y Buchan participó activamente en ella. Por ese motivo, entre 1934 y 1935, asumió el cargo de Lord Alto Comisionado del Rey George V en la Asamblea General de la Iglesia de Escocia.

Buchan fotografiado en uno de sus
viajes por Canada. Fuente: Wikipedia

También en 1935 hubo varios acontecimientos importantes que marcaron su vida profesional y personal. Por un lado, su gran novela de espías fue adaptada por Alfred Hitchcock, y por  otro, el rey le concedió un título nobiliario, le nombró Barón Tweedsmuir, con el que aceptó además el cargo de Gobernador General de Canadá. Allí finalizarían sus días cinco años más tarde, ya que en 1940 falleció. Durante su estancia en Canadá jamás dejó de escribir, pero también asumió la dignidad que se le había encomendado con gran empeño y dedicación, viajó por todo el país y se involucró en la vida social e intelectual canadiense. Con tanta profesionalidad y empatía empeñó su puesto, que los canadienses le organizaron un gran funeral de Estado antes de que sus restos fueran trasladados a Inglaterra.

¿Verdad que la vida de John Buchan es digna de protagonizar un bestseller y su adaptación cinematográfica? De algún modo así fue porque toda ella queda reflejada en sus novelas, principalmente en su gran éxito Los treinta y nueve escalones, que comienza así:

 

<Volví de la City hacia las tres aquella tarde de mayo, bastante disgustado con la vida. Llevaba tres meses en la madre patria y estaba harto de ella. Si un año antes alguien me hubiera dicho que estaría sintiéndome así, me habría reído en su cara, pero la realidad era esa. El tiempo me deprimía, la charla del inglés común me enfermaba, no podía hacer mucho ejercicio, y los entretenimientos de Londres me parecían insulsos como un vaso de agua. “Richard Hannay”, me repetía a mí mismo, “te metiste en la zanja equivocada, amigo, y harías bien en salir”.>

 

Los treinta y nueve escalones cuenta la historia de Richard Hannay, un inglés que ha pasado largo tiempo en las colonias ejerciendo como ingeniero de minas. A su regreso a la capital inglesa, el tedio de la vida ociosa, pese a sus muchos entretenimientos, le está haciendo replantearse regresar a África. Pero una tarde, un misterioso personaje se le acerca a traición, cuando Hannay está intentando abrir la puerta de su domicilio. Se trata de Franklin P. Scudder, un vecino con el que nunca ha intercambiado más que algún que otro saludo. El perturbador personaje le ruega que le permita entrar en su casa, y que escuche la gravedad de la historia que le tiene que contar. Hannay acepta sin mucha convicción, pero como su aburrimiento es tan grande, decide que nada tiene que perder. Scudder comienza así su relato, una historia en la que confiesa estar implicado en los servicios internacionales de espionaje, y por ello, dice conocer un peligroso complot que se está fraguando, que compromete la paz mundial y pone en peligro la seguridad de Inglaterra. Scudder implora a Hannay ayuda, porque la organización que está preparando el gran atentado mundial está al tanto de la peligrosa información que posee y lo quieren asesinar. Nuestro protagonista no termina de creer lo que aquel extraño personaje le ha contado, pero ante la aburrida perspectiva de vida que le espera esos días, decide alojarlo en su casa con un nombre falso, y le cuenta a su mayordomo que es un antiguo amigo militar que pasa unos días en su apartamento para recuperar la salud. Los días pasan unos tras otros sin muchos cambio, Hannay arregla las cosas para regresar a África y Scudder vive en la clandestinidad, pero un día de regreso a su apartamento, Hannay descubre que todo está revuelto, y encuentra a Scudder asesinado en su sala de fumar. En ese momento comprende que la historia de su misterioso inquilino era cierta y comienza a buscar desesperadamente una libreta que éste le enseñó, donde decía tener apuntado las claves que descubrirían a la organización enemiga de Inglaterra, y su atroz atentado. Después de muchos esfuerzos, Hannay consigue encontrar el comprometedor cuaderno negro, pero no se decide a ir con él a la policía, porque comprende que su difícil situación es tan sospechosa que él sería el primer candidato para ser acusado del crimen. Por ese motivo, se las ingenia para salir del edificio sin que le vean, por si la organización terrorista lo está vigilando, y recordando algunas cosas de la historia que el espía amigo de Inglaterra le contó, emprende la huida por tren hacia Escocia, donde espera encontrar la pista que desenmascare a los terroristas internacionales, y ya de paso, demostrar su inocencia también. De este modo, inicia un azaroso y peligroso periplo por tierras escocesas en busca de su libertad y de la paz mundial. ¿Conseguirá Richard Hannay su objetivo, o por el contrario será una víctima más del complot internacional?

Los treinta y nueve escalones es una trepidante y emocionante novela de espías, que fue publicada por entregas en Blackwood's Magazine durante agosto de 1915, cuando Europa se veía sumida ya en la terrible Primera Guerra Mundial. Ese mismo año, en el mes de octubre, William Blackwood and Sons la sacó a la venta ya en forma de libro. Es la primera de las cinco historias protagonizadas por el personaje Richard Hannay, un héroe que conquistó los corazones de la nación inglesa desde que lo conoció. Parece ser que dicho personaje salió de la pluma de Buchan inspirándose en un amigo escocés, Edmund Ironside, al que conoció en África, cuando trabajaba como secretario personal del gobernador. Ironside fue espía durante la Segunda Guerra de los Bóers (1899-1902). Como quiera que sea, el personaje se hace querer por el público por su personalidad interesante, su tremenda valentía y su acusada astucia. La tremenda picardía que posee le ayudará durante todo el palpitante relato, porque Los treinta y nueve escalones es de esas novelas que no puedes dejar, tanto la emocionante historia como su cautivadora narración te lo impiden. Es una lástima que mi edición no pasara por los beneficios de una buena revisión, porque de otro modo hubiera disfrutado mucho más. Pese a ello, los acontecimientos que relata el héroe inglés me mantuvieron todo un sábado entretenida.

Como se puede adivinar por mis palabras, en la novela no hay mucha presencia de diálogos, casi todas sus páginas corresponden al relato en retrospectiva que nos hace de los acontecimientos Richard Hannay, como testigo de todos los hechos. De este modo, Buchan toma de la mano a los lectores y los monta en un tren que los lleva hasta Escocia en compañía de su carismático héroe. Allí el autor saca su verdadero corazón escocés, e incorpora a su relato un elenco de personajes interesantes y característicos de la personalidad de las gentes escocesas de aquella época: granjeros, posaderos, peones camineros, pastores, aristócratas, políticos… Un elenco muy interesante y simpático, que añade sal y pimienta a lo que se nos cuenta. Por otro lado, no se debe olvidar la a los malos malísimos de la novela: Buchan dibuja con tal dedicación y empeño sus personalidades, que el lector se los puede imaginar mientras persiguen afanosamente a Richard Hannay en su huida de la justicia. Porque, recordemos que, nuestro protagonista es acosado igualmente por los buenos y por los malos; las autoridades inglesas le persiguen también vehemente como sospechoso del asesinato que inicia la novela.

Fuente: Wikipedia

Ese es otro de los puntos importantes de Los treinta y nueve escalones, su famosísima persecución sin tregua. Una caza al sospecho sin descanso, que inspiró en lo sucesivo múltiples títulos a otros novelistas, y que no escapó al ojo sagaz de Alfred Hitchcock, quien dirigió la película en 1935, como ya he dicho anteriormente, y utilizó este motivo en otras producciones. La adaptación de este gran director estuvo interpretada por Robert Donat y Madeleine Carroll y, aunque se desvía notablemente de la historia original de John Buchan, cambiando incluso la ambientación temporal, e incorporando personajes femeninos a la historia, también es cierto que es la más interesantes de cuantas inspiró la famosa novela. Porque la de Hitchcock no fue la única película que se realizó basada en la novela, pero sí sirvió de inspiración a todas las que llegaron después. En 1959 Ralph Thomas realizó la primera versión en color, una película que, desde mi punto de vista, es la más mediocre de todas; en 1978 se rodó el tercer film, que fue dirigido por Don Sharp y protagonizado por Robert Powell, está considerado el más fiel al libro porque respeta la línea temporal, aunque, tampoco satisfizo mis expectativas cuando la vi; para terminar, en 2008 se rodó un film televisivo por la BBC de Escocia, protagonizado por Rupert Penry-Jones y Lydia Leonard, pese a que su protagonista masculino es un aliciente para mí y la fotografía y ambientación son deliciosas, el componente romántico que incorporaron, en mi opinión, desvirtuó la historia. También se han realizado múltiples adaptaciones para el teatro y la radio, con nombres tan famosos como Orson Wells, David Niven, Glend Ford, y muchos otros actores y productores de relevancia que quisieron formar parte del mundo de Richard Hannay. Hasta tal punto ha conquistado el universo de ficción la novela de John Buchan, que incluso existe un videojuego basado en él.

La repercusión de Los treinta y nueve escalones no deja perder notoriedad en la actualidad, ya que este mismo año la plataforma Netflix anunció su próxima adaptación, con la participación de Benedict Cumberbatch como principal.  Quisiera creer que esta será la definitiva, y que los creadores sabrán respetar, con buen gusto y eficiencia, el espíritu de la novela. Porque, si es cierto que lo genuino siempre convence, en este caso, sucede con mayor pasión. Es verdad que en ella a penas participan mujeres, que no hay intereses románticos en ella, que la trama se centra tan sólo en las aventuras que vive su personaje mientras quiere solucionar su problema y arreglar el mundo; Los treinta y nueve escalones es simple y llanamente una novela de espionaje. ¡Pero qué novela!  No le sobra ni le falta nada. Con su lectura somos capaces de soñar, de viajar en el tiempo hasta la época eduardiana; viviremos aventuras, mientras viajamos en tren con una guía Bradshaw en las manos; correremos por campo abierto, y nos refugiaremos donde podamos; nos mezclaremos con espías enemigos, y estaremos presentes en reuniones de Estado… En definitiva, conoceremos desde dentro el mundo que vivió y experimento John Buchan, un verdadero hombre del rey.

 

<El precio de la grandeza es la responsabilidad.> Winston Churchil

 

Undine von Reinecke ♪



Trailers de las adaptaciones:  






 The 39 Steps (1978 , Trailer)


The 39 Steps (2008 Trailer)


miércoles, 7 de julio de 2021

RESEÑA: "UNA VILLA EN FLORENCIA", WILLIAM SOMERSET MAUGHAM

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Colección: Pequeños placeres

Número de la colección: 10

Traducción: Carlos Mayor

Fecha de publicación: junio 2021

ISBN: 9788412227932

Formato: 11,5 x 18

Páginas: 182

Encuadernación: rústica con solapas

PVP: 16.00 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Desde el balcón de la fabulosa villa florentina donde pasa sus vacaciones, la joven y atractiva viuda Mary Panton hace balance de su situación: sin duda, no tardarán en llegarle ofertas de matrimonio, pero lo más sensato sería elegir al honorable y afectuoso Edgar Swift, veinte años mayor que ella, destinado a un cargo de responsabilidad en la embajada de la India.

Pero mientras espera este momento, un giro inesperado amenaza con arruinar sus planes. Un simple acto de compasión se convierte para ella en una situación más que comprometedora, que pone en peligro el plácido futuro que había previsto.

 

Propuesta musical para este libro:


El Capricho Nº 24 de Paganini es el último de los que escribió el famoso compositor y virtuoso del violín Niccolò Paganini (1782-1840). Esta pieza es una de las más famosas del repertorio para violín.

 

Lo que Undine piensa del libro:


<El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.> Arthur Schopenhauer


Fuente: Viajerofácil.com

Pocos lugares existen que encierren tanto encanto para mí como la ciudad de Florencia. Su pasado ilustre, su tormentosa historia, su legado artístico… el conjunto de su identidad me conquistó hace ya muchos años. Hasta ella me he acercado literaria, musical y personalmente para disfrutar de toda su belleza. Muchos antes que yo cayeron rendidos ante sus pintorescos paisajes naturales y arquitectónicos, incluso hubo un tiempo en que la ciudad parecía haber sido tomada por un ejército pacífico de ciudadanos del mundo, amantes de sus muchas virtudes y afines a los placeres que ofrecía para cuerpo y espíritu. Algunos de ellos, los más acaudalados y afortunados, compraron palacios y aristocráticas villas renacentistas en las que pasaban largas temporadas, formando parte así de la vida florentina como una obra de arte más, aportando un componente exótico al ambiente de sociedad. Entre aquellos visitantes invasores, la comunidad inglesa brillaba con luz propia, E. M. Forster lo describió muy bien en su novela de 1908 Una Habitación con vistas. De tal modo se acomodaron en la capital toscana hasta bien entrado el siglo XX, y coincidiendo con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que la ciudad casi parecía otra más de sus colonias. Pues bien, en este ambiente extranjero de placeres aristocráticos y sociales florentinos de entreguerras transcurre la obra que os presento hoy, que lleva por título Una villa en Florencia. Se trata de una nouvelle escrita por un miembro de ese batallón inglés que viajaba por el mundo disfrutando de las delicias terrenales, William Somerset Maugham (1874-1965), novelista que llegó a ser durante la década de 1930 uno de los autores mejor pagados y más leídos del mundo, si no el que más. Gracias a la bellísima publicación para la colección Pequeños placeres de Ediciones invisibles de Una villa en Florencia, el público español puede disfrutar una vez más de su genio, con la estupenda traducción de Carlos Mayor. La historia comienza así:


<La villa estaba en una colina. Desde la terraza delantera se disfrutaba de una vista soberbia de Florencia; detrás había un jardín maduro, con pocas flores, pero con unos árboles espléndidos, setos de boj recortado, senderos de hierba y una gruta artificial en la que el agua caía en cascada de un cuerno de la abundancia con una sonoridad fresca y argentada. Había construido la casa en el siclo XVI un noble florentino cuyos empobrecidos descendientes se la habían vendido a unos ingleses, que eran precisamente quienes se la habían prestado durante un tiempo a Mary Panton.>


Una villa en Florencia cuenta un instante de la vida de Mary Panton, una viuda joven que perdió a su marido hace un año. Para recuperarse de su pérdida y de los terribles momentos que acompañaron su vida matrimonial, decide pasar una larga temporada en Florencia. Pese a que pertenece a una clase social privilegiada, su situación financiera no es muy buena. Por ese motivo acepta el ofrecimiento de una pareja amiga, y se traslada a la villa florentina que ellos poseen en una colina de la ciudad toscana. El entorno es inmejorable, y como ella no tiene muchas necesidades personales, el escaso personal de servicio que reside en la casa es suficiente para su bienestar. Su estancia en el lugar transcurre sin muchos acontecimientos; tras unas semanas visitando las famosas obras de arte toscanas, nuestra protagonista ahora no se mueve a penas de la finca. Tan sólo acepta, por compromiso, las invitaciones de conocidos que viven en Florencia, y que son la flor y nata de la sociedad. Mary sólo desea restablecerse física y emocionalmente, y ha elegido llevar una vida en soledad. A penas recibe visitas, las más frecuentes son las de Edgar Swift, un amigo de su padre, que siempre fue como un padrino para ella, desde que su progenitor falleció. Aunque la diferencia de edad entre ellos es grande, la joven viuda sospecha que él quiere pedir su mano, y esto le hace debatirse entre la conveniencia de aceptar un matrimonio con un hombre bien posicionado económica y socialmente, o respetar su reciente libertad. Efectivamente, Swift le pide que se case con él, pero deja a Mary que valore su oferta, aprovechando que tiene que realizar un corto viaje, con la confianza de que a su regreso su petición sea aceptada. Esa misma noche, nuestra heroína tiene que asistir a una cena que organiza la princesa de San Ferdinando, y allí coincide con un compatriota de su misma edad, Rowley Flint, un joven adinerado y de buena familia, al que persigue la mala fama de crápula y mujeriego. La velada transcurre como tantas otras reuniones sociales a las que ha asistido antes, entre conversaciones banales y galanteos frívolos, pero Mary no imagina que esa noche sucederá algo extraordinario. Como es normal en las reuniones de la princesa, la música ameniza la sobremesa, en esa ocasión ha acudido a entretenerlos un violinista joven, de lastimero aspecto, y poco afortunado en su arte. Finalizado el terrible concierto, el músico se dirige a los presentes para recibir las habituales propinas, y queda muy sorprendido cuando Mary le entrega una cantidad desmesurada. La generosidad de la dama conmueve al violinista y sorprende tremendamente a Rowley, el galán que le ha acompañado durante la cena. Esta bondadosa acción será el desencadenante de una serie de acontecimientos que pondrán a Mary Panton en medio de un triángulo dramático, pasional, e impredecible, que cambiará su destino para siempre.

Primera edición. Fuente Iberlibro

Una villa en Florencia es una original, apasionante y sorprendente nouvelle, que fue publicada en 1941 con el título original de Up at the villa. Desde su aparición tuvo un éxito inmediato, especialmente fuera de Inglaterra, para gran sorpresa del propio autor quien, años más tarde, confesó en el prefacio de un recopilatorio de sus mejores obras, haberse divertido mucho escribiéndo la novela pero que no veía nada memorable en ella. Pese a ello, en 1960 el autor donó los derechos de la obra para ser vendida, y ayudar así con los beneficios a la Biblioteca de Londres. La recaudación ascendió a £ 1100. 

La historia nos traslada a la Florencia de entreguerras, cuando en Italia gobernaba Benito Mussolini, y Europa ya sentía las consecuencias del movimiento nazi. Un contexto que a priori no afecta a lo que nos cuenta este relato, pero que contextualiza y repercute en lo que vendrá después. Porque, en ese ambiente elegante, frívolo y despreocupado, de ciudadanos extranjeros en Florencia, que nos ofrece Maugham, de repente irrumpe la realidad política de aquella época. Y aunque lo hace de una forma sutil y original, el hecho es que será determinante para esta historia.

Fuente: National Geographic

Pero no adelantemos acontecimientos, porque el autor antes de eso se tomó muchas molestias en la creación atmosférica y en la ambientación. Y lo hace describiendo la villa donde reside Mary Panton, pinta un cuadro idílico, hermoso y bucólico del lugar. Maugham materializa en esta imagen lo mejor de la Florencia de todos los tiempos, y evoca para su público el espíritu latente que aún pervive en ella: belleza, armonía, romanticismo y un delicado erotismo, se unen en la introducción del relato, para atrapar mediante estos placeres sensitivos a quienes se adentren en él. Conseguido este objetivo, el lector cree estar frente a una historia de carácter intimista y emocional, similar a otras obras de aquella época, que abordaban las encrucijadas femeninas entre seguir a la razón o los dictados del corazón. Pero, de repente un bofetón argumental da un giro sorprendente y vertiginoso a la novela.

Es en ese preciso instante cuando el lector, abrumado por los hechos que presencia, comprende que se encuentra en medio de un thriller psicológico, potente y de gran altura, que le hace preguntas de condición ético y moral. El escritor, además, se las ingenia para construir una inquietante trama, con escenas tan frías como elocuentes y descarnadas, que dejarán helado a todo aquel que las lea, sin comprometer por ello en ningún momento el buen gusto de la novela. Maugham no se deja llevar por el sensacionalismo ni la vulgaridad, tan sólo recrea con realismo e intensidad los sucesos que nos cuenta. Algo que, por otra parte, forma parte de su distintivo estilo, directo y sin tapujos.

Qué duda cabe que gran parte del éxito de la historia reside también en los personajes, todos ellos clichés de la sociedad en el que el autor se movía, y que se asemejan a muchos otros que aparecen en el resto de sus novelas. La más importante es Mary, la protagonista, una mujer de gran éxito social que ha visto frustrada su vida por un mal matrimonio; por otro lado observamos a Edgar Swift, un diplomático de renombre y mediana edad, que bebe los vientos por la joven; también conocemos a Rowley Flint, un hombre con mucho dinero y pocos principios que está empeñado en seducir a Mary; como contrapunto tenemos al violinista del restaurante, un estudiante de altos ideales morales que ha sufrido a causa de ellos; para rematar el reparto de esta obra, están todos los secundarios, encabezados por la princesa de san Ferdinando y el personal de servicio de la villa. El contraste entre los estratos de la sociedad florentina de la época ofrece al lector una certera instantánea sociológica de lo que era la Florencia de entreguerras.

Por otro lado, la profundidad psicológica, sagaz y certera, que emplea Maugham para desnudar a sus personajes, unida a su destreza narrativa y estilística, consiguen impresionar y embaucar al lector irremediablemente, secuestrándolo dentro de esta historia. La magia literaria que practica el autor es tal que, en mi caso personal, me tuvo completamente absorta en la novela, sin interrumpir la lectura en ningún momento, hasta llegar al punto final. He de confesar que cerré el libro con una pequeña sonrisa de complicidad hacia el autor porque, pese a la seriedad que envuelve el relato, el desenlace final, en mi opinión, es una genialidad, y demuestra la empatía que sentía el autor hacia el ser humano.

Kristin S. Thomas, Up at the Villa
Fuente Pinteres

Quiero señalar que desde siempre me han gustado los inconfundibles personajes femeninos de William Somerset Maugham, como el que nos ofrece con Mary Panton, la protagonista de Una villa en Florencia. Aunque estos hayan sido desacreditados hasta la saciedad por un sector de la crítica literaria, que los califica como exagerados, y ha visto en ellos el reflejo de los celos de su autor sobre el sexo femenino, a mí por el contrario me parecen todos ellos muy interesantes y sugerentes, porque, desde mi punto de vista, exploran los rincones más secretos y políticamente incorrectos de la naturaleza femenina. No debe sorprendernos que el autor recibiera este tipo de comentarios. La compleja personalidad de Maugham y su agitada vida sentimental daban pie a múltiples especulaciones de todo tipo, y su obra tampoco no podía verse libre de ello. Al fin y al cabo, todos somos el resultado de nuestro nacimiento y educación, y pagamos un alto precio por ello.

Aunque William Somerset Maugham nació en el seno de una familia acomodada, el padre era diplomático, y gozó de la atención que todo niño debiera recibir, su temprana orfandad a la edad de diez años le dejó al cargo de un tío que no le supo dar afecto ni calor familiar. Este hecho, unido al acoso escolar que sufrió por culpa de su baja estatura y su tartamudez, le ocasionó secuelas emocionales importantes, como una timidez irremediable, que ni de adulto pudo superar. Estas experiencias de vida las reflejó en uno de sus primeros éxitos, Servidumbre humana (1915), donde quedan patentes las connotaciones autobiográficas en los personajes principales y la trama de la historia.

Caricatura W. S. Maugham por David Low
Fuente: Wikipedia

Por otro lado, y en el terreno de lo más personal, su bisexualidad le llevó a mantener relaciones íntimas tanto con mujeres como con hombres, entre los que se puede contar a personajes famosos como Lytton Strachey o Thomas Mann, y alguna de ellas le trajo un buen disgusto. Sin ir más lejos, la relación adúltera que mantuvo con Syrie Barnardo, una mujer casada con el empresario inglés de la industria farmacéutica Henry Wellcome, le costó verse implicado en una escandalosa demanda de divorcio, que el ofendido marido puso contra su esposa. Aunque Maugham tuvo una hija con Syrie y se casó finalmente con ella, el matrimonio fue un auténtico fiasco, entre otras cosas, porque al mismo tiempo, el escritor mantenía una relación romántica con Gerald Haxton, el hombre que fue el auténtico amor de su vida, hasta el fallecimiento de éste en 1944. Después de él tuvo múltiples amantes, pero ninguno pudo volver a ocupar su corazón.

En el terreno de lo profesional, aunque comenzó a ejercer la medicina, muy pronto abandonó esta profesión para dedicarse de lleno a la literatura, ya que el éxito que experimentó entre el público le llegó desde la publicación de su primera novela Liza of Lambeth (1897). No tuvo el mismo reconocimiento por parte de algunos críticos, que lo acusaban de no estar a la altura de otros escritores contemporáneos como D. H. Lawrence, T. S. Eliot o Virginia Woolf. Pese a ello, sus novelas eran muy leídas y sus obras de teatro se representaban a uno y otro lado del Atlántico sin interrupción. Sus constantes viajes por todo el mundo, a veces ejerciendo como espía para el gobierno británico, recordemos que Maugham vivió las dos guerras mundiales, le dieron la oportunidad de conocer otras culturas y documentarse ampliamente para sus novelas, muchas de ellas testimonio de los estertores del mundo colonial. Exploró diferentes campos de la literatura, e incluso colaboró con el mundo del cine, que solicitó sus servicios como guionista, y le dio la oportunidad de participar en la adaptación de muchas de sus obras.


Tyrone Power y Gene Tierney en El filo de la navaja
Fuente: Wikipedia

Quién no ha oído hablar de aquellos títulos clásicos del cine con letras de oro, como Servidumbre humana (1934), El velo pintado (1934), o El filo de la navaja (1946), entre muchos otros, que inmortalizaron estrellas de Hollywood de la talla de Bette Davis, Leslie Howard, Greta Garbo, Tyrone Power... Durante mucho tiempo sus novelas no dejaron de adaptarse, aunque es cierto que el mundo editorial ya no le prestaba la misma atención. Pero, con la llegada del siglo XXI, una vez más el mundo del cine recurrió a él y se rodaron tres de sus obras: Conociendo a Julia (2004), El velo pintado (2009), y antes de ellas apareció Up at the villa, título original de Una villa en Florencia, la novela que me ocupa hoy. El film se estrenó en el año 2000, y fue  protagonizada por Kristin Scott Thomas y Sean Penn, aunque no gozó de buenas críticas, ni fue un éxito de taquilla, porque las licencias argumentales que se tomaron no agradaron prácticamente a nadie, lo cierto es que, tanto esta adaptación como los anteriores, ayudaron a recordar el nombre de William Somerset Maugham. Sus novelas volvieron a reimprimirse y nuevos lectores quisieron conocerle. Justicia divina para un escritor que, desde mi punto de vista, supo apiadarse y perdonar las debilidades humanas, y así lo reflejó en sus novelas, quizá por poseer la certeza de saber que él mismo era tan sólo, y nada menos, que un hombre.

 

< Pueden prohibirme seguir mi camino, pueden intentar forzar mi voluntad. Pero no pueden impedirme que, en el fondo de mi alma, elija a una o a otra.> Henrik Johan Ibsen

 

Undine von Reinecke ♪

 


El autor por la Editorial:

Fuente: Ediciones Invisibles

William Somerset Maugham

(París, 1874 – Cap Ferrat, Niza, 1965)

 Nacido en Francia por un azar familiar, Somerset Maugham es uno de los escritores más populares de la narrativa inglesa de la primera mitad del siglo XX. Huérfano de madre y padre desde muy joven, estudió en el King ‘s School de Canterbury, donde sufrió acoso por parte de compañeros que se burlaban de su escasa estatura y de su tartamudez. En 1897 comenzó una prolífica carrera literaria —que comprende narrativa, teatro, ensayo o crítica—, que compaginó con ocupaciones tan diversas como ejercer de espía para los servicios secretos británicos o trabajar de guionista para estudios de Hollywood.