miércoles, 12 de mayo de 2021

RESEÑA: "EL HIJO PERDIDO", MARGHANITA LASKI

Fuente: Undine von Reinecke


 Ficha Técnica:

Editorial: Nórdica Libros

Traducción: Blanca Gago

Tamaño: 14 x 22 cm.

Encuadernación: Rústica

Páginas: 264

ISBN: 978-84-18067-25-9

Edición en papel: 19,50 €

Edición ebook:  8,99 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Hilary Wainwright, un soldado inglés, regresa a una Francia devastada y empobrecida durante la Segunda Guerra Mundial para localizar a un niño perdido cinco años antes. Pero ¿este pequeño y tranquilo niño, ahora un sombrío huérfano, es realmente su hijo? ¿Y si no lo es? En esta novela exquisitamente elaborada, seguimos la lucha de Hilary por amar en medio de una guerra. El hijo perdido es también una novela atemporal sobre la emoción, que describe la búsqueda de un hombre para encontrarse a sí mismo, para asumir su propio sentido de la pérdida y hallar el valor para volver a amar con el pleno conocimiento de que eso lo expondrá a nuevas formas de dolor.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Lo importante es buscar. No importa si se encuentra o no.> Antonio Tabucchi


No me tengo por ser una persona supersticiosa, pero siempre he creído que en el mundo existe algo parecido a la magia que regula nuestras vidas, que una energía positiva guía nuestros pasos si estamos abiertos a admitir su presencia. La lectura que me correspondía hacer esta semana me lo ha vuelto a confirmar. Ya sabéis que mi última reseña publicada estaba dedicada a la narrativa de Charles Dickens. A través  de una de sus novelas menos alabadas en la actualidad, Almacén de antigüedades 👈, quise ensalzar la labor literaria del famoso escritor inglés. ¡Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que el título que leería después ratificaría mis palabras! Me refiero a El hijo perdido firmado por la escritora inglesa Marghanita Laski, publicado en España por Nórdica Libros (2020). Tanto la novela como el texto que le sigue mencionan la narrativa de Dickens como algo especial. Incluso el epílogo del libro compara el efecto que produjo el final de El hijo perdido con el impacto causado en el público del siglo XIX por Nelly, la heroína dickensiana de Almacén de antigüedades. ¿No es esto una feliz coincidencia que se me presentó como una recompensa? Hay quienes verían en este acontecimiento un caso claro de “serendipia”, es decir, y recurriendo a la definición de la RAE, “Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. No se me ocurre mejor elección para incluir como primera lectura en mi participación en el reto Serendipia Recomienda 2021, organizado por la escritora Mónica Gutiérrez Artero en su blog.

La novela comienza así:


<El día de Navidad de 1943, Hilary Wainwright se enteró de que su hijo estaba perdido.>


Fuente:iwm.org.uk

El hijo perdido nos lleva al Londres de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Hilary Wainwright, un poeta e intelectual inglés, está celebrando la Navidad junto a su madre, su hermana y los hijos de ésta. La imagen que se presenta frente a él al contemplar a sus sobrinos le hace evocar su infancia, y el deseo de poder disfrutar de unos momentos similares junto a su propia familia. Pero Hilary es un hombre viudo y a su hijo recién nacido no lo ve desde que tuvo que huir de Francia, donde vivía junto a su esposa, ante la inminente llegada de los nazis. Sus pensamientos retornan a la realidad cuando alguien llama a la puerta. Se trata de Pierre, un conocido francés, que viene a informarle de que su hijo ha desaparecido. El niño se perdió cuando la mujer que estaba a su cargo fue asesinada por los alemanes. Ante la imposibilidad de volver a Francia, ya que la guerra le tiene atado a sus obligaciones con Inglaterra, su informante promete hacerse cargo de la búsqueda del pequeño.

En 1945, ya finalizada la contienda, Hilary regresa al país galo a buscar él mismo a su hijo. Pierre ha estado durante esos años indagando. Sus pesquisas le han llevado por varios caminos y ve posible que uno de ellos sea el certero. Pone a Hilary en antecedentes, y le comunica que, si el niño candidato a ser su hijo finalmente no es tal, probablemente nunca jamás pueda dar con él. Desde ese momento Hilary seguirá las indicaciones que Pierre le da, que le llevarán hasta un orfanato regentado por monjas, situado a ochenta kilómetros de París. ¿Será el pequeño de cinco años que vive allí su hijo? Y lo que es más importante, ¿Conseguirá Hilary encontrar lo que verdaderamente busca?

El hijo perdido es una fascinante, estupenda y sólida novela, que se publicó por vez primera en 1949, bajo el título original de Little boy lost. Desde que salió a la venta fue todo un éxito entre el público y la crítica, que se rindieron ante la capacidad narrativa de Marghanita Laski y el poder emotivo de su historia. Pese a la trascendencia que tuvo su obra, la autora es casi una desconocida en nuestro país, y hasta la fecha tan sólo se han publicado dos títulos de toda su producción: La chaise-longue victoriana (Automática Editorial, 2012), un relato inquietante y terrorífico que quienes lo han leído han quedado gratamente sorprendidos y admirados, y El hijo perdido, la novela que me ocupa hoy.

En esta ocasión la autora nos ofrece algo muy diferente y especial. Se trata de una novela de búsqueda personal, que guarda entre sus páginas mucho más que una historia conmovedora, como muchos lectores pudieran pensar, ya que la sinopsis capta ese tipo de atención emocional: un niño pequeño huérfano de madre perdido en una Francia en guerra, y un padre que intenta encontrarlo vehementemente cuando la contienda finaliza.


<Vino a decirme que John está perdido -dijo Hilary con la vista clavada en su madre, temblando por la intensidad del deseo de que esta se convirtiera milagrosamente en una imagen capaz de reconfortarlo, simplemente reconfortarlo.>


Pero ya en las primeras páginas nos damos cuenta que estamos ante algo muy diferente. Son varios los factores que nos dicen que esto es así: por un lado, el frio planteamiento estructural y estilístico de la novela, que no da pie a descripciones empalagosas ni excesivamente sentimentales; y por otro, la exhaustiva disección psicológica del personaje principal, a quien la autora presenta como un ser devastado por la pena, la culpa y la pérdida.

Laski introduce a Hilary ante lector mostrando su lado más frágil. Nos lo muestra junto a su madre, una figura que no cumplió la importante misión que le correspondía durante su infancia, motivo por el cual el protagonista se convirtió en un adulto con fisuras emocionales en su personalidad. Debido a ello, la soledad que Hilary siente tras la muerte de su esposa y la desaparición de su hijo es absoluta. No encuentra refugio alguno entre su familia, ni estímulo que le empuje a ver la vida con optimismo. Tan sólo la inercia le obliga a seguir viviendo y desear un algo abstracto que le saque de la malsana ansiedad. Por ese motivo, pone sus últimas esperanzas en la búsqueda del hijo que tuvo con su esposa, la única persona que le hizo sentirse vivo por dentro.


<Ojalá hubieran encontrado al niño -pensó- , ojalá estuviera casado con Joyce, y mi vida estuviera asentada, mi conciencia, en calma, y los antiguos encantamientos, muertos por fin.>


Fuente: Academiaplay.es

En este punto de la novela, y sólo hemos leído el primer capítulo, Laski lleva a Hilary a París. Allí le espera una Francia asolada por las consecuencias de la guerra. Este es otro de los puntos importantes de la novela, ya que la mirada analítica de la autora supone un documento de verdadero interés sociológico de la época. Laski refleja ojo fiel  la realidad francesa en los años de la guerra y la posguerra. Nos habla de las diferentes conductas que se establecieron entre sus gentes: de la pasividad de algunos antes los horrores, del colaboracionismo de otros con los alemanes, del activismo de los intelectuales en la resistencia, de la compasión de figuras anónimas ante las desgracias… Pone al complejo protagonista en medio de una Francia mercenaria y muy poco poética, que contrasta con su educación inglesa y el intelecto que como poeta posee.


<Hilary sacó apresurado la cartera, extrajo un billete de mil francos y miró vacilante a Pierre, que asintió con vehemencia. Hilary entregó un billete a la anciana, que lo deslizó con rapidez en un bolsillo por debajo del delantal (…)>


Con este panorama sombrío y poco prometedor, Hilary comienza en solitario su odisea particular en busca del hijo perdido. Un viaje tortuoso que le llevará a conocerse a sí mismo, no sin antes lidiar con personajes que sacarán de él su yo más oscuro. El efecto que provoca en él la relación que mantiene con éstos será el detonante para sus reflexiones, hilos conductores de la novela. Porque es importante puntualizar que este título tiene un cariz altamente existencialista. Pese a ello, el lector no debe pensar que la historia se hace pesada o aplastante. Todo lo contrario. La magistral habilidad narrativa de Marghanita Laski hace que el texto fluya con emoción y dinamismo. Para ello la autora se ayuda de su herramienta más efectista: las conversaciones que mantiene el protagonista con el niño candidato a ser su hijo. Dosifica estos momentos y los intercala con otras experiencias paralelas que vive el protagonista, consiguiendo con ello que aumente el interés del texto por momentos. El lector se verá atado a la novela sin remedio, tratando de saber si finalmente el niño en cuestión es hijo o no del protagonista. Pero el verdadero interés, en mi opinión, es conocer cómo actuará Hilary al llegar a la página final. Puedo confirmaros que yo estuve dudando de lo que ocurriría en todo momento. La incertidumbre es inmensa.

Por lo demás, señalar que los personajes secundarios del libro son magníficos. Comenzando por Pierre, el francés que inicia la búsqueda del hijo perdido, un hombre herido en el alma que quiere expiar sus culpas ayudando a Hilary; seguido de la mujer que acogió en su casa al chiquillo, una anciana que no sabe ya distinguir entre el bien y el mal; y terminando por la sobrina de la dueña del hotel donde se hospeda Hilary, una joven que se vende en especias al mejor postor. Estos y otros personajes, muchos de ellos parecen haber salido de la mejor novela francesa del naturalismo, son una perfecta comparsa en la historia.

Fuente: Yadvashem.org

Mención especial merece uno de estos secundarios, porque a través de éste Laski aborda el tercer punto importante de esta novela: la precaria situación que vivieron los niños franceses y europeos durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a la madre superiora que dirige el orfanato donde vive el posible hijo del protagonista. Una institución católica que acoge a los hijos de las víctimas de la contienda. Gracias a las conversaciones que Hilary mantiene con la monja la autora despliega sus grandes dotes para la denuncia. Es muy interesante al respecto leer el epílogo del libro firmado por Anne Seba. En él podemos conocer el especial interés mostrado por Marghanita Laski hacia la infancia. Seba nos cuenta que la autora viajó a Francia al término de la guerra para informarse sobre este asunto. Se entrevistó con muchas autoridades, visitó instituciones, y se documentó exhaustivamente. Motivaciones humanas no le faltaban, ya que ella misma acogió en su hogar a niños víctimas de aquel horror.

Para finalizar, quiero señalar la gran pasión por la literatura que demuestra esta novela, no sólo por elegir como profesión del protagonista la de poeta y literato, sino por la constante presencia de los libros en ella. El espíritu de Dickens se pasea entre sus páginas de tal modo que, desde mi punto de vista, Marghanita Laski rinde un gran homenaje a su colega decimonónico.

Grandes críticos han alzado su voz a favor de este título. Son muchos los autores que han declarado su predilección por El hijo perdido. Incluso hubo una adaptación cinematográfica que se hizo de la novela, un musical protagonizado por Bing Crosby del que la autora del libro renegó. Pese a ello, el nombre de Marghanita Laski era para el lector de habla hispana casi desconocido. Es una suerte que la editorial inglesa Persephone Books rescatara en los últimos años su obra, así como que dos de nuestra editoriales apostaran por publicarla. La categoría de esta escritora, articulista y erudita no debe pasar desapercibida. Su depurado estilo, unido a la profundidad de su obra, su originalidad y admirable manejo narrativo, además de su incuestionable capacidad para conectar con los rincones emocionales del lector, hace de ella una autora altamente interesante e imprescindible, para quienes busquen  algo más que una nueva lectura.


<Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.> Enrique Jardiel Poncela


Undine von Reinecke ♪ 

 

Con El hijo perdido comienzo el Reto #SerendipiaRecomienda2021 👈 organizado por  la escritora Mónica Gutiérrez Artero en su blog.


La autora por la Editorial:

Fuente: Wikipedia
Marghanita Laski (Mánchester, 1915 - 1988) Escritora inglesa de origen judío, estudió Literatura Inglesa en Oxford, donde conoció al futuro editor John Howard, con quien se casó y tuvo dos hijos. Trabajó como periodista y escribió ensayos, biografías literarias y relatos, así como varias novelas entre las que destacan The Village (1952) y La chaise-longue victoriana (1953, publicada en español en 2012 por Automática Editorial). El hijo perdido (1949) aparece ahora por primera vez traducida al español. Laski fue una figura muy conocida en su época tanto por sus obras como por su participación en programas de radio culturales y su valiosa colaboración en el Oxford English Dictionary.





Más sobre The little boy lost, la película:

La adaptación es del año 1953, y tiene como protagonista a Bing Crosby. Marghanita Laski se sintió horrorizada por el resultado final de la película. Ya que su condición de musical típico de la época se alejaba mucho del carácter de la novela. Os dejo un vídeo con un momento del film, ejemplo claro que secunda la opinión de la escritora inglesa.

 

miércoles, 5 de mayo de 2021

RESEÑA: "ALMACÉN DE ANTIGÜEDADES", CHARLES DICKENS

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha técnica:

Editorial: Edimat Libros

Traducción: Equipo editorial

Introducción: Ivana Mollo

Colección: Clásicos de la Literatura Universal

Referencia: 01151113

ISBN: 9788497648103

Tipo de encuadernación: Tapa blanda

Formato: 120X190

Páginas: 352

Precio: 3,95€

Sinopsis de la Editorial:

El rasgo dominante de Almacén de antigüedades, escribe Edgar Allan Poe, es su pura, vigorosa y admirable imaginación. He aquí el todopoderoso encantamiento que bastará para compensar muchísimos más errores de los que Mr. Dickens haya podido cometer. La historia de la pequeña Nell y la de toda una galería de retratos humanos, extraídos de la Inglaterra de la época, jalonan y configuran una narración que logra mantener despierto el interés del lector desde sus primeras páginas.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.> Charles Dickens


En estos tiempos inhóspitos en los que vivimos, la hipocresía, el cinismo y el mal gusto parecen haberse afincado libremente entre nosotros. Los medios de comunicación y las redes sociales dan muestras de ello diariamente. Eligen el camino del morbo y la zafiedad para captar audiencia, descartando los temas luminosos como símbolo de antigüedad y decadencia. Términos como "brutal", "sangriento" o “inmamable” atraen a los nuevos seguidores mucho más que otras de significado más pacífico y musical. La armonía ha pasado de moda, el individuo del siglo XXI parece verse inclinado a dejarse llevar por la oscuridad. Sólo hay que fijar la atención a nuestro alrededor y comprobar quiénes se levantan como líderes. Casi todos tienen una herramienta en común: la negatividad. Estos nuevos adalides, a los que se alude como influencers, no sea que se los tache de decadentes, prefieren recurrir a la crítica asesina en vez de la diatriba constructiva. Saben que el espectáculo será mucho más rentable. Pero hubo un tiempo, no tan lejano como nos quieren hacer creer, en que esto no era así. Los grandes intelectuales buscaban ensalzar lo positivo como guía de la humanidad. Muchos de ellos tenían un punto en común, su veneración por Charles Dickens. El gran novelista victoriano estimuló con la profundidad de su obra el intelecto de muchos grandes pensadores. Desde el británico G. K. Chesterton, al austriaco  Stefan Zweig, han sido muchos los escritores que han sabido reconocer en él ese genio que caracteriza la verdadera inmortalidad. Incluso en nuestros días podemos encontrar nombres ilustres que reconocen haber sido tocados por el encanto dickensiano. El columnista español Alex Vicente escribió para Bebelia (El País) en junio de 2020 un interesante artículo al respecto. En él,  citaba un listado de autores internacionales y nacionales contemporáneos que lo confiesan. Salman Rushdie, Jonathan Coe, Javier Marías… Un registro de nombres por todos conocidos que dan sus razones por las que admiran a Dickens, que finaliza con el de la escritora española Marta Sanz. De entre las palabras de esta última he seleccionado esta frase, por lo que tiene de actual:


<El realismo aleccionador me parece mucho más honesto que ese otro realismo, aparentemente aséptico, que vende ideología como si no lo hiciera. >

 

Francamente, los que nos declaramos abiertamente admiradores de Dickens no podemos dejar de regocijarnos en las palabras de tantos y tan ilustres opiniones. Pese a todo, en los últimos tiempos ha surgido la moda de desacreditar a Charles Dickens. Esta realidad me estimuló a querer volver una vez más a su narrativa, ese lugar donde siempre encontré felicidad. Para ello quise elegir una de sus obras menos apreciadas en la actualidad. Se trata de La tienda de antigüedades o Almacén de antigüedades, según mi edición; The old curiosity shop en su edición original en inglés.  La novela comienza así:


<Viejo como soy, tengo predilección por los paseos nocturnos, aunque (¡gracias a Dios!) adoro la luz y bendigo -como todas las criaturas- la saludable influencia que ejerce sobre la Tierra. En verano, cuando estoy en el campo, suelo salir tempranito por la mañana y vagar todo el día y, a veces, aun semanas enteras; pero cuando estoy en una ciudad, pocas veces salgo a pasear de día.>


Tienda real en la que se inspiró Dickens
Fuente: Wikipedia

Almacén de antigüedades nos lleva al Londres del siglo XIX. La primera escena transcurre durante una de esas noches oscuras que invadían las calles londinenses. Paseando por una de ellas se encuentra el narrador de nuestra historia, un caballero anciano que es abordado por una niña solitaria. La jovencita, Nelly, de apariencia dulce y frágil, se ha perdido y le pide ayuda para encontrar su casa. El caballero, asombrado e indignado por toparse con una criatura sola y perdida en medio de la ciudad, decide acompañarla. Cuando llegan a la puerta de una tienda de antigüedades, la niña le comunica que es ahí donde vive, e invita al caballero a entrar junto a ella. Allí son recibidos por un anciano, al que la chiquilla presenta como su abuelito. El salvador de Nelly es agasajado con agradecimientos, pero éste no acepta las palabras de cortesía, ya que percibe que la niña es explotada por su familiar. Así se lo trasmite al abuelo, pero él se defiende alegando que es muy viejo y que todo lo hace por la felicidad de Nelly, a quien adora.

En el transcurso de la visita pasan por la tienda varios personajes, todos ellos importantes en esta historia. Por un lado tenemos a Kit, un niño tan feo como bueno, que ayuda en la tienda y es el único amigo de su edad que tiene Nelly; por otro lado nos presentan al codicioso hermano de la niña, que va acompañado de su amigo Dick, un vividor borrachín; y por último conocemos al principal malhechor de esta historia, el infame Quilp, un personaje que va sembrando el terror allá por donde pasa. Este último es un individuo pérfido y especulador, al que el abuelo de Nelly debe mucho dinero. Pese a ello, todos los que conocen al anciano opinan que éste guarda un gran tesoro en algún sitio, y se confabulan para quedarse con él. Pero lo cierto es que el abuelo de Nelly sólo atesora un secreto, un misterio que ni siquiera la pequeña conoce, pero que será la perdición para los dos. Tanto es así que, cuando todo se descubre, abuelo y nieta quedan a disposición del infame Quilp. La vida se presenta tan miserable para ellos que, pese a su juventud y falta de recursos, Nelly decide escapar de Londres y llevarse con ella a su abuelo.


Es entonces cuando comienza la odisea de Nelly: sin dinero, contactos, ni recursos materiales de ningún tipo, emprenden un viaje a través de Inglaterra sin rumbo ni dirección. En Londres queda su único y verdadero a amigo, el fiel Kit. Un muchacho pobre, valiente y carismático que está empeñado en rescatar de cualquier modo la dignidad y la vida de su antiguo amo y la de Nelly. ¿Será capaz de hacer frente a la maldad de todos sus adversarios? ¿Conseguirá vencer la conjura y la venganza que se ciernen contra Nelly? ¿Conseguirán abuelo y nieta alcanzar la anhelada felicidad?


Monumento erigido en Filadelfia
a Dickens y su heroína Nelly

Almacén de antigüedades es una tierna, simpática y emocionante novela. Fue publicada por entregas en el semanario del propio Dickens, que llevaba por nombre Master Humphrey's Clock, entre 1840 y 1841. Al término de la historia se publicó la novela completa en el mismo año 1841. En el momento que se dio a conocer fue un auténtico éxito, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. De tal modo que, Charles Dickens la eligió como una de sus lecturas públicas durante el viaje que realizó a Norteamérica. Estas citas literarias eran todo un acontecimiento, hasta el punto que los neoyorkinos dormían en las calles la noche anterior para hacer cola. Cuentan las crónicas de la época que, cuando se publicaba la entrega semanal de la historia los lectores del extrarradio de Londres salían en busca del cartero que hacía las entregas para adelantar unos minutos la lectura, y que los habitantes de Nueva York se presentaban en el puerto para interrogar sobre el destino de Nell Trent, la protagonista de la novela, a los viajeros que llegaban de Inglaterra en el barco que transportaba la última entrega. Con esa enorme emoción se vivía la historia en tiempos de Dickens. Tanta que incluso la reina Victoria quiso leerla el mismo año de su publicación y se refirió a ella como: "muy interesante y hábilmente escrita". La conclusión de Almacén de antigüedades fue un auténtico shock, impactó de tal modo entre los lectores que ha pasado a la historia con el estigma de ser una de las novelas más cargadas de sentimentalismo de la producción de su autor. No es un secreto que algunos intelectuales de la generación posterior se mofaron de ella y la tacharon de sensiblera. Entre ellos Oscar Wilde y más tarde Virginia Woolf. 

Pese a esta circunstancia, y sin negar el dramatismo que impregna sus páginas, esta novela posee las grandes cualidades por las que Charles Dickens es considerado hoy por hoy, tanto como lo fue ayer, uno de los novelistas más importantes de todos los tiempos. Ese a quien Stefan Zweig colocó en el pódium de los vencedores junto a Balzac y Dostoievski. Su grandísimo manejo estilístico del lenguaje, su acentuado sentido de la estética y la habilidad que demuestra en la creación de diversos escenarios, como también de múltiples tramas que no empañan ni distraen de la principal, avalan estas palabras. Dickens es capaz de hacer atravesar Inglaterra al lector acompañando a Nelly y su abuelo, para hacerlo regresar rápidamente junto al simpático Kit y verle hacer frente al infame Quilp; tan pronto lo sitúa en un bufete de abogados corruptos, como lo lleva al corazón de Inglaterra para presenciar un espectáculo de saltimbanquis. Dickens consigue captar la atención desde el primer momento, seduce y cautiva vehementemente con su habilidad narrativa y descriptiva hasta llegar al punto final. Una conclusión que no a todos gusta del mismo modo, pero que a nadie deja indiferente. La turbación que provoca no sólo incita a las lágrimas, sino que estimula las mejores emociones. Esas que en tiempos del autor llevaron a muchas personas a querer ser mejores ciudadanos: los ricos fueron más caritativos, las instituciones invirtieron en obras sociales, el ciudadano de a pie se solidarizó más con las penas de su vecino. No lo digo yo, lo cuentan las crónicas de la época. Es muy interesante leer al respecto el ensayo que le dedicó Stefan Zweig a Charles Dickens. 

Por otro lado, en La tienda de antigüedades encontramos a ese Dickens observador y analítico, creador de grandes personajes. Ya lo comprobamos al comienzo de la novela cuando el narrador, en mi opinión, alter ego del autor, reconoce su afición por recorrer las calles habiendo anochecido, y así poder estudiar con más acierto los rostros de las personas que las habitan. 


<Dos factores han contribuido a hacerme caer en esta costumbre: mis achaques, que la oscuridad disimula, y mi afición a reflexionar sobre el carácter y profesión de los transeúntes. (…) >


Kit y su madre
Fuente: Wikipedia

Nadie desconoce la afición que el autor tenía a pasear de noche por las calles de Londres. Él mismo lo reconoció numerosas veces durante su carrera literaria, tanto por escrito como en las conferencias que daba. Gracias a ello consiguió trasmitir en sus obras esa atmósfera tan característica de la Inglaterra victoriana, sus costumbres y su problemática. No sólo eso, sino que pudo elaborar de este modo una galería de personajes que reproducían a la perfección todos los talantes y profesiones de las clases sociales menos favorecidas y de la burguesía de su época. Caracteres que, con la magia que les imprimió, han logrado hacerse hueco en el Olimpo literario. Junto a los más famosos, como son hoy por hoy Oliver Twist o David Copperfield, debemos situar a la angelical huérfana Nell y al valeroso chiquillo Kit. A ambos dedicó Dickens las mejores cualidades humanas, no carentes de la sabiduría y madurez de un gran intelecto, pese a su corta edad. Como gran defensor de la infancia, no podía hacer menos por ellos. 

Pero, no podemos olvidarnos de sus personajes menos virtuosos, estos son la sal de la tierra en su novela, y de su narrativa en general: desde el hilarante Dick Swiveller, que no atina a ser malvado del todo; pasando por el enano Quilp, cuya fealdad parte más de su maldad que de sus defectos físicos; y terminando por la horrorosa solterona Sally Brass, cuya perversidad y perfidia resultarían dignas de la peor de las anti-heroínas de los cuentos de hadas, si no fuera porque Dickens la presenta tremendamente cómica. Teniendo esto en cuenta, sólo me resta decir con respecto a sus criaturas que, el espectro de los mismos en la novela es admirable. Por la historia desfila un sinfín de caracteres a los que el autor dedica su amor y atención. No importa que sean mejores o peores, altruistas o avaros, más instruidos o humildes, Dickens les da a todos sus cinco minutos de gloria para que brillen junto a los protagonistas. Porque esta es parte de la magia dickensiana que ha trascendido en el tiempo, la de otorgar grandeza e inmortalidad a sus creaciones. Comediantes, maestros, buhoneros, o criadillas, todos son importantes y se quedan en la memoria del lector, como si fueran parte de su familia. Porque Dickens así lo quiso. Para quienes se embarcan en esta aventura, no hay boda más deseada, ni herencia mejor destinada que las que aparecen en The old curiosity shop. 

Quilp, por "Kyd" (1889)
Fuente: Wikipedia

Otra de las virtudes que no se pueden olvidar cuando se habla de la obra de Charles Dickens es el humor. Esta hilaridad permanente que atenúa las escenas más tristes, ridiculiza a los grandes malvados y ayuda a aceptar las magnas tragedias. La visión tremendamente optimista del autor en medio de la oscura realidad abre una puerta al dolor para que desaparezca. Porque Dickens era un fabricante de esperanza que supo imprimir a sus novelas la fe en el ser humano, y en la existencia de la felicidad. Curiosa actitud para un individuo que creció entre la miseria y la desgracia. Ese es otro punto por el que ha sido criticado Dickens, por expresarse excesivamente fantasioso y "evangelizador" en sus novelas, acomodándose a los requerimientos de la moral victoriana. Pero a mí, queridos lectores, este punto ético que tiene es uno de los motivos importantes por los que vuelvo una y otra vez a su narrativa. Porque, ¿qué sería de nosotros si perdiéramos esa ilusión heroica de la vida?.

Llegué a Charles Dickens superada mi adolescencia. Mi primer acercamiento fue con Historia de dos ciudades (1859), novela que se convirtió en mi favorita del autor desde ese mismo instante, pese a que otras lecturas posteriores de sus títulos me resultaran más imponentes y soberbias. Sin duda, el momento de mi vida en el que la leí tuvo mucho que ver. Desde entonces para mí no hay otro héroe que iguale a Sydney Carton, historia más cargada de emoción, ni comienzo y fin más emblemáticos; ambos resuenan aún en mi memoria.


<Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la incredulidad; la estación de la Luz y la de las Tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación: todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos al Cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra, a tal punto era una época parecida a la actual que algunas de sus autoridades más vocingleras insistían en que, para bien o para mal, se la tratara sólo en grado superlativo.>  Historia de dos ciudades (Alianza Editorial, 2016)


¿No te sorprende, lector, la universalidad de este pasaje escrito hace más de siglo y medio? Teniendo en cuenta que esta novela está considerada como una obra menor dentro del legado de Dickens, me uno al escritor Javier Marías cuando se congratula en pensar las maravillas que podemos encontrar en sus obras más celebradas. Del mismo modo ocurre con Almacén de antigüedades, título denostado en los últimos tiempos, pese a haber gozado de gran éxito durante gran parte de sus ciento ochenta años de vida. Su relevancia la hizo merecedora de múltiples adaptaciones, algunas muy recientes, tanto para el cine, como para televisión y radio. Incluso se compuso un musical basado en ella (1975) y se le erigió un monumento dedicado a Dickens y su dulce huérfana Nelly. Hay pasiones tan bonitas e inocentes que no deberían perecer frente a las modas efímeras.

Se ha escrito mucho y se ha hablado otro tanto de la narrativa de Charles Dickens como para pensar que yo pudiera ofrecer algo fresco de su obra. Pero la actualidad manda, y al igual que hay voces que se levantan aireando la bandera del descrédito, mi intención con esta reseña es la contraria. Descubrir a este autor es una de las mejores cosas que me han pasado como lectora y como persona. Con él he reído, he llorado, me he compadecido, he cerrado el libro indignada, he pasado noches en vela, he corrido mil y una aventuras, incluso me he enamorado. En definitiva, queridos lectores, he vivido y he soñado.



< Sabio es aquel que constantemente se maravilla.> André Gide

 

Undine von Reinecke ♪

 


El autor por la Editorial:

Fuente: Wikipedia

Charles Dickens nació en Landport (Portsmouth) en 1812. Inicia su carrera de escritor publicando por entregas una serie de Esbozos, y con Los papeles póstumos del club Pickwick obtiene fama y dinero. Oliver Twist le sitúa en la cima de los autores de su tiempo. David Copperfield le convierte en el novelista más leído y conocido del gran público, y Almacén de antigüedades levanta oleadas de sentimentalismo y compasión ante las desventuras de una pobre huérfana. La pequeña Dorrit e Historia de dos ciudades, acabaron por consolidar su renombre.

Dickens murió en Gad´s Hill (Rochester) en 1870.

 



Fuentes de información:

https://chestertonblog.com/2020/12/21/el-impacto-de-dickens-en-chesterton/

https://elpais.com/cultura/2020/06/08/babelia/1591629296_253567.html

https://en.m.wikipedia.org/wiki/The_Old_Curiosity_Shop

Guía literaria de Londres.  Edición y prólogo de Joan Eloi Roca. Atico de Libros, 2012.

 

 

 

 


miércoles, 28 de abril de 2021

RESEÑA: "EL ÚLTIMO VERANO", RICARDA HUCH

Fuente: Undine von Reinecke

 

Ficha Técnica:


Editorial: Duomo Ediciones
Traducción: Carmen Colomines y Christian Frisch
Prologo: Cecilia Dreymüller
Colección: Nefelibata
ISBN: 9788417128050
Encuadernación: Rústica con solapas
Formato: 14x21, 5
Páginas: 160
PVP: 14.90 €
PVP emboo: 9.99 € 

Sinopsis de la Editorial:

Corre el año 1906, y el gobernador de San Petersburgo, Yégor Rasimkara, ha cerrado la universidad a raíz de las protestas estudiantiles y se ha refugiado en su casa de campo, donde pretende proteger a su familia y a sí mismo de las amenazas de muerte. Todo es en vano, porque el hombre que su esposa ha elegido para que vele por su seguridad está conspirando a sus espaldas. Capaz de ganarse la confianza, la admiración e incluso el amor de los miembros de la familia, ¿llegará a cumplir la misión que tiene encomendada?

 

Propuesta musical para este libro:

Esta compositora y pianista alemana fue la alumna favorita de Franz Liszt

 

Lo que Undine opina del libro:


<La locura es relativa. Depende de quién encierre a quién en la jaula.> Ray Bradbury


Una de las realidades más vergonzosas en la historia de la Humanidad es la persecución intelectual por temas ideológicos. Desde tiempos remotos son muchos los acontecimientos históricos documentados que nos hablan de ello: la quema de libros y asesinatos de académicos en China, reinando Qin Shi Huang (212 a. C.); la desaparición de la biblioteca de Alejandría a manos de los romanos y posteriormente de los árabes; la quema de ejemplares del Talmud judío en 1242, por mandato Luis IX de Francia; o la famosa Hoguera de las vanidades promovida en Florencia por Girolamo Savonarola en el siglo XV, en la que desaparecieron numerosos ejemplares de libros considerados inmorales. Estos  ejemplos no son más que una pequeña muestra de lo que la intolerancia ha hecho con la cultura a lo largo del tiempo. La religión, la política, en definitiva, la ideología de cualquier tipo y tendencia, son las excusas usadas por el ser humano que, en su lucha sin tregua por el poder, arrasa con la cultura. Pero si la quema de libros es considerada una calamidad, qué no decir de la persecución y anulación de intelectuales. Todos conocemos numerosos ejemplos de ello. Algunos remotos, como el pulso que mantuvo Galileo Galilei con la Inquisición en el siglo XVII; otros muy cercanos a nuestros días, como es el caso del escritor indo-británico Salman Rushdie, cuya obra Los versos satánicos (1988) sigue haciendo de él un objetivo por parte de algunos grupos fundamentalistas del mundo musulmán. Pero ha habido otros sucesos a lo largo de la historia que han pasado inadvertidos por diferentes causas, bien sea por tratarse de una época muy convulsa o porque el trabajo que se hizo para anular a la persona fue tan aplastante que su nombre quedó casi en el olvido. Ambas coyunturas se dieron en la figura de Ricarda Huch (1864-1947), poeta y ensayista alemana, que lleva unido a su persona el privilegio de haber sido la primera mujer de su país en obtener un doctorado en historia. La escritora germana fue muy admirada y leída en su tiempo, tanto por los grandes intelectuales de la época como por el público en general. Su obra abarcaba la novela, la poesía, el ensayo histórico y la biografía. Se convirtió en una de las autoras más importantes de la primera mitad del siglo XX, y una autoridad en el ámbito académico, tanto en el campo de las artes como en el de la filosofía. La caída de Huch vino con la llegada al poder del nazismo en la década de 1930. Su posicionamiento en contra de las disposiciones del movimiento, que arremetía contra muchos de sus colegas académicos, así como su desligamiento del espíritu que Hitler y sus acólitos impusieron en la nación alemana, hicieron de Ricarda Huch persona non grata. Los nacionalsocialistas desprestigiaron su obra y entorpecieron su difusión hasta casi anularla. Por otra parte, finalizada ya la Segunda Guerra Mundial, la escritora se trasladó a la Alemania del Este. Esta circunstancia terminó con lo poco que quedaba a salvo de su prestigio. La opinión pública nunca se lo perdonó, pese a que la autora quisiera regresar tras comprobar que la habían intentado utilizar con fines políticos. Como quiera que sea, su figura merece ser rescatada y su obra debe ser leída, como corresponde a una intelectual de su talento. Gracias a la editorial Duomo Ediciones y a la traducción de Carmen Colomines y Christian Frisch, el lector de habla hispana puede conocer desde hace algunos meses una de sus obras. Me refiero a El último verano, la novela que protagoniza el proyecto de Reseñas Cruzadas del mes de abril. Un descubrimiento de Mrs. Hurst, colega del blog Las Inquilinas de Netherfield, con la que comparto este reto. No se me ocurre un ejemplo mejor para protagonizar la sección en su categoría de Pioneras Universitarias.

El último verano comienza así:


< De Liu a Konstantín

Kremskoie, 5 de mayo de 19…

Querido Konstantín:

Acabo de tomar posesión de mi nuevo cargo y quería contarte cómo se presentan las cosas. No dudo de que conseguiré mi objetivo; las circunstancias parecen ser incluso más favorables de lo que suponía. He despertado simpatía en toda la familia del gobernador; nadie muestra la más mínima desconfianza hacia mí.>

 

 

El último verano nos lleva a la Rusia zarista de los primeros años del siglo XX. El gobernador de San Petersburgo, Yégor Rasimkara, ha clausurado la universidad debido a las revueltas estudiantiles, y ha puesto entre rejas a los cabecillas de los levantamientos. Todo indica que los detenidos serán juzgados y condenados a muerte. El ambiente social es de crispación y odio hacia las autoridades, y más en concreto hacia el gobernador. Por ese motivo, la esposa de Yégor Rasimkara decide llevarse a  la familia al completo a su residencia campestre,  con el deseo de que los ánimos se aplaquen. Su mayor preocupación es la seguridad del cabeza de familia, quien lleva tiempo recibiendo amenazas de muerte. Para prevenir posibles atentados, la esposa contrata en secreto a un guardaespaldas, que hace las veces de secretario personal del gobernador sin que éste sospeche nada. Pero en realidad Liu, el secretario guardaespaldas, es un anarquista infiltrado que busca la ocasión oportuna para asesinar al dirigente gubernamental. Por otro lado, todos los miembros de la familia Rasimkara caen rendidos ante la seductora personalidad del terrorista de incógnito, al que otorgan grandes virtudes. ¿Conseguirá el revolucionario engañar a la familia del gobernador? ¿Hará realidad sus planes?

El último verano es una divertida y original historia, con tintes de novela negra, que lleva al lector a los años previos a la Revolución Rusa. Planteada como una narración epistolar, la autora utiliza las cartas que escriben los protagonistas a sus interlocutores en beneficio del esquema narrativo y de la trama: por un lado nos muestra la galería de personajes que pone en escena, dejando ver de este modo cada una de sus personalidades en los escritos. Y por otro, utiliza la incesante correspondencia que mantienen todos durante los meses que la familia convive junto al terrorista para crear la intrigante atmósfera. Un clima que va ganando en tensión según se suceden los acontecimientos. Estos hechos vienen marcados por la convivencia dentro de la hacienda y por la relación que el anarquista infiltrado sostiene con cada uno de los inquilinos; tanto con los miembros de familia del gobernador como con el personal de servicio.


<Querido Peter:

Mostrándote celoso te pones en ridículo delante de Katia. Además, ¿para qué? En todo caso deberías estar celoso de mí, pero eres demasiado simple para darte cuenta de ello.>


He aquí el principal interés de la narración. Ya que, de la particular visión que tiene cada uno de los personajes sobre "el infiltrado" depende el ritmo y transcurso de la historia. Así ven a Liu los protagonistas: Velia, el hijo mayor, lo admira y ve en él un modelo a seguir; Katia, la hija universitaria, está muy interesada en su personalidad y se siente atraída por él; Yéssika, la  hija menor, lo considera un héroe romántico; Luissinia, la esposa, le otorga la cualidad de salvador; e Iván, el viejo criado borrachín, desconfía del nuevo secretario.


< (…) como mi apariencia les parece atractiva y de buen gusto, y como Velia, al que consideran su modelo, se siente atraído hacia mí, han empezado a ver mi presencia con buenos ojos.>


Pero como ocurre en la vida real, la convivencia se ve alterada por el curso de los días y sus avatares. Las preferencias de trato entre unos y otros, los celos entre las hermanas, el miedo incesante de la esposa del gobernador ante un posible atentado, las sospechas del criado, los sucesos sospechosos…  Todo ello consigue que la posición de Liu dentro de la casa vaya cambiando de tono, así como la imagen que de él se tenía.


<No te enfades, pero es muy feo por tu parte negarte a venir mientras Liu esté aquí y obligarlo de ese modo a irse de casa. No se lo merece.>


Pero no pensemos por ello que la conclusión de la historia está clara, nada de eso. La autora juega con el lector hasta el final, lo seduce con artimañas, y lo desengaña en la última página. Dejo al criterio de mis lectores adivinar si consiguió su fin conmigo. 

Esto es lo que opino con respecto a la historia. Pero, ¿qué ocurre con los personajes? Aquí Ricarda Huch recurre a los clichés y al humor. Y digo humor porque, en mi opinión, todos ellos parecen formar parte de una obra satírica británica, de aquellas que acertaba a escribir tan irónicamente Oscar Wilde. Para defender mi idea me remito a los propios personajes: Comenzando por el anarquista Liu, cuyos actos señalan que ha sido víctima del síndrome de Estocolmo; siguiendo por la familia del gobernador, que parecen estar representando siempre una comedia al modo de La importancia de llamarse Ernesto (1895), entre ellos debo destacar a la hilarante esposa del gobernador, constantemente al borde de un ataque de nervios; y finalizando con el "siervo" o chofer Iván, cuya condición de borrachín hace honor a la de cosaco. ¿Puede haber mayor cliché que éste? La autora recurre a estas herramientas para de algún modo aludir a la crítica social. Expone ante el lector la atmósfera rusa de la época que estaba a punto de cambiar radicalmente. Aunque, desde mi punto de vista, lo hace de una manera superficial. Ya que, como nos cuenta Cecilia Dreymüller en el interesante prólogo del libro, Ricarda Huch sólo escribió esta novela motivada por una apuesta en la que fue retada a escribir una novela policiaca en un corto periodo de tiempo. Por ese motivo, no creo que la escritora estuviera especialmente interesada en profundiza sobre temas políticos, sociales o filosóficos. Aunque no por ello los quiso abandona del todo, pasajes como el siguiente lo indican:


<Si un campesino ruso no bebe, es atribuible a teorías, cálculos o a una tendencia a algún tipo de perfección espiritual. Así que cuando el instinto animal ha sido reprimido, en su lugar no puede surgir nada bueno.>


Como he mencionado, la crítica social está presente y da valor al momento histórico en que se publicó la novela, 1910. Restaban muy pocos años para el levantamiento bolchevique y la caída del sistema zarista, además de los diferentes acontecimientos que mantuvieron a Europa en vilo hasta la conclusión de la Primera Guerra Mundial. Por ese motivo, me parece de gran relevancia observar la gran acogida que esta novela tuvo en su época, cuyas reimpresiones se sucedían una tras otra. Me hace preguntarme qué pensaría el público de la época, si se tomarían en serio lo que esta historia planteaba, o si preveían los acontecimientos venideros. Este es uno de los valores que se otorgan a esta obra.

Otra de las virtudes de El último verano reside en su planteamiento. Desde mi punto de vista, la original y atrevida trama, unida al divertido y audaz estilo epistolar con el que Ricarda Huch maneja la historia, tienen un poder altamente fascinante para el lector. Quienes decidan embarcarse en esta historia no podrán evitar enlazar carta tras carta hasta finalizarlas.

Quiero puntualizar que, pese a estar considerada como una novela cercana al género policiaco o el thriller psicológico, en mi opinión no consigue esa tensión necesaria para que el lector se implique hasta el fondo en los acontecimientos. Desde mi puto de vista, la historia es más divertida que emocionante. Lo que realmente incita a querer abordar el final de la novela no es tanto conocer cómo acaba, sino descubrir qué solución le da la autora. Algo que dice mucho en pro del estilo atrevido y fresco de Huch. Por otro lado, y como curiosidad, debo mencionar lo mucho que me ha recordado la trama de El último verano a la de una novela posterior escrita por la autora rusa nacionalizada francesa Irène Némirovsky. Me refiero a El caso Kurílov (1933), que gira entorno a un bolchevique que ha sido contratado para asesinar a un ministro del zar Nicolás II. Salvando las distancias, porque la novela de Némirovsky es mucho más compleja y oscura, veo probable que la escritora rusa se inspirara en la obra que nos ocupa hoy para redactar su propia historia.

Hasta aquí llegan mis impresiones sobre El último verano. Ha sido un privilegio conocer a Ricarda Huch e incluirla en el proyecto Reseñas Cruzadas. Si su novela representa para mí una curiosidad literaria que he leído con gran diversión, mayor ha sido el placer de descubrir a esta gran autora. La relevancia de su persona, de su obra e intelecto no debieron perderse jamás. Quisiera pensar que mi pequeña aportación pueda contribuir a la difusión de su historia personal y de su legado. Porque, como decía Oscar Wilde.


< El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.>


Os espero el último miércoles de mayo en una nueva entrega de las Reseñas Cruzadas. Esta vez hablaremos de lo mucho que nos gustan las autoras inglesas. Ahora no dejéis de visitar el blog de Las Inquilinas de Netherfield 👈, allí Mrs. Hurst os espera con su siempre acertada opinión. ¿Habremos coincidido en esta ocasión? Voy a comprobarlo.



 Undine von Reinecke

 

La autora por la Editorial:


Ricarda Huch nació en Brunswick en 1864, estudió Historia, Filología y Filosofía en Zúrich y fue una de las primeras mujeres alemanas en obtener una titulación universitaria. Galardonada por su labor literaria con el prestigioso Premio Goethe en 1931, fue la primera escritora elegida para formar parte de la Academia Prusiana de las Artes, cargo que abandonó posteriormente como protesta por la llegada de Hitler al poder. Además de poemarios y biografías, Huch es autora de las novelas Aus der Triumphgasse, Der Fall Deruga y Frühling in der Schweiz. Falleció en 1947, mientras se documentaba sobre la resistencia alemana al nazismo.



Fuentes de información:

https://academiaplay.es/alejandria-biblioteca/

https://es.wikipedia.org/wiki/Quema_de_libros

https://www.lavanguardia.com/vida/junior-report/20180424/442791054664/libros-prohibidos-censurados.html

https://www.elmundo.es/especiales/2009/06/ciencia/astronomia/galileo/conflicto_iglesia.html#:~:text=El%20sabio%20perseguido&text=Astr%C3%B3nomo%2C%20filosofo%2C%20matem%C3%A1tico%2C%20f%C3%ADsico,de%20entonces%20no%20la%20firm%C3%B3.

 

 

miércoles, 21 de abril de 2021

RESEÑA: "MIL MILLAS NILO ARRIBA", AMELIA B. EDWARDS

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha técnica:

Nº de páginas: 464

Editorial: Aldebarán

Idioma: Castellano

Traducción: Rosa Pujol

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788495414526

Año de edición: 2014

Plaza de edición: ESPAÑA

Fecha de lanzamiento: 11/06/2014

 

Propuesta musical para este libro:


In the Mystic Land of Egypt' - Albert Ketelbey (1931)

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas.> Benjamin Disraeli


Queridos lectores:

Por cuarta vez en este año os convoco para hablar sobre literatura universal, dentro del reto La vuelta al mundo en doce libros. Los que conocéis el proyecto no necesitáis que os recuerde que hoy toca revisar lo que se leía por el mundo alrededor de 1872, a propósito de la publicación de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días. Pero, para quienes pasan por aquí por primera vez, quiero señalar que, durante 2021, todos los terceros miércoles de mes están dedicados en Lecturas de Undine a una de las paradas que Phileas Fogg realizó en su periplo alrededor del mundo. Tras iniciar el viaje desde Londres (Memorias de una estudiante victoriana, Jane Ellen Harrison 👈 ), pasar por París (Un cura casado, Jules Barbey D'Aurevilly 👈), continuar en Turín (Eros, Giovanni Verga 👈 ), hoy llegamos a uno de los destinos más románticos y misteriosos de nuestro viaje literario. Me refiero a Egipto, concretamente a Suez.

Suez es una ciudad del norte de África de vital relevancia histórica debido a su ubicación, ya que representa la unión entre los continentes africano y asiático. Su puerto cobró protagonismo en el siglo VII de nuestra era, y fue fundamental en la Edad Media, tanto para la ruta de las especias, como en las peregrinaciones a la Meca. Pero este punto geográfico ya se consideraba muy importante en época faraónica. Los grandes gobernantes egipcios del siglo XX y XIX a. C. tenían como uno de sus objetivos más deseados conectar el Mediterráneo con el Mar Rojo. Para intentar conseguirlo, iniciaron una primera fase que consistía en construir una red de canales que unían el Nilo con el ya mencionado Mar Rojo. Este proyecto se materializó al completo en tiempos de Darío I (549-486 a. C.) rey de la dinastía aqueménida de Persia, que construyó el Canal de los Faraones. Aunque se sabe que en tiempos de los grandes monarcas del antiguo Egipto, como Ramsés II (1303-1213 a. C.), ya se había construido algún pequeño canal.

Serenata de la tripulación del Berenguela a la Emperatriz 
Fuente: ABC.es

No sería hasta el siglo XIX de nuestro tiempo que se construyó lo que hoy conocemos como el Canal de Suez. Las obras de este gran hito de la ingeniería comenzaron en 1859, promovidas por el empresario y diplomático francés Ferdinand de Lesseps, con el beneplácito de las autoridades egipcias de la época. La grandiosa obra se inauguró oficialmente en 1869, pero dos años antes, el 17 de febrero de 1867, la emperatriz de los franceses Eugenia de Montijo (1826-1920) cruzó a bordo del barco que hizo la primera travesía entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. Este hecho histórico no solamente marcó el comienzo de la aventura por tierras egipcias de la emperatriz, sino que representa un símbolo para la historia del país africano. Una demostración más de lo que fueron las complejas relaciones diplomáticas y mercantiles durante la época colonial.

Desde que las tropas de Napoleón abandonaran Egipto, el país se sumergió en una serie de guerras civiles entre otomanos, mamelucos y mercenarios albaneses, que terminaron en 1805 con la subida al trono de Mehmet Alí (1769-1842). Bajo su gobierno se dirigió una campaña de expansión, permitida por el Imperio Otomano, que le llevó a conquistar las ciudades santas de La Meca y Medina en 1818, y en 1827 el Sudán. También combatió contra las potencias europeas por el control de Grecia, siempre apoyado por el Imperio Otomano, en las que fue derrotado. Pero los turcos temían la ambición de Mehmet por expandir Egipto hacia el norte, y en 1839 terminaron por aplacar algunas de sus acciones, que amenazaban incluso la seguridad de Estambul. Aprovechando esta circunstancia de debilidad de los otomanos, se establece una alianza entre Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia, que exige desistir a Mehmet de sus ambiciones expansivas. Ante su negativa, los aliados deciden destruir la flota egipcia. Desde ese momento, el monarca capituló y prometió abandonar toda futura idea de ensanchar fronteras. Las consecuencias de estas acciones fueron múltiples, pero quizá la más notable sea la claudicación de Egipto ante el Imperio Británico, al que tuvo que conceder ciertos derechos de libre comercio, en virtud del tratado anglo-otomano de 1838. Esto desfavoreció notablemente la economía egipcia y afianzó la posición de Gran Bretaña sobre la zona.

Los sucesivos monarcas que accedieron al poder sobre Egipto se despreocuparon de la política interior, beneficiando de este modo los intereses ingleses políticos y comerciales, que aumentaron notablemente gracias a la red ferroviaria que construyeron entre las ciudades de El Cairo y Alejandría. Pero todo cambia en 1854 con la llegada al poder Mehmet Said. Este gobernante decide involucrarse vehementemente en los asuntos del país y deroga algunos de los derechos entregados a los ingleses en favor de la nación francesa. El hecho más notable es la concesión de explotación del Canal de Suez al país galo.

Con respecto al campo de la cultura y la literatura, el peso y la importancia que tuvo para la historia la del Antiguo Egipto (la Biblioteca de Alejandría lo testimonia), no importó a los árabes cuando invadieron el país en el siglo VIII, ya que al llegar impusieron su lengua. Tan sólo permitieron la existencia de una minoría cristiana copta, que desarrolló una literatura religiosa escrita con raíces egipcias, coptas y judías. Arrasaron con lo que restaba de la Biblioteca de Alejandría, dañada anteriormente por los romanos, de este modo prosperó la literatura árabe y las bibliotecas dedicadas a dicha lengua. Así nació un nuevo Egipto creado por los musulmanes. Los papiros desaparecieron como superficie de escritura, sustituyéndose por papel de tela, y se introdujo la caligrafía como sistema de escritura. Ni que decir tiene que el foco principal de la literatura era el Islam. Por otro lado, no se debe olvidar la importancia de la literatura oral, que se extendió por todo el mundo árabe durante la Edad Media.

Pero con la llegada de Napoleón Bonaparte en 1798, Egipto se enfrenta a un tremendo choque cultural y filosófico. Gracias a este hecho, surge un renacimiento literario, el Nahda, que coloca a Egipto desde principios del siglo XIX en una posición preeminente en el mundo intelectual árabe. Sin embargo, se deberá esperar al nuevo siglo para disfrutar del nacimiento de una verdadera literatura egipcia. De hecho, la novela que está considerada como el primer ejemplo de literatura moderna egipcia fue publicada en el año 1914. Lleva como título Zaynab, y fue escrita y publicada por su autor, Muhammad Haykâl, en París.

Biblioteca de Alejandria, O. von Corben
Fuente: Wikipedia

Pero, ¿qué se escribía y leía durante el siglo XIX en Egipto? Como ocurría en el campo de la industria, el urbanismo y la economía, la literatura egipcia se vio muy afectada por el colonialismo. El fuerte influjo de las letras francesas e inglesas dejó su mella. De este modo, podemos observar que el dramaturgo más importante de aquel siglo fue Yaqub Sannu (1839-1912), también llamado el Moliere de Egipto. Este autor Escribía en árabe dialectal y se inspiraba en los modelos europeos de Molière, Goldoni y Richard Sheridan. Por otro lado, gran parte de los intelectuales egipcios viajaban fuera de sus fronteras para adquirir formación universitaria. Ese fue el caso de Ahmed Chawqi (1868-1932), conocido como el “Príncipe de los poetas”, que estudió en Francia, allí tomó como modelos a Pierre Corneille y Jean Racine. Este último dramaturgo escribió múltiples piezas en verso imbuidas en la historia egipcia y las leyendas árabes. De entre sus títulos cabe destacar La muerte de Cleopatra y La locura de Leyla.

Me hubiera gustado elegir cualquiera de las obras mencionadas de estos dramaturgos egipcios decimonónicos, para hacer una comparativa con la narrativa europea que hemos visto hasta el momento dentro del proyecto La vuelta al mundo en doce libros, pero ante la imposibilidad de encontrar ninguno de los títulos traducidos, me he decantado por leer y reseñar un libro escrito por una autora británica que trabajó en pro de la conservación y del estudio de la cultura egipcia ancestral. Me refiero a Amelia B. Edwards, la mujer que confundo el Egypt Exploration Society en 1882, a su regreso de un viaje que realizó a Egipto en 1873.

Amelia Ann Blanford Edwards nació el 7 de junio de 1831 en Londres, en el seno de una familia de clase media acomodada. Sus padres le dieron una educación más liberal de lo que correspondía a una joven victoriana y, en consecuencia, pudo adquirir una gran cultura. Su madre, que era una mujer refinada, le inculcó el gusto por la literatura, el teatro, la música y la pintura. Sin embargo, el carácter decidido que marcaba su personalidad lo heredó de su padre, un antiguo oficial del ejército británico. Con tales dotes para la vida, la joven Amelia se convirtió en una mujer con grandes inquietudes y pocos prejuicios para la época que le tocó vivir. Durante sus años de juventud intentó triunfar como pintora, actriz, cantante y pianista, pero finalmente terminó dedicándose al periodismo y a la literatura, además de ejercer como ilustradora de sus propios libros y algunos ajenos. Su primer éxito literario lo consiguió en 1864 con  Barbara's History, ni más ni menos que una historia de bigamia. De esta época también son algunas de sus conocidísimas historias de fantasmas, cuyo título más famoso es The phantom coach (1864), un relato que aparece frecuentemente en los recopilatorios del género.

Pero, como todo espíritu inquieto, Amelia B. Edwards no era conformista y sus ansias por conocer y experimentar la empujaban a viajar. De este modo comenzó sus aventuras fuera de Inglaterra, haciéndose acompañar por una amiga íntima, Lucy Renshawe, a quien siempre se refería tanto en sus libros como en privado como “L”. Sus escapadas viajeras la llevaron en 1872 hasta los Dolomitas, un lugar que quería conocer desde que años antes unas láminas la sedujeran por su belleza. De aquél intrépido viaje, que pocos viajeros se atrevían a hacer, se trajo grandes experiencias que plasmó en un libro, A Midsummer Ramble in the Dolomites (1873), que más tarde sería publicado con el título de Untrodden Peaks and Infrequent Valles. Pero no sería hasta noviembre de 1873 que la autora emprendió la aventura que le cambió la vida, un recorrido a través del Egipto de los faraones. A la edad de cuarenta y dos años, y acompañada de su inseparable compañera de fatigas “L”, Amelia B. Edwards se armó de valor, contrató un guía, alquiló una embarcación y se precipitó Nilo arriba para conocer los misterios de aquellas tierras. Estas experiencias las reflejó a su regreso del continente africano, en el libro que supuso su éxito editorial más importante, Mil millas Nilo arriba. Un título que por su relevancia histórica y sociológica me ha parecido muy adecuado incluir en La vuelta al mundo en doce libros. 

Mil millas Nilo arriba comienza así:


<A menudo, el viajero debe comer a base de menú fijo en el transcurso de sus múltiples andaduras; pero muy raramente se le presenta la oportunidad de sentarse a la mesa con unos comensales tan variopintos como los que abarrotan el comedor del Hotel Shepheard’s de El Cairo al inicio y mitad de la temporada egipcia. Aquí se reúnen a diario alrededor de dos o trescientas personas de todas las clases sociales y nacionalidades, animados por diferentes propósitos; la mitad de ellos son anglo-hindúes de camino al extranjero o de vuelta a casa, residentes en Europa, o visitantes establecidos en El Cairo para pasar el invierno. La otra mitad es casi seguro que van a remontar el Nilo. Tan complejo e incongruente resulta este grupo de viajeros del Nilo, jóvenes y viejos, bien vestidos y mal vestidos, cultos e iletrados, que el primer impulso del recién llegado sería preguntar por qué motivos tantas personas de gustos dispares, se sienten impelidos a embarcarse en una expedición que, cuando menos, es tediosa, muy cara, y de interés excepcional.>


Fuente: Wikipedia

Mil millas Nilo arriba narra el viaje que realizó Amelia B. Edwards durante algunos meses comprendidos entre 1873 y 1874. Inicia la historia desde su llegada a El Cairo, donde el ambiente colonial invade las calles y hotel donde se aloja, para seguidamente dar paso a la parte más interesante y emocionante de su historia, la travesía por el Nilo hacia tierras nubias del sur, y el regreso en dirección contraria hacia El Cairo. La autora cuenta en su relato cómo se preparó para ello, cómo se dedicó a comparar los diferentes tipos de embarcaciones existentes para realizar el crucero, hasta dar con la que le pareció más apropiada: una dahabiyeh, que es una embarcación de madera que tiene el casco plano, de aspecto rústico y poco confortable. Amelia observó cómo otros navíos aparentemente más cómodos y modernos podrían no ser tan adecuados para las aguas por las que tenían que navegar, por eso eligió la típica embarcación egipcia ancestral. Su análisis del asunto terminó siendo acertado, porque a lo largo del viaje pudo presenciar diferentes naufragios de embarcaciones de aspecto más sólido, incluido el de un vapor británico de la empresa Cook repleto de turistas, que no consiguió remontar el Nilo. Este buen juicio que mostró al comienzo de la travesía la acompañó todo el viaje, pese a los peligros y momentos delicados que vivió, porque recordemos que en aquella época algunas zonas del viaje estaban habitadas por individuos que sólo conocían la civilización a través de los turistas que recorrían el rio.


<Respecto a la fascinación de un viaje a Egipto, del encanto del Nilo, de la sobrecogedora e inesperada belleza del desierto, de las ruinas que han maravillado al mundo, ya he dicho suficiente. Sin embargo, debo añadir que mi impresión personal es que las cosas y las gentes de Egipto han cambiado mucho menos de lo que nosotros, las gentes de hoy día, suponemos.>


Pese a los riesgos que suponía viajar por libre, Amelia huía de las agencias turísticas y los viajes organizados que, ya en aquella época, llevaban como en un rebaño a sus clientes. Sus comentarios al respecto de los cruceros y las excursiones que vio durante su periplo egipcio te hacen reflexionar sobre lo que opinaría de lo que significa viajar en el siglo XXI. Por otro lado, su sentido práctico de las cosas y el gran interés que tenía por conocer a fondo todas las maravillas que le esperaban en el viaje le hicieron planificar minuciosamente y a su manera cada detalle útil, demostrando la inteligencia e independencia de los grandes exploradores.

Philae, ilustración Mil millas Niloarriba
Fuente: Wikipedia

Así inició su recorrido por el Nilo. Su tripulación estaba formada por su inseparable amiga “L”, un guía que hablaba la lengua árabe y los marineros de la dahabiyeh, que llevaba el nombre de la ilustre ciudad de Philae. A ellos se unió posteriormente el pintor inglés Andrew McCallum, y una pareja de recién casados, a los que se refiere durante todo el libro como “la Pareja Feliz”. La embarcación hizo parte del viaje junto a una pequeña flota de dahabiyehs, entre las que se encontraba la alquilada por Marianne Brocklehurst, una viajera y coleccionista inglesa de antigüedades egipcias, que ha pasado a la historia como mecenas de algunas excavaciones arqueológicas. Esta amante de la egiptología apoyó la labor de Edwards a su regreso a Inglaterra, y mantuvo con ella una duradera amistad.

Con respecto al relato del viaje, la autora detalla cada momento de las distintas etapas con gran precisión psicológica, pictórica y literaria. Para la autora ninguna referencia es banal, ni el clima, ni la tripulación egipcia, ni los pueblos que ve a su paso a bordo de la dahabiyeh, ni los cambios que se perciben en el paisaje. .. Todo lo describe desde el punto de vista de una observadora crítica pero objetiva, ávida de aprender y compartir. Además, cada estampa que consideraba digna de admiración la dibujaba. Porque sus grandes dotes como pintora no podían resistirse ante tanta belleza. Debo señalar que tanto la edición original inglesa del libro, como la española que presento hoy están ilustradas con los exquisitos y minuciosos dibujos que la autora realizó durante el viaje. Nada escapaba a su pincelada, sus láminas están protagonizadas por monumentos arquitectónicos y humanos. La fascinación que ejercían sobre ella las diferentes costumbres y razas de los pueblos que pudo contemplar la llevaron a inmortalizarlos.


<Entonces pasamos al lado de una mujer fellah alta y guapa que estaba majestuosamente de pie al borde del camino, con su velo echado hacia atrás y cayendo en pliegues hasta los pies. Ella sonrió, extendió su mano y murmuró “¡Bakhshish!”. >


Dentro de la narración tienen gran importancia la historia y la arqueología. Por sus páginas aparecen descritas las grandes ciudades del Antiguo Egipto y los principales monumentos que todos conocemos, además de muchos otros que quedan reservados para los expertos arqueólogos y egiptólogos de corazón. Pero también la autora dedica pasajes importantes a los notables personajes que hicieron historia en la época faraónica y a los ilustres viajeros que se enamoraron de Egipto, después de que las tropas Napoleónicas abrieran las puertas a los descubrimientos arqueológicos. Me ha gustado conocer a otra viajera que estuvo algunos años antes que Amelia B. Edwards en Egipto. El nombre de Lady Duff Gordon ya nunca se me olvidará.

Gran Templo de Abu Simbel
Fuente: Wikipedia

Quizá el lector piense que, al tratarse de un libro de viajes, las pesadas descripciones arqueológicas o paisajísticas le puedan ahogar. Pero no, todo lo contrario, la emoción del relato aumenta por momentos, debido a los intrépidos acontecimientos que vivieron sus protagonistas y por la exótica ambientación. La autora presenta un escenario que, inevitablemente, el lector del siglo XXI asociará con recuerdos cinematográficos. Quien sea capaz de leer Mil millas Nilo arriba sin rememorar la estética y aventuras de Indiana Jones o de La Momia, o no ha visto las películas o no tiene imaginación, porque cada escena te lleva a un momento emocionante y romántico: la entrada a un templo antiguo, la visita al Valle de los Reyes, el paseo por un mercado egipcio, la búsqueda de cocodrilos, el ataque de ladrones a las embarcaciones, la vista de las pirámides, la cena con un caudillo egipcio…Incluso el descubrimiento de un santuario egipcio que había estado oculto por la acción del tiempo y que, Andrew McCallum, el pintor compañero de viaje de Edwards, destapó para beneficio de la humanidad. Aunque este último punto es cuestionado por la autora. Porque Amelia Edwards era una mujer muy respetuosa y no podía hacer ojos ciegos a las catastróficas consecuencias que había tenido la mano del hombre sobre el legado del Antiguo Egipto. Las invasiones, los ladrones, el turismo e incluso los arqueólogos dejaron a su paso marcas negativas sobre gran parte del patrimonio. Son muy interesantes las reflexiones que hace al respecto, como también lo son las múltiples anécdotas que cuenta a cerca de cómo los egipcios de su tiempo seguían buscando tesoros escondidos, pese a la prohibición de las autoridades.

Tantas y tantas barbaridades las que vio, que la autora se preguntaba cuántas de las maravillas que admiró durante su viaje perdurarían en el tiempo. Esta es otra cuestión que, desde mi punto de vista, aumenta la emoción de leer Mil millas Nilo arriba. Porque, queridos lectores, debo confesar que tardé mucho más de lo previsto en terminar el libro debido a que constantemente buscaba en Google cada monumento mencionado por la autora. Ver el estado en el que se encontraba cuando lo visitó Edwards y comprobar que aún sigue en pie, incluso algunas mejor de lo esperado, es para todo aquel que se llame a sí mismo amante del arte y la cultura un momento de gran excitación y felicidad. Esta emoción te hace entrar en comunión con la escritora, quien comparte sus íntimos pensamientos con el lector.

Por otro lado, es relevante señalar la importancia etnológica y sociológica que tiene este documento, ya que Edwards hace unas observaciones muy interesantes sobre los diferentes pueblos, razas y costumbres que poblaban las márgenes del Nilo cuando ella lo visitó, así como evidencia la atmósfera colonialista que imperaba en Egipto. Pero, lo que más me ha llamado la atención de estos pasajes sociológicos es la solidaridad mostrada hacia la mujer egipcia, a quien prefiere ver trabajando duramente como lo hacían las esposas de los fellahin, que encerradas en un harem contemplando su propia existencia.

Cuando Amelia B. Edwards regresó de su viaje por Egipto, la fascinación de lo había visto y lo que allí experimento la indujeron a escribir Mil millas Nilo arriba, que se publicó en 1877. Su ferviente deseo de preservar para la posteridad el patrimonio de aquel país la indujo a promover una concienciación social sobre el peligro que corrían las maravillas egipcias por culpa del turismo, los especuladores y el progreso. Se convirtió en defensora de la investigación y la ciencia, para la preservación de la historia y las obras de arte. Abandonó en gran medida sus otros trabajos como escritora y, en 1882, confundo el Egypt Exploration Society junto a Reginald Stuart Poole, un arqueólogo del Museo Británico.  Este organismo sigue existiendo hoy en día, y puede presumir de tener entre sus colaboradores eminentes a Howard Carter, el famosísimo arqueólogo y egiptólogo que descubrió en 1922 la tumba KV62, perteneciente al faraón de la dinastía XVIII Tutankamón, en el Valle de los Reyes, frente a Luxor.

He llegado al final de mi reseña de hoy. No ha sido fácil poner palabras a las emociones que el texto de Amelia B. Edwards me ha causado, como tampoco lo ha sido explicar el importante contenido de sus páginas. Cuando el material que tienes entre manos es tan imponente resulta un gran compromiso.  Pese a ello, espero haber provocado al menos una chispa de entusiasmo en mis lectores. Porque leer Mil millas Nilo arriba no es sólo una buena lectura con la que pasar un rato entretenido y revelador, también es un documento honesto que invita a la reflexión. Quizá, después de disfrutar este libro, seamos capaces de preguntarnos quiénes somos verdaderamente y hacia dónde queremos ir.

 

<El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.> Plutarco

 

Os espero a todos el 19 de mayo de 2021, en una nueva cita de La vuelta al mundo en doce libros. Bombay nos espera, queridos lectores.



 

Undine von Reinecke ♪

 

La autora por la Editorial:

Fuente: Wikipedia
De aprendizaje precoz y carácter inquieto, estudió danza, música, pintura y literatura, especialmente a partir de la publicación de los relatos de sus viajes. Quedó fascinada por Egipto en su único viaje a este país, en 1873, dedicándose desde este momento plenamente a la egiptología. De regreso a Inglaterra, fundó el Egypt Exploration Fund- que sigue existiendo en la actualidad con el nombre de Egypt Exploration Society- para el patrocinio de estudios y excavaciones en Egipto, contando con colaboradores como Flinders Petrie o Howard Carter, entre otros.

En 1877 publicó esta obra, Mil Millas Nilo Arriba, con gran éxito, de la que se hizo una nueva edición en 1891. Antes de su muerte, creó la primera cátedra de egiptología del Reino Unido en el University College de Londres.

 

Fuentes de información:

http://www.literaturadelmundo.com/articulo/la-literatura-de-egipto

https://www.maravillas-del-mundo.com/Piramides-de-Egipto/Egipto/Literatura-egipcia.php

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_Egipto

https://es.wikipedia.org/wiki/Al-Nahda

http://www.egiptomania.com/egiptologia/egiptologia_amelia_edwards.htm

https://www.cambridge.org/us/academic/subjects/archaeology/egyptology/thousand-miles-nile?format=PB