jueves, 5 de diciembre de 2019

RESEÑA: "LA CASA INTACTA", WILLEM FREDERIK HERMANS


Fuente: @undine.von.reinecke Instagram




Ficha Técnica:


Editorial: Gatopardo Ediciones
Traducción: Catalina Ginard Féron
Epílogo: Cees Nooteboom
Páginas: 80
Formato: 20 x 12,5 cm
ISBN: 978-84-17109-71-4
Publicación: 14 octubre 2019
PVP: 12.90 €


Sinopsis de la Editorial:


Europa del Este, 1944. Un soldado holandés que lucha con un grupo de partisanos se refugia en una casa señorial durante un cese de hostilidades. La casa está casi intacta, ajena a los estragos de la batalla, y el partisano se instala en ella como si la guerra nunca hubiese tenido lugar: se baña, se viste con la ropa que encuentra en el armario, come algunos restos de comida. Cuando las fuerzas alemanas recuperan la plaza y unos soldados nazis llaman a la puerta, él decide hacerse pasar por el propietario de la casa. Pero ¿cómo se las arreglará para mantener el engaño?

La casa intacta es un clásico de la novela corta que, cuando se publicó en 1951, causó una enorme repercusión en la sociedad holandesa de la época, en los tiempos en que prevalecía el discurso de la heroica resistencia antinazi, donde se muestra —sin distinción de bandos— cómo la brutalidad de la guerra puede acabar con cualquier pátina de civilización.



Propuesta musical para este libro:



Sinfonía Nº 2, Willem Pijper



Lo que Undine piensa del libro:


Vicente Aleixandre junto a la tumba
de Miguel Hernandez.
Fuente: elpais.com
Esta mañana, mientras tomaba mi primer café del día, escuché contar a un miembro de mi familia la triste historia del apresamiento del poeta Miguel Hernández.  De cómo quiso escapar a Portugal en la primavera de 1939; y cómo fue apresado al querer vender un reloj que le regaló Vicente Aleixandre con motivo de su boda. Al ser éste un lujoso objeto que no casaba con su paupérrima imagen, fue tomado por un ladrón común y entregado a la Guardia Civil, entre quienes sería identificado por un vecino de su localidad. El desenlace final es de sobra conocido por todos.

Estoy segura que muchos de vosotros estáis al tanto de los hechos, pero para mí eran completamente nuevos. Y teniendo tan reciente la lectura de La casa intacta, novela que hoy reseño, no pude evitar la analogía. Ahora entenderéis por qué.

Hará unos diez años comencé a interesarme por la literatura testimonial de la Segunda Guerra Mundial, fruto de la lectura de Suite francesa, novela inacabada de Irene Nemirovsky. La mirada privilegiada de la escritora, su narración de los acontecimientos sociales más cotidianos protagonizados por el pueblo francés en la ocupación nazi; su ojo crítico no rencoroso, pese a ser ella misma víctima de sus conciudadanos… Todo lo que encontré en Suite francesa me llevó a buscar otras lecturas, que me ayudaran a construir el puzle del panorama social en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Me motivó a conocer los distintos comportamientos entre los habitantes de las naciones que componen este viejo continente, esos ciudadanos de a pie que pueblan las calles y que se escandalizan de los horrores que contemplan, mientras esconden a su espalda la daga venenosa de la hipocresía y el odio.

Fuente: Undine von Reinecke
Una mujer en Berlín (anónima), El silencio del mar (Vercords), La tregua (Primo Levi), y un largo etcétera  de obras y autores, que me han levado a reflexionar  sobre el carácter del ser humano: sus conductas en momentos de crisis, sus rencores capaces de infamias terribles nunca imaginadas, odios y aberraciones que convierten al ser humano, en mi opinión, en un sujeto inferior a la altura de la peor bestia. Y así, como Miguel Hernández fue identificado por un convecino ocasionando su destino fatal, ¿quién podría afirmar hoy día, que tu colega del trabajo con el que tomas el café diariamente, no te pudiera denunciar por tu credo, llegado el caso, si se viera en la necesidad? España, Francia, Alemania, todas las naciones lo llevan en su ADN, después de leer La casa intacta, del holandés Willem Frederik Hermans, me reafirmo en esta idea.

Varsovia 1944
Fuente: Kienyke.com
La novela, ubicada en un lugar indeterminado de la Europa del Este, narra la historia de un individuo holandés miembro de un grupo de partisanos de todas las nacionalidades, en los estertores de la Segunda Guerra Mundial. En su avance contra el ejército nazi, su grupo llega a una población abandonada por sus habitantes. El guerrillero, harto de los horrores de la guerra y de sus zafios compañeros a los que no entiende, se  separa del grupo y se dispone a explorar la ciudad. En su callejeo llega hasta una peculiar casa que parece haberse librado de las consecuencias de la guerra. Cuando entra para investigarla, parece como si sus habitantes se hubieran ausentado  cinco minutos antes, dejando todo dispuesto para recibirle: comida, baño y cama. El protagonista  toma posesión de esta curiosa casa, disfrutando de todos los placeres primarios que la guerra le quitó. Pero,  la paz de la que comenzaba a gozar se rompe cuando la ciudad es recuperada por el ejército nazi. Sin tiempo para pensar en las consecuencias, la necesidad le hace adoptar la figura de propietario de la casa, dando alojamiento en ella a un grupo de oficiales alemanes. ¿Será capaz de sobrevivir? ¿Será descubierto por sus huéspedes nazis?

La casa intacta es una novela breve de apenas setenta páginas. Pero su contenido está tan intensamente bien narrado, y es tan profundamente impactante, que al finalizarla parece como si de una novela de gran envergadura se tratara. El lector queda exhausto ante tanta franqueza. Porque, aunque los hechos relatados no atienden a acontecimientos verídicos, lo cierto es, que pudieran haber sucedido tal y como Willem Frederik Hermans los escribió. No en vano, él mismo fue testigo directo de la Holanda ocupada durante la Segunda Guerra Mundial.

Para conseguir su fin, ese “baño de realidad”, el escritor maneja a la perfección trama y emociones. Tiende una trampa psicológica al lector en la que éste cae irremediablemente, para ser engullido en el punto y final del libro por el impactante desenlace.

Comienza su causa haciéndonos  escuchar al protagonista; narrando sus pensamientos en el fragor de la batalla: sus sensaciones, las observaciones sobre sus compañeros, sus recuerdos del comienzo de la guerra, la soledad y el hastío que siente. Consigue que quien está leyendo el relato se identifique con el protagonista. Empatiza con él, comprende su derrota emocional, su cansancio físico y su conducta fría  y enajenada ante ciertas situaciones:

< (…) Aun  así, no se me ocurría otra cosa que hacer salvo correr. Todo acabaría, por fin acabaría todo. Eché la cabeza hacia atrás muerto de miedo. Así salté por encima de los cuerpos que había tendidos en medio de la carretera, sin mirarlos más de lo necesario para no tropezar con ellos. Pero no sucedió nada. >

El miedo, la desolación, la soledad más absoluta le acompañan, le hacen sentirse invisibles:

<Dos perros vinieron a mi encuentro, les tendí la mano, pero ellos empezaron a perseguirse sin hacerme el menor caso.  Tuve la sensación de estar muerto, como si yo pudiera ver a los perros y sin embargo ellos a mí no. No podía quitarme de la cabeza la idea de que los perros me habían atravesado, en lugar de pasar de largo.>

En este peregrinar sin rumbo cierto, separándose de su grupo y haciendo oídos sordos a unas órdenes de su superior que no entiende, se topa con una casa, “la casa”. Su imagen impoluta entra en contraste con lo que ha visto en tantos años de guerra de podredumbre y muerte. Es entonces cuando llegamos al clímax emocional sintiendo junto al protagonista cada pálpito de su corazón:

<Me asomé a la puerta que se abría a un pasillo al final del cual podía ver la luz exterior. Las manos empezaron a sudarme cuando, desde lo alto de la escalinata, miré hacia atrás antes de entrar. Imagina que nunca has estado en otro lugar más que en este, o que has conquistado esta casa, esta colina, como solución a un acertijo: esta casa, de entre todo lo que existe en el mundo. Esa idea me impresionó tanto que me limpié los pies al entrar y sólo después cerré la pesada puerta empujándola con ambas manos.>

La casa le conquista, le devuelve su humanidad perdida en tantos años de guerra. Se desprende de su sucio uniforme, se lava, se viste con prendas limpias y almidonadas. Y el lector lo entiende todo, se identifica más que nunca con el partisano: siente el bienestar del agua caliente sobre la piel, el regocijo al saciar el hambre, el olor de la ropa limpia, el confort de dormir en una cama. Cosas que sentimos como normales porque no nos faltan.

El protagonista se hace dueño de la mansión, la cual inspecciona  encontrando misterios en ella que prefiere omitir por el momento. Convierte la casa en su castillo, la guerra allí no existe. Pero su tranquilidad se ve interrumpida cuando recibe la visita de un alemán. La ciudad ha sido reconquistada por tropas nazis. Y él adopta el papel de anfitrión de la mansión por miedo, para escapar de una muerte segura.

Es entonces cuando empieza la verdadera historia. Un relato marcado por el vértigo que provocan los sucesos que se describen. Una sucesión de acontecimientos, que dan emoción e intriga al texto, a la par que repulsión y tristeza; sin que por ello el lector pueda dejar de leer hasta finalizar el libro. Y todo ello, sembrado de personajes que van apareciendo con cuentagotas, acentuando a su paso el caos emocional. Figuras caricaturescas de realidad, que reflejan a la perfección las aristas del carácter humano, mostrando lo peor de él.

Una historia de ficción que tristemente podría ser verdad, porque todo lo que aquí se cuenta son viñetas de realidad: violencia, odio, crueldad… Ingredientes con los que se cocinan las guerras. Una narración que pone sobre la mesa lo que el ser humano es capaz de hacer en momentos de oscuridad.

<Rodeé la bañera, con la bayoneta detrás de la espalda. Me alcanzó una bocanada de perfume, como si su piel estuviera ardiendo y todo se evaporara a la vez. Arrojé la bayoneta a un lado, rodeé el cuello de la mujer con ambas manos y apreté (…)>

Miembros de la Resistencia Holandesa,1944
Fuente: Wikipedia
Cuenta Cees Nooteboom en su magnífico epílogo del libro, que esta novela cayó como una bomba en Holanda. Sus compatriotas de la posguerra aun se sentían orgullosos de la labor de la resistencia  holandesa, y no querían escuchar las atrocidades que se cometieron, anhelaban reconstruirse. Necesitaban tiempo para asimilar la verdad, quizá inducidos por un sueño romántico, como al que se refiere Jean Paul Sartre en su famosa cita: “Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad”.  Pero enterrar la verdad no es la solución, nunca da buenos frutos. Sepultar la memoria es lo que nos ha llevado al caos actual de violencia, terrorismo e incertidumbre. Medio mundo contempla a la otra mitad con rencor.

Frederik Hermans se vio obligado a exiliarse voluntariamente a Francia ante la incomprensión de su país. Años más tarde sería recompensado por su labor literaria con el premio más importante de sus letras, y hoy goza de gran reconocimiento. Su mordiente sinceridad le costó caro a nivel personal, pero su aportación al puzle histórico de la depravación humana es ya una leyenda. Un testimonio que nos debe servir de ejemplo a nosotros, y a las generaciones venideras. Porque si no es así, si no conseguimos parar el círculo vicioso en el que ha caído la humanidad, seguirán azotando como un látigo sobre nosotros las sabias palabras de Séneca:

<”A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”.>



Undine von Reinecke ♪





El autor por la Editorial:


Fuente: Wikipedia
Willem Frederik Hermans (1921-1995) fue un prolífico y versátil escritor holandés. Escribió́ ensayos, estudios científicos, poesía, cuentos y novelas; entre estas últimas cabe destacar El cuarto oscuro de Damocles (1958) y No dormir nunca más (1966). Se le considera uno de los autores más importantes del periodo de posguerra en Holanda. En 1977 obtuvo el Premio de Literatura Holandesa, el galardón literario más prestigioso de los Países Bajos.







Undine os propone para complementar la lectura:


Si tenéis curiosidad por conocer más sobre la situación social holandesa en la Segunda Guerra Mundial, podéis ver este vídeo que habla sobre ello:




También os propongo que veáis una interesante película que encontraréis fácilmente, El libro negro. Esta film narra una historia llena de luces y sombras, que tiene como protagonista a la resistencia holandesa. No dejéis de verla, es apasionante. Aquí os dejo el trailer:



Ficha Técnica de la película:

Año: 2006
Director: Paul Verhoeven
Actores: Carice van Houten,  Thom Hoffman,  Halina Reijn,  Sebastian Koch,  Waldemar Kobus, Christian Berkel,  Derek de Lint
Sinopsis:
Tras la ejecución de su familia a manos de los nazis, una joven judía se une a la resistencia que lucha contra la ocupación en Holanda. Su misión será infiltrarse en el Cuartel General Nazi, seduciendo a un alto oficial alemán para obtener información y poder liberar a un grupo de combatientes que han sido capturados.

jueves, 28 de noviembre de 2019

RESEÑA: "ALAS. ANTOLOGÍA". SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ





Fuente: @undine.von.reinecke Instagram


Ficha Técnica:


Editorial: Harpo Libros
Autor: Sor Juana Inés de la Cruz
Prólogo: Marcos Almendros
Referencia: 978-84-949462-1-9
Condición: Nuevo producto
P.V.P: 14,00 €, impuestos inc.


Sinopsis de la Editorial:


Esta antología está compuesta por los poemas más transgresores de una autora prodigiosa que no escondió su amor a una mujer y que defendió los derechos e las mujeres.

Con una lírica barroca, se aferra a un arte emocional e instintivo para alcanzar la pureza humana y a liberación cultural.



Propuesta musical para este libro:



Instrucción de Música sobre la guitarra española, Gaspar Sanz (1640/1710)




Lo que Undine piensa del libro:



 <"Yo, la peor de todas...">

Sor Juana Inés de la Cruz, la Décima Musa méxicana

Cuando era una adolescente, con esa edad tan propicia al descaro y la vehemencia que tienen los dieciséis años, se aconsejaba a los estudiantes elegir la rama de ciencias. En aquella época, estoy hablando de los años ochenta, las humanidades no eran el campo profesional con el que hacer fortuna en nuestro país. Y yo, que nunca he sido especialmente rebelde, pero que siempre he antepuesto el corazón a cualquier otro precepto, elegí la especialidad de mixtas. Es decir, estudié latín, matemáticas y Literatura.

¡LITERATURA, esa asignatura mágica y maravillosa, que me ayudó a conectar con mi sensibilidad, y a la que siempre recurro en tiempos oscuros!

Como era de esperar, fuimos pocos los alumnos que elegimos la rama humanista. Creo recordar que tan sólo éramos diez personas en la clase. Un grupo de marcado carácter femenino, ya que sólo había dos varones en él. Algo sorprendente, pues todo el mundo sabe que el campo de la literatura ha estado siempre liderado por hombres, aunque hayan abundado brillantes mentes femeninas a lo largo de la historia.

Como quiera que sea, nuestras clases se impartían en una buhardilla. Un lugar acogedor y propicio para los hechizos que nuestra carismática profesora de literatura tenía preparados para nosotros, incitándonos a dar lo mejor.

De entre todos los recuerdos que conservo de aquellos días, y son muchos, destacan las jornadas que dedicamos a estudiar el Siglo de Oro de las letras españolas. ¡Qué emoción preparar las obras de teatro! ¡Qué maravilla leer a Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca, Lope de Vega…! No creo equivocarme al asegurar, que muchos de vosotros recordáis aquellos versos de Lope que dicen:

<¿Quién mata con más rigor?
Amor.
¿Quién causa tantos desvelos?
Celos.
¿Quién es el mal de mi bien?
Desdén
¿Qué más que todos también
una esperanza perdida,
pues que me quitan la vida
amor, celos y desdén?(…)>

(Soneto ¿Quién mata con más rigor?)


Lope de Vega
Fuente: Wikipedia
Bellísimos, ¿verdad? El llamado “poeta del cielo y de la tierra”, entre otros apelativos, era todo un genio. Pero también, un reconocido crápula. Un hombre que tuvo múltiples amoríos de los que nacieron numerosos hijos ilegítimos. Dicen, que se consagró sacerdote por temor a Dios, pues los remordimientos de sus fechorías le atormentaban. Pagó algunas culpas en la cárcel, y fue desterrado por cuatro años de Castilla. Y aunque su fama le persiguió siempre, también es verdad que se pasaron por alto algunas de sus faltas.

Pero la historia no trata del mismo modo a todos sus protagonistas, no. Hay personas que nacen con una estrella que les ampara constantemente, y a otros la diosa fortuna se la quita. Ese el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, escritora del Siglo de Oro de la literatura, y autora de la obra que hoy os presento: Alas, antología. Una escritora y artista, que vino al mundo en tiempos oscuros para la mujer.

<“Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis…”.> 
 Hombres necios que acusáis. Sor Juana Inés de la Cruz


Sor Juana Inés de la Cruz nació en México en 1648, y se la bautizó con el nombre de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santilla. Ha pasado a la historia como uno de los personajes más importantes de las letras en lengua hispana del Siglo de Oro, y su figura es en la actualidad un icono feminista, símbolo de la liberación de la mujer. Pero su aparente brillante carrera como intelectual no fue fácil, teniendo que lidiar con la Iglesia y con los prejuicios de su tiempo, para desarrollar sus inquietudes.

Hacienda donde nació la escritora, Panoaya
Fuente: Wikipedia
Su infancia transcurrió en la finca que su abuelo tenía en Amecameca, dotada con una gran biblioteca de la que disfrutaba a escondidas de su madre. Desde su más tierna infancia se interesó por los libros, aprendiendo a leer a la temprana edad de tres años. Estudió con avidez a los clásicos, y adquirió toda la educación que le fue posible en aquella época. Cuentan, que siendo adolescente quiso convencer a su madre para disfrazarse y así poder acceder a los estudios universitarios prohibidos a las mujeres en su tiempo.

A la muerte de su abuelo dejó la hacienda para vivir con su tía en México capital. Entrando en 1664  a formar parte de la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera, convirtiéndose así en la protegida de la virreina. Allí sus capacidades intelectuales se desarrollaron grandiosamente, favorecidas por el ambiente ilustrado del que gozaba la corte. Su producción literaria fue considerable y apreciada en todo el país, haciéndose famosas sus increíbles dotes intelectuales.

Sor Juana Inés de la Cruz
Fuente: Wikipedia
Al parecer era una joven bellísima a la que no le faltaron pretendientes, pero nunca deseó casarse. Sus anhelos intelectuales eran más fuertes que cualquier otro deseo terrenal. Como todos sabemos, una mujer no podía quedarse soltera en aquella época, y por ello quiso tomar los hábitos como única opción para poder estudiar. Profesó en la orden Carmelita en 1666, cambiándose dos años más tarde a la Jerónima, donde la regla era menos dura. Desde ese momento pudo dedicarse a escribir y estudiar, disponiendo de dos sirvientas y las comodidades necesarias para celebrar tertulias intelectuales y recibir visitas de sus amistades. Eso sí, vigilada en todo momento por su confesor, quien controlaba sagazmente todos sus escritos. Aunque eso no impidió que consiguiera hacerse con una biblioteca privada de 4000 volúmenes de libros. 

Fuente: vanidades.com
Pero el momento más importante para Sor Juana Inés de la Cruz, catalizador de lo mejor de su producción como escritora, llegaría en 1680. En ese año es nombrado un nuevo virrey, Tomás de la Cerda y Aragón, III marqués de la Laguna de Camero Viejo. Y para celebrar su llegada a la Nova España, se le encarga a la escritora y artista el diseño de un arco triunfal. Con ese mismo motivo, la poeta escribe su famoso Neptuno alegórico, un texto que impresionó favorablemente a la nueva virreina, María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, quien desde aquel mismo instante se convertiría en su más ferviente admiradora y protectora, el azote que impulsó su intelecto.

La relación que unió a ambas mujeres ha sido motivo de especulación durante mucho tiempo, siendo considerada por estudiosos de la historia como romántica: dos mujeres que se amaban pese al mundo que las rodeaba. Pero también hay quienes defienden que su unión fue un amor casto, platónico. No hay pruebas fehacientes que confirmen o desmientan una u otra idea. Aunque también es cierto que contamos con un testimonio de primera categoría: la apasionada obra lírica que Sor Juana Inés dedicó a la virreina. Unos poemas ardientes que fueron editados de manera dispersa para esconder la relación, por Francisco de las Heras, secretario de María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga y primer editor de la poeta.

Lo que es indiscutible, y nadie se atreve a rebatir, es la veneración que desprenden los versos dedicados a Lisi, apelativo cariñoso con el que la religiosa se dirigía a la virreina. Aquí tenéis un ejemplo:

< Yo adoro a Lisi, pero no pretendo
que Lisi corresponda mi fineza;
pues si juzgo posible su belleza,
a su decoro y mi aprehensión ofendo.(…)>

De aquella época preciosa para sor Juana Inés, intelectualmente activa y apasionada (1680-1686), son sus mejores trabajos literarios. Tocó todos los géneros: lírica, autos sacramentales, villancicos, obras de teatro, etc. Famoso es su auto sacramental El divino Narciso, como también lo son sus obras de teatro Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Pero especial mención merecen sus trabajos líricos. Un compendio de poemas inteligentes, cultos, sofisticados, que tratan con libertad y ardor los temas que sus colegas literatos de la lejana España del Siglo de Oro también trabajaran: el conocimiento, la filosofía, lo divino, lo profano, el amor en todos sus estados. Y a ellos añadió uno más, el derecho de la mujer a recibir educación, tema que le costaría muy caro a nivel personal.

A este periodo glorioso de Sor Juana Inés de la Cruz pertenecen los trabajos que hoy os traigo. Una antología de la poeta publicada por Harpo Libros. Sello, que ha editado la recopilación “mostrando el lado más salvaje de la poeta”, según palabras del editor. Unos versos guerreros que están acompañados por la carta que escribió Sor Juana Inés de la Cruz denominada, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, un complemento indispensable para conocer la importancia y el carácter del intelecto de la escritora. Este manuscrito es la contestación audaz a una epístola recriminatoria escrita por el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, bajo el seudónimo de "Sor Filotea de la Cruz". En ella se  ataca a la religiosa por su incursión en temas filosóficos, campo prohibido a la mujer en su época, invitándola a abandonarlo. Sor Juana Inés se defiende vehementemente, pero con mucho ingenio y dominio de sí misma, haciendo uso de un lenguaje e intelecto sublimes en su contestación. En ella defiende con frenesí la capacidad y el derecho a la educación para la mujer. Esta carta está considerada como el primer manifiesto feminista de América. Un documento que os invito a conocer, pues es toda una experiencia.

La antología poética de Harpo Libros está compuesta por nueve poemas:

  1. Estos versos, lector mío…
  2. El sueño
  3. Finjamos que soy feliz…
  4. Amor empieza por desasosiego…
  5. Si el desamor o el enojo…
  6. Yo adoro a Lisi, pero no pretendo…
  7. Divina Lisi mía…
  8. A tus manos me traslada…
  9. Para no faltar, Lisi bella,…

En ellos se tratan todos los temas que engloba el amor: la admiración, el enamoramiento, el dolor de la ausencia, los celos, la pérdida, el amor generoso no correspondido, el ocaso del amor…Unos versos audaces, inteligentes, elocuentes, cultos, y muy apasionados. Pero antes de meterse en los terrenos amables del corazón, la antología nos muestra a modo de presentación, lo que yo considero más admirable en la escritora: su intelecto. Para ello la editorial ha seleccionado tres poemas que exponen las inquietudes de conocimiento de Sor Juana Inés. Unas piezas que dejan maravillado y exhausto al lector  tras su lectura, como comprobaréis seguidamente:

<Estos versos, lector mío,
que a tu deleite consagro,
y solo tienen de buenos
conocer yo que son malos,
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos,
porque eso fuera querer
 hacer de ellos mucho caso.
No agradecido te busco;
pues no debes, bien mirado,
estimar lo que yo nunca
juzgué que fuera a tus manos.(…)

Los versos siguen y siguen en una admirable catarata de elocuencia y agilidad mental, desbordando inteligencia y una admirable libertad de pensamiento.

Fuente: Wikipedia México
Un fantástico comienzo para el libro, al que le sigue el poema considerado por eruditos el culmen de su lírica, Primero sueño, o El sueño según la edición de Harpo Libros. Una pieza muy compleja y rica a su vez. Trata un tema recurrente en la obra de la escritora, analizando el conocimiento humano, su capacidad y el método deductivo. En él se quieren escuchar las voces de clásicos inmortales como Cicerón y Séneca, a los que Sor Juana Inés admiraba. Es el poema más largo que escribió y a él, eruditos de reconocida fama, otorgan el honor de anticipar la Ilustración. Una interesantísima pieza, que muchos de vosotros guardaréis cerca para jugar con ella a modo de “sudoku”, pues desentrañar su significado es complicado y fascinante. Maravillaos con este ejemplo:

<Piramidal, funesta de la tierra
nacida sombra, al cielo encaminaba
de vanos obeliscos punta altiva,
escalar pretendiendo las estrellas;
si bien sus luces bellas
exentas siempre, siempre rutilantes,
la tenebrosa guerra
que con negros vapores le intimaba
la vaporosa sombra fugitiva
burlaban tan distantes,
que su atezado ceño
al superior convexo aún no llegaba
del orbe de la diosa
que tres veces hermosa
con tres hermosos rostros ser ostenta; (…)>

Peliagudo, ¿verdad? Recordad cuando lo leáis completo que la poeta habla del triunfo de la razón sobre los prejuicios y el fanatismo, eso os pondrá en la pista para entenderlo.

Más fácil nos lo pone con el poema Finjamos que soy feliz…En él la poeta explora terrenos filosóficos como la tristeza y la negatividad que invade el intelecto humano, variable en cada indivíduo. Un poema que a mí particularmente me ha cautivado, y del que quiero compartir estos preciosos versos:

<Finjamos que soy feliz,
triste pensamiento, un rato;
quizá prodréis persuadirme,
aunque yo sé lo contrario,
que pues sólo en la aprehensión
dicen que estriban los daños,
si os imagináis dichoso
no seréis tan desdichado. (…)>

Toda una humanista era Sor Juana Inés, como habéis podido comprobar en estos tres poemas primeros. Una estudiosa admiradora de la ciencia en tiempos negros para la mujer con altos intereses. Un alma erudita y bella, que encontró en Lisi, una fiel amiga que la impulsó a dar lo mejor de sí misma componiendo y escribiendo a la altura de los más grandes. Y todo ello bajo el yugo y la opresión de su director espiritual, el padre Núñez de Miranda, a quien consiguiera vencer gracias al empeño de su virreina.

Es por ello que Sor Juana la adoraba, ¿quién no agradece el cariño, la admiración y el amparo de un ser afín? Su lírica más dulce va dedicada a ella generosa y humildemente, contemplad qué belleza:

<Divina Lysis mía:
perdona si me atrevo
a llamarte así, cuando
aun de ser tuya el nombre no merezco.(…)>

Pero en el año de 1689 Lisi regresa a España...

En 1690 comienzan las disputas filosóficas y teológicas con el obispo de la puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, que darían origen a la brillante carta en la que defiende la libertad de pensamiento y el derecho de la mujer a la educación, Respuesta a Sor Filotea de la Cruz. Una disputa que finalmente la dejaría extenuada, ocasionando que en 1693 dejara de escribir y se consagrara por completo a sus labores como religiosa, muriendo de peste en el año 1695 tras haber dedicado sus últimos momentos al cuidado de sus hermanas conventuales.

Brava mujer, luz de conocimiento, ejemplo de fortaleza frente a la adversidad. No le quedaron fuerzas para seguir su anhelado camino al conocimiento en sus últimos años. Pese a ello, el legado que nos dejó es rico y es obligado en cualquier biblioteca que se precie. De sus amores y desvelos se habla continuamente, pero en mi opinión, es mucho más interesante su labor filosófica e intelectual, que debería estar más presente en foros y tertulias. Hipatia decía:

<”Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”.>

Pensemos, pues. Sigamos el camino del conocimiento alumbrados por la antorcha de Sor Juana Inés de la Cruz.



Undine von Reinecke ♪


La autora por la Editorial:


Sor Juana Inés de la Cruz
1648 - 1695; Nueva España, México.

Era una religiosa y escritora del Siglo de Oro de la literatura en español.

Fue una niña prodigio en la época colonial en la que las mujeres no tenían acceso a la educación ni a la cultura.

En pleno siglo XVII no escondió su amor hacia María Luisa Gonzaga —virreina de Nueva España y Marquesa de Laguna—, y su intensa relación queda reflejada en sus poemas.

Su obra poética se sitúa en el Barroco tardío y confronta la pasión, el impulso y la razón.

Sus principales libros son las obras dramáticas Amor es más laberinto y Los empeños de una casa, y el poemario compuesto por 975 versos que componen El Sueño.

Su carta Repuesta a Sor Filotea de la Cruz es una defensa del derecho de la mujer a la educación y es considerado como el primer texto feminista escrito en América.



La autora por Undine:


Existe mucha información sobre la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, pero durante los días que me ha llevado escribir la reseña he podido constatar la relevancia que se le ha dado al libro escrito por Octavio Paz, Sor Juana Inés O Las trampas de la Fe. Y aunque existen voces contrarias a sus conclusiones, os lo recomiendo a todos los interesados en la escritora, para iniciarse en el tema.

También he podido leer mucho sobre su adaptación cinematográfica, de la que os dejo aquí el trailer:





Fuentes consultadas:


jueves, 21 de noviembre de 2019

RESEÑA: "RESURRECCIÓN", LEV TOLSTÓI




Fuente: @undine.von.reinecke Instagram




Ficha Técnica:


Traductor: Víctor Andresco
Título Original: Voskreséniye
Colección: Literatura     
Autor: Lev Tolstói           
Páginas: 408
Formato: 17 x 22 cms.
Encuadernación:  Tapa dura con sobrecubierta y punto de lectura
ISBN:  13978-84-16968-93-0


Sinopsis de la editorial:


Publicada por entregas en el periódico Niva hace ahora ciento veinte años, Resurrección (1899) no solo es la última novela aparecida en vida de Lev Tolstói sino también la tercera en ambición del escritor ruso, tras Guerra y paz (1869) y Anna Karénina (1877). Cumplidos los sesenta años, Tolstói ya no era el mismo y su preocupación por la búsqueda de una sociedad más justa se había acentuado cuando abordó en Resurrección las contradicciones de la aristocracia rusa y sus privilegios sobre la población campesina, que vivía prácticamente esclavizada. Poco antes de casarse con la hija de un noble, el joven noble Nejliúdov, que incorpora rasgos autobiográficos de su autor, asiste como jurado al juicio contra la que fuera un amor de juventud, Ekaterina Máslova, condenada por envenenamiento a una cárcel siberiana. El remordimiento le llevará a plantearse las relaciones de los poderosos con los más humildes y la incapacidad de estos para defender sus derechos.



Propuesta musical para el libro:



Vals Sentimental, Op. 51, Nº6. Tchaikovsky




Lo que Undine piensa del libro:


<Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si no se está muriendo de hambre.>Lev Tolstói


Fuente: elmundo.es
En estos tiempos de desesperanza que corren, cuando te encuentras por la calle con una persona que amablemente te cede el paso al atravesar una puerta, te da las gracias, o simplemente te sonríe al cruzar una mirada, uno se siente sorprendido. Y no es que no se agradezca el acto, ¡cómo no! Simplemente es que no estamos acostumbrados. La falta de iconos sociales carismáticos y la pérdida cada vez más acusada de valores en la sociedad me hacen pensar, que hoy más que nunca nos hace falta leer a Lev Tolstói.

Llevaba tiempo aplazando la lectura de Resurrección, y no por falta de interés. Mi absoluta admiración por la narrativa del insigne ruso me hizo dilatar el placer de su lectura, ¿cómo enfrentarme a la realidad de no tener otra gran obra suya por descubrir? Pero este mes de octubre pasado, aprovechando la nueva y maravillosa edición del libro realizada por Víctor Andresco y la editorial Reino de Cordelia, me decidí a abordar por fin esta extraordinaria novela con mucha expectación y un tremendo respeto. No en vano, Resurrección, está considerada por muchos entendidos en la materia como la gran obra del autor. En ella recoge todas sus enseñanzas últimas, su gran filosofía de vida. Y yo, que me tengo por una lectora en constante aprendizaje, me dispuse a conocer de primera mano lo que tantas veces se ha usado por ideólogos y políticos de diferentes  corrientes como bandera de pensamiento.

Fuente: Undine von Reinecke
Hace algunas semanas compartí con todos vosotros la reseña de otro libro de Lev Tolstoi, Relatos de Yásnaia Poliana. En ella os contaba la preciosa iniciativa que tuvo el autor mediado el siglo XIX, abriendo una escuela para los hijos de campesinos pobres. Allí aplicaba sus innovadoras teorías pedagógicas, para intentar llevar la cultura y la educación a todos los sectores de la sociedad. Era ésta una época de crecimiento y descubrimiento personal para Tolstói. Tiempos de esperanza, que le ayudaron a escribir dos de sus tres grandes novelas, Guerra y paz y Anna Karénina. En ellas plasmaba todos sus credos de aquellos años con gran sensibilidad, cariño y fe en su esfuerzo educativo, para conseguir un futuro mejor para el global de la humanidad.

H. D. Thoreau. Fuente: Wikipedia
Con el paso de los años, el cansancio, la desesperanza, y  la impotencia ante los acontecimientos sociales de una Rusia corrupta y llena de contradicciones con la que era imposible lidiar, las ideas de Tolstói fueron radicalizándose hasta convertirse en el personaje estrambótico al que se denominó como filósofo cristiano libertario y anarcopacifista. Fue un gran admirador del Ensayo sobre la desobediencia civil del anarquista norteamericano Henry David Thoreau, y a su vez gran defensor de la resistencia pacifista, idea ésta en la que se basa su idea de Cristianismo, y que influyó notoriamente en el pensamiento de Gandhi, con quien mantuvo una dilatada correspondencia. Quiso deshacerse de sus propiedades en favor de los pobres, aunque su familia lo impidió; se vestía como un campesino y convivía con ellos; se hizo vegetariano declarándose protector de los animales; tras varias crisis espirituales se volvió profundamente religioso.  Renegó de sus escritos literarios, incluidas sus grandes y exitosas dos primeras novelas, y  se desprendió de casi todos sus derechos de autor. A finales de la década de los ochenta comenzó a escribir Resurrección, que se publicaría en 1899, novela que hoy reseño, y que comienza de este modo:

<En vano se esforzaban cientos de miles de hombres, hacinados en un pequeño espacio, en esterilizar la tierra que los sustentaba cubriéndola de piedras, para que nada pudiera germinar, y arrancando las hierbecillas que pugnaban por salir; en vano impregnaban el aire con humo de carbón y petróleo; en vano talaban los árboles y exterminaban a los animales y los pájaros, porque, incluso, en la ciudad, la primavera era siempre primavera. El sol resplandecía, la hierba –resucitando- crecía y verdeaba por todas partes donde no la habían quitado, no solo en los céspedes de los bulevares, sino incluso entre los adoquines del empedrado. En los álamos, abedules y cerezos silvestres despuntaban hojas pegajosas y perfumadas; los brotes de los tilos estaban a punto de reventar; las cornejas, gorriones y palomas construían sus nidos con alegría primaveral, y las moscas –al calor del sol- zumbaban junto a los muros. Estaban alegres las plantas, los pájaros, los insectos y los niños. Pero los hombres –los hombres mayores hechos y derechos- no cesaban de engañarse y atormentarse. Consideraban que lo sagrado e importante no era aquella mañana de primavera ni la belleza del mundo creada por Dios y concedida para dicha de todos los seres vivientes –belleza que disponía a la paz, a la armonía y al amor-, sino lo que ellos mismos habían inventado para dominarse unos a otros.>

Un bello pasaje inicial que sirve como introducción a la apasionada, poética, terrible y, pese a todo, bellísima historia que tiene como principal protagonista al príncipe Nejliúdov. Un joven rico  de la vieja nobleza rusa, bien educado, pero echado a perder por los vicios y el excesivo lujo de la sociedad superficial y privilegiada a la que pertenece. Una figura que, una vez más en la trayectoria como escritor de Tolstói, tiene connotaciones autobiográficas, y que supera en construcción y evolución a Pierre Bezújov (Guerra y paz), y a Konstantín Dmítrievich Lyovin (Anna Karénina). Un personaje fascinante y carismático donde los haya, que es magníficamente acompañado, formando un dueto extraordinario con la protagonista femenina, “la Máslova”. Una heroína a la altura de Madame Butterfly, salvando las distancias. Un ser imperfecto y bello a la vez, pero sobre todo muy humano, capaz de sacrificios colosales. Katiuska Máslova es ya mi favorita por encima de cualquier otro personaje femenino de Tolstoi.

Fuente: Edición Reino de Cordelia
La historia central del libro da comienzo cuando el joven príncipe es llamado a participar en un juicio como miembro del jurado. El caso que se va a juzgar versa sobre un asesinato cometido por una prostituta, quien es acusada de haber envenenado a un cliente para robarle. Cuando Nejliúdov ve entrar a la imputada descubre que se trata de Katiuska Máslova, una joven que conoció en la adolescencia con la que vivió una bella historia de amor, y a quien años más tarde dejaría abandonada tras haberla seducido. Esto ocasionaría la perdición para la joven e inocente Katiuska.

En el mismo instante en que se cruzan sus ojos con los de Katiuska, quien no le reconoce, toda su vida pasa ante él rebelándole lo que su conciencia había acallado durante diez años. Su inmundicia, su inhumano proceder para con un ser inocente, como era Katiuska en aquellos días, invade sus recuerdos haciendo partícipe al lector de todo ello. Su memoria recorre todos los acontecimientos vividos hasta la fecha del juicio y su reencuentro con Katiuska.

La mala conciencia del joven príncipe, quien ve aterrorizado cómo su egoísmo y perversión  condujeron al abismo a la dulce e inocente muchacha que un día amó, de la que poco queda ya, le incitan a rectificar sus actos y emprende una campaña para salvarla, llegando incluso a plantearse el matrimonio. Esta empresa le llevará a modificar su vida a fondo poniendo bajo el microscopio todas las facetas de ella, enmendando los errores cometidos. Pero sus buenos sentimientos y proyectos de cambio encontrarán dificultades insospechadas, terribles e imposibles de vencer. Se tropezará con la ignorancia del campesino, el egoísmo de la sociedad acomodada, la corrupción del gobierno y la administración rusa, la ceguera de la iglesia y la falta de compasión generalizada.

Emprenderá un duro camino de lucha para alcanzar la verdad, el perdón, la salvación: su resurrección. Un éxodo siguiendo al objeto de su penitencia, Katiuska, que le llevará por tierras siberianas conociendo todo tipo de gentes y problemáticas ignoradas deliberadamente por la conciencia colectiva. ¿Conseguirá el príncipe Nejliúdov alcanzar la salvación a través del perdón de Katiuska? ¿Alcanzará la verdad última?  

Cuando el lector se adentra en la sinopsis del libro, aparentemente, la novela podría pasar por una historia más del realismo literario de la época: Madame Bovary, La Regenta, o la propia Anna Karenina, son novelas que cuentan pasiones prohibidas y dramáticas para tratan problemáticas de una sociedad caduca y rancia, que necesita un cambio con urgencia. Y la relación del príncipe  Nejliúdov  con la guapa sirvienta Katiuska, a quien empuja a la prostitución, sería digna de protagonizar una ópera de Puccini, como todas ellas. Pero la Trágica historia de estos personajes va mucho más allá de lo que la historia inicial nos cuenta. Sus logros superan y engrandecen  la literatura de su tiempo, consiguiendo que la novela supere los cánones establecidos hasta el momento y dé un nuevo significado al término de novela y al movimiento realista.

Su narrativa es rica en descripciones y léxico, pero no excesiva, siendo su lectura fluida y de bellísima factura. Las escenas que contiene son de una precisión abrumadora, consiguiendo que el lector imagine al detalle la atmósfera creada en cada episodio, como también el carácter de sus personajes. Algo imprescindible para el fin que Tolstói quería conseguir: crear conciencia en el hombre, adoctrinar. ¿Pero cómo interesar al lector en unos hechos terribles y tristes?

Para ello utiliza una fórmula aparentemente sencilla. Además de contener un argumento sólido con una historia romántica de fondo, que sostiene y  arma la novela, Tolstoi divide el libro en tres partes. Utiliza la fórmula más conocida a la hora de analizar un texto, esa que nos enseñaron en el colegio: introducción, núcleo y conclusión. De esta manera consigue emocionar e impresionar al lector progresivamente hasta llegar al punto final en el que cae rendido a sus pies por la grandeza de su narrativa poética, vehemente y seductora.

Fuente: Edición R. Cordelia

Según esto, Tolstói, se vale de la primera parte para poner en conocimiento del lector toda la historia de los amantes; nos habla de los personajes, de su carácter y sus intenciones. Crea la atmósfera necesaria para mantener la atención del lector. Una tensión psicológica que pocos escritores consiguen con tanta fluidez como él.


En la segunda parte se desarrolla toda la acción principal. En ella el príncipe Nejliúdov se enfrentará a todas las vicisitudes posibles para conseguir su meta, la liberación de Katiuska. Y para ello tomará decisiones vitales, que le llevarán a viajar hasta sus posesiones en el campo, donde conoceremos la problemática de los campesinos, su ignorancia y la complicidad con un sistema social que los oprime. Admirable es el párrafo donde lo cita:

<La gente se muere y está acostumbrada a esta extinción, a su alrededor se han creado unas condiciones propicias para que perezca: la muerte de los niños, el excesivo trabajo de las mujeres, la falta de alimentos para todos, especialmente para los viejos.
Así, poco a poco, la gente llega a esta situación sin darse cuenta de todo su horror y sin quejarse por ello.>

Brillante, horroroso, pero una verdad que se atrevió a decir en alto Lev Tolstoi. El autor introduce este tema en  la trama para denunciar la injusticia que sufren los ignorantes y desheredados de la tierra. Filosofa sobre ello, postula por una solución al tema del derecho a una vida digna y se cuestiona la propiedad sobre las tierras.

En la segunda etapa del viaje el príncipe viajará a San Petersburgo. Allí nos paseará por todo el sistema judicial y gubernamental ruso de la época; conoceremos sus entrañas más putrefactas; nos presentará la hipocresía de políticos y de falsos samaritanos que buscaban nuevas religiones para no enfrentarse a los problemas cercanos. Viviremos la superficialidad de la aristocracia, ajena a los problemas existentes, a quien critica de manera vehemente.

En este núcleo de la novela, Tolstoi plantea toda la problemática de la sociedad, cuestiona absolutamente todos los cimientos en los que está basada: el zar, la iglesia, el ejército, el sistema carcelario, la economía, el campo, la esclavitud abolida en 1861. Todo es analizado desde diferentes aspectos sin llegar a ninguna conclusión definitiva. Algo característico en el pensamiento del escritor, de quien Lenin diría que era “el espejo de la revolución rusa”, y a quien criticaba por las contradicciones en sus ideas. Un ejemplo de ello lo podemos en este pasaje, en el que el príncipe Nejliúdov se está planteando liberar sus tierras y dárselas a los campesinos, y busca para ello la fórmula mágica para conseguir hacer lo correcto:

< Más de una vez, al comparar la situación del dueño de unas tierras con la de los siervos, consideró que arrendar la tierra a los campesinos en vez de que la cultivaran como obreros era lo mismo que si un propietario de siervos les concediese la libertad a cambio de tributos. No era una solución al problema, pero era un paso hacia la solución: era pasar de una manera grosera de violencia a otra menos grosera.>

Una segunda parte del libro maravillosa, apasionante, con pasajes brillantes como en el que compara a una dama de la alta sociedad con una vulgar dama de la noche que pasea por la famosa avenida Nevski, inmortalizada por Gógol en Historias de San Petersburgo. Que le sirve a Tolstói para llegar al cenit emocional de su protagonista, su desprecio por la corrupción moral de la sociedad aristocrática a la que pertenece. El protagonista comprende que debe seguir en su búsqueda de la verdad, la cual no conoce, pero aún así  debe encontrar. La redención a través de la renuncia a lo material, ese es el camino. Pero, ¿cómo?

El cómo le será revelado a Nejliúdov en la tercera y última parte del libro. En ella se nos relata el peregrinaje de presos, políticos y comunes, hacia tierras siberianas. Para ello, utiliza hechos verídicos acontecidos en sus días, como el maltrato a un preso que se desesperaba por no poder coger en brazos a su hija (huérfana de madre), al estar esposado, y que es golpeado con violencia por un militar.

En este éxodo triste e inhumano, el príncipe verá horrores ilimitados, y se preguntará en múltiples ocasiones por su cordura al contemplarlos. Uno de los pasajes más emocionales y elocuentes de la novela se refiere a ello de este modo:

<Pensar que lejos, en alguna parte, unos hombres atormentan a otros, sometiéndoles a toda serie de humillaciones y sufrimientos, es muy distinto a presenciarlo a lo largo de tres meses. Y Nejliúdov lo había experimentado. Más de una vez, en el transcurso de ese tiempo, se preguntaba: “¿Estoy loco porque veo lo que otros no ven o están locos los que hacen lo que veo?”. Pero las personas que ejecutaban lo que tanto le sorprendía y horrorizaba -¡y había tantas!- tenían la plena seguridad de que no solo debía ser así, sino que realizaban una cosa muy importante y positiva. Por tanto, resultaba difícil reconocer a toda esta gente como locos, y tampoco se podía reconocer loco porque se daba cuenta de la claridad de su pensamiento. Y por ese motivo se encontraba continuamente perplejo.>

¿Y quién no se siente continuamente perplejo hoy día, verdad? No temáis, queridos lectores, la perplejidad del príncipe será paliada al llegar a su meta final, él lo conseguirá. Eso sí, deberá acometer una última batalla interior, tormentosa y esclarecedora de la que saldrá victorioso. O mejor dicho, y citando a Tolstói al final del libro, el futuro nos lo enseñará.

Resurrección es una gran novela, una de las mejores novelas que he leído si no la mejor. Su éxito fue tremendo ya en su época, traduciéndose a múltiples idiomas. Pese a ello, Tolstoi fue excomulgado por la iglesia ortodoxa, a quien atacó sin piedad, es cierto. Pero él solo era testigo de lo que veía. Su profunda fe en el amor al prójimo, en la redención a través del perdón, y en la lucha pacífica, hicieron de él un ser excepcional. Un ferviente amante del ser humano , que en sus últimos momentos de vida, y habiendo perdido ya la lucidez, dijo: “Amo la verdad”.

Yo no sé dónde se encuentra la verdad, ni si hay una única verdad, pero he leído a Tolstoi, y de él he aprendido, como también lo hiciera Mahatma Gandhi, a quien se le atribuyen estas palabras:

<"No hay camino para la paz, la paz es el camino".>


Undine von Reinecke ♪


De la edición de Víctor Andresco:


Hablaba al comienzo de la reseña de la perplejidad a la que nos enfrentamos hoy día cuando encontramos un gesto amable en nuestro caminar, debido a la falta de costumbre. Del mismo modo sucede en nuestra vida cuando entre tanta vulgaridad descubrimos algo hermoso, cuidado, pulido hasta el mínimo detalle. En un mundo ruidoso, superficial, y algo obsceno como el que tenemos, encontrar la armonía es algo reconfortante.

Así es esta edición de Resurrección, que Víctor Andresco ha realizado y prologado, para Reino de Cordelia. Un trabajo serio ejecutado con amor y respeto. Algo que un lector debería exigir siempre con pasión y agradecimiento.

<” ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de a agradecérselo a otro que al mismo cielo!”>Miguel de Cervantes


El autor por la editorial:


Fuente: Ed. Reino de Cordelia
Lev Tolstói
(Yásnaia Poliana,, 1828 – Astápovo, 1910) Es uno de los novelistas rusos que más contribuyó a modernizar la literatura universal durante el siglo XIX. Hijo de una aristocrática familia de terratenientes, en 1852 se alistó en el Ejército y participó como oficial en la guerra de Crimea. En 1856 abandona la milicia, regresa a Petersburgo e inicia una serie de viajes por Europa en busca de nuevas experiencias pedagógicasque plasmaría posteriormente en la revista mensual Yásnaia Poliana, nombre de su localidad natal, donde también abrió una escuela para niños. Intelectual comprometido con la sociedad de su tiempo, intentó que sus campesinos se hicieran con la propiedad de las tierras que trabajaban, aspiración frustrada que reflejaría en su última gran novela, Resurrección (1899). Entre sus obras destacan las monumentales Guerra y paz (1865-1869) y Ana Karenina (1876-1877). Maestro de la novela corta, es autor de títulos excepcionales como Felicidad conyugal (1859), La muerte de Iván Ilich (1886) o El padre Sergio, publicada póstumamente.



Fuentes Consultadas:


http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/tolstoys.pdf
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lavozdelaescuela/2016/12/14/feliz-segun-leon-tolstoi/0003_201612SE14P4991.htm