RESEÑA: LA VEJEZ DE HELIOGÁBALO, ANTONIO DE HOYOS Y VINENT

Fuente: Undine von reinecke

Ficha Técnica

Editorial: Amarillo Editora

Prólogo: Eduardo Pérez-Rasilla

Fecha de edición: mayo 2026

Nº páginas: 324 p.

Encuadernación: rústica con solapas

Medidas: 14×21 cm

ISBN: 978-84-128897-8-9

Precio: 20,50 €


Sinopsis de la Editorial

Claudio, conde de Medina la Vieja, vive ahora sus años más difíciles. Ha gastado sus días inmerso en el lujo y la vida fácil. Amores burgueses, viajes por Europa, ambientes refinados; una existencia puramente contemplativa en búsqueda constante del placer. Pero nada dura eternamente. Ahora, su juventud marchita y la hacienda mermada tras una vida de despilfarro han hecho de él una vaga imagen de lo que fue. Los que le conocen bien le apodan, justamente, Heliogábalo, como aquel joven emperador de vida disoluta. Claudio recuerda su pasado glorioso mientras se enfrenta a la inevitable realidad, alternando su tiempo entre las aburridas reuniones de la clase alta y el sórdido libertinaje de los bajos fondos, y sobrellevando la fealdad de los días acunado por el éter y otros sucedáneos de la felicidad perdida.(...)


Propuesta musical para este libro


*Crédito del vídeo: Canal de YouTube Allarmunumralla

La obra que el lector está escuchando es Seis Epígrafes Antiguos, una pieza escrita para piano a cuatro manos, que fue compuesta en 1914 por el compositor francés Claude Debussy. Realmente, la obra tiene su origen en la música incidental que Debussy pensó en 1900 para acompañar Le Chansons de Bilitis (La canción de Bilitis), un conjunto de poemas eróticos lésbicos escritos por el poeta Pierre Louÿs (1870-1925), que era amigo del compositor. La primigenia versión, que no se publicó en aquel momento, estaba pensada para dos flautas, dos arpas y celesta. Sin embargo, cuando la economía de Debussy andaba en horas bajas, el compositor decidió revisar la obra, adaptándola para piano a cuatro manos y recogiéndola en seis movimientos: Pour invoquer Pan, dieu du vent d'été (Para invocar a Pan, dios del viento de verano), Pour un tombeau sans nom (Por una tumba sin nombre), Pour que la nuit soit propice (Para que la noche sea propicia), Pour la danseuse aux crotales (Para la bailarina con crótalos), Pour l'égyptienne (Para la mujer egipcia) y Pour remercier la pluie au matin (Para agradecer la lluvia de la mañana).

He elegido Seis Epígrafes Antiguos de Claude Debussy para acompañar la reseña de hoy porque, como nos asegura Ester Vallejo en su edición de La vejez de Heliogábalo, Antonio de Hoyos y Vinent introduce la figura del autor de Le Chansons de Bilitis en una escena de la novela. Por otro lado, esta pieza musical es afín al intelecto del novelista español.


Lo que Undine opina del libro


< El hoy es discípulo del ayer.> Publio Siro (Siglo I AC-?)


Decía el escritor, poeta y dramaturgo británico de origen irlandés Oscar Wilde (1854-1900) que estaba convencido de que en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de cada uno de nosotros, donde deberíamos intentar vivir. Sea esta sentencia acertada o no, lo seguro es que este singular literato lo intentó. La trayectoria de su vida estuvo tan llena de lujo y provocación que a ninguno de sus contemporáneos pudo extrañar su vertiginosa caída. Las estrictas leyes de la sociedad victoriana no podían tolerar sus extravagancias y los continuos desafíos públicos a los que se atrevía. Esteta impenitente, ingenioso hasta la saciedad, su leyenda se forjó bajo la influencia de otro novelista contemporáneo con el que compartió afinidades literarias, de pensamiento y espirituales. Me refiero al escritor francés Joris-Karl Huysmans (1848-1907), quien ha pasado a la memoria del tiempo como autor de A contrapelo ( À rebours, 1884), novela que es considerada en el universo literario el canon del Decadentismo. Esta fascinante obra y su protagonista, el aristócrata Jean des Esseintes, no sólo ejercieron un influjo directo sobre El retrato de Dorian Gray, la obra más célebre de Wilde, sino que marcó las directrices estéticas que seguirán también un nutrido grupo de escritores a nivel internacional. En él encontramos nombres como el del italiano Gabriele D’Annunzio (1863-1938), el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916) o el novelista español Emilio Carrere (1881–1947), entre otros muchos autores que se vieron seducidos por la mirada rompedora de Huysmans.

Fuente: Amarillo Editora

Otro de los interesantes escritores españoles que siguieron su estela fue el madrileño Antonio de Hoyos y Vinent. Muestra de ello es su novela La vejez de Heliogábalo, obra que ha sido recuperada por el sello Amarillo Editora, que la puso en las librerías españolas en mayo de 2026 con el revelador prólogo de Eduardo Pérez-Rasilla, Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filología Románica, y con la interesante introducción al texto de la editora Ester Vallejo.

La vejez de de Heliogábalo comienza así:


< Cuando Pilar Rosellón-Rodríguez, embutida ya en el traje de piqué crema, en la cabeza enorme promontorio de rosas, pisó la terraza del Palais, creyó desvanecerse. ¡Aquellos preparativos! Indudablemente habíasele escapado, o por torpeza de ella o por mala intención de uno de los muchos envidiosos de su pseudoelegancia, alguna combinación, algún plan fantástico del elenco.

Febrilmente, pasó revista en su imaginación a lo que pudiese significar aquello. ¿Sería que Popó Romero, el divertidísimo Popó Romero, gran amigo de las testas coronadas (esto de las testas coronadas no había que tomarlo en el mal sentido), traería a almorzar a algún príncipe o gran duque de los que van a Biarritz a descansar de sus altas tareas, ora tirando de la oreja a Jorge, ora en brazos de una de esas damas que hacen profesión del amor? ¿Sería que Lina Monreal y la Barbanzón habrían embarcado a los de su pandilla a venir a los toros? ¿Sería…?

Lo indudable era que había una reunión de gente chic (los preparativos lo pregonaban) y que no contaban con ella, mártir del buen tono, que vivía perpetuamente crucificada en la tarea de perseguir a las elegantes con una constancia (pesadez, decían ellas) digna de mejor causa.>

Para sacar de dudas a mis lectores, y sin caer en un spoiler argumental, lo que Pilar Rosellón-Rodríguez está contemplando es la preparación de un banquete que Claudio Hernández de las Torres, conde de Medina la Vieja, más conocido entre sus conocidos como Heliogábalo, va a celebrar en la exclusiva y elegante terraza del Palais de San Sebastián. Estamos en la Bella Easo finisecular, y lo más granado de la sociedad española y parte de la internacional visitan la ciudad para tomar las aguas y descansar. Por ese motivo, una cohorte formada por nuevos ricos y advenedizos amantes del lujo se dan cita en la ciudad con la intención de medrar tratando de integrarse en los círculos de alguna figura prominente de la alta sociedad.

Playa de San Sebastian cambio de siglo (Fuente: Wikipedia)

Víctima de estos advenedizos es Heliogábalo, quien se ganó su mote en sus años de juventud debido a su vida disoluta y de despilfarro, algo que le causó más de un contratiempo y le llevó a huir del país para evitar las críticas de la sociedad. Ahora, cuando se acerca a la vejez, el hastío, el desencanto y la ruina económica amenazan su lujoso estilo de vida. Convertido en la sombra del dandi exquisito que un día fue, el conde de Medina la Vieja regresa a Madrid tras la temporada estival. Allí se debatirá entre salvar lo que queda de su antigua fortuna y recuperar su vida entre los miembros de la alta sociedad, o gastar lo que queda de todo ello en los bajos fondos de la capital.

La vejez de Heliogábalo es una grotesca, transgresora pero fascinante novela decadente, que fue publicada originalmente en 1912 por la editorial Renacimiento de Madrid. La obra tuvo gran repercusión en los círculos literarios de la época desde el mismo momento de su aparición, consolidando a Antonio de Hoyos y Vinent como una de las figuras españolas más importantes del decadentismo de nuestras letras, junto con su colega y amigo Emilio Carrere, con el que compartía afinidades conceptuales y de vida. De hecho, ambos escritores sentían querencia por la estética de la bohemia madrileña, el gusto por lo macabro y el erotismo, asumiendo una actitud de constante ruptura frente a lo establecido.

La novela, que —como nos apunta Ester Vallejo en la introducción del libro— ha llegado hasta nosotros como un retrato canalla de la época, fue motivo de escándalo entre los círculos más conservadores de la sociedad debido a su tono irreverente, su erotismo explícito y la mención al empleo del éter y otros sucedáneos para “viajar”. La crítica especializada, en cambio, no cejó en sus elogios, valorando el carácter de modernidad y refinamiento que la obra aportaba a la literatura española, acercándose a las estéticas innovadoras internacionales.

Emilio Carrere en una tertulia, José Izquierdo y Duran para La tristeza de la
Bohemia (1915) (Fuente: Wikipedia)

Gran parte de la repercusión mediática que tuvo en su día La vejez de Heliogábalo se debió a los paralelismos evidentes entre la figura de Antonio de Hoyos y Vinent y Claudio Hernández de las Torres (Heliogábalo), el protagonista de la novela. Ambos comparten su origen aristocrático, su ferviente escepticismo y una inclinación transgresora que los lleva a padecer el declive económico tras una vida de disipación. De esta manera, el personaje de Heliogábalo podría considerarse el alter ego del escritor, lo que añade un innegable componente de morbo para el lector.

En este punto, aconsejo a quienes tengan interés que lean el ensayo escrito por Eduardo Pérez-Rasilla para la edición de Amarillo Editora de la novela, donde reconstruye el fascinante espectro biográfico de Antonio de Hoyos y Vinent y hace un acercamiento al conjunto de su obra.

Qué duda cabe de que el interés principal de la novela gira en torno a su protagonista, el conde de Medina la Vieja. Este hombre está inmerso en un hastío existencial —padece un aburrimiento crónico e incurable— tras haber rendido culto durante toda su vida a la artificialidad y la belleza enferma. Vive el esteticismo al límite y, sin embargo, sintiendo una atracción incontrolable por los lugares sórdidos. De esta manera, se sublima tanto al contemplar la imagen descarnada de una obra de arte como al dejarse arrastrar por los cuestionables atractivos de un tugurio de mala muerte. Siempre a la búsqueda de nuevas sensaciones, este antihéroe no busca la redención, sino que vive fascinado al vislumbrar su degeneración. El lector sigue su trayectoria con el mismo magnetismo que despierta la contemplación de un raro espécimen en su lucha por la supervivencia. Junto al protagonista, y como si de la Divina Comedia de Dante se tratara (obra que el autor menciona reiteradamente), nos sumergimos una y otra vez en el abismo de su propio infierno, viéndolo escalar las pendientes del purgatorio en una paradójica e ingenua lucha por encontrar una posible salvación. 

Edición de 1928. (Fuente: Wikipedia)

No menos interesantes son las figuras que acompañan a este trasunto de Heliogábalo en su divagación. De un lado está la esfera social en la que nació, ese mundo aristocrático al que pertenece por derecho y al que sus primas Semíramis y Cleopatra quieren llevarlo de vuelta. Estas mujeres chapadas a la antigua, solteronas y un tanto ridículas, cumplen la función de mostrar la decadencia moral. De otro lado están Gregorio Alsina y Miss Ofelia, amigo y amante del protagonista, respectivamente, que son el máximo exponente de la bohemia en la que este gasta su vida. Estos personajes y el resto de figuras que aparecen en la narración están cargados de un sublime simbolismo del que emana intelectualidad. Valga como ejemplo el empleo de los nombres de las primas, que evocan irónicamente a grandes e implacables reinas de la antigüedad para contrastarlas con la ridiculez de su realidad presente; o el de Miss Ofelia, sátira de la shakespeariana original, una actriz ambigua y macabra cuya influencia sobre Heliogábalo será determinante para su destino final.

Otro de los aspectos destacables de La vejez de Heliogábalo y, en general, de la narrativa de Antonio de Hoyos y Vinent es su ambientación. Las atmósferas que construye, así como las descripciones que realiza para crear imágenes se salen de lo convencional. Lejos de actuar como meros decorados de fondo, se erigen como elementos simbólicos y psicológicos fundamentales. Estos son la base estética del decadentismo del autor, quien se ayuda de lo que se ha dado en llamar en el mundo literario “intensificación hiperestésica”: una técnica que logra que los sentidos lo perciban todo de forma agudizada.

En este sentido, es una maravilla leer los pasajes descriptivos que el novelista dedica a los aristocráticos palacios madrileños —muchos hoy desaparecidos o convertidos en entidades bancarias—, donde detalla con sublime espíritu decorativo cada pormenor. También es magnífico sumergirse en los capítulos donde habla del Madrid castizo finisecular, con sus tablaos flamencos de tercera y cafés de mala muerte del barrio de los Austrias, donde la bohemia de aquellos días se reunía hasta claudicar. 

Y hasta aquí llegan mis impresiones sobre La vejez de Heliogábalo, aunque es una novela sobre la que se podría elucubrar hasta la saciedad. Después de haber leído a los célebres novelistas decadentes, este ha sido mi primer y afortunado acercamiento a la narrativa de Antonio de Hoyos y Vinent. Por ello, animo a los admiradores de Wilde, D’Annunzio, Carrere e incluso Baudelaire a que naveguen por las páginas de esta novela, una obra que fascinó a grandes nombres de su tiempo, que ha llegado pletórica hasta nuestros días y que lleva el sello castizo de su autor.


<Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.> Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC)


Undine von Reinecke ♪


El autor por la Editorial

Fuente: Amarillo Editora
Antonio de Hoyos y Vinent

(Madrid, 1885 - ibid., 1940) escritor y periodista, fue uno de los principales representantes del decadentismo en España. Perteneció a una importante familia aristocrática y recibió una esmerada educación en diversos centros de Viena, Oxford y Madrid.

Frecuentó la amistad y la tertulia de Emilia Pardo Bazán, quien lo introdujo en el mundillo literario. Ejerció la crítica literaria y publicó numerosas novelas en colecciones como La novela semanal y Los contemporáneos. Su literatura gozó de gran popularidad y llegó a ser un personaje habitual de los cafés de la época, acompañado siempre de púgiles, toreros y gentes variopintas que habitaban la noche madrileña.

Dandi, homosexual declarado y esteta, disidente de la clase social a la que pertenecía y a la cual combatió en sus escritos, acabó militando en la FAI y por esta razón, además de por sus escritos políticos, fue encarcelado al terminar la Guerra Civil. Murió en la madrileña cárcel de Porlier, enfermo y olvidado por todos, incluida su propia familia.

Tradujo algunas obras de autores clásicos franceses y publicó alrededor de 140 títulos, entre relatos cortos, novelas y textos de tinte filosófico-político. Algunas obras destacadas de su producción son Cuestión de ambiente (1903, prologado por Emilia Pardo Bazán), A flor de piel (1907), Bohemia triste (1909), La vejez de Heliogábalo (1912), El monstruo (1915), El crimen del fauno (1916), El hombre que vendió su cuerpo al diablo (1917, prólogo de Miguel de Unamuno), El martirio de san Esteban (1917, prólogo de Jacinto Benavente), y Los toreros de invierno (1914, prólogo de Vicente Blasco Ibáñez). Su vasta producción abunda en el erotismo, la libertad individual y los personajes decadentes.


El prologista por la Editorial

Eduardo Pérez-Rasilla es Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filología Románica. Ha sido profesor en la RESAD y es Profesor Titular de Literatura y Teatro en la Universidad Carlos III de Madrid. Pertenece al consejo de redacción de las revistas Acotaciones y Estreno, y ha colaborado en diversos proyectos de investigación. Es autor de varias publicaciones sobre teatro contemporáneo. En 2006 obtuvo el Premio Leandro Fernández de Moratín de investigación teatral de la ADE. Ha dictado conferencias en numerosas entidades culturales dentro y fuera de España.


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