RESEÑA: LA TORTUGA Y LA LIEBRE, ELIZABETH JENKINS

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica

Editorial: Alba

Colección Rara Avis

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

Número de colección: 73

Encuadernación: Rústica con solapas

Formato: 12,5x20

Páginas: 352

ISBN: 9788411782173

P.V.P.: 22.50 €


Sinopsis de la Editorial

Imogen Gresham tiene treinta y siete años y es una mujer guapa, diligente, sensible a la naturaleza y consagrada a velar por el bienestar de su exigente marido. Este, un abogado muy prestigioso, le lleva quince años, está acostumbrado a ser admirado, detesta todo lo que no sea útil y solo espera de su mujer un buen orden doméstico. Viven en una gran casa en un pueblo de Berkshire y tienen un hijo de once años, que llama a su madre «tonta de remate» y añade: «No hace nada, solo sufre». Este sufrimiento tiene cada día más que ver con la presencia creciente en la vida de su marido de una vecina, Blanche Silcox, una mujer soltera de cincuenta años, rica, pilar de la comunidad, a la que le gusta cazar y montar y que se expresa con modales bruscos y toscos en un tono insólitamente autoritario. Imogen ve con horror y desesperación cómo Blanche ofrece descaradamente a su marido todo lo que ella parece que no es capaz de ofrecer. (...)


Propuesta musical para este libro

*Crédito del vídeo: Canal de YouTube The78Prof

El tema que el lector está escuchando es Secret Love, cuya música fue compuesta en 1953 por Sammy Fain, encargándose de la letra Paul Francis Webster. La canción pertenece a la banda sonora de la película Calamity Jane. La pieza fue interpretada en el film por su protagonista, la célebre actriz y cantante Doris Day, quien consiguió un gran éxito con la misma. Secret Love se convirtió en un superventas, no sólo en los Estados Unidos sino también en Gran Bretaña, donde se mantuvo en el número uno durante nueve semanas. El tema ha sido versionado posteriormente por muchos artistas, entre ellos Slim Whitman y Freddy Fender. Sin embargo, fue la grabación de Doris Day la que se incluyó en 1999 en el Salón de la Fama de los Grammy. Como nota curiosa, comentar que la melodía de Secret Love recuerda ligeramente a los primeros pasajes de la Sonata para piano en La Mayor, D664 del compositor austríaco Franz Schubert.

He elegido Secret Love en versión de Doris Day para acompañar la reseña de hoy porque la canción fue el éxito más notable de las listas inglesas en 1954, que fue el mismo año en que se publicó en el Reino Unido La tortuga y la liebre de Elizabeth Jenkins, que, a su vez fue un éxito editorial en el país. 


Lo que Undine opina del libro


<Antes del matrimonio se considera el amor teóricamente; en el matrimonio se pasa a la práctica. Ahora bien, todos saben que las teorías no siempre concuerdan con la práctica.> Henrik Johan Ibsen (1828-1906)


Decía William Shakespeare(1564-1616) que es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras. Sabio pensamiento del gran dramaturgo y poeta inglés que, a lo largo del tiempo, ha enraizado firmemente en la sociedad inglesa. De hecho, en determinados círculos británicos, desde la cuna, el mutismo se luce como una insignia de clase frente a cualquier humillación. El orgullo, la moral o el honor quedan relegados a una posición menor en beneficio de la imagen pública.

Fuente: Alba Editorial
De éste y otros asuntos interesantes nos habla Elizabeth Jenkins (1905-2010) en La tortuga y la liebre, una novela que ha publicado recientemente la editorial Alba en su estupenda colección Rara Avis con la traducción de Catalina Martínez Muñoz.

La tortuga y la liebre comienza así:

<El sol de finales de septiembre bañaba las calles formales y pálidas entre Portland Place y Manchester Square. Aunque el cielo tenía un tono azul ardiente, el aire sosegado era fresco. La cápsula dorada de una castaña se deslizó desde algún árbol invisible y se estrelló contra la acera. En el pequeño local del anticuario, un fuerte rayo de sol, velado por un remolino de polvo dorado, atravesaba las piezas de esmalte rojo y de carey, de oro molido y de taracea. Imogen Gresham sostenía una taza en las manos desnudas; era de color azul cielo puro, decorada con un relieve de espigas de trigo, y de la variedad que en las zonas rurales se conoce como “cosechera”. Sus ojos absorbían el color del trigo y sus dedos la forma. Su marido, en cambio, veía que la taza estaba resquebrajada en la base y que, por dentro y en sinuoso ascenso, de las resquebrajadura partían varias grietas, como ríos dibujados en un mapa.>


La tortuga y la liebre nos lleva a la Inglaterra de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Allí conocemos a Imogen Gresham, una mujer de treinta y siete años, guapa, elegante y culta, que está casada con Evelyn, un hombre quince años mayor que ella, que, además de tener una imagen impecable, es un abogado exitoso que tiene su despacho en Londres. La pareja vive en un cottage en la campiña de Berkshire, y allí se dedican a educar a Gavin, su hijo de once años, y a cuidar de su bonita propiedad. 

La vida de Imogen transcurre de manera sencilla, adaptándose a los ritmos laborales y las necesidades personales del cabeza de familia, y atendiendo los caprichos de su hijo; Imogen no quiere que nada perturbe la tranquilidad de su marido. Hasta que un día, la armonía en el hogar de los Gresham comienza a peligrar, porque Imogen comienza a sospechar que su marido mantiene un romance con Blanche Silcox, la vecina de la finca colindante. Sin embargo, pese a que la dama en cuestión es inmensamente rica y representa un pilar para la sociedad, Blanche tiene ya cincuenta años, es poco agraciada y su imagen es tan grotesca, que nadie podría creer en ese affaire

Así las cosas, cuando los temores de Imogen comienzan a materializarse de manera evidente ante sus ojos, sin que ella se atreva a hacer nada al respecto, ni encuentre ayuda en su entorno social, entra en una espiral de pánico que no puede controlar. 

1ª Edición inglesa,Victor Gollancz Ltd.
Fuente: AbeBooks.co.uk

La tortuga y la liebre es una absorbente, fascinante y perturbadora novela, un thriller psicológico inteligente y sensacional, que, además, pone bajo el microscopio el vínculo matrimonial. La novela fue publicada originalmente en 1954 por la editorial londinense Victor Gollancz Ltd., que la puso en las librerías con el título de The Tortoise and the hare. ¿Posible alegoría a la fábula de Esopo? A lo largo de la reseña lo vamos a valorar. 

Esta novela de Elizabeth Jenkins, que vió la luz veinte años después de Harriet, el asombroso true crime que narra el asesinato de Harriet Staunton (1841-1877) que le valió el Premio Prix Femina a la autora, obtuvo inmediatamente muy buenas valoraciones. De hecho, la crítica especializada ha considerado La tortuga y la liebre su obra más importante. Así lo aseguraba el Poeta laureado Sir John Betjeman (1906-1984), y así opina también Hilary Mantel (1952-2022), quien, en una interesante reseña publicada en The Sunday Times, sostenía que Jenkins conocía y manejaba certeramente el mundo emocional de la mujer y el funcionamiento de los ritmos femeninos. 

De hecho, en mi opinión, el lector puede comenzar a comprobar las afirmaciones de Mantel en los primeros pasajes de la novela. En ellos, Jenkins traza certera y clarísimamente las personalidades y las conductas de su protagonista femenina y de su pareja, como aperitivo de lo que se va a encontrar: el retrato de un matrimonio en conflicto de clase media alta, soberbio y espectacular. Las palabras que se dicen, los silencios que aplastan, las conductas temerosas, las atenciones esmeradas, las miradas que se apartan… 

Premio Prix Femina para Elizabeth Jenkins (Ed. Alba)
Fuente: Undine von Reinecke

La tortuga y la liebre, de principio a fin, sigue los pensamientos y las experiencias de Imogen Gresham, la protagonista. A través de su mirada, conocemos su situación personal, su compleja vida familiar, su círculo de amigos, los problemas que amenazan su hogar y, como guinda atmosférica, contemplamos las dinámicas sociales de los Gresham. A este respecto, Jenkins compone un cuadro de costumbres semejante al que hiciera en su propia narrativa Jane Austen (1775-1817), la primera novelista en analizar sociológicamente a la landed gentry británica, sólo que trayendo sus problemáticas a la década de 1950. No es de extrañar, si tenemos presente que Elizabeth Jenkins fue una gran admiradora de la aclamada novelista del periodo de Regencia. Es más, escribió una de las primeras biografías sobre ella, formó parte de la Jane Austen Society como socio fundador (1940) y ayudó a recuperar Chawton Cottage, el último hogar donde residió la escritora decimonónica, convertido hoy en día en su casa-museo. 

Sea como sea, la novela adopta un tono muy distinto a las firmadas por Austen. De hecho, la sonrisa no aparece en ningún momento, aunque sí la empatía hacia la protagonista, a la que el lector acompaña comprensivamente durante gran parte del relato... Su inquietud al sospechar la infidelidad de su marido, la perplejidad que la invade al conocer quién es la mujer que intenta usurpar su lugar, el dolor de saberse poco valorada por su hijo, la incapacidad de sacar a relucir el tema, el bloqueo emocional… Todos estos asuntos y algunos más, son puestos sobre la mesa por Jenkins con mano firme, elegancia y, por encima de todo, sagacidad. ¿Es Imogen una víctima de su posición en la sociedad?

La cuestión no sólo radica en si lo es o no lo es. Esta novela, en mi opinión, va más allá de la posible crítica feminista sugerida en su principio argumental dedicado a un presunto adulterio. La obra se distancia de los planteamientos de otras plumas de su tiempo, tales como Elizabeth Taylor o Barbara Pym, interesadas especialmente en dibujar las problemáticas de la mujer. De hecho, salvando las distancias, la cruzada emocional que sostiene la heroína de La tortuga y la liebre podría equipararse a la que imaginó Daphne du Maurier para la protagonista de Rebecca, aquella mujer que vivía atormentada por el fantasma de la primera esposa de su marido. 

Berkshire, Inglaterra, escenario de la novela 
Fuente: Undine von Reinecke. 2014

De esta manera, el tormento de Imogen Gresham no es competir con el espectro de una mujer admirada tiempo atrás por su esposo, sino intentar contener sus sentimientos frente a la intromisión constante en su hogar de una cincuentona solterona, desgarbada y vestida con sombreros raros y trajes de tweed, que goza del consentimiento y la amistad de su propio marido. Mis lectores quizá puedan asociar esta situación con una historia sucedida, hace ya más de dos décadas, en el seno de una familia real. Perturbador, ¿verdad?

La acción se desarrolla a caballo de la población de Berkshire donde residen los tres protagonistas y la ciudad de Londres, y narra el ir y venir de los tres implicados en este oscuro asunto conyugal. Por otro lado, la trama, que va de menos a más, desarrolla las sospechas de infidelidad que han nacido en Imogen a través de los acontecimientos que contemplamos y de la relación que mantienen entre ellos los tres implicados en el asunto. Son tan insólitos los sucesos que se narran, que el lector no puede creer que nada de ello sea verdad. 

En este punto, vale la pena mencionar que Imogen no comparte con su marido ninguna actividad, tan sólo les une un cierto cariño conyugal. En cambio, la usurpadora tiene mucho en común con él: caza, pesca y monta a caballo, todos esos hobbies propios de la vida rural inglesa en los que Evely encuentra placer. Y en ello se escuda el caballero para justificar lo que está sucediendo. Llamadas telefónicas a cualquier hora, visitas de Evelyn a la finca de la otra mujer, viajes a Londres con la interfecta como chofer, clases de equitación apadrinadas por esta señora para su hijo…Todos estos asuntos hacen que la protagonista entre en un estado paranoide que no puede controlar. La situaciones aparentemente improbables construidas por Jenkins adquieren tal tensión, y las escenas que imagina transgreden de tal manera los límites de lo políticamente correcto, que la obra muta ante nuestros ojos en un vibrante thriller psicológico. Puedo asegurar a mis lectores que no supe definitivamente por dónde iba a tirar la novela hasta muy avanzada la historia, ni tampoco qué pensar sobre la protagonista. La escritora juega en todo momento con las emociones del lector.

Londres, otro escenario de la novela 
Fuente: Undine von Reinecke, 2009

Otro de los puntos fundamentales de La tortuga y la liebre son sus personajes, tanto los principales como los secundarios, que la autora estudia con astucia y profundidad. Imogen, la protagonista, es una mujer aún joven, elegante, con una sensibilidad intelectual muy especial, y que ha sido educada bajo las reglas matrimoniales correspondientes a su clase social; Evelyn, el esposo, es un hombre de éxito de mediana edad, egocéntrico y poco empático, que entiende la vida de manera egoísta; “ella”, Blanche Silcox, la tercera en discordia, es una mujer madura, poco agraciada, y muy manipuladora, que sabe utilizar una ventaja cuando la ve.

Acompañando a este trío principal aparecen en la novela una galería de figuras singulares. A saber, Gavin,  el hijo de la pareja, un niño malcriado que tortura a su madre despóticamente; Tim, el amigo de éste, es un chaval tan entrañable como perturbadora es su situación (mi favorito sin lugar a dudas). Por otro lado, y en un lugar no menos importante, se sitúan el ama de llaves de los Gresham, sus círculo de amigos, y algunos personajes más, todos caricaturas de la antes mencionada landed gentry. Y esta galería de personajes, contemplan atónitos e impertérritos la inaudita situación. Noblesse oblige…Y es ahí donde reside el quid de la cuestión. Elizabeth Jenkins descifró el código de conducta de la burguesía británica posterior a la Segunda Guerra Mundial. El silencio como norma, la contención como ley y el aguante infinito por dolorosa que sea la situación. El escándalo no entra en la ecuación. 

De este modo, entre tazas de té, picnics campestres, fiestas bohemias y banquetes elegantes, la novela nos lleva al corazón de la vieja Inglaterra, ofreciendo a su vez una visión tan aterradora como creíble de la esfera matrimonial. Los límites de la moral, la salud emocional del individuo, o la repercusiones de sus actos en contacto con la sociedad son puestos ante el lector para que los pueda valorar.

Y hasta aquí me permito contar sobre La tortuga y la liebre, una obra brillantemente planteada, elegantemente narrada, inteligentemente desarrollada, con un personaje infantil que roba el corazón, y con un final tan singular que a muchos les hará reflexionar.

Preguntaba al comienzo de la reseña si el título de la novela podría tener alguna conexión con la fábula de Esopo de La tortuga y la liebre, esa que alude a las virtudes de la constancia, la perseverancia y la humildad como campeones frente al talento innato, la arrogancia o el exceso de confianza. Si esto es así o no, ahora le toca investigarlo al lector.


<Si se siembra la semilla con fe y se cuida con perseverancia, sólo será cuestión de tiempo recoger sus frutos.> Thomas Carlyle (1795-1881)


Undine von Reinecke ♪

 

La autora por la Editorial

Fuente: Editorial Alba
Elizabeth Jenkins

Elizabeth Jenkins nació en 1905 en Hitchin (Hertfordshire); su padre fundó la Cardicott School, cerca de Londres, aún hoy en funcionamiento. Estudió en Cambridge y fue profesora en la King Alfred School de Hamsptead. Se relacionó con el Grupo de Bloomsbury, aunque parece que no se llevaba muy bien con Virginia Woolf. Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un papel muy activo ayudando a refugiados judíos y a víctimas de los bombardeos de Londres. Fue una de las fundadoras de la Jane Austen Society. Escribió biografías de Jane Austen, lady Caroline Lamb, Henry Fielding e Isabel I de Inglaterra, entre otras, y algunas recopilaciones curiosas como Seis mujeres criminales (1949; Rara Avis núm. 67). Su primera novela fue Virginia Water (1929); la segunda, Harriet (Rara Avis núm. 12), recibió en 1934 el premio Femina Vie Heureuse (imponiéndose a Evelyn Waugh y Un puñado de polvo) y fue un gran éxito de ventas. Otras novelas suyas son Robert and Helen (1944), La Tortuga y la liebre (1954), Brightness (1964) y La historia del doctor Gully (1972; Rara Avis núm. 24). Cuando murió en Londres en 2010, a la edad de ciento cuatro años, el obituario de The Telegraph dijo: «El talento especial de Elizabeth Jenkins en sus novelas fue la descripción de la victimización de frágiles personajes que inspiran simpatía, a manos de gente que lo único que tiene de memorable es su crueldad. Como a Agatha Christie, le fascinaban los crímenes en las zonas residenciales».


Comentarios

  1. ¡Hola! La ambientación parece excelente y no es un libro que esté deseando leer, pero tampoco descarto darle una oportunidad en algún momento. Un besote :)

    ResponderEliminar
  2. Hola, Undine.
    «[...] tazas de té, picnics campestres, fiestas bohemias y banquetes elegantes». Si retiramos las fiestas bohemias, sí que recuerda mucho a Jane Austen. me has atrapado con esta historia. Tengo en mi lista Harriet y ahora añado La tortuga y la liebre que puede que pase por delante. Sea como sea, quiero conocer a esta autora de la que no he leído nada, pero que me atrae poderosamente.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  3. Buenos días Undine, Elizabeth Jenkins lleva bastante tiempo en mi lista de pendientes y podría perfectamente empezar por esta novela; la ambientación, la elegancia de la narración y esos dilemas morales a los que haces referencia en tu reseña, la hacen de lo más atractiva. Apuntada me la llevo. Un abrazo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

ENTRADAS POPULARES EN LECTURAS DE UNDINE

RESEÑA: CARTA DE UNA DESCONOCIDA, STEFAN ZWEIG

RESEÑA: "EL CASCANUECES Y EL REY DE LOS RATONES", E. T. A. HOFFMANN

RESEÑA: "El GATOPARDO", GIUSEPPE TOMASI DI LAMPEDUSA

MINI RESEÑA: "POSESIÓN", A. S. BYATT

RESEÑA: "OLALLA", ROBERT LOUIS STEVENSON