RESEÑA: EL PRINCIPIO DE LA INFANCIA Y OTROS RELATOS, H. H. RICHARDSON

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica

Editorial: Renacimiento

Sello: Ediciones Espuela de Plata

Colección: Clásicos y Modernos

Traducción: Manuela Escobar Montero

Prólogo: Amparo Llanos Fayos.

Nº en la colección 58

Edición 1ª Edición ( 12/05/2025)

Medidas: Alto 210 mm x ancho 150 mm

Encuadernación: Rústica

Número de páginas 264

ISBN: 9788419877505

PVP: 18,91 €


Sinopsis de la Editorial

Los cuentos de H. H. Richardson reflejan de manera irónica situaciones en las que la mujer, especialmente, es retratada mostrando la injusticia social, la desigualdad con el hombre y también las estrictas convenciones sociales a las que ha de ajustarse para ser admitida en la clase social dominante. Al mismo tiempo, presentan a mujeres que se enfrentan a la norma y a las convenciones al cuestionar el papel, tanto social como sentimental, que les ha sido asignado. Sus relatos muestran una gran variedad de tipos humanos, definidos con registros diversos y diálogos de gran realismo (...).


Propuesta musical para este libro

Prelude and Fugue in C major BWV 846 (Glenn Gould piano) - J. S. Bach

*Crédito del vídeo: Canal de Youtube 5mClassicalMusic

*Audio and score: IMSLP (Petrucci, free copyright)

La pieza que el lector está escuchando es el Preludio y Fuga en Do Mayor BWV 846, compuesto y recopilado en 1722 por Johann Sebastian Bach como parte del primer libro de El clave bien temperado, aunque existe una versión temprana de alrededor de 1720 incluida en el Klavierbüchlein für Friedemann Bach.

El clave bien temperado es considerado por gran parte de la crítica musical la gran obra monumental del compositor alemán. De hecho, fue bautizada en el siglo XIX como el Antiguo Testamento de la música o de la literatura para teclado. Esta metáfora se debe al director y pianista Hans von Bülow (1830-1894), quien también pondría sobrenombre a las treinta y dos sonatas para piano de Beethoven denominándolas como el Nuevo Testamento.

El clave bien temperado consta de dos libros que suman entre ambos cuarenta y ocho preludios y otras tantas fugas, abarcando las doce tonalidades mayores y las doce menores en cada volumen. Por ello, se evalúa como una obra innovadora, original y de gran interés compositivo a nivel tonal.

He elegido el Preludio y Fuga en Do Mayor BWV 846 de Johann Sebastian Bach para acompañar la reseña de hoy, porque a este músico a menudo se le nombra como el “compositor de Leipzig”. Esto se debe a que Bach vivió durante veintisiete años en esta ciudad, ejerciendo como director musical en la Iglesia de Santo Tomás y terminando allí sus días. Por otro lado, fue allí donde escribió gran parte de sus obras más importantes. En vida sus composiciones no tuvieron demasiado impacto, pero desde que se redescubrieron en el siglo XIX y se les otorgó la importancia que merecían, Leipzig se convirtió en uno de los destinos más visitados por los estudiantes de música que deseaban triunfar. Con ese ánimo viajó en 1889 a esta ciudad la australiana Ethel Florence Lindesay Richardson, más conocida en el ámbito literario como H. H. Richardson, que es la autora de El final de la infancia y otros relatos.


Lo que Undine opina del libro


<Rosa es una rosa es una rosa es una rosa.> Sacred Emily, Gertrude Stein (1874-1946)


Decía el escritor portugués José Saramago (1922-2010) que la identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo; y seguía diciendo que la identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado. Y aunque este axioma contiene una potente verdad, también es cierto que, a lo largo de la historia, han sido muchas las personas que se han visto obligadas a camuflar su identidad. La política, la religión, los prejuicios raciales o de género han coaccionado en determinadas ocasiones su libertad en cualquier ámbito de la sociedad. Evidentemente, como parte importante de la vida cultural, el devenir de la literatura universal no se ha librado de este estigma. Pongamos por ejemplo el caso de la mujer con anhelo profesional de escribir: no ha transcurrido mucho tiempo desde que las autoras se veían abocadas a firmar sus obras de forma anónima o bajo un seudónimo si querían publicar, o peor aún, para no ser lapidadas socialmente. De sobra es conocido el caso de la escritora británica Jane Austen, o el de sus compatriotas, las victorianas hermanas Brontë, o el de la gran Mary Ann Evans (1819-1880), más conocida bajo el pseudónimo de George Eliot. En España contamos con varios ejemplos, aunque el más evidente es el de la escritora y folclorista Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea (1796-1877), que ha pasado a la historia con el nombre de varón de Fernán Caballero.

Otra de las escritoras que prefirió camuflarse tras un seudónimo masculino fue la novelista australiana Ethel Florence Lindesay Richardson (1870-1946), que eligió firmar sus escritos como Henry Handel Richardson. Y a ella va dedicada la reseña de hoy. El título elegido es El final de la infancia y otros relatos, libro publicado por la editorial Renacimiento en su sello Espuela de Plata. La edición cuenta con la estupenda traducción de Manuela Escobar Montero y con el emotivo prólogo de Amparo Llanos.

H. H. Richardson, foto de Howard and Joan Coster (1945)
Fuente: Wikipedia (National Archives of Australia) 

Muchos de mis lectores se preguntarán quién fue H. H. Richardson, ya que su narrativa ha llegado con cuentagotas a los países de lengua hispana. Como primera aproximación, cabe destacar que fue una escritora que dedicó su carrera literaria a retratar la injusticia y la desigualdad a la que se veía sometida la mujer de su tiempo (fue afín al grupo más importante activista británico liderado por las mujeres de la familia Pankhurst), atendiendo, a su vez, al mundo emocional del individuo. Así nos lo cuenta Amparo Llanos en el ensayo que redactó para Espuela de Plata, donde además desgrana con gran sensibilidad la peculiar personalidad de la australiana y su habilidad empática para construir personajes. De hecho, desde mi punto de vista, en sus piezas se descubre un universo de figuras variopinto en el que cada una destaca por su imperfecta humanidad.   

Explicado así, podría argumentarse que muchas otras novelistas de finales del siglo XIX y principios del XX hicieron lo mismo. Valgan como ejemplo algunas de las activistas británicas que han pasado por el blog, entre las que destacan nombres como Clementina Black (1853-1922), Amy Levy (1861-1889) o Beatrice Harraden (1864-1936). Lo que distingue la narrativa de Richardson, en mi opinión, es el enfoque particular de los motivos que subyacen en sus historias. Más allá de la perspectiva directa y realista que utilizan muchas de sus contemporáneas, la australiana se ayuda también de su experiencia personal, de forma similar a como lo hizo la norteamericana Charlotte Perkins Gilman (1860-1935), de quien Richardson era una profunda admiradora. Por otro lado, sus tramas son tremendamente diversas y originales, y algunas sorprenden por su refrescante modernidad. Solo hay que acercarse a El final de la infancia y otros relatos para comprobarlo.

Y digo más: no podría haber un ejemplo mejor porque, al reunir el volumen varias de estas piezas, se aprecia la verdadera evolución de estilo. Los títulos que conforman El final de la infancia y otros relatos son: Las mujeres deben llorar (Los hombres deben trabajar), El final de la infancia, El abrigo, El experimento del profesor, El baño (Un esperpento), Mary Christina, Dos mujeres juntas, Sucedáneo y Hermana Ann. Este recopilatorio selecto fue publicado originalmente en 1934 en Londres, aunque contenía en aquella primera edición quince cuentos.

Edición en ingles audiolibro, Ed. Louise Braille Audio
Fuente: Amazon
Pese a la trascendencia de cada una de las piezas, en las que subyacen ideas que tocan de diversas formas la sensibilidad del lector, todas se leen con agrado y fluidez. Con todo, la selección que nos ofrece la editorial Renacimiento comienza con historias de carácter más decimonónico y va creciendo en modernidad narrativa y conceptual. Valgan como ejemplo Las mujeres deben llorar y Dos mujeres juntas, primera y antepenúltima pieza respectivamente; en ambas se plantean sendos supuestos de la problemática social femenina, pero partiendo de perspectivas muy alejadas desde el punto de vista teórico. Si Las mujeres deben llorar (1931) plantea un argumento habitual en la vida de cualquier jovencita que entraba en sociedad en épocas pasadas, en Dos mujeres juntas (1929) H. H. Richardson se interna sin concesiones en las fisuras de las dinámicas de género de corte contemporáneo. Por ello, actualmente la crítica considera esta pieza como una obra fundacional y vanguardista. 

Por otra parte, la autora demostró un profundo interés por diversas corrientes del campo intelectual (ocultista y espiritista), las cuales integró con destreza en su narrativa. Así lo vemos en El abrigo y en Maria Christina (1911), dos obras experimentales, aunque muy distintas entre ellas; ya que la primera se adentra en el mundo sobrenatural y la segunda se apoya en el realismo psicológico para abordar la psique del individuo en el proceso de la muerte.

Reseñar un libro de relatos no resulta sencillo porque el texto resultante puede parecer monótono y reiterativo para quienes lo lean. Por ese motivo, he seleccionado las tres piezas que más me han cautivado del recopilatorio con el ánimo de despertar en mis lectores su curiosidad y animarles a su lectura.

Edición en ingles, Ed. Penguin, 1983
Fuente: Amazon

Adentrarse en El final de la infancia y otros relatos es sinónimo de caer rendido ante uno de los personajes infantiles con mayor capacidad de conmover. Me refiero a Cuffy Mahony, uno de los protagonistas de la pieza que da título al libro. Nos cuenta Amparo Llanos en el prólogo que el relato titulado El final de la infancia debería haber sido una novela exenta y la continuación de la trilogía The Fortunes of Richard Mahony (1930), pero determinados acontecimientos trágicos en la vida personal de H. H. Richardson lo impidieron. En cualquier caso, estamos ante una historia muy particular que revisa temáticas tan importantes como las limitaciones que tenían las mujeres del cambio de siglo para salir adelante en solitario, la maternidad responsable o, entre otros asuntos, la importancia de la educación emocional en la infancia. 

El principio argumental de El final de la infancia se centra en una mujer viuda con dos hijos pequeños que, para sobrevivir, regenta con mucha dificultad una estafeta de correos. Esta dama recibe una oferta de matrimonio de un hombre al que no ama, debatiéndose entre la disyuntiva de aceptar la propuesta y mejorar las perspectivas económicas de su familia o seguir como hasta el momento y mantener su libertad. Narrada así, la historia suena similar a otras de su género, pero, en un momento dado, la trama da un giro abrupto y se convierte en un cuento muy potente y de planteamiento innovador. De hecho, a través de la figura del pequeño Cuffy, protagonista de la segunda parte del relato, la escritora construye empáticamente el mundo emocional infantil, con sus miedos e ilusiones. Bellísimo al tiempo que desgarrador, es inevitable encontrar determinados paralelismos entre los hermanos Mahony y la trágica infancia de la autora.

Otro de los relatos que me han impresionado es El baño (Un esperpento). Pero, ¿cómo definirlo? Quizá como una pieza impresionista. La obra relata una escena sencilla: el disfrute de una niña durante su baño en la playa, acción que incita a dos damas a imitarla con la subsiguiente perplejidad de la pequeña al contemplarlas en su desnudez.

Escritora estadounidense Kate Chopin, 1894
Fuente: Wikipedia

En un texto de apenas seis páginas, la novelista consiguió concentrar un mundo inmenso de imágenes que cuestionan el constructo social y los prejuicios en torno al cuerpo femenino. Esta propuesta es, en mi opinión, tremendamente innovadora y atrevida para la época. Durante mi lectura evoqué las imágenes de El despertar (1899) de Kate Chopin.

Diametralmente diferente es la obra titulada Sucedáneo y, no obstante, me ha cautivado por su interesante propuesta argumental y conceptual. En esta ocasión, Henry Handel Richardson se adentra en el universo musical, un territorio que conoció de primera mano. La trama sigue a Jerome Mocs, un joven compositor de veintidós años atrapado en un bloqueo creativo que le provoca una crisis existencial. Obsesionado por esta parálisis y la falta de inspiración, vaga por las calles hasta que cree vislumbrar a su musa en el retrato de una cantante, lo que le lleva a emprender un viaje en su búsqueda. Sin embargo, al fracasar en su intento de hallar el ideal estético que le haga revivir profesionalmente, decide conformarse con un “sucedáneo”: una muchacha ordinaria a la que conoce en una taberna y a quien utiliza como una burda suplente para canalizar su energía creativa.

Literariamente bellísima y conceptualmente compleja, esta pieza funciona como una descripción implacable de la neurosis artística y del mito del genio romántico, cuyas crisis creadoras a menudo devastan a su entorno afectivo. Al explorar la obsesión y la frustración, Richardson anticipa debates psicológicos modernos sobre las patologías del temperamento artístico, asociadas históricamente a figuras como Miguel Ángel Buonarroti o Beethoven. De este modo, más allá de los siempre presentes motivos feministas de la narrativa de Richardson, el relato trasciende la ficción para convertirse en un lúcido tratado sobre la imposibilidad de atrapar el ideal y el trágico impacto que causa a todos los niveles la frustración del artista, en quien, en ocasiones, habita un incontrolable ser narcisista. La lectura de este relato evoca inevitablemente la Sociedad Prerrafaelita, Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) y la relación tóxica que mantuvo con su musa y esposa Elizabeth Siddall (1829-1862).

Poemario E. Sidall, Ed. Ya lo dijo Casimiro Parker
Fuente: Undine von Reinecke

Prometí reseñar tan sólo tres relatos y siempre cumplo mis promesas. No obstante, me parece oportuno evocar mi lectura de las dos obras restantes que no he mencionado: El experimento del doctor, un cuento ubicado en la sociedad de provincias alemana en el que habita una historia tan dramática e impactante como interesante es su invitación a la sororidad entre mujeres, y Hermana Ann, una pieza ingeniosa, locuaz y divertida con la que pasé un rato estupendo comprobando la crítica encubierta de la autora con respecto a la hipocresía del sistema patriarcal.

Y hasta aquí llegan mis impresiones de El final de la infancia y otros relatos. Regresar a la prosa de H. H. Richardson es siempre un placer. Su pluma excelente, elegante y evocadora, tan potente como seductores son los personajes que habitan en sus historias —dibujados con verdadera precisión psicológica—, hace de la inmersión en su universo una experiencia única y especial. Enmarcada dentro del realismo psicológico y el naturalismo europeo, su obra fue recibida inicialmente con cierta tibieza por su mirada sombría y su desdén hacia los mitos coloniales y nacionalistas. Sin embargo, la crítica actual la ve desde otra perspectiva, equiparándola con Katherine Mansfield, maestra del relato corto, debido a su atinada finura para dibujar los claroscuros de la fragilidad humana.


<Las personas felices no tienen historia.> Simone de Beauvoir (1908-1986)



Undine von Reinecke ♪



La autora por la Editorial

Fuente: Editorial Renacimiento
Henry Handel Richardson

Henry Handel Richardson (1870-1946) es el pseudónimo de la escritora australiana Ethel Florence Lindesay Richardson. Fue educada en un internado femenino de Melbourne, cuya experiencia reflejaría en su novela El principio de la sabiduría; más tarde, se trasladó con la familia a Leipzig para estudiar música. Abandona la carrera musical para centrarse en la literatura y publica Maurice Guest, su primera novela, en 1908 adoptando el pseudónimo masculino que usaría el resto de su carrera. Más tarde, publicó la trilogía The Fortunes of Richard Mahony, donde relata la vida de su familia en Australia. La recopilación de sus cuentos The End of the Childhood and Other Stories se publicó en Londres en 1943. Pasó el resto de su vida entre Alemania y Gran Bretaña, pero la mayoría de sus relatos cortos, así como sus novelas más importantes, están ambientados en Australia, ya que las aventuras de su familia, su infancia y adolescencia fueron la fuente de casi toda su obra narrativa. En Londres, se unió al movimiento sufragista y perteneció a círculos internacionales para la investigación de la psique y el espiritismo, lo que demuestra el interés por el espiritualismo reflejado en algunas de sus historias. En su obra, denuncia la injusticia que provoca la desigualdad de la mujer en la sociedad de su época.


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