miércoles, 31 de marzo de 2021

RESEÑA: "EL CAMELLO", LORD BERNERS

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: La bestia equilátera

Colección: Narrativa

Encuadernación: Tapa blanda con solapas

Idioma: Español

ISBN: 978-987-24926-0-1

EAN: 9789872492601

Nº PÁGINAS: 120

Fecha de publicación: 01-12-2013


Sinopsis de la Editorial:

La aparición de un camello en la puerta de una vicaría es análoga a la de Lord Berners en el ámbito de las letras, insospechada y parsimoniosamente subversiva. El autor capturó a la perfección aquello que siempre resulta una impresión pasajera: que los animales lo comprenden todo. Lección de sutileza y sobriedad, modelo de economía y estilo, El camello fascinó a Stravinsky, era la novela favorita de Dalí y puede leerse como un guión de Anthony Trollope filmado por Luis Buñuel. Párrocos y percances nimios, suspenso surrealista. Se trata de un certamen de chismes y malentendidos, de criterios morales. El camello se disfruta, en suma, como la fábula que guarda los secretos -los encantos- del mal funcionamiento del mundo.


Propuesta musical para este libro:

Perteneciente a su obra Nourgeoises.
 Interpretados en el Festival de Salzburgo en 1923

 

Lo que Undine piensa del libro:


<La principal marca del genio no es la perfección, sino la originalidad, la apertura de nuevas fronteras.> Arthur Koestler

 

Uno de los diseños que más me llamaron la atención cuando comencé a introducirme en el mundo del interiorismo y la decoración fue el sofá Dalilips, diseñado en 1972 por el genial pintor Salvador Dalí en colaboración con Oscar Tusquets. La historia de este elemento se remonta a 1935 cuando el artista retrató a Mae West.

Retrato de Mae West
El pintor de Figueras representó el rostro de la actriz neoyorkina como si fuera un escenario surrealista, en el que los ojos eran cuadros, la nariz servía como chimenea, el cabello era el telón y la boca ejercía las funciones de sofá. El cuadro llamó tanto la atención de Edward James, multimillonario y escritor unido al mundo surrealista de la cultura, para el que Dalí trabajaba decorando Monkton House, que quiso encargarle a éste el diseño de un sofá a imagen y semejanza del que aparecía en el cuadro. Fue así como en 1936 se fabricó por vez primera el famoso mueble, construido en madera y tapizado en satén rosa, del que se reprodujeron cinco unidades; uno de ellos, el mejor conservado, puede contemplarse en el Victoria & Albert de Londres desde que el museo lo adquirió en 2018. Pero la versión moderna de 1972, que es la que yo conocí en mis tiempos de estudiante, tiene una imagen mucho más voluptuosa y contemporánea, gracias a los
Sofá Dalilips original
materiales empleados y a las nuevas tecnologías que consiguieron captar mejor la sensualidad de los labios de Mae West. El pintor catalán sabía las posibilidades comerciales que su creación tenía y quiso ponerla a disposición del público.  No se equivocó, porque hoy por hoy cualquiera puede sentarse en los cinematográficos labios a un módico precio, ya que sigue fabricándose. Los genios siempre saben dónde reside el éxito, así como también se reconocen entre ellos, como sucede con Los Inmortales de Russell Mulcahy.

Uno de estos “inmortales” con los que Dalí confraternizó y con el que tenía mucho en común, especialmente su personalidad excéntrica y polifacética, era Lord Berners, autor de El camello, el relato que Mrs. Hurst y yo hemos elegido para la tercera entrega de las Reseñas Cruzadas, que está dedicada a la sección Entre caballeros anda el juego, y que ha llegado a nuestras manos curioseando entre las rarezas editoriales que se encuentran por internet. De esta obra llegó a decir Dalí que era su novela favorita.

La historia comienza así:

<Una fuerte nevada había caído durante la noche en toda la campiña, sobre campos y setos y sobre el tejado y las chimeneas de la pequeña vicaría de Slumbermere.

Era temprano en la mañana y una tenue luz asomaba por el este en el horizonte.

La vicaría parecía una casa de muñecas gótica y, si el tejado hubiera podido levantarse, se habría visto al pastor Aloysius Hussey y a su esposa Antonia durmiendo cómodos y arropados en sus camitas gemelas.>


El camello nos traslada a uno de esas típicas poblaciones de la campiña inglesa, a la vicaría de Slumbermere. Allí vive el pastor Aloysius Hussey junto a su esposa Antonia y sus dos criadas, Bessi y Annie. Una mañana temprano un fuerte golpe en la entrada principal despierta con gran alarma a los habitantes de la casa. Susto sólo superado por la sorpresa que les causa no encontrar a nadie al otro lado de la puerta, únicamente hallan un camello. La primera intención del vicario es comprobar la procedencia del animal perdido para devolvérselo a los dueños o, en caso contrario, ponerse en contacto con el zoo de Londres para que se ocupe de él. Pero, tras no conseguir averiguar su procedencia, la esposa del pastor logra convencerlo para quedarse con él, ya que el vínculo de afecto que han establecido entre humana y camello es muy estrecho. El animal parece haber suplido en Antonia Hussey el afecto anhelado por la ausencia de hijos en el matrimonio, transportándola además hasta sus años de juventud en las misiones, cuando acompañaba a sus padres a tierras de oriente, donde alimentó escandalosos sueños románticos.

Así las cosas, el camello comienza a formar parte de la vida cotidiana en las labores de Antonia como esposa del vicario, despertando una gran curiosidad entre los habitantes del pueblo. Las primeras hazañas del animal, que han causado algún que otro contratiempo en el lugar, consiguen que la población se divida a favor o en contra de éste, con los consiguientes inconvenientes para la vicaría. Pero el apoyo que les muestra lady Bugle, el personaje principal de la zona, calma los ánimos. No obstante, el pastor Hussey no consigue alcanzar tranquilidad, porque por las mismas fechas comienzan a suceder eventos extraños que implican a la vicaría. Son bromas pesadas y pequeños delitos que obligan al vicario a contactar con la policía para que investigue. Además, el cambio de actitud en la conducta de su esposa Antonia, y las diferencias de criterio con respecto a sus amistades despiertan en él el demonio de los celos. ¿Conseguirá la policía atrapar al bromista que está terminando con la paz de la vicaría? ¿Será cierto que Antonia está teniendo un romance? Y, por encima de todo, ¿de dónde ha salido ese camello que parece saber llamar a la puerta de un domicilio?

El camello es una de la primeras obras que escribió Lord Berners, y fue publicada en el año 1936. Concebida como una sátira de la novela costumbrista británica, está plagada de los típicos elementos que encontramos en ella, la ubicación en una comunidad de la campiña inglesa y los característicos personajes que el aficionado a este género conoce a la perfección: el pastor británico, su esposa, el personal de servicio, la lady que apadrina la población, la viejecita humilde y entrometida… Figuras que el autor representa con gran humor, exagerando sus personalidades y conductas en beneficio de la sátira, y para gran diversión del lector.


<El pastor siempre se enorgullecía de su regularidad. “Mens sana in corpore sano” era el lema que solía acudir a sus labios. A veces, cuando se hallaba en compañía de algún antiguo conocido del colegio o algún eclesiástico amigo, se permitía reformularla: “Ve de cuerpo y despejarás la mente”. Creía que un toque de humor rabelesiano no sentaba mal a un clérigo rural inglés que se preciaba de “tolerante”.>


¿No es verdad que el pasaje anterior nos recuerda el sentido del humor que Mr. Collins luce en Orgullo y prejuicio, pero elevándolo al absurdo? Así hace Lord Berners con cada una de sus criaturas, "desromantizándolas" y otorgándoles taras emocionales o defectos humanos que les acercan más a la realidad, una verdad que quiere analizar mediante la parodia. De este modo, la esposa del vicario no sólo es esa dulce paloma que acepta lo que Dios dispone para ella, tras esa faceta de su vida esconde secretos sueños vergonzosos; el organista de la parroquia, además de ser un cariñoso hijo que se ocupa de su anciana madre con devota dedicación, esconde también aficiones prohibidas; o Lady Bugle, a quien todos toman como la orgullosa dama benefactora del pueblo, quizá nadie sepa la razón imperiosa que la decidió a trasladar hasta allí su residencia. Cada personaje carga con su secreta cruz en silencio, algo así como sucede con los personajes que aparecen en las novelas de Agatha Christie, pero añadiéndoles características que incitan a la hilaridad. Introduce a todos ellos dentro de un misterio, los extraños delitos que suceden coincidiendo con la llegada del camello, que el lector deberá desenredar.

La historia nos es relatada por un pícaro narrador omnisciente que, desde mi punto de vista, es el alter ego del autor. Este ladino cronista no duda en hacer cómplice al lector de los chismes y especulaciones que le rondan por la cabeza. De este modo, quienes leen la novela se sienten espectadores privilegiados que creen saber siempre lo que va a pasar.


<Permítame el lector que desvele el rumbo habitual de aquellas divagaciones, aunque al hacerlo, lo confieso, siento que actúo como un sinvergüenza. Es como si estuviera invitando a espiar a la excelente esposa del pastor por el ojo de la cerradura del cuarto de baño, o como si furtivamente levantara su enagua para permitirle ver una mancha secreta.>


Pero no es del todo así, la astucia del autor se mofa de nuestras pesquisas, ya que la pérfida e inteligente trama guarda más de una intención. Aunque los lectores hagan una buena investigación, a todos nos espera la sorpresa final. Porque El camello no es tan sólo una comedia, una sátira algo surrealista de la novela costumbrista británica; el relato es también una ácida burla a la sociedad tradicional que esconde lo que le avergüenza. En esta divertida historia se pone “patas arriba” todo lo que se dio siempre por bueno, sin medir las consecuencias de ello y favoreciendo una atmósfera decadente construida sobre mentiras. Así vemos como Lord Berners expone en su escenario diferentes temas candentes desde siempre en la sociedad: la independencia de la mujer, el matrimonio, la pederastia, la religión, la educación, la rancia aristocracia, e incluso el mundillo intelectual, que es tratado aquí con gran burla, desacreditándolo.  En definitiva, temas que hoy por hoy siguen siendo motivo de debate entre quienes se interesan por el rumbo que está tomando el mundo.

Llegados a este punto, serán muchos los lectores que se pregunten qué es lo que diferencia a esta obra con respecto a otras comedias contemporáneas de carácter similar, sírvame de ejemplo El libro de la señorita Buncle (1934), de D. E. Stevenson.  Lo que distingue a esta obra es que parte de una situación absurda e irreal bajo la figura del camello. Una peculiaridad que no quiero explicar más para no desvelar partes argumentales importantes, pero que es de vital importancia para la historia. Por otro lado, y en lo que respecta al estilo propio del autor, su ingenio y erudición combinados hacen de la novela una historia completamente diferente, además de divertida, locuaz, inteligente, fluida y muy original. De tal modo, que me pregunto con verdadera perplejidad cómo es posible no encontrar en las librerías españolas la producción de Lord Berners al completo. Quizás la respuesta la hallemos en los prejuicios que pueda haber contra ese punto canalla que tienen sus obras, y la leyenda que existe tras su estrafalaria figura.

Faringdon House
Fuente: Faringdon.org

Porque Lord Berners fue un hombre que vivió de un modo diferente, al margen de lo que la sociedad de su tiempo entendía como normalidad. Fue un indivíduo polivalente que lo mismo escribía una novela, que te componía la música para un ballet. Heredero de una gran propiedad y un título nobiliario, se codeó y mantuvo amistad con grandes personajes de su tiempo: Salvador Dalí, Nancy Mitford, Igor Stravinski, incluso Lady Mosley, la hermana 
de Nancy Mitford casada con el líder fascista, fueron asiduos invitados en Faringdon House, su mansión. Una vivienda que compartía junto a su pareja, Robert Heber-Percy, un hombre veintiocho años más joven que él, en la que llegaron a convivir también durante un par de años con la esposa de Robert y la hija que tuvo con ella. Su personalidad excéntrica fue famosa en su época y ha llegado hasta nuestros días. Su gusto por criar animales exóticos en su jardín, pudiendo presumir de tener una jirafa, como su afición a teñir palomas con colores llamativos, así como la excentricidad de invitar a tomar el té al caballo de Lady Betjeman, la famosa escritora de viajes, le hicieron acreedor de su fama como personaje estrafalario, merecedor de aparecer con sobrenombre en algunas novelas de escritores de su tiempo. Quienes conozcan la producción de Nancy Mitford reconocerán en él al peculiar Lord Melin de su novela Amor en clima frio.

Fuente: The Guardian

La original vida de lord Berners sin duda llama la atención. Que fuera feliz con ella o no, eso le correspondería a él confirmarlo. Pero seguro que cierta satisfacción sí que le proporcionó, ya que con ello de alguna manera se vengó de la opresiva educación que recibió durante su infancia. Una formación que le vino dada por un padre, oficial de la marina, duro e intolerante, que siempre estaba ausente, una madre excesivamente moralista y una abuela religiosa hasta el extremo. Todos ellos impidieron que se desarrollara emocionalmente e intelectualmente en la dirección que deseaba. En mi opinión, a los tres retrató cómicamente en El camello, reservándose así ese pequeño ajuste de cuentas. Recuerden mis lectores este dato cuando identifiquen en el relato al almirante Sefton-Porter, o a la anciana madre del señor Scrimgeour.

Lo cierto es que Lord Berners disfrutó de la vida a su manera y ejerció su intelecto como le satisfacía, de manera revolucionaria. Dio al mundo intelectual un número considerable de obras, tanto en lo literario, lo pictórico, como en lo musical, incluso también hizo su aportación al mundo del cine componiendo la banda sonora para varias películas. Desde mi punto de vista, su figura despierta un gran interés y es imprescindible para entender las vanguardias, tanto en el terreno personal como en el intelectual. De él se puede afirmar que fue sobre todo un hombre dotado de un gran genio que quiso morir así como vivió. Dejó para la posterioridad, no sólo una obra memorable de gran originalidad, sino que, riéndose en el último momento incluso de sí mismo escribió su propio epitafio.


<"Aquí yace Lord Berners

Uno de los aprendices

Su gran amor por aprender

Puede ganarle una quema

Pero, ¡alabado sea el Señor!

Rara vez se aburre ".>

 

Hasta aquí mi reseña de hoy. Os invito ahora a visitar conmigo el blog de Las Inquilinas de Netherfield. Allí Mrs. Hurst nos ofrece su interesante opinión sobre esta, hilarante, aguda, atrevida y ácida obra que representa El camello en el panorama editorial. ¿Coincidirán en esta ocasión nuestras impresiones? Ahora lo descubriré junto a vosotros.

Os emplazo también a la próxima cita de #ReseñasCruzadas que será el miércoles 28 de abril de 2021. Las pioneras universitarias nos esperan.


 

Undine von Reinecke ♪

 

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El autor por la Editorial:

Fuente: Wikipedia

Gerald Tyrwhitt-Wilson, mejor conocido como Lord Berners, nació en Apley, Shropshire, Inglaterra, en 1883. Fue compositor de música clásica, pintor, escritor y un excéntrico nato. Stravinski lo calificó como el compositor británico más interesante del siglo XX, "el Satie inglés". Como autor se ganó la admiración de figuras de la talla de Evelyn Waugh, H. G. Wells, Isaiah Berlin y Jean Cocteau. Se educó en el Eton College. En su juventud viajó por Europa, ocupó cargos diplomáticos en Constantinopla y Roma, y obtuvo su título nobiliario en 1919.
Escribió dos autobiografías (First Childhood y A Distant Prospect), relatos y novelas como The Girls of Radcliff Hall, Far from the Madding War, The Romance of a Nose y Count Omega. Se rodeó de escritores y amigos notables: Roland Firbank, Max Beerbohm, John Betjeman, Maurice Bowra y Nancy Mitford, entre muchos otros. Mark Amory, biógrafo de Berners, cuenta que el médico que lo atendió los últimos años se negaba a cobrarle porque "su compañía era retribución suficiente". Murió en su legendaria mansión de Faringdon en 1950.

 

 


 


 


miércoles, 24 de marzo de 2021

RESEÑA: "LA VIOLETA DEL PRATER", CHRISTOPHER ISHERWOOD


 
Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Colección: Narrativa del Acantilado, 344

Temas: Narrativa y Novela

Autor: Christopher Isherwood

Traductora: María Belmonte

ISBN: 978-84-18370-17-5

Edición: 1ª

Encuadernación: Rústica cosida

Formato: 13 x 21 cm

Páginas: 128

P. V. P.: 14 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Corre el año 1933, Hitler ha sido nombrado canciller de Alemania y la situación en Austria es cada vez más inestable. Sin embargo, Chatsworth, productor de cine británico, se dispone a realizar un drama romántico basado en una obra musical vienesa. Está convencido de que la película, titulada La violeta del Prater, será un éxito comercial si la dirige Friedrich Bergmann—un judío austríaco tan genial como impredecible que ha dejado a su familia en Viena—y escribe el guión Isherwood—una promesa de la literatura inglesa que acaba de regresar a Londres tras vivir en Berlín—. El resultado de este encuentro no es sólo un certero retrato de Londres y Viena en los críticos momentos que precedieron el estallido de la Segunda Guerra Mundial, sino también la apasionante historia, basada en las experiencias del propio Isherwood, de cómo nace y toma forma una película, superando las tensiones, las intrigas y la pugna de egos que a menudo amenazan el proyecto.

 

Propuesta musical para este libro:


 

Lo que Undine piensa del libro:


<Juventud, ¿sabes que la tuya no es la primera generación que anhela una vida plena de belleza y libertad?> Albert Einstein

 

El periodo de entreguerras (1918/1939) es uno de los más interesantes de la historia tanto sociológicamente como intelectualmente. Supuso una época de cambios en todo el mundo favorecida por la euforia posterior al fin de la Gran Guerra y al crecimiento económico que trajo la paz. El panorama económico daba pie al optimismo con la reconstrucción de las zonas devastadas durante la contienda, la reapertura del comercio internacional, y con el desarrollo de un mercado bursátil y financiero sin precedentes. Pero esta ilusión inicial de los primeros años de paz se vino abajo en 1929 con la caída de la Bolsa de Nueva York que dejó una gran crisis económica que perduraría hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Algunas de las consecuencias de este desastre monetario contribuyeron en gran parte al deprimente panorama social que se instaló en el ambiente, favorecido por la pobreza y el crecimiento del paro.

En este estado de las cosas, uno de los efectos que derivaron de él fue el nacimiento del movimiento fascista en los países que resultaron vencidos en la Primera Guerra Mundial. El ánimo de revancha generó un gran odio en la sociedad que veía injusto tanto el reparto colonial como las deudas económicas. En contraposición a este fenómeno radical surgieron internacionalmente movimientos ideológicos que basaban sus creencias en las ideas de Marx y Engels, que encontraban su caldo de cultivo entre los trabajadores disconformes y los intelectuales insatisfechos. Un ejemplo de estos últimos es el llamado Grupo Auden, nacido en Gran Bretaña durante la década de 1930 como consecuencia de la crisis social, de las secuelas de la Gran Guerra aún presentes y el miedo a otra guerra mundial que parecía probable.

Fuente: Amazon

El conocido como Grupo Auden designa a un conjunto de escritores, músicos y pintores, a los que T. S. Eliot apodó generación de posguerra, que lideraba el escritor Wystan Hugh Auden. Sus participantes se caracterizaron por el uso de estilos menos floridos y experimentales que los predominantes en la década de 1920, por una postura política principal de centro-izquierda, por una cierta rebeldía sexual, y por avergonzarse de sus propios orígenes de clase media acomodada. Uno de los principales componentes de este colectivo, gran amigo W. H. Auden, era el escritor Christopher Isherwood, protagonista de la reseña de hoy y autor del título que traigo ante vosotros. Me refiero a La violeta del Prater (1945), que ha publicado recientemente la editorial Acantilado con la traducción de María Belmonte.

La violeta del Prater cuenta la historia de Isherwood, un escritor inglés al que una productora cinematográfica contrata para escribir el guion de una película. El film será dirigido por un director judío de nacionalidad austriaca, que ha dejado a su familia en Viena en plena crisis e inestabilidad política, derivada de la subida al poder de Hitler. La película está basada en un musical austriaco que pasó sin pena ni gloria, al que el productor pretende convertir en un drama romántico comercial. Pero la compleja personalidad del director austriaco, que vive atormentado por los problemas de su país y por el peligro que corre su familia allí, supondrá un desafío para el desarrollo de la empresa y los intereses de la productora. Isherwood entabla una sólida amistad con este peculiar hombre mientras observa con interés y cierto cinismo cómo funciona el mundo cinematográfico inglés, que vive al margen de los importantes acontecimientos sociales del momento. La historia transcurre a caballo entre los años 1933 y 1934 que dura el rodaje de la película.

La violeta del Prater fue publicada en 1945 y está basada en experiencias semi-autobiográficas del propio autor. Como podemos comprobar, el protagonista del relato es el propio Christopher Isherwood, y narra una historia ubicada en la época posterior al regreso del escritor de su estancia en Alemania, donde pasó una temporada viviendo. Recordemos que en su libro Adiós a Berlín (1939) se refleja aquella época. En La violeta del Prater utiliza aquellas experiencias berlinesas como razón para involucrarse en la historia.


< - (…) Su agente dice que usted lo sabe todo sobre Viena.

-          ¿Viena? Pero si sólo he estado allí una vez…, una semana.

-          ¿Una semana? - De pronto la voz sonaba muy irritada-. No puede ser. Nos aseguraron que vivió usted allí.

-          Mi agente se refería a Berlín.

-          Ah, ya, Berlín. Bueno, pero viene a ser lo mismo, ¿no? El señor Chatsworth quiere a alguien con un toque europeo. Tengo entendido que habla alemán, ¿no? Eso también será útil. Vamos a traer a Friedrich Bergmann de Viena para que dirija.>

           

 

Como se desprende de este pasaje, la historia está concebida como una comedia que recuerda, por lo peculiar y absurdo de sus diálogos, a las películas que se rodaban durante la década de 1930. Esas conversaciones disparatadas que leemos y que no parecen llevar a ningún sitio, generalmente están protagonizadas por algún miembro de la productora cinematográfica que, desde mi punto de vista, es la encarnación de la nación inglesa. Con ello Isherwood pretende reflejar el espíritu superficial y poco comprometido de una Gran Bretaña que vivía al margen de la realidad política y social que se respiraba en Europa durante aquellos años precedentes a la Segunda Guerra Mundial. El autor se vale de esta figura que encarna la ceguera británica para compararla con un personaje que representa una realidad muy distinta, la que vivían en el continente los grupos sociales oprimidos por el creciente poder del nazismo. Me refiero al director de cine  Friedrich Bergmann, un hombre que vive preso del miedo y el sufrimiento por los acontecimientos políticos y sociales de su país. En los discursos de este personaje que van dirigidos a Isherwood, el lector conocerá alguno de los sucesos más inquietantes que sucedieron en Austria durante los años 1933 y 1934, con la subida al poder de Hitler. A través de estos el autor desarrolla su opinión con respecto a la conducta política británica y a su posición negacionista.


<Verá, ese paraguas que lleva él me parece simbólico. Es la respetabilidad británica, que piensa: “Tengo mis tradiciones y ellas me protegerán. Nada desagradable, nada que no sea propio de un caballero puede ocurrirme en mi jardín privado”. Ese respetable paraguas es la barita mágica de los ingleses, con la que tratarán de hacer desaparecer a Hitler. Cuando Hitler, que es un grosero, se niegue a desaparecer, los ingleses abrirán su paraguas y dirán: “Bueno, ¿y a mí qué más me da que llueva un poco?”. Pero la lluvia será de bombas y sangre, y el paraguas no es a prueba de bombas.>


Por otro lado tenemos a nuestro personaje protagonista, Isherwood, el guionista que debe hacer de intermediario entre la productora y el director cinematográfico durante la elaboración del guion de la película y el rodaje de ésta. Él será un testigo privilegiado del tira y afloja entre ambas partes, que analizará esta situación con el pesimismo y la perspicacia propias de su generación. Los pensamientos de este personaje que, como ya mencioné anteriormente, representan al propio autor del relato, son francamente interesantes e ilustrativos del descontento que sentía al saberse parte de la realidad social de su país, un títere más dentro de un complejo engranaje que llevaba funcionando durante siglos, del que se sentía culpable y quería escapar.


<Hacer hablar a la gente no tiene nada de vulgar. Un viejo que vende salchichas no es vulgar, excepto en el sentido original de la palabra: “perteneciente a la gente común o al vulgo”. Shakespeare habría sabido cómo hablaba, y también Tolstói. Y si yo no lo sabía era porque, pese a mi socialismo de salón, no era más que un snob. No sabía cómo hablaban los demás, salvo los chicos de los colegios privados y los bohemios neuróticos.>


Hasta aquí en cuanto a lo que subyace conceptualmente en el relato. En lo que se refiere a la trama, Isherwood plantea una historia de lo más original e interesante, narra los acontecimientos históricos del momento mientras nos muestra el funcionamiento del mundo del cine en la década de 1930 a través de sus protagonistas. Por el relato aparecen actores caprichosos y mundanos, escritores fracasados que se venden como guionistas, productores astutos que manejan como títeres a todo el mundo, adjuntos a la producción que son la mano negra de su amo, tramoyistas, y técnicos de montaje que no creen en la industria del cine sino en la interesada ciencia que la sustenta, que actúan como voz de la conciencia social.


<Si vosotros los artistas hicieseis lo que los técnicos, si os unieseis y dejarais de jugar a los demócratas, lograríais que el público aceptara la clase de películas que quisierais. Todo ese asunto de la taquilla no es más que una ficción sentimental democrática.>


En el relato se refleja todo ese complejo e idealizado mundo de comienzos del cine sonoro que, por otro lado, no debe diferir mucho del actual, a excepción de los avances tecnológicos. Los tejemanejes económicos, los intereses particulares, las traiciones y favoritismos, ese universo paralelo del cine que todos intuimos y unos pocos conocen a fondo aparece en La violeta del Prater. Todo un lujo observarlo de primera mano, ya que Christopher Isherwood trabajó en esa industria tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, cuando se trasladó a vivir allí en 1939, escapando de esa Europa marchita.

Por otro lado, y ya para afrontar el final de la reseña, es de rigor mencionar la implicación emocional de Isherwood que he podido percibir en el relato. El autor se desborda al final de su historia mostrando su personal visión de los acontecimientos mundiales y la postura que ante ellos tuvo su generación. No se esconde ni se excusa, sino que valientemente afronta la realidad que él percibió y vivió.

 

<Los jóvenes de hoy no parecen tener respeto alguno por el pasado ni esperanza ninguna para lo porvenir.> Hipócrates

 

Undine von Reinecke ♪


Cumplo, ya sabéis que a mi manera, la premisa de Clásico ambientado en el periodo de entreguerras, del reto Todos los clásicos grandes y pequeños (nivel 2) organizado en el blog de Las Inquilinas de Netherfield  👈

Añado otro título a mis lecturas para el reto Nos gustan los clásicos V Edición, organizado por el blog Un lector indiscreto👈



El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial Acantilado

Christopher Isherwood (Disley, Cheshire, 1904  – Santa Mónica, California, 1986) abandonó Gran Bretaña en 1929 para instalarse en Berlín, donde fue testigo de la llegada del partido Nazi al poder. En 1933 dejó Alemania y más tarde recorrió China en compañía de W. H.  Auden, con quien emigró en 1939 a Estados Unidos. Acantilado ha publicado sus novelas Adiós a Berlín (2014)—su obra más célebre, adaptada al teatro y al cine: Soy una cámara (1955) y el clásico musical Cabaret (1972)—, El señor Norris cambia de tren (2016), Un hombre soltero (2019) y La violeta del Prater (2021).

 







 

 




miércoles, 17 de marzo de 2021

RESEÑA: "EROS", GIOVANNI VERGA

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Gadir

Traducción: Elena Martínez

Gadir Bolsillo

 Encuadernación: Rústica.

Páginas: 228.

 Precio: 9€

ISBN: 978-84-942018-7-5


Sinopsis de la Editorial:

Eros, novela en gran parte autobiográfica del gran Giovanni Verga, narra la vida de un aristócrata mundano, el Marqués Alberti, a través del hilo conductor de su vida amorosa. Verga se sirve de la aristocracia desocupada y decadente del siglo XIX para diseccionar el papel en la vida del amor, de la pasión, del erotismo. Un erotismo no explícito pero omnipresente. Los personajes de Eros fascinan al lector, en especial su inquieto e insatisfecho protagonista y los extraordinarios personajes femeninos que pueblan la novela. Entre estas mujeres encontramos siempre pasión, a veces frivolidad, ambición y manipulación, otras firmeza y abnegación: la novela alcanza en el personaje de Adele Forlani una de sus cimas. Eros, nunca antes traducida al español, interesa hoy por ser una novela de amor con mayúsculas, un clásico de lectura absolutamente actual.

 

Propuesta musical para este libro:


Libreto basado en el relato del mismo título de Giovanni Verga


 

Lo que Undine piensa del libro:


«Italia ya está hecha, todo está listo» Camillo Benso, conde de Cavour



Hoy, miércoles 17 de marzo de 2021, las brisas primaverales comienzan a colarse por mi ventana. Mientras disfruto del momento, recuerdo que tengo una cita concertada en la maravillosa ciudad de Turín. Es la tercera escala en mi viaje literario La vuelta al mundo en doce libros 👈siguiendo los pasos de Phileas Fogg. La conocida ruta novelesca, creada por Julio Verne en 1872 para su inmortal obra La vuelta al mundo en ochenta días, me lleva en esta ocasión a sumergirme en la Italia del último cuarto del siglo XIX. No se me ocurre un lugar mejor ni más pasional para visitar en este inicio de primavera.

Turín romano
Fuente: Undine von Reinecke
Lo que el viajero se encuentra al llegar a Turín es una bellísima ciudad ubicada a los pies de los Alpes y bendecida por las aguas del río Po. Pasear por sus históricas calles es una auténtica delicia. Los magníficos edificios barrocos y neoclásicos que las decoran, cuya belleza sólo rivaliza con el imponente palacio de la casa de Saboya, son un distintivo del poder que la ciudad poseyó en otros tiempos y evocan con orgullo el antiguo pasado romano de esta tierra. Turín ha sido desde siempre cuna de grandes hombres, tanto intelectuales como políticos; no en vano, aquí se fraguó la deseada Reunificación italiana. Porque recordemos que fue uno de sus hijos, el Conde de Cavour (1810/1861), quién consiguió la alianza con el emperador francés Napoleón III que dio como fruto las primeras victorias contra los austriacos (1858), y por ende el comienzo del glorioso Risorgimento. Un resurgir que vería su culminación gracias a la intervención del gran héroe republicano del pueblo, Giuseppe Garibaldi, quien, inconforme con el último resultado de la coalición entre el Piamonte y Francia, encabezó el ejército de los camisas rojas y tomó el sur de Italia. Garibaldi estaba totalmente en contra de la política del piamontés Cavour pero, como su principal objetivo era la unificación italiana, cedió las tierras conquistadas a Victor Emmanuel II (rey de Cerdeña) en 1860, después de que el ejército piamontés se plantara a las puertas de Nápoles reclamándolas.

Conde de Cavour
Fuente: Wikipedia

Así fue como en 1861, tras muchos años de lucha política y militar, se proclamó el Reino de Italia y se elevó en el trono a Victor Emmanuel II. Posteriormente, en 1870 se anexionaron los últimos reductos de los Estados Pontificios. Ya en el siglo XX, finalizada la Primera Guerra Mundial y gracias a la expedición de Fiume, que encabezó el escritor y político Gabriele D'Annunzio, quedarían solventada parcialmente la reivindicación al Imperio austrohúngaro de los terrenos del norte de Italia. Pero eso sería más adelante, volvamos al momento del siglo XIX que nos ocupa.

Tras la Reunificación, Turín se consolidó como un gran foco de actividad cultural y política, convirtiéndose en cuna del liberalismo y del socialismo italiano. Se le otorgó además el título de capital del reino de Italia durante cuatro años, tomando el relevo Florencia por un corto periodo de tiempo, para recaer finalmente el honor en la ciudad de Roma. Las condiciones económicas en la Italia unida eran paupérrimas: no había apenas industria, las comunicaciones eran casi nulas, la pobreza era extrema, había un alto grado de analfabetismo y tan solo un pequeño porcentaje de italianos ricos tenía derecho a voto. A esta Italia agotada en todos los sentidos tras la Reunificación se le hizo adoptar como idioma oficial el dialecto toscano, debido principalmente a la larga tradición literaria que tenía y a la gran cantidad de escritores que habían utilizado esta lengua.

Alessandro Manzoni
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En este contexto sociopolítico la literatura no se quedó al margen de los acontecimientos. Desde el comienzo del siglo XIX Italia estuvo influida por las corrientes nacionalistas y políticas de la literatura, de las que Giuseppe Mazzini (1805-1872) fue el máximo exponente. También el romanticismo tuvo su momento de esplendor, sin duda favorecido por las connotaciones historicistas y regionalistas que este estilo promovía. Nadie puede discutir que el gran poeta de este periodo fue Giacomo Leopardi (1798-1837), y que el título de novelista más laureado corresponde a Alessandro Manzoni (1785-1873), autor que se hizo inmortal gracias a Los novios (1827), novela que está considerada como una de las más importantes de la literatura italiana de todos los tiempos, junto con La Divina Comedia de Dante Alighieri. Hacia la mitad del siglo, la influencia sobre la cultura italiana de Manzoni, y del romanticismo en general, tuvo tal repercusión que provocó un violento retorno al clasicismo como no se había visto antes. Pero con la llegada de los cambios políticos y sociales de la nueva Italia surgió un grupo de autores que deseaban vehementemente eliminar todo rastro de las corrientes anteriores, centradas en antiguas glorias del pasado. Anhelaban un estilo más realista que diera voz a la problemática de su tiempo, defendieron la utilización de un lenguaje más común, y  buscaron un estilo de escritura sencillo que centrara sus historias en experiencias y acontecimientos sacados de la realidad cotidiana de las gentes humildes. Elevaron esta manera de hacer literatura al rango de verdad. Así surgió el término Verismo que dio nombre al estilo, nacido etimológicamente de la palabra italiana vero, que significa verdadero. Este movimiento literario logró constituirse en una auténtica escuela entre los años 1875 y 1896.  

Ante el autor verista se presentaba un mundo pesimista y atrasado. Para él la ignorancia y la superstición dominaban la Italia rural que, pese a todo, gozaba de una moral sana, en contraste con el resto de la sociedad. La escuela verista analizaba en sus obras cómo el progreso aplastaba a su paso a los más débiles, exprimiéndoles inexorablemente. Utilizaban para ello un estilo concienzudo y minucioso en sus descripciones, que llegara a profundizar intensamente en el comportamiento de los personajes. Del mismo modo, defendían la de ausencia de un narrador omnisciente que condicionara emocionalmente al lector, ya que creían que los acontecimientos debían revelarse por sí mismos. Por ese motivo, los sucesos son narrados por los propios personajes de la novela quienes describen desde su particular punto de vista lo que ven. Como los protagonistas suelen ser gentes humildes del campo, el lenguaje que utilizan es poco culto, distintivo de su clase social y de la provincia a la que pertenecen, característica que acentúa la intención regionalista del movimiento verista, algo que no deja de sorprender recién conseguida la unidad del país, que había tomado como oficial el dialecto toscano.

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La escuela verista tuvo tal repercusión que traspasó el campo de la literatura y contagió con sus ideas el mundo operístico. Generó un gran número de compositores que se inspiraron en sus obras y dieron al mundo bellísimas creaciones musicales. Nombres como Leoncavallo, Giacomo Puccini, o Pietro Mascagni bebieron de estas aguas literarias. Se considera que la primera ópera verista es Cavalleria rusticana, una obra compuesta por Mascagni en 1890 inspirándose en el relato del mismo nombre firmado por el más grande escritor de la escuela verista. Me refiero a Giovanni Verga, renovador de la novela italiana, a la que alejó de la influencia romántica de Manzoni.  

Pero los comienzos de Verga no fueron veristas, y estuvieron marcados en un principio por las corrientes literarias del siglo. Comenzó escribiendo con un estilo romántico y mundano, para dejarse influir luego por el realismo y el comprometido naturalismo francés de autores como Balzac, Maupassant, Daudet, Zola, o Flaubert. A caballo entre ésta última etapa y el verismo por el que se hizo inmortal se encuentra Eros, la novela que he elegido hoy para reseñar. Mi elección se ha basado en la fecha de publicación, 1875, ya que vio la luz tres años después que La vuelta al mundo en 80 días, pero también porque representa todos los valores de sus obras futuras que hicieron del escritor italiano uno de los más grandes de su tiempo.  Eros comienza así:

  

<Hacia las cuatro de una de las últimas noches del carnaval, la marquesa Alberti, sentada frente al espejo, extremadamente pálida, estaba mirándose con ojos cansados y distraídos, mientras la doncella le atusaba el cabello para la noche.

-          ¿Qué ruido es ese?- preguntó tras un largo silencio.

-          La carroza del señor marqués.

-          ¡Qué pronto! -murmuró ella ahogando un bostezo.

La doncella estaba a punto de cerrar la puerta del saloncito que comunicaba con las habitaciones del marqués, cuando entró bruscamente un hombre disfrazado, con paso inestable, y la sonrisa oscura.

-          ¿Cecilia duerme? -preguntó sin detenerse.

-          Acabo de dejarla, señor marqués -respondió la doncella, sin poder disimular la sorpresa.

-          Pregúntele si puede concederme cinco minutos.>


Esta  escena inicial de Eros marcará el destino del protagonista de la novela, el Marqués Alberti.

Eros narra la azarosa vida del marqués Alberti, un hombre que quedó huérfano a temprana edad por circunstancias lamentables en las vidas de sus frívolos padres. Educado en un internado, creció casi sin el amor y la atención necesarios para un niño. Tan sólo las visitas estivales a la finca de su tío y protector le proporcionaban algún calor familiar. Durante esas estancias vacacionales podía jugar con su joven prima Adele, de la que creía sentirse enamorado. Al cumplir veinte años, sin haber conseguido lucirse como estudiante, abandona el internado y parte hacia las tierras de su tío, para tomar posesión de su herencia familiar. Pero antes de marcharse mantiene una apasionada conversación con su mejor amigo del colegio, Gemmati, en la que le confiesa su amor por Adele.

Al llegar a su destino, Alberto no sabe cómo comportarse con su prima. Además, la presencia en la casa de una invitada, la bellísima condesita Velleda Manfredini, le deja sumamente confundido. Pese a todo, los ardientes sentimientos que cree sentir por Adele le impiden manifestar sus atenciones a la bella Velleda. Los días transcurren entre paseos campestres y tardes musicales. Tío, sobrino y las dos muchachas disfrutan los días de muy diferente manera: el tío ve con optimismo el enlace entre su acaudalado sobrino y su hija Adele, Alberto lucha por identificar los sentimientos que le producen las dos muchachas, Adele vive fervientemente enamorada de Alberto, y la condesita Manfredini mantiene un peligroso juego de seducción a caballo entre la amistad y la incorrección. Un día llega de visita Gemmati, el gran amigo de del marqués Alberti. Es entonces cuando peligrosas fuerzas del destino se desencadenan dando lugar a una turbulenta historia de pasión que durará más de veinte años. Amor, celos, ambición, lujuria y traición, ¿logrará el verdadero amor vencer todos los obstáculos?

Eros es una bellísima novela de espíritu vehementemente italiano. En ella Giovanni Verga despliega sus dotes analíticas y narrativas para trasmitir a través de sus personajes el carácter que durante siglos se forjó en las almas italianas. Pasión, desenfreno y emoción que dieron fruto al carácter de este pueblo, cuna de gladiadores y artistas.


<Él vio las lágrimas que brillaban en los ojos de la esposa sin pestañear. Instintivamente, ella se retrajo, asustada por la mirada fría y penetrante de aquel hombre que parecía buscar las angustias terribles de ella hasta en los pliegues más recónditos de su corazón, para escrutarla con aquel rostro pálido y glacial.>


El autor nos narra en esta novela una dramática historia de amor y desamor en una atmósfera privilegiada de la aristocracia italiana. Verga desarrolla una fábula con moraleja de la que hace beber al lector poco a poco; la implicación en el desarrollo de la historia es inevitable. Y pese a lo previsible  del desenlace, el final azota como un vendaval. Durante el transcurso de los acontecimientos los protagonistas se muestran tal y como son, abiertamente y sin disimulos. De este modo es fácil percibir el carácter de cada uno de ellos y la importancia que van a tener en la historia.


<Velleda estaba cerca del piano, rodeada por los jóvenes más elegantes, como una gacela asediada por una jauría de perros; pero la gacela dominaba la situación en todas partes, con el brío, con la sonrisa, con una palabra, con un gesto, elocuente, caústica, brillante e impertinente.>


Verga diseña una compleja trama, un triángulo amoroso entre dos damas y un galán, que se complicará añadiendo personajes hasta convertirse en un juego para cinco participantes, que se alargará en el tiempo. El escritor los maneja magistralmente a todos ellos, muestra especial énfasis y atención en su personaje principal, el marqués Alberti, origen y causa de este drama. En él vuelca esa imagen decadente que Verga identificaba con la sociedad italiana de su época. Su conducta cambiante, su indecisión ante las disyuntivas, el poco dominio de su vida, la vulnerabilidad ante los caprichos ajenos…En definitiva, la falta de objetivos y valores importantes para la vida hacen de él un estupendo espécimen a diseccionar.


<Un amor tan novelesco tenía que seducir a la imaginación del joven fantástico. Sus pasiones eternas habían sido tan pasajeras, sus impresiones tan vivaces y mutables, que cuando había sentido la necesidad de tener fe en el sentimiento que llenaba todo su ser, se había vuelto inquieto.>


Por otro lado, el autor compara al personaje estrella con su antagonista y amigo Gemmati, un muchacho sin recursos que se gana la vida como médico, y no duda en sacrificarse para ayudar a los demás. Aquí hago un inciso para mencionar cuánto me ha gustado este personaje. Sin duda alguna, conocerlo me ha llevado a evocar el carácter heroico de algunos de los protagonistas dibujados en las novelas más bellas del siglo XIX. Gemmati es tan carismático como Tadeusz Paz de La falsa amante de Balzac (1841), o al de Sidney Carton en Historia de dos ciudades de Dickens (1859).

Es de rigor mencionar la importancia que Giovanni Verga presta a las figuras femeninas en toda su producción. En ella encontramos desde mujeres puras e inocentes, víctimas de un destino y de una sociedad patriarcal, que pueden parecer casi mártires, a mujeres perversas, con gran capacidad de seducción y muy egoístas. Eros no es una excepción, en la novela podemos localizar todos estos perfiles: la inocente y fiel Adele, la coqueta y frívola Velleda, la inmoral condesa Armandi, incluso dedica su momento de gloria a la descarriada y humilde Selene. A través de ellas dibuja un escenario, donde la fuerza de lo honesto rara vez triunfa sobre lo inmoral y, pese a ello, brilla y luce como un sol. Todo está al servicio de la lección final. Un recurso conceptual que anticipa el pleno verismo de las novelas que escribirá Giovanni Verga en años posteriores.


< (…) Adele había brillado más de lo habitual, y la princesa había estado más antipática que de costumbre (…)>


En cuanto al estilo que utiliza el autor, debo decir que resulta impecable, demuestra una gran elegancia, erudición y conocimiento mundanal. Además, su dominio de la etiqueta y de las costumbres elitistas de su época consigue plasmar con autoridad los grandes escenarios de la época. Por sus páginas pasan salones, hipódromos y casas de campo de la Florencia decimonónica y el Turín de la reunificación; incluso el aristocrático lago Como sirve de escenario para su historia. Aquí el disfrute pictórico y musical del lector es inmenso, ya que ante sus ojos y oídos se escenifican las más bellas veladas sociales: paseos en barca por el lago, tardes musicales, partidas de caza, bailes al anochecer, citas en el jardín… El planteamiento atmosférico no podría ser más sublime ni mejor.

Por otro lado, y ya para encauzar el final de la reseña, quiero destacar la infinita solidez y credibilidad de la novela. La magnífica construcción argumental de la historia a través de la vida del marqués Alberti constituye un magnífico estudio sociológico y moral. Desde mi punto de vista, en Eros se desarrolla un riguroso análisis para demostrar la importancia que el amor tiene para la vida desde que nacemos, hasta nuestros últimos días. El tema amatorio es diseccionado con precisión en todas sus facetas desde la más inocente pasión, hasta el más lujurioso capricho. El aprendizaje que de él se deriva es el escenario de nuestras propias vidas.


<He leído claro en la naturaleza humana como en un espejo: la mayor parte de nuestros dolores nos los fabricamos nosotros mismos: envenenamos la fiesta de nuestra juventud exagerando y complicando los placeres del amor hasta que hacemos que resulte de ellos dolor, y enturbiamos la serenidad de nuestra vejez con fantasmas de otra vida que nadie conoce. Este es el resultado de nuestra civilización.>


Hasta aquí llega mi reseña de Eros. Ha sido una maravillosa experiencia disfrutar de la narrativa de Giovanni Verga, tan exquisita, agitada y humana. Dicen que la novela tiene ciertas connotaciones autobiográficas y que es la última de sus novelas mundanas, que en adelante sus trabajos fueron mucho más espinosos y afines a la causa verista. Pese a ello y desde mi personal punto de vista, Eros cumple su comprometida finalidad y resulta tan actual como lo pudo ser en su día. Ya que nos recuerda que sin una buena formación emocional y moral en la vida del individuo es imposible abordar lo demás.


<Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo.> Giovanni Papini


Nos vemos el 21 de abril en Suez , queridos lectores

La vuelta al mundo en doce libros

 Undine von Reincke ♪



Con esta reseña cumplo la premisa de Clásico cuyo título sólo tenga una palabra, del reto Todos los clásicos grandes y pequeños (nivel 2) organizado en el blog de Las Inquilinas de Netherfield  👈

Añado otro título a mis lecturas para el reto Nos gustan los clásicos V Edición, organizado por el blog Un lector indiscreto👈

 

 El autor por la Editorial:

Giovanni Verga (1840-1922) fue uno de los grandes escritores italianos de finales del siglo XIX. Gran renovador de la novela italiana y principal representante del verismo, entre sus grandes obras se encuentran Los Malavoglia (llevada al cine en 1948 por Visconti), Maestro don Gesualdo y sus numerosas novelle (relatos).




Más sobre el autor por Undine:

Giovanni Verga nació en Catania en 1840 en el seno de una familia de terratenientes. Comenzó a estudiar derecho, pero lo abandonó para dedicarse con entusiasmo al periodismo y a la escritura. Tuvo su primer éxito en 1861 con la publicación de Los carbonarios de la montaña, motivo por el cual se traslada a vivir a Florencia y posteriormente a Milán. El alejamiento de su tierra y la estancia en esas dos ciudades influirá notablemente en su obra, ya que le dio la oportunidad de relacionarse con grandes personajes de todos los ámbitos de la cultura y la política, en la que participó activamente hasta el final de sus días. Su estilo narrativo gozó de varias fases, debido a la influencia de las diferentes corrientes literarias y sociales. Pero consiguió sus mayores éxitos en la etapa verista: La vida de los campos (1880) -que recoge Cavalleria rusticana- y Los Malavoglia (1881), primera novela del ciclo Los vencidos, que debía constar de cinco novelas y del que sólo se publicó la segunda, Maese don Jesualdo (1889).

Giovanni Verga nunca se casó, pero tuvo diferentes romances con mujeres de la alta sociedad. El más conocido lo mantuvo con la pianista Dina Castellazzi condesa de Sordevolo, pero la renuencia al matrimonio del escritor lo redujo a una buena amistad. Vivió sometido a los problemas económicos, motivo por el cual tuvo diferentes depresiones que le llevarían a querer regresar a su tierra siciliana donde terminaría sus días en 1922.

La importancia de Giovanni Verga no se reduce sólo a la publicación de sus grandes novelas, sino a la influencia que tuvo sobre grandes escritores italianos, sírvame de ejemplo Luigi Pirandello.

 

 

Fuentes de información:

https://www.literaturaeuropea.es/autores/antologia-novelistas-realistas/verga/

https://www.lasicilia.es/giovanni-verga

https://revistascientificas.us.es/index.php/CulturasyLiteraturas/article/view/3516/2980

http://ong-solican.es/letras/italia-s19.htm