miércoles, 26 de mayo de 2021

RESEÑA: "LAS TORRES DE TREBISONDA", ROSE MACAULAY

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Paisajes narrados, 28

ISBN: 978-84-95587-44-2

Primera edición: 2008

Páginas: 382

Rústica 12 x 16,5 cm

Precio con IVA: 18,50 euros

 

Sinopsis de la Editorial:

Las torres de Trebisonda cuenta las peripecias de un estrambótico grupo, formado por Laurie, la narradora, su inimitable tía Dot, el intolerante padre Chantry-Pigg y un camello loco, que parte de Inglaterra rumbo a Oriente Medio movido por distintos intereses que van desde un heterodoxo proselitismo anglicano al puro placer del viaje. Ingeniosa y a la vez melancólica, desenfadada y sutil, esta novela descubre una ciudad de fábula, una Trebisonda reflejo de inquietudes espirituales, metáfora del carácter esquivo de la verdad. Un relato satírico y en ocasiones absurdo, de un humor chispeante, tras el que se esconden las sombras del desengaño, los dilemas religiosos y el recuerdo de un amor perdido.

 

Propuesta musical para este libro:

Lo que Undine piensa del libro:


<Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más, te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos.> Italo Calvino


George Borrow (1803/81)
Escritor, filólogo y viajero.

Inglaterra siempre se ha distinguido por ser un país viajero. Históricamente así ha sido. Tanto sus intereses económicos, como de expansión llevaron a sus tropas por medio mundo. Sin duda, esto favoreció que sus ciudadanos más intrépidos se lanzaran a recorrer las rutas abiertas por sus ejércitos en busca de emociones intelectuales y sociales, porque si hay algo que distinga a la nación inglesa es su habilidad para reconocer dónde reside el valor de la vida. Muchos de estos atrevidos viajeros quisieron reflejar sus experiencias por escrito, para compartir esas aventuras en forma de novelas de ficción, ensayos intelectuales o literatura de viajes. La tradición literaria inglesa ha dado grandes obras viajeras en las que sus protagonistas no solamente hablan al lector sobre los lugares que han visitado, sino que relatan sus experiencias vitales. Son auténticas novelas de iniciación y aprendizaje que, muchas veces, terminan siendo las sabias reflexiones de toda una vida vida.

Este es el caso de Las torres de Trebisonda, la novela que hemos elegido Miss Hurst y yo para nuestra cita mensual del proyecto Reseñas Cruzadas. La sección del mes de mayo lo hemos dedicado a las escritoras británicas bajo el título Cómo nos gustan las autoras inglesas. En este caso, la obra viene firmada por una autora poco conocida en nuestro país, pero que fue toda una institución en el mundo anglosajón y se codeó con lo más granado del mundo intelectual y social. Me refiero a Rose Macaulay (1881-1958), una mujer que nació en el seno de una familia de clase media alta, con gran influencia de la Iglesia anglicana, como también de la vida intelectual, ambas presentes en toda su obra. La autora fue una viajera empedernida, una amante del mundo clásico y la cultura, que sabía combinar, con gran virtuosismo, vida privada y erudición en sus novelas , algo que queda patente en muchos de sus textos. Así ocurre en Las Torres de Trebisonda, donde Macaulay explora su propia intimidad.

Primera edición inglesa del libro
Fuente: Wikipedia

Las torres de Trebisonda nos lleva a la Inglaterra de la década de los años cincuenta del siglo XX. Allí conocemos a Laurie, una mujer soltera sin oficio reconocido, y a su tía Dot, una intrépida viajera, viuda y entrada en años, que ha sido requerida por una asociación religiosa anglo-católica que quiere llevar el cristianismo al Medio Oriente, más concretamente a Turquía. Para ayudarla en la tarea ponen a su disposición al padre Chantry-Pigg, un clérigo jubilado anclado en la fe más conservadora e intransigente de la Iglesia de Inglaterra. Aprovechando la circunstancia del viaje y, al mismo tiempo que evangeliza, la tía Dot decide escribir un libro sobre la forma de vida de las mujeres turcas, y solicita a Laurie que le ayude dibujando las ilustraciones del texto y haciendo anotaciones al mismo. Como gran parte del viaje se realizará por tierras agrestes, visitando los pueblos apartados de las grandes ciudades, la misionera decide llevarse con ella a su inseparable camello, un animal que le regaló un rico magnate de Palmira en uno de sus viajes aventureros. Así las cosas, el clérigo, las dos damas y el camello toman un barco rumbo a Estambul. Durante la travesía comienzan a ver a personajes sospechosos, a todas luces espías ingleses disfrazados. Cuando llegan a su destino, el ambiente es aún más equívoco: calles, terrazas y cafés parecen estar plagados de sujetos que ocultan algo. También abundan los extranjeros, entre los que destacan un gran número de británicos, interesados en conocer al milímetro aquellas tierras con el ánimo de escribir cada uno de ellos sendos libros de viajes, que se conviertan en la Biblia del viajero. No menos inquietante son las autoridades turcas, que persiguen a nuestro grupo con mirada turbia. Tras algunas dificultades y encuentros casuales con compatriotas amigos, vuelven a embarcarse para llegar a través del mar Negro hasta la mítica ciudad de Trebisonda. Es allí donde comenzará su verdadera aventura. En la antigua ciudad helena, hoy poco recordada por los habitantes de la actual Trabzon, comprenderán la dificultad de su misión: se toparán con caudillos musulmanes que les impedirán difundir sus oraciones y ritos, el consulado británico elude con disimulo y estilo prestarles ayuda, los intelectuales turcos no se lo ponen fácil y la ciudadanía no parece comprender qué hacen allí, y los siguen con curiosidad. Por otro lado, la competencia con grupos evangelizadores de otras ramas del cristianismo parece ir tomando la delantera en la difícil tarea de llevar el cristianismo a los “infieles”. Pese a ello, emprenden rumbo hacia las tierras cercanas a la frontera rusa, en compañía de dos nuevos viajeros: un joven griego agnóstico y una doctora turca convertida al anglicanismo. Pero un incidente durante el periplo por tierras armenias deja a Laurie en solitario. Casi sin dinero y a cargo del camello, nuestra protagonista cruzará como en un sueño las grandes ciudades del Medio Oriente que fueron la cuna de la civilización. ¿Logrará reunirse con sus compañeros de viaje? Y lo que es más importante, ¿conseguirá encontrar lo que realmente está buscando?

Jan Morris (1926-2020)
Fuente: Theguardian.com

Las torres de Trebisonda es una divertidísima y apasionante novela al más puro estilo británico. Fue publicada en 1956, y resultó ser la más exitosa de toda la producción de Rose Macaulay, además de ser galardonada con el premio James Tait Black Memorial de ficción de ese mismo año. De tal manera triunfó esta novela desde su publicación que, como nos indica Jan Morris, la famosísima historiadora y escritora de viajes, en el interesante posfacio del libro, la frase inicial de éste se convirtió en un tópico frecuentemente empleado entre los ingleses y norteamericanos cultos de décadas posteriores. A nadie extrañaba escuchar en medio de una conversación jocosa: “Coge mi camello, querida”. Que, por otra parte, nos indica el tono hilarante que presidirá prácticamente toda la novela.


<Yo siempre pensé que decía mucho a favor de mi tía el que, viniendo el camello de donde venía, no lo hubiese llamado Zenobia, Longino o Aureliano, como hubiese hecho una mujer de menor categoría. Ella, en cambio, siempre lo llamaba, en tono distante, “mi camello”, o “el camello”. >


Quienes de vosotros seáis asiduos lectores del blog, el pasaje anterior os recordará otra novela reseñada aquí hace algunas semanas. A todas luces, Rose Macaulay se inspiró en El camello de lord Berners 👈, del que toma prestado al "lunático" animal para construir el tono satírico de la novela, y por otro lado, aprovecha para homenajear a su compatriota y colega escritor, siguiendo el patrón estructural del libro, salvando las distancias argumentales. Porque, mientras El camello de Lord Berners es una ácida crítica social, Las torres de Trebisonda esconde un profundo estudio sobre los problemas espirituales y de conciencia de su autora


<A mí no me gustaban mucho los baptistas, pero fueron muy amables. Los disidentes son a menudo excelentes cristianos, Laurie. No seas nunca estrecha de miras.

le prometí que nunca lo sería.

-Aunque, por supuesto -añadió mi tía-, debes siempre recordar que "nosotros" tenemos la razón.>


Dorothy L. Sayers (1893-1957) En ella se inspiró 
Macaulay para el personaje de tía Dot
Fuente: Wikipedia

Escrita en clave de humor y rezumando esnobismo en cada pasaje, Rose Macaulay se las ingenia para crear unos personajes tan divertidos como caricaturescos, comenzando por Laurie, la protagonista y alter ego de la autora, que hace las veces de narradora omnisciente, y siguiendo por el resto de caracteres del libro. Todos los personajes están perfilados con exagerada hilaridad, para divertimento del lector y regocijo de la historia. De este modo, tenemos a la excéntrica e intrépida viajera tía Dot, que consiguió salvar la vida en África haciéndose la muerta frente a un grupo de caníbales; por otro lado encontramos al padre Chantry-Pigg, que lleva los bolsillos llenos de reliquias milagrosas; también conocemos a la doctora Halide, una feminista turca que se convirtió al anglicanismo pero quiere casarse con un musulmán; y por último un joven muchacho griego que se une al excéntrico grupo para escapar de su adinerado abuelo turco. El resto de los personajes secundarios tienen breves intervenciones pero su presencia es indispensable. Espías indiscretos, escritores competitivos, policías de película, diplomáticos al borde del colapso, curanderos de las mil y una noches… Un listado largo y muy bien estudiado de individuos que ponen la sal y la pimienta a la historia. Dicen las malas lenguas que la autora basó a dos de sus principales, la tía Dot y el padre Chantry-Pigg, en personajes muy conocidos por la sociedad inglesa. Si estas fuentes están en lo cierto, la intrépida viajera y misionera estaría basada en Dorothy L. Sayers, una famosa novelista policiaca y amiga de Rose Macaulay, y el irritante clérigo anglicano fue perfilado siguiendo las personalidades de Patrick McLaughlin , Gilbert Shaw y Gerard Irvine, tres eclesiásticos del mundo británico real.


<El padre Chantry-Pigg hablaba siempre como recién salido de entre los bizantinos, y le daba siempre por suspirar cuando los mencionaba, aunque, como decía la tía Dot, se le habían escapado por cinco siglos. Su ancestro sir Jocelyn de Chantry se había topado con ellos en las cruzadas, pero, puesto que era de la Iglesia romana, los había tratado sin demasiados miramientos. lo cierto es que al padre Chantry-Pigg no le habrían gustado nada los bizantinos si se hubiera topado con ellos, aunque los hubiera preferido a los turcos y demás musulmanes.>


Un pasaje delirantemente cómico y afilado, ¿verdad? Este es el estilo narrativo que emplea la autora durante prácticamente toda la obra. Los diálogos que aparecen en el libro son mínimos. Pese a  esta circunstancia, la fluidez de la novela no está comprometida, ya que el discurso de la narradora es tan agudo y divertido, que la lectura se hace francamente amena para quienes saben apreciar una buena novela inglesa. Especialmente si se es una anglófila empedernida, como es mi caso.

Por otro lado, Las torres de Trebisonda es un estupendo documento geopolítico de la zona donde se ubica la historia, tras establecerse el Telón de Acero. La autora, siempre en tono de humor, comenta la problemática que surgió entre los países fronterizos de los bloques socialista y capitalista. 

Trebisonda. Grabado del siglo XVIII
Fuente: Wikipedia

Macaulay también se vale del libro para hablar y evocar las distintas civilizaciones que habitaron aquellas tierras. La escritora aprovecha para redactar un ensayo filosófico sobre el paso del tiempo y la imposición de nuevas civilizaciones ante las anteriores. Así como los turcos arrasaron con el mundo clásico en su conquista de Trebisonda, tanto el afán imperialista decimonónico inglés, como las misiones religiosas del siglo XX intentan imponer la visión occidental y cristiana al mundo musulmán del este de Europa. La autora lanza constantes preguntas retóricas al lector y deja en el aire si hay respuestas correctas.

Siguiendo con esta línea crítica que adopta la novela, y sin abandonar jamás la hilaridad que la inunda, Rose Macaulay aborda con gran firmeza el tema de la mujer en el mundo musulmán. A través de dos de sus personajes femeninos contrapuestos en educación, la tía Dot y la doctora turca Halide, diserta sobre la falta de libertad de la mujer musulmana y la imposibilidad de acceder a una vida mejor sin la adecuada educación para ambos sexos. Mediante los diálogos que sostienen estas dos mujeres se verán las diferencias que existen entre la civilización occidental y la oriental, que provocan la falta de entendimiento. Rose Macaulay no escatima en detalles y dedica pasajes muy cómicos dónde ridiculiza la postura masculina en las clases bajas turcas. Los castiga con humor.

El libro es también un testimonio cultural de todo Oriente Próximo. El periplo que la protagonista realiza a lomos del camello por tierras turcas, sirias, palestinas e israelitas es un auténtico placer para los sentidos. Los amantes de la historia, el arte y la arqueología son tentados a soñar, ya que el entusiasmo que la autora imprime en el texto despiertan en el lector las ganas de viajar y visitar todos aquellos lugares. Es una pena no pertenecer a la clase media alta inglesa de aquellos días para poder realizar semejantes viajes.

Debo decir, antes de finalizar esta publicación, que, pese a ser una obra muy cómica y fascinante, la autora nos sorprende con un final explosivo. Tras mantener al lector sumido en una risa constante, sin poder desprenderse de la novela ni por un instante, llega al punto y final de la obra cerrándola abruptamente. Algunos se preguntarán qué ha sido aquello que ha sucedido, pero los más observarán el gran privilegio que se les ha concedido, porque Las torres de Trebisonda no es una obrita más de esas que escribían ciertas damas novelistas, a las que aludía la grandísima George Eliot. Esta novela es una gran obra, que evidencia el virtuosismo narrativo de la autora, y su capacidad para filosofar. 

 

<Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas.> Hipólito Taine

 

Undine von Reinecke ♪

 

Os espero el último miércoles de junio en una nueva cita de las Reseñas Cruzadas, bajo la consigna: Autor que leemos cada año. Ahora me voy al blog de Las Inquilinas de Netherfield, allí Miss Hurst nos espera con su estupenda reseña de Las torres de Trebisonda. ¿Qué nos dirá en esta ocasión? ¿Coincidiremos una vez más?



 

La autora por la editorial:

Fuente: E. Minúscula
Rose Macaulay (1881-1958) nació en Rugby, en el seno de una familia de intelectuales y clérigos anglicanos. Pasó la mayor parte de su infancia en Varazze, una pequeña ciudad costera de Italia. En 1894 regresó a Inglaterra donde, después de estudiar historia moderna en Oxford, comenzó una fulgurante carrera como escritora y periodista. Viajera incansable, fue amiga de personajes como Virginia Woolf, E. M. Forster, Vita Sackville-West, Ivy Compton-Burnett o W. H. Auden. Autora prolífica que abarcó todos los géneros, en 1956 recibió el prestigioso James Tait Black Memorial Prize por Las torres de Trebisonda, considerada su obra maestra.


miércoles, 19 de mayo de 2021

RESEÑA: "EL CARTERO DEL REY" RABINDRANATH TAGORE

Fuente: Undine von Reinecke


Ficha Técnica:

Editorial: Ediciones Akal

Traductor: José Antonio López de Letona

Colección: Básica de Bolsillo

Serie: Clásicos de la literatura inglesa

Materia: Ciencias humanas y sociales, Infantil y juvenil, Lengua y literatura, Contemporánea, Teatro: SerieClásicos Literatura Inglesa

Idioma: Castellano

EAN: 9788446033233

ISBN: 978-84-460-3323-3

Fecha publicación: 31-01-2011

 

Sinopsis de la Editorial:

Amal es un niño huérfano, adoptado por Madhav, a quien su médico ha prohibido salir a la calle. Un día descubre que han situado una oficina de correos frente a su casa, lo que despierta su imaginación: su gran sueño es recibir una carta del rey. De entre las piezas teatrales de Tagore, quizá ninguna es tan popular y conocida como "El cartero del Rey", la cual tiene la virtud de ser, al mismo tiempo, una de las obras que refleja con más profundidad el pensamiento de su autor. La presente traducción de José Antonio López de Letona es una versión que, conservando la delicadeza y autenticidad del texto original, logra hacer llegar al gran público castellano al inolvidable personaje que es el niño Amal.

 

Propuesta musical para este libro:

Canción patriótica bengalí compuesta por Tagore, en su apoyo a la lucha por la independencia de la ocupación inglesa. Esta canción fue la favorita de muchos indios, incluido Ghandi.

 

Lo que Undine piensa del libro:


Este mes de mayo mi cita con el proyecto La vuelta al mundo en doce libros me lleva hasta Bombay, una etapa del libro de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días que todos recordamos por ser en la que aparece por vez primera uno de sus personajes más carismáticos, la joven india Aouda. Bombay es la ciudad portuaria más importante del subcontinente, la más poblada de la India y quinta del mundo en población. Su puerto natural está situado en la estrecha franja que forma la costa pantanosa de Maharashtra, y penetra en el mar Arábigo. El gran tráfico comercial del mismo convierte a Bombay en principal centro económico del país, así como uno de los núcleos más importantes de cultura y comunicaciones del mundo. La ciudad posee entre su patrimonio histórico algunos de los edificios más importantes del continente, así como monumentos considerados Patrimonio de la Humanidad, proclamados por la Unesco. Sírvanme de ejemplo las Grutas de Elefanta, que accedieron al trono de las elegidas en 1987.

Estatua de Trimurti-Sadashiva (G. Elefanta)
Fuente: Wikipedia

La India colonial comenzó a surgir en el siglo XV, con la llegada de los portugueses a Calicut (Calcuta), de la mano del marino Vasco de Gama. Él fue el primero que obtuvo permiso para entablar relaciones comerciales entre Europa y Asia, en un momento en que todas las grandes potencias europeas buscaban extender sus redes mercantiles. Tras conseguir este privilegio tan codiciado, fueron muchos los países que quisieron imitar a Portugal. Holanda fue la siguiente nación en llegar allí; luego vinieron los ingleses, franceses, daneses  y noruegos. Todos establecieron a principios del siglo XVII puertos comerciales en la India. La carrera por poseer el dominio fue feroz. Finalmente Inglaterra se hizo con el poder y se extendió a lo largo y ancho del subcontinente, eso sí, con incesantes levantamientos y revueltas que mantuvieron ocupado al ejército inglés durante su estancia allí, hasta que la India consiguió finalmente su independencia en 1947.

La historia de India e Inglaterra va unida al nacimiento y expansión de una empresa comercial londinense. Me refiero a la famosa Compañía de las Indias Orientales, a la que la reina Isabel I concedió en 1600 el monopolio comercial sobre aquellas tierras. La compañía fue estableciendo puestos mercantiles en diferentes lugares estratégicos, administrados y gobernados por sus propios representantes. De este modo, la India británica fue tutelada por una empresa comercial, y no por el gobierno de la nación, durante prácticamente doscientos cincuenta años. Se impuso el inglés como legua obligatoria de la administración, así como un sistema de gobierno centralizado copiado del británico, pese a la existencia de múltiples estados, aparentemente independientes, regidos por maharajás y nababs.

Estación Chhatrapati Shivaji (antiguamente E. Victoria)
Fuente: Wikipedia

El paso de los ingleses por la India dejó grandes beneficios derivados de sus objetivos comerciales. Se desarrollaron la minería y la agricultura, cuyas materias primas principales fueron el hierro, el carbón, el té, el café y el algodón. También se construyó una red ferroviaria que favoreció las comunicaciones y por ende el comercio. Pese al crecimiento económico de la zona, esa bonanza no se vio directamente reflejada en la población, ya que los ingleses respaldaron el sistema de los zamindar (terratenientes), que contribuyó al aumento de la pobreza entre el campesinado, siguiendo las anteriormente establecidas líneas del sistema de castas hindú.

A grandes rasgos, así era la India en la que desembarcó Phileas Fogg. Pero hasta el momento no hemos hablado de sus letras. La literatura india está considerada una de las más importantes y antiguas del mundo, con obras tan emblemáticas como los Vedas (1600-700c.C.), el Mahabharata (III a.C.) y el Ramayana (III a.C.). Su producción es también de las más extensas, ya que se conocen textos escritos  en las  veintidós lenguas de su territorio, aunque la más antigua y usada es la sánscrita, razón por la que también  se denomina a la literatura como hindú, haciendo referencia a sus orígenes religiosos. Los temas que abordaba esta primera etapa literaria hacían referencia al culto, la sabiduría y la religión. Otras literaturas de la India son la budista y la musulmana, aunque se dieron en menor medida que la literatura hinduista, que marcó el rumbo de sus letras.

Tras una riquísima y lírica tradición literaria entre el segundo milenio antes de Cristo y el siglo XVIII, nace en el siglo XIX la literatura Adhunikaal, considerada la última etapa de la literatura hindú, que llega hasta nuestros días. Se caracteriza por la inmersión de los escritores en nuevos campos de la literatura. Se usan nuevos estilos narrativos y se exploran diferentes géneros literarios. Comienzan a aparecer textos dedicados a la comedia, la novela, los relatos cortos, el drama, y textos de ficción y no ficción. Entre los literatos indios del momento podemos destacar a: Mahatma Gandhi‎, Kripa Ram Barath, Bankim Chandra Chattopadhyay, Cornelia Sorabji, entre muchos otros.

En este grupo de la literatura Adhunikaal también debemos ubicar a Rabindranath Tagore, el escritor que he elegido hoy para reseñar. La obra seleccionada de entre su interesante y fantástica producción es una pieza teatral y lleva como título El cartero del rey. La obra comienza así:


<Madhav

“¡Qué extraño me siento! Antes de su llegada todo me importaba un bledo; me sentía libre de todo. Y ahora, desde que ha venido -Dios sabe desde dónde- mi corazón se encuentra lleno con su cara presencia y mi casa ya no será mi hogar cuando se vaya. Doctor, cree usted que él…”

Doctor

“Si su sino es vivir, vivirá una larga vida. Ahora bien: de acuerdo con las escrituras de la medicina…”>


El cartero del rey nos lleva a una población de la India.  Nos cuenta la historia de Amal, un niño huérfano de padre y madre que ha sido acogido por sus tíos. Madhav, el tío del chico, es un hombre humilde que nunca quiso tener hijos, pese a la insistencia de su esposa. Pero la llegada de Amal ha llenado sus vidas de felicidad. Pese a ello, la tristeza invade los pensamientos de Madhav, porque el chiquillo está muy enfermo. El doctor aconseja mantener a Amal encerrado en casa, a salvo del sol y las corrientes provocadas por el viento, pero el niño no está contento con esto. Su gran curiosidad por el mundo y el espíritu de aventura que guarda en su corazón le mantienen pegado a la ventana de su dormitorio. Desde allí intenta establecer conversación con las persona que pasan por la calle: el lechero, el sereno, la florista, los niños de la calle… A todos ellos interpela, a todos ellos cautiva con sus preguntas y plática soñadora. ¿Será capaz Amal de superar las barreras que le mantienen cautivo tras aquella ventana y cumplir sus sueños?

El cartero del rey es una preciosa obra de teatro publicada en 1913, mismo año en el que se le concedió a Tagore el Nobel de Literatura. El drama consta de dos actos, divididos a su vez en diez escenas cada uno. La sencillez estilística es inmensa, ya que carece prácticamente de descripciones, como también se caracteriza por un lenguaje llano, accesible a todo el público. En cuanto a los personajes, Tagore se limita a identificar a cada individuo por su nombre u oficio, y deja que el espectador, en este caso lector, deduzca su personalidad por los diálogos que mantienen. Pese a ello, no cabe duda con respecto al perfil psicológico de cada uno de ellos. El autor consigue impregnarlos de su magia lírica. 

Con respecto a la historia, la economía de palabras no afecta en absoluto a la profundidad filosófica que inunda la obra. La dulzura de los diálogos y los mensajes que de ellos podemos deducir hacen de esta pieza algo tan excepcional, pese a su brevedad, que ha sido catalogada como una de las obras más destacables de su autor

Ha habido múltiples interpretaciones con respecto al tema que subyace en el texto. Algunas apuntan hacia temas políticos, como el de la independencia de la India frente a la ocupación inglesa, pero, en mi opinión, la obra también aborda temas mucho más cercanos al espectador que la convierten en universal: el capitalismo, la pobreza, la espiritualidad, la felicidad, Dios, la muerte, e incluso la carrera de la ciencia frente a la religión; muchos temas importantes para la vida, contenidos en muy pocas palabras, que elevan a su autor en digno poseedor del ilustre galardón que se le otorgó, y a esta obra estupenda representante de las corrientes filosóficas que imperaban en el mundo, en el momento que fue publicada. De hecho, no he podido evitar rememorar El camino de la vida (1911) 👈, del escritor ruso Lev Tolstoi. Algunas de las frases que aparecen en El cartero del rey me hablan del mismo modo, cuando se refiere a la felicidad y a la vida.


< (…) Ni tu ni yo hemos perdido el tiempo. Tú me has enseñado cómo se puede ser feliz vendiendo cuajadas.>


A. Einstein y Tagore en Belín (1930)
Fuente: Wikipedia

No es sorprendente que esto suceda. De hecho, Tagore mantuvo una estrecha relación con Ghandi, quien a su vez entabló una prolífica correspondencia con Tolstói. Aquellos tiempos eran un hervidero ideológico, y los grandes pensadores estrechaban lazos y contrastaban opiniones. Entre las relaciones que mantuvo Tagore destacan personalidades como Albert Einstein, Henri Bergson, o Thomas Mann, entre muchos otros. Porque Rabindranath Tagore no sólo es admirado como una figura de vital importancia para la literatura, también está considerado como un gran reformador social, defensor de la paz, de la igualdad entre los sexos, y de la vida. Su absoluto respeto por la naturaleza le convirtió en uno de los primeros ecologistas más ilustres. Todas estas circunstancias unidas a su destreza en todos los campos de la cultura que practicó (educador, pintor, músico, letrista  y compositor), le han hecho merecedor de ser considerado como uno de los personajes mundiales más importantes de todos los tiempos.  Además, su excelsa labor en el campo de las letras le convirtió en el primer no europeo galardonado con el prestigioso Premio Nobel de literatura.

No es extraño que sus seguidores occidentales le invitaran a viajar a sus países, ya que su obra fue conocida rápidamente desde el momento en que Tagore la comenzó a traducir al inglés. Sus viajes le llevaron por todo el mundo, primeramente a Inglaterra, y más tarde a Japón, Estados Unidos, Argentina, Italia, Hungría… Aquellas singulares experiencias quedaron reflejadas en sus diarios de viaje publicados con el título de Jatri. Son el testimonio de lo que una persona puede influir en el rumbo de la historia con su obra, como se demostraría años después con la independencia de la India. 

Cuando El cartero del rey se estrenó en Londres, el poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeats le dedicó una maravillosa crítica, que aparece en mi edición de la obra como prefacio. De ella he querido seleccionar un pequeño pasaje, éste refleja con excelencia el espíritu del drama. Con él pongo fin a mi reseña.


<La obrita demuestra estar perfectamente construida, y trasmite al público adecuado una sensación de paz  y suavidad.> (W. B. Yeats)

 

Os espero a todos el próximo 16 de junio, en una nueva edición de La vuelta al mundo en doce libros. Nuestro próximo destino es Hong Kong, China.



 Undine von Reinecke


El autor por la Editorial:

Autor y pensador indio, Rabindranath Tagore nació en una familia rica y vivió su infancia y juventud en un ambiente cultural privilegiado. Recibió educación por tutores y en varias escuelas, escribiendo su primer poema con ocho años y publicando a los diecisiete. Tagore fue enviado a estudiar a Inglaterra, iniciando estudios de Derecho en el University College de Londres, que abandonó. Se casó en 1883, cuando ya era conocido por sus poemas y canciones, y en 1890, pasó a administrar los bienes de la familia de su esposa, en la actual Bangladesh, continuando con su labor literaria.

En 1901, marchó a Shantiniketan, en donde fundó una escuela. Viajó a Inglaterra, Japón y Estados Unidos, continuando a su vuelta su trabajo en su escuela, y recaudando fondos a tal fin. Con el tiempo viajaría a Perú y Argentina y más tarde por el sudeste asiático. Los últimos años de su vida los dedicó también a la pintura.

Políticamente, Tagore fue defensor de la independencia india, y estuvo en contra de la partición del subcontinente indio. En el año 1913, obtuvo el Premio Nobel de Literatura, como reconocimiento a toda su carrera y a su implicación política y social.

Tagore fue autor de cuentos, relatos cortos, ensayos, libros de viaje, teatro y especialmente de poemas, por los que es más conocido, y a los que frecuentemente puso música. Escribía en bengalí que él mismo traducía al inglés.

De entre su obra habría que destacar títulos como Los cantos del crepúsculo, El movimiento nacional, Gora, El jardinero o Cantos de la aurora, entre otros.

 

 

 

 

 




miércoles, 12 de mayo de 2021

RESEÑA: "EL HIJO PERDIDO", MARGHANITA LASKI

Fuente: Undine von Reinecke


 Ficha Técnica:

Editorial: Nórdica Libros

Traducción: Blanca Gago

Tamaño: 14 x 22 cm.

Encuadernación: Rústica

Páginas: 264

ISBN: 978-84-18067-25-9

Edición en papel: 19,50 €

Edición ebook:  8,99 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Hilary Wainwright, un soldado inglés, regresa a una Francia devastada y empobrecida durante la Segunda Guerra Mundial para localizar a un niño perdido cinco años antes. Pero ¿este pequeño y tranquilo niño, ahora un sombrío huérfano, es realmente su hijo? ¿Y si no lo es? En esta novela exquisitamente elaborada, seguimos la lucha de Hilary por amar en medio de una guerra. El hijo perdido es también una novela atemporal sobre la emoción, que describe la búsqueda de un hombre para encontrarse a sí mismo, para asumir su propio sentido de la pérdida y hallar el valor para volver a amar con el pleno conocimiento de que eso lo expondrá a nuevas formas de dolor.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Lo importante es buscar. No importa si se encuentra o no.> Antonio Tabucchi


No me tengo por ser una persona supersticiosa, pero siempre he creído que en el mundo existe algo parecido a la magia que regula nuestras vidas, que una energía positiva guía nuestros pasos si estamos abiertos a admitir su presencia. La lectura que me correspondía hacer esta semana me lo ha vuelto a confirmar. Ya sabéis que mi última reseña publicada estaba dedicada a la narrativa de Charles Dickens. A través  de una de sus novelas menos alabadas en la actualidad, Almacén de antigüedades 👈, quise ensalzar la labor literaria del famoso escritor inglés. ¡Cuál no sería mi sorpresa al comprobar que el título que leería después ratificaría mis palabras! Me refiero a El hijo perdido firmado por la escritora inglesa Marghanita Laski, publicado en España por Nórdica Libros (2020). Tanto la novela como el texto que le sigue mencionan la narrativa de Dickens como algo especial. Incluso el epílogo del libro compara el efecto que produjo el final de El hijo perdido con el impacto causado en el público del siglo XIX por Nelly, la heroína dickensiana de Almacén de antigüedades. ¿No es esto una feliz coincidencia que se me presentó como una recompensa? Hay quienes verían en este acontecimiento un caso claro de “serendipia”, es decir, y recurriendo a la definición de la RAE, “Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. No se me ocurre mejor elección para incluir como primera lectura en mi participación en el reto Serendipia Recomienda 2021, organizado por la escritora Mónica Gutiérrez Artero en su blog.

La novela comienza así:


<El día de Navidad de 1943, Hilary Wainwright se enteró de que su hijo estaba perdido.>


Fuente:iwm.org.uk

El hijo perdido nos lleva al Londres de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Hilary Wainwright, un poeta e intelectual inglés, está celebrando la Navidad junto a su madre, su hermana y los hijos de ésta. La imagen que se presenta frente a él al contemplar a sus sobrinos le hace evocar su infancia, y el deseo de poder disfrutar de unos momentos similares junto a su propia familia. Pero Hilary es un hombre viudo y a su hijo recién nacido no lo ve desde que tuvo que huir de Francia, donde vivía junto a su esposa, ante la inminente llegada de los nazis. Sus pensamientos retornan a la realidad cuando alguien llama a la puerta. Se trata de Pierre, un conocido francés, que viene a informarle de que su hijo ha desaparecido. El niño se perdió cuando la mujer que estaba a su cargo fue asesinada por los alemanes. Ante la imposibilidad de volver a Francia, ya que la guerra le tiene atado a sus obligaciones con Inglaterra, su informante promete hacerse cargo de la búsqueda del pequeño.

En 1945, ya finalizada la contienda, Hilary regresa al país galo a buscar él mismo a su hijo. Pierre ha estado durante esos años indagando. Sus pesquisas le han llevado por varios caminos y ve posible que uno de ellos sea el certero. Pone a Hilary en antecedentes, y le comunica que, si el niño candidato a ser su hijo finalmente no es tal, probablemente nunca jamás pueda dar con él. Desde ese momento Hilary seguirá las indicaciones que Pierre le da, que le llevarán hasta un orfanato regentado por monjas, situado a ochenta kilómetros de París. ¿Será el pequeño de cinco años que vive allí su hijo? Y lo que es más importante, ¿Conseguirá Hilary encontrar lo que verdaderamente busca?

El hijo perdido es una fascinante, estupenda y sólida novela, que se publicó por vez primera en 1949, bajo el título original de Little boy lost. Desde que salió a la venta fue todo un éxito entre el público y la crítica, que se rindieron ante la capacidad narrativa de Marghanita Laski y el poder emotivo de su historia. Pese a la trascendencia que tuvo su obra, la autora es casi una desconocida en nuestro país, y hasta la fecha tan sólo se han publicado dos títulos de toda su producción: La chaise-longue victoriana (Automática Editorial, 2012), un relato inquietante y terrorífico que quienes lo han leído han quedado gratamente sorprendidos y admirados, y El hijo perdido, la novela que me ocupa hoy.

En esta ocasión la autora nos ofrece algo muy diferente y especial. Se trata de una novela de búsqueda personal, que guarda entre sus páginas mucho más que una historia conmovedora, como muchos lectores pudieran pensar, ya que la sinopsis capta ese tipo de atención emocional: un niño pequeño huérfano de madre perdido en una Francia en guerra, y un padre que intenta encontrarlo vehementemente cuando la contienda finaliza.


<Vino a decirme que John está perdido -dijo Hilary con la vista clavada en su madre, temblando por la intensidad del deseo de que esta se convirtiera milagrosamente en una imagen capaz de reconfortarlo, simplemente reconfortarlo.>


Pero ya en las primeras páginas nos damos cuenta que estamos ante algo muy diferente. Son varios los factores que nos dicen que esto es así: por un lado, el frio planteamiento estructural y estilístico de la novela, que no da pie a descripciones empalagosas ni excesivamente sentimentales; y por otro, la exhaustiva disección psicológica del personaje principal, a quien la autora presenta como un ser devastado por la pena, la culpa y la pérdida.

Laski introduce a Hilary ante lector mostrando su lado más frágil. Nos lo muestra junto a su madre, una figura que no cumplió la importante misión que le correspondía durante su infancia, motivo por el cual el protagonista se convirtió en un adulto con fisuras emocionales en su personalidad. Debido a ello, la soledad que Hilary siente tras la muerte de su esposa y la desaparición de su hijo es absoluta. No encuentra refugio alguno entre su familia, ni estímulo que le empuje a ver la vida con optimismo. Tan sólo la inercia le obliga a seguir viviendo y desear un algo abstracto que le saque de la malsana ansiedad. Por ese motivo, pone sus últimas esperanzas en la búsqueda del hijo que tuvo con su esposa, la única persona que le hizo sentirse vivo por dentro.


<Ojalá hubieran encontrado al niño -pensó- , ojalá estuviera casado con Joyce, y mi vida estuviera asentada, mi conciencia, en calma, y los antiguos encantamientos, muertos por fin.>


Fuente: Academiaplay.es

En este punto de la novela, y sólo hemos leído el primer capítulo, Laski lleva a Hilary a París. Allí le espera una Francia asolada por las consecuencias de la guerra. Este es otro de los puntos importantes de la novela, ya que la mirada analítica de la autora supone un documento de verdadero interés sociológico de la época. Laski refleja ojo fiel  la realidad francesa en los años de la guerra y la posguerra. Nos habla de las diferentes conductas que se establecieron entre sus gentes: de la pasividad de algunos antes los horrores, del colaboracionismo de otros con los alemanes, del activismo de los intelectuales en la resistencia, de la compasión de figuras anónimas ante las desgracias… Pone al complejo protagonista en medio de una Francia mercenaria y muy poco poética, que contrasta con su educación inglesa y el intelecto que como poeta posee.


<Hilary sacó apresurado la cartera, extrajo un billete de mil francos y miró vacilante a Pierre, que asintió con vehemencia. Hilary entregó un billete a la anciana, que lo deslizó con rapidez en un bolsillo por debajo del delantal (…)>


Con este panorama sombrío y poco prometedor, Hilary comienza en solitario su odisea particular en busca del hijo perdido. Un viaje tortuoso que le llevará a conocerse a sí mismo, no sin antes lidiar con personajes que sacarán de él su yo más oscuro. El efecto que provoca en él la relación que mantiene con éstos será el detonante para sus reflexiones, hilos conductores de la novela. Porque es importante puntualizar que este título tiene un cariz altamente existencialista. Pese a ello, el lector no debe pensar que la historia se hace pesada o aplastante. Todo lo contrario. La magistral habilidad narrativa de Marghanita Laski hace que el texto fluya con emoción y dinamismo. Para ello la autora se ayuda de su herramienta más efectista: las conversaciones que mantiene el protagonista con el niño candidato a ser su hijo. Dosifica estos momentos y los intercala con otras experiencias paralelas que vive el protagonista, consiguiendo con ello que aumente el interés del texto por momentos. El lector se verá atado a la novela sin remedio, tratando de saber si finalmente el niño en cuestión es hijo o no del protagonista. Pero el verdadero interés, en mi opinión, es conocer cómo actuará Hilary al llegar a la página final. Puedo confirmaros que yo estuve dudando de lo que ocurriría en todo momento. La incertidumbre es inmensa.

Por lo demás, señalar que los personajes secundarios del libro son magníficos. Comenzando por Pierre, el francés que inicia la búsqueda del hijo perdido, un hombre herido en el alma que quiere expiar sus culpas ayudando a Hilary; seguido de la mujer que acogió en su casa al chiquillo, una anciana que no sabe ya distinguir entre el bien y el mal; y terminando por la sobrina de la dueña del hotel donde se hospeda Hilary, una joven que se vende en especias al mejor postor. Estos y otros personajes, muchos de ellos parecen haber salido de la mejor novela francesa del naturalismo, son una perfecta comparsa en la historia.

Fuente: Yadvashem.org

Mención especial merece uno de estos secundarios, porque a través de éste Laski aborda el tercer punto importante de esta novela: la precaria situación que vivieron los niños franceses y europeos durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a la madre superiora que dirige el orfanato donde vive el posible hijo del protagonista. Una institución católica que acoge a los hijos de las víctimas de la contienda. Gracias a las conversaciones que Hilary mantiene con la monja la autora despliega sus grandes dotes para la denuncia. Es muy interesante al respecto leer el epílogo del libro firmado por Anne Seba. En él podemos conocer el especial interés mostrado por Marghanita Laski hacia la infancia. Seba nos cuenta que la autora viajó a Francia al término de la guerra para informarse sobre este asunto. Se entrevistó con muchas autoridades, visitó instituciones, y se documentó exhaustivamente. Motivaciones humanas no le faltaban, ya que ella misma acogió en su hogar a niños víctimas de aquel horror.

Para finalizar, quiero señalar la gran pasión por la literatura que demuestra esta novela, no sólo por elegir como profesión del protagonista la de poeta y literato, sino por la constante presencia de los libros en ella. El espíritu de Dickens se pasea entre sus páginas de tal modo que, desde mi punto de vista, Marghanita Laski rinde un gran homenaje a su colega decimonónico.

Grandes críticos han alzado su voz a favor de este título. Son muchos los autores que han declarado su predilección por El hijo perdido. Incluso hubo una adaptación cinematográfica que se hizo de la novela, un musical protagonizado por Bing Crosby del que la autora del libro renegó. Pese a ello, el nombre de Marghanita Laski era para el lector de habla hispana casi desconocido. Es una suerte que la editorial inglesa Persephone Books rescatara en los últimos años su obra, así como que dos de nuestra editoriales apostaran por publicarla. La categoría de esta escritora, articulista y erudita no debe pasar desapercibida. Su depurado estilo, unido a la profundidad de su obra, su originalidad y admirable manejo narrativo, además de su incuestionable capacidad para conectar con los rincones emocionales del lector, hace de ella una autora altamente interesante e imprescindible, para quienes busquen  algo más que una nueva lectura.


<Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.> Enrique Jardiel Poncela


Undine von Reinecke ♪ 

 

Con El hijo perdido comienzo el Reto #SerendipiaRecomienda2021 👈 organizado por  la escritora Mónica Gutiérrez Artero en su blog.


La autora por la Editorial:

Fuente: Wikipedia
Marghanita Laski (Mánchester, 1915 - 1988) Escritora inglesa de origen judío, estudió Literatura Inglesa en Oxford, donde conoció al futuro editor John Howard, con quien se casó y tuvo dos hijos. Trabajó como periodista y escribió ensayos, biografías literarias y relatos, así como varias novelas entre las que destacan The Village (1952) y La chaise-longue victoriana (1953, publicada en español en 2012 por Automática Editorial). El hijo perdido (1949) aparece ahora por primera vez traducida al español. Laski fue una figura muy conocida en su época tanto por sus obras como por su participación en programas de radio culturales y su valiosa colaboración en el Oxford English Dictionary.





Más sobre The little boy lost, la película:

La adaptación es del año 1953, y tiene como protagonista a Bing Crosby. Marghanita Laski se sintió horrorizada por el resultado final de la película. Ya que su condición de musical típico de la época se alejaba mucho del carácter de la novela. Os dejo un vídeo con un momento del film, ejemplo claro que secunda la opinión de la escritora inglesa.

 

miércoles, 5 de mayo de 2021

RESEÑA: "ALMACÉN DE ANTIGÜEDADES", CHARLES DICKENS

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha técnica:

Editorial: Edimat Libros

Traducción: Equipo editorial

Introducción: Ivana Mollo

Colección: Clásicos de la Literatura Universal

Referencia: 01151113

ISBN: 9788497648103

Tipo de encuadernación: Tapa blanda

Formato: 120X190

Páginas: 352

Precio: 3,95€

Sinopsis de la Editorial:

El rasgo dominante de Almacén de antigüedades, escribe Edgar Allan Poe, es su pura, vigorosa y admirable imaginación. He aquí el todopoderoso encantamiento que bastará para compensar muchísimos más errores de los que Mr. Dickens haya podido cometer. La historia de la pequeña Nell y la de toda una galería de retratos humanos, extraídos de la Inglaterra de la época, jalonan y configuran una narración que logra mantener despierto el interés del lector desde sus primeras páginas.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.> Charles Dickens


En estos tiempos inhóspitos en los que vivimos, la hipocresía, el cinismo y el mal gusto parecen haberse afincado libremente entre nosotros. Los medios de comunicación y las redes sociales dan muestras de ello diariamente. Eligen el camino del morbo y la zafiedad para captar audiencia, descartando los temas luminosos como símbolo de antigüedad y decadencia. Términos como "brutal", "sangriento" o “inmamable” atraen a los nuevos seguidores mucho más que otras de significado más pacífico y musical. La armonía ha pasado de moda, el individuo del siglo XXI parece verse inclinado a dejarse llevar por la oscuridad. Sólo hay que fijar la atención a nuestro alrededor y comprobar quiénes se levantan como líderes. Casi todos tienen una herramienta en común: la negatividad. Estos nuevos adalides, a los que se alude como influencers, no sea que se los tache de decadentes, prefieren recurrir a la crítica asesina en vez de la diatriba constructiva. Saben que el espectáculo será mucho más rentable. Pero hubo un tiempo, no tan lejano como nos quieren hacer creer, en que esto no era así. Los grandes intelectuales buscaban ensalzar lo positivo como guía de la humanidad. Muchos de ellos tenían un punto en común, su veneración por Charles Dickens. El gran novelista victoriano estimuló con la profundidad de su obra el intelecto de muchos grandes pensadores. Desde el británico G. K. Chesterton, al austriaco  Stefan Zweig, han sido muchos los escritores que han sabido reconocer en él ese genio que caracteriza la verdadera inmortalidad. Incluso en nuestros días podemos encontrar nombres ilustres que reconocen haber sido tocados por el encanto dickensiano. El columnista español Alex Vicente escribió para Bebelia (El País) en junio de 2020 un interesante artículo al respecto. En él,  citaba un listado de autores internacionales y nacionales contemporáneos que lo confiesan. Salman Rushdie, Jonathan Coe, Javier Marías… Un registro de nombres por todos conocidos que dan sus razones por las que admiran a Dickens, que finaliza con el de la escritora española Marta Sanz. De entre las palabras de esta última he seleccionado esta frase, por lo que tiene de actual:


<El realismo aleccionador me parece mucho más honesto que ese otro realismo, aparentemente aséptico, que vende ideología como si no lo hiciera. >

 

Francamente, los que nos declaramos abiertamente admiradores de Dickens no podemos dejar de regocijarnos en las palabras de tantos y tan ilustres opiniones. Pese a todo, en los últimos tiempos ha surgido la moda de desacreditar a Charles Dickens. Esta realidad me estimuló a querer volver una vez más a su narrativa, ese lugar donde siempre encontré felicidad. Para ello quise elegir una de sus obras menos apreciadas en la actualidad. Se trata de La tienda de antigüedades o Almacén de antigüedades, según mi edición; The old curiosity shop en su edición original en inglés.  La novela comienza así:


<Viejo como soy, tengo predilección por los paseos nocturnos, aunque (¡gracias a Dios!) adoro la luz y bendigo -como todas las criaturas- la saludable influencia que ejerce sobre la Tierra. En verano, cuando estoy en el campo, suelo salir tempranito por la mañana y vagar todo el día y, a veces, aun semanas enteras; pero cuando estoy en una ciudad, pocas veces salgo a pasear de día.>


Tienda real en la que se inspiró Dickens
Fuente: Wikipedia

Almacén de antigüedades nos lleva al Londres del siglo XIX. La primera escena transcurre durante una de esas noches oscuras que invadían las calles londinenses. Paseando por una de ellas se encuentra el narrador de nuestra historia, un caballero anciano que es abordado por una niña solitaria. La jovencita, Nelly, de apariencia dulce y frágil, se ha perdido y le pide ayuda para encontrar su casa. El caballero, asombrado e indignado por toparse con una criatura sola y perdida en medio de la ciudad, decide acompañarla. Cuando llegan a la puerta de una tienda de antigüedades, la niña le comunica que es ahí donde vive, e invita al caballero a entrar junto a ella. Allí son recibidos por un anciano, al que la chiquilla presenta como su abuelito. El salvador de Nelly es agasajado con agradecimientos, pero éste no acepta las palabras de cortesía, ya que percibe que la niña es explotada por su familiar. Así se lo trasmite al abuelo, pero él se defiende alegando que es muy viejo y que todo lo hace por la felicidad de Nelly, a quien adora.

En el transcurso de la visita pasan por la tienda varios personajes, todos ellos importantes en esta historia. Por un lado tenemos a Kit, un niño tan feo como bueno, que ayuda en la tienda y es el único amigo de su edad que tiene Nelly; por otro lado nos presentan al codicioso hermano de la niña, que va acompañado de su amigo Dick, un vividor borrachín; y por último conocemos al principal malhechor de esta historia, el infame Quilp, un personaje que va sembrando el terror allá por donde pasa. Este último es un individuo pérfido y especulador, al que el abuelo de Nelly debe mucho dinero. Pese a ello, todos los que conocen al anciano opinan que éste guarda un gran tesoro en algún sitio, y se confabulan para quedarse con él. Pero lo cierto es que el abuelo de Nelly sólo atesora un secreto, un misterio que ni siquiera la pequeña conoce, pero que será la perdición para los dos. Tanto es así que, cuando todo se descubre, abuelo y nieta quedan a disposición del infame Quilp. La vida se presenta tan miserable para ellos que, pese a su juventud y falta de recursos, Nelly decide escapar de Londres y llevarse con ella a su abuelo.


Es entonces cuando comienza la odisea de Nelly: sin dinero, contactos, ni recursos materiales de ningún tipo, emprenden un viaje a través de Inglaterra sin rumbo ni dirección. En Londres queda su único y verdadero a amigo, el fiel Kit. Un muchacho pobre, valiente y carismático que está empeñado en rescatar de cualquier modo la dignidad y la vida de su antiguo amo y la de Nelly. ¿Será capaz de hacer frente a la maldad de todos sus adversarios? ¿Conseguirá vencer la conjura y la venganza que se ciernen contra Nelly? ¿Conseguirán abuelo y nieta alcanzar la anhelada felicidad?


Monumento erigido en Filadelfia
a Dickens y su heroína Nelly

Almacén de antigüedades es una tierna, simpática y emocionante novela. Fue publicada por entregas en el semanario del propio Dickens, que llevaba por nombre Master Humphrey's Clock, entre 1840 y 1841. Al término de la historia se publicó la novela completa en el mismo año 1841. En el momento que se dio a conocer fue un auténtico éxito, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. De tal modo que, Charles Dickens la eligió como una de sus lecturas públicas durante el viaje que realizó a Norteamérica. Estas citas literarias eran todo un acontecimiento, hasta el punto que los neoyorkinos dormían en las calles la noche anterior para hacer cola. Cuentan las crónicas de la época que, cuando se publicaba la entrega semanal de la historia los lectores del extrarradio de Londres salían en busca del cartero que hacía las entregas para adelantar unos minutos la lectura, y que los habitantes de Nueva York se presentaban en el puerto para interrogar sobre el destino de Nell Trent, la protagonista de la novela, a los viajeros que llegaban de Inglaterra en el barco que transportaba la última entrega. Con esa enorme emoción se vivía la historia en tiempos de Dickens. Tanta que incluso la reina Victoria quiso leerla el mismo año de su publicación y se refirió a ella como: "muy interesante y hábilmente escrita". La conclusión de Almacén de antigüedades fue un auténtico shock, impactó de tal modo entre los lectores que ha pasado a la historia con el estigma de ser una de las novelas más cargadas de sentimentalismo de la producción de su autor. No es un secreto que algunos intelectuales de la generación posterior se mofaron de ella y la tacharon de sensiblera. Entre ellos Oscar Wilde y más tarde Virginia Woolf. 

Pese a esta circunstancia, y sin negar el dramatismo que impregna sus páginas, esta novela posee las grandes cualidades por las que Charles Dickens es considerado hoy por hoy, tanto como lo fue ayer, uno de los novelistas más importantes de todos los tiempos. Ese a quien Stefan Zweig colocó en el pódium de los vencedores junto a Balzac y Dostoievski. Su grandísimo manejo estilístico del lenguaje, su acentuado sentido de la estética y la habilidad que demuestra en la creación de diversos escenarios, como también de múltiples tramas que no empañan ni distraen de la principal, avalan estas palabras. Dickens es capaz de hacer atravesar Inglaterra al lector acompañando a Nelly y su abuelo, para hacerlo regresar rápidamente junto al simpático Kit y verle hacer frente al infame Quilp; tan pronto lo sitúa en un bufete de abogados corruptos, como lo lleva al corazón de Inglaterra para presenciar un espectáculo de saltimbanquis. Dickens consigue captar la atención desde el primer momento, seduce y cautiva vehementemente con su habilidad narrativa y descriptiva hasta llegar al punto final. Una conclusión que no a todos gusta del mismo modo, pero que a nadie deja indiferente. La turbación que provoca no sólo incita a las lágrimas, sino que estimula las mejores emociones. Esas que en tiempos del autor llevaron a muchas personas a querer ser mejores ciudadanos: los ricos fueron más caritativos, las instituciones invirtieron en obras sociales, el ciudadano de a pie se solidarizó más con las penas de su vecino. No lo digo yo, lo cuentan las crónicas de la época. Es muy interesante leer al respecto el ensayo que le dedicó Stefan Zweig a Charles Dickens. 

Por otro lado, en La tienda de antigüedades encontramos a ese Dickens observador y analítico, creador de grandes personajes. Ya lo comprobamos al comienzo de la novela cuando el narrador, en mi opinión, alter ego del autor, reconoce su afición por recorrer las calles habiendo anochecido, y así poder estudiar con más acierto los rostros de las personas que las habitan. 


<Dos factores han contribuido a hacerme caer en esta costumbre: mis achaques, que la oscuridad disimula, y mi afición a reflexionar sobre el carácter y profesión de los transeúntes. (…) >


Kit y su madre
Fuente: Wikipedia

Nadie desconoce la afición que el autor tenía a pasear de noche por las calles de Londres. Él mismo lo reconoció numerosas veces durante su carrera literaria, tanto por escrito como en las conferencias que daba. Gracias a ello consiguió trasmitir en sus obras esa atmósfera tan característica de la Inglaterra victoriana, sus costumbres y su problemática. No sólo eso, sino que pudo elaborar de este modo una galería de personajes que reproducían a la perfección todos los talantes y profesiones de las clases sociales menos favorecidas y de la burguesía de su época. Caracteres que, con la magia que les imprimió, han logrado hacerse hueco en el Olimpo literario. Junto a los más famosos, como son hoy por hoy Oliver Twist o David Copperfield, debemos situar a la angelical huérfana Nell y al valeroso chiquillo Kit. A ambos dedicó Dickens las mejores cualidades humanas, no carentes de la sabiduría y madurez de un gran intelecto, pese a su corta edad. Como gran defensor de la infancia, no podía hacer menos por ellos. 

Pero, no podemos olvidarnos de sus personajes menos virtuosos, estos son la sal de la tierra en su novela, y de su narrativa en general: desde el hilarante Dick Swiveller, que no atina a ser malvado del todo; pasando por el enano Quilp, cuya fealdad parte más de su maldad que de sus defectos físicos; y terminando por la horrorosa solterona Sally Brass, cuya perversidad y perfidia resultarían dignas de la peor de las anti-heroínas de los cuentos de hadas, si no fuera porque Dickens la presenta tremendamente cómica. Teniendo esto en cuenta, sólo me resta decir con respecto a sus criaturas que, el espectro de los mismos en la novela es admirable. Por la historia desfila un sinfín de caracteres a los que el autor dedica su amor y atención. No importa que sean mejores o peores, altruistas o avaros, más instruidos o humildes, Dickens les da a todos sus cinco minutos de gloria para que brillen junto a los protagonistas. Porque esta es parte de la magia dickensiana que ha trascendido en el tiempo, la de otorgar grandeza e inmortalidad a sus creaciones. Comediantes, maestros, buhoneros, o criadillas, todos son importantes y se quedan en la memoria del lector, como si fueran parte de su familia. Porque Dickens así lo quiso. Para quienes se embarcan en esta aventura, no hay boda más deseada, ni herencia mejor destinada que las que aparecen en The old curiosity shop. 

Quilp, por "Kyd" (1889)
Fuente: Wikipedia

Otra de las virtudes que no se pueden olvidar cuando se habla de la obra de Charles Dickens es el humor. Esta hilaridad permanente que atenúa las escenas más tristes, ridiculiza a los grandes malvados y ayuda a aceptar las magnas tragedias. La visión tremendamente optimista del autor en medio de la oscura realidad abre una puerta al dolor para que desaparezca. Porque Dickens era un fabricante de esperanza que supo imprimir a sus novelas la fe en el ser humano, y en la existencia de la felicidad. Curiosa actitud para un individuo que creció entre la miseria y la desgracia. Ese es otro punto por el que ha sido criticado Dickens, por expresarse excesivamente fantasioso y "evangelizador" en sus novelas, acomodándose a los requerimientos de la moral victoriana. Pero a mí, queridos lectores, este punto ético que tiene es uno de los motivos importantes por los que vuelvo una y otra vez a su narrativa. Porque, ¿qué sería de nosotros si perdiéramos esa ilusión heroica de la vida?.

Llegué a Charles Dickens superada mi adolescencia. Mi primer acercamiento fue con Historia de dos ciudades (1859), novela que se convirtió en mi favorita del autor desde ese mismo instante, pese a que otras lecturas posteriores de sus títulos me resultaran más imponentes y soberbias. Sin duda, el momento de mi vida en el que la leí tuvo mucho que ver. Desde entonces para mí no hay otro héroe que iguale a Sydney Carton, historia más cargada de emoción, ni comienzo y fin más emblemáticos; ambos resuenan aún en mi memoria.


<Era el mejor de los tiempos y el peor; la edad de la sabiduría y la de la tontería; la época de la incredulidad; la estación de la Luz y la de las Tinieblas; era la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación: todo se nos ofrecía como nuestro y no teníamos absolutamente nada; íbamos todos al Cielo, todos nos precipitábamos en el infierno. En una palabra, a tal punto era una época parecida a la actual que algunas de sus autoridades más vocingleras insistían en que, para bien o para mal, se la tratara sólo en grado superlativo.>  Historia de dos ciudades (Alianza Editorial, 2016)


¿No te sorprende, lector, la universalidad de este pasaje escrito hace más de siglo y medio? Teniendo en cuenta que esta novela está considerada como una obra menor dentro del legado de Dickens, me uno al escritor Javier Marías cuando se congratula en pensar las maravillas que podemos encontrar en sus obras más celebradas. Del mismo modo ocurre con Almacén de antigüedades, título denostado en los últimos tiempos, pese a haber gozado de gran éxito durante gran parte de sus ciento ochenta años de vida. Su relevancia la hizo merecedora de múltiples adaptaciones, algunas muy recientes, tanto para el cine, como para televisión y radio. Incluso se compuso un musical basado en ella (1975) y se le erigió un monumento dedicado a Dickens y su dulce huérfana Nelly. Hay pasiones tan bonitas e inocentes que no deberían perecer frente a las modas efímeras.

Se ha escrito mucho y se ha hablado otro tanto de la narrativa de Charles Dickens como para pensar que yo pudiera ofrecer algo fresco de su obra. Pero la actualidad manda, y al igual que hay voces que se levantan aireando la bandera del descrédito, mi intención con esta reseña es la contraria. Descubrir a este autor es una de las mejores cosas que me han pasado como lectora y como persona. Con él he reído, he llorado, me he compadecido, he cerrado el libro indignada, he pasado noches en vela, he corrido mil y una aventuras, incluso me he enamorado. En definitiva, queridos lectores, he vivido y he soñado.



< Sabio es aquel que constantemente se maravilla.> André Gide

 

Undine von Reinecke ♪

 


El autor por la Editorial:

Fuente: Wikipedia

Charles Dickens nació en Landport (Portsmouth) en 1812. Inicia su carrera de escritor publicando por entregas una serie de Esbozos, y con Los papeles póstumos del club Pickwick obtiene fama y dinero. Oliver Twist le sitúa en la cima de los autores de su tiempo. David Copperfield le convierte en el novelista más leído y conocido del gran público, y Almacén de antigüedades levanta oleadas de sentimentalismo y compasión ante las desventuras de una pobre huérfana. La pequeña Dorrit e Historia de dos ciudades, acabaron por consolidar su renombre.

Dickens murió en Gad´s Hill (Rochester) en 1870.

 



Fuentes de información:

https://chestertonblog.com/2020/12/21/el-impacto-de-dickens-en-chesterton/

https://elpais.com/cultura/2020/06/08/babelia/1591629296_253567.html

https://en.m.wikipedia.org/wiki/The_Old_Curiosity_Shop

Guía literaria de Londres.  Edición y prólogo de Joan Eloi Roca. Atico de Libros, 2012.