miércoles, 28 de octubre de 2020

RESEÑA: "EL HORROR DE DUNWICH", H. P. LOVECRAFT

Fuente: Undine von Reinecke


Ficha Técnica:

Editorial: Libros del Zorro Rojo

Ilustraciones: Santiago Caruso

Trad.: Elvio E. Gandolfo

Dimensiones: 21.5 × 14 cm

Número de páginas: 88

Encuadernación: Cartoné, Rústica con solapas

Fecha de publicación: 15/11/2012

 

Sinopsis de la Editorial:

Wilbur Whateley, hijo precoz y monstruoso de una solitaria familia de Dunwich, conserva parte del atroz secreto del Necronomicón, el libro prohibido. El secreto no puede, no debe ser revelado a los hombres: las fuerzas del mal perviven y pueden invocarse. Una vez desatadas, el mundo conocerá su apocalipsis.

«Nadie, ni siquiera quienes conocen los hechos relacionados con el horror reciente, puede decir con exactitud qué sucede con Dunwich; aunque las leyendas antiguas hablan de ritos impíos y aquelarres de los indios, en medio de los cuales invocaban a sombras prohibidas en las grandes colinas redondeadas y realizaban salvajes plegarias orgiásticas contestadas por fuertes crujidos y truenos bajo tierra.»

 

Propuesta musical para este libro:

 


Lo que Undine piensa del libro:


<El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar.> Francisco de Quevedo

 

Siempre me he declarado a favor de proteger las raíces culturales de origen. Que se conserven las festividades ancestrales de cada ciudad o país sin adulterar me parece fundamental. Por ese motivo, en los últimos tiempos, al llegar estas fechas he sentido verdadera  tristeza  al comprobar cómo la conmemoración de Todos los Santos quedaba eclipsada por la costumbre anglosajona de celebrar Halloween, motivo que me ha llevado a rechazar vehementemente todo lo que la sociedad quiere imponernos comercialmente en ese sentido, de tal manera que a veces he imaginado espantada a mi yo del futuro convertida en esa viejecita cinematográfica a quienes todos los niños temen ir a pedir dulces la noche del 31 de octubre.

Pero este año algo ha cambiado. Me he descubierto a mí misma preparando con esmero la publicación prevista para la semana de la noche de ánimas: he comprado golosinas, una calavera y por supuesto la imprescindible calabaza. Tanta dedicación ha sido muy criticada entre mi familia, quienes siempre vieron como una exageración mi posición contraria a copiar las conductas norteamericanas que nos llegan a través de películas y series televisivas. En casa se veneraba el Tenorio y se comían buñuelos. Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado este año? Quizá con los años me he esté volviendo más tolerante, o quizá sea que el momento actual me invita a dejarme llevar por la fiesta para no pensar. Como quiera que sea, en Halloween de 2020 veré junto a mi familia la adaptación de Estudio 1 (1966) del Don Juan Tenorio, comeremos otra vez buñuelos y algún hueso de santo. Pero también habrá chuches, velas, calabaza, y quizá, por qué no, alguna historia de miedo contada a media luz. Una fábula de terror que muy bien podría ser la que hoy os presento, El horror de Dunwich, del escritor norteamericano H. P. Lovecraft. Un texto  considerado de los más importantes de su obra, que comienza citando este inquietante pasaje de, Brujas y otros terrores nocturnos (1821), del escritor británico Charles Lamb:


< Las Gorgonas, Las Hidras y las Quimeras, las historias terribles de Celeno y las Harpías, pueden reproducirse en el cerebro supersticioso, pero existieron antes. Son transcripciones, tipos, los arquetipos están en nosotros y son eternos. ¿De qué otro modo puede afectarnos a todos el relato de aquello que, despiertos, sabemos que es falso? ¿Acaso concebimos de modo natural el terror por tales objetos al considerarlos capaces de infligirnos daño físico? ¡En absoluto! Esos terrores vienen de antiguo. Vienen de tiempos anteriores al cuerpo, o son ajenos a nuestro cuerpo…Que el tipo de miedo del que hablamos aquí sea puramente espiritual, que su vigor sea proporcional a su falta de objeto sobre la Tierra, que predomine en el periodo de nuestra inocente infancia…son dificultades cuya solución puede estar en alguna probable percepción a nuestra condición anterior al nacimiento, y en una mirada a la tierra en sombras de la preexistencia.>

 

Fuente: Libros del Zorro Rojo

El horror de Dunwich nos traslada al Massachusetts de los años 20, hasta una oscura y temible población que nadie visita desde hace años por culpa de unos espantosos sucesos que asolaron el lugar. Cuentan los que sobrevivieron a los hechos que aquella urbe estaba habitada por familias decadentes cuya impureza de sangre, debida a la endogamia y la degeneración, dio como resultado unos habitantes de extraño físico e impías costumbres. Los pocos que se libraban de aquellos estigmas se marchaban del lugar para no volver jamás. En aquel depravado lugar,  en una granja apartada del centro de la población, vivían un padre y una hija que levantaban pavor entre los vecinos del lugar. El progenitor, porque practicaba ritos extraños cercanos a la brujería, y la hija, porque era un ser deforme y albino, que dio a luz a un vástago de padre sospechosamente desconocido, ¿qué hombre en sus cabales querría acercarse a ella? Como quiera que fuera, al niño le dieron el nombre de Wilbur. El recién nacido tenía un físico horrendo y extraño, que repelía a los pocos que se atrevían a acercarse a él. Muy pronto, el infante se hizo protagonista de las conversaciones del lugar: Su crecimiento anormal, muy superior a lo usual entre los niños de su edad, su acentuado carácter introvertido y poco sociable y su marcada superioridad intelectual erizaban la desconfianza y los prejuicios contra él. Nada ayudó que en un momento dado Lavinia, la madre de Wilbur, desapareciera en extrañas circunstancias.  Desde aquel instante, el extraño niño quedó al cuidado del ignominioso abuelo, quien se dedicó a instruirle intelectualmente y a trasmitirle sus enseñanzas esotéricas, que realizaban en el ancestral círculo de piedras cercano a Dunwich. Hasta que un día el abuelo enfermó gravemente, y estando en su lecho de muerte, pronunció  unas enigmáticas palabras que iban dirigidas a Wilbur. Su legado daba instrucciones al nieto, para que finalizara a su muerte la oscura labor de toda su vida. Un plan que parecía presagiar la llegada de fuerzas maléficas, para los pocos y asustados testigos que estaban presentes.

Desde ese instante, Wilbur vivió tan sólo para la misión encomendada por su abuelo. Encerrado en la siniestra granja donde vivía, no tenía contacto con la vecindad, hasta que un día decide viajar a la universidad de Miskatonic, en Arkham, para consultar un texto prohibido. Eso será el desencadenante de los terribles sucesos que acontecerán los siguientes días en Dunwich: Muerte, destrucción, terror y advenimientos paranormales. ¿Serán capaces el equipo de eruditos encabezado por el doctor Armitage de frenar la pesadilla desatada? ¿Conseguirán desvelar el misterio que se esconde tras este infernal horror?

El horror de Dunwich es un inquietante, turbulento y absorbente relato de terror que debió romper todos los moldes de la literatura fantástica de su época. Su original estructura narrativa lo convierten en una emocionante historia, ideal para ser contada frente a una fogata de campamento, o a la luz de las velas en una reunión.

La fábula nos es contada por un narrador omnisciente, que no elude detalle alguno para ambientar la historia. Para ello, el escritor se ayuda de diferentes herramientas argumentales: se remonta a tiempos antiguos, cuenta leyendas del lugar de los hechos, cita a personajes ya desaparecidos que nada tienen que ver con los hechos que quiere relatar, alude a su mitología personal...Todo está al servicio de ese clima necesario que busca. En este preludio del libro, el abundante uso de adjetivos peyorativos consigue una atmósfera lúgubre, aplastante y angustiosa, que predispone al lector para recibir a la historia principal. Un ardíz estilítico común en toda la producción del autor.


 <Al mismo tiempo, los campos cultivados son escasos y áridos; mientras que las casas dispersas exhiben un aspecto sorprendentemente uniforme de vejez, miseria y decadencia.>


Lovecraft  ya tiene a su audiencia donde quería, es entonces cuando decide introducir a sus personajes. Para ello, el autor diseña un espectacular escenario para mostrar a sus criaturas. Toda decoración es poca para acentuar el carácter inquietante de los protagonistas del relato.


<Fue en el perímetro municipal de Dunwich, en una granja amplia, parcialmente deshabitada, levantada en una ladera a cuatro millas del pueblo y a una y media de cualquier otra vivienda, donde Wilber Whateley nació a las cinco de la madrugada del segundo domingo de febrero de 1913.>


El escritor se recrea en la descripción de sus personajes. Los viste de prejuicios, los engalana con defectos, los expone al desprecio de la sociedad. Algo que él mismo experimentó en su persona durante su triste vida, y que no deja de incluir en su obra.


<Menos digno de mención fue el hecho de que la madre fuera una de las Whateley de la rama decadente, una mujer albina, algo deforme, nada atractiva, de treinta y cinco años, que vivía con un padre anciano y medio loco (…)>


Fuente: Libros del Zorro Rojo

En este punto del cuento, justo cuando Lovecraft  ha conseguido que el lector se involucre emocionalmente en la historia, comienza el verdadero relato de su obra. El autor elabora una angustiosa y trepidante trama que esconde un terrorífico secreto, adornada con los testimonios de personajes secundarios que acentúan la tormentosa gravedad del tema principal. Desde este momento la narración comienza a tomar un ritmo acelerado que no cesa, precipitándose vertiginosamente hasta llegar al punto final.

El horror de Dunwich es un relato original y muy innovador para su época. Está considerado como uno de los más perturbadores de la historia en su género. Tanto es así que, desde su creación marcó tendencia entre los escritores de terror, y generó una horda de seguidores que ha llegado hasta nuestros días. El texto fue escrito en 1928 y publicado al año siguiente por la revista estadounidense Weird Tales. Pertenece a la tercera y última etapa narrativa de H. P. Lovecraft, catalogada por el considerado albacea literario del autor, August Derleth, como Los mitos de Cthulhu (1927-1937). Este ciclo tiene como base la filosofía “cosmicista”. Es decir, que trata de temas astrales, ocultistas, mestizajes entre razas interplanetarias, entre otros contenidos de este singular mundo mitológico inventado por Lovecraft. En este título en concreto encontramos motivos recurrentes de su ideario, como son la ubicación de la historia en la zona de Massachusetts, la mención del libro prohibido del Necronomicón, la universidad de Miskatonic y la ciudad ficticia de Arkham, entre otras referencias a dioses y seres de su creación.

Por otro lado, desde mi punto de vista, y aludiendo a temas argumentales, el autor utilizó referencias autobiográficas para recrear su historia. Como todos los lectores de H. P. Lovecraft conocen, la vida del escritor se caracterizó por la soledad y los infortunios desde su infancia hasta su muerte. Por esa razón, no debe extrañar que su obra se viera marcada por esa atmósfera oscura que envolvía la personalidad del autor. En la trama de El horror de Dunwich subyace esa infancia infeliz y solitaria, causada por una madre autoritaria y obsesiva que lo tenía amarrado a sus faldas. Esta herida emocional  que tanto marcó la vida del escritor es manifestada a través del personaje de Wilbur. Del mismo modo, es evidente que Lovecraft quiso rememorar la buena relación que mantuvo con su abuelo hasta el día de la muerte de éste, trazando un paralelismo con el del protagonista y el suyo. Por lo demás, la historia se desborda por la imaginación que el escritor imprime en el texto. Una creatividad que tiene su base en la gran erudición de H. P. Lovecraft.

Para finalizar, es importante destacar la gran influencia que este título ha tenido entre creativos de todos los géneros artísticos desde su publicación- incluso existe un videojuego basado en él. Del mismo modo, se han rodado películas fundamentadas en este relato, como la protagonizada en 1970 por Dean Stockwell y Sandra Dee, aunque debo decir que es una adaptación muy libre y, en mi opinión, el libro es muy superior al film.

Ésta ha sido mi lectura de El horror de Dunwich. Una experiencia diferente y enriquecedora para una lectora que frecuenta menos de lo que debiera el género del terror y la ciencia-ficción. Animo a aquellos que aún no conozcan la producción de H. P. Lovecraft a adentrarse en su complejo y oscurantista mundo. Porque descubrirán qué es lo que lo proclamó como uno de los más grandes autores del género de todos los tiempos, pese a las limitaciones narrativas que los expertos dicen acusar en su obra. El ingenio, la imaginación y el empeño son las herramientas necesarias para enfrentarse con cualquier limitación. El miedo a nuestros fantasmas personales es el mejor abono para el fracaso. Una verdad que corrobora las sabias palabras de aquella mujer excepcional.

 

<Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos.> Marie Curie

 

 

Undine von Reinecke ♪


👉Quiero destacar la fantástica labor editorial de Libros del Zorrojo que ha publicado de manera brillante El horror de Dunwich, acompañándolo de unas maravillosas ilustraciones firmadas por Santiago Caruso


Trailer película 1970


El autor por la Editorial:

Fuente: Libros del Zorro Rojo
H. P. Lovecraft

Providence , 1890 - 1937

Descendiente de colonos británicos del siglo XVII, H. P. Lovecraft sobrellevó una infancia enfermiza marcada por una educación autodidacta. Fue un niño precoz. A los tres años ya sabía leer, a los siete comenzó a escribir. Su vida puede entenderse como la consagración de esos dos hábitos. Después de Poe, fue el gran innovador del relato de terror. La llamada de Cthulhu (1926), El horror de Dunwich (1928), En las montañas de la locura (1931) y La sombra sobre Innsmouth (1931) están consideradas como sus obras capitales. En ellas se cifra el mayor de sus legados al género: el horror cósmico. De sus muchas lecturas, las de Arthur Machen, Lord Dunsany y Algernon Blackwood estuvieron entre sus preferidas. Ignorado por sus contemporáneos, resignado a su destino solitario, Lovecraft murió a los cuarenta y siete años dejando un vasto número de ficciones, poesías, cartas y ensayos. En 1939 sus amigos emprendieron la edición sistemática de sus trabajos. Hoy son universales y clásicos, como los de Melville o Hawthorne. En Libros del Zorro Rojo también hemos publicado Bestiario, ilustrado por Enrique Alcatena.

 

El ilustrador por la Editorial:

Fuente: Libros del Zorro Rojo
Santiago Caruso

Buenos Aires , 1982

Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes Carlos Morel. A los veintiún años fue distinguido con el Primer Premio de Dibujo en el Salón de Artes Plásticas del Museo Roverano. Desde 2005 colabora como portadista en la revista Caras y Caretas. También ha trabajado para editoriales de Inglaterra y Estados Unidos como Penguin, Nightshade Books y Miskatonic River Press. En 2011 expuso en la Beinart International Surreal Art Collective de Santa Mónica, Estados Unidos. Con notable criterio autodidacta, Santiago Caruso ha sabido estudiar la pintura del siglo XIX dedicando especial atención a la escuela simbolista. Los trabajos de Alberto Breccia, Carlos Nine y Enrique Alcatena también orientaron su formación estética. Su producción, sin embargo, es personal y se destaca tanto por el vigor como por la técnica. Su obra, expuesta en Alemania, España, Estados Unidos y México, se inscribe entre los mejores exponentes de la actual plástica latinoamericana. Para Libros del Zorro Rojo también ha ilustrado El horror de Dunwich, de Howard Phillips Lovecraft; La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik; y El Rey de Amarillo, de Robert W. Chambers.



Fuentes de Información:

https://hplovecraft.fandom.com/es/wiki/Howard_Phillips_Lovecraft 

https://es.wikipedia.org/wiki/El_horror_de_Dunwich

 https://historia.nationalgeographic.com.es/a/h-p-lovecraft-creador-mundos-imaginarios_14570

https://es.wikipedia.org/wiki/Universidad_de_Miskatonic

https://www.elmundo.es/cultura/2013/11/01/52727faf684341401b8b458c.html

 



 


 

miércoles, 21 de octubre de 2020

RESEÑA: "LOS QUE CAMBIARON Y LOS QUE MURIERON", BARBARA COMYNS

Fuente: Undine von Reinecke

 

Ficha Técnica:

Editorial: Gatopardo Ediciones

Traducción: Inés Clavero

Páginas: 168

Formato: 20 x 12,5 cm

ISBN: 978-84-121414-1-2

Publicación: 15 junio 2020

PVP: 15.9 €

 

Sinopsis de la Editorial:

El verano de 1911 se promete feliz para los habitantes del condado de Warwickshire. Nadie se imagina que una misteriosa epidemia está a punto de partir la comunidad en dos: los que cambiaron y los que murieron.

Un episodio de resonancias bíblicas preludia la catástrofe por venir: el río se desborda, anegando los campos y trayendo el caos a la ya de por sí caótica vida de la familia Willoweed. Los patos nadan a sus anchas por el caserón inundado, cerdos sin vida flotan a la deriva y el viudo Ebin y sus hijas, Emma y Hattie, navegan en un bote de remos por el jardín sumergido. Mientras tanto, las sirvientas hacen lo posible por restaurar el orden doméstico y la abuela Willoweed, tiránica y sorda como una tapia, se viste de gala para celebrar su cumpleaños. A la destrucción natural le sigue una serie de calamidades, muertes y suicidios que parecen fruto de un apocalipsis planeado más que del azar.

El periódico local titula: « ¿Quién será la próxima víctima que se cobrará esta locura letal?». La búsqueda de una explicación a la epidemia convierte al panadero en chivo expiatorio y despierta los más bajos instintos de los parroquianos. Hay quien ve en la nueva situación una oportunidad para pescar en río revuelto. Es el caso de Ebin, que se apresta a retomar su truncada vocación de periodista, aun a costa de contribuir al pánico con el sensacionalismo de sus titulares, sin sospechar que la epidemia no tardará en llamar a su puerta.

 

Propuesta musical para este libro:




 

Lo que Undine piensa del libro:

 

<Las personas reales están repletas de seres imaginarios.> 

Graham Greene


Siempre he admirado la capacidad imaginativa de los grandes escritores.Trazar de la nada una historia sólida y creíble que capte lectores entusiastas no parece un asunto fácil. Por esa razón, a menudo me he preguntado cuál sería el proceso creativo utilizado por los nombres relevantes de la literatura universal, para descubrir esa primera idea brillante que de lugar al nacimiento de un título exitoso. Leyendo a estos gigantes de la literatura se puede deducir qué les impulsó conceptualmente para escribirlos. Un ejemplo pueden ser los temas sociales, gran foco de inspiración para muchos autores decimonónicos. Sin ir más lejos, de todos es sabido que Charles Dickens recorría las calles del Londres victoriano, mezclándose con golfillos y prostitutas, para buscar caras e historias que adaptar en sus novelas. Pero éstas son sólo generalidades del proceso creativo para una historia.  A mí lo que me despierta verdadera curiosidad es el motivo determinante que incita al escritor a elegir un sujeto concreto, o un suceso determinado, para que se convierta en el catalizador del éxito creativo.  Es difícil dar con títulos en los que se pueda identificar esa chispa de inspiración, "poniéndole nombre y apellidos". Sin embargo, el mundo de la literatura es inmenso, y ha dado autores generosos que muestran abiertamente el proceso creativo de sus obras, compartiendo sus fuentes. Ese es el caso de, Los que cambiaron y los que murieron, título publicado en 1954 por la escritora inglesa Barbara Comyns,  que ha sido editado por Gatopardo Ediciones en junio de 2020, para el público de habla hispana. Una novela inspirada en hechos reales datados fidedignamente, en los que la autora se basó para construir la increíble historia  de la que hoy os quiero hablar. Y que comienza citando al poeta norteamericano, Henry Wadsworth Longfellow:



<De lo que fue y lo que pudo haber sido.

Y de los que cambiaron y los que murieron.>

LONGFELLOW

 

Los que cambiaron y los que murieron cuenta la historia de los Willoweed, una extravagante familia regentada por una abuela dictatorial y glotona, que posee cuantiosas  y fértiles tierras, pero que gasta lo mínimo en la familia y la casa. Esta avara mujer tiene bajo su dominio a un hijo y tres nietos huérfanos de madre, que dependen económicamente de ella. El padre de los niños, Ebin, es un ser débil y perezoso, que está sometido de lleno a su madre. La prole de tan reprochable progenitor está formada por: Emma, una joven prometedora que vale mucho más que la atención que recibe;  Dennis, el heredero de la estirpe, un niño imaginativo y sensible; y Hattie, la menor de todos y favorita del padre, pese a tener grandes sospechas con respecto a su paternidad. Todos ellos, junto al personal de servicio de la casa y los habitantes del pueblo donde residen del condado de Warwickshire, vivirán unos extraños acontecimientos que mantendrán al país pendiente de ellos durante algunas semanas.

Bidford-on-Avon
Fuente: campsites.co.uk

Todo se inició días después de la terrible inundación que puso el pueblo patas arriba. Cuando la localidad empezaba a recuperarse de los desastres causados por el desbordamiento del río, los habitantes del lugar comienzan a dar señales de locura con tendencias suicidas, y a enfermar mortalmente. Al principio parecen hechos aislados, pero poco a poco irán contagiándose uno a uno, sembrando el miedo y el desconcierto éntre los vecinos del lugar.


Entre tanto, la familia Willoweed sigue su vida alocada en la granja: Los niños juegan libremente por los campos, el padre va en busca de escarceos amorosos, la abuela celebra una fiesta de cumpleaños entre sus campesinos, las criadas van en busca del amor para escapar de su realidad... Sólo Emma parece tener conciencia de lo que está pasando, y pesarosa por la inconsciencia de su entorno, intenta en vano ayudar mientras vive sus primeros sueños románticos.

Hasta que un día todo parece precipitarse sobre los Willoweed. La paranoia invade la localidad entera, debido a las incesantes y sospechochas muertes. Los lugareños enfermos de odio buscan a quien culpar, y toman terribles represalias contra los posibles culpables de la epidemia. Estos aterradores hechos despiertan de su letargo a Ebin Willoweed que, olvidando al completo su faceta de padre, decide retomar su carrera periodística informando de los sucesos a los grandes periódicos del país. ¿Conseguirá la localidad superar las consecuencias de la epidemia? ¿Será Ebin Willoweed el héroe del lugar? ¿Alcanzará Emma la recompensa merecida? ¿Será éste un cuento con final feliz?

Los que cambiaron y los que murieron es una peculiar novela. Una historia narrada a ritmo de fábula que abre una brecha en el tiempo, para desconcierto de quienes se adentren en ella. Ubicada en el año de la coronación del rey George V del Reino Unido (1911), la autora asegura que sucedió setenta años antes, creando de este modo confusión:


<ÉPOCA

Verano, cerca de setenta años atrás

LUGAR

Warwickshire>


Un ardid estilístico que acentúa el carácter surrealistas del comienzo del libro. En este singular inicio del relato el orden de las cosas parece haber cambiado, simulando una realidad alternativa. Pero muy pronto cambiarán las cosas, porque el lector será sometido a grandes dosis de realidad.


<Los patos atravesaron nadando las ventanas del salón. El peso del agua las había abierto a la fuerza, de modo que los animales entraron en el interior. Circunnavegaron la estancia entre graznidos de aprobación, después partieron otra vez hacia el exterior para explorar el maravilloso nuevo mundo que había llegado durante la noche. En los escalones del porche, el viejo Ives los llamaba aporreando su cubo rojo con un palo, pero aquel día los ánades desoyeron sus instrucciones y se alejaron remando, blancos y resplandecientes, hacia la cancha de tenis. Allí estaban los cisnes, sondeando el agua parduzca y turbia con sus largos cuellos. Por todas partes se oía el chasquido sibilante del agua al penetrar en lugares insólitos, resonaba un bramido lejano y por encima el griterío de los hombres que trataban de rescatar al ganado de los pastos cercanos al nivel del río. Un cerdo pasó chillando, sus patitas chapoteaban frenéticamente y se agarraban al pescuezo, rojo y ensangrentado, y una barcaza de casco plano con varios hombres a bordo le iba a la zaga. La embarcación daba vueltas sobre los fieros remolinos de la corriente con todo, al final salvaron al cerdo, que gritó aún más fuerte. Los niños, Hattie y Dennis, contemplaban el rescate desde la ventana de un dormitorio, y de pronto salió el sol radiante y cegador y lo bañó todo de plata. Desde abajo, el viejo Ives dijo:

-          Mala cosa que brille el sol con una riada, se lleva la humedad de vuelta al cielo.

La abuela salió a su encuentro, e intercambiaron unas palabras en el porche. Olía intensamente a barro y era el primer día de junio.>

 

Un inicio soberbio que introduce al lector en una trama principal oscura y trepidante, dejándolo exhausto al intentar descifrar la incógnita que encierra la misteriosa epidemia. Una fascinante, feroz y algo cómica historia central, que se desgrana de forma natural en varias subtramas protagonizadas por figuras principales y secundarias del libro. Para ello, la autora pone toda su magia creativa en la construcción de todos los personajes, perfilándolos en dos trazos y otorgándoles corazón y alma.


 <Allí, meciéndose suavemente en el columpio, Emma sintió un deseo impetuoso de tener prendas bonitas, así como un admirador o varios; y también de viajar, quizá en un yate privado. Se imaginó un barco blanco surcando unas aguas azulísimas, y se vio a sí misma en la cubierta luciendo un traje largo de cola. Y después vendría el tango.>


Con el excelente manejo narrativo de las historias anexas a la principal, Barbara Comyns enriquece y aumenta el interés sobre su relato. En él nada sobra, cada detalle es importante y necesario para lograr el clímax buscado: Una atmósfera brumosa y un tanto dadaísta, que por momentos quiere traer recuerdos Dickensianos.


<La abuela Willoweed tenía un público bastante limitado, pues llevaba muchos años sin ir más allá de su jardín. Se negaba a caminar o transitar terrenos que no le perteneciesen. Por ese motivo nunca visitaba sus granjas. Para acceder a ellas, habría que atravesar el pueblo. La mayoría de los niños del pueblo jamás la habían visto y para ellos se había convertido en un personaje aterrador. La creían capaz de oírlo absolutamente todo con su trompetilla, pensaban que en lugar de lengua, tenía en su horrible boca dos serpientes sinuosas.>


En cuanto al estilo, la autora maneja un léxico rico y colorista, acompañado de figuras retóricas que otorgan grandeza a un texto corto en extensión, pero enorme en emoción. Un relato apasionante, en el cual todo tiene significado, que pretende divertir e impresionar al lector con la crítica social que subyace en su extravagante historia. Un cuento ideal para ser escuchado bajo la luz de las velas en la fría y otoñal noche de Halloween.


Casa natal de Barbara Comyns
Fuente: yourlocalweb.co.uk

Los que cambiaron y los que murieron no es una historia real, pero está basada en sucesos verídicos acontecidos en el verano de 1951 en una localidad del sur de Francia: el envenenamiento masivo de la población de Pont-Saint-Esprit, a causa de una intoxicación alimenticia originada por cornezuelo de centeno. Barbara Comyns cambió el lugar de los hechos trasladándolos a su localidad de nacimiento en el condado de Warwickshire. Construyó su historia utilizando personajes y entornos familiares para ella, con implícitos guiños autobiográficos. Una artimaña nada fuera de lo común en su obra, pues recordemos que en su segunda novela, Y las cucharillas eran de Woolworths, recurrió a su primera experiencia matrimonial para la trama. La autora, lejos de sentirse atrapada por las reglas sociales y familiares, utiliza todo lo que tiene a su disposición para conseguir una historia grotesca e hilarante a ratos, ácida y mordaz por momentos; pero siempre creíble, sólida y original

Graham Greene definió a Barbara Comyns ante el editor Max Reinhardt como “una escritora loca pero interesante”.  En mi opinión, una máxima algo simple para describir a una autora que rompió las barreras establecidas de lo convencional en favor de la libertad creativa.

 

 <El lenguaje y la imaginación no pueden ser aprisionados.> Salman Rushdie

 

 

Undine von Reinecke ♪

 

 

 

La autora por la Editorial:

Barbara Comyns (1909-1992). Nació en el condado inglés de Warwickshire, en una familia venida a menos. Estudió arte en Londres y contrajo matrimonio con Arthur Price, un pintor con el que tuvo dos hijos. Se ganó la vida de las formas más variopintas: vendedora de coches antiguos, modelo, cocinera o criadora de caniches. En 1945, se casó en segundas nupcias con Richard Comyns, un funcionario del Foreign Office que trabajaba bajo las órdenes de Kim Philby y con quien viviría en Ibiza y en Barcelona durante dieciséis años. De sus novelas cabe destacar: Y las cucharillas eran de Woolworths (1950), La hija del veterinario (1959), The Skin Chairs (1962), El enebro (1985), Mr. Fox (1987) y The House of Dolls (1989), entre otras.

 



Fuentes de información:

https://unbound.com/boundless/2019/03/14/backlisted-essay-who-was-barbara-comyns/

https://en.wikipedia.org/wiki/1951_Pont-Saint-Esprit_mass_poisoning

 


miércoles, 14 de octubre de 2020

RESEÑA: "LA HIJA DEL TIEMPO", JOSEPHINE TEY

 



Ficha Técnica:

Editorial: Hoja de Lata

Traducción: Efrén del Valle

Precio sin IVA: 21,06 €

PVP: 21,90 €

Páginas: 260

EAN: 978-84-16537-63-1  | IBIC: FA

 

Sinopsis de la Editorial:

Postrado en una cama de hospital, el inspector Alan Grant, de Scotland Yard, se aburre mortalmente. Ni las anémonas de la señora Tinker, su ama de llaves, ni el ruibarbo estofado de la enfermera Darroll logran levantarle el ánimo. Pero un día llega su amiga, la actriz Marta Hallard, con una vieja postal de Ricardo III de Inglaterra en el bolso, y Grant queda fascinado por su enigmático rostro. Ese no es el rostro de un monstruo jorobado, ni de un supuesto asesino de niños, tal como han contado siempre los libros de historia. A partir de entonces, y con la ayuda del joven y enamoradizo Brent Carradine, investigador en ciernes del Museo Británico, Grant se zambulle con entusiasmo en la verde y salvaje Inglaterra de la guerra de las Dos Rosas, en pleno siglo XV, para tratar de desentrañar uno de los misterios más oscuros de la monarquía británica: ¿mató realmente Ricardo III a sus sobrinos, los Príncipes de la Torre, para hacerse con el trono? ¿Quién, si no? 

 

Recomendación musical para este libro:



Magnificat: by Walter Lambe (1450-1504)


 

Lo que Undine piensa del libro:

 

<Incluso el pasado puede modificarse; los historiadores no paran de demostrarlo.> Jean Paul Sartre

 

Cuando escuchamos nombrar a Ricardo III invariablemente lo asociamos con el Bardo. No en vano, Shakespeare dedicó a este personaje histórico la obra que completaba su primera tetralogía centrada en la historia de Inglaterra, bajo el título de The Life and Death of King Richard III. En ella trataba la desintegración de la estabilidad política del país a la muerte de Enrique V. Consagraba este último drama de la saga a la figura del rey que fue el último representante de la casa de York tras la guerra de las Dos Rosas. Una guerra civil que enfrentó a las dos ramas de la Casa  Plantagenet: los Landcaster y los York. Esta contienda pondría fin a la era medieval en tierras británicas con la desaparición de los Plantagenet  y recibiría el Renacimiento con una nueva familia regia en el trono, los Tudor.

Ricardo III (retrato 1520)
Fuente: Wikipedia

En esta obra de teatro, el Cisne de Avon representaba a Ricardo III como un monarca sanguinario y sin escrúpulos. Un hombre de aspecto deforme y agresiva personalidad, a quien ni siquiera le frenaban los lazos familiares para cometer asesinatos con tal de conseguir el poder y reinar sobre Inglaterra. Lo acusaba como el culpable de la desaparición y posterior muerte de sus sobrinos, los hijos de su hermano Eduardo IV, su predecesor en el trono. Pero Shakespeare no fue contemporáneo del presunto rey homicida. El bardo tomó los datos históricos del referente más prestigioso de su época, las Crónicas de Holinshed (1577), una obra elaborada  en plena época Tudor en la cual ensalzar a la casa reinante era tan obligado como denigrar y envilecer a sus enemigos. Por eso, tanto la veracidad de la historia en la que basa el drama Shakespeare, como los documentos históricos escritos en ese momento son cuanto menos cuestionables. A día de hoy, la desaparición de los infantes y herederos de la Casa de York sigue siendo un misterio. Nadie puede confirmar o desmentir con absoluta certeza qué ocurrió con los hijos de Eduardo IV, ni si Ricardo III fue realmente el ser vil y bárbaro que llevaba a Inglaterra al desastre. Es más, otros documentos históricos encontrados que datan de tiempos de Ricardo III contradicen esta imagen y  le tachan de buen estadista y hombre justo con su familia. Esta paradoja histórica es la que utiliza Josephine Tey para plantear el misterio que se esconde tras La hija del tiempo, el título del que quiero hablaros hoy. La novela comienza así:

 

<Grant yacía en su cama alta de color blanco contemplando el techo. Lo miraba con aversión. Se sabía de memoria hasta la más ínfima grieta de aquella limpia superficie. Había trazado mapas del techo y los había explorado: ríos, islas y continentes. Había jugado a las adivinanzas y hallado objetos ocultos: rostros, pájaros y peces. Había realizado cálculos matemáticos y redescubierto su infancia: teoremas, ángulos y triángulos. Prácticamente no había otra cosa que hacer más que observarlo. Lo odiaba.>

 

El famoso inspector de Scotland Yard Alan Grant está postrado en una cama de hospital recuperándose de un accidente. Su gran prestigio profesional y el carisma que acompaña a su persona le han hecho merecedor de múltiples regalos y libros, que le han hecho llegar sus admiradores y amigos con la intención de amenizar su convalecencia, y hacerle más cortas las horas en el hospital. Pero él, hombre de acción donde los haya, no puede soportar más tiempo tumbado en la cama sin hacer algo verdaderamente provechoso. Leer bestsellers o revistas de famosos nunca ha sido una opción para él. Pese a que está muy bien atendido por dos enfermeras que le consienten todos los caprichos mientras cuidan de él, el tedio ha conseguido que su buen humor desaparezca. Ni las visitas de sus amigos con las últimas novedades en sociedad, o las de sus compañeros de profesión con el informe de los casos en curso son capaces de sacarle media sonrisa.

Su gran amiga Marta Hallard, estrella de los escenarios y pareja en sociedad del inspector, se queda preocupada tras su última visita por el estado anímico de su querido Alan. Y decide encontrar la manera de tenerlo entretenido hasta que le den el alta hospitalaria. Para ello recurre a una de las grandes pasiones del inspector: el estudio del rostro humano. Una afición para la que ha demostrado gran habilidad aplicando sus dotes de observación, y que le ha sido muy útil en su carrera profesional. Son muchos los criminales que ha cazado empleando sus métodos deductivos de análisis del rostro. Por eso, la actriz pide ayuda a un amigo del museo Victoria & Albert para que le consiga litografías históricas en las que aparezcan los retratos de diferentes personajes. El regalo consigue captar la atención de Grant, que inmediatamente se pone a la tarea de analizar a los sujetos. Pero de entre todos los grabados que Marta le ha llevado, uno en concreto capta su interés. Se trata del retrato de un hombre que parece  mirar al infinito, cuyo rostro enigmático el pintor se esforzó por plasmar con exactitud sin verdadero éxito. Una imagen que guardaba tras sus líneas muchos enigmas sin resolver. ¿A quién podría pertenecer ese rostro que denota síntomas de dolor, pesadumbre, gran carga de responsabilidad e incluso aprensión? Un estadista, un juez o quizá un gran guerrero. Cuando nuestro protagonista da la vuelta a la lámina y comprueba el nombre a quien corresponde esa cara se queda fuertemente sorprendido, porque el hombre que él ha identificado en su estudio preliminar del rostro no tiene nada que ver con el homicida a quien pertenece. Se trata del rey Ricardo III, un monarca bárbaro, lisiado y sanguinario que ha pasado a la historia como uno de los infanticidas más odiados.


Muy contrariado con su lectura equivocada del retrato, el inspector Grant pregunta a todos los que pasan por su habitación del hospital su opinión sobre ese rostro que ocupa sus pensamientos: médicos, policías, enfermeras y amigos, todo son inquiridos al respecto. Pero ninguno de los interrogados es capaz de identificarlo como un asesino, cada uno de ellos saca un perfil psicológico diferente de esa imagen, que no tiene nada que ver con lo que dicen los libros de historia sobre el monarca asesino. Todo ello resulta tan interesante y sugerente para Grant, que decide dedicar sus energías y tiempo de convalecencia a interesarse por la figura de Ricardo III. Pide al personal sanitario y a sus conocidos que le consigan todo el material histórico disponible que encuentren sobre la figura del monarca. Y cuando termina de analizar la bibliografía de que dispone,  las dudas y sospecha sobre la mala praxis que sufrió la persona del rey en la historia le llevan a ampliar sus investigaciones llevándolas al terreno profesional y planteándolas bajo las normas que rigen sus investigaciones policiacas. Para ello contará con la ayuda de Brent Carradine, un conocido de Marta Hallard que es investigador del Museo Británico. Él será la herramienta de la que se ayude Grant en el exterior para consultar todas las fuentes de información necesarias para restaurar la figura de Ricardo III, al que cree víctima de sus enemigos y de la historia.

La hija del tiempo (1951) es un original y apasionante título a medio camino entre la novela policiaca y la investigación intelectual. Está protagonizada por el carismático detective de Scotland Yard Alan Grant, el más famoso personaje de los creados por la escritora escocesa Josephine Tey. Un héroe del género policiaco que conocimos con anterioridad en España gracias a la novela Un chelín para velas, editado por Hoja de lata en 2019. En esta ocasión, la escritora da una vuelta de tuerca en el estilo de sus novelas: saca de las calles a su detective, le pone a investigar sucesos acontecidos cinco siglos antes, y le hace aplicar sus personales métodos deductivos más allá de las evidencias materiales y forenses desaparecidas en el tiempo.  A través de su protagonista, la autora explora el campo intelectual en una búsqueda arqueológica de textos históricos, dando muestras de una gran osadía y maestría narrativa.

Josephine Tey construye una impresionante hipótesis de conjuras e infamias contra la figura de Ricardo III, que pudieron enturbiar su imagen para la historia, amparándose en hechos registrados en tiempos del monarca y posteriormente; algunos de ellos firmados por personajes de renombre como el cardenal John Morton o el humanista Thomas More (Tomás Moro en nuestro idioma), lord canciller de Enrique VIII. La escritora intenta desacreditar los textos basándose en los acontecimientos políticos del momento y en los intereses personales de los enemigos de toda índole del monarca. Intenta restaurar su figura como personaje histórico y ser humano. Tey consigue desmontar y montar la historia que ha llegado hasta nuestros días con gran habilidad intelectual y estilística, poniendo en duda el género histórico y su veracidad.


< -Al menos ya sé de dónde sacó el respetado Tomás Moro su biografía de Ricardo.

-¿Ah, sí? ¿De dónde?

- De un tal Juan Morton.

- No he oído hablar de él en mi vida.

- Ni yo, pero porque somos unos ignorantes.

- ¿Quién era?

- Fue arzobispo de Canterbury durante el reinado de Enrique VII, y el peor enemigo de Ricardo.>


Consigue escribir una novela dinámica y emocionante, con poco diálogo y mucha narración. En mi opinión, el marcado carácter cinematográfico que tiene el ritmo del texto consigue que el lector disfrute de la novela como si de una películas clásica de misterio se tratara. Esto me lleva a compararla, en mi personal lectura del libro, con el film de Alfred Hitchcock La ventana indiscreta, basada en el relato de 1942, It Had to Be Murder, de Cornell Woolrich, en el que el protagonista resuelve un caso criminal postrado en el sillón de su casa ayudado por sus visitas. Salvando las distancias argumentales, el concepto de investigación en cubículo cerrado y el empleo de los personajes me la han recordado.

Y hablando de los personajes, en La hija del tiempo Josephine Tey emplea algunos de los nombres recurrentes en su serie dedicada al detective Alan Grant. Entre ellos destacan el sargento Williams y la glamurosa actriz Marta Hallard, a quien confiere más influencia en la vida del inspector que en su novela anterior, Un chelín para velas, que mencioné anteriormente. Marta será el detonante para que arranque la trama y servirá además para introducir al coprotagonista de la historia: el investigador del British Museum Brent Carradine, un romántico joven heredero de una acaudalada familia norteamericana, que viaja hasta Londres tras la estela de una guapa aspirante a actriz. El resto de los personajes, principalmente el personal sanitario del hospital y el ama de llaves de Grant, son la comparsa necesaria para que el inspector nos deleite con sus diálogos ingeniosos y jocosos que muestran su  característica y emblemática personalidad para deleite de sus seguidores.


<- Nace demasiada gente en el mundo y se escriben demasiadas palabras. Cada minuto salen millones y millones de ellas de las imprentas. La idea me horroriza.

-Parece usted estreñido - le dijo la canija.>

 

A través de él, Josephine Tey demuestra su gran ingenio y poderío intelectual. Hace gala de un gran sentido del humor, heredado de la flema británica, que en este caso utiliza para hacer una crítica cáustica hacia el mundo editorial al completo, y en especial hacia el género histórico, tan mordaz y directo, que parece tener nombres y apellidos. Incita al lector a dudar de todo lo que se le ofrece en el mercado de los libros y a adoptar una posición crítica y objetiva ante las verdades inmutables de la historia.

En definitiva, La hija del tiempo es un título escrito para entretener y apasionar al lector con su diatriba. Una novela inteligente y fantásticamente bien planteada, que sin esfuerzo alguno rebasa el género policiaco y lo eleva casi al campo del ensayo, dando al lector la oportunidad de aprender y divertirse con la historia como jamás hubiera pensado. Un alarde intelectual por parte de su autora que demuestra un ingenio y libertad de pensamiento muy en consonancia con algunos de los mejores intelectuales de su tiempo.


<Historia es, desde luego exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.> Enrique Jardiel Poncela

 


Undine von Reinecke ♪

 

The Chords -Sh-Boom


La autora por la Editorial:

Josephine Tey

(Inverness, 1896-Londres, 1952), es el seudónimo principal de Elizabeth Mackintosh, célebre escritora y dramaturga escocesa. Pese a pertenecer cronológicamente a la llamada Edad de Oro de las novelas británicas de intriga, las narraciones y los personajes de Tey se alejan de los estereotipos que comparten los títulos clásicos de suspense.

 En 1929, su novela The man in the Queue cosechó un éxito notable e introdujo a su personaje más famoso, el inspector Alan Grant, de Scotland Yard, que protagonizaría otras cinco novelas, entre las cuales cabe destacar La hija del tiempo (1951; RBA, 2012) y Un chelín para velas (1936; Hoja de Lata, 2019). Al margen de la serie de Alan Grant, otras de sus obras más celebradas son La señorita Pym dispone (1946; Hoja de Lata, 2015), El caso de Betty Kane (1948; Hoja de Lata, 2017) y Patrick ha vuelto. Todas ellas ponen de manifiesto la gran capacidad de análisis psicológico de la autora y su propensión por las tramas abiertas de final sorprendente.

 A su muerte, Josephine Tey legó toda su obra a la National Trust for Scotland.

 


Fuentes de información:

https://annajorbaricartblog.blogspot.com/2012/06/la-musica-inglesa-29.html

https://www.uv.es/fores/contrastes/doce/critica_ezpeleta.html



 


miércoles, 7 de octubre de 2020

RESEÑA: "LA SONRISA OLVIDADA", MARGARET KENNEDY


 

Ficha técnica:

Editorial: Ediciones del Viento

ISBN: 978-84-18227-03-5

P.V.P.: 22,00 € impuestos inc.

Encuadernación: Rústica

Número de páginas: 304

Prólogo: Óscar Esquivias

Traducción: Miguel Temprano García

 

Sinopsis de la Editorial:

El joven y orondo profesor de griego Selwyn Potter –cuyo pelo es demasiado duro y crespo- se encuentra en la isla de Thasos a un antiguo catedrático, el pomposo, egocéntrico, asocial y maleducado Percival Challoner, que finge no conocerlo. Se dirige a la misteriosa isla de Keritha, alejada de cualquier ruta turística y donde los forasteros no son bienvenidos, para tomar posesión de la herencia de unos tíos suyos, los hermanos Edith y Alfred, que, de manera muy molesta, resultaban ser más jóvenes que él –Challoner odia esa clase de extravagancias-. Su conocimiento del griego clásico es tan grande como su ignorancia del moderno, por lo que Potter se ofrece a continuar viaje con él haciendo labores de traductor. Así ambos se embarcan en un minúsculo bote cargado de varias cajas de Coca-Cola y una cabra con destino a Keritha. Al llegar a la isla el joven Potter se sorprende al descubrir que quien los recibe en la casa de su destino es Kate Benson, una mujer de unos sesenta años, madre de una joven compañera de la Universidad, y que lo recuerda porque la vez que la visitó en su casa de Londres rompió accidentalmente una pequeña mesa estilo Luis XV. De cómo ha llegado Kate a un lugar tan remoto, de un crucero desastroso, una falsa muerte, una familia deshecha y de la felicidad, de todo eso, trata este libro.

 

Propuesta musical para este libro:

 






Lo que Undine piensa del libro:

 

<Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada.> William Shakespeare



El Moscóforo (570 a. C)

Cuando nacemos no sabemos sonreír. En nuestras primeras semanas de vida la sonrisa es tan sólo un acto reflejo. Pero según vamos creciendo, ese gesto inicial involuntario se va convirtiendo en una gran herramienta de comunicación. Hay sonrisas cargadas de felicidad, otras tantas que muestran satisfacción, y existen también multitud de sonrisas cínicas que indican el estado anímico de su portador. Sin duda, el colorido de la sonrisa que lucimos en cada momento, o la ausencia de ella, es nuestra carta de presentación. Así lo entendieron los grandes artistas de todos los tiempos, quienes quisieron reflejar el alma de sus modelos en las obras de arte que ejecutaron, pocos de ellos lograron llevar a cabo con verdadero éxito su empeño. Quizá de entre todos los ejemplos del universo creativo que pudiéramos citar para ilustrar de lo que hablo la Gioconda de Leonardo da Vinci sea el más popular. Pero existe una primera sonrisa artística anterior a ella que es el origen de todos los intentos: la llamada sonrisa arcaica. Un término que se utiliza para definir el gesto de las estatuas griegas del periodo Antiguo, allá por el siglo VI a. C., aunque también quedan algunos ejemplos anteriores. Un primer intento realista de reflejar la emoción humana en el rostro, al que se le han otorgado diferentes significados filosóficos más o menos certeros, pero cuya enigmática plasticidad nos lleva a pensar en los grandes misterios del origen de la civilización occidental. A esta primigenia sonrisa alude el título que hoy os presento, La sonrisa olvidada (1961), de la escritora británica Margaret Kennedy. La novela comienza así:


<En un jardincillo del Museo de Antigüedades de Tasos hay un objeto grande y tosco. Tiene la cabeza de una foca, el cuerpo como una salchicha en hojaldre, un par de alas rudimentarias y unas piernas humanas calzadas con unas botas gruesas. A pocos visitantes les parece bello.

Ejercía, no obstante, una permanente fascinación en Selwyn Potter, que nunca dejaba de ir a verlo cuando iba a Tasos. Visto desde delante, de manera que no se viera la parte trasera como de pájaro, le recordaba a alguien a quien debía de conocer muy bien. La expresión taciturna del rostro de la foca le resultaba tentadoramente familiar.

Este duradero acertijo se resolvió una mañana de primavera, cuando vio salir renqueando del museo al doctor Percival Challoner para contemplar aquella cosa. La asociación quedó meridianamente clara; eran tan parecidos como Tweedledum y Tweedledee. En otra era, en otra vida, Selwyn había pasado horas atento a la información que goteaba de esa boca melancólica.>

 

Con este agudísimo pasaje incial, testigo del encuentro prometedor, arranca esta interesante y peculiar historia:

Nos encontramos en la isla de Tasos. El catedrático inglés Percival Challoner, hombre  rancio y poco sociable, ha viajado hasta Grecia para hacerse cargo de una herencia que le espera en la isla de Keritha. Aunque es experto  en poesía griega clásica, su desconocimiento del idioma moderno le incapacita para entenderse con los nativos del país, y todos los intentos que hace para comunicarse con ellos son infructuosos. Para su suerte, o quizá desgracia, se ha encontrado a con Selwyn Potter, un antiguo alumno suyo de Inglaterra que domina el griego contemporáneo a la perfección. Aunque Potter es un personaje molesto donde los haya, tiene que recurrir a él para utilizarle como intérprete con los oriundos del lugar, y de ese modo conseguir llegar a su destino donde le espera su herencia familiar. Su antiguo pupilo no sólo acepta la misión, sino que se “pega” al doctor como una lapa, viajando junto a él hasta Keritha. Tras un incómodo y surrealista viaje en barca, acomodados junto a un macho cabrío y unas cajas de Coca-Cola, son recibidos con ciertas sospechas y antipatías por los habitantes del lugar. Pero Selwyn Potter les hace comprender que el doctor es el sobrino de los antiguos señores de aquellas tierras, Alfred y Edith Challoner, fallecidos recientemente, a quienes quiere rendir homenaje. Desde ese momento los dos son tratados con grandes honores y parabienes por los peculiares habitantes de la isla.

Después del cálido recibimiento y la obligada visita a las tumbas familiares, los ingleses son llevados hasta la mansión del tío del doctor. Allí se encontrarán con una de las primeras de las sorpresas que les esperan, el recibimiento de una dama inglesa de cierta edad que parece tener el control sobre la propiedad y la caterva de criados que estaban al servicio de los fallecidos hermanos Challoner. Se trata de la señora Benson, una amiga de la infancia de del tío Alfred y la tía Edith que ha pasado los últimos tiempos cuidando de ellos. Tras la muerte de los hermanos, se ha quedado custodiando la propiedad hasta la llegada del nuevo dueño. ¿Qué hace una mujer de sesenta años de buena posición, madre y esposa, en un lugar como ese?

Pasada la conmoción inicial por este inesperado encuentro, que llevó al profesor Challoner a temer por el montante completo de su herencia, los tres personajes iniciarán una compleja relación entre ellos y con la isla, llena de momentos cómicos, descubrimientos asombrosos y sorpresas inesperadas, que les llevará por complejas sendas intelectuales y emocionales, hasta llegar a su destino final. Un sino que sólo las almas purificadas pueden alcanzar.

La sonrisa olvidada es una sorprendente y deliciosa historia, más ambiciosa de lo que un principio el lector pudiera pensar. Escrita con un estilo pulcro, elegante y culto, que desborda un agudísimo e hilarante sentido del humor, no carente de intención. 


<-¿Cómo demonios lo sabe ella?

-Lo dicen las gallinas -observó Freddie con impaciencia-. Todo depende del modo en que mueven la cabeza cuando cloquean por la mañana.

- ¡Qué gallinas tan útiles!

- Lo son. Más de un tercio de lo que dicen se cumple.>


Margaret Kennedy sitúa su novela  en una isla remota de Grecia. Un lugar perdido en el mar Egeo que ha conseguido eludir el avance del tiempo y sus consecuencias molestas, como las rutas turísticas y los cruceros vacacionales, aparentando no tener interés alguno para el común de la sociedad. Una tierra que se conserva intacta como en tiempos de los dioses griegos, en la cual las tradiciones del pasado y los ritos ancestrales siguen imperando, a medio camino entre lo divino y lo pagano. Sus habitantes no han sido adulterados por la vorágine de la modernidad. Aunque alguna debilidad consumista se permiten, dejo al lector que disfrute de lo cómico de su hallazgo.

A este enigmático y curioso lugar lleva la escritora a sus personajes principales. Tres personas con vidas dispares, que no guardan semejanza alguna entre ellos, más que la inmensa soledad que asola sus vidas. La triada confluye en Keritha al mismo tiempo, y allí experimentará la inmersión en la "exótica" y primitiva existencia de los isleños con diferente resultado para cada uno de ellos. Una parábola de lo que es la vida y de cómo nos enfrentamos cada uno de nosotros a la adversidad, y de cómo aceptamos la tabla de salvación que a veces se nos ofrece. Margaret Kennedy dedica especial consideración en esta historia a esas personas luminosas y diferentes, que poseen gran generosidad, y reciben poca y defectuosa atención de su entorno


<Te has criado pensando que cuando te daban migajas eran un banquete.>


La novela, que nos es contada con flashbacks en el tiempo para explicarnos la vida de cada personaje y el motivo de su llegada a la isla, se sitúa en la década de los cincuenta del siglo XX, cuando los ecos de la Segunda Guerra Mundial aún resonaban en los corazones. Todas las heridas emocionales de la guerra están presentes subliminalmente. La pérdida y el dolor se reconocen en las páginas de La sonrisa olvidada. Pero también es cierto que comparten y ceden protagonismo a la esperanza. Una fe en el futuro que ofrecen los personajes secundarios del libro, liderados por Edith y Freddie Challoner, representantes honorarios de los habitantes de Keritha y "guardeses" de la sonrisa arcaica.


<Otra cosa a la que he vuelto, y que había olvidado -dijo-, es esta preocupación constante y que afecta al ánimo de todos.

-¿Quieres decir el miedo al hongo nuclear? ¿En Keritha lo eluden? Aquí hay mucha gente que hace lo mismo, créeme. (…)>


La autora emprende un comprometido viaje en busca de la “verdad” para el ser humano, tras el caos provocado por siglos de dar vueltas en círculo sobre sí mismo. Y halla una solución sencilla, humilde y evidente, pero sólo visible para aquellos que estén dispuestos a enfrentarse con la realidad. 

En definitiva, La sonrisa olvidada es una novela fabulosa, sólida, fácil de leer y de una gran profundidad humana e intelectual. Una obra que atrae al lector desde el comienzo por su planteamiento humorístico, seducido por sus fascinantes personajes, apasionándose con su aguda historia y dejándose conquistar por la exquisitez de su erudición.

Una obra que nos ha llegado en las últimas semanas de la mano de Ediciones del Viento, quienes han mostrado una gran empatía hacia Margaret Kennedy y su  novela, dotando a esta edición de un prólogo de categoría firmado por Óscar Esquivias y una traducción de lujo realizada por Miguel Temprano García. Un trabajo de categoría para una fábula deliciosa y encantadora, que nos da la clave para la salvación de nuestra maltrecha civilización.

 

<El niño reconoce a la madre por la sonrisa.> Leon Tolstoi

 

 

Undine von Reinecke ♪

 


👉 Quiero agradecer a MH de la Inquilas de Netherfield, que me diera a conocer esta maravillosa novela con la mención que de ella hiciera en su estupenda reseña de La Ninfa Constante. La obra más famosa de Margaret Kennedy.


La autora por la Editorial:

Margaret Kennedy (Londres, 1896 - Adderbury, 1967), es la primera de una saga de escritoras inglesas -su hija Julia Birley y su nieta Serena Mackesy- y prima del escritor y traductor Joyce Cary, amigo de Christopher Isherwood y de W. H.Auden y autor de La tierra sin alma (publicado en España por Ediciones del Viento). Estudió historia en Oxford y se casó con un abogado y posterior juez de condado que fue nombrado caballero en 1985. Su novela más famosa, La ninfa constante, fue llevada a los escenarios en 1926 y al cine dos años más tarde, lo que ocurriría también con El loco de la familia (1934). En aquellos años alcanzó una gran fama como escritora y guionista, que se mantendría, tras la Segunda Guerra Mundial, con obras como La fiesta (1950) y La sonrisa olvidada (1961).

 


👉 Fuentes fotográficas Wikipedia