miércoles, 28 de abril de 2021

RESEÑA: "EL ÚLTIMO VERANO", RICARDA HUCH

Fuente: Undine von Reinecke

 

Ficha Técnica:


Editorial: Duomo Ediciones
Traducción: Carmen Colomines y Christian Frisch
Prologo: Cecilia Dreymüller
Colección: Nefelibata
ISBN: 9788417128050
Encuadernación: Rústica con solapas
Formato: 14x21, 5
Páginas: 160
PVP: 14.90 €
PVP emboo: 9.99 € 

Sinopsis de la Editorial:

Corre el año 1906, y el gobernador de San Petersburgo, Yégor Rasimkara, ha cerrado la universidad a raíz de las protestas estudiantiles y se ha refugiado en su casa de campo, donde pretende proteger a su familia y a sí mismo de las amenazas de muerte. Todo es en vano, porque el hombre que su esposa ha elegido para que vele por su seguridad está conspirando a sus espaldas. Capaz de ganarse la confianza, la admiración e incluso el amor de los miembros de la familia, ¿llegará a cumplir la misión que tiene encomendada?

 

Propuesta musical para este libro:

Esta compositora y pianista alemana fue la alumna favorita de Franz Liszt

 

Lo que Undine opina del libro:


<La locura es relativa. Depende de quién encierre a quién en la jaula.> Ray Bradbury


Una de las realidades más vergonzosas en la historia de la Humanidad es la persecución intelectual por temas ideológicos. Desde tiempos remotos son muchos los acontecimientos históricos documentados que nos hablan de ello: la quema de libros y asesinatos de académicos en China, reinando Qin Shi Huang (212 a. C.); la desaparición de la biblioteca de Alejandría a manos de los romanos y posteriormente de los árabes; la quema de ejemplares del Talmud judío en 1242, por mandato Luis IX de Francia; o la famosa Hoguera de las vanidades promovida en Florencia por Girolamo Savonarola en el siglo XV, en la que desaparecieron numerosos ejemplares de libros considerados inmorales. Estos  ejemplos no son más que una pequeña muestra de lo que la intolerancia ha hecho con la cultura a lo largo del tiempo. La religión, la política, en definitiva, la ideología de cualquier tipo y tendencia, son las excusas usadas por el ser humano que, en su lucha sin tregua por el poder, arrasa con la cultura. Pero si la quema de libros es considerada una calamidad, qué no decir de la persecución y anulación de intelectuales. Todos conocemos numerosos ejemplos de ello. Algunos remotos, como el pulso que mantuvo Galileo Galilei con la Inquisición en el siglo XVII; otros muy cercanos a nuestros días, como es el caso del escritor indo-británico Salman Rushdie, cuya obra Los versos satánicos (1988) sigue haciendo de él un objetivo por parte de algunos grupos fundamentalistas del mundo musulmán. Pero ha habido otros sucesos a lo largo de la historia que han pasado inadvertidos por diferentes causas, bien sea por tratarse de una época muy convulsa o porque el trabajo que se hizo para anular a la persona fue tan aplastante que su nombre quedó casi en el olvido. Ambas coyunturas se dieron en la figura de Ricarda Huch (1864-1947), poeta y ensayista alemana, que lleva unido a su persona el privilegio de haber sido la primera mujer de su país en obtener un doctorado en historia. La escritora germana fue muy admirada y leída en su tiempo, tanto por los grandes intelectuales de la época como por el público en general. Su obra abarcaba la novela, la poesía, el ensayo histórico y la biografía. Se convirtió en una de las autoras más importantes de la primera mitad del siglo XX, y una autoridad en el ámbito académico, tanto en el campo de las artes como en el de la filosofía. La caída de Huch vino con la llegada al poder del nazismo en la década de 1930. Su posicionamiento en contra de las disposiciones del movimiento, que arremetía contra muchos de sus colegas académicos, así como su desligamiento del espíritu que Hitler y sus acólitos impusieron en la nación alemana, hicieron de Ricarda Huch persona non grata. Los nacionalsocialistas desprestigiaron su obra y entorpecieron su difusión hasta casi anularla. Por otra parte, finalizada ya la Segunda Guerra Mundial, la escritora se trasladó a la Alemania del Este. Esta circunstancia terminó con lo poco que quedaba a salvo de su prestigio. La opinión pública nunca se lo perdonó, pese a que la autora quisiera regresar tras comprobar que la habían intentado utilizar con fines políticos. Como quiera que sea, su figura merece ser rescatada y su obra debe ser leída, como corresponde a una intelectual de su talento. Gracias a la editorial Duomo Ediciones y a la traducción de Carmen Colomines y Christian Frisch, el lector de habla hispana puede conocer desde hace algunos meses una de sus obras. Me refiero a El último verano, la novela que protagoniza el proyecto de Reseñas Cruzadas del mes de abril. Un descubrimiento de Mrs. Hurst, colega del blog Las Inquilinas de Netherfield, con la que comparto este reto. No se me ocurre un ejemplo mejor para protagonizar la sección en su categoría de Pioneras Universitarias.

El último verano comienza así:


< De Liu a Konstantín

Kremskoie, 5 de mayo de 19…

Querido Konstantín:

Acabo de tomar posesión de mi nuevo cargo y quería contarte cómo se presentan las cosas. No dudo de que conseguiré mi objetivo; las circunstancias parecen ser incluso más favorables de lo que suponía. He despertado simpatía en toda la familia del gobernador; nadie muestra la más mínima desconfianza hacia mí.>

 

 

El último verano nos lleva a la Rusia zarista de los primeros años del siglo XX. El gobernador de San Petersburgo, Yégor Rasimkara, ha clausurado la universidad debido a las revueltas estudiantiles, y ha puesto entre rejas a los cabecillas de los levantamientos. Todo indica que los detenidos serán juzgados y condenados a muerte. El ambiente social es de crispación y odio hacia las autoridades, y más en concreto hacia el gobernador. Por ese motivo, la esposa de Yégor Rasimkara decide llevarse a  la familia al completo a su residencia campestre,  con el deseo de que los ánimos se aplaquen. Su mayor preocupación es la seguridad del cabeza de familia, quien lleva tiempo recibiendo amenazas de muerte. Para prevenir posibles atentados, la esposa contrata en secreto a un guardaespaldas, que hace las veces de secretario personal del gobernador sin que éste sospeche nada. Pero en realidad Liu, el secretario guardaespaldas, es un anarquista infiltrado que busca la ocasión oportuna para asesinar al dirigente gubernamental. Por otro lado, todos los miembros de la familia Rasimkara caen rendidos ante la seductora personalidad del terrorista de incógnito, al que otorgan grandes virtudes. ¿Conseguirá el revolucionario engañar a la familia del gobernador? ¿Hará realidad sus planes?

El último verano es una divertida y original historia, con tintes de novela negra, que lleva al lector a los años previos a la Revolución Rusa. Planteada como una narración epistolar, la autora utiliza las cartas que escriben los protagonistas a sus interlocutores en beneficio del esquema narrativo y de la trama: por un lado nos muestra la galería de personajes que pone en escena, dejando ver de este modo cada una de sus personalidades en los escritos. Y por otro, utiliza la incesante correspondencia que mantienen todos durante los meses que la familia convive junto al terrorista para crear la intrigante atmósfera. Un clima que va ganando en tensión según se suceden los acontecimientos. Estos hechos vienen marcados por la convivencia dentro de la hacienda y por la relación que el anarquista infiltrado sostiene con cada uno de los inquilinos; tanto con los miembros de familia del gobernador como con el personal de servicio.


<Querido Peter:

Mostrándote celoso te pones en ridículo delante de Katia. Además, ¿para qué? En todo caso deberías estar celoso de mí, pero eres demasiado simple para darte cuenta de ello.>


He aquí el principal interés de la narración. Ya que, de la particular visión que tiene cada uno de los personajes sobre "el infiltrado" depende el ritmo y transcurso de la historia. Así ven a Liu los protagonistas: Velia, el hijo mayor, lo admira y ve en él un modelo a seguir; Katia, la hija universitaria, está muy interesada en su personalidad y se siente atraída por él; Yéssika, la  hija menor, lo considera un héroe romántico; Luissinia, la esposa, le otorga la cualidad de salvador; e Iván, el viejo criado borrachín, desconfía del nuevo secretario.


< (…) como mi apariencia les parece atractiva y de buen gusto, y como Velia, al que consideran su modelo, se siente atraído hacia mí, han empezado a ver mi presencia con buenos ojos.>


Pero como ocurre en la vida real, la convivencia se ve alterada por el curso de los días y sus avatares. Las preferencias de trato entre unos y otros, los celos entre las hermanas, el miedo incesante de la esposa del gobernador ante un posible atentado, las sospechas del criado, los sucesos sospechosos…  Todo ello consigue que la posición de Liu dentro de la casa vaya cambiando de tono, así como la imagen que de él se tenía.


<No te enfades, pero es muy feo por tu parte negarte a venir mientras Liu esté aquí y obligarlo de ese modo a irse de casa. No se lo merece.>


Pero no pensemos por ello que la conclusión de la historia está clara, nada de eso. La autora juega con el lector hasta el final, lo seduce con artimañas, y lo desengaña en la última página. Dejo al criterio de mis lectores adivinar si consiguió su fin conmigo. 

Esto es lo que opino con respecto a la historia. Pero, ¿qué ocurre con los personajes? Aquí Ricarda Huch recurre a los clichés y al humor. Y digo humor porque, en mi opinión, todos ellos parecen formar parte de una obra satírica británica, de aquellas que acertaba a escribir tan irónicamente Oscar Wilde. Para defender mi idea me remito a los propios personajes: Comenzando por el anarquista Liu, cuyos actos señalan que ha sido víctima del síndrome de Estocolmo; siguiendo por la familia del gobernador, que parecen estar representando siempre una comedia al modo de La importancia de llamarse Ernesto (1895), entre ellos debo destacar a la hilarante esposa del gobernador, constantemente al borde de un ataque de nervios; y finalizando con el "siervo" o chofer Iván, cuya condición de borrachín hace honor a la de cosaco. ¿Puede haber mayor cliché que éste? La autora recurre a estas herramientas para de algún modo aludir a la crítica social. Expone ante el lector la atmósfera rusa de la época que estaba a punto de cambiar radicalmente. Aunque, desde mi punto de vista, lo hace de una manera superficial. Ya que, como nos cuenta Cecilia Dreymüller en el interesante prólogo del libro, Ricarda Huch sólo escribió esta novela motivada por una apuesta en la que fue retada a escribir una novela policiaca en un corto periodo de tiempo. Por ese motivo, no creo que la escritora estuviera especialmente interesada en profundiza sobre temas políticos, sociales o filosóficos. Aunque no por ello los quiso abandona del todo, pasajes como el siguiente lo indican:


<Si un campesino ruso no bebe, es atribuible a teorías, cálculos o a una tendencia a algún tipo de perfección espiritual. Así que cuando el instinto animal ha sido reprimido, en su lugar no puede surgir nada bueno.>


Como he mencionado, la crítica social está presente y da valor al momento histórico en que se publicó la novela, 1910. Restaban muy pocos años para el levantamiento bolchevique y la caída del sistema zarista, además de los diferentes acontecimientos que mantuvieron a Europa en vilo hasta la conclusión de la Primera Guerra Mundial. Por ese motivo, me parece de gran relevancia observar la gran acogida que esta novela tuvo en su época, cuyas reimpresiones se sucedían una tras otra. Me hace preguntarme qué pensaría el público de la época, si se tomarían en serio lo que esta historia planteaba, o si preveían los acontecimientos venideros. Este es uno de los valores que se otorgan a esta obra.

Otra de las virtudes de El último verano reside en su planteamiento. Desde mi punto de vista, la original y atrevida trama, unida al divertido y audaz estilo epistolar con el que Ricarda Huch maneja la historia, tienen un poder altamente fascinante para el lector. Quienes decidan embarcarse en esta historia no podrán evitar enlazar carta tras carta hasta finalizarlas.

Quiero puntualizar que, pese a estar considerada como una novela cercana al género policiaco o el thriller psicológico, en mi opinión no consigue esa tensión necesaria para que el lector se implique hasta el fondo en los acontecimientos. Desde mi puto de vista, la historia es más divertida que emocionante. Lo que realmente incita a querer abordar el final de la novela no es tanto conocer cómo acaba, sino descubrir qué solución le da la autora. Algo que dice mucho en pro del estilo atrevido y fresco de Huch. Por otro lado, y como curiosidad, debo mencionar lo mucho que me ha recordado la trama de El último verano a la de una novela posterior escrita por la autora rusa nacionalizada francesa Irène Némirovsky. Me refiero a El caso Kurílov (1933), que gira entorno a un bolchevique que ha sido contratado para asesinar a un ministro del zar Nicolás II. Salvando las distancias, porque la novela de Némirovsky es mucho más compleja y oscura, veo probable que la escritora rusa se inspirara en la obra que nos ocupa hoy para redactar su propia historia.

Hasta aquí llegan mis impresiones sobre El último verano. Ha sido un privilegio conocer a Ricarda Huch e incluirla en el proyecto Reseñas Cruzadas. Si su novela representa para mí una curiosidad literaria que he leído con gran diversión, mayor ha sido el placer de descubrir a esta gran autora. La relevancia de su persona, de su obra e intelecto no debieron perderse jamás. Quisiera pensar que mi pequeña aportación pueda contribuir a la difusión de su historia personal y de su legado. Porque, como decía Oscar Wilde.


< El único deber que tenemos con la historia es rescribirla.>


Os espero el último miércoles de mayo en una nueva entrega de las Reseñas Cruzadas. Esta vez hablaremos de lo mucho que nos gustan las autoras inglesas. Ahora no dejéis de visitar el blog de Las Inquilinas de Netherfield 👈, allí Mrs. Hurst os espera con su siempre acertada opinión. ¿Habremos coincidido en esta ocasión? Voy a comprobarlo.



 Undine von Reinecke

 

La autora por la Editorial:


Ricarda Huch nació en Brunswick en 1864, estudió Historia, Filología y Filosofía en Zúrich y fue una de las primeras mujeres alemanas en obtener una titulación universitaria. Galardonada por su labor literaria con el prestigioso Premio Goethe en 1931, fue la primera escritora elegida para formar parte de la Academia Prusiana de las Artes, cargo que abandonó posteriormente como protesta por la llegada de Hitler al poder. Además de poemarios y biografías, Huch es autora de las novelas Aus der Triumphgasse, Der Fall Deruga y Frühling in der Schweiz. Falleció en 1947, mientras se documentaba sobre la resistencia alemana al nazismo.




miércoles, 21 de abril de 2021

RESEÑA: "MIL MILLAS NILO ARRIBA", AMELIA B. EDWARDS

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha técnica:

Nº de páginas: 464

Editorial: Aldebarán

Idioma: Castellano

Traducción: Rosa Pujol

Encuadernación: Tapa blanda

ISBN: 9788495414526

Año de edición: 2014

Plaza de edición: ESPAÑA

Fecha de lanzamiento: 11/06/2014

 

Propuesta musical para este libro:


In the Mystic Land of Egypt' - Albert Ketelbey (1931)

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas.> Benjamin Disraeli


Queridos lectores:

Por cuarta vez en este año os convoco para hablar sobre literatura universal, dentro del reto La vuelta al mundo en doce libros. Los que conocéis el proyecto no necesitáis que os recuerde que hoy toca revisar lo que se leía por el mundo alrededor de 1872, a propósito de la publicación de Julio Verne La vuelta al mundo en ochenta días. Pero, para quienes pasan por aquí por primera vez, quiero señalar que, durante 2021, todos los terceros miércoles de mes están dedicados en Lecturas de Undine a una de las paradas que Phileas Fogg realizó en su periplo alrededor del mundo. Tras iniciar el viaje desde Londres (Memorias de una estudiante victoriana, Jane Ellen Harrison 👈 ), pasar por París (Un cura casado, Jules Barbey D'Aurevilly 👈), continuar en Turín (Eros, Giovanni Verga 👈 ), hoy llegamos a uno de los destinos más románticos y misteriosos de nuestro viaje literario. Me refiero a Egipto, concretamente a Suez.

Suez es una ciudad del norte de África de vital relevancia histórica debido a su ubicación, ya que representa la unión entre los continentes africano y asiático. Su puerto cobró protagonismo en el siglo VII de nuestra era, y fue fundamental en la Edad Media, tanto para la ruta de las especias, como en las peregrinaciones a la Meca. Pero este punto geográfico ya se consideraba muy importante en época faraónica. Los grandes gobernantes egipcios del siglo XX y XIX a. C. tenían como uno de sus objetivos más deseados conectar el Mediterráneo con el Mar Rojo. Para intentar conseguirlo, iniciaron una primera fase que consistía en construir una red de canales que unían el Nilo con el ya mencionado Mar Rojo. Este proyecto se materializó al completo en tiempos de Darío I (549-486 a. C.) rey de la dinastía aqueménida de Persia, que construyó el Canal de los Faraones. Aunque se sabe que en tiempos de los grandes monarcas del antiguo Egipto, como Ramsés II (1303-1213 a. C.), ya se había construido algún pequeño canal.

Serenata de la tripulación del Berenguela a la Emperatriz 
Fuente: ABC.es

No sería hasta el siglo XIX de nuestro tiempo que se construyó lo que hoy conocemos como el Canal de Suez. Las obras de este gran hito de la ingeniería comenzaron en 1859, promovidas por el empresario y diplomático francés Ferdinand de Lesseps, con el beneplácito de las autoridades egipcias de la época. La grandiosa obra se inauguró oficialmente en 1869, pero dos años antes, el 17 de febrero de 1867, la emperatriz de los franceses Eugenia de Montijo (1826-1920) cruzó a bordo del barco que hizo la primera travesía entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. Este hecho histórico no solamente marcó el comienzo de la aventura por tierras egipcias de la emperatriz, sino que representa un símbolo para la historia del país africano. Una demostración más de lo que fueron las complejas relaciones diplomáticas y mercantiles durante la época colonial.

Desde que las tropas de Napoleón abandonaran Egipto, el país se sumergió en una serie de guerras civiles entre otomanos, mamelucos y mercenarios albaneses, que terminaron en 1805 con la subida al trono de Mehmet Alí (1769-1842). Bajo su gobierno se dirigió una campaña de expansión, permitida por el Imperio Otomano, que le llevó a conquistar las ciudades santas de La Meca y Medina en 1818, y en 1827 el Sudán. También combatió contra las potencias europeas por el control de Grecia, siempre apoyado por el Imperio Otomano, en las que fue derrotado. Pero los turcos temían la ambición de Mehmet por expandir Egipto hacia el norte, y en 1839 terminaron por aplacar algunas de sus acciones, que amenazaban incluso la seguridad de Estambul. Aprovechando esta circunstancia de debilidad de los otomanos, se establece una alianza entre Reino Unido, Rusia, Austria y Prusia, que exige desistir a Mehmet de sus ambiciones expansivas. Ante su negativa, los aliados deciden destruir la flota egipcia. Desde ese momento, el monarca capituló y prometió abandonar toda futura idea de ensanchar fronteras. Las consecuencias de estas acciones fueron múltiples, pero quizá la más notable sea la claudicación de Egipto ante el Imperio Británico, al que tuvo que conceder ciertos derechos de libre comercio, en virtud del tratado anglo-otomano de 1838. Esto desfavoreció notablemente la economía egipcia y afianzó la posición de Gran Bretaña sobre la zona.

Los sucesivos monarcas que accedieron al poder sobre Egipto se despreocuparon de la política interior, beneficiando de este modo los intereses ingleses políticos y comerciales, que aumentaron notablemente gracias a la red ferroviaria que construyeron entre las ciudades de El Cairo y Alejandría. Pero todo cambia en 1854 con la llegada al poder Mehmet Said. Este gobernante decide involucrarse vehementemente en los asuntos del país y deroga algunos de los derechos entregados a los ingleses en favor de la nación francesa. El hecho más notable es la concesión de explotación del Canal de Suez al país galo.

Con respecto al campo de la cultura y la literatura, el peso y la importancia que tuvo para la historia la del Antiguo Egipto (la Biblioteca de Alejandría lo testimonia), no importó a los árabes cuando invadieron el país en el siglo VIII, ya que al llegar impusieron su lengua. Tan sólo permitieron la existencia de una minoría cristiana copta, que desarrolló una literatura religiosa escrita con raíces egipcias, coptas y judías. Arrasaron con lo que restaba de la Biblioteca de Alejandría, dañada anteriormente por los romanos, de este modo prosperó la literatura árabe y las bibliotecas dedicadas a dicha lengua. Así nació un nuevo Egipto creado por los musulmanes. Los papiros desaparecieron como superficie de escritura, sustituyéndose por papel de tela, y se introdujo la caligrafía como sistema de escritura. Ni que decir tiene que el foco principal de la literatura era el Islam. Por otro lado, no se debe olvidar la importancia de la literatura oral, que se extendió por todo el mundo árabe durante la Edad Media.

Pero con la llegada de Napoleón Bonaparte en 1798, Egipto se enfrenta a un tremendo choque cultural y filosófico. Gracias a este hecho, surge un renacimiento literario, el Nahda, que coloca a Egipto desde principios del siglo XIX en una posición preeminente en el mundo intelectual árabe. Sin embargo, se deberá esperar al nuevo siglo para disfrutar del nacimiento de una verdadera literatura egipcia. De hecho, la novela que está considerada como el primer ejemplo de literatura moderna egipcia fue publicada en el año 1914. Lleva como título Zaynab, y fue escrita y publicada por su autor, Muhammad Haykâl, en París.

Biblioteca de Alejandria, O. von Corben
Fuente: Wikipedia

Pero, ¿qué se escribía y leía durante el siglo XIX en Egipto? Como ocurría en el campo de la industria, el urbanismo y la economía, la literatura egipcia se vio muy afectada por el colonialismo. El fuerte influjo de las letras francesas e inglesas dejó su mella. De este modo, podemos observar que el dramaturgo más importante de aquel siglo fue Yaqub Sannu (1839-1912), también llamado el Moliere de Egipto. Este autor Escribía en árabe dialectal y se inspiraba en los modelos europeos de Molière, Goldoni y Richard Sheridan. Por otro lado, gran parte de los intelectuales egipcios viajaban fuera de sus fronteras para adquirir formación universitaria. Ese fue el caso de Ahmed Chawqi (1868-1932), conocido como el “Príncipe de los poetas”, que estudió en Francia, allí tomó como modelos a Pierre Corneille y Jean Racine. Este último dramaturgo escribió múltiples piezas en verso imbuidas en la historia egipcia y las leyendas árabes. De entre sus títulos cabe destacar La muerte de Cleopatra y La locura de Leyla.

Me hubiera gustado elegir cualquiera de las obras mencionadas de estos dramaturgos egipcios decimonónicos, para hacer una comparativa con la narrativa europea que hemos visto hasta el momento dentro del proyecto La vuelta al mundo en doce libros, pero ante la imposibilidad de encontrar ninguno de los títulos traducidos, me he decantado por leer y reseñar un libro escrito por una autora británica que trabajó en pro de la conservación y del estudio de la cultura egipcia ancestral. Me refiero a Amelia B. Edwards, la mujer que confundo el Egypt Exploration Society en 1882, a su regreso de un viaje que realizó a Egipto en 1873.

Amelia Ann Blanford Edwards nació el 7 de junio de 1831 en Londres, en el seno de una familia de clase media acomodada. Sus padres le dieron una educación más liberal de lo que correspondía a una joven victoriana y, en consecuencia, pudo adquirir una gran cultura. Su madre, que era una mujer refinada, le inculcó el gusto por la literatura, el teatro, la música y la pintura. Sin embargo, el carácter decidido que marcaba su personalidad lo heredó de su padre, un antiguo oficial del ejército británico. Con tales dotes para la vida, la joven Amelia se convirtió en una mujer con grandes inquietudes y pocos prejuicios para la época que le tocó vivir. Durante sus años de juventud intentó triunfar como pintora, actriz, cantante y pianista, pero finalmente terminó dedicándose al periodismo y a la literatura, además de ejercer como ilustradora de sus propios libros y algunos ajenos. Su primer éxito literario lo consiguió en 1864 con  Barbara's History, ni más ni menos que una historia de bigamia. De esta época también son algunas de sus conocidísimas historias de fantasmas, cuyo título más famoso es The phantom coach (1864), un relato que aparece frecuentemente en los recopilatorios del género.

Pero, como todo espíritu inquieto, Amelia B. Edwards no era conformista y sus ansias por conocer y experimentar la empujaban a viajar. De este modo comenzó sus aventuras fuera de Inglaterra, haciéndose acompañar por una amiga íntima, Lucy Renshawe, a quien siempre se refería tanto en sus libros como en privado como “L”. Sus escapadas viajeras la llevaron en 1872 hasta los Dolomitas, un lugar que quería conocer desde que años antes unas láminas la sedujeran por su belleza. De aquél intrépido viaje, que pocos viajeros se atrevían a hacer, se trajo grandes experiencias que plasmó en un libro, A Midsummer Ramble in the Dolomites (1873), que más tarde sería publicado con el título de Untrodden Peaks and Infrequent Valles. Pero no sería hasta noviembre de 1873 que la autora emprendió la aventura que le cambió la vida, un recorrido a través del Egipto de los faraones. A la edad de cuarenta y dos años, y acompañada de su inseparable compañera de fatigas “L”, Amelia B. Edwards se armó de valor, contrató un guía, alquiló una embarcación y se precipitó Nilo arriba para conocer los misterios de aquellas tierras. Estas experiencias las reflejó a su regreso del continente africano, en el libro que supuso su éxito editorial más importante, Mil millas Nilo arriba. Un título que por su relevancia histórica y sociológica me ha parecido muy adecuado incluir en La vuelta al mundo en doce libros. 

Mil millas Nilo arriba comienza así:


<A menudo, el viajero debe comer a base de menú fijo en el transcurso de sus múltiples andaduras; pero muy raramente se le presenta la oportunidad de sentarse a la mesa con unos comensales tan variopintos como los que abarrotan el comedor del Hotel Shepheard’s de El Cairo al inicio y mitad de la temporada egipcia. Aquí se reúnen a diario alrededor de dos o trescientas personas de todas las clases sociales y nacionalidades, animados por diferentes propósitos; la mitad de ellos son anglo-hindúes de camino al extranjero o de vuelta a casa, residentes en Europa, o visitantes establecidos en El Cairo para pasar el invierno. La otra mitad es casi seguro que van a remontar el Nilo. Tan complejo e incongruente resulta este grupo de viajeros del Nilo, jóvenes y viejos, bien vestidos y mal vestidos, cultos e iletrados, que el primer impulso del recién llegado sería preguntar por qué motivos tantas personas de gustos dispares, se sienten impelidos a embarcarse en una expedición que, cuando menos, es tediosa, muy cara, y de interés excepcional.>


Fuente: Wikipedia

Mil millas Nilo arriba narra el viaje que realizó Amelia B. Edwards durante algunos meses comprendidos entre 1873 y 1874. Inicia la historia desde su llegada a El Cairo, donde el ambiente colonial invade las calles y hotel donde se aloja, para seguidamente dar paso a la parte más interesante y emocionante de su historia, la travesía por el Nilo hacia tierras nubias del sur, y el regreso en dirección contraria hacia El Cairo. La autora cuenta en su relato cómo se preparó para ello, cómo se dedicó a comparar los diferentes tipos de embarcaciones existentes para realizar el crucero, hasta dar con la que le pareció más apropiada: una dahabiyeh, que es una embarcación de madera que tiene el casco plano, de aspecto rústico y poco confortable. Amelia observó cómo otros navíos aparentemente más cómodos y modernos podrían no ser tan adecuados para las aguas por las que tenían que navegar, por eso eligió la típica embarcación egipcia ancestral. Su análisis del asunto terminó siendo acertado, porque a lo largo del viaje pudo presenciar diferentes naufragios de embarcaciones de aspecto más sólido, incluido el de un vapor británico de la empresa Cook repleto de turistas, que no consiguió remontar el Nilo. Este buen juicio que mostró al comienzo de la travesía la acompañó todo el viaje, pese a los peligros y momentos delicados que vivió, porque recordemos que en aquella época algunas zonas del viaje estaban habitadas por individuos que sólo conocían la civilización a través de los turistas que recorrían el rio.


<Respecto a la fascinación de un viaje a Egipto, del encanto del Nilo, de la sobrecogedora e inesperada belleza del desierto, de las ruinas que han maravillado al mundo, ya he dicho suficiente. Sin embargo, debo añadir que mi impresión personal es que las cosas y las gentes de Egipto han cambiado mucho menos de lo que nosotros, las gentes de hoy día, suponemos.>


Pese a los riesgos que suponía viajar por libre, Amelia huía de las agencias turísticas y los viajes organizados que, ya en aquella época, llevaban como en un rebaño a sus clientes. Sus comentarios al respecto de los cruceros y las excursiones que vio durante su periplo egipcio te hacen reflexionar sobre lo que opinaría de lo que significa viajar en el siglo XXI. Por otro lado, su sentido práctico de las cosas y el gran interés que tenía por conocer a fondo todas las maravillas que le esperaban en el viaje le hicieron planificar minuciosamente y a su manera cada detalle útil, demostrando la inteligencia e independencia de los grandes exploradores.

Philae, ilustración Mil millas Niloarriba
Fuente: Wikipedia

Así inició su recorrido por el Nilo. Su tripulación estaba formada por su inseparable amiga “L”, un guía que hablaba la lengua árabe y los marineros de la dahabiyeh, que llevaba el nombre de la ilustre ciudad de Philae. A ellos se unió posteriormente el pintor inglés Andrew McCallum, y una pareja de recién casados, a los que se refiere durante todo el libro como “la Pareja Feliz”. La embarcación hizo parte del viaje junto a una pequeña flota de dahabiyehs, entre las que se encontraba la alquilada por Marianne Brocklehurst, una viajera y coleccionista inglesa de antigüedades egipcias, que ha pasado a la historia como mecenas de algunas excavaciones arqueológicas. Esta amante de la egiptología apoyó la labor de Edwards a su regreso a Inglaterra, y mantuvo con ella una duradera amistad.

Con respecto al relato del viaje, la autora detalla cada momento de las distintas etapas con gran precisión psicológica, pictórica y literaria. Para la autora ninguna referencia es banal, ni el clima, ni la tripulación egipcia, ni los pueblos que ve a su paso a bordo de la dahabiyeh, ni los cambios que se perciben en el paisaje. .. Todo lo describe desde el punto de vista de una observadora crítica pero objetiva, ávida de aprender y compartir. Además, cada estampa que consideraba digna de admiración la dibujaba. Porque sus grandes dotes como pintora no podían resistirse ante tanta belleza. Debo señalar que tanto la edición original inglesa del libro, como la española que presento hoy están ilustradas con los exquisitos y minuciosos dibujos que la autora realizó durante el viaje. Nada escapaba a su pincelada, sus láminas están protagonizadas por monumentos arquitectónicos y humanos. La fascinación que ejercían sobre ella las diferentes costumbres y razas de los pueblos que pudo contemplar la llevaron a inmortalizarlos.


<Entonces pasamos al lado de una mujer fellah alta y guapa que estaba majestuosamente de pie al borde del camino, con su velo echado hacia atrás y cayendo en pliegues hasta los pies. Ella sonrió, extendió su mano y murmuró “¡Bakhshish!”. >


Dentro de la narración tienen gran importancia la historia y la arqueología. Por sus páginas aparecen descritas las grandes ciudades del Antiguo Egipto y los principales monumentos que todos conocemos, además de muchos otros que quedan reservados para los expertos arqueólogos y egiptólogos de corazón. Pero también la autora dedica pasajes importantes a los notables personajes que hicieron historia en la época faraónica y a los ilustres viajeros que se enamoraron de Egipto, después de que las tropas Napoleónicas abrieran las puertas a los descubrimientos arqueológicos. Me ha gustado conocer a otra viajera que estuvo algunos años antes que Amelia B. Edwards en Egipto. El nombre de Lady Duff Gordon ya nunca se me olvidará.

Gran Templo de Abu Simbel
Fuente: Wikipedia

Quizá el lector piense que, al tratarse de un libro de viajes, las pesadas descripciones arqueológicas o paisajísticas le puedan ahogar. Pero no, todo lo contrario, la emoción del relato aumenta por momentos, debido a los intrépidos acontecimientos que vivieron sus protagonistas y por la exótica ambientación. La autora presenta un escenario que, inevitablemente, el lector del siglo XXI asociará con recuerdos cinematográficos. Quien sea capaz de leer Mil millas Nilo arriba sin rememorar la estética y aventuras de Indiana Jones o de La Momia, o no ha visto las películas o no tiene imaginación, porque cada escena te lleva a un momento emocionante y romántico: la entrada a un templo antiguo, la visita al Valle de los Reyes, el paseo por un mercado egipcio, la búsqueda de cocodrilos, el ataque de ladrones a las embarcaciones, la vista de las pirámides, la cena con un caudillo egipcio…Incluso el descubrimiento de un santuario egipcio que había estado oculto por la acción del tiempo y que, Andrew McCallum, el pintor compañero de viaje de Edwards, destapó para beneficio de la humanidad. Aunque este último punto es cuestionado por la autora. Porque Amelia Edwards era una mujer muy respetuosa y no podía hacer ojos ciegos a las catastróficas consecuencias que había tenido la mano del hombre sobre el legado del Antiguo Egipto. Las invasiones, los ladrones, el turismo e incluso los arqueólogos dejaron a su paso marcas negativas sobre gran parte del patrimonio. Son muy interesantes las reflexiones que hace al respecto, como también lo son las múltiples anécdotas que cuenta a cerca de cómo los egipcios de su tiempo seguían buscando tesoros escondidos, pese a la prohibición de las autoridades.

Tantas y tantas barbaridades las que vio, que la autora se preguntaba cuántas de las maravillas que admiró durante su viaje perdurarían en el tiempo. Esta es otra cuestión que, desde mi punto de vista, aumenta la emoción de leer Mil millas Nilo arriba. Porque, queridos lectores, debo confesar que tardé mucho más de lo previsto en terminar el libro debido a que constantemente buscaba en Google cada monumento mencionado por la autora. Ver el estado en el que se encontraba cuando lo visitó Edwards y comprobar que aún sigue en pie, incluso algunas mejor de lo esperado, es para todo aquel que se llame a sí mismo amante del arte y la cultura un momento de gran excitación y felicidad. Esta emoción te hace entrar en comunión con la escritora, quien comparte sus íntimos pensamientos con el lector.

Por otro lado, es relevante señalar la importancia etnológica y sociológica que tiene este documento, ya que Edwards hace unas observaciones muy interesantes sobre los diferentes pueblos, razas y costumbres que poblaban las márgenes del Nilo cuando ella lo visitó, así como evidencia la atmósfera colonialista que imperaba en Egipto. Pero, lo que más me ha llamado la atención de estos pasajes sociológicos es la solidaridad mostrada hacia la mujer egipcia, a quien prefiere ver trabajando duramente como lo hacían las esposas de los fellahin, que encerradas en un harem contemplando su propia existencia.

Cuando Amelia B. Edwards regresó de su viaje por Egipto, la fascinación de lo había visto y lo que allí experimento la indujeron a escribir Mil millas Nilo arriba, que se publicó en 1877. Su ferviente deseo de preservar para la posteridad el patrimonio de aquel país la indujo a promover una concienciación social sobre el peligro que corrían las maravillas egipcias por culpa del turismo, los especuladores y el progreso. Se convirtió en defensora de la investigación y la ciencia, para la preservación de la historia y las obras de arte. Abandonó en gran medida sus otros trabajos como escritora y, en 1882, confundo el Egypt Exploration Society junto a Reginald Stuart Poole, un arqueólogo del Museo Británico.  Este organismo sigue existiendo hoy en día, y puede presumir de tener entre sus colaboradores eminentes a Howard Carter, el famosísimo arqueólogo y egiptólogo que descubrió en 1922 la tumba KV62, perteneciente al faraón de la dinastía XVIII Tutankamón, en el Valle de los Reyes, frente a Luxor.

He llegado al final de mi reseña de hoy. No ha sido fácil poner palabras a las emociones que el texto de Amelia B. Edwards me ha causado, como tampoco lo ha sido explicar el importante contenido de sus páginas. Cuando el material que tienes entre manos es tan imponente resulta un gran compromiso.  Pese a ello, espero haber provocado al menos una chispa de entusiasmo en mis lectores. Porque leer Mil millas Nilo arriba no es sólo una buena lectura con la que pasar un rato entretenido y revelador, también es un documento honesto que invita a la reflexión. Quizá, después de disfrutar este libro, seamos capaces de preguntarnos quiénes somos verdaderamente y hacia dónde queremos ir.

 

<El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.> Plutarco

 

Os espero a todos el 19 de mayo de 2021, en una nueva cita de La vuelta al mundo en doce libros. Bombay nos espera, queridos lectores.



 

Undine von Reinecke ♪

 

La autora por la Editorial:

Fuente: Wikipedia
De aprendizaje precoz y carácter inquieto, estudió danza, música, pintura y literatura, especialmente a partir de la publicación de los relatos de sus viajes. Quedó fascinada por Egipto en su único viaje a este país, en 1873, dedicándose desde este momento plenamente a la egiptología. De regreso a Inglaterra, fundó el Egypt Exploration Fund- que sigue existiendo en la actualidad con el nombre de Egypt Exploration Society- para el patrocinio de estudios y excavaciones en Egipto, contando con colaboradores como Flinders Petrie o Howard Carter, entre otros.

En 1877 publicó esta obra, Mil Millas Nilo Arriba, con gran éxito, de la que se hizo una nueva edición en 1891. Antes de su muerte, creó la primera cátedra de egiptología del Reino Unido en el University College de Londres.

 


 

 


miércoles, 14 de abril de 2021

RESEÑA: "EL ÚLTIMO DE LOS VALERIO", HENRY JAMES

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: José J. de Olañeta, Editor

Colección: Centellas 21

Traducción de Esteve Serra

Páginas: 91

Formato: 9,5 x 14 cm

Encuadernación: Rústica

ISBN: 978-84-9716-705-5

Año aparición: 2.011

Precio sin IVA: 7,69€

Precio con IVA: 8,00€

 

Sinopsis de la Editorial:

El feliz matrimonio de una joven y rica norteamericana con un apuesto aristócrata romano adquiere un cariz inquietante cuando en el jardín de su mansión romana se desentierra una hermosa escultura griega.

 

Propuesta musical para este libro:


Lo que Undine piensa del libro:


Queridos lectores:

Hoy traigo ante vosotros una nueva sección del blog: El gourmet literario. Como se desprende del título, se trata de un apartado dedicado a pequeñas joyas literarias que suelen pasar inadvertidas por diferentes motivos, pero cuya singularidad las hace destacar ante cierto tipo de lector que no cesa de buscar nuevas emociones. No habrá una periodicidad establecida para las reseñas, como ocurre con los otros proyectos del blog. La frecuencia vendrá dada por los descubrimientos casuales que vaya haciendo en mi singladura bibliófila. La selección de los títulos tendrá un punto en común, la brevedad del texto. Serán pequeños bocados gourmet que reseñaré brevemente, destacando sus puntos interesantes y clasificándolo según el tipo de lector al que pueda gustar.

Para comenzar, he querido recurrir a un autor al que admiro profundamente. Me refiero a Henry James, un escritor que destacó tanto en el terreno del relato como en el de la novela. Pese a estar considerado como una pieza imprescindible dentro de la narrativa moderna, su producción no es tan conocida ni leída como realmente merece. Quizá la fama de complejas que persigue a sus novelas haya apartado a muchos lectores potenciales de su camino. Hoy quiero romper una lanza en su favor y demostrar que también existe un Henry James accesible y seductor, capaz de cautivar al lector novel con su genio. Con ese motivo traigo ante vosotros El último de los Valerio (1874), un relato que estoy segura os sublimará. La historia comienza así.


<Había tenido ocasión de declarar más de una vez que, si mi ahijada se casara con un extrajero, me negaría a conceder su mano. Y sin embargo, cuando me presentaron al joven Conte Valerio, en Roma, como su enamorado aceptado y comprometido, me encontré mirando al feliz individuo, tras una momentánea mirada de asombro, con cierta benevolencia paternal; pensando, la verdad, que desde el punto de vista de lo pintoresco (ella con sus rizos rubios y él con sus rizos oscuros), formaban una pareja notablemente bien avenida.>


El último de los Valerio narra la historia de un matrimonio por amor, contraído entre una acaudalada joven norteamericana y un conde romano venido a menos. La bella y admirable pareja decide establecer su residencia conyugal en Villa Valerio, la antigua finca familiar situada en la ciudad de Roma, único patrimonio que posee el conde. Junto a los esposos está pasando una temporada el padrino de la recién casada, un artista que dedica los días a pintar sus cuadros, y a observar con ojos paternales los progresos de la pareja. La condesa, que se caracteriza por su gran cultura y dinamismo, siente inclinación por el arte y la historia. Un día, motivada por la belleza de la finca de su marido, decide iniciar labores arqueológicas en la heredad, convencida de que allí descansan enterradas viejas glorias del pasado. El Conte se muestra reacio a esta iniciativa. Pese a ello, el gran amor que siente por su esposa y el empeño que ella pone en su demanda consiguen que la joven condesa se salga con la suya, y finalmente contrate a un equipo de excavadores para la misión. Los trabajos progresan lentamente, hasta que un día una bellísima estatua clásica emerge de entre las tierras del jardín, cautivando la atención de todo el que la ve. Coincidiendo con este hallazgo, ciertos acontecimientos extraños comienzan a suceder que perturbarán la paz del hogar. 

El último de los Valerio es un bellísimo y apasionante relato, que hace honor a algunos de los clichés más utilizados por Henry James en su narrativa, como por ejemplo la relación entre el Viejo y el Nuevo Mundo, representado a través de ciudadanos norteamericanos y europeos que protagonizan sus historias. En este caso, esa interacción a la que me refiero la establecen el conde romano Valerio y su esposa norteamericana Martha. El autor se sirve de ellos para comparar ambas sociedades: la europea, decadente y sin recursos, pero milenaria, con todo lo que eso conlleva en lo referente a lo cultural y sociológico; y la norteamericana, emergente, vivaz y acaudalada, que no pone límite alguno cuando tiene un objetivo, sin analizar las consecuencias.


<Siempre había considerado a mi ahijada como una personita muy americana, en todos los deliciosos sentidos de la palabra, y dudaba de que aquel robusto joven latino pudiera entender el elemento transatlántico de su naturaleza; pero evidentemente, haría de ella una amante ardiente y leal.>


Este motivo lo repetirá James numerosas veces en su producción, siendo quizá su novela La copa dorada (1904) el ejemplo más significativo. Y es que el paralelismo o similitud que existe entre las parejas protagonistas de cada una de las obras, hace pensar que el autor recordó este relato temprano para inspirarse, y escribir la que sería una de sus obras más grandes. Pese a ello, el carácter diferente de ambas las distingue notablemente. Porque en El último de los Valerio lo que prima es lo sobrenatural. Aquí nos topamos con otro de los géneros en los que sobresalió Henry James. El autor fue un maestro del misterio y lo fantástico. Sus relatos dedicados a estos temas están considerados entre los mejores de todos los tiempos, destacando de entre ellos Otra vuelta de tuerca (1898), una de las historia de espíritus más valoradas. Pero en este relato que nos ocupa hoy, James se muestra mucho más intelectual. No recurre a los fantasmas, como era habitual en sus cuentos de misterio, sino a los mitos clásicos. El autor centra su atención en los intereses arqueológicos y de coleccionismo que se daban entre los multimillonarios norteamericanos en el siglo XIX, para trazar una fascinante e insólita fábula basada en el poder de la Diosa Madre, aquella que adoptó diferentes nombres a lo largo de la historia, y que personifica el poder femenino, su hegemonía a través de los siglos sobre el hombre. Aquí se ve representada como Venus o Juno. James establece un triángulo energético entre la diosa, el conde y su esposa, en una lucha de poder a muerte, que ganará quien se atreva a desafiar las leyes naturales. Debo mencionar que el tema de la mujer, de sus personajes femeninos, en la narrativa de Henry James ha sido siempre muy comentado. En ocasiones alabado, otras criticado. Dejo al criterio de mis lectores posicionarse.

Villa Medici, Velázquez (1630)
Fuente: Wikipedia

En cuanto a la ambientación, debo decir que no podría ser más pintoresca, comparte ese espíritu que nos muestran los óleos de Diego Velázquez de su paso por Roma. James se sirve de un escenario principal privilegiado, la Villa Valerio, que nos es presentada como una antiquísima propiedad de tiempos romanos. Por otra parte, se mueve por otros emplazamientos de la Ciudad Eterna como el Panteón o San Pedro, aquí el autor aprovecha para presentar la dualidad que posee el corazón de Roma. Paganismo y Cristianismo se vuelven a ver las caras. Un tema al que el autor dedica diferentes pasajes no carentes de intención y cierto humor. Un talante que también veremos cuando analiza la naturaleza del hombre latino. Es decir, del francés, italiano y español.

En lo referente a la narración de los hechos, el escritor se sirve de un testigo omnisciente, el padrino de Martha. Este cronista privilegiado, e implicado emocionalmente, describe con tal énfasis y lujo de detalles lo que presencia, que la historia fluye con vivacidad e pasión. De este modo, el lector cae seducido y subyugado por la belleza de lo que lee, y por la emoción que le embarga.

Por último y, antes de encauzar el final de la reseña, quiero compartir una curiosidad con mis lectores. Henry James escribió esta historia como homenaje a Prosper Mérimée. Quienes hayan leído la obra del novelista francés La Venus de Ille (1837) podrán identificar en El último de los Valerio una variación de ésta.

Llegados a este punto sólo me queda comentar dos cosas: argumentar por qué razón se debe leer este relato, y perfilar el tipo de lector a quien va dirigido. Los motivos que en mi opinión hacen esta historia singular son múltiples, y los admiradores de Henry James encontrarían además los suyos propios. Pero en general, puede decirse que El último de los Valerio es un bocado gourmet, por su intelectual romanticismo, la belleza narrativa, el humor incisivo y su inteligente e interesante crítica social. Por otro lado, no debe perderse este cuento ningún lector apasionado por la historia, el arte o la arqueología; ninguno ávido de emociones, ya sean intelectuales, místicas o paganas; nadie a quien le entusiasme perderse en un buen relato, y dejarse llevar por él sin percatarse del paso del tiempo. Porque, en definitiva, El último de los Valerio es resultado de combinar un gran intelecto, con la pasión por Roma y su civilización. Este era también Henry James.


<Todo es animado y todo está lleno de dioses.> Tales de Mileto


Undine von Reinecke ♪

 

 

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial José J. de Olañeta
Henry James (1843-1916) nació en Nueva York. Recibió una educación cosmopolita en Nueva York, Londres, París y Ginebra, así como en Harvard, y residió gran parte de su vida en diferentes lugares de Europa. A partir de 1872 se estableció definitivamente en Inglaterra y obtuvo la ciudadanía británica en 1915. Autor de veinte novelas, más de un centenar de cuentos, obras de teatro, libros de viajes y de crítica, James es uno de los autores clave en el desarrollo de la narrativa moderna. En sus obras, de gran penetración psicológica, toca temas como el choque entre las mentalidades del viejo mundo y el nuevo o las reformas sociales. El último de los Valerio (1874) es un relato típico de James, con Roma por escenario, centrado en la relación entre una rica heredera norteamericana y un aristócrata romano.

 

 

 

miércoles, 7 de abril de 2021

RETO LITERARIO SUPERADO: "V EDICIÓN NOS GUSTAN LOS CLÁSICOS"

 

Fuente: Undine von Reinecke


No sé si os he comentado en alguna ocasión lo muy despistada que soy. Si no es así, hoy os lo demostraré. Ya sabéis que este año me apunté a un sinfín de retos literarios. Algo insólito en mí, ya que siempre había creído que no me sentiría cómoda leyendo para cumplir con ellos. Pero teniendo en cuenta los meses que teníamos por delante de enclaustramiento, decidí participar en algunos que veía compatibles con mis hábitos de lectura. Durante estas semanas he ido apuntando, cuando me acordaba, los títulos reseñados que se adaptaban a cada reto. Pero la falta de costumbre, unida a mi poco espíritu competitivo (conmigo se aburriría cualquiera jugando a los naipes), me despistaron completamente. No me di cuenta que hace ya un par de semanas superé uno de mis desafíos literarios. Me refiero a Nos gustan los clásicos, el reto organizado por el blog Un lector Indiscreto, que un año más, ya van cinco, ha reunido a un número considerable de lectores, con el ánimo de dar visibilidad a libros y autores de otras épocas.

Reto Nos gustan los clásicos V Edición

Hoy quiero hacer el comunicado oficial. He superado el reto y comparto con vosotros los títulos y reseñas que me han servido para terminarlo.

Estos son los libros, que hacen un total de ocho. El orden es por fecha de publicación de la reseña:

1.-👉 "Memorias de una estudiante victoriana", Jane Ellen Harrison (1925)

(Reseñado 20 de enero 2021)
2.-👉 "Barcos que se cruzan en la noche", Beatrice Harraden (1893)

(Reseñado el 27 de enero de 2021)

3.-👉 La Infeliz, Ivan Turguénev (1868)

(Reseñado el 10 de febrero de 2021)


4.-👉 Un cura casado, Jules Barbey D'Aureville (1865)

(Reseñado el 17 de febrero de 2021)


5.- 👉 Mi vida en una montaña española, Juliette de Bairacli Levy (1955)

(Reseñado el 3 de marzo de 2021)

6.-👉 ErosGiovanni Verga (1875)

(Reseñado el 17 de marzo de 2021)


7.-👉 La violeta del Prater, Christopher Isherwood (1945)

(Reseñado el 24 de marzo de 2021)


8.-👉 El Camello, Lord Berners (1936)

(Reseñado el 31 de marzo de 2021)

Espero seguir aumentando esta lista de clásicos. Cuando concluya el año os contaré la cifra total de libros reseñados y también añadiré los leídos, que ya van unos cuantos.

Hasta la próxima entrada, queridos lectores. Os dejo con mi propuesta musical de la semana. ¿No es maravillosa Billie Holiday? 




Undine von Reinecke ♪