miércoles, 16 de junio de 2021

RESEÑA: "LA VERÍDICA HISTORIA DE A Q", LU XUN

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Biblioteca de El Sol

Editor: Germán Sánchez Ruipérez

Traducción: Ernesto Posse

Introducción: Horacio Vázquez Rial

Formato: Tapa blanda

Diseño de cubierta: Rodrigo Sánchez, sobre dibujo de Ana Isabel González

*Libro descatalogado, pero se puede conseguir con facilidad de segunda mano o en formato electrónico

 

Sinopsis Editorial:

La verídica historia de A Q es la biografía de un marginal de aldea al que una visión conformista de la existencia arrastra al desastre. Los sucesos que enmarcan los grandes momentos de su vida son los de la rebelión que acabó con el imperio milenario y logró la instauración de la República China, en 1911, pero en todas las grandes conmociones sociales abundan los trágicos destinos secundarios.


Propuesta musical para este libro:


Con la llegada de los nuevos movimientos filosóficos y políticos de 1910 y 1920, los músicos chinos miraron hacia Occidente y viajaron allí para estudiar. Algunos retornaron y el resultado fue una renovación de su lenguaje que evidenciaba los cambios sociales y culturales del país.

 

Lo que Undine piensa del libro:


< Donde hay educación no hay distinción de clases.> Confucio 


Hoy, 16 de junio de 2021, mi viaje literario La vuelta al mundo en doce libros, siguiendo los pasos de Phileas Fogg, me lleva hasta Hong Kong. En esta etapa de la famosa novela de Julio Verne, el inspector Fix intenta a la desesperada apresar al héroe de aquella aventura, ya que allí terminaba el territorio dependiente de la jurisdicción británica durante la época en la que transcurría la acción.

Hong Kong es,  junto con Macao, una de las dos regiones administrativas especiales de la República Popular China, pero cuando Julio Verne escribió La vuelta al mundo en ochenta días, la legendaria isla estaba bajo el dominio británico. Todo empezó a causa de Primera Guerra del Opio, pero primero pongámonos en antecedentes.

Bandera Dinastía Qing

La civilización china es una de las más antiguas del mundo. Su historia se basa en el criticado método de estudio del ciclo dinástico, que se centra en la observación de los sucesos que acontecieron en tiempos de las diferentes dinastías de reyes y emperadores que han gobernado sobre su territorio. De este modo se obtiene una imagen de su tradición más simple y fácil de manejar, para poder comprender todo lo que engloba esta compleja cultura. En el tiempo que transcurre La vuelta al mundo en ochenta días, la dinastía que imperaba en China era la Qing (1644 - 1912 d. C.), y los acontecimientos que se dieron durante el tiempo que estuvieron en el poder cambiaron el destino del país irremediablemente. Su gobierno ha sido considerado como opresor, ya que impusieron al país todas las costumbres de la tierra de la que procedían, Manchuria. De este modo, el característico peinado de la coleta, que todos conocemos, fue obligatorio para sus ciudadanos, así como su forma de vestir. Pese a la gran expansión territorial que consiguieron, que añadió para el imperio lugares tan importantes como Taiwán, Tíbet, Xinjiang y Mongolia, y a pesar del poderío militar que poseía la dinastía Qing, la llegada en el siglo XIX de rebeliones internas, especialmente la Rebelión Taiping (1850-1864), ocasionó millones de muertos, y demostró el descontento social y religioso que existía en gran parte del país. Por otro lado, los intereses comerciales extranjeros, Inglaterra siempre a la cabeza, dieron lugar a dos importantes guerras, llamadas del Opio, que motivaron grandes perjuicios a la nación. La primera sucedió entre 1839 y 1842; la segunda abarcó el periodo entre 1856 y 1860. El resultado fueron los tratados Nankín y de Tianjin, por los que China perdía la soberanía del territorio del actual Hong Kong a favor del Reino Unido, con las consiguientes pérdidas en el campo comercial y en los derechos de navegación que ejercía sobre las potencias foráneas. El desenlace de todos estos eventos es el marco temporal que eligió Julio Verne para ubicar su famosa novela. Pero, como el libro que he elegido hoy para reseñar avanza algunos años más en la historia, es importante conocer el contexto sociocultural del país hasta 1912.

Puyi, último emperador
Fuente: Wikipedia

Durante las últimas décadas del siglo XIX, reinando la emperatriz Regente Cixi, los conflictos bélicos no cesaron. En esta ocasión el peligro venía de otra potencia asiática, Japón. La guerra que mantuvo a China ocupada contra la nación nipona (1894-1895) fue por los intereses sobre Corea. La victoria cayó del lado japonés y le costó a los chinos perder Taiwan. Esta derrota tuvo más importancia que la simple pérdida territorial, ya que el malestar social creció de manera alarmante, dando pie a un movimiento que reclamaba imperiosamente la formación de una república. Esta situación desembocó en el Levantamiento de Wuchang (10 de octubre de 1911), una rebelión contra la dinastía Qing que provocó la caída del último emperador chino, Puyi (1906-1967), en 1912. Estoy segura de que todos mis lectores recordarán la estupenda superproducción cinematográfica El último emperador de 1987, dirigida por Bertolucci, que abordaba justamente la autobiografía del último monarca chino.

Pues bien, éste es el momento justo en el que se sitúa la novela de la que voy a hablar hoy. Se titula La verídica historia de A Q, y fue escrita por Lu Xun (1881-1936), un escritor chino, máximo representante del movimiento 4 de Mayo, que formó parte de La Liga de Escritores de Izquierdas, un grupo de intelectuales cercanos al Partido Comunista Chino, que abogaban por derrocar la cultura tradicional de su país, en pro de la reforma sociocultural china. Lu Xun está considerado como el padre de la literatura moderna de su nación; tanto su ideario político como cultural están muy presentes en su obra literaria, y su influencia sobre la sociedad china contemporánea a él y posterior fue fundamental. Precisamente por este motivo he elegido La verídica historia de A Q para la etapa de China de La vuelta al mundo en doce libros. La novela comienza así:


< Durante años abrigué el propósito de escribir la verídica historia de A Q, pero cada vez que me disponía a poner manos a la obra, me detenía, vacilante, mostrando a las claras mi temor a no estar a la altura del personaje. Porque siempre se ha necesitado una pluma inmortal para registrar las hazañas de un hombre inmortal; así el hombre es conocido por la posteridad a través del escrito, y el escrito es conocido por la posteridad a través del hombre, hasta que finalmente es difícil determinar cuál de los dos depende más del otro por lo que hace a su renombre. Pero al final siempre volvía a la idea de escribir la historia de A Q, como si un demonio me indujera a ello.>


La verídica historia de A Q cuenta la vida de un individuo ignorante de clase humilde, que vive en un pequeña aldea china. Su condición de huérfano y sin hogar le obliga a vivir en acogida en el Templo de los Dioses Tutelares de Weichung, su pueblo. Como no tiene oficio conocido, debe aceptar cualquier labor que le ofrezcan para sobrevivir. Pese a ello, A Q vive feliz su existencia porque su particular forma de afrontar las vicisitudes de la vida le hace asimilar todo de manera favorable hacia él: su relación con los caciques, con los ciudadanos inferiores, con las mujeres, con la política, con la religión, con los extranjeros… Los acontecimientos buenos y malos que le suceden durante el relato, así como las cuestionables decisiones que toma durante la agitada época de la rebelión de 1911, en la que se ubica parte de esta historia, determinarán si su comportamiento es inteligente y definirán su impactante destino final.

La verídica historia de A Q es una peculiar e interesante biografía ficticia. La obra está escrita a la manera episódica, es decir, relata acontecimientos aislados del personaje protagonista. Fue publicada en una revista de Pekín bajo el seudónimo de Ba Ren (tipo crudo), entre el 4 de diciembre de 1921 y 12 de febrero de 1922, para ser reeditada más tarde por Lu Xun en su primera colección de relatos (吶喊, Nàhǎn) de 1923. El libro está considerado como una obra maestra de la literatura china moderna, y debe parte de su mérito a que fue el primero escrito en chino vernáculo (forma escrita basada en el idioma oral), tras el Movimiento del 4 de Mayo de 1919, la corriente antiimperialista, política y cultural que surgió de las protestas estudiantiles ante el gobierno chino, por su frágil respuesta al Tratado de Versalles, que perjudicaba los intereses territoriales chinos en favor de Japón. Esta característica lingüística de la novela define también el ideario de su autor, ya que Lu Xun creía fervientemente en la necesidad de abolir las viejas costumbres culturales chinas, que se anclaban en el régimen anterior, y abogaba por llevar al país a la modernidad comenzando por renovar el lenguaje, un punto que está presente en el texto que nos ocupa.


< (…) puesto que escribo en estilo vulgar, empleando el lenguaje de los cocheros y buhoneros, no me atrevo a presumir con un título tan altisonante; de modo que me apoyo en la frase hecha de los novelistas menos respetables, los que no pertenecen a los Tres Cultos ni a las Nuevas Escuelas (…)>


Para quienes desconozcan a qué se refiere el autor en el pasaje anterior, los Tres Cultos que cita son el confucionismo, el taoísmo y el budismo. Contrariamente a lo que dice el autor y, en mi opinión, su estilo está muy lejos de considerarse inculto; el escritor utiliza este recurso retórico en su discurso de manera sarcástica e irónica. De hecho, su plática denota amplitud de miras y conocimiento del mundo literario más allá de las fronteras orientales. Así lo demuestra en la intensa y espectacular introducción del relato, que maneja con gran modernidad y elocuencia, donde menciona al escritor escocés Arthur Conan Doyle, a quien utiliza de manera mordaz en pro de sus intereses. Lu Xun hace un alarde narrativo inteligente, bien planteado y de gran altura en esta primera parte del texto, que no tiene nada que envidiar a los mejores narradores internacionales de su época. Se confiesa ante el lector con aparente humildad para justificar lo que viene después.


< (…) el famoso Conan Doyle escribió Biografías suplementarias de jugadores. Pero eso se  le permite a un escritor famoso; en cambio, está prohibido a los de mi clase.>


Porque, inmediatamente finalizado este primer capítulo, el autor cambia de estilo y comienza a narrar su historia con firmeza, pero siguiendo el estilo episódico chino. De este modo, Lu Xun hace una concesión a la tradición literaria de su país en estilo narrativo, pero también a la modernidad, ya que la extremada brevedad del texto, recordemos que no llega a noventa páginas, contrasta con las obras conocidas hasta la fecha en China, que podían contener cientos de capítulos. El autor divide la obra en tan sólo nueve apartados incidentales, en los que cuenta acontecimientos de la vida de su protagonista. En cada uno de ellos vamos conociendo un poco más de la personalidad de A Q a través de los avatares que le suceden y de los comportamientos que adopta. De esta manera el lector puede conectar directamente con la intención del autor. Porque, esto es lo que buscaba Lu Xun, un medio de comunicación con el público al que quería aleccionar y adoctrinar mediante su pluma, siguiendo los preceptos del Tao, que ve en la literatura un medio para iluminar.

Para ello utiliza a su actor principal, dibuja un personaje nada empático, ignorante y pendenciero, cuyas limitaciones emocionales y de educación le hacen adoptar una singular manera de ir por la vida: observa las circunstancias que le rodean y los acontecimientos de su vida desde un punto de vista sesgado, adoptando siempre la postura más optimista, e ignorando la opinión que de él tienen los demás. Recurre al autoengaño para su tranquilidad.


<El señor Chao y el señor Chian eran tenidos en alta estima por los aldeanos, precisamente porque, aparte de ser ricos, eran también padres de jóvenes letrados, y tan sólo A Q no mostraba signo de especial deferencia hacia ellos, pensando para sí: “Mis hijos pueden llegar mucho más alto”.>


Con pasajes como el anterior, que van creciendo en profundidad psicológica según avanza la historia, el lector comprenderá los propósitos del autor al mostrarle el alma de A Q, a quien asemeja con el pueblo chino. Mediante la moraleja de la vida de éste quiere que sus compatriotas aprendan esta lección: China debe abrirse a los tiempos modernos que traen corrientes filosóficas nuevas, y abandonar los viejos valores. De lo contrario, perecerá.

Por otro lado, debo confesar que el espíritu y el estilo que residen en el cuento me han sorprendido. Como neófita en cuanto a el pueblo chino y su literatura, leer esta historia ha supuesto para mí un choque cultural. Las anécdotas que cuenta el autor en su narración, las conductas que adoptan los personajes que la protagonizan, la descripción del carácter chino… denotan el distanciamiento de aquel país con respecto al mundo occidental, una postura que no he encontrado hasta el momento en mi viaje literario de La vuelta al mundo en doce libros. Por ejemplo, en la etapa de la India, en la que reseñé El cartero del rey de Tagore 👈, las diferencias culturales se salvaban gracias a la cercanía ética del texto. No ocurre así con La verídica Historia de A Q. Lu Xun describe un pueblo llano muy violento, donde no cabe la moralidad. Recurre a un realismo acusado, para presentar la tradición china como una forma de vivir atrasada y perjudicial, en todos los ámbitos de la sociedad.  Si tenemos en cuenta el contexto del tiempo en el que se publicó la historia, los vertiginosos años veinte, y los intereses políticos e ideológicos de Lu Xun, no es de extrañar la postura que adopta. Pese a lo dicho, no pensemos que leer este relato carece de atractivo, el virtuosismo narrativo del autor despierta interés en el lector que busca nuevos horizontes de conocimiento, le secuestra dentro de la historia y le ofrece un espectacular final, una conclusión que, en mi opinión, quienes hayan leído una de las obras históricas de Charles Dickens no podrán evitar su comparación.

Para terminar, me parece importante recalcar la trascendencia que tuvo esta obra, no sólo para sus contemporáneos, sino para la cultura posterior china. La verídica historia de A Q, además de servir como medio para difundir el mensaje nacionalista y de concienciación popular de su época, también ha quedado en el tiempo como un ejemplo negativo a evitar del carácter nacional. Tanto impacto ocasionó en su momento, y de tal manera está hoy presente en la sociedad, que incluso algunos nombres que aparecen en el texto son usados en la actualidad para apelar negativamente a ciertas conductas. De este modo y, sirviendo de ejemplo, cuando se alude a alguien llamándole A Q, este término es usado como burla para describir a una persona que no quiere enfrentarse a la realidad y se cree mejor de lo que es. ¿Verdad que es interesante adentrarse en la historia de una obra y conocer su repercusión?

He llegado al meridiano de mi fantástico viaje literario y, después de leer La verídica historia de A Q, sólo puedo rememorar, con humildad y gran entusiasmo, las palabras de aquel gran intelectual.


<Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender.> René Descartes

 

Undine von Reinecke ♪


👉Os espero a todos en la siguiente etapa de La vuelta al mundo en doce libros, que será  el miércoles 21 de julio de 2021 en Yokohama, Japón. ¡Feliz viaje, lectores!



El autor por Undine: 

Fuente: Wikipedia

Lu Xun (1881-1936)

Fue un escritor e intelectual chino que con su trabajo contribuyó a cambiar la educación y las costumbres de su país, para llevar a China hasta el siglo XX. Su obra literaria además fue una fuente de inspiración para los literatos chinos de generaciones posteriores. Su implicación y activismo político fue acusado, aunque no llegó a pertenecer al Partido Comunista de China. Sus obras más importantes son Diario de un Loco (1918) y La verídica historia de A Q (1921-1922).

Para más información visitar La web de las biografías, allí viene detallada la vida de este interesante personaje con precisión.

 


Fuentes consultadas:

La web de las biografías

Wikipedia

 

 

miércoles, 9 de junio de 2021

RESEÑA: "EL MISTERIO BARTLETT", LOUIS TRACY

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Traducción: Susanna González y Blanca Briones

Introducción: Juan Mari Barasorda

Colección «dÉpoca Noir»

ISBN: 978-84-121291-1-3

Formato: 15X23 cm

Páginas:  256 páginas

 P.V.P. : 19,90 €

Encuadernación:  rústica cosida con solapas.

 

Sinopsis de la Editorial:

Nos encontramos en Nueva York a finales de 1913. Ronald Tower, un miembro de la alta sociedad que acaba de abandonar el club donde el señor Van Hofen ofrece una multitudinaria fiesta, es arrastrado al río Hudson en sorprendentes circunstancias. Al no aparecer su cuerpo, es dado por muerto. La única pista del caso es su asombroso parecido con su íntimo amigo el senador Meiklejohn, de manera que el detective Clancy, inspector a cargo de la investigación, sospecha que el senador es en realidad la persona contra la que se pretendía atentar.

En las siguientes horas a tan extraño crimen, las pesquisas conducen hacia una casa al otro lado del río Harlem; allí viven Rachel Craik y su sobrina, Winifred Bartlett, una huérfana de diecinueve años cuyo misterioso pasado parece estar conectado con un crimen que la joven desconoce y que la sitúa en el punto de mira de ciertas personas poderosas que parecen querer deshacerse de ella.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:

 

<Quien se empeña en pegarle una pedrada a la luna no lo conseguirá, pero terminará sabiendo manejar la honda.> Proverbio árabe

 

Si hablamos de aristocracia, es casi seguro que nuestros primeros pensamientos irán dirigidos a los grandes apellidos que hicieron historia durante siglos en el viejo continente. A pocos se les ocurriría pensar en Estados Unidos. Pero eso es un craso error; los lectores aficionados a la historia y la literatura decimonónica, como también los asiduos a la narrativa norteamericana del cambio de siglo, lo saben muy bien. Las novelas de Edith Wharton, por ejemplo, están plagadas de historias que nos hablan de la clase alta estadounidense, con sus usos y costumbres. No en vano ella misma pertenecía a esa peculiar élite y estaba emparentada con una prominente socialité. Me refiero a la célebre Caroline Schermerhorn Astor,  la dama a quien se atribuye la creación de la famosa lista de los Cuatrocientos. Este registro de nombres aludía a las personas que formaban la flor y nata de la sociedad neoyorquina del último cuarto del siglo XIX. Sólo ellos eran invitados a las fiestas más exclusivas, y todos debían cumplir a rajatabla el código de conducta y de etiqueta establecidos por ella.

Lady Astor (fuente, Wikipedia)
Lady Astor y su séquito tenían una misión, excluir de su mundo a todo aquel que poseyera una fortuna hecha con dinero nuevo. Tanto es así, que esos aristocráticos apellidos fueron publicados en el New York Times en 1892, por si algún profano cometía la herejía de querer posicionar el suyo junto alguno de los miembros del Olimpo neoyorquino. Lo curioso del asunto es que, cuando la abeja reina de este elitista grupo desapareció, otros tomaron las riendas de la exclusividad llevando sus usos y costumbres sociales hasta el siglo XX. 

Pues bien, en esta atmósfera de lujo y esnobismo de la élite neoyorquina de comienzos del siglo XX se desarrolla la novela que he elegido hoy para reseñar, lleva por título El misterio de Bartlett, y fue escrita por Louis Tracy, un autor desconocido hasta la fecha en España. Como no podía ser de otro modo, la editorial encargada de ponerlo ante los lectores de habla hispana ha sido dÉpoca, siempre descubriendo para nosotros tesoros de tiempos pasados, negligentemente desconocidos en nuestro país, con preciosas ediciones ilustradas, en este caso por The Delineator (revista femenina norteamericana, fundada a finales del siglo XIX). La novela comienza así:



<La historia de amor y crimen que figura en los archivos de la Oficina de Detectives de Nueva York como “El misterio del yate” tiene poco que ver con los yates y ya no entraña misterio alguno. Alude mucho más estrechamente a los problemas y tribulaciones de la bella Winifred Bartlett que a los avatares de un mar agitado; la figura avispada y bien acicalada del verdadero amor de Winifred, Rex Carshaw, colma las páginas de los archivos hasta casi desterrar en su totalidad al corpulento millonario propietario del yate Sans Souci. Sin embargo, tal es el singular dominio que ejercen las cosas triviales de la vida sobre las verdaderamente importantes; esto es, que unos cientos de miles de personas en la gran ciudad de los tres ríos recordarán muchos episodios de aquella efímera historia conocida por ellos como “El misterio del yate”, aunque nunca hayan oído hablar de Winifred ni de Rex.>


El misterio de Bartlett nos lleva al Nueva York de 1913, a la noche del 5 de octubre. La Quinta Avenida está colapsada por el último acontecimiento de sociedad. El multimillonario William Pierpont Van Hofen ha reunido a lo más selecto de la jet set neoyorquina en su club. Las diversiones que ha organizado pasan por una tradicional cena entre amigos, y por un sorteo en el que se rifarán entradas para los mejores espectáculos que se están ofreciendo en la Gran Manzana. Pero, la diversión máxima llega cuando los agasajados con esta exclusiva y extravagante celebración se enteran de que deberán asistir a las representaciones con un acompañante diferente a la pareja con la que han llegado. La algarabía que se forma es tremenda y, entre tanta confusión, el generoso millonario espera que sus invitados no se enteren de que ha seleccionado a un grupo reducido de entre sus amigos más íntimos, para organizar una partida secreta de cartas en su yate.

Por otro lado, la oficina de detectives de Nueva York, al mando del jefe Steingall, se encarga de vigilar las inmediaciones del festejo, en previsión de posibles robos y altercados que puedan producirse ante tanto ricachón reunido. A las puertas del club en cuestión se encuentra el carismático detective Clancy, que no pierde de vista al senador Meiklejohn, uno de los hombres más importantes del momento, ya que las conversaciones que ha mantenido con dos mujeres en la calle, le huelen a problemas. La primera de las pláticas que escucha, la protagoniza una conocida estrella de la alta sociedad, Helen Tower, que desconoce que su marido y el senador son dos de los elegidos para escaparse a la partida de naipes que se celebrará ese noche; el segundo coloquio que presencia lo domina  una mujer de cierta edad, y aspecto descuidado, que parece estar concertando una cita misteriosa con el senador y un desconocido. Así las cosas, cuando el marido de Helen Tower y Meiklejohn emprenden por separado el camino hacia el puerto, el detective Clancy los sigue en secreto, y previene a sus compañeros policías. Pero toda su precaución es en vano, ya que unos hombres siniestros a bordo de una embarcación arrastran a un desprevenido Ronald Tower hacia el río Hudson, ante los mismos ojos del policía que estaba vigilando. Cuando el senador y el detective Clancy llegan a los pocos segundos, nada ya se puede hacer. Pero, los indicios que han dejado los acontecimientos de esa noche parecen señalar que los delincuentes se han equivocado de hombre y que, en realidad, querían raptar al senador Meiklejohn .

A la mañana siguiente, nada se sabe del secuestrado señor Tower. Una multitud de neoyorquinos curiosos se concentra en las inmediaciones del lugar de los hechos en busca de noticias. Entre ellos se encuentra Winifred Bartlett, una muchacha huérfana y tímida que, camino del trabajo, se detiene al observar el jaleo. La joven queda muy impresionada por el suceso, mucho más cuando se entera que el hombre desaparecido ha sido dado por muerto, y que ella, sin aparentemente tener nada que ver con el asunto, debe acudir a la estación de policía a declarar. Esta circunstancia desencadenará una serie de acontecimientos que trastocarán su vida para siempre. ¿Qué oscuro misterio envuelve la vida de la triste y desvalida huérfana Rachel, que la une a un asesinato cometido en la alta sociedad? Y lo que es más importante, ¿existirá para ella ese caballero andante que la ayude a salvar tanta hostilidad y dificultad?

Fuente: Goodreads.com

El misterio de Bartlett es una trepidante, divertida y romántica novela policiaca, que se publicó por vez primera en 1905 en Inglaterra, bajo el título de The Winning of Winifred. El libro fue revisado años más tarde para ser publicado en 1919 en los Estados Unidos, ya bajo el título de The Bartlett Mystery. A ésta edición americana pertenece la traducción que la editorial dÉpoca ha puesto a nuestra disposición, así nos lo explica Juan Mari Barasorda en el prólogo del libro. También nos cuenta que, la novela pertenece a un subgénero policiaco, que surgió a caballo entre la novela de detectives propia de la era victoriana, como las que escribía Arthur Conan Doyle, y la gloriosa Golden Age, en la que destacó Agatha Christie. Este estilo detectivesco se ha considerado como la época romántica de la novela policiaca. Tres interesantes periodos literarios del género que, sin duda alguna, los lectores que se acerquen al libro sabrán apreciar los diferentes matices que los identifican. Pero, para quienes estén interesados en saber más antes de adentrarse en esta apasionante lectura, el prefacio les sacará de dudas.

¿Qué podemos encontrar en El misterio Bartlett? Ante todo una original puesta en escena. Louis Tracy se documentó intensamente sobre el Nueva York de la época en la que centra la adaptación de su novela original. Pasea al lector por las calles de la Gran Manzana, por sus barrios marginales y por las grandes mansiones de la alta sociedad; nos habla de las muchachas trabajadoras y de su ocio, de las damas elegantes y de sus devaneos; compara a los oficinistas con aspiraciones con los jóvenes graduados en Harvard, a quienes no les hace falta ganar dinero; nos habla de las fuerzas del orden y de sus limitaciones establecidas por la ley. Nos ofrece una atmósfera de acusados contrastes, como era el Nueva York de 1913, con sus brillos y sus sombras, ese del que nos hablaba la gran Djuna Barnes en su libro Mi Nueva York (1913-1919). En aquel ambiente efervescente neoyorquino, donde cualquier cosa puede ocurrir, Tracy sitúa su historia central y construye para ella un escenario sólido y chispeante, donde poder lucir a todos sus personajes.


<El señor William Meiklejohn podría haber sido etiquetado a primera vista con la palabra “Senador”, siendo como era un sujeto típico de la cámara alta de Washington. El corte de su ropa, el estilo de sus zapatos, el brillo de su sombrero, incluso la amplia extensión de lino blanco tachonado de perlas lo distinguían como una persona importante.>


Fuente: dÉpoca Editorial

Porque, sin duda alguna, uno de los puntos fuerte de esta novela son sus actores, el autor los mima a todos, les da voz, una marcada personalidad, y energía para poder destacar. Comenzando por la superficial y engreída Helen Tower, acostumbrada a triunfar en sociedad; siguiendo por el senador Meiklejohn, un hombre regio y de firmes decisiones, que guarda oscuros secretos; continuando por Winifred Bartlett, una muchacha sin conocimiento del mundo a la que las desgracias hacen reaccionar… Un elenco amplio y fascinante de personajes, buenos y malvados que, al interactuar entre ellos, tejen una compleja maraña de situaciones emocionantes que desembocan en la historia principal. Como eje central de la misma tenemos a Winifred, la hermosa huérfana desvalida, en torno a ella se dan cita el resto de protagonistas, cada uno con sus propios intereses, honestos o perversos. Cabe destacar de entre todos ellos dos nombres: el de Rex Carshaw, joven de la alta sociedad que adoptará el papel de galán; y el de Fowle, el encargado del taller donde trabaja Winifred, un sinvergüenza de tomo y lomo que toma la función de antagonista. La participación de ambos es vital para el desarrollo de los acontecimientos e imprime interés y emoción a la novela.  


<Era un hombre de buena complexión, con el porte de un atleta. Tenía el paso rápido y se expresaba con presteza al hablar, estaba acostumbrado a mandar; su frente era cuadrada y conseguía intimidar; tenía los ojos azul muy profundo y el cabello castaño brillante; era un torreón de fortaleza listo para proteger a una joven; y su esposa, si la tuviera, podía sentirse muy segura. Pensamientos como estos, o semejantes, pasaron por su mente. Nunca había conocido a un joven similar a Carshaw.>


Por otro lado, no podemos olvidarnos del gran labor que desempeñan los dos policías de la historia, el jefe Steingall y el detective Clancy . Aunque ninguno de los dos destaca por sus especiales habilidades deductivas, como ocurre con otros personajes novelescos del género, también es cierto que, el carisma que ambos poseen aporta la estabilidad y la tensión necesarias en favor de la trama. Sus intervenciones son vitales para mantener el interés de la historia, e imprimir incertidumbre sobre los acontecimientos.

En cuanto al estilo del autor, debo confesar que la forma de escribir de Tracy en un principio me confundió, ya que no utiliza un lenguaje especialmente elegante, como ocurre con otros autores del género que dÉpoca nos ha presentado, pero tras superar las primeras páginas, y acostumbrar a su particular forma de escribir, la estupenda historia que habita en el libro me sedujo y cautivó. Por ello, aconsejo a todos los lectores que se embarquen en la lectura de El misterio Bartlett que no la abandonen en ningún momento. Porque ante ellos tienen una fantástica aventura, interesante, sólida, original y bien construida, que hará las delicias de los aficionados al género policiaco de la época romántica.

Fuente: dÉpoca Editorial

En otro orden de ideas y, teniendo en cuenta que la novela es puro entretenimiento, Tracy aborda el tema sociológico de clase, con gran sentido del humor y sarcasmo. Juzga con gran severidad a la élite norteamericana, a la que tacha de snob y frívola. Sin duda su origen británico le brindó la oportunidad de sacar la vena vengativa. Ese espíritu cómico y crítico que rezuma el estilo del autor, también parece mostrar cuentas pendientes con el sexo femenino, ya que sus comentarios pícaros e intencionados, desde mi punto de vista, manifiestan que más de una fémina pudo haberle hecho la vida imposible. Madres súper protectoras, amantes celosas, mujeres calculadoras y resentidas…Un elenco de clichés tan cómicos como taimados que, por otro lado, denotan gran admiración del autor hacia la inteligencia y influencia de la mujer en la sociedad.


<Se despidieron con un beso -¡Ay, los besos de Judas femeninos!- Ambas quedaron satisfechas, cada una creyendo que había engatusado a la otra.>


Así pues, ya lo sabéis, queridos lectores, El misterio de Bartlett os invita a viajar en el tiempo hasta el Nueva York de 1913. Allí os esperan emociones sin fin: fiestas regadas con champán, yates glamurosos, damas de armas tomar, delincuentes depravados y violentos, persecuciones de coches, tiroteos, héroes novelescos y romance a tutiplén. Porque entre las páginas de esta estupenda y vertiginosa historia se esconde una apasionada y heroica historia de amor, de esas que ha inspirado las mejores obras de la literatura.

 

< Un hombre de noble corazón irá muy lejos, guiado por la palabra gentil de una mujer.> J. W. Goethe

 


Undine von Reinecke ♪

 


El autor por la Editorial:

Fuente: bearalley.blogspot.com

Louis Tracy (1863-1928). Periodista británico y prolífico escritor de ficción de gran éxito a principios del siglo XX. Utilizó los seudónimos de Gordon Holmes y Robert Fraser, que en ocasiones compartió con su colaborador M. P. Shiel

 





Fuentes de información:

lsg1995.blogspot.com


miércoles, 2 de junio de 2021

RESEÑA: "JILL", PHILIP LARKIN

Fuente: Undine von Reinecke

 

Ficha Técnica:

Traducción: Marcelo Cohen

Encuadernación: 13x20cm

Formato: Rústica con sobrecubierta

ISBN: 978-84-17553-87-6

Páginas: 312

Precio: 22,50 €

Edición: 1ª

 

Sinopsis de la Editorial:

Durante los primeros años de la II Guerra Mundial, John Kemp, un joven estudiante de clase humilde, llega desde un pequeño núcleo de provincias a la ciudad universitaria donde cursará sus estudios.

 

Propuesta musical para este libro:

 


Lo que Undine piensa del libro:

 

<El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.> Bertrand Russell

 

Existe un género literario que posee un magnetismo especial para cierto tipo de lectores; la temática que trata resulta tremendamente interesante y atractiva para quienes nos contamos como sus adeptos. Me refiero a la llamada novela académica o de campus. Esta clasificación literaria surgió hace aproximadamente doscientos años en el mundo anglosajón, y atiende a ese tipo de novelas que se ubican en los centros educativos, casi siempre de élite, conocidos por su apelativo inglés “colleges”. Instituciones que, por otro lado, están tan presentes y son de tal modo influyentes en la sociedad anglosajona, que se introducen en su literatura como un personaje más, traspasando muchas veces el género académico para formar parte del ámbito sociológico. Muchos títulos de las letras inglesas incluyen capítulos en los que, sin ser la parte esencial, el tema de los colleges es determinante para el desarrollo de la trama. Ejemplos de ellos hay muchos, tanto en la literatura de épocas pasadas como en la contemporánea. Dos ejemplos al respecto serían En compañía de los Forsyte de John Galsworthy (1928) y El libro de los niños de A. S. Byatt (2009).


St John's College (Alma Mater Philip Larkin)
Fuente: discoveroxfordshire.com
Las novelas de campus han sufrido cambios a lo largo de su existencia. En sus comienzos solían centrarse fundamentalmente en las experiencias de los estudiantes. Eran auténticas novelas de aprendizaje que, muy frecuentemente, tenían connotaciones autobiográficas del escritor que las firmaba. Pero con el tiempo, este subgénero literario fue adoptando temáticas más amplias, que incluían un vasto espectro de todo lo que supone el mundo académico. Las aspiraciones, sueños, competencias y ascensos profesionales…Todo lo que engloba el ambiente y la vida en los colleges para sus habitantes, ya fueran catedráticos, profesores o estudiantes.

Muchos han sido los autores que se han visto tentados a adentrarse en este mundo lleno de luces y sombras, entre los que se incluyen grandes nombres de la literatura, como Evelyn Waugh, Kingsley Amis, Irish Murdoch, Philip Roth, Zadie Smith… Incluso el autor español Javier Marías rinde homenaje a este género en su famosa novela Todas las almas (1989), ambientada en el mundo académico de Oxford. Gracias a las obras de estos autores, los lectores podemos disfrutar de novelas que nos trasladan a ese lugar soñado, al que sólo unos cuantos pueden acceder. Porque, aunque muchos de nosotros en la actualidad podamos cursar estudios superiores, también es cierto que pasear por los claustros de Oxford, Cambridge o Harvard, o llegar a formar parte de la élite erudita, está reservado sólo a unos pocos privilegiados. Para el resto de los mortales los misterios, intrigas, encuentros y desencuentros que se cuecen en aquellos rincones del conocimiento debemos experimentarlos a través de los libros.

El último ejemplo de novela de campus que se ha incorporado a mi biblioteca personal se titula Jill y fue escrita por el poeta, novelista y crítico de jazz Philip Larkin (1922-1985). La novela ha sido publicada el pasado mes de febrero por la editorial Impedimenta, cerrando el ciclo novelístico del autor, ya que en 2015 editaron Una chica en invierno (1947), su segunda y última novela.


Jill
nos traslada al Oxford de los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. John Kemp, un estudiante de clase humilde, llega a la ciudad tras haber ganado con mucho esfuerzo una beca para estudiar allí. Las disposiciones del college al que pertenece le obligan a compartir habitación junto a Christopher Warner, un muchacho de clase social privilegiada, petulante, despótico y sin ningún interés por los estudios. El primer contacto que tiene con él deja claras sus diferencias sociales y personales, ya que la falta de experiencia mundana y la personalidad introvertida del protagonista le ponen en evidencia frente a su compañero y los amigos que le visitan asiduamente. Pese a esta circunstancia, John queda impresionado por la imagen arrolladora de Warner y centra toda la energía que tiene para ser aceptado en su grupo. Pero sus esfuerzos son vanos, ya que no posee el temperamento suficiente ni el encanto personal necesarios para triunfar, hasta que un día consigue llamar la atención de Christopher en una conversación. John despierta cierto interés en su compañero contándole una anécdota adornada de su vida, en la que incluye un personaje femenino inventado, al que pone el nombre de Jill. Desde ese momento abandona sus intereses académicos y se centra vehementemente en construir por escrito todo lo que rodea a la joven: su físico, su personalidad, su entorno, sus emociones… Como si de un personaje literario se tratara, John trabaja en su personaje dándole voz y construyéndole una vida. Pero, cierta tarde, paseando a la deriva en su delirio, cree reconocer a Jill al entrar en una tienda. ¿Será cierto que su creación ha cobrado vida? Si esto es así, ¿podrá Jill ayudarle a conseguir lo que anhela?

Jill es una interesante, apasionante y perturbadora novela, escrita por Philip Larkin cuando sólo contaba veintiún años, y él mismo estudiaba en Oxford. Fue publicada en 1946 y, según comenta el propio autor en el interesante y divertido prólogo del libro, que es tan fascinante o más que la propia novela, no ofreció muchos comentarios públicos. No sería del todo así, cuando en 1964 se decidió a volver a editarla. Como quiera que sea, Jill es un perfecto ejemplo de lo que hemos denominado novela de campus. En ella Philip Larkin se centra en las experiencias personales de su protagonista y en el ambiente estudiantil de pasillo y dormitorio, más que en el tema académico. Es en realidad una perfecta novela de aprendizaje, en la que el autor pretende abordar diferentes problemáticas y aspectos de la conducta humana durante la juventud. Su planteamiento y esquema narrativo puede recordar vagamente a otros títulos del género, como la famosísima novela de Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead (1945). Pero, tras superar las primeras páginas y conocer a los personajes se encuentra su originalidad y valor, porque el éxito de Jill reside principalmente en estudio psicológico y emocional de sus protagonistas, como también en la particular construcción ambiental.

Philip Larkin, Oxford (1943)
Fuente:Theguardian.com

Por un lado tenemos a nuestro personaje principal, John Kemp, un muchacho de origen humilde y poco carismático, que accede a la universidad de Oxford por méritos propios y por la insistencia de su tutor, sin saber muy bien dónde se mete y lo que quiere; por otro lado encontramos a su compañero de habitación, Christopher Warner, el típico joven de clase privilegiada, arrogante, abusón y pendenciero, que ingresa en Oxford más por un tema social y de relaciones, que por sus intereses intelectuales. Larkin enfrenta y compara a sus protagonistas, los coloca en medio de una ciudad universitaria en plena Segunda Guerra Mundial, donde pensar en el futuro era toda una quimera. El resto de personajes son una comparsa de la que se sirve el autor para reforzar el espíritu de la trama. Comenzando por el tutor del instituto de John, un intelectual frustrado que pone sus esperanzas intelectuales en el primer muchacho que saca buenos resultados; continuando por los académicos universitarios en tiempos de guerra, más concentrados en el exceso de trabajo que en el alumnado; y finalizando por los compañeros y compañeras de los colleges de Oxford, con sus diferentes intereses y conductas. El resultado es un panorama muy distinto y menos romántico del que el lector pueda estar acostumbrado a imaginar. Larkin presenta otra faceta de lo que supone aquel templo del saber, que no tiene nada que ver  con el tema intelectual.


<Puedes ver este lugar como una gran estación central. Miles de personas. Trenes que parten en todas direcciones. Lo que tienes que decidir es a dónde vas. Una vez que lo hayas decidido, debes unirte a tus compañeros de viaje. Ellos serán de gran ayuda. Sé que lo que voy a decirte te sonará cínico y trillado, pero con diez minutos de arribismo social se consiguen mejores puestos que con diez años de trabajo duro.>


A través de esta atmósfera peculiar que construye, Larkin aborda el tema de la educación emocional, y sugiere la importancia que ésta tiene para los momentos relevantes en la vida. Plantea que la inexperiencia juvenil y la falta de formación vital derivan en debilidad, y te hacen objeto de depredadores, comenzando por ti mismo.


<Al mirarlos se sintió como un camarero de un restaurante caro. La amabilidad con la que le trataban era como la propina que habrían dejado a un camarero.>


Por otro lado, y volviendo otra vez a la relevancia de los personajes, empatizar con cualquiera de ellos resulta francamente difícil. De ello se sirve el autor para captar la atención del lector sobre la trama y la acción, en una línea de pensamiento que deriva en más de una dirección, y despierta una imperiosa expectación por conocer dónde llevarán los inquietantes acontecimientos. Imposible no rememorar la lectura de otra novela publicada en 1955 por Patricia Highsmith, salvando las distancias argumentales y de género,  desde mi punto de vista, El talento de Mr. Ripley y Jill provocan por momentos sensaciones similares.


<Toda su vida había sospechado que la gente le era hostil y quería hacerle daño; ahora sabía que no se había equivocado y veía materializarse los peores temores de su infancia.>


En cuanto al estilo que encontramos en Jill, resulta directo y certero, en una suerte de narrativa que fluye por sí misma sin poderla frenar. Esta circunstancia es realmente singular, si se tiene en cuenta que es una novela de juventud y la primera escrita por su autor. Esto contradice las insinuaciones que Philip Larkin deja caer en su prólogo del libro, donde comparte anécdotas frívolas de su propia experiencia universitaria en Oxford, quizá algo más aplicada de lo que quiere dejar pensar.

Por último, quiero recalcar la originalidad de la novela dentro de la cotidianeidad de la temática. El autor imprime relevancia a la historia de cada individuo y le traslada al lector la responsabilidad para observar y juzgar. Pone frente a éste ese mundo imperturbable de los colleges, donde nadie es fundamental y la vida sigue invariablemente cuando ya no estás.

 

<Si conociéramos el verdadero fondo de todo tendríamos compasión hasta de las estrellas.> Graham Greene

 


Undine von Reinecke ♪

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial Impedimenta

Larkin, Philip

Philip Larkin (1922-1985) estudió en la Universidad de Oxford. Amigo fraternal de los también escritores Kingsley Amis y Edmund Crispin (a quien dedica este libro), está considerado uno de los poetas ingleses más aclamados del siglo XX.

De hecho, los reconocimientos a su labor literaria, entre los que se incluyó la Queen’s Gold Medal, fueron una constante en su vida. En 1984 se le ofreció el galardón, que rechazó, de poeta laureado del Reino Unido. Fascinado tras una primera lectura de Thomas Hardy, e influenciado por T. S. Eliot y W. H. Auden, comenzó a escribir en su adolescencia. Aunque al principio su producción literaria se limitó a la lírica, llegaría a escribir cinco novelas (tres de las cuales destruyó nada más terminarlas), una supuesta autobiografía y hasta un manifiesto creativo titulado «Para qué escribimos». A punto de sacar a la luz su primera novela, Jill (1946), su editor le preguntó si también escribía poesía. Como consecuencia de esto, apareció, tres meses antes que Jill, El barco del norte (1945), un poemario en la línea de W. B. Yeats. Poco después, Larkin comenzó a escribir Una chica en invierno, que publicaría en 1947 la prestigiosa editorial Faber and Faber. La obra se convirtió de inmediato en un rotundo éxito. El Sunday Times la describió como una narración de «una presentación exquisita y casi intachable». Jamás volvió a terminar una novela. Su madurez como poeta la alcanzaría durante los cinco años que pasó en Belfast. Allí escribió la mayoría de los versos que compondrían Un engaño menor, una recopilación de poemas que le consagró definitivamente como poeta de culto. Otras obras destacables son Ventanas altas (1974), donde refleja su preocupación por la muerte, o Las bodas de Pentecostés (1964). Larkin fue bibliotecario de la Universidad de Hull a partir de 1955 y crítico de jazz del Daily Telegraph. Falleció en 1985, a los sesenta y tres años de edad, víctima de un cáncer de esófago. Está enterrado en el cementerio municipal de Cottingham.

 

 

miércoles, 26 de mayo de 2021

RESEÑA: "LAS TORRES DE TREBISONDA", ROSE MACAULAY

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Paisajes narrados, 28

ISBN: 978-84-95587-44-2

Primera edición: 2008

Páginas: 382

Rústica 12 x 16,5 cm

Precio con IVA: 18,50 euros

 

Sinopsis de la Editorial:

Las torres de Trebisonda cuenta las peripecias de un estrambótico grupo, formado por Laurie, la narradora, su inimitable tía Dot, el intolerante padre Chantry-Pigg y un camello loco, que parte de Inglaterra rumbo a Oriente Medio movido por distintos intereses que van desde un heterodoxo proselitismo anglicano al puro placer del viaje. Ingeniosa y a la vez melancólica, desenfadada y sutil, esta novela descubre una ciudad de fábula, una Trebisonda reflejo de inquietudes espirituales, metáfora del carácter esquivo de la verdad. Un relato satírico y en ocasiones absurdo, de un humor chispeante, tras el que se esconden las sombras del desengaño, los dilemas religiosos y el recuerdo de un amor perdido.

 

Propuesta musical para este libro:

Lo que Undine piensa del libro:


<Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más, te espera al paso en los lugares extraños y no poseídos.> Italo Calvino


George Borrow (1803/81)
Escritor, filólogo y viajero.

Inglaterra siempre se ha distinguido por ser un país viajero. Históricamente así ha sido. Tanto sus intereses económicos, como de expansión llevaron a sus tropas por medio mundo. Sin duda, esto favoreció que sus ciudadanos más intrépidos se lanzaran a recorrer las rutas abiertas por sus ejércitos en busca de emociones intelectuales y sociales, porque si hay algo que distinga a la nación inglesa es su habilidad para reconocer dónde reside el valor de la vida. Muchos de estos atrevidos viajeros quisieron reflejar sus experiencias por escrito, para compartir esas aventuras en forma de novelas de ficción, ensayos intelectuales o literatura de viajes. La tradición literaria inglesa ha dado grandes obras viajeras en las que sus protagonistas no solamente hablan al lector sobre los lugares que han visitado, sino que relatan sus experiencias vitales. Son auténticas novelas de iniciación y aprendizaje que, muchas veces, terminan siendo las sabias reflexiones de toda una vida vida.

Este es el caso de Las torres de Trebisonda, la novela que hemos elegido Miss Hurst y yo para nuestra cita mensual del proyecto Reseñas Cruzadas. La sección del mes de mayo lo hemos dedicado a las escritoras británicas bajo el título Cómo nos gustan las autoras inglesas. En este caso, la obra viene firmada por una autora poco conocida en nuestro país, pero que fue toda una institución en el mundo anglosajón y se codeó con lo más granado del mundo intelectual y social. Me refiero a Rose Macaulay (1881-1958), una mujer que nació en el seno de una familia de clase media alta, con gran influencia de la Iglesia anglicana, como también de la vida intelectual, ambas presentes en toda su obra. La autora fue una viajera empedernida, una amante del mundo clásico y la cultura, que sabía combinar, con gran virtuosismo, vida privada y erudición en sus novelas , algo que queda patente en muchos de sus textos. Así ocurre en Las Torres de Trebisonda, donde Macaulay explora su propia intimidad.

Primera edición inglesa del libro
Fuente: Wikipedia

Las torres de Trebisonda nos lleva a la Inglaterra de la década de los años cincuenta del siglo XX. Allí conocemos a Laurie, una mujer soltera sin oficio reconocido, y a su tía Dot, una intrépida viajera, viuda y entrada en años, que ha sido requerida por una asociación religiosa anglo-católica que quiere llevar el cristianismo al Medio Oriente, más concretamente a Turquía. Para ayudarla en la tarea ponen a su disposición al padre Chantry-Pigg, un clérigo jubilado anclado en la fe más conservadora e intransigente de la Iglesia de Inglaterra. Aprovechando la circunstancia del viaje y, al mismo tiempo que evangeliza, la tía Dot decide escribir un libro sobre la forma de vida de las mujeres turcas, y solicita a Laurie que le ayude dibujando las ilustraciones del texto y haciendo anotaciones al mismo. Como gran parte del viaje se realizará por tierras agrestes, visitando los pueblos apartados de las grandes ciudades, la misionera decide llevarse con ella a su inseparable camello, un animal que le regaló un rico magnate de Palmira en uno de sus viajes aventureros. Así las cosas, el clérigo, las dos damas y el camello toman un barco rumbo a Estambul. Durante la travesía comienzan a ver a personajes sospechosos, a todas luces espías ingleses disfrazados. Cuando llegan a su destino, el ambiente es aún más equívoco: calles, terrazas y cafés parecen estar plagados de sujetos que ocultan algo. También abundan los extranjeros, entre los que destacan un gran número de británicos, interesados en conocer al milímetro aquellas tierras con el ánimo de escribir cada uno de ellos sendos libros de viajes, que se conviertan en la Biblia del viajero. No menos inquietante son las autoridades turcas, que persiguen a nuestro grupo con mirada turbia. Tras algunas dificultades y encuentros casuales con compatriotas amigos, vuelven a embarcarse para llegar a través del mar Negro hasta la mítica ciudad de Trebisonda. Es allí donde comenzará su verdadera aventura. En la antigua ciudad helena, hoy poco recordada por los habitantes de la actual Trabzon, comprenderán la dificultad de su misión: se toparán con caudillos musulmanes que les impedirán difundir sus oraciones y ritos, el consulado británico elude con disimulo y estilo prestarles ayuda, los intelectuales turcos no se lo ponen fácil y la ciudadanía no parece comprender qué hacen allí, y los siguen con curiosidad. Por otro lado, la competencia con grupos evangelizadores de otras ramas del cristianismo parece ir tomando la delantera en la difícil tarea de llevar el cristianismo a los “infieles”. Pese a ello, emprenden rumbo hacia las tierras cercanas a la frontera rusa, en compañía de dos nuevos viajeros: un joven griego agnóstico y una doctora turca convertida al anglicanismo. Pero un incidente durante el periplo por tierras armenias deja a Laurie en solitario. Casi sin dinero y a cargo del camello, nuestra protagonista cruzará como en un sueño las grandes ciudades del Medio Oriente que fueron la cuna de la civilización. ¿Logrará reunirse con sus compañeros de viaje? Y lo que es más importante, ¿conseguirá encontrar lo que realmente está buscando?

Jan Morris (1926-2020)
Fuente: Theguardian.com

Las torres de Trebisonda es una divertidísima y apasionante novela al más puro estilo británico. Fue publicada en 1956, y resultó ser la más exitosa de toda la producción de Rose Macaulay, además de ser galardonada con el premio James Tait Black Memorial de ficción de ese mismo año. De tal manera triunfó esta novela desde su publicación que, como nos indica Jan Morris, la famosísima historiadora y escritora de viajes, en el interesante posfacio del libro, la frase inicial de éste se convirtió en un tópico frecuentemente empleado entre los ingleses y norteamericanos cultos de décadas posteriores. A nadie extrañaba escuchar en medio de una conversación jocosa: “Coge mi camello, querida”. Que, por otra parte, nos indica el tono hilarante que presidirá prácticamente toda la novela.


<Yo siempre pensé que decía mucho a favor de mi tía el que, viniendo el camello de donde venía, no lo hubiese llamado Zenobia, Longino o Aureliano, como hubiese hecho una mujer de menor categoría. Ella, en cambio, siempre lo llamaba, en tono distante, “mi camello”, o “el camello”. >


Quienes de vosotros seáis asiduos lectores del blog, el pasaje anterior os recordará otra novela reseñada aquí hace algunas semanas. A todas luces, Rose Macaulay se inspiró en El camello de lord Berners 👈, del que toma prestado al "lunático" animal para construir el tono satírico de la novela, y por otro lado, aprovecha para homenajear a su compatriota y colega escritor, siguiendo el patrón estructural del libro, salvando las distancias argumentales. Porque, mientras El camello de Lord Berners es una ácida crítica social, Las torres de Trebisonda esconde un profundo estudio sobre los problemas espirituales y de conciencia de su autora


<A mí no me gustaban mucho los baptistas, pero fueron muy amables. Los disidentes son a menudo excelentes cristianos, Laurie. No seas nunca estrecha de miras.

le prometí que nunca lo sería.

-Aunque, por supuesto -añadió mi tía-, debes siempre recordar que "nosotros" tenemos la razón.>


Dorothy L. Sayers (1893-1957) En ella se inspiró 
Macaulay para el personaje de tía Dot
Fuente: Wikipedia

Escrita en clave de humor y rezumando esnobismo en cada pasaje, Rose Macaulay se las ingenia para crear unos personajes tan divertidos como caricaturescos, comenzando por Laurie, la protagonista y alter ego de la autora, que hace las veces de narradora omnisciente, y siguiendo por el resto de caracteres del libro. Todos los personajes están perfilados con exagerada hilaridad, para divertimento del lector y regocijo de la historia. De este modo, tenemos a la excéntrica e intrépida viajera tía Dot, que consiguió salvar la vida en África haciéndose la muerta frente a un grupo de caníbales; por otro lado encontramos al padre Chantry-Pigg, que lleva los bolsillos llenos de reliquias milagrosas; también conocemos a la doctora Halide, una feminista turca que se convirtió al anglicanismo pero quiere casarse con un musulmán; y por último un joven muchacho griego que se une al excéntrico grupo para escapar de su adinerado abuelo turco. El resto de los personajes secundarios tienen breves intervenciones pero su presencia es indispensable. Espías indiscretos, escritores competitivos, policías de película, diplomáticos al borde del colapso, curanderos de las mil y una noches… Un listado largo y muy bien estudiado de individuos que ponen la sal y la pimienta a la historia. Dicen las malas lenguas que la autora basó a dos de sus principales, la tía Dot y el padre Chantry-Pigg, en personajes muy conocidos por la sociedad inglesa. Si estas fuentes están en lo cierto, la intrépida viajera y misionera estaría basada en Dorothy L. Sayers, una famosa novelista policiaca y amiga de Rose Macaulay, y el irritante clérigo anglicano fue perfilado siguiendo las personalidades de Patrick McLaughlin , Gilbert Shaw y Gerard Irvine, tres eclesiásticos del mundo británico real.


<El padre Chantry-Pigg hablaba siempre como recién salido de entre los bizantinos, y le daba siempre por suspirar cuando los mencionaba, aunque, como decía la tía Dot, se le habían escapado por cinco siglos. Su ancestro sir Jocelyn de Chantry se había topado con ellos en las cruzadas, pero, puesto que era de la Iglesia romana, los había tratado sin demasiados miramientos. lo cierto es que al padre Chantry-Pigg no le habrían gustado nada los bizantinos si se hubiera topado con ellos, aunque los hubiera preferido a los turcos y demás musulmanes.>


Un pasaje delirantemente cómico y afilado, ¿verdad? Este es el estilo narrativo que emplea la autora durante prácticamente toda la obra. Los diálogos que aparecen en el libro son mínimos. Pese a  esta circunstancia, la fluidez de la novela no está comprometida, ya que el discurso de la narradora es tan agudo y divertido, que la lectura se hace francamente amena para quienes saben apreciar una buena novela inglesa. Especialmente si se es una anglófila empedernida, como es mi caso.

Por otro lado, Las torres de Trebisonda es un estupendo documento geopolítico de la zona donde se ubica la historia, tras establecerse el Telón de Acero. La autora, siempre en tono de humor, comenta la problemática que surgió entre los países fronterizos de los bloques socialista y capitalista. 

Trebisonda. Grabado del siglo XVIII
Fuente: Wikipedia

Macaulay también se vale del libro para hablar y evocar las distintas civilizaciones que habitaron aquellas tierras. La escritora aprovecha para redactar un ensayo filosófico sobre el paso del tiempo y la imposición de nuevas civilizaciones ante las anteriores. Así como los turcos arrasaron con el mundo clásico en su conquista de Trebisonda, tanto el afán imperialista decimonónico inglés, como las misiones religiosas del siglo XX intentan imponer la visión occidental y cristiana al mundo musulmán del este de Europa. La autora lanza constantes preguntas retóricas al lector y deja en el aire si hay respuestas correctas.

Siguiendo con esta línea crítica que adopta la novela, y sin abandonar jamás la hilaridad que la inunda, Rose Macaulay aborda con gran firmeza el tema de la mujer en el mundo musulmán. A través de dos de sus personajes femeninos contrapuestos en educación, la tía Dot y la doctora turca Halide, diserta sobre la falta de libertad de la mujer musulmana y la imposibilidad de acceder a una vida mejor sin la adecuada educación para ambos sexos. Mediante los diálogos que sostienen estas dos mujeres se verán las diferencias que existen entre la civilización occidental y la oriental, que provocan la falta de entendimiento. Rose Macaulay no escatima en detalles y dedica pasajes muy cómicos dónde ridiculiza la postura masculina en las clases bajas turcas. Los castiga con humor.

El libro es también un testimonio cultural de todo Oriente Próximo. El periplo que la protagonista realiza a lomos del camello por tierras turcas, sirias, palestinas e israelitas es un auténtico placer para los sentidos. Los amantes de la historia, el arte y la arqueología son tentados a soñar, ya que el entusiasmo que la autora imprime en el texto despiertan en el lector las ganas de viajar y visitar todos aquellos lugares. Es una pena no pertenecer a la clase media alta inglesa de aquellos días para poder realizar semejantes viajes.

Debo decir, antes de finalizar esta publicación, que, pese a ser una obra muy cómica y fascinante, la autora nos sorprende con un final explosivo. Tras mantener al lector sumido en una risa constante, sin poder desprenderse de la novela ni por un instante, llega al punto y final de la obra cerrándola abruptamente. Algunos se preguntarán qué ha sido aquello que ha sucedido, pero los más observarán el gran privilegio que se les ha concedido, porque Las torres de Trebisonda no es una obrita más de esas que escribían ciertas damas novelistas, a las que aludía la grandísima George Eliot. Esta novela es una gran obra, que evidencia el virtuosismo narrativo de la autora, y su capacidad para filosofar. 

 

<Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas.> Hipólito Taine

 

Undine von Reinecke ♪

 

Os espero el último miércoles de junio en una nueva cita de las Reseñas Cruzadas, bajo la consigna: Autor que leemos cada año. Ahora me voy al blog de Las Inquilinas de Netherfield, allí Miss Hurst nos espera con su estupenda reseña de Las torres de Trebisonda. ¿Qué nos dirá en esta ocasión? ¿Coincidiremos una vez más?



 

La autora por la editorial:

Fuente: E. Minúscula
Rose Macaulay (1881-1958) nació en Rugby, en el seno de una familia de intelectuales y clérigos anglicanos. Pasó la mayor parte de su infancia en Varazze, una pequeña ciudad costera de Italia. En 1894 regresó a Inglaterra donde, después de estudiar historia moderna en Oxford, comenzó una fulgurante carrera como escritora y periodista. Viajera incansable, fue amiga de personajes como Virginia Woolf, E. M. Forster, Vita Sackville-West, Ivy Compton-Burnett o W. H. Auden. Autora prolífica que abarcó todos los géneros, en 1956 recibió el prestigioso James Tait Black Memorial Prize por Las torres de Trebisonda, considerada su obra maestra.