miércoles, 24 de junio de 2020

RESEÑA: "LOS FUEGOS DE OTOÑO", IRENE NÉMIROVSKY


Fuente: Undine von Reinecke


Ficha Técnica:

Traductor:  José Antonio Soriano Marco

Sello: SALAMANDRA

Precio con IVA: 18.00 €

Fecha publicación: 05/2020

Idioma: Español

Formato, páginas: Tapa blanda con solapas, 256

Medidas: 139 X 220 mm

ISBN: 9788418107009

EAN: 9788418107009

Colección: Narrativa

 

Sinopsis de la editorial:


Finalizada la Primera Guerra Mundial, Bernard Jacquelain regresa de las trincheras con una medalla, pero desilusionado ante la falta de perspectivas. Tras los horrores presenciados en el frente, lucha por hacerse un hueco en el mundillo de los negocios turbios que campan a sus anchas en París. ¿Qué puede atraer a la bella y sensata Thérèse del rebelde y un tanto desvergonzado Bernard? A pesar de los desengaños y sufrimientos que puede acarrearle esa relación, Thérèse lo quiere y confía en que la fuerza del amor acabe por imponerse. Durante diez años, gracias al dinero fácil, ambos disfrutan de los mediocres placeres de la vida burguesa, pero cuando los tambores de guerra vuelven a sonar con fuerza y el futuro se torna incierto, todo empieza a desmoronarse.

Ambientada en el París febril y disoluto de entreguerras, Los fuegos de otoño es no sólo un retrato íntimo de unos hombres y mujeres en busca de una libertad imposible, sino también una semblanza implacable y sobrecogedora de una clase social presa de sus privilegios y costumbres.

 

Propuesta musical para este libro:


French suite Nº1 in D minor BWV812, Andreas Schiff



Lo que Undine piensa del libro:


< Suite: Composición instrumental integrada por movimientos muy variados, basados en una misma tonalidad.> 2ª acepción de la palabra. R. A. E.


Fuente:Wikipedia

Siempre que leo o escucho la palabra “suite” irremediablemente me vienen a la mente las maravillosas piezas musicales compuestas por Johann Sebastian Bach. Me refiero a las Suites Francesas compuestas en el primer cuarto del siglo XVIII por el insigne alemán. Unas obras musicales a las que se otorgó la denominación “francesas” equivocadamente, según los expertos, aunque ello no quita valor artístico y musical a las piezas.

Pero en el mundo creativo hubo otra Suite francesa que conmovió al mundo cuando salió a la luz. Me refiero a la famosa novela escrita en 1942 por la malograda escritora de origen ruso Irene Némirovsky. Obra cumbre de su narrativa, escrita en la clandestinidad por la escritora debido a la prohibición a los judíos de publicar libros por parte del gobierno francés durante la ocupación nazi.



Fuente:Casadellibro
Este manuscrito estuvo oculto durante muchísimos años y fue encontrado casualmente por las hijas de la autora entre las cosas que dejó. Era un amasijo de papeles sueltos escritos por una voz que no quería callar las barbaries que veía a su paso mientras huía de la constante persecución lunática del ejército de Hitler y sus cómplices franceses. La publicación póstuma de Suite francesa supuso para el mundo entero un estandarte contra la injusticia que provocan los fanatismos, vengan de donde vengan. Además, ayudó a rescatar y reivindicar la figura de esta escritora que fue superventas en Francia antes de la invasión alemana y a quien se quiso silenciar en 1942 con su asesinato en el campo de concentración de Auschwitz. Gracias a su publicación el mundo entero conoce hoy la exquisita narrativa de Némirovsky. Novelas como El caso Kurílov, El maestro de almas, o Nieve en otoño confirman la grandeza de esta escritora a quien se ha querido comparar con nombres tan ilustres de la literatura como lo son Balzac o Dostoievski

Fuente: megustaleer

Pero su gran obra final, en mi opinión, no podemos decir que fuera sólo la aclamada Suite francesa, que sin duda ofrece una realista, mordaz y muy aguada mirada de lo que supuso el peregrinar de los parisinos huyendo de los alemanes. Desde mi punto de vista, sus últimas novelas componen una sinfonía global de estampas francesas de la época, que nos dan la panorámica total de lo que fue la evolución ideológica y social de este país desde la Gran Guerra hasta 1942. Comenzando su discurso con Los bienes de este mundo (publicada por entregas y bajo pseudónimo en 1941), continuándolo con Los fuegos de otoño (escrita en 1942 y publicada póstumamente) y finalizando éste con la ya mencionada e inacabada Suite francesa. Tres novelas, tres historias que nos hablan del desmoronamiento social francés a causa de las dos guerras mundiales, haciendo gran hincapié sobre el modo de vida de la burguesía.

Hoy os vengo a hablar de la segunda de las novelas que ha sido publicada recientemente en España, me refiero a Los fuegos de otoño. Una obra  finalizada por su autora en la primavera de 1942, y que fue escrita paralelamente a Suite francesa, publicándose de manera póstuma en 1957 por la editorial Albin Michel. Existen dos versiones mecanografiadas de la novela, que se conservan en el Institut Mémoires de l’Édition Contemporaine: La primera es la que vio la luz en 1957;  la segunda es un documento corregido por la autora en el que incorporó y suprimió pasajes hasta dar con la intención definitiva de la obra. De esta última versión podemos hoy disfrutar los lectores de habla hispana gracias al Sello Salamandra, que ha utilizado la edición de Olivier Philipponnat (biógrafo de Némirovsky) y Teresa Manuela Lussone (experta en la obra de la autora); que añadieron algunos de los capítulos eliminados por la escritora, para que los lectores podamos comprender mejor la parte de la historia correspondiente al periodo comprendido entre 1914 y 1918.

Los fuegos de otoño comienza así:


<En la mesa había un ramillete de violetas frescas; una jarra amarilla con la tapa en forma de pico de pato, que se abría con un leve chasquido para dejar pasar el agua; un salero de cristal rosa con la leyenda “Recuerdo de la Exposición Universal, 1900”. (En doce años, las letras que la formaban se habían descolorido y medio borrado.) Había un enorme pan dorado, vino y el plato único: un estupendo ragú, con los jugosos trozos de ternera púdicamente cubiertos por la salsa cremosa, entre los tiernos y aromáticos champiñones y las rubias patatas. Ningún entrante, nada para abrir boca: la comida es cosa seria. En casa de los Brun, se atacaba el plato fuerte desde el principio. No hacían ascos a los asados, equiparables al arte clásico por la sencillez y la rigurosidad de sus reglas, pero la cocinera ponía todo su amor y todo su esmero en la preparación de elaborados guisos. En casa de los Brun, la cocina era cosa de la suegra, la anciana señora Pain.

Los Brun eran pequeños rentistas parisinos. (…)>

 

Nos encontramos en el París de 1912 en casa de los Brun. Se trata de una familia burguesa de clase media formada por tres miembros: el padre, Adolphe, viudo desde hace tiempo; la hija de quince años, Thérèse; y la suegra,  la señora Pain, que hace las labores de señora de la casa. En el momento en que comienza la historia están todos sentados a la mesa para celebrar un banquete dominical junto a sus invitados: la familia Jacquelain, un matrimonio cuyo mayor orgullo es su único hijo Bernard, un adolescente brillante en los estudios del que se esperan grandes cosas; y el sobrino de Adolphe Brun, Martial, aspirante a médico, que sueña con abrir su propia consulta médica y algún día poder hacer de Thérèse su esposa, pese al parentesco y la gran diferencia de edad.

Fuente:Pinterest

La comida se desarrolla con cordialidad y buen humor, con postres, café y puro, en un pequeño comedor de la casa semejante al de tantos hogares burgueses del París de la época. Al término de ésta se les une Raymond Détand, un estudiante de derecho amigo de Martial, que no tiene dónde caerse muerto pero sí mucha audacia, es lo que se denomina un superviviente. Sólo resta por llegar la señora Humbert, una viuda de muy buen ver, que ha sabido sacar adelante a su guapa hija Renée montando una pequeña sombrerería, y cuya única ambición es divertirse y “casar bien” a su hija. Cuando por fin están todos reunidos en el domicilio de los Brun, juntos emprenden el tradicional viaje en metro hasta la avenue des Champs-Elysées de las tardes dominicales, para observar pasar a los grandes personajes de la ciudad: esa élite aristocrática y famosa que luce sus mejores galas mientras pasea en sus lujosos carruajes. Cuando la jornada concluye, cada uno regresa a su casa a la espera del lunes, para que se inicie una nueva semana donde todo volverá a comenzar.

Pero esa vida pausada y predecible a la que nuestros protagonistas están aficionados está a punto de desaparecer, puesto que dos años más tarde con el estallido de la Gran guerra los sueños y las reglas del juego cambiarán para la sociedad. Y nuestros protagonistas acogen esas nuevas directrices con diferente talante: la generación de los padres con escepticismo e incredulidad, confiando en una pronta victoria francesa; los jóvenes, como Martial, con recelo y sentido del deber, renunciando a sus aspiraciones privadas como doctor y ofreciendo sus servicios médicos al ejército de su país; el más joven de todos, Bernard con un agudo patriotismo y ferviente compromiso, abandonando los estudios y enrolándose en el ejército en contra de la voluntad de sus padres. Y las chicas, ¿cómo viven Thérèse y Rénee esta guerra? Ambas trabajarán como enfermeras en un hospital de París atendiendo a los heridos. Thérèse tendrá que afrontar con estoicismo una gran pérdida personal, mientras que Rénee no querrá oír hablar de pena alguna, sólo de diversión al límite.

Fuente: Historiayguerra.net

Pero la contienda dura mucho más de lo que en un principio se podía cree. Francia está pagando muy caro haber entrado en combate y los sueños de gloria. Todos sabemos cómo terminó aquello pese a la victoria final aliada; el elevado número de víctimas y el desastre humano y social que provocó: Una guerra que causó el hundimiento de la civilización tal y como se entendía, los valores y la moral que eran válidos hasta 1914 desaparecieron, para dar paso a una nueva Francia gobernada con otro talante por individuos, muchas veces en la sombra, que supieron ver en la contienda bélica su ocasión para medrar a cualquier precio, sin importar lo que eso suponía para el país.

A ese París oportunista y sin normas, donde el hombre honrado tiene que trabajar día a día por un mísero sueldo para vivir mientras otros se enriquecían con la especulación, llega Bernard Jacquelain superviviente de la guerra. Pero del joven carismático y valeroso de 1914 ya no queda nada. La miseria, la muerte y la destrucción que ha visto en el frente lo han aniquilado. Su forma de entender las cosas ha cambiado, él quiere vivir a lo grande, con desenfreno: fiestas, mujeres y el vértigo que da la forma de conseguir dinero fácil. La educación que le dieron sus padres ya no le vale, la desprecia. Y así, guapo, joven y con talento, es invitado a las grandes fiestas de la noche parisina donde se relacionará con todo tipo de personajes influyentes que le enseñarán cómo se hacen en los nuevos tiempos las cosas. En ese entorno se cruzará con dos viejos conocidos: la guapa y seductora Rénee, que hará de él lo que quiera; y con Raymond Détand, quien es ahora uno de los personajes más influyentes en la nueva Francia.

En contraste con ese mundo de lujo y desenfreno está Thérèse, su antigua amiga de la infancia. Ella, pese al cambio sufrido en la personalidad del joven y siendo víctima de su superficialidad, cae totalmente enamorada de él. Ella será el baluarte en el que se refugie Bernard cuando el castillo de naipes que construye una y otra vez sin descanso a lo largo de casi dos décadas se derrumbe.

 

Los fuegos de otoño cuenta la historia del devenir social, político y económico de Francia, desde el punto de vista privilegiado de Irene Némirovsky. La novela nos es contada a través de las experiencias vividas durante tres décadas por sus principales protagonistas, Bernard y Thérèse, valiéndose de las acciones de los personajes secundarios para poner el contrapunto a la línea argumental principal. La novela se divide en tres partes:

  • 1912-1918, época prebélica hasta la finalización de la Gran Guerra.
  • 1920-1936, época entreguerras.
  • 1936-1941, periodo prebélico a la Segunda Guerra Mundial hasta el momento en que finalizó la novela Irene Némirovsky, cuando todavía quedaba mucho para que la contienda concluyera.

En la primera parte, que comienza con el periodo anterior a la Gran Guerra, se nos narra cómo era la vida de la pequeña burguesía antes de que el mundo cambiara para siempre. Su forma de vida pausada y sus firmes costumbres, que eran comunes en la mayoría de ellos.


<Sentados en sus sillas de hierro, las familias veían pasar a los príncipes, los millonarios y las grandes cortesanas. (…) Los adultos se sentían plácidos, satisfechos, sin envidia, pero llenos de orgullo: “Por las cuatro perras de las sillas y el billete de metro -se decían los parisinos-, podemos ver todo esto, disfrutarlo. No somos meros espectadores de la obra, sino también actores (figurantes de lo más humilde), con nuestras hijas bien arregladas, con sus sombreros nuevos, nuestra labia y nuestra alegría proverbial. Después de todo, habríamos podido nacer en otro sitio -pensaban-, en uno de esos países donde sólo con ver los Campos Elíseos en postal todos los corazones bien nacidos laten más deprisa”.>
 

También analiza cómo la sociedad parisina contempla desaparecer rápidamente todo lo que anteriormente conocía como bueno, sin que nadie lo pueda frenar. A causa de los sueños patrióticos de grandeza y de victoria rápida, que se construyeron sobre mentiras; cimientos poco sólidos incapaces de mantener esa caduca sociedad.


<”Ahorro…Honor conyugal…Virginidad…”, se convertían poco a poco en vocablos anticuados, casi ridículos.>


Falsedades que alimentaban al pueblo francés mientras sus hijos peleaban en el frente, viviendo unos horrores que muchos de ellos jamás pudieron contar. Y los que regresaron no quisieron rememorar.


<Martial no había estado demasiado tiempo en su flamante tren sanitario de la retaguardia, que, según aseguraban los periódicos con orgullo, podía albergar hasta ocho camas por vagón, lo que hacía un total de ciento veintiochos heridos por tren. Servía para enseñarlo, para consuelo de los civiles y estímulo de los neutrales. En realidad, los heridos viajaban en trenes de mercancías y vagones de ganado, se desangraban, agonizaban y morían a lo largo de las pequeñas rutas departamentales.>


La segunda parte, que abarca el periodo entreguerras, Némirovsky centra su mirada en los hombres y mujeres que sobrevivieron, mostrando especial hincapié en esa clase de individuos capaces de rentabilizar una desgracia. Hace un desglose cáustico y mordaz sobre los tejemanejes políticos, económicos y morales de esa clase social nueva que tomó las riendas del país debilitándolo hasta la última consecuencia.


<Era un mundo cínico, que se vanagloriaba del fango del que había salido. Era la época en que, cuando se le preguntaba a un nuevo rico cómo había ganado “todo ese dinero”, el susodicho respondía sonriendo: “¡Pues en la guerra, como todo el mundo!”>


Un mundo trepidante, inestable y sin honor, donde la palabra de un hombre valía tanto como sus finanzas. Y que destruyó las defensas morales y sociales de un país que no pudo asumir lo que vendría después.


<De hecho -pensaba Bernard-, puede que lo que busquemos sea eso: temblar, alegrarnos, arriesgarnos, escapar de la muerte…Tendrían que habernos propuesto grandes aventuras…batallas nuevas, un mundo que reconstruir. Sólo han sabido ofrecernos mujeres y dinero.>


La última  parte de la novela comienza en 1936 cuando en Europa se empiezan a respirar los aires de la nueva guerra. Una guerra que llegaría pocos años después con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939, y en la que Francia entró dos días más tarde declarando la guerra a Alemania.

En este último tramo de la historia Irene Némerovsky se prepara para llegar a la conclusión final de su argumento. Da una salida honrosa a sus protagonistas, que representan al individuo francés medio de la época, mientras hace una instantánea de las consecuencias nefastas a las que llegó Francia debido a la dejadez moral y política de sus mandatarios. Pasa muy por encima de los acontecimientos bélicos y el comportamiento de la sociedad parisina ante la invasión alemana, aunque los menciona, en favor de la trama central: la historia de Thérèse y Bernard.

Es este último punto que he comentado el que me hace pensar que Irene Némirovsky necesitaba escribir Suite francesa para coronar su instantánea sobre la burguesía francesa de la época. Una imagen que no fue capaz de completar en Los bienes de este mundo, ni con Los fuegos de otoño; donde aún muestra fe en el ser humano. El último movimiento de su "suite" quedó inconcluso debido a su detención y posterior asesinato en el tristemente famoso campo de concentración. No obstante, y afortunadamente, su legado ha llegado hasta nosotros como una advertencia a todas las generaciones posteriores en contra de la violencia, los fanatismos y la pérdida de los valores sociales que otorgan al individuo la humanidad.

Se ha dicho en ocasiones que las novelas de Némirosvky son historias que inciden en el dramatismo argumental. No lo niego, pero, ¿no es cierto que la vida de la autora superó con creces la ficción de sus novelas? Sólo hay que leer su biografía para confirmarlo. Yo con lo que me quedo es con su preciosa narrativa que está plagada de sugestivas historias humanas. El interesante análisis psicológico que hace en ellas de sus personajes, la mordaz mirada social y humana de sus tramas, la magistral construcción de las atmósferas que envuelven sus novelas…Todo ello hace que sus novelas gocen de una inconmensurable belleza y fácil lectura, ante la que el lector sensible cae humildemente rendido.

Los fuegos de otoño es un vivo ejemplo de su escritura. Una disertación valiente y personal de cómo veía Irene Némirovsky la Francia de su tiempo, escondida tras una historia de amor y desamor entre dos personas, con los altibajos propios de la vida real. Una audacia ésta que quizá le diera excesivo protagonismo durante la última etapa de su vida, costándole muy caro al final. Pero si algo destaca en el conjunto de la obra de la autora, y en especial en sus obras de su periodo final, es la honestidad. Un valor que hoy se echa tanto de menos y al que ya Mark Twain se refería en su tiempo como “la mejor de todas las artes perdidas”. A mí, queridos lectores, sólo me resta citar a Henry David Thoreau cuando decía:


<En vez de amor, dinero o fama, dame la verdad.>

 

Undine von Reinecke ♪


 

 Edith Piaf -Sous le ciel de Paris



La autora  por la Editorial:

Irène Némirovsky nació en Kiev en 1903 en el seno de una familia acaudalada que huyó de la revolución bolchevique para establecerse en París en 1919. Hija única, Irène recibió una educación exquisita, aunque padeció una infancia infeliz y solitaria. Años antes de obtener la licenciatura en Letras por la Sorbona, su precoz carrera literaria se inicia en 1921 con la publicación del texto Nonoche chez l'extralucide en la revista bimensual Fantasio. Pero su salto a la fama se produce en 1929 con su segunda novela, David Golder, la primera que vio la luz en forma de libro. Fue el inicio de una deslumbrante trayectoria que consagraría a Némirovsky como una de las escritoras de mayor prestigio de Francia, elogiada por personajes de la talla de Jean Cocteau, Paul Morand, Robert Brasillach y Joseph Kessel.

Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial marcó trágicamente su destino. Denegada en varias ocasiones por el régimen de Vichy su solicitud de nacionalidad francesa, Némirovsky fue deportada y murió asesinada en Auschwitz en 1942, igual que su marido, Michel Epstein. Sesenta años más tarde, el azar quiso que Irène Némirovsky regresara al primer plano de la actualidad literaria con el enorme éxito de Suite francesa, su obra cumbre, descubierta casualmente por sus hijas, publicada en 2004 y galardonada a título póstumo con el premio Renaudot, entre otras muchas distinciones. Las novelas de Irène Némirovsky, publicadas en español por Salamandra, han sido traducidas a treinta y nueve idiomas, demostrando el interés por una autora que se sitúa sin duda entre los grandes escritores del siglo XX.


miércoles, 17 de junio de 2020

RESEÑA: "PRÓXIMA ESTACIÓN", MÓNICA GUTIÉRREZ


Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Autora: Mónica Gutiérrez

Editorial: Autoplublicado.

Formato: Tapa blenda y versión electrónica.

P.V.P.: Tapa blanda 11, 86 € / Kindle 3, 50 €

 

 

Sinopsis de la Autora:

Sigrid está a punto de cumplir el sueño profesional de trabajar de conservadora en un museo y, como despedida de su actual empleo, su amiga Ángela la ha reclutado para la convención anual hotelera que este año se celebra a bordo del extraordinario Venice-Simplon Orient Express. Entre ninfas, flores y lámparas Art Decó de la exquisita restauración de los vagones del mítico Express d’Orient, la historiadora atraviesa el corazón de Europa cuando un reencuentro inesperado la hace descarrilar a toda máquina.

A menudo fuera de ruta, atribulada por un lúgubre pianista, el encanto de Ed Sheeran, la inagotable batería de anécdotas de Gilberto, la presencia imponente del señor Rochester, una abogada en crisis y un conejo rebelde, Sigrid comprenderá que es preferible que te rompan el corazón a quedarte sin ningún pedazo que hacer añicos.

 

Propuesta musical para este libro:


Ed Sheeran - Perfect (Official Music Video) 



Lo que Undine piensa del libro:


<La gratitud es como aquel licor de Oriente que sólo se conserva en jarros de oro: perfuma las almas grandes y se agria en las pequeñas.> Leonard Sylvain Julien Sandeau (1811-1883)

 

Agradecimiento, un término que a menudo usamos tan frívolamente, que ha perdido parte de su sentido en la actualidad.

Cuando era una estudiante adolescente tenía una profesora que nos repetía constantemente a sus alumnos la necesidad de dar las gracias a toda persona que tuviera un gesto hacia nosotros, por mínimo que fuera. Una lección de vida que por algún motivo caló hondo en mí y he procurado siempre aplicar durante toda mi vida. Comprobando a mi paso, con respecto a las relaciones humanas, que una sonrisa agradecida es tan necesaria para quienes la reciben como para quienes la ofrecen. Pero desde hace algún tiempo, y no me refiero a los últimos meses de 2020, sino a esta segunda década de siglo, la conducta del individuo ha cambiado de manera notoria volviéndose visiblemente egocéntrica. Por regla general, este mundo que hemos diseñado a la medida de nuestras necesidades individuales está pensado para que los caprichos manden sobre nosotros sin percibir qué ocurre a nuestro alrededor. Y no nos percatamos de que la vida transcurre dejando a su paso huellas imborrables de todo lo que hacemos. Ya sea para bien o para mal.

Hace ya muchas semanas, un martes durante el primer mes de la cuarentena. Me encontraba yo dentro de mi coche, estacionada en el parking de un hospital de mi ciudad. Llevaba unas cuantas horas esperando a tener noticias de un miembro de mi familia, que hacía cola en las urgencias para ser atendido por un cuadro de neumonía provocado por el coronavirus que le habían detectado después de tres semanas de fiebre ininterrumpida. Los nervios, el miedo y la soledad más absoluta habían afincado en mí, haciendo que el tiempo se detuviera por momentos. Pero de repente, en un momento dado de aquellas largas horas, recibí una notificación de una red social a la que entro con muy poca frecuencia. Se trataba de un mensaje vía Twitter de una escritora y compañera blogger, Mónica Serendipia. En él me decía que le gustaba mucho una foto que yo había realizado, y que me invitaba a participar con ella en un concurso de su página web. No soy muy dada a concursar en estos eventos, porque me pierdo en el mundo internauta al que no le cojo el punto; lo mío son los libros. Pero en aquel momento ese mensaje fue para mí como un abrazo amigo que palió por unos momentos aquella terrible orfandad que sentía. Me decidí a participar.

Afortunadamente, aquel día tan oscuro de mi vida finalizó positivamente tiempo más tarde con la total recuperación de mi familiar. Pero todos los momentos vividos durante aquellas doce horas de cansancio e incertidumbre nunca se borrarán de mi memoria. Como tampoco podré olvidar esos instantes de compañía que compartí junto a Mónica Serendipia mientras intercambiábamos palabras de mutuo respeto. Ella no sabía dónde estaba yo ni lo que me ocurría, pero a veces, el simple hecho de ser amables porque sí hace que la sonrisa amiga que ofrecemos a alguien le cambie la vida.


Foto concursante
Es por este motivo que hoy vengo con ilusión y agradecimiento a compartir con vosotros la reseña de un libro escrito por Mónica Gutiérrez, que es el verdadero nombre de la escritora y blogger Mónica Serendipia. Se trata de Próxima Estación, el premio que gané con aquella foto que mandé al concurso del que os hablaba antes. Una novela publicada en tiempos aciagos con la misión de hacer desconectar a quienes la lean y procurarle momentos de distracción.



Próxima Estación comienza así:


 
<El trueno hizo vibrar los techos acristalados de la estación. Los cielos de París se derramaban y había anochecido precipitadamente. La primera vez que las luces de la estación parpadearon, cruzaba apresurada el vestíbulo hacia el andén cinco con la maleta en una mano y el transportín de Houdini en la otra. Empecé a correr cuando Ángela, que para ser experta en cruasanes y odiar las deportivas se le daba bien volar sobre sus tacones, gritó algo incomprensible tres metros por delante. Nos las habíamos apañado para empaparnos el pelo, el abrigo y los zapatos al salir del taxi que nos había traído desde el aeropuerto Charles de Gaulle. Las escaleras mecánicas estaban a punto de dejarnos a pie de andén cuando la iluminación volvió a parpadear y finalmente se rindió.>


¿Quién comienza a relatar esta accidentada historia? Se trata de Sigrid, la protagonista del libro. Una joven profesional doctora en historia, que acaba de conseguir el trabajo de su vida como conservadora en un museo, y que hasta la fecha ejercía como ayudante de dirección en un lujoso hotel de Barcelona, bajo la supervisión de su jefa y amiga Ángela. En el momento en el que se inicia este relato, las dos amigas corren para no perder el tren que las llevará más allá del recorrido establecido en el programa. Porque no se trata de un tren cualquiera sino del legendario Orient Express. Un nombre que todo amante de los viajes y la historia siempre asociará al lujo, la alta sociedad, la realeza, el glamour y la literatura. El motivo de este viaje es laboral, ya que Ángela ha sido enviada por la cadena hotelera donde trabaja como alta ejecutiva, para participar en unas jornadas de hostelería junto con otras grandes y fastuosas empresas del sector. Y claro está, como buena jefa y amiga, decide llevarse a Sigrid con ella, pese a que ésta abandonará su puesto en la empresa en breve.


Fuente: Elindependiente.com

Tras una accidentada llegada, ocasionada por la tormenta y las prisas, consiguen llegar al vagón que les ha sido asignado donde son recibidas con todos los honores. Es entonces cuando Sigrid toma verdadera conciencia de donde está al conocer a un peculiar sujeto, Gilberto, un francés que actuará como su guía acompañante durante todo el viaje, y que le ayudará a conocer y a amar la historia de Orient Express.

Sigrid, nuestra protagonista, no está muy convencida de las verdaderas intenciones de Ángela al llevársela con ella a ese viaje. Porque no parece lo más sensato beneficiarla con estas vacaciones cuando está a punto de abandonar la empresa, en detrimento de otros compañeros que lo merecen más. Además, se ha visto obligada a dejar Barcelona casi a la fuerza y sin muchas ganas, cuando debería estar preparándose para su nuevo trabajo como conservadora en un museo. Para agravar la situación, tiene a su cargo a Houdini, un conejo al que adoptó en tristes circunstancias y que no puede dejar solo en casa mientras ella disfruta de unas vacaciones por media Europa.

Nuestra heroína no tardará mucho en conocer qué hay tras sus sospechas, porque nada más hacerse dueña de su pomposo y cómodo compartimento privado, tras haber disfrutado de una apetitosa y muy familiar crema de bogavante, su intuición despertará todas sus alarmas, que se dispararán con cada plato para gourmets preparado por el chef al mando de la cocina del elegante Orient Express.

¿Quién se esconde detrás de cada exquisitez culinaria? ¿Por qué razón Sigrid ha sido invitada a este viaje? ¿Escapará de las trampas que el destino le ha puesto a su paso, o quizá caerá en ellas una vez más? Todo esto y mucho más conoceremos durante el viaje que nuestra heroína emprende por la antigua ruta del más glamuroso e histórico tren Orient Express. En su periplo por algunas de las más bellas ciudades europeas como Milán, Verona o Venecia, Sigrid conocerá a personajes peculiares y guapos admiradores de espíritu romántico, que la acompañarán a vivir una aventura que jamás podrá olvidar.


Fuente: Undine von Reinecke

Próxima Estación es una novela perteneciente al relativamente joven género feelgood con ciertos toques de la novela chicklit, que como todo el mundo sabe puso de moda Helen Filding con Bridget Jones. Dos géneros en boga durante últimas décadas que han conseguido nuevos lectores de gustos muy concretos, que buscan soñar y vivir aventuras con historias empáticas y positivas en las que quieren ver reflejadas su vidas.


En este caso, Mónica Gutiérrez nos presenta una novela actual y sugerente protagonizada por una mujer joven, que tras haber pasado una época terrible a nivel personal, decide ponerle remedio y retomar las riendas de su vida. Para ello decide romper con todo lo que anulaba su personalidad, incluyendo una relación tóxica, y luchar contra viento y marea para lograr el sueño de su vida: conseguir su doctorado como historiadora y trabajar como conservadora en un museo de historia antigua. En el momento en el que comienza la narración se supone que su nueva vida va a despegar, ya que ha alcanzado su sueño dorado. Pero, como todo el mundo sabe, el destino siempre guarda sorpresas que desbaratan nuestros planes, y pone a Sigrid en la disyuntiva de revisar sus problemas emocionales una vez más. Con la ayuda de su mejor amiga y alguien a quien conoceremos según avanza la novela, un enigmático “Rochester”, se obligará a hacer las paces consigo misma y con su pasado, para poder conquistar un futuro feliz. Pero nada le será fácil, puesto que en su camino se cruzarán fantasmas que creía haber olvidado y nuevas caras amigas que la pondrán en un cruce de caminos obligándola a elegir.


<Aunque mi naturaleza sigue intacta, me habían cambiado los recuerdos y había recuperado la emoción, tanto tiempo atrás perdida en el fondo de la Caja de Pandora.>


Cartel de la ruta
Fuete: Wikipedia

La novela, que posee un espíritu muy fresco y actual, nos presenta un elenco de personajes divertidos y carismáticos, algunos sacados de los anales de la historia de comienzos del siglo XX: un pianista triste y oscuro, que vivió tiempos mejores; un barman que sabe escuchar a toda la clientela, que parece haberse escapado de las fiestas que celebraba el Gran Gatby; o un mayordomo a quien le gusta llamarse agente de acompañamiento, cuyo aspecto y modales rinden homenaje a los gloriosos tiempos del Orient Express. Y hablando de este famoso tren, él mismo es un personaje en sí, ya que está presente íntegramente en la novela. A lo largo de toda la lectura conoceremos interesantes anécdotas protagonizadas por las personalidades que viajaron en él en sus mejores tiempos, reconstruiremos su historia; viviremos sus momentos más relevantes haciendo feliz al lector más curioso y estudioso de los cotilleos históricos. Y, cómo no, también cobran gran importancia los lances literarios y cinematográficos que acontecieron en él. El Orient Express es testigo y causa en todo momento de lo que sucede en la novela.


<Walter va a prepararnos el cóctel más típico del Orient Express: Los doce culpables. Se llama así por…

-Por la novela de Agatha Christie- Adiviné.

-Por los doce ingredientes secretos de su elaboración- Walter me guiñó un ojo con calculada seriedad y se ajustó las gafas- Y por el libro también.>

 

Pero no olvidemos que Próxima Estación es una novela feelgood, y si hay algo que nos hace sentir bien a todo lector es el buen humor y de eso este título va sobrado. Con múltiples conversaciones llenas de ironía, dobles sentidos que dan ligereza al texto, y un montón de guiños literarios a novelas y personajes eternos y modernos, que acercan el libro al lector de forma familiar. Y así, la manera coloquial y cariñosa con la que Ángela se refiere como Khaleesi a Sigrid, nuestra heroína, hace al lector sonreír reconociendo la alusión a la famosa saga de Juego de Tronos.

Pero, ¿qué ocurre con el amor, no encontramos algo tan importante para la novela feelgood en este texto? ¡Claro que sí, aquí no puede faltar! Nuestra protagonista vivirá unas veces con agrado, otras con pasión, las atenciones de algún que otro enamorado al son de las canciones Ed Sheeran. Un simpático guiño éste que me recordó agradablemente la película de Bridget Jones baby. Dejo al lector que descubra si es el auténtico cantante o quizá "el chico del Starbucks del barrio de la protagonista".

En definitiva Próxima Estación es una novela escrita para ser leída por personas que buscan una sonrisa en el horizonte. Con una trama sencilla, tanto como lo pueda ser cualquiera de nuestras vidas o las vidas de nuestras amigas, Mónica Gutiérrez construye una historia de superación y redención personal rodeando a sus personajes de lujo, glamour, historia y amor. Una novela que invita a viajar y a soñar, mientras  imaginamos la mejor versión de nuestras vidas.

En una conversación privada e informal que mantuve con la autora, en la que yo le preguntaba si quería que comentara algo concreto del libro, ella me comentó (con tu permiso, Mónica):


<Ah, lo que tú quieras, si tienes alguna pregunta estaré feliz de responderte. Terminé la novela el verano pasado y no me animaba a publicarla, hasta que llegó el "dichoso" confinamiento. Entonces pensé que estaría bien leer algo  agradable para viajar sin salir de casa y olvidarnos un poco de tantas malas noticias.>


Sin duda, muchos tendremos que recurrir a los libros para seguir soñando y viajando en estos tiempos. Pero gracias a personas como Mónica Gutiérrez, que intentan repartir luz con su trabajo, estos días serán más llevaderos.

No soy lectora de género feelgood per sé. Mis hábitos literarios transcurren hoy por otras sendas. Esta novela me llegó de manera mágica en un momento que necesitaba una sonrisa amiga, y la recibí de Mónica Gutiérrez. Espero con mi reseña hacer lo mismo por otras personas que hoy más que nunca necesiten resplandor en sus vidas, y así cumplir la máxima de Lin Yutang.


<Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja.>

 

Undine von Reinecke ♪

 

 

 

La autora por Roca Editorial:


Mónica Gutiérrez nació y vive en Barcelona. Es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y en Historia por la Universitat de Barcelona (UB).

Apasionada lectora, escribe novela, relatos y poesía. En la actualidad compagina la escritura de ficción con la docencia y suele charlar de literatura con buenos amigos en su blog Serendipia.

Debutó en el mundo de la publicación con Cuéntame una noctalia, y las buenas críticas de Un hotel en ninguna parte, su segunda novela, han mantenido a la autora durante más de un año en la lista de los más vendidos de Amazon.



La autora en su página web:


Soy escritora, historiadora, periodista, profesora, alumna, lectora recalcitrante, bebedora de té, amiga, viajera, soñadora, despistada… Y un millón de cosas más, ¿y quién no? Pero sobre todo soy la que desde este blog te invita a que pases a tomarte un té o un café, con bizcocho o galletas, y la mejor de las compañías: los libros más excéntricos, divertidos, agradables, encantadores y fantásticos.

No me alcanza la memoria para explicarte desde cuando escribo, aunque hace apenas unos años que me atrevo a publicar. Hasta la fecha tengo cuatro novelas feelgood encantando lectores, espero que tú seas uno de ellos: «Cuéntame una noctalia», «Un hotel en ninguna parte», «El noviembre de Kate» y «La librería del señor Livingstone». También colaboro como redactora en La Piedra de Sísifo, un gabinete de curiosidades literarias genial, e imparto talleres de escritura feelgood y otros cursos para escritores en Ateneo Literario.

Compartir lecturas es compartir camino ¿y no es el camino lo que de verdad importa?

https://monicagutierrezartero.com/sobremi/



miércoles, 10 de junio de 2020

RESEÑA: "EL CASO DE LOS ASESINATOS DEL OBISPO", S. S. VAN DINE


Fuente: Undine von Reinecke



 

Ficha Técnica:

Colección: Literatura           

Autor:   S. S. Van Dine   

Páginas: 392

Formato: 13 x 20 rústica con sobrecubierta y cuadernillos cosidos

ISBN13 978-84-18141-07-2

Título Original:  The Bishop Murder Case

Traductores: María Robledano

Prólogo: María Robledano y Jesús Egido

P.V.P. : 19,95 €


Sinopsis de la Editorial:

La cuarta novela policíaca del detective Philo Vance también se desarrolla en Nueva York, en un ambiente de profesores de ciencias, especialmente matemáticos. Un joven aparece muerto en el patio de una casa donde practican tiro con arco. La causa es una flecha en el corazón. El fiscal de Nueva York, John F. X. Markham, reclama la ayuda de Philo Vance para averiguar qué mente perturbada ha tendido un macabro juego basado en perpetrar asesinatos siguiendo los versos de unas canciones infantiles muy populares en el mundo anglosajón: Melodías de Mamá Oca. El asesino se oculta entre un reducido círculo de personajes inquietantes, la mayoría matemáticos y físicos, como los profesores Dillard y Arnesson; el jorobado Adolph Drukker y su madre Lady Mae, prima donna atormentada por la deformidad de su hijo… Muchos de ellos juegan al ajedrez, pieza clave en la trama de esta novela policíaca clásica, en la que su autor, S. S. Van Dine, juega con el doble significado de la palabra «bishop»: obispo y alfil.

 

Propuesta musical para este libro:


* Philo Vance asiste a un concierto de esta pieza en uno de los paseos culturales por Nueva York


Lo que Undine piensa del libro:

A poco más de una semana para que comience oficialmente la estación veraniega, Lecturas de Undine se prepara para recibirla. Y este año, pese a lo diferente que va a ser con respecto a los anteriores, ya sueño con esas largas y calurosas noches de lectura a la luz de una tenue lámpara.

Habitualmente soy una lectora muy anárquica a la hora de elegir un nuevo título. No programo con antelación lo que voy a leer, y si lo hago no siempre sigo el orden estipulado. Casi siempre me dejo llevar por la intuición y el estado anímico para escoger una obra, siguiendo siempre el mismo ritual: Paseo frente a mi librería, cojo un libro, lo valoro y, si no me convence, tomo otro y vuelvo a hacer la misma operación hasta dar con el autor o novela que me seduzca en ese momento. Pero al llegar la temporada estival todo cambia, ya que en estos meses disfruto verdaderamente de la lectura al disponer de más tiempo, un momento realmente especial. Aprovecho para leer todo aquello que no puedo con los difíciles horarios invernales de Madrid. Suelen ser libros de grandes dimensiones, habitualmente de género clásico, que me gusta disfrutar pausadamente; o novelas tan apasionantes y subyugantes que  siento la necesidad de sumergirme en ellas sin interrupción alguna durante todo el día, finalizando su lectura al amanecer con el primer café. A este último tipo pertenece el título que os presento hoy, una novela policiaca perteneciente a la Golde Age, que fue un éxito de ventas en el mundo entero y fuente de inspiración para la gran Agatha Christie en su novela Diez negritos (1939)

Me refiero a una de las más gloriosas novelas del género policiaco El caso de los Asesinatos del Obispo, del autor norteamericano S. S. Van Dine. La novela fue publicada en 1928 y llevada a la gran pantalla un año más tarde por David Burton y Nick Grinde en la dirección,  asumiendo el papel  principal como Philo Vance el gran Basil Rathbone. Un actor que se haría inmortal años más tarde con otro papel emblemático, el de Sherlock Holmes.

Fuente: Wikipedia


La novela comienza así:

 

<Un escalofrío, como de una presencia espectral invisible, recorrió mi cuerpo al tiempo que Vance recitaba aquellos viejos y familiares versos:

 

 “¿Quién mató a Cock Robin?

-Yo- dijo Sparrow-.

Con mi arco y mi flecha,

Yo maté a Cock Robin”.

 

De todos los casos de asesinatos en los que participó Philo Vance como investigador no oficial, ciertamente el más siniestro el más extraño, el más incomprensible en apariencia y el más terrorífico fue el que siguió a los célebres crímenes de los Greene. La orgía de horror en la mansión de los Greene llegó a su sorprendente final en diciembre; y tras las vacaciones de Navidad, Vance viajó a Suiza para practicar deportes de invierno. A su regreso a Nueva york a últimos de febrero, se dedicó de lleno al trabajo literario que desde hacía mucho tiempo tenía en mente: una traducción uniforme de los principales fragmentos de Menandro, hallados en papiros egipcios a principios del presente siglo. Y durante más de un mes se dedicó diligentemente a esa ardua tarea.

Que hubiera logrado acabar o no aquella traducción -incluso si su labor no se hubiera visto interrumpida-, eso no lo sé; ya que Vance era un hombre de aficiones culturales en las que el espíritu de la investigación y la aventura intelectual chocaban con el inevitable esfuerzo laborioso de la creación académica. Recuerdo que el año anterior empezó a escribir la vida de Jenofonte -de resultas del entusiasmo de sus días universitarios, cuando por primera vez leyó Anábasis y Meorabilia-, si bien dejó de interesarle en el punto en que la histórica Expedición de los Diez Mil de Jenofonte se retiró al mar. En cualquier caso, la realidad es que la traducción de Menandro quedó interrumpida bruscamente a principios de abril, y Vance se vio atrapado durante semanas por un misterioso asesinato que conmocionó de manera espantosa a todo el país.

Esta nueva investigación criminal, en la que participó como una especie de amicus curiae de John F.-X. Markham, el fiscal del distrito de Nueva York, se conoció enseguida como el caso del asesinato del Obispo.> (para leer el comienzo completo pinchar aquí)👈

¿Quién es el testigo privilegiado que nos empieza a contar la historia? Se trata Van Dine, amigo y asesor legal a tiempo completo de Philo Vance, que hace las veces de “Whatson”en todas sus historias. Tras una breve introducción donde nos pone al corriente de todo lo necesario para que el lector novato conozca la saga policiaca y no se pierda nada importante, comienza a relatarnos como narrador omnisciente los acontecimientos de este cuarto caso que tanta fama le dio.

Nos encontramos en la calle 38 Este de Nueva York, en una pequeña terraza ajardinada que pertenece al apartamento de Philo Vance. Nuestro protagonista disfruta de un delicioso y pacífico desayuno, cuando es interrumpido por su mayordomo para comunicarle que tiene una llamada telefónica de su amigo y fiscal del distrito Markham. Tras unos preliminares de conversación algo frívolos, nuestro protagonista adopta una postura seria. Las noticias que le llegan desde el otro lado del auricular parecen contrariarle. Terminada la conversación pide que le preparen su traje de tweed gris para salir y que le traigan de la biblioteca un diccionario de alemán, unos libros dedicados al tiro con arco y un volumen de rimas infantiles. Tras un rato ojeando los libros, Vance se muestra aterrorizado y estupefacto.


<-No puede ser cierto -protestó como para sí mismo-. Es demasiado fantástico, demasiado diabólico, totalmente disparatado. Un cuento de hadas sangriento -un mundo anamórfico-, la perversión de toda racionalidad…Es impensable, un sinsentido, como magia negra, brujería y taumaturgia. Una total y absoluta demencia.>
 

Sus pesquisas en los libros han confirmado las sospechas que la información telefónica del fiscal le había suscitado. Tras arreglarse para salir a la calle, recibe en su domicilio al propio fiscal y comienzan a tratar del asunto: Una muerte acontecida en uno de los mejores barrios de la ciudad de Nueva York. Se llamó al fiscal porque el siniestro suceso había acontecido en el domicilio del profesor Bertrand Dillard, un viejo conocido de éste de sus tiempos universitarios.

El profesor Dillard fue la persona que encontró el cadáver y muy preocupado se puso en contacto con Markham, su antiguo alumno. A quien le comunicó lo que sabía sobre los hechos:

Al parecer, la casa del profesor contaba con un campo de tiro con arco privado, donde su sobrina, Belle Dillard, había montado un club para la práctica de dicho deporte. Allí había sido encontrado por la mañana uno de los pretendientes de la señorita Dillard, con una flecha clavada en el pecho, el señor J. C. Robin (apodado familiarmente como Cock Robin, como el personaje de la canción infantil de Mamá Oca). Todo parecía indicar una solución sencilla a la fatídica muerte, puesto que la noche anterior el muerto había sido visto discutiendo con otro de los pretendientes al corazón de la señorita Dillard, el señor Sperling (gorrión en alemán, un gorrión mató a Cock Robin en la canción infantil). Quien a su vez fue la última persona en ver con vida a la víctima.

Visto así, nada hacía sospechar al fiscal que los hechos encerraran ningún misterio, sino una muerte pasional. Pero la sagacidad de Philo Vance avivó sus alarmas al conocer los datos de la muerte, ya que tanto la forma de fenecer causada por una flecha, como la sinonimia de los nombres de los implicados en el sucesos con los de una antigua cancioncilla de cuna inglesa del siglo XVIII: Muerte y entierro del petirrojo (las canciones de Mamá Oca), hacían sospechar a nuestro sagaz detective que tras este caso había un siniestro asesinato.

Aclarado este punto entre los dos hombres, se desplazan al lugar de los hechos, donde ya están desplegadas las fuerzas policiales. Allí interrogan a todos los habitantes de la casa, comenzando por el profesor Dillard, su sobrina, el mayordomo, la cocinera y a Sirgud Anderson, protegido  e hijo adoptivo del profesor, un cerebro de las matemáticas que imparte clases en Columbia. Este último, muy solícitamente, pone sus dotes deductivas al servicio de la investigación.

Pero el caso no es tan sencillo como parecía en un principio, porque  todos los sospechosos parecen tener algo que esconder, y debe ampliarse el interrogatorio a los vecinos cercanos de los Dillard que tienen relación con ellos y son visitantes asiduos de la casa. Además, los domicilios de estos individuos disponen de una buena panorámica del lugar donde se perpetró la muerte de “Cock Robin”. Cualquiera de ellos podría haber visto lo que ocurrió, o tener algún indicio que ponga en la pista acertada al departamento de justicia de Nueva York y al propio Philo Vance. No obstante, estos sujetos presentan unas personalidades tan singulares y unas conductas tan sospechosas que ellos mismos se convierten en nuevos objetivos de la investigación en curso.

Si el interrogatorio al completo de los implicados en el caso no aclaró nada, sino todo lo contrario, una nota mecanografiada encontrada en el buzón de entrada del domicilio de los Dillard firmada por un tal Obispo, citando la canción de cuna de Cock Robin complica aún más la situación. Este hallazgo confirma a Philo Vance que el asesinato es una puesta en escena y que tras ella se esconde una mente perversa que quiere jugar con ellos; alguien que conoce bien a todos los sospechosos y que incluso bien puede ser uno de ellos. ¿Será capaz nuestro detective aficionado de adentrarse en el intelecto maquiavélico del asesino? ¿Quizá se desarrolle un combate justo que termine en tablas, o tal vez la victoria se decante por el intelecto más capaz y paciente?

 

El caso de los asesinatos del Obispo es el cuarto volumen y el título de más repercusión de la colección de doce novelas policiacas protagonizadas por el detective aficionado Philo Vance, publicadas entre los años 1926 y 1939. Su fama fue mundial y estuvo en boga durante mucho tiempo (aunque en la actualidad no goce del mismo éxito) e incluso se realizaron adaptaciones cinematográficas como también programas radiofónicos y de televisión.

La creación de este carismático personaje se debe al crítico de arte, música y literatura Willard Huntington Wright, quien firmaba sus novelas de género policiaco con el pseudónimo de S. S. Van Dine intentando ocultar su verdadera identidad. El escritor, perteneciente a una acaudalada familia norteamericana que le pudo dar una educación privilegiada, gozaba de una personalidad peculiar rayando su sofisticado intelecto en el esnobismo. Motivo por el cual siempre rechazó el género policiaco comparándolo con la novela rosa, en favor de otro tipo de publicaciones más cultas. Pero la vida da muchas vueltas, y una grave enfermedad le obligó a guardar cama durante mucho tiempo (parece ser que por el consumo de drogas) . Fue entonces cuando se interesó por el mundo de la ciencia forense, documentándose y estudiando las mejores publicaciones sobre este campo. Esto le llevó a escribir novelas policiacas y a crear su personaje más famoso, Philo Vance. Un individuo aristocrático, culto y sofisticado, experto en muchos campos de la vida y la cultura, que dedicaba su fortuna a coleccionar obras de arte y su potencial mental a ayudar a las fuerzas del orden en los delitos más complejos que nunca se vieron en la ciudad de Nueva York. Empleando sus amplios conocimientos científicos e intelectuales para resolverlos. Un personaje que le dio fama y riqueza a su autor, el cual quiso renegar de él con los años y volver a escribir literatura “culta”, pero acostumbrado ya a una vida de lujo y desenfreno no se vio inclinado a hacerlo.



Van Dine o Huntington Wright, envolvió en un aura de misterio a Philo Vance, haciendo creer a los lectores durante mucho tiempo que era un individuo real que se escondía tras un pseudónimo. Una leyenda que fue perdiendo fuerza con el paso de los años, pero no por ello le restó interés. El propio autor definió así a su detective aficionado:

*Retrato realizado por su hermano menor Stanton Macdonald-Wright (Fuente: Wikipedia)



< Vance era lo que muchos llamarían un dilettante, pero sería una injusticia aplicarle tal calificativo. Era un hombre de una cultura y una brillantez extraordinarias. Aristócrata por nacimiento y por instinto, se mantenía apartado a mucha distancia del común de los mortales. En sus maneras había un desdén indefinible por cualquier clase de inferioridad. La gran mayoría de las personas que tenían ocasión de tratar con él le miraban como a un snob. Sin embargo, en su condescendencia y desdén no había nada de fingimiento. Su snobismo era tanto intelectual como social. Detestaba la estupidez, creo que aún más que la vulgaridad y el mal gusto.> (El caso del asesinato de Benson, Reino de Cordelia 2016)


El seductor e interesantísimo personaje de Philo Vance es sin duda el artífice del éxito de Los asesinatos del Obispo, el libro que hoy nos ocupa. Como también lo fue en las otras entregas que protagonizó. Pero en este título confluyen otras características que ayudaron a esta historia a convertirse en una novela de culto, y referencia para otras creaciones literarias posteriores de autores del género, como la ya mencionada Diez negritos de Agatha Christie. Su originalidad en la trama, usando las famosas Canciones infantiles de Mamá Oca como hilo conductor de los asesinatos, es notable; la implicación como sospechosos de todos los individuos envueltos en el caso y la desaparición de uno en uno y poco a poco de todos ellos, complicando a cada paso la resolución del caso. Todo ello hizo de este caso algo excepcional y hoy día aún sigue siendo una gran historia capaz de sorprender a todo aquel interesado en los buenos relatos de crímenes y misterio.

Por otro lado, El caso de los asesinatos del Obispo emplea con gran elegancia y gracia todas las constantes que caracterizan las novelas de Philo Vance: el uso de la polisemia para resolver enigmas, que en este caso es aplicada en el campo del ajedrez (bishop/alfil/obispo); el empleo de las matemáticas para resolver misterios, muchos de los sospechosos son matemáticos; el uso de la psicología para construir sus interesantes personajes, desde una prima donna que ha perdido la cordura, hasta un campeón de ajedrez fracasado; y, cómo no, la ciudad de Nueva York a la cual homenajea hablando de ella como la urbe culta y glamurosa que era ya en la década de los veinte del siglo pasado, donde se daban cita los más famosos intelectuales de todos los campos y se celebraban acontecimientos culturales: ópera, pintura, deporte y hasta gastronomía con la mención de los cafés y los clubes más de moda del momento, son elementos de gran protagonismo en el libro.

Una fantástica novela que además posee unos pies de página tan interesantes como el propio misterio que se desarrolla en el libro, que aclara puntos importantes sobre la personalidad de Philo Vance o ponen en contexto al lector sobre datos que aparecen en la historia, que son anotaciones del propio autor de la novela S. S. Van Dine.


<En Londres se produjo en 1888 una situación similar de pánico, cuando Jack el Destripador dio rienda suelta a su horrible y anormal perversión, y también en Hanóver en 1923 cuando Haamann, el hombre lobo, se entregó a sus matanzas antropofágicas.(…)>


Por otro lado, los lectores más sibaritas tendrán el placer de leer las múltiples referencias al mundo de la música clásica y del teatro. Siendo una de las claves para solucionar los asesinatos el autor noruego, Henrik Ibsen, el favorito de uno de los sospechosos. Quizá los lectores expertos en el dramaturgo que conozcan su producción a la perfección puedan tener la llave que abra la puerta a la solución del misterio. O quizá no.


<Nos acercamos a las estanterías donde estaban colocados los volúmenes de teatro y sacó el segundo tomo de las obras reunidas de Henrik Ibsen. Contenía Los vikingos en Helgeland y Los pretendientes de la Corona, aunque la primera no le interesaba a Vance.(…)>

 

En definitiva, una historia tan compleja como interesante, con múltiples giros argumentales que mantiene en tensión al lector en todo momento; haciéndole cambiar de opinión con frecuencia con respecto a la culpabilidad del asesinato. Una trama tremendamente enrevesada y muy sólida, que no supone ningún problema para quienes la siguen. Puesto que, Van Dine a cada poco va resumiendo muy ordenadamente sus conclusiones. Con ello consigue que el texto fluya espontáneamente llevando de la mano hasta el final a quienes lo disfrutan.

En cuanto a esta edición de Reino de Cordelia, su elegancia y belleza sólo son comparables con la exquisitez de su traducción, maquetación y prólogo. Un volumen que, como viene siendo costumbre en la editorial, da gran importancia a la adaptación cinematográfica que se hizo de la novela, adjuntando fotografías de la película e información sobre la misma. Un complemento indispensable para los amantes de la saga que pueden disfrutar del film al finalizar la novela, apreciando cada detalle de una historia que hace viajar en el tiempo y el espacio, y visitando con la imaginación la ciudad soñada por diseñadores, arquitectos y creativos de todos los campos de la cultura: la gran Nueva York. Y ya se sabe lo que suponen los sueños para el alma, según William Shakespeare:


<Un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto.>

 

 

 Undine von Reinecke ♪


El autor por la editorial:

S. S. Van Dine

(Charlottesville, Virginia, 1888 – Nueva York, 1939) Es el pseudónimo utilizado por Willard Huntington Wright para escribir las novelas policíacas del detective Philo Vance, doce títulos que entre 1926 y 1939 revolucionaron la novela de misterio internacional con un enorme éxito de público. La serie, adaptada a la radio y al cine, la protagonizaba un adinerado excombatiente de la Primera Guerra Mundial, sofisticado coleccionista de arte, dando y cínico, que con la ayuda del propio Van Dine ayudaba a resolver casos aparentemente imposibles a John F. X. Markham, fiscal del distrito de Nueva York. Los casos de Philo Vance ayudaron a su autor, Willard Huntington Wright, a superar la adicción a la cocaína a la que le condujo su frenética actividad periodística como crítico artístico, literario y musical. La primera novela de Philo Vance fue El caso del asesinato de Benson (1926), a la que seguirían El caso del crimen de la Canario (1927), El caso del asesinato de los Greene (1928), El caso de los asesinatos del obispo (1929), El caso del escarabajo sagrado (1930), El caso del asesino en la sombra (1933), El caso del dragón del estanque (1934), El caso del asesinato del casino (1934), El caso del crimen de Garden (1935) y El caso del asesinato del secuestro (1936).

 

Los asesinatos del Obispo en el cine:

Como he mencionado antes, existe una adaptación cinematográfica de finales de 1929 y comienzos de 1930. Es una interesante adaptación con ligeros matices diferentes a la novela, pero de extraordinario interés y magica belleza, como lo es siempre el cine en blanco y negro. Os dejo un link que os llevará a un videoclip de la película en inglés, para que os hagaís una idea de su estética. Así como la ficha técnica de la misma. Estoy segura que os interesará.

Fuente: Filmaffinity


El caso del asesinato del obispo (The Bishop Murder Case) 👈videoclip

Directores: David Burton y Nick Grinde

Escritor de la novela :SS Van Dine

Guión: Lenore J. Coffee

Protagonistas: Albahaca Rathbone, Leila Hyams, Roland Young

Musica: William Axt

Fotografía: Roy F. Overbaugh

Editado por: William LeVanway

Distribuido por: Metro Goldwyn Mayer

Fecha de lanzamiento: 31 de diciembre de 1929

Duración: 88 min.

País: Estados Unidos

Idioma: Inglés

 

Fuentes de información:

https://www.reinodecordelia.es/wordpress/wp-content/uploads/2018/05/benson.pdf

https://www.youtube.com/watch?v=-8I7uHb7GY0

https://es.wikipedia.org/wiki/Los_cr%C3%ADmenes_del_obispo

https://en.wikipedia.org/wiki/The_Bishop_Murder_Case

https://en.wikipedia.org/wiki/The_Bishop_Murder_Case_(film)