miércoles, 25 de agosto de 2021

RESEÑA: "LA SOMBRA DE LA DUDA", EDITH WHARTON

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Sobre la presente edición:  Ediciones Huso, 2019

Traducción: Nadia Khalil Tolosa

Del prólogo: Jorge Freire

De la imagen de cubierta e interiores: Ophelia, John William Waterhouse, (1889)

Nº de páginas: 172

P.V.P.: 14,42 €

 

Sinopsis de la Editorial:

John Derwent se ha casado con Kate Tredennis, enfermera y la mejor amiga de su esposa Agnes, fallecida tras sufrir un terrible accidente. Kate es una esposa modelo y una madrasta ejemplar para Sylvia, hija de John y ­Agnes. Pero lord Osterleigh, el acaudalado padre de Agnes, desaprueba la rapidez de su yerno a la hora de contraer nuevas nupcias, y comienza a abrigar dudas en torno a la propia Kate. Todo se complica cuando el oscuro doctor Carruthers trata de extorsionarla a cuento de un oscuro secreto. Kate no es más que una noble enfermera en medio de un mundo de suspicacias y puritanismo. ¿Podrá resistir los embates de la alta sociedad cuando esta la convierta en objeto de sus malas lenguas?

 

Propuesta musical para este libro:


Amy Marcy Cheney Beach (1867-1944), fue una pianista y compositora estadounidense, que además está considerada una de las primeras mujeres pioneras en el campo de la composición en su país. Empezó a escribir melodías para piano a la temprana edad de cuatro años, tenía oído absoluto y la cualidad de la sinestesia (atribuía colores diferentes a cada tonalidad). Tras la muerte de su marido, acontecida en 1910, realizó una gira por Europa y se hizo muy famosa. 

 

Lo que Undine piensa del libro:

 

<La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros.> Emerson

 

Decía Chales Chaplin que el tiempo es el mejor autor, ya que siempre encuentra un final perfecto. Y ahora que estamos cerca de concluir el mes de agosto, se me ocurre que la obra de teatro que hemos elegido en esta ocasión Miss Hurst y yo para la entrada mensual de nuestro proyecto Reseñas cruzadas, cumple a la perfección ese cometido y me sirve a mí, particularmente, como magnífico telón de cierre para la temporada estival del blog. La pieza lleva como título La sombra de la duda, y fue escrita por una de las mejores autoras norteamericanas de todos los tiempos, la grandísima Edith Wharton (1862-1937).

Comentaba que esta obra resulta interesante y particular por varios motivos, pero el principal es que esta obra es el único drama verdaderamente profesional y redondo que escribió la autora, aunque jamás llegó a representarse, ya que permaneció oculto desde su creación en 1901 hasta nuestros días. En 2017 se descubrió el manuscrito en el centro Harry Ransom de la Universidad de Texas, gracias a las investigaciones que estaban realizando dos académicas, Laura Rattray y Mary Chinery, quienes, tras encontrar ciertos indicios de una obra inédita y desaparecida de Wharton, decidieron unir sus fuerzas hasta dar con ella. Así nos lo cuenta Jorge Freire en el interesante prólogo de la edición española del libro, publicada en 2019 por Huso Editorial, donde dice también que La sombra de la duda permanecía oculta a primera vista, y que su hallazgo no dejó lugar a dudas con respecto a la autoría del texto, ya que el método empleado para su creación cuadraba inequívocamente con el que empleaba Edith Wharton en el proceso de escritura.

La sombra de la duda nos lleva al Londres más elegante y exclusivo, a la mansión de Lord Osterleigh, situada en Park Lane. En el salón de su casa se encuentra su nieta Sylvia Derwent, una niña de trece años que perdió a su madre tras un accidente montando a caballo. En ese distinguido escenario, abuelo y nieta conversan sobre los recientes acontecimientos de su vida. Y es que, tras la tragedia que supuso para la familia la muerte de su querida hija, el preocupado progenitor tiene ciertos recelos con respecto al rápido matrimonio de su yerno con la enfermera y mejor amiga de la fallecida. El conde de Osterleigh no ve bien que John Derwent se haya casado con Kate, una mujer de inferior clase social y oscuro pasado, que podría perjudicar su carrera diplomática e intereses profesionales, en los que tanto esfuerzo y dinero ha invertido el lord. Además de esto, tampoco considera que esta mujer sea la adecuada para ocuparse de su querida nieta, y no ve posible que pueda ofrecerle la educación apropiada para que algún día sea presentada en sociedad, como corresponde a un digno miembro de su apellido. Pese a ello, la nueva familia parece sentirse muy feliz: Kate y Sylvia se llevan a las mil maravillas, y John demuestra estar muy enamorado. Pero, ese mismo día, un incidente provocado por una inesperada visita viene a romper la paz de los Derwent. Se trata del doctor Carruthers, el médico que trató en los últimos momentos de vida a la primera esposa de John. El  infame sujeto amenaza con destapar un secreto de Kate que compromete su dignidad, y puede dar al traste con su matrimonio, debido al tremendo escándalo social que sin duda se levantaría,  si no se le compensa económicamente. ¿Se atreverá el desalmado doctor a aniquilar el prestigio de Kate? ¿Conseguirá destruir la confianza de su marido? ¿Llegará esta información a Lord Osterleigh, que tanto interés tiene en invalidar ese indeseado matrimonio?

Un marido Ideal. Lord Goring quema 
una carta incriminatoria(ejemplo de paralelismo)
Fuente: Wikipedia

La sombra de la duda es un interesante y apasionante drama en tres actos, que se ha considerado desde su hallazgo como un perfecto antecedente de la producción más exitosa de Edith Wharton. Tanto la temática de la obra, que aborda temas éticos y morales del mismo orden, como son la difícil posición de la mujer dentro de la sociedad, o la dificultad para acceder y moverse dentro de ese exclusivo y clasista mundo de la élite aristocrática, como también los personajes que aparecen en ella, recuerdan en todo momento el conjunto de las obras posteriores de la autora, comenzando por su primer gran trabajo La casa de la alegría (1905), en la que hacía una dura crítica de la sociedad neoyorquina, y que fue todo un éxito de ventas, hasta su última e inacabada novela Las bucaneras, que la concluyó Marion Mainwaring, ajustándose a las notas que había dejado Wharton a su muerte, y que se publicó en 1938, en la que expone ante el público la decadente conducta de la alta sociedad inglesa y la corrupta conducta de la élite norteamericana, que comerciaban con señoritas de buena familia, concertando matrimonios en los que ofrecían una dote exorbitante a cambio de un título nobiliario y prestigio social. Por otro lado, y en cuanto a las fuentes de inspiración de Wharton, se podría establecer un paralelismo con un título de Oscar Wilde. Me refiero a Un marido ideal, obra de teatro en cuatro actos que se estrenó en Londres en 1895. Desde mi punto de vista y, salvando las distancias, La sombra de la duda y el drama de Wilde guardan ciertas semejanzas argumentales que me llevan a pensar que la autora norteamericana pudo haber basado su idea en la pieza del dramaturgo inglés. Dejo a mis lectores que valoren esta hipótesis. 

La trama de La sombra de la duda funciona muy bien, es interesante y cautivadora, de tal modo que mantiene la atención del lector o espectador hasta el último momento. Por otro lado, los protagonistas están muy bien pensados, se diría que la autora se hubiera fijado en personajes de la vida real para perfilarlos. Entre ellos destaca Lord Osterleigh, un caballero de recio abolengo y duro carácter, que está acostumbrado a triunfar en toda situación; por otro lado, encontramos a John Derwent, un hombre que consiguió elevarse en la élite social al contraer matrimonio con la hija de Lord Osterleigh, y que vive hipotecado moralmente por este motivo; también encontramos a Lady Uske, una aristócrata madura y superficial, que ha conseguido mantenerse socialmente gracias a seguir las reglas que impone su clase; no podemos olvidarnos de nuestra principal, Kate Derwent, la enfermera retirada que consiguió acceder a lo más granado de la sociedad cuando se casó con John, cuya valentía y recio carácter ante la adversidad la definen como el arquetipo de heroína de Edith Wharton; como antagonista está el doctor Carruthers, un hombre que se ve empujado a olvidar su escrúpulos morales por sus desgracias personales; por último, no se debe olvidar a Sylvia Derwent, en cierto modo, alter ego de la propia autora, que representa y engloba a todas las niñas de la época, en manos de una sociedad clasista y machista que las educaba para casarse y adherirse a su estatus social. El resto del elenco son una serie de personajes secundarios, cuya intervención es corta pero necesaria, entre los que destaca notoriamente Agnes Osterleigh, la fallecida. Lo que conoceremos de ella nos dará la clave de esta historia.

Con estos jugosos ingredientes, la autora construye una historia sólida, sugerente y francamente emocionante, que analiza algunos de los aspectos más retorcidos y vergonzosos del comportamiento humano, y los expone con ese singular estilo mordaz e inteligente, tan característico del conjunto de la producción de Edith Wharton. Si tenemos en cuenta la relevancia de lo anteriormente dicho, cabe preguntarse por qué motivo esta obra de teatro jamás vio la luz, y por qué causa su autora quiso olvidarla, sin tan siquiera hacer mención de ella en su autobiografía de 1934, titulada Una mirada atrás.

Edith Wharton, 1895
Fuente: Wikipedia

Nos cuenta Rebecca Mead en un interesante artículo publicado en The New Yorker, que en 1901 Edith Wharton aún no era la sólida novelista que hoy conocemos que, aunque ya adulta -contaba con treinta y nueve años- aún carecía de la confianza y valentía que el tiempo y la experiencia le darían más adelante para afrontar la respuesta negativa de la crítica y el público en general ante una obra de las características de la que nos ocupa. Porque La sombra de la duda no es un drama más, este curioso texto esconde tras su entretenida trama un comprometido tema ético que aún hoy sigue despertando vehementes opiniones encontradas, ⛔(atención spoiler) como es la eutanasia y la muerte asistida. La autora, que hasta aquel entonces sólo había escrito relatos cortos, poemas, algún que otro libro dedicado a la decoración de interiores, y había hecho sus pinitos en el mundo del teatro con obras de escasa relevancia, se atrevía a abordar temas espinosos que podrían dar al traste con su vida personal y, por supuesto, con la profesional en el campo de la literatura. La sociedad de su época jamás se lo hubiera perdonado, a ella no. Y, es que, Edith Wharton conocía muy bien cómo funcionaba la rueda social, no en vano ella misma formaba parte de esa selecta élite que juzgaba quiénes eran válidos y quiénes no, para formar parte del exclusivo grupo que dirigía las normas de la sociedad.

Lucrecia Jones (madre)
Fuente: The New York Public Library

Nacida en una familia acaudalada de grandes contactos, pasó toda su infancia viajando por Europa y formándose bajo la tutela de profesores particulares. Desde su más tierna infancia mostró gran interés por la literatura y quiso dedicarse a escribir, pero su familia no veía con buenos ojos que una joven de su rango social fuera novelista. Gran parte de culpa tuvo Lucrecia Jones, madre de la autora, quien hizo todo lo posible por mantener a su hija lejos de la profesión literaria y la educó como una debutante, a la que arrastró de fiesta en fiesta por las diferentes temporadas de sociedad, a uno y otro lado del Atlántico, hasta conseguir casarla en 1885 con Edward Robbins Wharton, un caballero de su misma clase social con el que compartía aficiones y su amor por los viajes. Antes de esto había estado comprometida con Henry Leyden, hijo de un rico hombre de negocios, pero la relación jamás fue bien vista por la familia de la escritora y terminaron rompiendo. Su matrimonio finalmente fracasó, fruto de las infidelidades y de la enfermedad mental que padecía el esposo desde hacía tiempo, y se divorciaron oficialmente en 1913. Así pues, cuando en 1901 Edith Wharton escribió La sombra de la duda, conocía de primera mano los sinsabores de pertenecer a la société, que le costaron a ella misma incluso alguna depresión, y es posible que por esa causa y en ese momento, la autora careciera de la energía suficiente para hacerle frente.

Fuente: Undine von Reinecke

No tardaría mucho en mostrarse más combativa. Wharton continuó escribiendo y publicando hasta convertirse en la novelista que es aclamada hoy en día. Quizá su decisión de establecerse definitivamente en Francia en 1907 le sirviera para romper de una vez con los prejuicios de clase que de alguna manera la ahogaban. Por otro lado, la amistad que mantuvo con su compatriota Henry James, quien se convirtió en su mentor, le ayudó a encontrar un estilo propio, y su lugar en el mundo como persona. Nadie debería desconocer la gran labor humanitaria que llevó a cabo durante la Gran Guerra, como cronista de prensa y conductora de ambulancias para la Cruz Roja, de lo que quedó constancia en su libro Francia combatiente 👈(Impedimenta, 2009), publicado en 1915 con el título original de Fighting France: From Dunkerque to Belfort. Como quiera que sea, aquellos años de autoexilio en Europa dieron fruto a lo mejor de su producción, incluida La edad de la inocencia, que fue Premio Pulitzer en 1921. Wharton supo trasladar en sus obras con mordacidad y elegancia todo lo que había aprendido de esa hipócrita y malsana sociedad en la que se había educado y casado. Como nota curiosa cabe destacar que se cobró una dulce venganza con su madre, a la que reflejó en diferentes personajes de sus novelas otorgándole los roles más despreciables. Atrévase a criticarlo quienes hayan sufrido las mismas penas.

 


<El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza.> Oscar Wilde

 

 

Undine von Reinecke ♭

 

Os invito a visitar el blog de Las Inquilinas de Netherfield, allí Miss Hurst nos espera con su siempre interesante reseña. Sospecho que hoy nos impresionará con sus opiniones. Os espero el miércoles 29 de septiembre en una nueva edición de Reseñas Cruzadas


La autora por la Editorial:

Fuente: Editorial Huso

Edith Wharton (Nueva York, 1862 ­- Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 1937) es considerada una de las mejores escritoras del siglo XX. Nacida en una familia adinerada en plena guerra civil americana, dedicó su escritura a cuestionar el papel que la sociedad de su tiempo asignaba a las mujeres. Fue una de las primeras reporteras bélicas de la historia, al punto de que su presencia en primera línea de trincheras, durante la Gran Guerra, le valió la Legión de Honor francesa. Escribió medio centenar de libros, entre los que destacan novelas como La casa de la alegría (1905), Ethan Frome (1911), Las costumbres nacionales (1913) o La edad de la inocencia (1920), novela que la convirtió en la primera mujer que obtenía un premio Pulitzer y que, andando el tiempo, fue llevada al cine por Martin Scorsese.

 


 

 


miércoles, 18 de agosto de 2021

RESEÑA: "CUENTOS DEL LEJANO OESTE", BRET HARTE

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Traducción: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera

Número de colección: CXLI

Encuadernación: Tapa dura

Formato: 14x21

Páginas: 320

ISBN: 978-84-9065-352-4

Categorías: Alba Clásica, Clásicos



Sinopsis de la Editorial:


En uno de los primeros cuentos que reunimos en esta selección, un fraile de Salamanca es tentado por el Diablo en una montaña de California allá por 1770 y ve con pesar cómo su misión evangelizadora será pronto reemplazada por «hordas de ismaelitas» con «los ojos azules y los claros cabellos de la raza sajona», que avanzan «empujándose, alborotando, jadeando y fanfarroneando». Son los primeros buscadores de oro. En el cuento siguiente, situado en 1850, en un campamento de esos hombres rudos y familiarizados con la desesperación, la única mujer que vive entre ellos da a luz a un niño y muere; alimentándolo con leche de burra, y con un cariño y un afecto inesperados, logran esos mismos hombres sacarlo adelante. Bret Harte ha sido llamado con razón «el Dickens de los pioneros»: ilustrando con humor y sentimiento el coraje y la virtud de los primeros colonos, dio a conocer el salvaje Oeste a los «afectados» lectores de la Costa Este, para quienes California era pura leyenda, e implantó una serie de arquetipos perdurables de lo que entonces aún era una tierra prometida, aunque ya sacudida por la violencia y el racismo. Estos dieciséis Cuentos del Lejano Oeste son un homenaje a los aventureros, a los tahúres, a los bandidos, a las prostitutas, a las maestras… sujetos de una vida tan digna como excepcional.


Propuesta musical para este libro:

The Banjo, Op. 15 es una composición para piano compuesta en 1853 por el autor norteamericano L. M. Gottschalk. La pieza imita los sonidos y la técnica del banjo afro-americano de mediados del siglo XIX. Es una melodía singular y una de las composiciones más famosas de su autor.



Lo que Undine opina del libro:


Hoy, 18 de agosto de 2021, llego a San Francisco en mi periplo literario siguiendo los pasos de Phileas Fogg, el mítico personaje de Julio Verne. Quienes son seguidores del blog recordarán que en la última etapa de este viaje me encontraba en Japón, conociendo qué se escribía y leía en el país nipón durante el último cuarto del siglo XIX y en los albores del XX. En el momento actual mi viaje me devuelve a tierras más conocidas, aunque inhóspitas en aquellos días. Cruzo el Pacífico para saber lo que ocurría en el mundo editorial de la Costa oeste norteamericana.


Juan O'Donojú. Fuente: Wikipedia
Hoy día, la ciudad de San Francisco es la cuarta localidad más poblada de California y una de las más célebres del mundo, pero no era así en 1776, cuando fue fundada por colonos españoles. Aquellos primeros habitantes construyeron un fuerte en el lugar que hoy ocupa el famoso puente Golden Gate, e instauraron una misión que bautizaron con el nombre de la ciudad, en honor a san Francisco de Asís. La localidad perteneció al Virreinato de la Nueva España hasta 1821, en que México obtuvo la independencia de la Corona Española, firmada por Juan O'Donojú, último Jefe político superior de la provincia de Nueva España, designado por el gobierno de Madrid. Pero, tras las incursiones norteamericanas de 1845 y 1848 en tierras mexicanas, san Francisco y toda la Alta California pasaron a formar parte de Estados Unidos.


En ese mismo año de 1848, la fiebre del oro eclosionó en California, y provocó la llegada de un número elevadísimo de colonos que impulsaron el crecimiento demográfico. De este modo San Francisco se convirtió en la ciudad más grande de la Costa Oeste a mediados del siglo XIX.


Fuente: Wikipedia

La fiebre del oro californiana está considerada como un fenómeno social de gran importancia para Estados Unidos, y aconteció en la franja de tiempo que abarca entre 1848 y 1855, principalmente. Se inició en el pueblo de Coloma, en el condado de El Dorado, cuando el pionero suizo John Sutter descubrió una veta del preciado metal en un aserradero de su propiedad. Aunque el hallazgo se intentó llevar en secreto, la noticia muy pronto se extendió, y esto propició que cerca de trescientos mil migrantes, entre estadounidenses e individuos de otras nacionalidades, viajaran a aquellas tierras soñando con hacerse ricos. El éxodo se realizó tanto por tierra como por mar, y las crónicas de aquellos duros peregrinajes, en largas caravanas de carromatos, que cruzaban territorios salvajes, o en barco a través del Cabo de Hornos, han inspirado múltiples producciones cinematográficas, y han servido como argumento a grandes novelistas. A día de hoy, los intelectuales siguen analizando aquellas migraciones multitudinarias, que ayudaron a forjar la identidad del país, y así, dejar constancia histórica de los hechos. Sin ir más lejos, el escritor y catedrático de la Universidad de Columbia Hernán Díaz publicó en 2018 A lo lejos👈, una aclamada novela, candidata al Premio Putlizer, que profundiza de manera exhaustiva y nada frívola en este interesante tema. 


El impacto causado por la fiebre del oro tuvo gran repercusión en la sociedad norteamericana, y despertó una enorme curiosidad fuera y dentro de las fronteras estadounidenses. Esto propició el crecimiento de la prensa en tierras californianas, que se dedicaba a relatar los curiosos y salvajes sucesos que acontecían diariamente, muy diferentes de las notas de sociedad de la Costa Este. Este crecimiento de publicaciones y noticieros, posibilitó el nacimiento de un subgénero literario, propiamente norteamericano, que todos conocemos como Novela del Oeste, y que tiene sus antecedentes a comienzos del siglo XIX, con autores como James Fenimore Cooper, autor de El último mohicano (1826), o
W. Irving. Fuente: Wikipedia
Washington Irving, que escribió sus Western Journals en 1832. La literatura norteamericana, que se nutría de las corrientes europeas decimonónicas, que desarrollaré ampliamente en la próxima entrega de La vuelta al mundo en doce libros, comenzó a distinguirse por un realismo costumbrista con sello propio, y legó a la posteridad relatos y novelas que dejaban constancia de la formación e identidad de aquel país: los sucesos de esa Norteamérica que extendía sus lindes, y que tenía como protagonistas a sujetos venidos de todos los rincones del mundo, incluidos los nativos americanos, hablando multitud de lenguas, como si se tratara de la Torre de Babel. Escritores como Mark Twain o Francis Bret Harte fueron sus máximos exponentes al inicio, e influyeron en muchos otros autores, como Owen Wister (1860-1938), escritor de El virginiano (1902) y verdadero padre del género, que llevaron la Novela de Frontera y la del Oeste hasta el siglo XX.


Llegados a este punto de mi viaje literario, me vi en la tesitura de elegir un libro adecuado y que representara dignamente esta etapa tan interesante, como es el San Francisco de 1872. Por ello, me decidí por una selección de relatos, firmados por el carismático Francis Bret Harte, que han sido editados por Alba bajo el título de Cuentos del Lejano Oeste. Los motivos de mi elección son dos: el primero, que las historias fueron escritas alrededor de 1872, mismo año en que Julio Verne publicó La vuelta al mundo en ochenta días; y las segunda, que el autor fue testigo de cómo nacieron las leyendas que forjaron aquellas tierras, y que dieron identidad a ese Lejano Oeste cinematográfico y novelesco. 


Bret Harte, 1872

Porque, aunque Bret Harte nació en una prominente familia de la Costa Este venida a menos (el abuelo del escritor, Bernard Hart, fue un inmigrante judío ortodoxo que hizo fortuna como comerciante, y que participó en la fundación de la Bolsa de Nueva York), a la muerte de su progenitor tuvo que ponerse a trabajar duramente para ayudar a su familia en lo económico y, como consecuencia, se vio obligado a emigrar a California en 1853, cuando sólo tenía diecisiete años. Al llegar allí, se enfrascó en profesiones de todo tipo, como la de minero, esperando enriquecerse; de mensajero para la Wells Fargo & Co. Express, transportando en diligencias el oro que encontraban otros; como profesor, en el pueblo de Sonora, en las estribaciones de la Sierra; y finalmente como periodista, en diferentes publicaciones, como Golden Era o Overland Monthly, de la que fue director desde 1865. Fue a esta última ocupación a la que debemos las historias que aparecen en Cuentos del Lejano Oeste, y que representan una bonita y, de alguna manera, poética forma de transmitir a sus lectores, y a la posteridad, las experiencias que pudo vivir en primera persona en su faceta como pionero y testigo de lo que fue la fiebre del oro californiana. Quién mejor que él, un auténtico pionero californiano, para contarnos cómo eran aquellas gentes y su forma de vida.


Fuente: Wikipedia

De los cuentos que aparecen en el libro, los diez primeros fueron escritos y publicados durante el periodo que vivió en la Costa Oeste; los cinco últimos vieron la luz cuando Bret Harte abandonó aquella zona y se dirigió hacia tierras más civilizadas para progresar en el campo profesional. Tras unos años viviendo en la Costa Este norteamericana, donde no dejó de escribir nunca, viajó a Europa para ejercer como diplomático, y allí terminó sus días en 1902. A aquellos años europeos corresponde también el apéndice del libro, titulado Los argonautas del 49, que es un precioso y original homenaje, además de un excelente y personal resumen, del peregrinar de aquellos hombres que se embarcaron en la aventura del oro. 


¿Qué podemos encontrar en Cuentos del lejano Oeste? Salvo alguna excepción, como es el caso del primer relato que aparece en el libro, que lleva por título Mi metamorfosis, y que es un texto con intenciones literarias muy diferentes, ya que sigue las corrientes europeas del momento, las historias suceden en California y versan sobre los arquetipos de individuos que construyeron aquellas tierras durante la fiebre del oro. Los personajes que las protagonizan se ajustan a los clichés que todos conocemos gracias al cine, y que difieren muy poco de la imagen que aclamados actores nos transmitieron en los grandes títulos del género: mineros, tahúres, prostitutas, maestros de escuela, nativos americanos, mujeres valientes, comerciantes chinos, niños huérfanos que se buscan la vida… El lector podría poner una cara conocida a todos los intérpretes que aparecen en los cuentos -John Wayne o Clint Eastwood podrían protagonizar muchas de sus escenas-, pero el alma que poseen cada uno de ellos se la debemos a Bret Harte. Aunque es cierto lo que se nos dice en la sinopsis del libro con respecto a la influencia de Charles Dickens sobre su obra (el británico visitó Nueva York en 1942, donde fue recibido como un héroe), ya que la galería de figurantes que encontramos en sus relatos podría haber habitado el West End de Londres, si estos hubieran nacido en la capital inglesa, pero la identidad y nacionalidad que les dio Bret Harte es inconfundiblemente norteamericana. De este modo, encontramos en La suerte de Roaring Camp a un grupo de rudos mineros que sacan lo mejor de su corazón para adoptar a un recién nacido huérfano de madre y de padre desconocido; o en Los desterrados de Poker Flat, donde vemos la bondad de una ajada prostituta que hace huelga de hambre y guarda su ración de comida para dársela a una joven doncella; y, por supuesto, cuando se alude a Dickens, no puede faltar el espíritu navideño, que lo encontramos en De cómo Santa Claus visitó Simpson’s Bar, en el que un tosco hombre del Oeste pasa muchas dificultades, enfrentándose a forajidos y a las fuerzas de la naturaleza, para que un niño enfermo tenga su día de Navidad. ¿Verdad que estas conductas son similares a las que adoptan los personajes emblemáticos dickensianos? El carácter amable y social del famoso escritor inglés habita en los cuentos de Breat Harte, como también su gran sentido del humor y ese agudo sentido crítico, que poseen sus obras.


Pero no pensemos que sólo encontramos bondad en este libro, no, sólo hay que recordar el lugar donde transcurren los relatos. El Lejano Oeste se pobló y forjó con gentes de todo tipo que viajaron hasta allí para hacer fortuna a toda costa. Por ello, la violencia y las peleas están presentes en muchas escenas de las historias. Así encontramos, por ejemplo, en el cuento Wan Lee, el pagano, cómo un grupo de chavales, hijos de buenos cristianos, persiguen vehemente a un comerciante chino de San Francisco, que practica otra fe; reflejo de la problemática que surgió al coincidir en aquellas tierras gentes de diferentes nacionalidades, educación y creencias. Por otro lado y, pese a la falta de modales, cortesía y fraternidad que tienen muchos de los protagonistas de los relatos, el romanticismo está presente en el libro; de este modo, el amor preside muchas de las historias, como la que se titula Brown de Calaveras, en el que un fiero jugador de cartas, rudo y acostumbrado a ganar a cualquier precio, olvida sus intereses en favor de un socio enamorado.


Estos son unos pocos ejemplos de lo que podemos encontrar en Cuentos del lejano Oeste. En cuanto al estilo narrativo, el autor imprime un carácter áspero y poco delicado a sus escritos, propio de las formas que usaban esas gentes que vivieron e hicieron historia en aquel lugar aludido como Far West. Salones de juego, hoteles, minas y escuelas de poblaciones en crecimiento, nada falta en estas historias para que el lector se imagine estar viviendo en la California decimonónica, disfrutando de trepidantes experiencias. Hallarán aventuras de todo tipo, y los amantes de la historia encontrarán aquí un gran deleite, porque Bret Harte también se remonta a los tiempos de la ocupación española, con La Leyenda del Monte del Diablo, desde mi punto de vista, uno de los cuentos más interesantes del recopilatorio, ya que nos ofrece un texto de gran carga intelectual, donde se nos cuenta el proceso de transformación de California desde la llegada de los primeros españoles. Pero, pese a mi preferencia por el relato anterior, no cabe duda, que el broche de oro del recopilatorio lo pone el ensayo titulado Los argonautas del 49, publicado en Londres en 1882, y que es un perfecto ejemplo de la narrativa, del carácter y de las opiniones del autor. Con el primer pasaje que aparece en él pongo fin a la reseña de esta interesante etapa de San Francisco y emprendo el viaje hacia tierras neoyorquinas, donde os espero el 15 de septiembre.


<Puesto que gran parte de mis escritos son sobre los argonautas de 1849, me propongo, a modo de introducción, disertar brevemente sobre un episodio de la vida americana tan típico y peculiar como el de los aventureros griegos cuyo nombre he tomado en préstamo. Se trata de una cruzada sin cruz, de un éxodo sin profeta. No es un relato bonito; no creo que sea instructivo siquiera. Es sobre una clase de vida de la que tal vez lo mejor que se pueda decir es que ya no existe.>



Undine von Reinecke 🎵




El autor por la Editorial:


Fuente: Alba Editorial

Bret Harte

Nació en Albany (Nueva York) en 1836. En 1853, con apenas diecisiete años, decidió abandonar la comodidad en que vivía para irse a California, al «Lejano Oeste», espacio mítico donde ambientaría la mayor parte de sus relatos. En 1868 fue contratado como editor de la Overland Monthly, en cuyo segundo número apareció «La suerte de Roaring Camp», un cuento que le convirtió en una celebridad nacional. En 1885, con un cargo diplomático, se estableció en Londres y, después de un período de inactividad literaria, volvió a publicar un puñado de excelentes relatos. Murió en Camberley (Inglaterra) en 1902.


miércoles, 11 de agosto de 2021

LECTURAS ESTIVALES II: Mi pasión por las adaptaciones británicas

 

Fuente: Undine von Reinecke


No es un secreto que adoro la literatura británica, mis reseñas dan buena cuenta de ello. El origen de esta vehemente preferencia se remonta a mi infancia. No fui una niña especialmente lectora en mis primeros años, pero sí tenía una imaginación desbordante, que buscaba estímulos para viajar con ella más allá de los límites de mi hogar. Por aquel entonces no era tan fácil como ahora disponer de los medios para hacerlo, Internet o Netflix habrían sido considerados como ciencia ficción. Los niños de las décadas de 1970 y comienzos de los 80’ sólo disponíamos de juguetes y Televisión Española para entretenernos. Pese a ello, nuestra infancia estuvo más que bien, ya que las distracciones que teníamos a nuestra disposición nos ayudaron a desarrollar nuestras capacidades. De aquellos momentos infantiles de diversión recuerdo muy bien cierta sintonía televisiva, que anunciaba geniales aventuras. Se trataba de la intro de una productora británica, su nombre era Thames Television, y sonaba así:



¿Verdad que muchos de vosotros asociáis esta música con risas sin fin? Esta compañía inglesa, que colaboraba con la famosísima ITV, nos proporcionó a través de Televisión Española un montón de series divertidísimas, que ayudaron a forjar el carácter de mi generación. Quién no recuerda títulos como Un hombre en casa, Los Roper, o El show de

El show de benny Hill
Fuente: Wikipedia
Benny Hill. Pero no sólo el clásico humor inglés traspasaba la frontera de nuestros hogares, Thames Television también nos educó en el misterio y el ocultismo, con adaptaciones de escritores policiacos y de lo arcano. Así comenzó mi afición por lo británico, de este modo entré en contacto con la celebérrima Agatha Christie y su obra, que me puso en el camino para descubrir las muchas glorias de la cultura inglesa: de la ceremonia del té y los modales corteses; de las grandes mansiones y las casas de campo; de la jardinería y el coleccionismo; de sus pinacotecas y famosos museos; y cómo no, de su literatura.

Como he contado en más de una ocasión, todos los veranos compagino mis lecturas con el placer que supone para mí disfrutar de las adaptaciones cinematográficas y televisivas de célebres novelas anglosajonas, y este año no podría ser distinto. Comencé a buscar en el mes de junio y, tras fracasar en mis pesquisas por las plataformas famosas en la actualidad para encontrar algo refrescante, tuve la suerte de toparme con una serie de mi adolescencia en YouTube. Se trataba de La hora de Agatha Christie, una adaptación compuesta por diez capítulos, basada en relatos de la famosa escritora, que produjo la anteriormente citada Thames Television en 1982. Tras ver el primer episodio y quedarme maravillada por su excelencia, me puse a buscar vehementemente algún recopilatorio literario, que pudiera contener aquellas historias. Cuál no sería mi sorpresa, al descubrir que la editorial Molino, conocida por haber editado todas las novelas de la Christie, también publicó en 1983 los relatos que formaban parte de la serie televisiva inglesa que había encontrado. Inmediatamente busqué en mi librería favorita de segunda mano, y allí estaba el libro, bajo el mismo título que la adaptación británica.

Agatha Christie. Fuente: Wikipedia

La hora de Agatha Christie, libro, se publicó tras el éxito obtenido en televisión. Está compuesto por las mismas historias, que difieren conceptualmente de los trabajos más conocidos de su autora, ya que no se trata de relatos de asesinatos, con un sagaz detective o mente privilegiada tras las huellas de un malhechor, sino de un compendio de misterios de diferente carácter y género, que jamás vieron la luz hasta entonces en el mundo editorial español. Todos ellos están ubicados en la época de entreguerras, y sus narraciones, desde mi punto de vista, no podrían ser más originales y apasionantes. Entre ellas encontramos historias que traspasan el mundo de lo conocido, y se adentran en el más allá, como en El cuarto hombre, que aborda de manera muy sugestiva lo que podría ocurrir tras la muerte; otras se desarrollan en la atmósfera de la glamurosa société, como en La muchacha del tren, donde unos disparatados personajes protagonizan una divertidísima aventura; también hay historias de espionaje y delincuencia, como en Jane busca trabajo, en la que una apurada joven se ve obligada a hacerse pasar por una princesa centroeuropea para subsistir; alguna desarrolla, de manera romántica y atrevida, la situación de la mujer en el matrimonio, así lo vemos en Flor de magnolia, en la que una dama casada y de buena familia, agotada por su triste vida junto a un hombre que no la comprende, inicia un romance con un caballero en toda regla. Y así hasta contar diez relatos, singulares y asombrosos, cuya únicas cualidades que comparten son el interés que despiertan, la atractiva atmósfera en la que transcurren y la brevedad de sus páginas. Todos son estupendos, pero no quiero dejar pasar esta ocasión sin mencionar mi favorito, que se titula En un espejo. Quizá la razón de esta caprichosa preferencia sea que se sitúa en la interesante franja de tiempo que abarcan los momentos previos y posteriores al estallido de la Gran Guerra, o tal vez, que sus personajes protagonizan una inquietante, misteriosa y romántica historia que aborda el mundo de lo paranormal, lo cierto es que captó toda mi atención y me subyugó. Es de esas historias que no dejan indiferentes a las mentes soñadoras.


Para finalizar este breve análisis de La hora de Agatha Christie, es de recibo otorgar a estos relatos un acentuado talento, que posibilita la conquista de todo tipo de lector, ya que la autora supo combinar en ellos su reconocida habilidad narrativa con una desbordante imaginación, su siempre presente conocimiento de lo intelectual y lo mundano, a lo que añadió, además, una dosis de glamur y una pizca de sentido del humor. ¡Qué más se puede pedir!

 

En cuanto a la adaptación televisiva, debo confesar que caigo rendida ante el magnífico trabajo que hicieron los británicos en aquella producción. Sin quitar mérito a lo que nos llega desde las Islas Británicas en la actualidad, debo decir que la categoría de los actores y actrices que participaron en The Agatha Christie hour era de matrícula de honor. Claro está que muchos de ellos venían del mundo del teatro, y ya se sabe que la tradición dramática en aquel país imprime carácter a sus comediantes. Un ejemplo de ello es Rupert Frazer, cuya talentosa trayectoria escénica va mucho más allá de Downton Abbey, por lo que se le conoce últimamente, ya que se inició en grandes escenarios, como Citizens Theatre, el Royal Court Theatre y el Royal National Theatre. Su participación en la serie que nos ocupa es sensacional, como lo es la de todos y cada uno de los actores que intervienen en cada episodio. Es cierto que el colorido y la fotografía de La hora de Agatha Christie difiere mucho de la producciones actuales, como por ejemplo Los Bridgerton, y que su contenido no es tan efectista como lo pueda ser Outlander o Juego de Tronos, pero la calidad del reparto y la categoría de las historias, que son una perfecta y pulcra adaptación de la obra original, compensan esos supuestos inconvenientes a quienes tienen una buena mente literaria. 


Así pues, ya lo sabéis, queridos lectores, esta es mi propuesta libro-adaptación para el verano de 2021. Diez días, diez relatos y su película correspondiente. Una maravillosa y emocionante manera de terminar las jornadas estivales. Aquí os dejo la intro del programa, con los datos editoriales y, cómo no, con mi propuesta musical para este libro.






Ficha Técnica:

Editorial: Molino

Traducción: C. Peraire del Molino

Año de publicación: 1983

Isbn: 84-272-1802-B



*El libro está descatalogado, pero puede encontrarse con cierta facilidad. La serie está a la venta en las plataformas habituales, pero también se puede ver en YouTube eactualmente.


Hasta la próxima semana, os espero en California, allí tenemos una cita con la siguiente etapa de La vuelta al mundo en doce libros. ¿Qué autor habré elegido?



Undine von Reinecke ♪











miércoles, 4 de agosto de 2021

LECTURAS ESTIVALES I: Mi pasión por la historia y sus protagonistas

Fuente: Undine von Reinecke

 

Con la llegada del mes de agosto, Lecturas de Undine se va de vacaciones. Pero no quería iniciar mi descanso estival sin dejar programadas las acostumbradas entradas semanales de los miércoles, dedicadas especialmente a los lectores del blog que, o bien están trabajando, o tal vez han decidido no moverse de sus lugares de origen aunque estén de vacaciones, y tienen más tiempo para dedicar a la lectura. Aunque, los retos mensuales de La vuelta al mundo en 12 libros y Reseñas cruzadas acudirán puntualmente a su cita, las publicaciones de las primeras semanas de agosto tendrán un carácter más fresco.


El pasado verano lo dediqué a algunos de los títulos que más me han gustado a lo largo de mi historia de amor con los libros, y publiqué minireseñas👈 en las que explicaba los motivos por los que recomendaba encarecidamente su lectura. En esta temporada estival pretendo que conozcáis otra cara de mi personalidad como lectora, compartiendo con vosotros algunos de los hábitos que tengo, que son parte de mi identidad, y que practico con especial interés y deleite durante las vacaciones.


Esta primera semana de agosto quiero que presentaros mi faceta como investigadora curiosa. Quienes pasáis por aquí asiduamente, sabéis que mis reseñas suelen estar sembradas de datos sugerentes que inducen a interesarse por el autor o el tema de la novela en cuestión, más allá del libro que estoy reseñando. El contexto sociocultural para mí es de máximo interés. Para ello, suelo acompañar los libros que leo con otras lecturas que me ayudan a contextualizarlas. Como durante el año no es fácil encontrar el tiempo necesario para ello, durante las épocas de descanso empleo gran parte de mi tiempo a disfrutar de este tipo de textos.


Para este verano tengo preparados dos títulos que se complementan, ya que ambos están dedicados al mismo personaje, la duquesa de Windsor, o lo que es lo mismo, Wallis Simpson (1896-1986), la mujer que robó el corazón del rey Eduardo VIII de Inglaterra. Me refiero a las publicaciones La duquesa de Windsord de Diana Mitford, y a Últimas noticias de la duquesa de Caroline Blackwood.


Wallis y el príncipe Eduardo en 1934
Fuente: Wikipedia

Como todo el mundo sabe, el monarca inglés prefirió abdicar y abandonar el trono, antes que romper su relación con esta mujer, que no cumplía con las exigencias de la corona. Sin duda, esta decisión cambió el rumbo de la historia, ya que, tanto la posición ideológica de la pareja ante los acontecimientos mundiales, como las amistades que frecuentaban, parecían apuntar hacia direcciones muy diferentes a las que tomó la nación inglesa durante los años de la Segunda Guerra Mundial.


Con estas dos lecturas tan dispares pretendo conocer mejor a este personaje de la llamada buena sociedad, que tanto revuelo y escándalo levantó.


Diana Mitford. Fuente: Wikipedia

Y digo bien cuando me refiero a ellas como distintas, ya que una está firmada por una amiga intima de Wallis Simpson, como era Diana Mitford (1910-2003), conocidísima socialité, y una de las famosas hermanas Mitford, que dejó a su primer marido, Bryan Guinness, para casarse con el líder fascistas inglés Oswald Mosley en 1936, y que, además, era amiga de Adolf Hitler; la otra pertenece a Caroline Blackwood (1931-1996), la hija bohemia de una familia de aristócratas angloirlandeses, que después de una juventud de locura y desenfreno, comenzó a dedicarse al mundo del periodismo y de la literatura, a partir de la década de 1970. Como dato curioso sobre esta autora, hay que decir que su madre pertenecía a la familia del primer marido de Diana Mitford, y que era una de las famosas Guinness Golden Girls, que tantas notas de sociedad protagonizaron.


Caroline Blackwood- Fuente: La Esfera de los Libros

Ambas mujeres nos ofrecen con sus libros su particular punto de vista sobre la vida de Wallis Simpson y Eduardo VIII. Diana escribió su libro desde el conocimiento y la complicidad que da una relación de amistad, y lo publicó en 1980. Caroline lo enfocó desde el punto de vista profesional, ya que fue contratada ese mismo año de 1980 por The Sunday Times para escribir el texto de una foto que se debía hacer a Wallis Simpson. La problemática que desencadenó aquel encargo ayudó a destapar una red de secretos, de mentiras y verdades, sobre la famosa pareja, que la escritora plasmó con su característico incisivo estilo en Últimas noticias de la duquesa, que vio la luz en 1995.



Tras leer y valorar los dos libros, espero tener un espectro más exacto e ilustrado, no sólo de la famosa pareja, sino del mundo y la época a la que pertenecieron. De todo ello daré cumplida verdad en muchas de mis reseñas. De momento, os dejo con las sinopsis de los libros y con mi propuesta musical para ellos.



Undine von Reinecke ♪






La duquesa de Windsor



Ficha Técnica:


Editorial: La Esfera de los Libros

Traducción: Paloma Gil Quindós

Fecha de publicación: 2021-04-07

Páginas: 224 + 96 ilustraciones 

ISBN: 9788413840451 

Formato:16×24 Rústica

Colección: Biografías y Memorias

Precio: 21,90€


Sinopsis de la Editorial:


Amiga íntima del duque y la duquesa de Windsor, Diana Mitford —lady Mosley, tras su segundo matrimonio— fue asidua invitada a sus fiestas en París o al «Moulin» de Orsay, el pueblo francés donde fueron vecinos. Con su inimitable estilo —maliciosamente inteligente, ingenioso y perspicaz—, pinta un inolvidable retrato de su amiga, que captura con realismo la personalidad de la duquesa, su encanto y también sus sombras.


¿Qué fue lo que cautivó tan profundamente al rey Eduardo VIII hasta el punto de hacerle renunciar al trono con tal de no separarse nunca de Wallis Simpson? Esta es la pregunta que aborda Diana Mitford, y tal vez ella pueda responderla mejor que nadie dada su propia devoción por sir Oswald Mosley, líder de los fascistas británicos, por quien dejó a su primer, en inmensamente rico, marido.



Últimas noticias de la duquesa


Ficha Técnica:


Editorial: Alba Editorial

Traducción: Catalina Martínez Muñoz

Número de colección: 52

Encuadernación: Rústica

Formato: 14x21

Páginas: 320

ISBN: 978-84-9065-778-2

Categorías: Clásicos, Rara Avis


Sinopsis de la Editorial:


Al morir el duque de Windsor en 1972, su viuda Wallis, por entonces con setenta y seis años, se apartó de la vida pública y se recluyó en el palacete del Bois de Boulogne que les había cedido el Gobierno francés. En 1980 The Sunday Times aceptó la propuesta de lord Snowdon de hacerle una nueva fotografía. Caroline Blackwood sería la encargada de escribir el texto para acompañarla. Nadie, sin embargo, había valorado lo suficiente que la duquesa se hallaba bajo la tutela legal de una abogada de ochenta y cuatro años llamada Suzanne Blum, que la protegía hasta unos límites exasperantes. Conocida por extorsionar y torturar psicológicamente a quien osara acercarse a ella, era realmente lo que el dragón para la Bella Durmiente. Hubo que esperar quince años –hasta la muerte de la letrada– para poder contar lo sucedido.


Últimas noticias de la duquesa (1995) no es solo la crónica de un duelo titánico complicado por toda clase de ardides, absurdos y mentiras sino una reconstrucción sangrante de la vida de la pareja que fue uno de los iconos románticos del siglo XX. Entre chismes y exabruptos escandalosos, asoma un gran estudio sobre la vejez y la decadencia, los delirios de grandeza y el carácter de prisioneras de buena parte de las mujeres. El libro es, por otra parte, un texto idóneo para periodistas, en su condición de making of de un reportaje imposible.