miércoles, 29 de abril de 2020

RESEÑA: "EL ÚLTIMO SEPTIEMBRE", ELIZABETH BOWEN


Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Acantilado

COLECCIÓN: Narrativa del Acantilado, 232

TEMAS: Narrativa y Novela

AUTOR: Elizabeth Bowen

TRADUCTOR: María Belmonte

ISBN: 978-84-15689-90-4

EDICIÓN: 1ª (año 2013)

ENCUADERNACIÓN: Rústica cosida

FORMATO: 13 x 21 cm

PÁGINAS: 336

 

Sinopsis de la Editorial:

Centrado en el universo perecedero de la mansión Danielstown, El último septiembre es un relato de gran fuerza ambientado en la Guerra de independencia irlandesa. Los incendios y emboscadas se ven desde la distancia de una enorme casa, cuyos habitantes pasan horas felices entre tennis parties y bailes, sin mencionar los coqueteos con soldados ingleses acuartelados en la región. Pero tras los árboles, «invadiendo poco a poco la desierta amplitud de la campiña, el estallido naranja del cielo asciende como un fuego imprevisible», presagio de una tragedia que culminará bajo la luz apacible y opulenta del otoño irlandés.

 


Propuesta musical para este libro:

 After You've Gone - Marion Harris (1918)



Lo que Undine piensa del libro:


Una de las cosas que ha quedado clara en el mundo en que vivimos, manipulado por los medios de comunicación y personajes mediáticos de una u otra ideología, es que la información siempre debe contrastarse. La persona que escucha una noticia y la da como válida a la primera, posiblemente se vea confundida en más de una ocasión. Lo mismo sucede con la historia, de la que siempre se ha dicho la escriben los vencedores, olvidándose con el tiempo la versión del que perdió. Es por eso que cuando un tema me interesa mucho procuro en la medida de lo posible indagar y buscar otras voces, que me hablen sobre ello desde otro punto de vista, cotejando de este modo la información. Y así, con cautela y verificando detalles que leo aquí allá, intento obtener una visión lo más objetiva posible del asunto en cuestión.

También ocurre así en el mundo literario, que en muchas ocasiones, si no siempre, es testigo y narrador de los acontecimientos históricos; la parcialidad ideológica de cada escritor indica al lector inquieto que debe moverse por las bibliotecas buscando otras respuestas.

Eso es lo que me suscitó el título que reseñé la semana pasada. Un libro publicado en 1933 por el autor irlandés Maurice Walsh, El hombre tranquilo, compuesto por varios relatos de tono patriótico y onírico situados durante la Guerra de la Independencia Irlandesa, en los cuales se soslayaban los tristes acontecimientos que sucedieron durante la contienda, narrándose románticamente desde el punto de vista nacionalista irlandés. Sin duda, el amor por la patria y su credo llevaron a Walsh a expresar su punto de vista de tal modo; licencia poética que todo artista se permite en más de una ocasión.

Pero no podemos olvidar que en aquella guerra había también irlandeses que pensaban de distinto modo: los había que exigían la independencia total de Inglaterra, sin prestar atención a qué métodos usar para obtenerla, con tal de echar de su tierra a los ingleses; también estaban los que deseaban esa emancipación, pero confiaban en una transición política moderada para conseguirla; y finalmente estaban los que preferían continuar con su estilo de vida, divididos ideológicamente a causa de su nacionalidad irlandesa y la herencia británica de la que eran directos beneficiarios. Éstos eran los terratenientes anglo-irlandeses, familias afincadas desde mucho tiempo atrás en Irlanda, pero cuyos vínculos con Inglaterra eran fuertes en materias de política y de educación. De estas personas y de su punto de vista sobre la historia quiero hablaros hoy. La cara “B” de la historia irlandesa, contada a través de una novela publicada en 1929 por la autora dublinesa Elizabeth Bowen; me refiero a El último septiembre. La novela comienza así:


<Hacia las seis el sonido de un motor, procedente primero del vasto paisaje y concentrado luego bajo los árboles de la avenida, convocó en la escalinata a todos los habitantes de la casa en un estado de gran excitación. A la altura de las hayas, resonó una delgada verja de hierro; el coche emergió de una maraña de sombras y se deslizó pendiente abajo hacia la casa. Tras los destellos del parabrisas, el señor y la señora Montmorecy -brazos agitándose en el aire y el velo malva de ella revoloteando furiosamente- saludaban con frenesí. Eran visitantes largamente esperados. Todos proferían exclamaciones y gesticulaban: nadie hablaba todavía. Era un momento de felicidad, de perfección.

En aquellos días las chicas llevaban faldas blancas almidonadas y blusas transparentes adornadas con flores también blancas; sobre los hombros, se dejaban caer unas cintas, enjaretadas para que hicieran bonito. Con este aspecto fresco y pimpante permanecía Lois en lo alto de la escalinata; era muy consciente de la frescura que, como el resto de chicas de su edad, emanaba, y, con los brazos firmemente cruzados a la espalda, hacía todo lo posible por disimular su turbación.>

 

¿Verdad que este comienzo podría pertenecer a muchas de las novelas de la literatura de entreguerras británica? De primeras se me ocurren nombres como el de Rosamond Lehmann, Vita Sackville-West, e incluso el de E. M. Foster. Sin duda alguna, quienes hayan leído alguno de sus títulos como Vana respuesta, Los Eduardianos, o Una habitación con vistas se verán atraídos por este comienzo con el que Elizabeth Bowen nos evoca el mundo en el que ella se educó. Un universo ya inexistente cuando escribía la novela en 1928, que daba sus últimas bocanadas de vida en el momento elegido para situar la novela.

Nos encontramos en el verano de 1920. Los incidentes violentos entre los dos bandos que pelean en Irlanda están a la orden del día: el IRA perpetra atentados poniendo bombas y asaltando a las patrullas de la guardia inglesa; las fuerzas británicas enviadas a contener a los guerrilleros irlandeses hacen registros violentos en los domicilios, fusilando sin piedad a quienes encuentran con armas, y patrullando las carreteras interrumpiendo la tranquila circulación de los ciudadanos. Pero nada de esto termina con la paz reinante en Danielstown, la propiedad ubicada en el condado de Cork, al sur de Irlanda, en la que se desarrolla la historia de la novela, y que representa el espíritu del libro.

Danielstown es el domicilio de los Naylor, un matrimonio anglo-irlandés, perteneciente a la aristocracia campestre. Con ellos pasan las vacaciones de verano Laurence, sobrino de lady Naylor, un joven estudiante de Oxford con aires intelectuales pero poca vocación práctica; y Lois la sobrina de sir Richard, una muchacha huérfana de diecinueve años que ha finalizados sus estudios en el colegio, poseedora de un espíritu soñador e inquieto que busca experimentar la vida de manera apasionada, pero su ignorancia la limita y la confunde.

En el momento en el que comienza la historia Lois está recibiendo a un matrimonio, los Montmorency, antiguos amigos de la familia a quienes llevaban muchos años sin ver, y cuya falta de domicilio propio los hace vagar por las propiedades de sus conocidos; un motivo recurrente en la literatura británica, indicativo del estilo de vida de una determinada clase social.

La vida en la mansión transcurre rítmicamente siguiendo el tic tac del reloj, que marca cada acontecimiento del día sin que el orden se rompa. Tan sólo la máquina social está capacitada para alterar la forma de vida adoptada en el hogar de los Nylor: meriendas, partidos de tenis, y bailes o fiestas organizados para agasajar a algún invitado. Pero, ¿Quiénes asisten a estas reuniones? Los oficiales de las fuerzas inglesas que han llegado al condado para aplacar el alzamiento irlandés, y las familias anglo-irlandesas que poseen tierras, con las que la familia Naylor lleva tratándose durante generaciones.

En este clima de perpetua fiesta y vida ociosa llega de visita otro personaje, Marda. Una joven sofisticada y moderna, también antigua amiga de la familia, que alterará la paz de todos los inquilinos de Danielstown, cautivando a los caballeros en mayor o menor medida y siendo motivo de cotilleo entre las damas.

Y así transcurren los días, entre paseos, visitas sociales y romances secretos o prohibidos. Pues, ya se sabe que allá donde viaja el ejército inglés sus oficiales cortejan a las muchas de las familias que los reciben. Ese es el caso de Lois, a quien un guapo subalterno hace la corte. Un secreto a voces, que es permitido por la familia siempre que no vaya a mayores, pues el joven no pertenece a la clase privilegiada.

Mientras todo esto sucede, la violencia y las consecuencias de la guerra son noticia cada día. Y las víctimas no son solamente guerrilleros y soldados, sino ciudadanos de toda índole que se ven perjudicados por los intereses de uno u otro bando: Ataques en los caminos, agresiones a las damas, robos, secuestros, incendios de casas y asesinatos; la guerra no tiene piedad, pero los protagonistas de nuestra historia no parecen tener verdadera conciencia de lo que ocurre, ni toman partido claramente por ninguno de los bandos, viviendo con espíritu frívolo los acontecimientos:


<-¿Qué regimiento está en Clonmore ahora?

-Los First Rutlands.

-Luego está la artillería de campo y la artillería de guarnición -añadió Lois-. Creo que la mayoría de las personas prefieren a la artillería de guarnición.

-Los artilleros de guarnición bailan mejor -dijo Laurence a la señora Montmorency-. Sería una verdadera pena que nos convirtiéramos en una república y nos privaran de todas estas encantadoras tropas. (…)>


El último septiembre es el testimonio de lo que vio Elizabeth Bowen cuando tenía veinte años, aunque los acontecimientos que se narran en la novela no son autobiográficos.  La escritora utiliza los recuerdos grabados en su memoria y la mansión que la vio crecer, a la que cambió el nombre en el libro, para escribir una fábula que no fue pero pudo haber sido. Bowen aseguró años más tarde de su publicación que las localizaciones y descripciones que aparecen en el libro están sacadas de la realidad, y que los personajes y sucesos que se nos cuentan están basados en las personas y los acontecimientos  que conoció cuando ella misma tenía veinte años, y vivía en la propiedad campestre de su familia. Así lo asegura en el interesantísimo postfacio del libro, que aconsejo leer.


<En la vida “real”, mi adolescencia en el condado de Cork -en la casa llamada Danielstown en la historia- aunque ocasionalmente estuvo marcada por aspiraciones, romances pasajeros o placeres, fue principalmente un periodo de impaciencia, frivolidad, lasitud o aburrimiento. No dejaba de preguntarme qué iba a ser y cuando. Sospecho que todos los jóvenes (irónicamente tan envidiados) viven estos periodos de estériles preocupaciones. En lo que se refiere a mis recuerdos personales, no idealizo aquel septiembre de 1920, aquel mes en el que decidí situar mi relato. El libro, sin embargo no es autobiográfico ni, en modo alguno, una transcripción de episodios conscientes. (…)>


Y sin embargo, la novela tiene un espíritu íntimo, que tan sólo puede darse cuando el escritor ha experimentado y es conocedor de lo que habla. A través de Lois, alter ego de Elizabeth Bowen, que hará de nexo entre todos los personajes de la novela, el lector observará  las entrañas de una historia aparentemente costumbrista y superficial, que desborda un fingido glamur de regusto amargo. Una parábola sobre el paso del tiempo que arrasa con civilizaciones, trasmitida metafóricamente y de manera bellísima por la autora. Observemos este pasaje que habla sobre las modas literarias de dos generaciones:


 

<Francie bajó la mirada hacia el último peldaño para ver si todavía seguían allí las marcas: en el calor de una animada discusión sobre Robert Hugh Benson, había agitado su vela y desparramado una lluvia de cera caliente. Pero una nueva alfombra cubría la escalera. Myra bajó también la mirada, pero no sin sorpresa; ella no se acordaba de nada. En doce años había discutido con muchas personas y últimamente discutía sobre Galsworthy.>


La relación que Lois mantiene con cada uno de los personajes de la novela constituye una pincelada más en el mural que Elizabeth Bowen pinta, para construir la atmósfera en la que se desarrolla la trama. Y así, los Nylor, sus tíos, suponen un yugo que no la deja crecer ni librarse de la rancia educación del ambiente aristocrático anglo-irlandés; el enfermizo recuerdo idealizado de Hugo Montmorecy, a quien ve románticamente, habla de su orfandad; la superficial reciente amistad con la sofisticada Marda nos cuenta su necesidad de un modelo a seguir para encontrar un futuro;  el extraño romance con el subalterno Gerald Lesworth, lleno de sueños y remordimientos, retrata el estado anímico de una generación que quedó tocada mortalmente con la Primera Guerra Mundial y que siente la necesidad de amar aun sin poder.


<Escribió a Viola que temía enamorarse de un hombre casado. Pero cuando al día siguiente miró al señor Montmorency durante el desayuno, y más aún, cuando tuvo que regresar con él de Mount Isabel, la idea le pareció espantosa. Lamentó haber echado la carta al correo con tanta rapidez.>
 

Pero la guerra está allí mismo, y no sabe de romances ni de vidas vacías y sin objetivos como la de Lois. Su aplastante desarrollo, su absoluto poder sobre las vidas de todos los individuos es una realidad que precipitará los acontecimientos, hasta terminar con los sueños de toda una generación, la última que recordaría con agradado cómo fueron los tiempos pasados en Irlanda.


<Sir Richard y lady Naylor, que no decían nada, no intercambiaron ni una mirada, ya que a la luz del cielo veían con demasiada claridad.>
 

El último septiembre es una sorprendente novela a caballo entre los sentimientos de pérdida y culpabilidad, que lleva adherida una mordaz y ácida crítica social. Escrita por una autora casi desconocida en el momento de su publicación, que con los años sería reconocida por los críticos como una de las escritoras y ensayistas más importantes del siglo XX en Inglaterra, junto con Virginia Woolf y E. M. Foster. Elizabeth Bowen, mujer de origen irlandés y educación inglesa, pasó muchos de sus veranos en la finca familiar ubicada en el condado de Cork, donde sucede la acción, algo que le daría autoridad suficiente para escribir estas páginas como testimonio de una época y de sus gentes. Su mirada atenta, en ocasiones cálida, en otras mordaz, intenta ser imparcial fotografiando la sociedad que protagonizó la historia de Irlanda durante los acontecimientos que re relatan; no consiguiéndolo en todos los casos.

La autora muestra un cierto resentimiento en su relato, haciendo especial hincapié en la clase social a la que pertenecía, y a la que de manera sutil critica sarcásticamente, por su desconexión con la realidad. Algo común en la producción del famoso grupo de Bloomsbury del que era miembro: la educación, los privilegios de clase, la ceguera con respecto al paso del tiempo y sus consecuencias en la sociedad, los prejuicios en las relaciones interclase. Todo ello forma parte de la instantánea que enmarca, y que tiene como fondo la parte más oscura de la historia irlandesa,  que como un eco marcaría sin piedad al país durante gran parte del siglo XX.

Con un estilo joven, apasionado y muy cuidado, repleto de bellísimos pasajes evocadores que dedica a su herencia irlandesa, Bowen dejó para la posterioridad una impecable y bucólica novela imprescindible, en mi opinión, para toda persona ávida por conocer el problema anglo-irlandés. Una magnífica historia escrita por una mujer, que al contrario de su compatriota escritor Maurice Walsh en El hombre tranquilo, no idealiza a sus conciudadanos, al estrato social al que pertenecía, ni a su tierra; pero tampoco reniega completamente de ello. Su mirada no era más certera ni más veraz, tan sólo era otra; una pieza más para montar el complejo puzle que conforma la verdad. Porque, como afirmaba el historiador romano Tácito:


<La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre.>

 

 

Undine von Reinecke


 

La autora por la Editorial:

Fuente: Editorial Acantilado

Elizabeth Bowen (Dublín, 1899 – Londres, 1973). Entre sus obras más importantes se encuentran, además de El último septiembre (1929; Acantilado, 2013), La casa en París (1935) y La muerte del corazón (1938), consideradas cumbres de la narrativa en lengua inglesa. En reconocimiento a su trabajo, le fue concedido el título honorífico de Comendadora de la Orden del Imperio británico en 1948 y recibió doctorados honorarios del Trinity College de Dublín (1949) y de la Universidad de Oxford (1952).

 

La novela en el cine:

Existe una adaptación cinematográfica de la novela estrenada en 1999. Tiene como protagonistas a personalidades del cine británico de la talla de Maggie Smith y Michael Gambon, sin olvidarnos de la conocidísima Keeley Hawes y el carismático David Tennant. En mi opinión, no es una adaptación fiel al espíritu de la novela. El sensacionalismo cambia la línea argumental, desviando el significado que la autora quiso dar a su manuscrito. No obstante, la belleza de la fotografía y la ambientación de la historia merecen que los interesados en el tema den una oportunidad al film.

Aquí dejo el link que os dirige al trailer de la película The last september



miércoles, 22 de abril de 2020

RESEÑA: "EL HOMBRE TRANQUILO", MAURICE WALSH


Fuente: Undine von Reinecke

 

Fichas Técnica:

Editorial: Reino de Cordelia

Colección: Literatura     

Autor: Maurice Walsh  

Páginas: 400

Formato: 13 x 20 rústica con sobrecubierta y cuadernillos cosidos

ISBN: 13 978-84-939974-9-6

Traductores: Susana Carral

Edición:  2ª

Prólogo: Javier Reverte

 

Sinopsis de la Editorial:

En 1933 el escritor irlandés Maurice Walsh atrajo la atención del director John Ford, al publicar en Estados Unidos El hombre tranquilo. La historia del boxeador norteamericano que regresa a su Irlanda natal para hallar la paz, y la encuentra en brazos de una mujer pelirroja de fuerte carácter, sería llevada al cine en 1952, protagonizada por John Wayne y Maureen O’Hara. Hoy, sesenta años después, el éxito de la película —uno de los grandes títulos de Ford— ha ensombrecido la novela en la que se inspiró, un bestseller internacional hasta ahora inédito en España. Aquí está la historia de amor entre el hombre tranquilo y la joven pelirroja, pero hay mucho más: una naturaleza exuberante donde pervive la leyenda, y la amistad de un grupo de hombres y mujeres que han luchado en el IRA por la independencia de su país.

 

Propuesta Musical para este Libro:

The Quite Man 1952 music by Victor Young


Lo que Undine piensa del libro:

Siempre me he declarado ferviente admiradora del séptimo arte, pero no creo haber sido completamente veraz al hacer esta afirmación. ¿Cómo puede alguien aseverar que es aficionado al cine si hace tiempo que no visita una sala cinematográfica? Y pese a ello, así es. Lo que ocurre es que soy fiel a mis principios estéticos, basados en una aguda búsqueda de la belleza y profundidad de significado. Unas máximas que adquirí siendo muy joven cuando la televisión aun cumplía con cierto carácter educativo, y premiaba a los telespectadores con buenas películas y programas de calidad dedicados al cine. En aquellos tiempos nadie desconocía nombres de actores como los de Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Laurence Olivier y Vivien Leigh; o de directores como Billy Wilder o  Anthony Mann.  Auténticas estrellas del firmamento cinematográfico, que aunque pertenecían a un pasado reciente, seguían siendo los cimientos firmes del género artístico al que pertenecían, y cuyos trabajos continuaban proyectándose en las salas del mundo entero tiempo después de desaparecer. Estos iconos del séptimo arte eran algo así como lo fueran Diego de Velázquez para los pintores, o Johann Sebastian Bach para los compositores románticos. Todos ellos artistas a su vez que, antes de crear sus propias obras, dedicaron tiempo a estudiar con humildad y respeto las creaciones de quienes los precedieron tan brillantemente. Un proceso, el del estudio y veneración por los maestros, que ya ha dejado de considerarse necesario en nuestra sociedad, siguiéndose ahora otras pautas  creativas más lucrativas, como lo son el sensacionalismo emocional o tecnológico. Lo artístico y artesanal no tiene cabida en la actualidad, por ser demasiado caro y lento su proceso; la inmediatez de nuestro mundo demanda productos rápidos y efímeros, generalmente. Si esto es así, ¿podríamos seguir llamando al cine el séptimo arte? Yo no lo sé, lo que sí puedo afirmar es que la diferencia entre una obra de arte duradera y lo que denominamos un buen trabajo es evidente y se demuestra sin esfuerzo, en mi opinión. Una realidad que en estos días he podido experimentar llevada por la necesidad de encontrar mi “rincón tranquilo” dentro de este confinamiento trágico, que amenaza con robarnos la serenidad. La búsqueda del placer y sosiego que ofrece la contemplación de la belleza me llevaron a disfrutar de veladas de cine clásico. Pero no lo hice en solitario, no. Cada noche  me he visto acompañada por una persona muy joven, que asombrada por la grandeza de las películas que hemos visto, se ha unido de por vida a las filas del ejército de amantes del cine clásico: ni las redes sociales ni la telebasura han podido competir contra Alfred Hitchcock y Cary Grant, entre otros. El esplendor del buen arte deja satisfecho al espectador exigente.

En esta atmósfera mágica provocada por el buen cine me encontraba yo, cuando la necesidad de elegir una nueva lectura me llevó a recordar un título que llevaba mucho tiempo en mi biblioteca personal, y que compré impulsada por el recuerdo de una película que me fascinó cuando la descubrí. Me refiero a El hombre tranquilo, una novela escrita por el irlandés Maurice Walsh en 1933, y que John Ford llevó al cine en 1952. Una obra de éxito mundial, cuyo título original era Green Rushes, y que Reino de Cordelia publicó por vez primera en nuestro país en 2012 con el título de uno de sus relatos, el que da título a la adaptación cinematográfica. Una estupenda edición, que contiene una formidable introducción firmada por Javier Reverte, y una guía de personajes que facilitan al lector la navegación por las páginas del libro.

La novela comienza así:


<Nuala Kierley  -entonces aún era Nuala O’Carroll- se había educado al Este, en la frontera de Tipperary, una buena tierra para la cría de caballos. En cuanto dio sus primeros pasos, aprendió a montar a pelo asnos, mulos, ponis y ya en la adolescencia cualquier caballo al que pudiera retener mientras cinchaba la silla. A los diecisiete años era la mejor amazona de Munster, que es como decir del mundo. Así fue como conoció a Martin Kierley.>
 

¿Quién es Nuala Kierley? Nuala Kierley es el personaje principal del relato que da comienzo al libro, y que Maurice Walsh utiliza como prólogo de éste. Una introducción intensa, dramática y muy romántica, en el más amplio sentido de la palabra, que tan sólo ocupa siete páginas. En ellas se nos hace viajar a la Guerra de la Independencia irlandesa (1919-1921), en la que se enfrentaron el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y las fuerzas de seguridad inglesas asentadas en Irlanda. Los acontecimientos que se nos relatan cuentan una historia de espionaje al más puro estilo Mata Hari, que pone a prueba el fervor patriótico y los límites morales como mujer  de una Nuala Kierley obligada a actuar como militante del Ira. Un relato magníficamente narrado en breves páginas, que secuestra al lector desde el comienzo y le lleva a meterse en el libro con verdadero entusiasmo. La persona de Nuala planeará por el espíritu del libro constantemente. Si queréis leer la historia completa podéis hacerlo aquí 

Y tras leer esta emocionante y tremenda historia del prólogo, nos sumergimos en el libro de lleno. Un texto que está estructurado en cinco partes, que podrían leerse de manera individual cada una de ellas, pero que todas juntas conforman una apasionante y gran historia evocadora del nacionalismo irlandés, en la que convergen una serie de personajes, presentes en mayor o menor medida durante todo el libro, protagonizando cada uno de ellos alguna de las historias que aquí se narran. Un conjunto de figuras bellamente perfiladas, sacadas de los pueblos y las calles irlandesas para dar testimonio del carácter de un pueblo luchador y fiel a su cultura, el irlandés.

De este modo, en Y llegó la hija del capitán, se nos cuenta la historia de Owen Jordan, un norteamericano de origen irlandés, que viaja a la tierra de sus antepasados tras participar en la Gran Guerra, para luchar junto a los militantes del IRA. Jordan es un doctor en medicina, que milita en  las filas irlandesas en honor a su padre, un feniano (perteneciente al movimiento de liberación de Irlanda) que fue víctima del poder inglés. El buen doctor se esconde junto a sus compañeros de la columna ligera en la granja de Sean Glynn, un terrateniente que guarda buena amistad con las autoridades inglesas en su comarca del sur, pero que ocupa un lugar importante como agente de inteligencia en el IRA. Desde su escondrijo para descansar, los guerrilleros irlandeses planean sus ataques a las fuerzas británicas en la localidad cercana. En una de las escaramuzas Owen Jordan se verá obligado a entrar en contacto con la hermana del  jefe de las fuerzas enemigas, un hombre de las tierras altas escocesas que se debate en el dilema de ser fiel a su honor o hacer cumplir la ley. Una bella narración en la que los sentimientos de patriotismo y lealtad a los altos principios defendidos en tiempos revueltos, se enfrentan al poder del amor. Un texto de magistral y fluida factura con pasajes de bucólica belleza.


<Me puse filosófico. No era de los que atraía a las mujeres. Me conocía bien: era el cachorro impar de mi camada y la desalmada madre naturaleza no me echaría de menos si una bala de los Black-and-Tans daba conmigo>


En el segundo de los relatos, Al otro lado de la frontera, Maurice Walsh nos cuenta la historia de Sean Glynn, el agente secreto del IRA que escondía a los guerrilleros en sus tierras. La narración nos lleva al momento después en el que se firma la tregua entre las fuerzas inglesas e irlandesas. Pero para Sean Glynn no hay descanso en la paz, es un hombre atormentado por la culpa. Involucrado en las acciones que se narran en el prólogo del libro, se siente responsable del terrible destino de Nuala Kierley, heroína y agente del IRA. Glynn vive recluido en sus tierras trabajando de día y emborrachándose de noche. Esta conducta preocupa a sus fieles amigos, que se ven incapacitados para ayudarlo. Pero un día recibe la visita de su amigo escocés y, antiguo enemigo de las fuerzas inglesas, el capitán Archibald MacDonald. Este astuto hombre de las tierras altas conseguirá encontrar una salida a los males que aquejan al protagonista. Un relato que refleja el poder que ejercen la verdadera amistad y el amor para curar un corazón roto. Donde encontraremos además pasajes que nos hablan de las tradiciones de la Irlanda más ancestral.


<En Noche buena, al caer la noche, el hombre de la casa enciende unas velas grandes como su brazo en todas las ventanas. Deben arder toda la noche y ninguna se apaga antes de la primera misa de la mañana de Navidad. Es para alumbrar a la Madre de Dios en sus momentos de necesidad.>


Una preciosa historia en la que se nos presenta también a un personaje muy esperado por el lector, Paddy Bawn Enright, “el hombre tranquilo” que da título al libro y a la famosa adaptación cinematográfica.


<Lo reconocí enseguida: los ojos azules hundidos bajo las cejas pobladas y aquel rostro serio, extrañamente inmóvil, del boxeador. Había formado parte de la columna ligera de Hugh Forbes y era uno de los mejores. Sus amigos lo llamaban -medio en broma y con cariño- el hombre tranquilo, porque después de una docena de años frenéticos como boxeador profesional en Estados Unidos, había vuelto a casa en busca de un lugar tranquilo en el que echar raíces…y no lo encontraba. ¿Lo habría encontrado ya?>


Llegamos al momento esperado del libro, ese relato que nos hizo a muchos comprar esta maravilla que estoy reseñando: El hombre tranquilo. Como decía anteriormente, Paddy Bawn Enright es “nuestro hombre tranquilo”. Un hombre que emigró a Estados Unidos, donde trabajó en los altos hornos y consiguió hacerse famoso como boxeador. Cansado de esa vida regresa a Irlanda esperando encontrar un lugar donde poder vivir en paz. Los acontecimientos le llevarán a militar en las filas del ejército del IRA. Pero tras el armisticio, y una vez rescatado Sean Glynn de su tormento, Paddy viaja hasta su tierra. Al llegar allí comprobará que las posesiones familiares le han sido expoliadas. Pese a ello, decide no entrar en conflicto con el hombre que las posee y se compra un pequeño terreno en el que pasa sus días pacíficamente. Pero la diosa fortuna, o la Madre Eire, le hacen enamorarse de Ellen Roe O’Danaher, hermana del hombre que se quedó con su heredad. Sin ninguna esperanza de ser correspondido en su amor, Paddy continúa con su sencilla vida. Más el destino le pone ante él la posibilidad de casarse con la mujer soñada. ¿Conseguirán Paddy y su bondadoso corazón vencer las barreras del odio y la ambición, para conquistar a su gran amor? El hombre tranquilo es un tierno relato que varía argumentalmente sobre su adaptación cinematográfica, pero no en su esencia. En ambos se hace patente los valores morales que representa Paddy Bawn: fidelidad, honradez, generosidad y fortaleza.

Una historia llena de inteligencia, ingenio y humor, con un héroe capaz de vencer con su cerebro a quienes van por la vida avasallando con la fuerza bruta. En mi opinión, representa una alegoría al eterno enfrentamiento en tierras irlandesas entre nativos e ingleses, pese a que estos últimos no aparecen en la historia.


<Soy Patrick Enright, de Knockanore Hill. ¿Hay algún O’Danaher entre vosotros que se tenga por mejor hombre? ¡Que venga aquí!>

 

Y llegamos al cuarto relato del libro, La joven pelirroja. En esta historia Walsh nos relata muy audazmente cómo eran las relaciones entre ingleses  e irlandeses en los tiempos posteriores a la guerra. Nos encontramos en un hotel de descanso regentado por Michael Flynn y su tío, antiguos combatientes del Ira. En el hotel conviven pacíficamente viejos enemigos implicados en la guerra de la independencia. Militares y mujeres de sus familias, que pasan las vacaciones estivales en perfecta armonía, jugando a las cartas y pescando en el río. Pero la llegada de un enigmático personaje norteamericano de apellido irlandés pone en alerta a todos los inquilinos, que no se fían del desconocido. La joven pelirroja es una interesante fábula llena de energía nacionalista. Con ella Maurice Walsh quiere insinuar, que pese a la paz, las fuerzas liberadoras irlandesas siguen activas, y que la armonía aparente es tan solo un juego de despiste al inglés. A través de una mágica leyenda ancestral, cuya protagonista es una joven pelirroja que anuncia la muerte segura a quienes se la encuentren, nos narra dos románticas historias de amor, que no ocultan la verdadera intención de su autor: asegurar que el espíritu patriótico sólo está en letargo esperando el momento de volverse a levantar. Y todo ello en un entorno mágico y bellísimo donde un castillo en ruinas esconde mucho más de lo que parece.


<Ustedes son quienes más saben de disparates. -El otro utilizaba el desprecio sin disimulos. Con un gesto de la mano armada los incluyó a todos- . Viven engañados, pasando el tiempo en un mundo ficticio. Flynn y yo somos los únicos seres reales, porque vivimos por algo  que puede acabar con nosotros, trabajamos en la clandestinidad (…)>
 

Y llegamos al relato final, Dublín, ciudad perversa. Este cuento nos revelará qué ocurrió con Nuala Kierley, personaje que protagonizó la dramática historia del prólogo. Aunque Nuala está presente en todos los relatos del libro, entristeciendo y atormentando a todos los protagonistas de las historias que conforman el libro, por la duda y la culpa que todos sienten por su desaparición. No será hasta llegar al final del mismo que conoceremos su devenir y destino final. Un sino que podría depararle la felicidad, si juega bien sus cartas, junto al hombre que fue fiel amigo de los guerrilleros irlandeses. Una romántica fábula que esconde la esperanza de un sueño, un ideal: la victoria final de Irlanda.


<Era la mujer errante, Erin, la representación femenina de Irlanda: errante, desamparada, vencida, pero nunca perdida.>


El hombre tranquilo, el libro, me ha impresionado. ¡Con cuanta sencillez y maestría, Maurice Walsh construye esta gran novela! Como una araña teje su tela, el escritor construye poco a poco seis historias entrelazadas, que son una sola en espíritu. Una obra de arte de la narrativa al servicio de la intención de su autor: elevar la voz de su patria, para que se conozca el espíritu de su nación en el mundo entero. Un alegato nacionalista y guerrero, de bellísima factura y fluida lectura, que eleva un cántico de esperanza y libertad a cada rincón de las tierras irlandesas. Y todo ello, a través de bonitos cuentos de amor, protagonizados por bellas y fuertes mujeres, símbolos de la  diosa Erin (Irlanda), y hombres valerosos e inteligentes, capaces de vencer con su ingenio a cualquier gigante.


<La historia no buscaba dar a entender simbolismo alguno, pero la niña errante, la mujer errante, era esa que los irlandeses conocían como la personificación femenina de Irlanda, la mujer Erin, que tenía muchos otros nombres.>
 

Una novela apasionante llena de riqueza cultural, de paisajes maravillosos, donde el lector se puede perder entre ríos caudalosos de rica pesca, bosques frondosos, colinas bucólicas, castillos legendarios, ancestrales leyendas, y combates de boxeo callejero. Dibujados con un estilo cercano, pero irreprochable. Todo en favor de una misión: despertar el fervor y el amor por Irlanda.


<El lugar secreto de vuestros corazones al que ninguna mujer puede llegar, solo la mujer Erin>


Y aquí dejo ya esta entrada dedicada a una bellísima novela ante la que he caído rendida, como también lo hizo en 1933 el gran director de cine John Ford, quien compró los derechos de El hombre tranquilo a Maurice Walsh por una cifra irrisoria. De todo ello nos habla en la interesante introducción del libro Javier Reverte, a quien quiero felicitar por su brillante trabajo, que os invito a conocer. En esta introducción, que nos habla del sentimiento nacionalista de Maurice Walsh, de sus orígenes, de su entorno infantil, y de cómo  éste influyó en su obra, de su inspiración para escribir el libro, y de cómo la licencia poética de Ford le costó un gran disgusto al escritor. En ella también se nos reta a los lectores a posicionarnos; Reverte nos invita a contestar a una comprometida pregunta: ¿Somos partidarios del personaje representado en la película por Jon Wayne, o por lo contrario preferimos al carismático Paddy Bawn Enright de Maurice Walsh? Le voy a contestar, señor Reverte, yo siempre elijo lo genuino.

 

<La originalidad consiste en volver al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones.> Antonio Gaudí
 

 

Undine von Reinecke

 

 

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial Reino de Cordelia 

Maurice Walsh

(Ballydonoghue, condado de Kerry, 1879 – Blackrock, Dublín 1964)

Ha pasado a la historia por ser el autor de El hombre tranquilo, muy popular por la versión cinematográfica que dirigió John Ford, con John Wayne y Maureen O’Hara como protagonistas. Nacido en el ámbito rural, su padre le inculcó el amor por los libros, los caballos y las viejas historias de la tradición oral irlandesa. Asistió a la escuela de Lisselton y se preparó para ser funcionario público en el St. Michael’s College de Listowel. En 1901 fue enviado a Escocia para incorporarse al Servicio de Aduanas e Impuestos Especiales y allí comenzó a publicar sus primeros trabajos literarios en el Irish Emerald. Cuando en 1922 se proclamó el Estado Libre de Irlanda fue trasladado a Dublín. En esa etapa escribió su primera gran obra, The Key Above the Door, que sería muy celebraba por James Matthew Barrie, el creador de Peter Pan. Maurice Walsh abandonó la función pública en 1933 para dedicarse por completo a la literatura. Ese mismo año apareció en la revista norteamericana The Saturday Evening Post la primera historia de El hombre tranquilo, el libro que le daría fama internacional. Entre el resto de sus obra destacan The Road to Nowhere (1934), The Spanish Lady (1943), A Strange Woman’s Daughter (1954) y Danger Under the Moon (1956). Maurice Walsh fue un destacado nacionalista irlandés, algo que se refleja en todas sus obras. A su funeral asistió el por entonces presidente de Irlanda, Éamon de Valera, autor de la Constitución irlandesa.


EL Hombre Tranquilo, la película:

Aconsejo a quienes tengan interés en conocer más sobre esta adaptación a la gran pantalla ver el programa que dedicó el gran José Luis Garci a ella, en su estupendo espacio Qué grande es el cine, del que yo siempre he sido una fiel seguidora mientras estuvo en emisión. Os dejo el primero de los seis vídeos del programa, que enlaza al resto de ellos.


miércoles, 15 de abril de 2020

RESEÑA: "ALMAS Y CUERPOS", DAVID LODGE

Fuente: Undine von Reinecke


Ficha Técnica:

Editorial: Impedimenta

Traductor: Mariano Peyrou

ISBN:978-84-17553-38-8

Encuadernación:Rústica

Formato:13 x 20 cm

Páginas:392

PVP:23,50 €

 

 

Sinopsis de la Editorial:

Una trama magistral que reflexiona sobre las contradicciones que asolan al ser humano en su búsqueda del sentido de la vida, y que expresa su eterna pregunta: ¿hasta dónde se puede llegar?

Década de los sesenta: un grupo de jóvenes católicos ingleses educados en la fe, la castidad y la «inocencia espiritual» ven flaquear sus creencias en plena revolución sexual: Michael, atormentado por la culpa; Polly, de gran apetito sexual; Dennis y Angela, la viva imagen de la rectitud cristiana; Adrian, intransigente y heroico; Violet, hundida en la depresión; Ruth, que nunca parece interesarles a los chicos, y Miles, que lleva años esperando a que le gusten las mujeres, son un ejemplo de los miles de estudiantes que sufrieron en sus carnes el dilema entre virtud y pecado. No es una época fácil para mantenerse fiel a las costumbres y la tradición. Por un lado, están el sexo y la píldora; por otro, la Iglesia tradicional. El deseo carnal y el mundo moderno entran en conflicto con la vergüenza de decepcionar a Cristo y el miedo al infierno. Almas y cuerpos, ganadora del Premio Whitbread, retrata, con un ingenio afilado, la transformación social que se produjo tras el Concilio Vaticano II y la encíclica papal contra la anticoncepción.

 


Propuesta musical para este libro:

 

The Beatles - Love Me Do



Lo que Undine piensa del libro:


<¿Qué podemos saber? ¿Por qué tiene que

 haber algo siquiera? ¿Por qué no la nada?

¿Qué debemos hacer? ¿Por qué hacer lo que hacemos?

En última instancia, ¿por qué y ante quién somos responsables?

¿Qué podemos esperar? ¿Por qué estamos aquí?

¿Cuál es el significado de todo esto?

¿Qué nos dará el valor para enfrentarnos a la vida y

Qué nos dará el valor para enfrentarnos a la muerte?>

Hans Küng, Ser cristiano

 

No, no es mía la elección de la cita, sino de David Lodge. Así da inicio a su novela How far can you go? (1980), publicada recientemente por la editorial Impedimenta como Almas y cuerpos. Y pese a ser fortuito el momento en el que he leído el libro, las cuestiones que plantea este pasaje parecen premonitorias en la actualidad de nuestros días.

Comienzo a escribir esta entrada del blog el lunes de Pascua de Resurrección del año 2020. La Semana Santa ha finalizado y en ninguna ciudad española los pasos procesionales han visto las calles. La terrible pandemia  que asola nuestro planeta ha conseguido lo que ninguna otra fuerza enemiga logró nunca antes, frenar el ardor religioso y espiritual que los miembros de la Iglesia Católica manifiestan públicamente cada año para conmemorar la Pasión de Cristo.

Conocí  a David Lodge por casualidad, ya lo he comentado con anterioridad, un reto literario me obligaba a leer una trilogía; y como nada de lo que encontré me seducía lo bastante, decidí probar suerte con este autor y su Serie del Campus. Una obra llena de humor y segundas intenciones, que diseccionaba el mundo académico británico y norteamericano con gran acierto, y satirizando sus propias experiencias. Desde aquel feliz día de mi descubrimiento he leído todo lo que caía en mis manos de Lodge, no puedo evitar mi atracción por sus trabajos.

¿Os habéis preguntado cuál es la fuerza magnética que os lleva a afirmar vuestra absoluta rendición o pasión por algún escritor? Y en tal caso, ¿habéis conseguido dar respuesta a esa cuestión? Yo sí, y he resuelto el enigma al leer el párrafo final de Almas y cuerpos, que paso a transcribir, puesto que no desvela ninguna trama argumental del libro:


<Mientras escribo este último capítulo, el papa Pablo VI murió y fue sucedido por Juan Pablo I. Pero, antes de que me diera tiempo a mecanografiarlo, Juan Pablo I también murió. Entonces eligieron a Juan Pablo II, el primer papa no italiano en cuatrocientos cincuenta años: era polaco, poeta y filósofo; lingüista, atleta, un hombre del pueblo, un hombre del destino, fue elegido de un modo trágico y se hizo popular de inmediato; (…)>


Recuerdo este momento de la historia como si fuera ayer mismo,   tal y cómo lo cuenta David Lodge, aunque yo era una niña de muy corta edad y a lo que me dedicaba era a estudiar EGB y a jugar al baloncesto. Cuando recibí la noticia de que Juan Pablo II había sido nombrado papa, mis compañeras de equipo y yo estábamos finalizando un entrenamiento de baloncesto cuando irumpió la secretaria del colegio en la cancha corriendo con tacones y gritando: “¡Tenemos papa!”. Las risas entre nosotras se extendieron, la hilaridad del momento era enorme al ver a un adulto adoptar una actitud tan cómica. Aunque a nadie sorprendió este alarde de sentimentalismo, pues el ambiente de expectación y nerviosísimo era profunda tanto en el colegio como en la mayoría de nuestros hogares. La cúpula católica superaba así un momento de crisis y cerraba filas junto a un papa al que se denominó “viajero”, por sus múltiples viajes de apostolado por el mundo, toda una novedad; como por las modernas imágenes que las televisiones emitían del prelado de Cristo en la tierra esquiando. El mundo estaba cambiando y aunque sin duda alguna la vida ya distaba mucho de lo que nuestros padres habían vivido en su juventud, las consecuencias de la educación en la España de la postguerra aun hacían mella. Todos los que crecimos en los ochenta y fuimos educados en colegios religiosos vivimos nuestra adolescencia rodeados de los prejuicios, casi siempre asociados con el sexo, que calificaban peyorativamente a las personas que decidían ejercer su libertad de diferente manera a la que se había considerado correcta hasta la fecha. Y si bien nuestro sentido común nos indicaba que en muchas ocasiones era injusto y retrógrado señalar con el dedo a la persona que se atrevía a dar un paso al frente, atreverse a ser valiente no era tan fácil. El sentido de culpa permanente que iba asociado a nuestra educación se había instalado en nosotros, y aunque finalmente la mayoría nos deshicimos de los preceptos innecesarios para el crecimiento del individuo, en el fondo un poso de duda con respecto a cualquier cuestión moral siempre toca la campanilla en nuestra conciencia.

Por ese motivo he encontrado francamente interesante leer Almas y cuerpos, una novela que aborda este mismo tema: la culpa y sus consecuencias en la vida de las personas. Un título que nos lleva a la Inglaterra de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo XX, y que comienza así:


<Son poco más de las ocho de la mañana en un oscuro día de febrero del año de gracia de 1952. La depresión atmosférica se ha aliado con el humo del carbón de un millón de chimeneas para cubrir Londres con una espesa cortina. Una fría llovizna cae sobre las calles estrechas y anodinas que se extienden al norte del Soho y al sur de Euston Road. Pero, a juzgar por el oscuro interior de la iglesia de Nuestra y San Judas, un edificio neogótico de piedra gris que se apretuja entre un banco y un almacén de muebles, podría seguir siendo de noche. El amanecer invernal se revela demasiado débil como para penetrar los vitrales, revestidos por una segunda y una tercera capa de hollín y de guano respectivamente; representan escenas de la vida de Nuestra Señora con San Judas, patrón de las causas perdidas, que destaca en primer plano mientras ella asiste a su propia coronación en el cielo.(…)>
 

Este lúgubre lugar y oscuro momento del día son los elegidos por David Lodge para presentarnos a los protagonistas del libro: Un grupo de estudiantes universitarios católicos, que contraviniendo las costumbres del resto de sus compañeros de generación, inician su jornada en el más absoluto ayuno, para poder comulgar en misa sin caer en pecado. Son una pandilla  de muchachos y muchachas que asisten a un grupo de catequesis impartido por un sacerdote joven de la parroquia, quien los instruye en los preceptos católicos y contra las tentaciones del mundo moderno. Todos ellos intentan cumplir con las leyes de la Santa Madre Iglesia con gran esfuerzo, y en contra de sus múltiples dudas humanas y espirituales. En el grupo  encontramos todo tipo de problemas existenciales propios de jóvenes de su edad: un chaval que se cuestiona su sexualidad, otro a quien obsesiona su apremiante necesidad de masturbarse, una chica a quien le gusta lucir su sexualidad, otra a quien su físico poco atractivo le hace plantearse ingresar en un convento, una pareja que comienza su noviazgo obligados por un primer beso, otra más a quien su educación recibida en un colegio de monjas le ha ocasionado problemas psicológicos, etc.  Como veis, un grupo heterogéneo de común existencia en cualquier lugar y tiempo, pero que en este caso tiene que lidiar además con su problemática obligado por las rigurosas leyes católicas de la época, en la sociedad cambiante y aperturista británica.

La novela nos llevará a conocer las vidas de todos los personajes que encontramos en la misa que inicia el libro. Nos mostrará cómo crecen emocionalmente, cómo se emparejan, cómo viven su sexualidad, cómo afectan todos estos factores a su mundo profesional, social y familiar. Y todo ello a lo largo de tres décadas, comenzando en el mes de febrero de 1952, momento en el que Isabel II sube al trono, y finalizando en 1978, cuando Juan Pablo II es nombrado papa; asociándolo además a la historia real de la Iglesia católica durante este periodo de tiempo. Nos contará cómo los preceptos eclesiásticos  influyeron en los católicos británicos, que veían con curiosidad y envidia las ventajas de quienes vivían al margen de su fe.

Almas y cuerpos es un interesante documento histórico y social de una generación. Una novela escrita por su autor desde la experiencia de un católico convencido en la época que se narra, cuando él mismo era joven, como los protagonistas de la novela. Y pese a no ser autobiográfica, refleja en ella sus vivencias y observaciones, cuestionándolo absolutamente todo, tanto el mundo católico como lo que rodeaba a éste. Obligaciones y ventajas de ser o no creyente.


<¿Por qué lo hacen?

No se trata del sentido del deber, ya que los católicos solo están obligados a ir a misa los domingos y en las fiestas de guardar (…)

(…)Entonces, ¿por qué lo hacen? ¿Acaso sienten una atracción inexorable hacia la virtud? ¿Veneran la Verdadera Presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento? ¿Vienen por hábito, por superstición o porque desean rodearse de un ambiente de camaradería? ¿O tal vez se trata de todas esas cosas juntas o de ninguna de ellas? ¿Por qué se encuentran aquí, y qué beneficio pretenden obtener?>


Un título en el que el autor se involucra personalmente, tratando de trasmitir al lector cada cuita y preocupación de los jóvenes de una generación, que veían con curiosidad, deseo y culpa todo lo relacionado con el sexo y la vida.


<Por favor, padre, ¿hasta dónde se puede llegar con una chica, padre?

La respuesta siempre era la misma, aunque se expresaba de distinta manera en cada ocasión: te lo dirá tu conciencia, hasta donde no te avergüence contárselo a tu madre, hasta el punto al que permitirías que otro chico llegara con tu hermana.>


Una generación educada en el miedo al infierno y en constante búsqueda de la salvación eterna para la otra vida, y que descuidaba su felicidad en la Tierra.


<Era como jugar a la oca: el pecado te enviaba directamente al pozo; los sacramentos, las buenas acciones, los actos de automortificación, te permitían avanzar hacia la luz. Todo lo que hacías o pensabas era sometido a una nueva evaluación espiritual. Podía ser bueno, malo o neutral. Solo ganaban el juego aquellos que eliminaban lo malo y conseguían convertir en algo bueno la mayor cantidad de cosas neutras posibles.>


Un libro escrito con gran ironía, que hace patente el gran sentido del humor del estilo de Lodge, pero que en este caso va progresivamente abandonando las risas, dejando cierto regusto ácido en el lector, inducido por los acontecimientos que se relatan en la trama. Pese a ello, la sonrisa es inevitable en muchos momentos de gran ingenio narrativo.


<Le resultaba muy difícil creer que, si muriera durante ese acto (y se representaba muy vívidamente la escena: lo descubren en la cama, paralizado por el rigor mortis como una estatua de yeso, con la mirada fija en el techo y el miembro hinchado todavía en la mano), sufriría un castigo eterno idéntico al de, por ejemplo, Hitler. (De hecho, no hay ninguna garantía de que Hitler se encuentre en el infierno; es posible que llevara a cabo un acto de contrición perfecta un micro segundo antes de apretar el gatillo en su búnker de Berlín.)>


Una hilaridad que acompaña las escenas juveniles de nuestros protagonistas, en las que más de un lector se verá reflejado, que irán tomando carácter más serio según avanza la historia cuando los problemas que aborda se complican: las relaciones prematrimoniales, el control de la natalidad y sus complicaciones con la prohibición de los métodos anticonceptivos para los católicos, que trajeron más de un embarazo no deseado y problemas adicionales, que dificultaban  e impedían las relaciones de pareja satisfactorias y sanas.


<En 1974, durante una cena bien regada de vino, Dennis describiría su cortejo como “la sesión de preliminares más larga de la historia de la sexualidad humana”. Se refería a la infinita lentitud con la que Angela le fue dando permiso para tocarla a lo largo de los años, una lentitud comparable al curso de las épocas y los siglos.>


Si a todo lo anterior añadimos que los protagonistas vivían en el país en el que se inventó la minifalda, pionero en el divorcio desde que Enrique VIII se encaprichara de Anna Bolena, las tentaciones y comparaciones hacían de ellos los católicos más desgraciados sobre la faz de la Tierra.


<Los italianos toleran el adulterio y los prostíbulos porque no pueden divorciarse -dijo ella-. Los católicos ingleses se han quedado con lo peor de ambos mundos. No es de extrañar que estén tan reprimidos.>


Una novela que se cuestiona absolutamente todo lo que dictaba la vida de los católicos antes de la apertura: el poder de la oración, el sexo como único fin de procrear y la infalibilidad de los preceptos eclesiásticos en general, que impedían a su fieles llevar una vida libre y al margen  de toda culpa. Algo que ya hicieran en su momento el gran Graham Greene, autor al que se cita innumerables veces durante el libro, y el inigualable Evelyn Waugh, autores que junto a David Lodge forman el gran triunvirato de escritores católicos británicos. Literatos que supieron retratar la frustración y contradicción humana provocadas por una fe exigente que a veces pedía demasiado a su fieles, pero siempre desde el respeto.


<Estiró el brazo por debajo de la mesa y le tomó la mano con fuerza, embargado de una melancolía digna de Greene. “La lealtad que todos sentimos hacia la tristeza, la sensación de que ese es el lugar al que pertenecemos en realidad”, como decía uno de sus pasajes favoritos de El revés de la trama.>


Una novela con una apasionante historia, como lo es la vida misma, que nos llevará a conocer a sus protagonistas tan profundamente como si fuéramos miembros del grupo de amigos que conforman. Una narración de brillante maestría narrativa, con parones argumentales en los que Lodge habla directamente con el lector, para puntualizar datos históricos y dar matices de opinión; licencia poética que, desde mi punto de vista, justifica y aumenta el valor del texto. Un documento escrito que por otro lado muy bien podríamos tratar de ensayo.

Un título en definitiva interesantísimo, del que se podrían extraer multitud de citas brillantes, que ayudan a comprender la idiosincrasia de un sector importante de la población británica, que vivió la transformación  social paralelamente al resto de sus conciudadanos, y que ve con escepticismo los cambios necesarios para sanear una Iglesia que no terminaba de encajar en la sociedad   que iba afrontar la década de los ochenta.

Hoy muchos años después de que se publicara por vez primera Almas y cuerpos (1980) el mundo está irreconocible. Los tiempos modernos, el acceso a la cultura y la globalización han conseguido ofrecer libertad de pensamiento y de obra a la inmensa mayoría del llamado Primer Mundo, pero también ha traído otros problemas, el último lo estamos padeciendo. Este acontecimiento te hace cuestionarte absolutamente todo; especialmente saber dónde colocar los límites de nuestro proceder. Pese a ello, siempre he creído en la libertad acción. Una independencia que debe cimentarse en una buena educación basada en el conocimiento y el respeto mutuo. La libre expresión, la comprensión y el perdón son básicos para el funcionamiento del mundo, sin ellos nos será imposible conseguir la armonía y el miedo se apoderará de nosotros sin remedio.


 

<El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar.>

Francisco de Quevedo

 


Undine von Reinecke

 



El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial Impedimenta


David Lodge nació en Londres en 1935, en el seno de una familia católica muy tradicional.

La Segunda Guerra Mundial marcó profundamente su infancia, ya que durante el conflicto su madre y él fueron evacuados a Surrey y a Cornualles. Se licenció en Letras por el University College de Londres y se doctoró en la Universidad de Birmingham, donde enseñó en el Departamento de Inglés desde 1960 hasta 1987, fecha en la que se retiró para dedicarse exclusivamente a la literatura. Toda su obra de ficción se caracteriza por sus fuertes tintes autobiográficos, hecho que ya se refleja en su primera novela publicada, The Picturegoers (1960), en la que retrata la vida de una familia católica afincada en el sur de Londres. Su narrativa suele satirizar la vida académica, como en la Trilogía del campus, compuesta por Intercambios(1975), El mundo es un pañuelo (1984) y Buen trabajo (1988), de las cuales las dos últimas fueron finalistas del Premio Booker. También destacan Fuera del cascarón (1970) y ¿Hasta dónde puedes llegar? (1980), ganadora del Premio Whitbread y que Impedimenta publicará próximamente.

 

Asimismo, Lodge ha escrito biografías noveladas de escritores notorios: ¡El autor, el autor! (2004), que indaga sobre la vida y obra de Henry James, y que gozó de una amplia resonancia entre la crítica y el público; o su última novela, Un hombre con atributos (2011), que analiza la vida y amores del novelista H. G. Wells. Lodge también ha realizado importantes aportaciones en el ámbito de la teoría y la crítica literaria, y es autor de uno de los manuales de referencia en este género: El arte de la ficción (1992), un compendio de artículos en los que analiza los mecanismos narrativos de grandes obras de la literatura. Igualmente, su actividad se ha extendido a la escritura de guiones para televisión y obras teatrales.

 

David Lodge es miembro de la Real Sociedad de Literatura y ha sido nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico y Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres en Francia. Actualmente reside en Birmingham, donde sigue escribiendo.

 

Más sobre el autor:

Aconsejo leer este interesantísimo artículo firmado por David Lodge, en él explica la creación de dos de sus novelas llamadas católicas: la que hoy reseño, Almas y cuerpos (How far can you go, 1980), y la que precedió a ésta en temática, La caída del Museo Británico (1965), editada en España por Anagrama. Un documento estupendo para conocer al autor y su obra más comprometida.

https://www.lrb.co.uk/the-paper/v03/n10/david-lodge/a-catholic-novel

 


miércoles, 8 de abril de 2020

RESEÑA: "EL REGRESO", JOSEPH CONRAD

 

Fuente: Undine von Reinecke



Ficha Técnica:

Editorial: Funambulista

Colección: Clásicos del Fondo

Traducción y postfacio: J. M. Lacruz Bassols

ISBN: 978- 84-94238-06-2

128 páginas

Tamaño:  12 x 20 cm.

Precio sin IVA: 13,46 €

Precio con IVA: 14 €

 

Sinopsis de la Editorial:

Un hombre vuelve del trabajo al hogar y se encuentra una carta de su mujer anunciándole que lo abandona. Pero al poco ella regresa a casa. Ésta es la trama, desnuda y descarnada de este libro. «El regreso», incluido en el libro Cuentos de inquietud (1898), insólita obra de Joseph Conrad por su intimismo y el decorado «a puerta cerrada» en que se desarrolla, presenta un doble interés, psicológico y social. La tensión mental extrema de una pareja al borde de la ruptura, su crispación y su reserva, son el eje sobre que el que gravita este drama de la vida burguesa. En todo momento el malestar alcanza al lector de este «anticulebrón» (convertido en una bellísima película dirigida por Patrice Chéreau, con Isabelle Huppert, que obtuvo el premio de interpretación en Venecia) acerca del cual Ford Madox Ford escribió: «Es un historia de incomprensión conyugal casi obscena que sólo nos atrevemos a mirar como a hurtadillas, en secreto…».

 

 

Propuesta musical para este libro:

 

Edward Elgar: Concerto for violin and orchestra, Hilary Hand


Lo que Undine piensa del libro:

Cuando se cumplen tres semanas de obligado confinamiento para todos, en el caso de mi familia algunos días más, el cansancio, nerviosismo y malestar se acumulan, aunque hagamos todo lo posible por soslayarlo. En este ambiente opresivo que trata de vencernos, es inevitable que el contacto normal de la convivencia de paso a roces que jamás se hubieran producido en el transcurso normal de la vida. Y pese al anonimato del que muchas veces gozamos en el vecindario donde vivimos gracias a los tiempos modernos, es frecuente en el momento actual que escuchemos voces  de elevado tono, que hasta el día de hoy no conocíamos. Los vecinos nos recuerdan con sus llamémosles, “entusiastas conversaciones”, que pese a nuestro aislamiento no estamos solos.

El ser humano es un ser social, es un hecho, necesita comunicarse. Pero también precisa de un espacio propio y privado, para poder desarrollarse y crecer día a día. Decidiendo a la postre si quiere o no compartirlo con las personas que lo rodean. Cuando las circunstancias no son propicias para que se de esta anhelada y necesaria privacidad que nos hace sentir seres libres, es entonces cuando aflora la verdadera personalidad de cada uno de nosotros. Una reflexión que, aunque obvia, he visto de cerca estos días al disfrutar de una peculiar obra del aclamado escritor Joseph Conrad. Se trata de El regreso, una novela que se sale de lo corriente en la producción de su autor, muy alejada de los libros que denominó Javier Marías como "marinos", y que viene a explorar la intimidad de una pareja londinense, oprimida por las reglas sociales y su propia limitación emocional. La novela comienza así:


<El tren de cercanías procedente de la City surgió impetuoso del negro túnel y, con un fuerte chirriar de las ruedas, se detuvo en la oscura y humeante estación de West End. Se abrieron una tras otra las compuertas de los vagones, dando paso a una multitud de viajeros; bajo los sombreros de copa aparecían unos rostros más bien pálidos de personas sanas, que llevaban abrigos de tonos oscuros y botas lustrosas. Con las manos enguantadas sostenían delgados paraguas y los diarios de la tarde, doblados con apresuramiento, que parecían trapos apelmazados de un color entre blancuzco, rosa y verde. Junto con los demás salió Alvan Hervey, con un puro medio apagado en la boca.>
 

Como vemos, el pasaje inicial nos introduce en un mundo donde el ritmo y el tiempo son importantes; más parecido a las distopías venideras que a las novelas victorianas. Un recurso constante en la novela, que en este caso utiliza Joseph Conrad para constatar la pertenencia de  Alvan Hervey a esa clase burguesa acomodada, que quiere retratar y criticar en El regreso. Pero, conozcamos la peculiaridad de su historia.

Alvan Hervey es un caballero británico de clase media alta. Un hombre afortunado en sus negocios, que le han proporcionado una buena posición económica y el acceso a un círculo social selecto. Un universo de orden establecido, donde las reglas jamás se cuestionan ni se osa trasgredir. Nuestro caballero protagonista está casado con una bella dama de su elección, la cual cumple a la perfección los cánones que se exigen a toda fémina que ocupa un lugar distinguido: acompaña dócilmente a su marido, asiste a las reuniones sociales, conversa correctamente en público, patrocina actos benéficos, etc. Todo parece perfecto en la vida de este matrimonio, que vive con orden rítmico el transcurso de su vida en común.

Pero un día, al retornar a casa después de un día de trabajo, Alvan Hervey descubre una carta manuscrita por su mujer, donde le indica que le abandona. En ese momento, las palabras que descubren las circunstancias de su marcha atacan profundamente la conciencia y los credos de nuestro protagonista; todo su mundo se derriba llevándole a rozar el infierno emocional al no entender lo sucedido, y al exponerle al ridículo social. No obstante, pocas horas después, su esposa regresa a casa. Es entonces cuando la acción comienza verdaderamente con  un interrogatorio vehemente a su esposa, y hacia sí mismo. Una batalla psicológica cuyo punto álgido se alcanza al llegar al pasaje final.

El regreso es un magistral relato escrito por Joseph Conrad, que se incluyó en el libro de Cuentos de inquietud publicado en 1898. Una bravísima narración de marcado carácter psicológico y humano, donde se exploran las relaciones humanas y de pareja. Una crítica sociológica a las superficialidad de las costumbres y reglas, que marcaban la vida de parejas y familias de ciertos núcleos privilegiados de la Inglaterra de su época, en los destacar sobre el grupo se consideraba fuera de lugar; una agresión a todo decoro.


<Él se consideraba de buena familia, culto e inteligente, pero ¿quién no se considera así? Sin embargo su familia, su educación y su inteligencia eran rigurosamente idénticas a las de los hombres con quienes hacía negocios o con los que se divertía.>
 

Un mundo donde elegir pareja era un negocio acordado en la mayoría de ocasiones, y que no dejaba espacio al amor ni a la cordialidad. Donde la falta de diálogo impidía las relaciones de mutuo conocimiento, anteponiendo los requerimientos sociales a los personales, y dificultando el desarrollo humano, individual y de pareja. El germen propicio para generar una atmósfera asfixiante, que hacía perecer cualquier relación antes de comenzar.


<La muchacha era robusta, alta, de pelo claro y, a su juicio, de buena familia, culta e inteligente. Se aburría mortalmente en casa, donde su personalidad, de la que tenía plena conciencia, estaba apresada en un espacio reducidísimo y no lograba desplegarse.>
 

El autor se vale de un dominio del lenguaje magistral y sorprendente, que le llevó a ser considerado por muchos como el mejor profesional en su campo, pese a no ser el inglés su lengua materna. Y así encontramos pasajes escritos con soberbia destreza, audacia y fluidez, que envuelven al lector requiriéndole leer la novela de un tirón.


< En esta serena región, en que se cultivan bastante los nobles sentimientos para disimular el despiadado materialismo de las ideas y de las aspiraciones, fue donde Alvan Hervey y su esposa vivieron cinco años de comedida felicidad, jamás perturbada por duda alguna sobre el justo valor moral de su existencia.>
 

Un estilo cargado de fuerza y pasión que capta la atención del lector, lo secuestra y lo maneja a lo largo del relato, haciéndole cambiar de opinión en múltiples momentos con respecto a los hechos que se relatan. Instantes protagonizados por tan sólo dos personajes, marido y mujer, que parecen cobrar vida en cada una de sus intervenciones, poseyendo al lector y sumergiéndole en su mundo sensorial. Parecen salir de la novela, dejando atrás al narrador.


< (…) A causa de esta ficción poética y sagrada, la deseó con vehemencia por diversos motivos, pero, sobre todo, debido a la satisfacción de imponer su propia voluntad.>
 

Un texto de gran tensión psicológica que eleva a Conrad al más alto estatus como narrador y conocedor del funcionamiento del cerebro y del corazón humano. Con bellísimos momentos pese al sufrimiento que describen. Una fábula intensa e inquietante, que transcurre en tan sólo unas pocas horas, y  que es un excelente ejemplo del género denominado "habitación cerrada".


< ¿Qué más daba lo que ella había hecho y dicho si el sufrimiento causado por sus actos y sus palabras facilitaban la clave del enigma? La vida es imposible sin fe ni amor, sin fe en el corazón humano, ¡sin amor por un ser humano!>
 

El regreso es en definitiva un nouvelle excelente para conocer, no sólo al Joseph Conrad autor, sino también al hombre, a ese individuo que exploró los mares como marinero y capitán de navío, pero que además fue un magnífico observador y estudioso de la condición humana, de la generalidad de su época y de las costumbres arraigadas en una sociedad caduca al que le quedaban los años contados. Un relato que a ratos me ha traído recuerdos de la mejor narrativa de Henry James, escritor con el que compartió amistad. Y que también me ha sugerido su posible influencia e inspiración, salvando las distancias, en la producción de la escritora Elizabeth von Arnim y más concretamente en su novela Un abril encantado, publicada en 1922.

No puedo finalizar esta reseña sin mencionar el estupendo postfacio del libro escrito por J. M. Lacruz Bassols, también traductor del mismo, que nos acerca a la obra del autor de manera sublime, y que nos desvela las impresiones que tuvo Joseph Conrad al escribir El regreso.

Y ya pongo punto final a esta entrada, queridos lectores. Sólo me resta aconsejaros que leáis el libro con la mente abierta, como lo hice yo. Eso os revelará mucho más de lo que cuenta: os acercará a vosotros mismos, a vuestro mundo interior; os hará reflexionar sobre la relativa importancia del éxito social en detrimento de la vida personal; os mostrará la destreza o falta de ella en vuestras relaciones íntimas. En definitiva, os hará ponderar con sinceridad lo que es realmente indispensable para vivir en paz y armoniosamente, pese a las dificultades del momento que estemos viviendo.


<Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos. > Martin Luther King

 


Undine von Reinecke

 

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Editorial Funambulista

Joseph Conrad (n. Józef Teodor Konrad Korzeniowski) nació en 1857 en la ciudad polaca de Berdcyczów, en la actual Ucrania. Su padre, un noble venido a menos, traductor de Shakespeare y escritor radical, fue arrestado y enviado a una prisión rusa cuando el joven Józef era todavía un niño. Con diecisiete años se enrola en la marina mercante francesa, experiencia que le permite recorrer medio mundo y que surtirá buena parte de su producción literaria. En 1878, tras un intento de suicidio, se enrola en un barco británico para librarse del servicio militar ruso. Servirá en la marina inglesa dieciséis años. En 1884 se nacionaliza británico adoptando el nombre de Joseph Conrad. En 1895 publica su primera obra, en lengua inglesa, La locura de Almayer. A ella seguirán obras maestras indiscutibles de la literatura universal como El negro del Narcissus (1897), El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900), Tifón (1902), Nostromo (1904) o El agente secreto (1909). También es autor de relatos notabilísimos, como El final de la cuerda que próximamente publicará Funambulista. Murió el 3 de agosto de 1924, de un ataque al corazón y fue enterrado en el cementerio de Canterbury.

Más sobre el autor:

Os invito a leer el magnífico documento firmado por Javier Marías, extraido de Vidas Escritas, y que podéis encontrar en el siguiente link:

http://www.javiermarias.es/VIDASESCRITAS/conrad.html

También he encontrado interesantes las biografías que seguidamente indico:

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Joseph Conrad

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/conrad.htm

https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/1002/Joseph%20Conrad