miércoles, 24 de febrero de 2021

RESEÑA: "Y LA NOVIA CERRÓ LA PUERTA", RONIT MATALON

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Traducción del hebreo de Ana María Bejarano

Tour de force, 27

Páginas: 152

ISBN: 978-84-120920-2-8

Fecha de publicación: 5 de febrero de 2020

P. V. P.:18,50 €


Sinopsis de la editorial:

El día de su boda, Margui se encierra en el dormitorio de su madre y declara que no se casará. La familia se reúne tras la puerta cerrada, sin saber qué hacer. Su madre, Nadia, perdió hace tiempo a otra hija en circunstancias que no están claras. Su abuela, que oye con dificultad, parece entenderla mejor que nadie. Ilan, un primo al que le gusta vestirse de mujer, se aferra a la abuela. Y luego está Mati, el novio desesperado, que trata de descifrar el silencio de su amada y entender por qué se niega a casarse con él. El problema no se resuelve con la llegada de los padres del novio y de una psicóloga especializada en novias que se echan atrás. Cuanto más tratan todos de convencer a Margui, mayor empatía siente Mati por ella y más convencido está de que su negativa debe respetarse. Pero ¿acaso significa eso que ella no lo ama? Tal vez esté rechazando las demandas sociales y familiares, en una suerte de rebelión femenina contra el papel que el mundo le ofrece.

 

Propuesta musical para este libro:


Mendelssohn: Lieder ohne  Worte Op. 67 - Nº 2

Daniel Barenboim


Lo que Undine piensa del libro:


<Yo soy una parte de todo aquello que he encontrado en mi camino.> Alfred Tennyson


24 de Febrero, último miércoles de mes, llegan una vez más las Reseñas Cruzadas. En esta ocasión, la lectura que hemos elegido Mrs. Hurst y yo se acoge a la premisa "Otras Literaturas". ¿Qué significa esto? Nada más fácil de adivinar, quiere decir que la novela escogida debe pertenecer a un campo de las letras que no solamos frecuentar que, en mi caso, suele estar casi siempre fuera de las occidentales; además el título seleccionado debe suponer un descubrimiento para ambas. Como habéis podido comprobar, la novela en cuestión se titula Y la novia cerró la puerta, de la escritora israelí Ronit Matalón. Debo confesar que desde que vi esa interesante cubierta evocadora de la maravillosa pintura de Marc Chagall, y leí la sugerente sinopsis de la contraportada, cuyo espíritu guardaba cierta similitud con una fascinante novela inglesa, Precioso día para la boda (1932), escrita por Julia Strachey, no puse oposición a mi empeño por leer esta novela, sino todo lo contrario. La idea de sumergirme en una historia escrita por una mujer judeo-egipcia perteneciente a la nueva generación de autoras que se abrieron paso entre sus colegas varones y la educación ancestral de aquel país para poder publicar me parecía sumamente interesante. La novela prometía.

De este modo, con la mejor disposición de mi compañera en este proyecto de las Reseñas Cruzadas, y obedeciendo escrupulosamente la premisa de no comentar nunca la novela entre nosotras, aceptamos Y la novia cerró la puerta con la mejores expectativas. Fue así como empecé a buscar información sobre literatura hebrea que me ayudara a entender el contexto donde surgió la narrativa de Ronit Matalon, ya que mis conocimientos sobre el tema se limitan a las obras escritas por autores de origen judío que desarrollaron o desarrollan su profesión en Occidente desde el siglo XIX.

De esta búsqueda lo más significativo que hallé es la profunda influencia religiosa que tuvo la literatura de este pueblo desde su origen, cuyos pilares culturales eran altamente moralizantes y filosóficos. También observé la diversificación de sus letras por el mundo debido a las diferentes diásporas sufridas por los hijos de Israel y por los judíos posteriores, que fueron expulsados de lo que se consideraba su patria ancestral, o de las  comunidades que habían construido por todo el mundo, siendo los textos procedentes de tierras hispanas e italianas los de mayor repercusión, además de los procedentes de Holanda, Alemania, Europa del Norte y Europa del Este ya en tiempos modernos, a partir del siglo XV. Ciertamente es apasionante conocer cómo se desarrolló el mundo cultural hebreo a lo largo de los siglos en las diferentes comunidades europeas, cada sociedad tenía su idiosincrasia y complejidad. Pero no sería hasta finalizar el siglo XIX que nació la literatura contemporánea hebrea, coincidiendo con el surgimiento de una conciencia nacionalista y las primeras aliyás protosionistas (asentamientos judíos en la antigua Tierra de Israel) que se vio su sueño cumplido en 1948 con el nacimiento del Estado de Israel. Desde aquel momento se declara oficial la lengua y queda amparada por diferentes organizaciones culturales y académicas.

Amos Oz (fuente: Wikipedia)
La literatura israelí está hoy por hoy considerada una de las más ricas por la diversidad de nacionalidades y lenguas que confluyeron en ella debido a su historia. De hecho, sus letras han dado nombres importantes tanto en el campo de la narrativa como de la poesía, entre los que destaca Amos Oz (1939/2018) quien recibió en 2007 el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y fue nominado al Premio Nobel en sucesivas ocasiones, cuyos textos exploran la problemática social de su país debida a las tensiones política, ideológicas e históricas. En cuanto al papel de la mujer dentro de este campo, en la vieja guardia podemos destacar la obra de Amalia Kahana-Carmon (1926/2019), escritora perteneciente a esa generación nacida en kibbutzs, que consiguió ganar el Premio Israelí de las letras, y como representante de las nuevas generaciones encontramos el nombre de Dorit Rabinyan (1972), novelista de reconocimiento internacional que protagonizó una controvertida polémica con ocasión de la publicación de su novela Gader Haya (2014), que contaba una historia de amor entre una mujer israelí y un hombre palestino.

En este contexto se sitúa la obra de Ronit Matalon (1959/2017). Escritora de ficción, ensayista y crítica literaria israelí, que trabajó impartiendo clases de literatura comparada en la Universidad de Haifa, al tiempo que ejercía como profesora de escritura de guiones en el Instituto de Cine Sam Spiegel. Pero antes de eso, esta polifacética mujer había cubierto como periodista para el periódico Haaretz los asuntos de Gaza y Cisjordania de 1986 a 1993. Matalon, procedente de una familia emigrante de Egipto, fue la única de sus hermanos que nació en Israel. No conoció a su padre, hombre educado y refinado, ya que les abandonó antes de que ella naciera porque se negaba a vivir en Israel como un Mizaji (descendientes de las comunidades judías del Medio Oriente y norte de África), en constante desventaja frente a los Ashkenazis (judíos que se asentaron en la Europa Central y Oriental), que gobernaban el país y controlaban tanto la vida social como la económica por aquel entonces. Esta circunstancia unida al entorno donde creció en un barrio marginal de Tel Aviv, en el cual su madre trabajaba como mujer de la limpieza para poder mantener a sus hijos, es a la que se puede atribuir el carácter del conjunto su obra, y en especial del título que inmediatamente paso a reseñar. Las vivencias que experimentó desde su infancia están muy presentes en el espíritu de Y la novia cerró la puerta. Los vocablos"Mizahi" y "Ashkenazis" sobrevuelan el texto como títulos nobiliarios que se reparten puntillosamente, para que no haya equivocación ninguna con respecto al papel que le toca interpretar a cada personaje.

La novela comienza así:

<La joven novia, que se había encerrado en completo silencio en el dormitorio de casa de sus padres hacía más de cinco horas, anunció finalmente lo que anunció, repitiendo tres veces su sorprendente declaración a través de la puerta cerrada, a la que se encontraban pegados cuatro pares de entregados oídos asaltados por el más grande de los temores.

-          No me caso, no me caso, no me caso.>


Pero, ¿qué podemos esperar en Y la novia cerró la puerta? Con respecto al argumento, no me extenderé en comentarios, ya que la sinopsis de la editorial es suficientemente explícita, si añadiera algo más, aparecerían los signos de puntuación. Quedémonos con la idea principal: día de la boda. La novia se encierra en su cuarto, la familia asustada intenta convencerla para que salga y se explique.

La autora presenta a sus personajes. Por un lado está la novia, una joven estudiante perteneciente a una familia Mizaji; la madre de ésta, una mujer viuda de limitados recursos; la abuela, una anciana algo demenciada que habla en la lengua de sus ancestros árabes; el primo, un joven al que le gusta vestir con ropas femeninas, que vive desde la infancia con su abuela en no muy buenas condiciones. Por otro lado tenemos a la familia del novio, estos pertenecientes a los Ashkenazis: el novio trabaja y es un estudiante brillante, la madre es una profesional con un cargo importante que trabaja para el Estado, y el padre es un hombre elegante que vive sus días de jubilado intentando solucionar los problemas de una herencia.

Con este cartel en escena Ronit Matalon construye una comedia de situación algo grotesca, cercana a veces a la tragedia, en la que todo gira aparentemente entorno al problema del encierro voluntario de la novia, y al posible problema acontecido entre la pareja que debería contraer matrimonio. Pero como sucede en todo texto nacido con intenciones sociológicas, ya sean ilustrativas o de carácter de denuncia, bajo ese aparente tema principal se esconden las preocupaciones que ocupan la conciencia de la autora. En este caso y en primer lugar, la eterna lucha entre los judíos de diferente origen; en segundo lugar, el papel de la mujer dentro de la sociedad; en tercer lugar, la problemática de la discriminación de género; en cuarto lugar, el terrorismo; y en último lugar el tema palestino en el momento actual.


<Todos los días, al mediodía, Nadia le compraba a Natali una golosina. Todos los días, desde que desapareció. Todos los días una nueva golosina.>

 

La escritora va desgranando poco a poco la historia al tiempo que deja caer allí y allá algún dato de la vida de los protagonistas en el contexto social, para que el lector comprenda quiénes son esos personajes, de dónde vienen y por qué se encuentran en esa situación. Para ayudarse, dibuja unas escenas, que a veces superan lo grotesco para adentrase en lo escatológico, en ellas los protagonistas confiesan al lector todas sus verdades. Especial mención merece en este sentido Mati, el novio, en sus reacciones con cada imagen que recuerda y le ayuda a reflexionar. Aquí no existe el glamur que suele acompañar las novelas románticas que terminan en boda, el lector encontrará el realismo puro y duro que suele rondar por las casas y barrios menos señoriales de todas las ciudades, sin que la etiqueta preocupe a lo cotidiano.


<Intentó rodearse con los brazos los hombros carnosos cubiertos por las ajustadas y pinchosas mangas de puntillas del traje de noche grisáceo que se había puesto para probárselo a petición de la peluquera, quedándose ya así vestida, mientras que se había despreocupado de los pies, que llevaba calzados con zapatillas de cuadros, las de invierno de cremallera por delante.>


Por otro lado, la autora se ayuda de un lenguaje coloquial, más o menos cuidado según el caso, para acentuar la personalidad de cada figura. Especial atención merece la abuela, a quienes todos apodan Subtuna, que significa nuestra abuela (mezcla en los idiomas árabe y hebreo, como bien nos cuenta Ana M. Bejarano en su interesante apéndice del libro). A este personaje, decía, le otorga el don de la sabiduría y el poder de hablar en su lengua ancestral. Comprobaremos cómo el papel que desempeña dentro de esta historia no es fortuito. Como tampoco lo es el trato que mantienen cada uno de los personajes entre ellos, cada pieza encaja una con otra a la perfección para entender el significado de cada mensaje. Cabe destacar a este respecto la relación entre Mati, el novio abandonado e Ilan, el primo de Margui la novia, las observaciones y sentimientos del primero con respecto al otro son reveladores.


<La tarde ya había caído casi por completo cuando Ilan reapareció finalmente y se cuadró ante ellos. Se había puesto el viejo uniforme de Margui (que había hecho estrechar a una costurera para adecuarlo a su delgadez)>


En cuanto a la trama, debo decir que no es diferente a la que podría esperarse de una novela con tal argumento, salpicada aquí y allá con alguna "viñeta" de surrealista comicidad. Durante el transcurro de la historia se suceden las diferentes escenas que se dan en situaciones de este tipo: la preocupación de unos por el agravio a la familia del otro, la humillación pública, el miedo social, las consecuencias económicas…Tan sólo la particular problemática de clase existente en Israel entre los ya mencionados Mizajies y Ashkenazis distingue esta historia. ¿No es cierto que todo lo que rodea la celebración de una boda conlleva y ha conllevado siempre la misma incertidumbre allende los mares? Todos podemos contar multitud anécdotas sobre el caso.

Pero volvamos a nuestra novela para enfocar ya el final de la reseña. Y la novia cerró la puerta no es una historia sorprendente por su originalidad, aunque se le debe conceder el honor de inventar, o eso creo, el negocio de psicólogos de urgencia que atienden a novias en crisis que deciden escaparse; tampoco es un texto donde poder encontrar un lenguaje de bella factura, aunque también es cierto que en él aparecen pasajes con preciosos versos; ni mucho menos pretende ser una compleja historia romántica de afectos y desengaños amorosos, aunque los haya. Y la novia cerró la puerta es un brevísimo ensayo novelado que habla de la mujer como pilar de una sociedad de origen ancestral, una declaración de intenciones en pro de la igualdad del entendimiento mutuo entre los individuos. Quizás este libro, desde mi punto de vista como lectora occidental, pueda resultarme poco novedoso, pero si tenemos en cuenta la azarosa historia del pueblo de Israel, en mi opinión, definitivamente aumenta su valor.


<Si quieres ascender por cuestas empinadas, es necesario al principio andar despacio.> William Shakespeare


Undine von Reinecke ♪


Os invito a visitar el blog Las Inquilinas de Netherfield👈 allí Mrs. Hurst os da su siempre interesante opinión.  ¿Coincidiremos esta vez?

Os espero el último miércoles de marzo para una nueva entrega de #Reseñascruzadas.


Proyecto Reseñas Cruzadas



 

La autora por la Editorial:

Fuente:worldliteraturetoday
Ronit Matalon (1959-2017) nació en Ganei Tikva (Israel), en una familia de origen judeoegipcio. Después de estudiar literatura y filosofía en la Universidad de Tel Aviv, trabajó como periodista para Israel TV y para el diario Haaretz, y cubrió la zona de Gaza y Cisjordania durante la Primera Intifada. En Haaretz también ejerció la crítica literaria. Profesora de hebreo y literatura comparada en la Universidad de Haifa, impartió seminarios de escritura creativa en esa institución, así como en la Escuela de Cine Sam Spiegel de Jerusalén. Dos de sus novelas están entre las más leídas en Israel en los últimos años y uno de sus libros infantiles se ha llevado al cine. Matalon recibió el Premio del Primer Ministro (1994), el prestigioso Premio Bernstein (2009), el Premio Neuman (2010), el Prix Alberto-Benveniste (Francia, 2013) y el premio EMET (2016). En 2010 se le otorgó un doctorado honoris causa por la Universidad Hebrea de Jerusalén.



 

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

RESEÑA: "UN CURA CASADO", JULES BARBEY D'AUREVILLY

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Editorial: Cátedra

Colección: Letras Universales

Edición y Traducción: Mª. Luisa Guerrero Alonso

Código: 120379

I.S.B.N.: 978-84-376-2242-2

Publicación: 31/05/2005

Clasificación IBIC: FC

Formato: Papel

Páginas: 480

P.V.P.: 20,40€

 

Sinopsis de la Editorial:

Las figuras de Jean Sombreval, el cura renegado poseído por el ansia del conocimiento científico, y de Calixte, como encarnación de la virtud y dotada de la fuerza de las mujeres pasionales que recorren las páginas de las obras del autor, no dejaron a nadie indiferente: Zola le reprochó haber escrito una «encendida defensa del celibato eclesiástico», mientras que el arzobispo de París prohibía su venta al público.

 

Propuesta musical para este libro:


Lo que Undine piensa del libro:


<Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.> Charles Baudelaire



Hoy, 17 de febrero de 2021, llego a París, gran orgullo del país galo, en mi periplo mundial tras los pasos de Phileas Fogg, para conocer qué ocurría en el panorama de las letras francesas cuando apareció en 1872 la primera edición de La vuelta al mundo en ochenta días. Al llegar allí, compruebo que el ambiente es de auténtica efervescencia social y cultural, los acontecimientos del siglo han dejado mella. 

Napoleón III (1853)
 Fuente:wikipedia

Con la llegada del régimen autoritario de Napoleón III en 1848 (Segundo Imperio), los ideales románticos caen en picado. La desilusión de los escritores que veían su pluma como un medio para difundir mensajes sociales en pro de una sociedad más justa deriva en el escepticismo y en un sentimiento de verdadera derrota. Tan sólo Víctor Hugo desde el exilio seguirá escribiendo en contra del régimen napoleónico y a favor de los derechos humanos. El panorama social es ahora más prosaico, los gustos y costumbres se han racionalizado, dejando atrás esa etapa mística y metafísica de la época romántica, para ceder paso a los encantos de las nuevas tecnologías. La mirada de la cultura es ahora científica y experimental. La burguesía se acomoda a esa nueva forma de vivir regida por las reglas de un capitalismo industrial ya solidificado.

1ª Edición. Fuente: Wikipedia

En el campo de la literatura, la consecuencia principal es la consolidación de la novela realista al publicarse en 1857 Madame Bovary de Flaubert, un estilo iniciado en plena época romántica por Balzac y Stendhal, y que derivará finalizando el siglo hacia el naturalismo científico de Zolá y Guy de Maupassant. En cuanto a la poesía, en este sector se inicia lo que se ha dado en llamar Posromanticismo, un estilo en el cual los poetas se refugian en su interior en busca de una nueva estética libre de excesos retóricos y efectistas del romanticismo. Obra principal de esta etapa es Las contemplaciones publicada por Víctor Hugo en 1856, a la que se ha considerado precursora del simbolismo y que es la culminación de su poesía cosmo-teológica, a la que llegó por su afición al espiritismo. Cabe destacar también el nacimiento del Parnasianismo, que tiene su origen en Téophile Gautier, un movimiento principalmente esteticista cuya única regla a seguir era la creación de belleza y el alejamiento de la vulgaridad mediante el uso de un lenguaje y una métrica muy cuidados y escenarios refinados. Del mismo modo fue importante la obra del llamado poeta maldito Charles Baudelaire, quien, al igual que los parnasianos, reclamó para la poesía esa técnica depurada y el uso de la imaginación, pero con un grado superior de intimidad y emotividad.

Este era el ambiente que se respiraba en las tertulias de los cafés y en los salones literarios de la época cuando se publicó en 1865 Un cura casado, obra del escritor Jules Barbey D’aurevilly (1808-1889), escritor y periodista francés casi relegado al olvido durante mucho tiempo por ser considerado maldito, pero al que hoy día se conoce como una de las voces literarias imprescindibles de su época. Defensor acérrimo de Balzac y Baudelaire, no tuvo miedo de criticar la obra del gran Víctor Hugo. En cuanto a su propia obra, se ha catalogado dentro del Romanticismo tardío, y en ella se concentran diferentes intereses: el dandismo, el catolicismo e incluso el satanismo aparecen reflejados al mismo tiempo en sus textos, creando atmósferas agitadas de carácter melodramático. Con referencia a sus tramas, el tema demoniaco está muy presente, ya que sostenía que este era un buen camino para llegar al conocimiento de Dios, sin duda estas ideas le fueron inspiradas influido por la reconversión a un catolicismo más férreo que experimentó durante su vida. Entre el total de sus obras, la más conocida y considerada es Las diabólicas (1874), una colección de seis relatos protagonizados por mujeres, donde la pasión y el crimen campean a sus anchas. Frente a la importancia de esta obra, he elegido Un cura casado, que también es significativa aunque menos conocida, por lo interesante del argumento, ya que las connotaciones autobiográficas de algunas cuestiones como el momento histórico, que determinó el destino de su famiia, el lugar donde la ubica y ciertos acontecimientos que relata me parecen de vital importancia  para conocer al autor y también las circunstancias socioculturales de un país que pasó en poco menos de cien años por tantos y tan grandes cambios sociales. Llegados a este punto, sólo me queda invitar a mis lectores a que me acompañen a conocer qué nos encontramos en Un cura casado de Jules Barbey D’aurevilly. La novela comienza así:


<El castillo del Quesnay, que es necesario que ustedes conozcan como un personaje -dijo Rollon-, ya que se trata del teatro de esta historia, había pertenecido desde la noche de los tiempos a la secular familia de ese mismo nombre. Estaba situado, porque ya no existe -y este relato les dirá por qué-, en la región más alejada, la más profunda de la baja Normandía.>


Un cura casado cuenta la historia de Jean Sombreval, un hombre nacido en la baja Normandía en el seno de una familia humilde de labriegos, que, seducido por el mundo intelectual, abandona la tierra y la profesión familiar para estudiar en el seminario. Brillante en sus estudios, es ordenado sacerdote y enviado a la capital francesa poco antes de estallar la Revolución. Pero los encantos de París y el ambiente intelectual le hechizan de tal modo, que renuncia a su vocación religiosa para dedicarse al mundo de la ciencia, entrando a trabajar en el laboratorio de un químico reputado que posee una gran fortuna. Con el tiempo, y guardando en secreto sus años como sacerdote, contrae matrimonio con la hija de su mentor, una muchacha de extraordinaria belleza y férrea fe católica. De esa unión nacerá una hija, pero poco antes de dar a luz la esposa de Sombreval conoce el falso proceder de su marido, que traicionó su compromiso con la Iglesia para dedicarse al paganismo de las ciencias. Horrorizada por tal sacrilegio y engaño, la joven muere tras dar a luz a una niña que nace con un estigma en forma de cruz en el rostro y una salud muy débil. Pese a esta desgracias, Jean Sombreval descubre que su amor por Calixte, la hija recién nacida, es equiparable o mayor que el que experimenta por la ciencia, y ofuscado por su negación de Dios, la educa muy lejos de la religión y en la ignorancia de la trágica muerte de su madre. Pero el destino o la providencia tenían otros planes para él, ya que al llegar a la adolescencia Calixte descubre ambas cosas y decide dedicar su delicada existencia a reconvertir a su padre.

Los años pasan y la línea entre la vida y la muerte de la joven es cada vez más fina. Jean, empeñado por encontrar una cura mágica que le devuelva la salud a su hija, decide volver a su tierra, comprar el castillo Quesnay, antigua casa solariega de los señores de la zona, e instalar allí su laboratorio, donde trabajará sin tregua día y noche.

Pero la llegada de Jean Sombreval, el infame cura casado, con su hija fruto del pecado no es bien recibida entre los habitantes de aquellas tierras, que les desprecian y no se dignan a tratar con ellos. Hasta que un día el destino hace que Néel de Néhou, hijo de vizconde y familiar de los Quesnay, se tope con ellos. Desde ese momento el joven cae irremediablemente hechizado ante la belleza y candidez de Calixte. ¿Será capaz el apasionado amor de Néel por Calixte sanarla, más allá de lo que la ciencia de Jean Sombreval pueda conseguir? ¿Será posible para Calixte devolver la fe a su padre? ¿Serán finalmente aceptados por la sociedad del lugar?

Un cura casado es una impresionante novela nacida en tiempos realistas, pero de espíritu vehementemente romántico. La obra está ubicada en la baja Normandía, tierra que vio nacer al autor, gran conocedor de su esencia y de sus gentes. La historia se remonta hasta los tiempos en que la Revolución Francesa llamaba a la puerta, y finaliza en la época napoleónica de las grandes batallas europeas. Este espacio temporal no está elegido al azar por el autor, ya que de él se sirve para describir los cambios sociales, culturales y religiosos que tuvieron lugar con la caída de la monarquía absolutista, la instauración de la Primera República y finalmente la subida al poder de Napoleón. Un periodo de tiempo que marcó el destino de la nación, en el cual la aristocracia perdió sus privilegios, dejando el campo libre a la burguesía, que aprovechó dicha circunstancia. De este contexto se sirve el autor para presentar a su protagonista Jean Sombreval, el cura casado, un individuo que debido a las eventualidades de su vida consigue salir de la pobreza y ocupar el lugar de privilegio que tenían los grandes señores en otra época.


<Pero una sensación de repugnancia, quizás debida a una solidaridad de casta, a pesar de que el espíritu de casta ya estaba desintegrado en aquella época, como tantos lazos sociales, impidió que los nobles de la zona acudieran a esta subasta de las velas -tipo de venta cuyos formalismos son en parte el enorme y sombrío testimonio de la ruina que constata.>


Pese al paso del tiempo y a los cambios sociales que llegaron con él, la atmósfera imperante era de intolerancia y resentimiento entre las gentes humildes debido a la incultura generalizada, y a la herencia que las supersticiones de la tradición folclórica y la religión habían implantado.


<Era de la zona; pero todos los que lo volvieron a ver, tras una ausencia tan larga, no pudieron nunca explicar el temerario e insolente retorno de un hombre monstruosamente tarado y ¡cuyo apellido llevaba de aquí para allá el Horror y el Espanto!>


En un ambiente semejante era de esperar que un individuo que renegara de su vocación religiosa para dedicarse a la ciencia y la razón, símbolo de los nuevos tiempos tras la Revolución, y que además se casara y procreara, fuera visto como un ente demoniaco, no sólo entre las gentes sencillas, sino también entre la aristocracia superviviente al Terror que veía con odio a aquellos que les recordaban todo lo que habían perdido. El autor aprovecha esta temática de la novela para atacar subliminalmente a sus contemporáneos que se conformaban con una sociedad más prosaica, alejados, desde su punto de vista, de los ideales estéticos y sociales de un pasado más glorioso


<Lo tenía tan atrapado la ciencia que no lo dejaba bajar al candente ruedo de la política. El padre Sombreval siguió en París -el París de Marat, de Fouquier-Tinville, el de las cabezas expuestas en las picas, el de los corazones aún calientes y estremeciéndose dentro de los ramos de claveles blancos-(…)>


En ese clima de odio e intolerancia siembra su historia el autor, hasta allí lleva a sus personajes principales: Jean Sombreval y Calixte, su hija fruto del pecado. Los instala en un castillo que más parece el ojo del infierno que una heredad aristocrática, y los exhibe ante las gentes del lugar para ser juzgados y vilipendiados. Pero como todo buen drama que se precie, también tiene sus héroes que lucharán por restaurar el honor perdido de los protagonistas, ya que comprenden la grandeza que estas víctimas de la vida guardan en sus atormentadas almas. Por un lado tenemos a Néel de Néhou, un joven aristócrata que cae rendido ante la humilde belleza de Calixte y ante la presencia e inteligencia del padre de ésta; por otro lado tenemos al sacerdote de la comarca, el padre Méautis, que ve en Calixte un alma pura cercana a la santidad y en su progenitor al pagano que debe salvar. Ambos simbolizan al héroe romántico por excelencia: Néel en su versión humana, el sacerdote en la divina. Dos pasiones contrapuestas que mantendrán una lucha encarnizada durante toda la novela.


<Néel veía su destino en aquella imagen. Había besado la mano del esclavo… “Moriremos -pensaba-, pero moriremos entrelazados…”>


Por otro lado, es importante destacar el papel de un personaje de la novela que representa el mundo de lo demoniaco, un tema omnipresente en la producción del autor. Me refiero a la Malgaigne, una anciana a medio camino entre la sabiduría y brujería, cuyas visiones marcarán el destino de esta historia. Las premoniciones de este personaje unidas a la pasión romántica de Néel y la devoción divina del padre Méautis forman un triángulo perfecto, alegoría de la búsqueda que lleva al conocimiento de Dios, un tema que obsesionaba al autor. Es importante indicar que la novela está repleta de innumerables símbolos alegóricos, que acentúan su carácter, imprimiéndole tensión y emoción, tanto argumental como conceptual.

En cuanto al estilo que emplea Jules Barbey D’aurevilly en su narrativa, debo decir que me ha impresionado por su riqueza intelectual. El autor se desborda en cada pasaje imprimiéndole sabiduría, virtuosismo y lirismo, a la par que demuestra su amplio conocimiento sobre el mundo clásico y el romántico, a los que cita constantemente. Tácito, Goethe, Beethoven, Lord Byron… Un mundo erudito de ensueño que sublima al lector apasionado que con intelectual agradecimiento perdona lo excesivo y rimbombante de algún fragmento.

En definitiva, y ya para encauzar el final de esta reseña, debo decir que he disfrutado plenamente de la lectura de Un cura casado, una obra que fue vilipendiada en su tiempo tanto por el mundo intelectual como por la Iglesia. En ella Jules Barbey D’aurevilly aborda de manera singular y muy particular, al igual que hacía con su extravagante vida, todos los temas que ocupaban las cabezas de los pensadores y esteticistas de su época: Religión, ética, ciencia, amor, devoción, celos, culpa…Un complejo mundo a caballo entre lo intelectual y lo espiritual de belleza inigualable que me ha devuelto la ilusión por investigar entre lo desconocido, entre las letras menos comerciales. Vista con la perspectiva de nuestros días, Un cura casado puede resultar una lectura algo chocante y cercana al desvarío pero, citando a aquel gran romántico:


 <La locura, a veces, no es otra cosa que la razón presentada bajo diferente forma.> Goethe

 

Nos vemos el 17 de marzo en Turín, queridos lectores.

 
Reto La vuelta al mundo en doce libros

Undine von Reinecke ♪

 

Con este título participo en:

Proyecto Mes del Amor 👈organizado por Laky en su blog  Libros que hay que leer

Cumplo la premisa de Clásico de 400 páginas o más, del reto Todos los clásicos grandes y pequeños (nivel 3) organizado en el blog de Las Inquilinas de Netherfield  👈

Añado otro título a mis lecturas para el reto Nos gustan los clásicos V Edición, organizado por el blog Un lector indiscreto👈

 

El autor por la Editorial:

Fuente: Wikipedia
Jules Barbey d'Aurevilly (1808-1889) fue educado en el seno de una familia de toga normanda y recibió una educación marcada por el rigor religioso y la moral. En vida fue para muchos de sus contemporáneos un personaje en continua pose. Su físico excéntrico y sus exagerados juicios y opiniones contribuyeron a hacer de él un individuo fuera de los parámetros oficiales. La dinámica provocación-reacción que subyace en su conducta y en su obra resulta ser un concentrado perfecto para estudiar la dinámica ideológica y estética de su siglo. Leer sus ficciones y ensayos permite realizar un apasionado y apasionante repaso por una compleja y profunda época. «Un cura casado», menos popular tal vez que «Las diabólicas», otra de las obras fundamentales del autor, concentra, sin embargo, de modo más claro el universo imaginario aurevilliano, emparentado con el Romanticismo de la decepción: ese rechazo furibundo de su momento histórico y la negación del futuro.

Biografía del autor (Fuente: Biografías y vida)👈

Jules Barbey d'Aurevilly  (Saint-Sauveur-le-Vicomte, 1808-París, 1889) 

Escritor francés. Miembro de una familia tradicionalista y monárquica, fue un excéntrico y un dandy en su vida social. Su obra presenta una mezcla de romanticismo exacerbado y de catolicismo ultramontano. Escribió unos 1.300 artículos sobre temas literarios. Algunas de sus novelas y de sus cuentos, ambientados en su Normandía natal, son memorables. Las diabólicas (1874) es su obra maestra.

Barbey d'Aurevilly se sirvió de un estilo depurado para crear una obra audaz y polémica, enmarcada dentro de la tradición literaria de los románticos. Estudió leyes en Caen, donde estuvo influido temporalmente por las ideas liberales. Luego, establecido en la capital, vivió una existencia disipada, entre gustos aristocráticos y refinamientos al estilo de Lord Byron, y colaboró en varias revistas; tras la quiebra de una sociedad industrial que arruinó a su familia, hubo de ganarse la vida modestamente en el periodismo.

Originario de una familia aristocrática y católica, integrado de buena gana en la sociedad burguesa y cercano a las clases aristocráticas parisinas, Jules d'Aurevilly adoptó la postura de un dandismo extravagante. Fue un defensor del catolicismo y de la Inquisición, más por sus implicaciones estéticas que por su significación moral. Creyente, tradicionalista y ferviente defensor de la monarquía, su retórica influyó en escritores como Léon Bloy, Georges Bernanos y Ramón del Valle-Inclán.

En sus novelas, que algunos críticos consideraron como un retorno al idealismo, cultivó una prosa sutil, provocadora y satírica, en la que mezcló elementos realistas y fantásticos. En la construcción de sus relatos trágicos logró fuertes efectos de contraste asociando la violencia de los sentimientos extremos con una fría descripción de los hechos. Aún vacilante en sus primeras novelas entre las influencias románticas, el documento realista y el "style artiste" de los Goncourt (El amor imposible, 1841; El anillo de Aníbal, 1843), su originalidad se fue concretando a partir de Una vieja dueña (1851).

Una mezcla idéntica de sensualidad y religión informó sus obras sucesivas: La hechizada (1854), El caballero de Touches (1864), Un cura casado (1865) y los célebres cuentos reunidos en el volumen Las diabólicas (1874), que fue condenado y recogido. Jules Barbey d'Aurevilly se defendió alegando querer únicamente "asustar al vicio con la descripción de escenas reales en todo su horror", y volvió sobre los mismos temas en Una historia sin nombre (1883) y Lo que nunca muere (1884). De su obra ensayística destacan El dandismo y Jorge Brummel (1845), y sobre todo Obras y hombres del siglo XIX (1861-1865), una serie de estudios literarios y dramáticos en la que demostró su agudeza y perspicacia crítica.

Dos mujeres le amaron: Madame de Bouglon, católica ferviente que le curó del alcoholismo, y la atea Louise Reid, la cual le asistió con gran paciencia. Léon Bloy le hizo objeto de un verdadero culto. El favor del público aumentó en sus últimos años gracias a los simbolistas, quienes sobrevaloraron el mérito de las alucinantes transfiguraciones que en sus páginas se manifiestan.

 


 


miércoles, 10 de febrero de 2021

RESEÑA: "LA INFELIZ", IVÁN TURGUÉNEV

 

Fuente: Undine von Reinecke


Ficha Técnica:

Editorial: Ediciones Invisibles

Colección: Pequeños placeres

Número de la colección: 9

Traducción: Marta Rebón

Fecha de publicación: 15/01/2021

ISBN: 978-84-122279-0-1

Formato: 11,5 x 18

Páginas: 216

Encuadernación: rústica con solapas

PVP: 16.00 €


Sinopsis de la Editorial:

En el Moscú más elegante y refinado, un joven queda prendado de la enigmática Susanna Ivánovna, hijastra de un despótico profesor de música. Necesita saber más de ella y entender las trágicas circunstancias por las que se encuentra sola y desamparada entre extraños, como «una paloma blanca en una bandada de cuervos negros». El amor más trágico y las pasiones más oscuras brillan con luz propia en la exquisita prosa de Turguénev.

 

Propuesta musical para este libro:

 

Lo que Undine piensa del libro:


<Nada es constante en este mundo sino la inconstancia.> Jonathan Swift


Es curioso cómo el destino a veces hace confluir las cosas. Justo hace un año os hablaba del precioso relato Dos amigos (👈reseñaescrito por Iván Turguénev, en un texto dedicado al amor en la semana de San Valentín. Os contaba cómo este maravilloso autor, el más aperturista de las letras rusas, aquel que popularizó el término nihilismo en la literatura y tuvo que autoexiliarse en 1863 por falta de comprensión entre sus compatriotas, dedicaba aquella historia a esa faceta del sentimiento amoroso que habla de la entrega y el afecto en una relación de amistad. Este mes de febrero de 2021 mi sino ha querido llevarme otra vez ante la obra del gran Turguénev. Quizá mi afición por observar el comportamiento del individuo con respecto a las relaciones afectivas sea la causante de mi atracción por la obra de este gran autor que tanto esfuerzo empleó en desgranar los diferentes afectos del corazón, o quizás sea cuestión de magia. Lo único cierto es que esta semana en la que celebramos nuevamente San Valentín, vuelvo a hablaros del amor a través de la mirada IvánTurguénev. En esta ocasión mi singladura literaria me ha llevado a elegir una obra que se adapta a las circunstancias actuales como anillo al dedo. Me refiero a La Infeliz, la última publicación de Ediciones Invisibles perteneciente a la maravillosa colección de Pequeños Placeres. Un relato que nos habla de la constancia en nuestras emociones como prueba de fuego para demostrar nuestra valía.

La novela comienza así:


<…Sí, sí -empezó a decir Piotr Gavrílovich-, fueron unos días penosos… y preferiría no volver a recordarlos… Pero le hice  una promesa; tendré que contárselo todo. Escuche.

En aquella época (corría el invierno de 1835) yo vivía en Moscú, en casa de mi tía la querida hermana de mi difunta madre. Yo tenía dieciocho años: acababa de pasar del segundo al tercer año en la facultad de Letras (así se llamaba entonces) de la Universidad de Moscú. Mi tía era una mujer amable y tranquila, una viuda. Vivía en una Casagrande de madera en la calle Ostózhenka, una de esas casas caldeadas y acogedoras que, sospecho, sólo se encuentran en Moscú. Apenas veía a nadie; se sentaba de la mañana a la tarde en la sala de estar junto a dos damas de compañía, tomaba té de flores, jugaba al solitario y pedía a menudo que sahumaran la estancia.(…) (…) Mi tía me quería mucho y me malcriaba por ser huérfano de padre y madre.(…)>


 

La Infeliz narra los recuerdos de Piotr Gavrílovich a la edad de dieciocho años. Por aquel entonces nuestro protagonista gozaba de una confortable vida de estudiante carente de preocupaciones. Fue en aquellos días alegres de su juventud cuando entabló amistad con Dsvídovich Fústov, un joven de acaudalada familia que era admirado en sociedad por su belleza y buen carácter. Gracias a su nuevo amigo fue que Piotr Gavrílovich conoció a la estirpe de los Ratch, una familia tan vulgar como poco fiable. De todos ellos sólo Susanna, la hija mayor, despertaba cierta admiración y curiosidad en nuestro protagonista. Conmovido por la triste situación de la muchacha, que era objeto de humillación y mofa para su familia, y medio enamorado de su magnetismo personal, Piotr decide inquirir a su amigo Fústov sobre ellos. De lo que dedujo que él tenía intereses románticos con Susanna, pese a su lamentable círculo familiar.

Así las cosas, los días se suceden y la curiosidad que Piotr siente por esa familia va en aumento, especialmente desde que conoció a Viktor, el hermano de la muchacha.  Hasta que un día un altercado con este infame individuo provoca un terrible malentendido. Susanna desesperada corre a pedir ayuda a Piotr, poniendo su vida y su diario a disposición de éste. Él, como buen caballero, acepta el papel de paladín. ¿Podrá Piotr ayudar a Susanna después de leer su diario? ¿Será capaz de cambiar lo que parece un inevitable y triste destino para ella?

La Infeliz es un bellísimo relato publicado en 1868. Una historia impregnada de todas las corrientes literarias europeas del momento, cuyo acentuado espíritu romántico reina sobre todas ellas. Ubicada en la Rusia de la década de los treinta, el libro comienza relatando la vida de Piotr Gavrílovich, un joven de la alta sociedad moscovita de vida acomodada. Pero esto no es más que un ardid estilístico para contextualizar la trama, ya que dicho personaje es el narrador omnisciente de la verdadera historia, la misteriosa vida de Susanna Ivánovna, una joven de seductora belleza y gran magnetismo romántico.


<Entre el mundo que la rodeaba y ella misma había muy poco en común; incluso parecía desconcertada en su fuero interno, como si se preguntara cómo había ido a parar allí.>


Aunque el libro está dividido en veintiocho capítulos, Turguénev lo secciona argumentalmente en tres partes: la primera es la introducción donde nos cuenta las circunstancias que rodean al narrador hasta conocer a Susanna Ivánovna, y hacerse acreedor de su diario; en la segunda se nos refiere lo que está escrito en el diario de la muchacha, la verdad sobre su vida; y la tercera son los acontecimientos que se suceden tras la lectura de éste. El escritor emplea esta original fórmula narrativa para crear una gran atmósfera de misterio, tensión y emoción.


<El manuscrito se detenía con esas palabras. Las últimas hojas estaban arrancadas y las pocas líneas con que terminaba la frase estaban tachadas y emborronadas de tinta.>  


El autor hace de este modo un repaso sociológico de la Rusia de la época. A través de los personajes que aparecen en el relato examina el ambiente decadente la alta sociedad moscovita y de la campestre, critica la conducta de los sujetos que rondaban a estos grandes señores esperando algún beneficio, denuncia la indefensión de la mujer sojuzgada por aquella atmósfera, condena la hipocresía y complicidad de las clases trabajadoras ante aquella situación, deja caer alguna que otra perlita envenenada sobre ciertos miembros de la iglesia ortodoxa, incluso insinúa la opinión negativa que se tenía sobre la raza judía en aquel tiempo. 


< ¡Oh, pobre, pobre raza mía, raza de eternos errantes, una maldición pesa sobre ella! > 


Iván Turguénev utiliza a su narrador como testigo bien informado para dar veracidad a los hechos, otorgándole la cualidad de la honestidad.


<Con todo, no me permitía exceso alguno y me comportaba con discreción, como corresponde a un jeune homme de bonne maison. Por nada del mundo le habría dado un disgusto a mi buena tía; y, además, la sangre corría con bastante calma por mis venas.>


Este cronista o juez autorizado por el escritor es, en mi opinión, el alter ego del escritor, que a través de su relato juzga severamente el carácter de sus contemporáneos. Para ello, y sin dar directamente su opinión, dibuja un elenco de personajes que se presentan ellos mismos ante el lector por su acciones: Dsvídovich Fústov, el amigo de Piotr, que es tan atractivo como superficial; Iván Demiánich Ratch, el padrastro de Susanna, un especulador sin escrúpulos; Viktor Ratch, un mercenario en ciernes; la tía de Piotr, una dama de la alta sociedad entrada en años, con tan pocas luces como buenas intenciones. Este último personaje guarda un especial interés para mí, ya que el sentido del humor que el autor emplea para construir su personalidad es significativo.

Todos y cada uno de los personajes que aparecen anteriormente mencionados representan el ambiente que se respiraba en la sociedad moscovita de entonces, pero, ¿qué ocurría en el campo? Para analizar aquella atmósfera, y así cerrar el círculo social, Turguénev diseña unos personajes muy interesantes y los ubica en el pasado de la protagonista que aparece en su diario: Iván Matvéich, un rico terrateniente, padre natural de Susanna, que no se siente obligado a distinguir entre paternalismo y el sentido paternal; Semion Matveich, el tío de Susanna, un tirano que forjó su carácter frustrado por la hipocresía de la vida moscovita; Michel Matveich, primo de Susanna, un héroe romántico tan valiente como impotente. Con estos tres últimos personajes, desde mi punto de vista, desarrolla Turguénev su teoría nihilista, como ya lo hiciera en 1862 en Padres e hijos. De sus acciones se traduce esa lucha entre dos generaciones que están llamadas a no entenderse nunca entre ellas, y que son el desencadenante de la tragedia vital imbuidos por esa atmósfera decadente que les arrastra.

Llegados a este punto os preguntaréis cómo no os he hablado hasta ahora de la protagonista. He  querido dejar para el final a Susanna porque ella es la joya de la corona; a ella otorga Iván Turguénev la más compleja personalidad, como es común en todos los grandes personajes femeninos del escritor. En ella confluyen las características más elevadas que un individuo pueda llegar a tener: inteligencia, belleza, carisma, discreción, orgullo, fidelidad, constancia…Y la pasión, ese elemento del que se alimentan los espíritus sensibles. Un ser tan mágico y atractivo como imposible de aceptar por cualquier sociedad, la envidia y la codicia siempre terminan con tanta gracia reunida. Susanna representa a la heroína romántica por excelencia, hermana de la Julieta de Shakespeare, la Rebecca de Walter Scott, o la Natasha de Tolstói. Mujeres que se dejaron arrastrar por su pasiones.


<Todos los miembros de la familia del señor Ratch parecían criaturas satisfechas, cándidas y engreídas; el rostro de ella, hermoso, pero ya marchito, estaba marcado con las huellas de la tristeza, el orgullo y el dolor.>


Con respecto al estilo de La infeliz, debo confesar que la belleza y el lirismo que emanan de entre sus páginas me ha cautivado completamente, de tal modo que ningún otro título del autor había conseguido hacer hasta la fecha. Su original estructura narrativa, que maneja el tiempo a la perfección guiando sin equívocos al lector; el agudo uso de la tensión argumental, que se mantiene hasta el final; la emoción que emana cada pasaje, incrementándose la musicalidad en cada página; y el encanto intelectual de los pasajes que se refieren a la música, literatura y cultura de su tiempo, obran una magia tal que el lector, entusiasmado, no podrá evitar caer rendido ante él, sumamente conmovido.


<Tardé en volver en mí. Entonces justo estaba empezando a vivir: no tenía ninguna experiencia de pasión ni de dolor, y muy pocas veces había presenciado alguna manifestación de sentimientos intensos en los demás…Pero la sinceridad de ese sufrimiento, de esa pasión, me impresionó.>


Y hasta aquí llega mi reseña de La Infeliz, un texto que he saboreado como una adolescente enamorada, así como lo hubiera hecho la Tatiana de Pushkin, tan presente siempre en la obra de Turguénev. Todos los ingredientes que encontré me hicieron soñar, pero también reflexionar sobre lo efímero de nuestra sociedad. En ella el amor ha quedado relegado por otros intereses, sin darnos cuenta que de la sinceridad de nuestros actos se deduce quienes somos, repercuten en el entorno y forman parte del escenario social.

 

<El amor no vive mucho tiempo de dulces miradas y de cartas de amor.> George Sand

 

Undine von Reinecke ♪


Con este título participo en:

  1.  Proyecto Mes del Amor 👈organizado por Laky en su blog  Libros que hay que leer 
  2. Cumplo la premisa de Clasico escrito originalmente en un idioma diferente al español, inglés o frances, del reto Todos los clásicos grandes y pequeños (nivel 3) organizado en el blog de Las Inquilinas de Netherfield  👈
  3. Añado otro título a mis lecturas para el reto Nos gustan los clásicos V Edición, organizado por el blog Un lector indiscreto👈

El autor por la Editorial:

Fuente: Ediciones Invisibles
Iván Turguénev

Considerado el más europeo de los escritores rusos, fue venerado por Flaubert y Henry James. Pero los novelistas rusos no lo tenían en tanta estima: Dostoyevski y Tolstói despreciaron públicamente sus obras, aunque no dudaron en pedirle dinero cuando ellos se arruinaron. Fue especialmente tempestuosa su relación con Tolstói, quien lo retó a un duelo que al final no llegó a celebrarse; los dos escritores estuvieron sin hablarse diecisiete años.

 

 

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

RESEÑA: "EL SEÑOR DE LAS ORQUÍDEAS", BEATRIZ ALONSO

 

Fuente: Undine von Reiecke


Ficha Técnica:

ASIN: B08QWBY4Q8

Editorial: Independently published (18 diciembre 2020)

Idioma: Español

Nº de páginas: 286

ISBN-13: 979-8569717781

Peso del producto: 367 g

Dimensiones: 13.97 x 1.83 x 21.59 cm

PVP: Tapa blanda 14,56 € / Versión Kindle  3,99 €

Disponible en Amazon


Sinopsis del Libro:

Inglaterra, principios del s. XIX. Madeleine Giordano es una dama de la alta sociedad que ha aprendido a ocultar sus sentimientos y penurias del modo más cruel. Aun sabiéndose objeto de chismorreos en todos los salones de la ciudad, el odio, el desengaño, la pérdida y la frustración le han convertido en una persona solitaria y fría. Solo ella conoce el alcance de su padecimiento… hasta que un extraño irrumpe en sus vidas. Este misterioso español, que responde al nombre de Matías Salvatierra, parece entender sus dificultades más íntimas, pero Madeleine jamás podrá confiar en alguien que goza de la confianza de su esposo, un hombre de conducta deplorable cuyas amistades son tan infames como él. Un asesinato, una desaparición y un cúmulo de funestas circunstancias volverán del revés la vida de esta mujer, obligándole a despertar de su letárgica existencia, a rebelarse y a luchar contra un destino que jamás habría elegido. Matías, por su parte, pagará un precio demasiado elevado por ocultar el terrible secreto que guía su conducta y fingir ser alguien que no es. ¿Podrá el amor eludir las dificultades, la desconfianza y la diferencia de clases que separan a los protagonistas? Todo es posible… o no, al igual que la existencia de una flor negra.

 

Propuesta musical para este libro:


 

Lo que Undine piensa del libro:


< El mundo está lleno de esos seres incompletos que andan en dos pies y degradan el único misterio que les queda: el sexo.> D. H. Lawrence

Hace algunos años leí una novela que me dejó muy sorprendida por la libertad con la que se manejaba sobre un tema tabú para la sociedad hasta hace poco tiempo. Un título que pese a haber sido publicado por vez primera en 1748, hablaba sin ningún pudor acerca de la prostitución y los lupanares de la Inglaterra de su tiempo. Me refiero a Memorias de una mujer de placer, conocida popularmente como Fanny Hill, del escritor inglés John Cleland (1710-1789). Un libro que hoy está considerado como el primer ejemplo de literatura erótica y pornográfica en lengua inglesa, y es catalogado también como uno de los más perseguidos y prohibidos a lo largo de la historia.

Fuente: librería Pasajes

Como decía, mi sorpresa fue inmensa al leerlo ya que, como suele ocurrir en ocasiones, tendemos a imaginar el pasado como el tiempo en el que se desarrolló la historia que estudiamos, y nos olvidamos que aquellos acontecimientos los protagonizaron hombres y mujeres con los mismos deseos, virtudes y defectos que poseemos nosotros en nuestros días. Esta reflexión me hizo querer saber más sobre las circunstancias socioculturales en las que apareció Fanny Hill, deseaba conocer cuáles habían sido las motivaciones de John Cleland para escribir la novela que le costó la cárcel y la retirada de su libro de las calles. Mi sorpresa fue bárbara cuando me topé con una estadística que aseguraba que durante el siglo XVIII una de cada cinco mujeres ejercían, o habían ejercido la prostitución, en el Londres de aquel entonces, y que los servicios de estas damas se podían encontrar fácilmente en cualquier ámbito de la vida de un hombre. Tanto es así que incluso llegó a existir una guía de mano que recogía los nombres y cualidades de las llamadas damas de la noche, Harris's List of Covent Garden Ladies, que se vino publicando anualmente en Navidad desde 1757 a 1795, vendiéndose cada ejemplar a dos chelines y seis peniques; todo un bestseller georgiano. La cotidianidad de la prostitución era una realidad y la vida de las mujeres que la ejercían no era precisamente un cuento de hadas. Muchas de ellas eran víctimas de la miseria y otras tantas, que habían conocido otras circunstancias, de sus maridos y en definitiva, de su propia vida.

Este es el escenario que ha elegido Beatriz Alonso para su última novela, El señor de las orquídeas. Un libro que comienza en una de aquellas casas de tolerancia donde los hombres iban a solazarse y a ejercer su poder, muchas veces despiadadamente, sobre aquellas mujeres del placer. Luego volvían a sus hogares a seguir con sus vidas sin inmutarse y sin pensar jamás en lo que dejaban atrás.

La novela comienza así:


<-¡Dulcibella, te aguardan en el salón de las orquídeas negras! Déjame entrar y te ayudaré a vestirte; haré una excepción contigo, pero no te acostumbres. ¡Recuerda que yo no soy la criada de nadie!

La puerta, obstruida con el respaldo de una silla encajado en el pomo, impedía el acceso de la insistente mujer a la dependencia de la joven.

-¡Si no abres la puerta la derribarán y tendrás que pagar los desperfectos, niña tonta! A estas alturas de nada sirven tus remilgos y lo sabes.

Clarisa hizo oídos sordos a las advertencias y se concentró en no derramar el contenido que sostenía con mucho cuidado entre las manos. Jamás volvería a responder por ese apelativo que le habían puesto.>

 

Nos encontramos en Inglaterra en 1803. El lugar donde sucede la escena que acabamos de leer es una casa de tolerancia o prostíbulo, conocido bajo el nombre de Casa de las Orquídeas. La muchacha que responde al apodo de Dulcibella es una joven que cayó en desgracia a manos de un desalmado que la sedujo con mentiras, abandonándola en el lupanar cuando se enteró de que estaba embarazada. La joven, que antaño fue hija y hermana de personas que la querían, ha perdido la fe y la esperanza que le quedaban tras perder a su bebé durante el parto. En el momento que presenciamos está a punto de tomar el único camino que no tiene retorno.

Por otro lado, y paralelamente, conocemos a Madeleine Giordano, una joven dama de la alta sociedad londinense, que ha perdido a su pequeñín de cuatro años a causa de una injusta enfermedad. La joven que antaño fue una admirada debutante hija de un acaudalado y respetado comerciante, sufre su pérdida en soledad, humillada por el hombre con el que se casó, Wilfred, un antiguo militar ruin y traicionero que la cautivó con bellas palabras hasta conseguir su mano. Una vez casados el marido mostró su verdadera cara, ejerciendo sus derechos como esposo sobre Madeleine, arruinándola emocional y económicamente. Ni la pérdida del hijo que tuvieron juntos ha conseguido sacar de él un mínimo de humanidad, sino todo lo contrario. La vida junto a este tirano es un infierno para su esposa.

Para más desgracias, la torpeza de Wilfred en los negocios ha puesto en peligro Dunhill, la gran mansión que el padre de Madeleine construyó, y que ha sido su hogar desde que nació. La pérdida de la hacienda depende de la última aventura en la que se ha embarcado el tirano, un viaje mercantil por ultramar a bordo de un viejo navío destartalado, en el que invirtió casi todo el capital que les quedaba. En el momento en que conocemos a Madeleine el marido está a punto de hacer su aparición en la mansión, acompañado de un enigmático personaje español llamado Matías Salvatierra. El caballero extranjero parece ser un hombre educado y galante, aunque trata a Madeleine como si fueran antiguos amigos. Esto es algo que a ella le desagrada sumamente, ya que la amistad que presupone entre su marido y Salvatierra levanta sus sospechas. Además, el hecho de que sea el nuevo dueño de la Casa de las Orquídeas, un antro infecto e inmoral, no ayuda en absoluto; Madeleine le muestra en todo momento su hostilidad.

Pese a ello, Matías Salvatierra no ceja en su intento de ofrecerle su apoyo. Hasta que un día, un terrible crimen sucede en Dunhill. Desde ese momento la vida de Madeleine toma un rumbo inesperado y ya nada volverá a ser como antes: Aventuras, peligros, crímenes, pasión, amor y celos. ¿Conseguirá Madeleine coger por fin las riendas de su vida y alcanzar lo que siempre deseó?

Fuente: casa del libro

El señor de las orquídeas es una novela que traspasa el género del romance histórico y se adentra en las de las praderas de la aventura y el misterio. Desde el comienzo la autora va tejiendo una historia envolvente y subyugante, con los pequeños enigmas que cada personajes guardan en su interior: la misteriosa joven apodada Dulcebella, que no es lo que parece; Madeleine, la triste madre sin hijo que languidece en la mansión; Wilfred, el caballero sin alma que abusa de su mujer; Matías Salvatierra, el extranjero enigmático que regenta la Casa de las Orquídeas; la rica dama anciana que viaja desde la India, acompañada por su séquito; el doctor que ejerce amorosamente su profesión y acoge a niños de diferentes madres en su casa; el juez que imparte con mano dura la ley…Todos y cada uno de los protagonistas de la novela están perfilados con esmero y amor, y no desmerecen en absoluto con respecto a los que aparecen en novelas del mismo género escritas durante el siglo XVIII, como la mencionada de Jonh Cleland, o las del escritor Samuel Richardson (Clarissa, 1748/ Pamela 1740). Es curioso el guiño que la autora hace a la novela de Richardson utilizando el mismo nombre para el personaje apodado Dulcebella, ya que ambas tienen elementos en común, como, por ejemplo, haber caído en manos de un Lovelace.


<Para Clarisa, a quien tantas veces habían vejado, su mente conformaba el único reducto seguro donde refugiarse. Estaba cansada, sin fuerzas para continuar.>


Con tan buenos ingredientes, Beatriz Alonso plantea una trama central, en la que se desarrolla la agitada relación entre sus protagonistas (la lánguida Madeleine, el gallardo Matías y el infame Wilfred), que derivará en el terrible suceso que dará lugar al clímax de la novela. Esta historia central va acompañadas de unas subtramas menores, desempeñadas por el resto de los personajes, que son esenciales para el desenlace de la misma. Cada engranaje es importante y esencial en esta historia.

La autora, además, introduce diferentes elementos ambientales que recrean a la perfección el tiempo en el que ubica su historia, 1803. Recordemos que estamos hablando del ocaso de la época georgiana, unos años en los que la lucha por el dominio de los mares por parte de la flota inglesa facilitaba los viajes por ultramar. Un momento histórico que representa Beatriz Alonso con gran acierto, explicando al lector hábilmente cómo ese ir y venir de barcos no sólo era beneficioso para el comercio y las comunicaciones, sino que también tenía su parte negativa: la trasmisión de enfermedades que venían de las colonias junto con los pasajeros y las mercancías. Así aparece reflejado en el libro; un pasaje que me hizo pensar que quizá la autora se vio  inspirada por la situación actual.


<Al atracar recibieron de las autoridades la orden de permanecer en cuarentena. La noticia no fue bien recibida y soliviantó el ánimo de mucho, en especial el de aquellos que llevaban varios meses sin pisar tierra. El motivo estaba relacionado con un brote de fiebres surgido en las zonas más depauperadas de la ciudad, es decir, aquellas más cercanas al puerto y sus alrededores. Se sospechaba que algunos de los barcos provenientes de tierras remotas transportaban, además de mercancías, enfermedades difíciles de erradicar, y ya habían fallecido numerosas personas por esta causa.>


Por otro lado, Alonso presta especial atención a las escenas que suceden en la casa de tolerancia, la Casa de las Orquídeas. Se sirve de ellas para profundizar en varios temas: el funcionamiento de prostitución en la época, el comercio de esclavas sexuales y el abuso de poder marital sobre la mujer. La autora utiliza su historia para denunciar la precaria situación de la mujer a lo largo de la historia. Ciertos fragmentos del libros están escritos con tal  realismo que sobrecogen por la crudeza de las escenas, y porque recuerdan que lamentablemente en nuestros días siguen ocurriendo estas cosas. El mensaje a favor de los derechos de la mujer y de la sociedad inclusiva está presente durante todo el libro.


<El hombre desvió la mirada. El cuadro dantesco le revolvió el estómago y el espíritu.>


Pero no olvidemos que El señor de las orquídeas es también, y por encima de todo un romance, una historia de encuentros y desencuentros envuelta en un misterio. Un enigma que mantendrá al lector sujeto al libro de comienzo a fin, mientras contempla a medias divertido, a medias conmovido por las escenas más humanas, cómo sus protagonistas sufren numerosas vicisitudes hasta llegar a alcanzarse. ¿Quién no querría encontrase con ese Matías Salvatierra mitad canalla, mitad héroe español?


<La pasión no se sustenta con pequeñas dosis de cortesía. Tú necesitas que te amen febrilmente para volver a sentirte viva.>


En resumen, en El señor de las orquídeas encontraréis: aventura, enigmas, traición, amor, celos, deseo. ..Todo esto y mucho más, porque la autora siempre sabe contentar a sus fans más apasionados. Beatriz Alonso ha escrito una novela que por un lado homenajea a la mujer en todas sus facetas, y por otro, le imagina un sueño romántico.

Y hasta aquí mi reseña de hoy. Quienes me conocen saben de mi admiración por Beatriz Alonso como escritora y como persona. Su carácter y tesón ennoblecen sus actos, es por ello que le deseo muchos éxitos, y me atrevo a confiar en las palabras que un día don Miguel de Cervantes escribió:


<Al bien hacer jamás le falta premio.>


Undine von Reinecke ♪


Con este título comienzo el plan de lecturas para el Mes del Amor que Laky organiza en su blog Libros que hay que leer. 👈


La autora:

Beatriz Alonso  ←pincha en el nombre (Langreo. Asturias)

Escritora asturiana de pro. Es conocida mayormente por su obra dedicada al género literario del romance histórico. Entre sus novelas destacan La guerrera del valle, Corazones mercenarios y El viaje de Catula Prim, entre otros.

Ganadora del IV Concurso Literario H.P. Lovecraft en categoría sénior, ha sido finalista en múltiples certámenes de prestigio.

 

Amante de su familia, su tierra y la literatura clásica, está haciendo realidad su sueño: Ser escritora.

 

Fuentes de información:

https://www.historic-uk.com/CultureUK/Harriss-List/ 

https://www.youtube.com/watch?v=DkPJ4o7FyDo