RESEÑA: ENSAYO SOBRE LA JARDINERÍA MODERNA, HORACE WALPOLE

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica

Editorial: José J. Olañeta Editor

Traductor: Plácido de Prada Planas

Páginas: 42

Dimensiones: 20x14 cm

Encuadernación: Rústica

ISBN: 9788497162128

P.V.P. : 3,50 €


Sinopsis de la Editorial

<Toda la naturaleza es jardín>. Horace Walpole, novelista, historiador y coleccionista inglés del siglo XVIII, nos ofrece una breve historia del arte de los jardines en la que defiende la nueva estética del jardín inglés.


Propuesta musical para este libro


*Crédito del vídeo: canal de YouTube ComposersbyNumbers

La pieza que el lector está escuchando es la Sinfonía n.º 93 en Re Mayor, Hob. I:93, una obra compuesta en 1791 por el músico austriaco Joseph Haydn (1732-1809). Esta sinfonía es la primera de las doce que conforman el célebre ciclo sinfónico denominado Sinfonías de Londres, Sinfonías Londinenses o Sinfonías Salomon (en honor al violinista, compositor y empresario musical Johann Peter Salomon (1745-1815), que fue quien llevó a Haydn a Londres), que fueron escritas por Haydn entre 1791 y 1795, durante la estancia del compositor en Inglaterra. 

El estreno de la Sinfonía nº 93 tuvo lugar el 17 de febrero de 1792, y se realizó en la Hanover Square Concert Rooms londinense. La obra fue acogida con gran entusiasmo por parte del  público británico, recibiendo a su vez estupendas críticas en la prensa. Sirva de ejemplo las palabras de un artículo publicado en aquellos días en The Times, que elogiaba la obra por su excelencia. De hecho, el paso de Joseph Haydn por Inglaterra fue triunfal, siendo nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford.

He elegido la Sinfonía nº 93 Re Mayor, Hob 1:93 de Joseph Haydn para acompañar la reseña de hoy, porque el músico austriaco fue contemporáneo a Horace Walpole. Por otro lado, tanto Haydn como Walpole fueron dos figuras determinantes durante el siglo XVIII para crear las estéticas en sus diferentes campos creativos.


Lo que Undine opina del libro


<Yo no viajo para ir a alguna parte, sino por ir. Por el hecho de viajar. La cuestión es moverse.> Robert Louis Stevenson (1850-1894)


Fuente: Undine von Reinecke

Hoy, miércoles 21 de enero de 2026, abandono Londres con destino a la costa sureña inglesa. Allí, me subiré a una embarcación que me lleve al continente europeo. Durante los próximos meses, a través de diferentes libros, intentaré vivir emocionantes aventuras que me acerquen un poco a ese particular conocimiento distintivo de los grandes eruditos de todos los tiempos. La finalidad es emular los periplos culturales que realizaron los viajeros dieciochescos y decimonónicos. Estos, bajo la consigna de experimentar lo se dio en llamar el Grand Tour, cruzaron Europa con destino Italia y, en ocasiones, más allá, con la intención de profundizar en el mundo clásico y completar su formación humanista.

El término Grand Tour fue acuñado por vez primera en el siglo XVII. Al parecer, su creador fue el sacerdote católico y escritor inglés Richard Lassels (1603-1668), un caballero perteneciente a una familia prominente británica, que, en 1670, utilizó por primera vez el término en una guía de viajes que publicó bajo el título El viaje de Italia (The Voyage of Italy, o Compleat Journey through Italy). 

En el texto, Lassels aseguraba que era fundamental para todo estudiante de arquitectura y el mundo clásico que se preciara visitar Francia e Italia para rematar con excelencia sus estudios. Este consejo, evidentemente, iba dirigido a los vástagos de la flor y nata aristocrática inglesa, a quienes también aconsejaba recorrer Europa para comprender las realidades sociopolíticas y económicas del mundo. De hecho, como miembro de esa élite británica, él mismo experimentó las ventajas de viajar a lo largo de su vida, quedando para la memoria del tiempo como uno de los precursores del turismo moderno, por sus variadas y enriquecedoras experiencias viajeras. Estas le llevaron a visitar los Países Bajos, Francia o Italia, entre otros lugares de interés, conectando con la cultura, la idiosincrasia y los grandes personajes de los lugares que conoció. Y esto sucedió tanto en su época estudiantil como en su etapa de madurez, en la que trabajó bajo el mando de personajes tan relevantes como el Cardenal Richelieu (1585-1642). Pero esta es otra historia que algún día ampliaré.

Portada de El viaje de Italia, R. Lassels (1670)
Fuente: Wikipedis

Sea como sea, el Grand Tour tuvo su momento álgido durante el siglo XVIII, extendiéndose al XIX y las primeras décadas del XX, y fueron muchos los hijos de grandes apellidos europeos que, acompañados por sus tutores, visitaron las grandes cortes europeas e intentaron exprimir la sabiduría de las ruinas romanas, griegas y renacentistas, entre otras, arramplando algunos de ellos con lo que podían llevarse a sus lugares de origen. El resultado, según aseguran los estadistas, marcó un antes y un después en las relaciones internacionales, enriqueciendo a su vez los gustos estéticos del mapa europeo. Valga de ejemplo la corriente arquitectónica del palladianismo, que se extendió por toda Europa hasta finales del siglo XVIII, influyendo de manera notable en el canon arquitectónico y paisajístico neoclásico.

Como decía, fueron muchos los viajeros que disfrutaron del Grand Tour, algunos de ellos figuras de gran relevancia social y cultural. Entre los más notables podemos distinguir algunos nombres, como el de Lady Mary Wortley Montagu (1689-1762), una célebre aristócrata, escritora y viajera inglesa, que ha pasado a la historia por su correspondencia ilustrada y por ser pionera en la introducción de la vacuna de la viruela; también es lícito nombrar al escritor, poeta, lexicógrafo y crítico literario italianao Giuseppe Marco Antonio Baretti (1719-1789), quien incluyó a España en la ruta del Grand Tour; y no podemos dejar de citar a otros célebres literatos que vivieron el ocaso del clasicismo para adentrarse en las estéticas románticas, como el germano Johann Wolfgang von Goethe (1749- 1832) o el británico George Gordon Byron ( 1788-1824), más conocido como Lord Byron, cuyos viajes entre 1809 y 1810 le llevaron a conocer Portugal, España, Grecia, Albania y Turquía.

Grabado de Lady Mary Wortley Montagu, Samuel Hollyer
Fuente: Wikipedia

Sin embargo, el siglo XVIII dio al mundo de la cultura muchas otras insignes figuras que, aunque hoy no son tan conocidas, en su momento marcaron el pulso del pensamiento de su momento y nación. 

Uno de estos aclamados personajes fue Horace Walpole, autor de Ensayo sobre jardinería moderna, que es la obra protagonista de la reseña de hoy. Mi ejemplar pertenece a la editorial José J. Olañeta, y ha sido traducido por Plácido de Prada Planas.

Pero, ¿quién fue Horace Walpole y qué méritos atesoró para pasar a la historia?

Horace Walpole (1717-1797), IV conde de Orford, fue un interesante personaje cuyo particular recorrido vital le podría haber hecho célebre en sí mismo. Sin embargo, no se debe ignorar su afortunado origen, ya que éste fue determinante para forjar su singular personalidad. Ésta le haría destacar como uno de los más celebrados escritores de epístolas, así lo aseguraron sir Walter Scott o Lord Byron, y también fue un importante ensayista, historiador e, incluso, editor. Sin embargo, la faceta que le dio una relevante visibilidad social e independencia económica fue la de político, militando en las filas de los Whig e ingresando en el Parlamento en 1741, ocupando diferentes cargos menores. Como suele decirse, “de casta le viene al galgo”, porque Horace fue el hijo menor del primer ministro británico Sir Robert Walpole (1676- 1745). Y aunque la paternidad de éste fue cuestionada por algunos contemporáneos, ninguno de los implicados se dejó influir por los rumores. De hecho, Horace mostró siempre reverencia hacia su progenitor e hizo honor a su apellido.

Horace Walpole, Joshua Reynolds (1756)
Fuente: Wikipedia

Hombre excéntrico, culto y original, cursó sus estudios en Eton College y en la Universidad de Cambridge, siendo una de las figuras británicas más ilustradas de su tiempo. Entre sus amistades destaca el poeta Thomas Gray (1716-1771), con quien viajó a Francia e Italia entre el periodo de tiempo que abarcan los años 1739 y 1741, convirtiéndose así en dos de los grandes protagonistas dieciochescos del Grand Tour.

De ideas progresistas pese a sus orígenes aristocráticos (se posicionó a favor de las colonias americanas y en contra de las políticas francesas antisociales que dieron pie a la Revolución), sus opiniones sociopolíticas siempre estuvieron en entredicho o fueron criticadas por sus enemigos, que veían en él un personaje contradictorio, ya que, entre otras cosas, defendía la superioridad intelectual de la élite a la que pertenecía.

Más celebrados fueron sus trabajos literarios y las incursiones que hizo en diferentes facetas del mundo artístico y del coleccionismo. Es más, su obra literaria más conocida, El castillo de Otranto (1764), ha pasado a la historia como la novela que marcó el canon del género gótico

Al hilo de esto, también tuvo algo que decir con respecto a la arquitectura, ya que a él se le atribuye el mérito de ser el pionero del estilo neogótico. Me explico, aunque existen otros ejemplos representativos de este tipo de arquitectura en Inglaterra, fue Walpole el primero en imaginar y mandar construir un edificio con elementos góticos que partía de una estructura no medieval. Al parecer, Walpole fue añadiendo diferentes elementos sin criterio canónico, como almenas, torres o torretas, que recordaba de sus pasadas visitas a Francia e Italia durante su Grand Tour.

Grabado de Strawberry Hill House, s. XVIII. (Fuente: Wikipedia)

Estas decisiones estéticas las plasmó en Strawberry Hill House, una curiosa propiedad ubicada en Twickenham (en la actualidad, un distrito suburbano de Londres), a orillas del río Támesis, donde Walpole dejó volar su imaginación fastuosamente. Por otro lado, en su goticista castillo pudo atesorar una cantidad ingente de antigüedades de todo tipo que fueron admiradas por los grandes personajes que a menudo le visitaban. Extraña, muy criticada por su aparente fragilidad, Horace Walpole instaló en 1757 en Strawberry Hill una imprenta, cuyos trabajos de impresión dieron obras sublimes, que llegarían a convertirse con el tiempo en textos representativos del pensamiento británico dieciochesco. Entre ellos, la antes mencionada novela El castillo de Otranto, o la pieza ensayística sobre paisajismo protagonista de hoy.

En relación a esta última obra, la propiedad de Walpole contaba con un extenso terreno en el que el escritor pudo experimentar con las artes paisajísticas, que él siempre relacionó con la pintura. De hecho, los jardines de Strawberry son un fiel reflejo de las ideas estéticas que este destacado pensador reflejó en su Ensayo sobre la jardinería moderna, la breve obra protagonista de la reseña de hoy. Tan breve, que apenas llega a las cuarenta páginas.

Ensayo sobre la jardinería moderna comienza así:


<La horticultura fue probablemente una de las primeras artes que siguió al arte de construir casas y de manera natural acompañaba a las propiedades y posesiones individuales. Las plantas culinarias, y más tarde las medicinales, eran objeto de todo cabeza de familia: se hizo conveniente tenerlas a mano sin tener que salir a buscarlas por los bosques, prados y montañas cada vez que se necesitaban.>


Ensayo sobre la jardinería moderna es un interesante, atrevido y divertido texto, que fue publicado por vez primera en 1780 en la imprenta de Strawberry Hill. Fue incluído en el libro Anecdotes of painting in England (Anécdotas de la pintura en Inglaterra), con el título original de Essay on Modern Gardening, aunque se cree que fue escrito hacia 1771.

Edición  en inglés de :
Lewis Buddy III, The Kirgate Press (1904)
Fuente: Wikipedia

Irónico, inteligente, erudito y, por qué no decirlo, muy patriótico (Walpole hace gala del orgullo nacional), este ensayo es considerado por la crítica como uno de los textos más brillantes que se han escrito sobre la historia de la jardinería inglesa. Remontándose a los orígenes del hombre –el escritor cita como referencias la Biblia y El Paraíso perdido de John Milton–, Walpole hace un recorrido elocuente y cautivador de los diferentes gustos paisajísticos que se impusieron en las diferentes etapas de la historia de la humanidad.

Mordaz, audaz y apasionante, en este texto su autor se muestra tremendamente escéptico con las corrientes paisajísticas llegadas desde Francia, Italia e, incluso, de China. En ese mismo sentido, Horace Walpole critica caústicamente la estética barroca, y sus argumentos en contra de ésta lucen con orgullo la insignia del poderío inglés. De hecho, Walpole alude a las virtudes de la evolución en la jardinería y la horticultura inglesa, que en aquellos días echaba abajo cercas y muros, creando paisajes que pretendían rendir homenaje a la naturaleza, al contrario de lo que se hacía en otras naciones europeas. 

Finalmente, el autor concluye su discurso con chispa y espíritu optimista, mencionando a uno de sus contemporáneos, el gran Capability Brown (1716-1783). Y esta mención convierte a Walpole en todo un visionario, porque el célebre paisajista ha quedado para la memoria del tiempo como uno de los más grandes diseñadores de lo que se ha dado en llamar el English Park. Este estilo paisajístico fue notoriamente emulado por profesionales de otras naciones (sirva de ejemplo el Englischer Garten de Múnich), y se caracteriza, grosso modo, por utilizar en sus diseños colinas onduladas, decoraciones acuáticas, agrupaciones de árboles dispersas, colocando arquitecturas decorativas aquí y allá; su máxima es emular con encanto la estética del mundo natural, una imagen muy parecida a lo que consiguió Hora Walpole en su parcela de Strawberry Hill. Allí, inspirado por los diseños del arquitecto, decorador y paisajista William Kent (1685-1748), y por las ideas emergentes del Movimiento Paisajista Inglés, logró crear un jardín de inspirador espíritu romántico, que maridaba a la perfección con su bucólico castillo neogótico. 

Strawberry Hill. Acuarela del siglo XVIII de Paul Sandby. (Fuente: Wikipedia)

Cuentan que el jardín ocupaba dos hectáreas, y que sus arboledas eran atravesadas por senderos sinuosos, extendiéndose por la parcela las fragancias de las flores que había plantado. Todo fue diseñado para el disfrute de los sentidos, siendo la guinda del pastel la terraza abierta que había diseñado con vistas al Támesis, y los prados que conducían directamente a la orilla del rio. 

Y hasta aquí llega la reseña de hoy. Mis lectores se preguntarán qué razón me ha llevado a elegir Ensayo sobre la jardinería moderna de Horace Walpole para iniciar la presente edición de La vuelta al mundo en doce libros 2026, una pieza notablemente breve y narrativamente de singular condición. Como dijo Pedro Elías (1916-2003) en su prefacio a la edición española del libro La época de los Tres Jorges, obra que recoge una selección de la celebrada correspondencia de Horasce Walpole (Imprenta Moderna en Barcelona, en 1943, dentro de la Colección Historia), la mirada del escritor resulta fascinante para entender el pensamiento de la Inglaterra dieciochesca, una nación en creciente desarrollo que extendía notablemente su poder allén de los mares, y que, a modo de un “nuevo rico”, enviaba a sus hijos a vivir los encantos del Grand Tour.


<Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas.> Benjamin Disraeli (1804-1881)


Undine von Reinecke ♪


Os espero a todos en Lisboa, próxima etapa de La vuelta al mundo 2026-Grand Tour-, el miércoles 18 de febrero de 2026.

Fuente: Undine von Reinecke


El autor por la Editorial

Horace Walpole

Horace Walpole (1717-1797), hijo del primer ministro británico Sir Robert Walpole, estudió en Eton y en el Kings College de Cambridge, centro que abandonó sin obtener un título. En 1747 Walpole adquiere una granja en Twickenham, en la ribera del Támesi, que reforma y decora como un pequeño castillo gótico: Strawberry Hill. Escribe poesía, sátiras y ensayos históricos, pero la obra que le va a dar la inmortalidad será El castillo de Òtranto, título publicado en 1764, que marcó el canon de la novela gótica.



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