RESEÑA: PRIMER AMOR, IVÁN TURGUÉNEV

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica

Editorial: Ediciones Invisible

Traductor/traductora: Joaquín Fernández-Valdés

Colección: Pequeños placeres

Número de la colección: 39

Número de edición: 1ª

Fecha de publicación: noviembre del 2025

ISBN: 9788412983784

Formato: 11,5 x 18 cm

Páginas: 168

Encuadernación: rústica con solapas

PVP: 16.00 €


Sinopsis de la Editorial

En la primera visita de cortesía que hace a sus nuevos vecinos, el joven Vladímir Petróvich, de dieciséis años, se enamora apasionadamente de la extravagante princesa Zinaída Aleksándrovna, la hija de esta familia aristocrática arruinada. Para él es la primera vez que experimenta todos los matices de este sentimiento: desde los nervios y la exultación hasta la vergüenza y la envidia. Porque no es el único que se siente atraído por la princesa: todo el vecindario se ha quedado prendado de ella y no han tardado en salirle pretendientes de todo tipo. Y entonces, en medio de agitadas tormentas internas, Vladimir experimentará una cruel revelación que cambiará para siempre la inocencia de su mirada.


Propuesta musical para este libro


*Crédito del vídeo: Canal de YouTube Sergio Eduardo Diaz

La pieza que el lector está escuchando es la Sinfonía Nº1 en sol menor, Op. 13, compuesta en 1866 por el músico ruso Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), aunque su primer estreno tuvo lugar dos años después. Finalmente, tras haber sido revisada varias veces por el propio compositor, que no estaba conforme con el resultado de su obra, el público pudo escuchar una nueva versión de ésta en 1886.

Esta primera sinfonía de Tchaikovsky, que es conocida también bajo el nombre de Sueños de invierno o Ensueños de invierno, ya que la composición describe en su programa escenas de paisajes bien definidos de la estación invernal. La primera interpretación de la pieza fue ejecutada bajo la dirección de Nicolái Rubinstein (1835-1881), maestro de Tchaikovsky a quien fue dedicada la sinfonía, y obtuvo gran éxito entre la crítica y el público.

He elegido la Sinfonía Nº1 en la menor Op. 13 de Tchaikovsky para acompañar la reseña de hoy porque el músico ruso fue compatriota y contemporáneo de Iván Turguénev. Por otro lado, ambos creativos han pasado a la historia como dos grandes figuras en sus respectivos campos artísticos. En otro sentido, la melodía de Sueños de invierno me acompañó durante mi lectura de Primer amor, que es la nouvelle protagonista de hoy.


Lo que Undine opina del libro


<El primer amor es una pequeña locura y una gran curiosidad.> George Bernard Shaw (1856-1950)


Decía el poeta y dramaturgo alemán Friedrich Schiller (1759-1805), que no es la carne y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos. Y este axioma, que alude al mundo emocional y de los afectos, es un tema tan complejo como interesante, y un motivo recurrente en el panorama novelístico de todos los tiempos. De hecho, grandes escritores internacionales lo han incluído en sus obras, para estudiar a través de sus respectivas y diferentes narrativas, las relaciones paterno filiales. William Shakespeare y su tragedia El rey Lear (1606), Fiódor Dostoievski y su gran novela Los hermanos Karamázov (1880), o John Galshworthy y su aplaudida saga de Los Forsyte (1906-1921), entre otros autores que hoy ya son clásicos de excepción. Y entre los contemporáneos, por ejemplo, podemos nombrar a la la norteamericana Joan Didion (1934-2021), que habló de la pérdida y las relaciones entre madre e hija en Noches azules (2011), un texto que ha quedado en la memoria como un testimonio duro y honesto de esta compleja temática.

Fuente: Ediciones Invisibles

Otro de los celebrados autores decimonónicos que incluyó este motivo en muchas de sus obras fue el ruso Iván Turguénev, el autor de Primer amor, la obra protagonista de hoy. La nouvelle fue publicada el pasado mes de noviembre de 2025 por Ediciones Invisibles en su estupenda colección Pequeños placeres, con la cuidada traducción de Joaquín Fernández-Valdés. Éste es el tercer relato del novelista ruso que la editorial catalana incluye en su catálogo, tras el éxito obtenido con los títulos Dos amigos y La infeliz.


Primer amor comienza así:

<Hacía rato que los invitados se habían marchado. El reloj acababa de dar las doce y media. En la sala solo quedaban el anfitrión, Serguéi Nokoláievich y Vladimir Petróvich.

El anfitrión tocó la campanilla y mandó que retiraran los retos de la cena.

-Bueno, está decidido -dijo, arrellanándose en el sillón y encendiéndose un puro-: cada uno de nosotros tiene que contar la historia de su primer amor.> 


Primer amor nos traslada a la Rusia de 1833. La novela cuenta la historia de Vladimir Petróvich, un joven moscovita de dieciséis años que pasa una temporada junto a sus padres en la elegante residencia familiar campestre. Indolente y poco inclinado al estudio, aprovecha la ausencia de su preceptor francés para desatender sus obligaciones intelectuales de cara a su acceso a la universidad. El tiempo lo emplea sólo en montar a caballo y en pasear sin ningún fin por los jardines cercanos a la propiedad. Hasta que un día, su ociosidad se ve interrumpida por la llegada de unos nuevos vecinos. Se trata de la princesa viuda Zasékina y de su hija la princesa Zinaida Aleksándrovna, dos damas venidas a menos que se han instalado en uno de los pabellones aledaños a la residencia de los Petróvich. Éstas despiertan un vivo interés en el muchacho, que ha quedado prendado de la joven princesa, pese a las advertencias de su madre sobre su respetabilidad.

Así las cosas, cuando la princesa viuda Zasékina solicita la protección de la familia de Vladimir, el joven protagonista es enviado por su madre con la respuesta. Y es así como consigue conocer a la encantadora damisela de sus sueños, que, no obstante, es cinco años mayor que él. Pese a ello, Zinaida le invita a formar parte de su círculo de amigos, un grupo de pretendientes compuesto por un conde, un médico, un poeta, un capitán y un soldado, que compiten por ganar los afectos de su amada, y que son superiores a él en edad y posición. Con todo y con ello, el protagonista no se acobarda frente a sus rivales.

Sin embargo, en medio de los tormentos de su pasión, Vladimir descubre un perturbador secreto que precipita todo a formular la pregunta “¿quién será el afortunado caballero que resulte vencedor?”

Edición en ruso de 2018, Eksmo-press
Fuente: Amazon 

Primer amor es una bellísima y subyugante nouvelle, que fue publicada en primera instancia en 1860 con el título original Первая любовь (Pervaya lyubov), en la revista mensual Biblioteka Dlya Chteniya de San Petersburgo. En palabras del autor, cuya narrativa siempre estuvo impregnada por sus experiencias emocionales y la compleja relación que mantuvo con su padre, este relato es el más autobiográfico de su producción. De hecho, según aseguran la crítica especializada y los biógrafos de Turguénev, la trama de Primer amor guarda muchos paralelismos, no sólo con un momento de la vida del autor, sino también con algunos personajes reales de su trayectoria vital.

De este modo, la joven princesa Zinaida de la ficción podría estar basada en la princesa Catalina Shajovskoy de la vida real, de quien el escritor se enamoró en su juventud. Y los padres del joven protagonista del relato serían un reflejo novelado de sus propios progenitores: su madre, la heredera Varvara Petrovna Turgeneva (1787-1850), Lutovinova de soltera, una dama adinerada, seis años mayor que su esposo, y que sufrió las infidelidades de éste; y su padre, Sergei Nikolaevich Turgénev (1793–1834), un coronel de la caballería rusa que participó en la Guerra Patriótica de 1812, un hombre ególatra, poco familiar y que, como el personaje de ficción, no quiso estrechar lazos afectivos con su hijo. Si mis lectores deciden leer Primer amor, reconocerán estos mismo perfiles en los padres de Vladimir Petróvich, el héroe de la historia protagonista de la reseña.

De estética hermosísima y original estructura narrativa, la crítica del momento se mostró dividida en su apreciación, porque en la obra no aparecen las preocupaciones sociopolíticas rusas del momento histórico, cuya idiosincrasia tenía al Imperio Ruso imbuido en el nihilismo, y porque uno de los motivos argumentales de la historia era contrario a las leyes morales de aquel y cualquier otro momento. Lamentablemente, nada que no se haya visto antes y después en la vida real... Y aquí, como dirían en el mundo del cine, debo hacer un fundido a negro, porque si revelara este último punto cometería un spoiler fatal. Tan sólo diré que el acontecimiento es tristemente perturbador.

Flaubert hacia 1865 (Fuente: Wikipedia)

Sea como sea, algunos de los intelectuales contemporáneos a Iván Turguénev supieron apreciar la grandeza de Primer amor. Valga de ejemplo el escritor francés Gustave Flaubert (1821-1880), quien mantuvo una relación tormentosa con su colega ruso, y que en una carta dirigida a éste pudo superar la competencia que mantenía con él, para referirse al personaje femenino de la princesa Zinaida como una chica fascinante. La literatura venció a sus rivalidades.

Aludía anteriormente a la originalidad narrativa del relato, cuya estructura luce un halo de sofisticación. La historia es narrada en retrospectiva por el protagonista, un Vladimir Petróvich de cuarenta años, que, alentado por dos amigos al final de una reunión, se decide a explicarles por escrito cuál fue la historia de su primer amor. Tras este breve capítulo introductorio, la verdadera historia arranca con la narración de Petróvich remontándose a su época de adolescente, momento en que entra en su vida la dama que ocupará por vez primera su corazón.

Fascinante, cautivadora, estilísticamente lírica, y evocadora de la esencia romántica del gran héroe literario Aleksandr Pushkin (1799-1837), reiteradamente mencionado en el relato, esta obra desgrana como pocas las apasionadas emociones que evocan el primer amor, ese que todos hemos vivido a temprana edad. La fascinación por el ser amado, el dolor por no ser correspondido o por la falta de atención, el sometimiento al enamoramiento en detrimento de otros intereses, las decepciones sentimentales o los celos, justificados o no, son algunos de los motivos tratados con maestría en esta espectacular narración. El gran trabajo psicológico y de introspección realizado en este relato por Iván Turguénev deja sin aliento a cualquier lector, y, desde mi punto de vista, apunta maneras de modernidad. No en vano, se señala a este autor ruso como uno de los primeros realistas – junto a Balzac, Flaubert, Stendhal, Dickens o Gógol, entre otros grandes novelistas–, y su estilo dejaría huella en la siguiente generación de escritores. Sirvan de ejemplo Henry James (1843-1916) o Joseph Conrad (1857-1924), precursores de la ficción psicológica. 

Kiprensky Pushkin, hacia 1827 (Fuente: Wikipedia)

En ese mismo sentido, los personajes principales están tan sencillamente y bien resueltos, que resulta deslumbrante y vertiginoso adentrarse en la historia a través de la mirada ingenua de su joven protagonista. Y si en el lector surge una empatía entendible hacia las penas de Vladimir Petróvich, no menos visceral es el sentimiento contrario hacia el personaje femenino principal, una joven princesa Zinaida Aleksándrovna que, a modo de femme fatale, juega con su víctima robándole el entendimiento y su poder de decisión. Con todo y con ello, debo confesar que este personaje femenino es para mí muy atrayente y sociológicamente mucho más complejo de lo que puede trascender a primera vista. 

El resto de figuras secundarias están descritas a pinceladas con maestría. Éstos parecen haber salido de los salones del Imperio, y su espíritu decadente apunta a motivos nihilistas. 

En este punto, debo mencionar una vez más el papel que juegan en la historia los progenitores del protagonista, especialmente el padre de Vladimir, quien será determinante en el abrupto, aunque no inesperado giro argumental, que dirige el relato hacia un poético final. La gracia de la nouvelle no es descubrir un misterio, sino desgranar algunos claroscuros de la relación paterno filial, algo reiteradamente presente en la obra del autor ruso, que se puede ver también en Padres e hijos (1862), una de las novelas más aclamadas y célebres del autor. ¿Venganza de Turguénev o justicia?

Teatro Bolshói Kámenny en el “Mapa Ilustrado de la Ciudad Capital de
San Petersburgo”, A. Sávinkov, 1825. (Fuente: Wikipedia)

Operísticamente emocionante y con un final literariamente romántico y un tanto desgarrador, Primer amor ha llegado a nuestros días discretamente y con dignidad. De hecho, algunos de los intelectuales más aclamados de nuestro tiempo han proclamado esta nouvelle como una obra excepcional. Así lo aseguraron Vladimir Nabokov, quien dijo de ella que era una de las mejores obras salidas de la pluma de Iván Turguénev. En palabras de Ian McEwan, Primer amor se encuentra entre las grandes obras literarias de todos los tiempos, pese a su poca visibilidad actual.

Y hasta aquí llegan mis impresiones sobre Primer amor, una obra tan breve como inmensa es la grandeza de su autor. De tal manera, que sus pasajes llegaron a la corte rusa, siendo leídas para deleite de Alejandro II por su emperatriz. 


<No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande.> William Shakespeare (1564-1616)


Undine von Reinecke ♪


El autor por la Editorial

Fuente: Ediciones Invisibles

Iván Turguénev

(Oriol, Imperio Ruso, 1818 - Bougival, Francia, 1883). Considerado el más europeo de los escritores rusos, fue venerado por Gustave Flaubert y Henry James. En cambio, sus relaciones con los novelistas rusos fueron bastante complicadas: Dostoyevski y Tolstói despreciaron públicamente sus obras, pero no dudaron en pedirle dinero cuando se arruinaron. Fue especialmente tempestuosa su relación con Tolstói; ambos escritores pasaron diecisiete años sin dirigirse la palabra e incluso estuvieron a punto de enzarzarse en un duelo.

Del mismo autor forman parte de esta colección Dos amigos (1853) y La infeliz (1868). Primer amor se publicó en 1860.


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