martes, 14 de enero de 2020

DIARIO DE UNA LECTORA DE TOLSTÓI: EL CAMINO DE LA LA VIDA CON TOLSTÓI Y SELMA ANCIRA

Fuente: Undine von Reinecke


Sinopsis de la editorial

El camino de la vida sólo vio la luz en ruso en 1911, unos meses después de que Lev Tolstói falleciera en la estación ferroviaria de Astápovo. El libro, que había permanecido inédito en español, como un tesoro escondido, es la culminación de la obra moral del escritor y la expresión más completa de su pensamiento religioso: un destilado de máximas legadas por los sabios de todos los tiempos y de todas las tradiciones del mundo que le inspiraron sus propias reglas para el perfeccionamiento interior. Cada uno de los treinta y un capítulos que integran este volumen—uno por cada día del mes—conforman un singularísimo breviario espiritual destinado a «llevar una vida de bien» y contribuir así a la realización de una aspiración tan antigua como irrenunciable: la convivencia pacífica entre los individuos y los pueblos.

14 de enero de 2020

Estaba esperando con deseo la lectura del capítulo de hoy desde que tuve el libro en mis manos. Quizá por ello comienzo su lectura a una hora tan intempestiva como es las  cuatro de la mañana. Pese a mi impaciencia por conocerlo, debo confesar que me ha causado grandes incomodidades, llegando incluso a defraudarme porque esperaba algo más; olvidé que, a fin de cuentas, Lev Tolstói sólo era un hombre pese a su grandeza. Intentaré anotar lo más relevante de sus ideas, dejando mi punto de vista para el final.



Capítulo XIV. La Violencia


<Una de las causas principales de las desventuras de los hombres es la creencia errónea de que algunas personas pueden organizar y mejorar la vida de otras, recurriendo a la violencia.>

Así da comienzo la lectura correspondiente al día de hoy. El pasaje es sin duda característico de la filosofía del maestro; una idea que desarrollará de tal modo, que evoluciona desde la condena a la violencia hasta la confianza en una sociedad sin reglas ni estamentos que penen el mal comportamiento, o los delitos. Tolstói  comienza dando razones del por qué la violencia se ha implantado en la sociedad, su origen:

<Los hombres ven que en su vida hay algo que no está bien y que hay algo que debe mejorar. Pero lo único que el hombre puede mejorar, lo único que está en su poder mejorar es a sí mismo. Sin embargo, para mejorarme a mí mismo, ante todo debo reconocer  que no soy bueno, y no tengo ganas de reconocer algo así. De ahí que nuestra atención no se concentre en lo que está en nuestro poder, nuestra alma, sino en las condiciones exteriores que no están en nuestro poder y cuya modificación puede cambiar tan poco la situación de una persona, como puede cambiar la calidad del vino al agitarlo y trasvasarlo de un recipiente a otro. Y entonces comienza, en primer lugar, la vida ociosa y, en segundo, la vida nociva, soberbia (corregimos a otras personas) y mala (podemos matar a los hombres que obstaculizan el bienestar general), una actividad que corrompe.>

El tema de hoy es el que más extenso hasta la fecha en El camino de la vida. Son veintiocho páginas hablando en contra de cualquier tipo de violencia; apoyándose en la idea de que la violencia genera violencia; defendiendo que si fuera posible la erradicación de la misma, sólo ocurriría mediante el amor a Cristo y a su verdadera doctrina. Pero Lev Tolstói no se queda ahí, señala con el dedo  a los dirigentes de las naciones,  acusándolos de incitar las revoluciones para conservar y acumular poder:

<Los gobernantes creen que pueden obligar a los hombres a llevar una vida de bien empleando la fuerza. Y, de ese modo, al hacer uso de la violencia, son los primeros en dar a la gente un mal ejemplo. Los hombres están en el fango y, en vez de tratar de salir ellos mismos de ahí, enseñan a los otros como no hacerlo.>

<Las crueldades de toda revolución no son sino la consecuencia de las crueldades de los dirigentes. Los revolucionarios son discípulos aplicados. Si los gobernantes, los dirigentes, no enseñaran a los pueblos que algunas personas pueden y tienen el derecho de organizar la vida de otras personas mediante la violencia, a la gente llana jamás se le habría ocurrido esta idea salvaje.>

Hasta aquí reconozco al escritor de Resurrección, a su protagonista el príncipe Nejliúdov conocedor de la corrupción del mundo judicial, del sistema carcelario, de la burocracia gubernamental y de la complicidad por parte de la Iglesia; un personaje que fue iluminado por la solidaridad y el amor al ser humano, compadeciéndose de aquellos que veía sufrir y padecer las injusticias del sistema imperante en la Rusia zarista. En las siguientes palabras lo rememoré:

<Mientras los hombres sean incapaces de resistir a las tentaciones del miedo, el embrutecimiento, la avaricia, la ambición y la vanidad que a unos los esclavizan y a otros los corrompen, siempre formarán una sociedad de abusivos y embusteros por un lado, y de víctimas de los abusos y de los embustes por otro. Para que esto no ocurra, cada ser humano ha de hacer un esfuerzo moral sobre sí mismo. En el fondo de su alma, todas las personas, pero les gustaría obtener sin esfuerzo aquello que sólo se puede conseguir realizando un esfuerzo moral. (…)>

El párrafo continúa de manera elocuente defendiendo el principio, al que llama eterno, de no hacer al prójimo lo que no quisiéramos para nosotros, y apelando a nuestra conciencia. Y además, en palabras de Tolstói: “No ser patrón de nadie ni esclavo de nadie”. Llegados a este punto el escritor  arremete con vehemencia por vez primera contra la Iglesia (anoto en la lista) y no sólo contra el estado:

<Y he aquí que aparece una doctrina para el mejoramiento de la vida social mediante la transformación de las reglas externas.  Según esta doctrina, los seres humanos pueden alcanzar sin esfuerzo, los frutos del esfuerzo; de igual manera que según la doctrina religiosa se puede conseguir el auto perfeccionamiento mediante la plegaria, o la expiación de los pecados mediante la sangre de Cristo, o la bendición de Dios mediante los sacramentos. Esta doctrina ha sido y es la responsable de terribles miserias y más que cualquier otra retrasa el perfeccionamiento verdadero de la humanidad.>

Si avanzamos en el capítulo encontraremos una cita mucho más directa atacando al cristianismo:

< ¿Por qué el cristianismo se ha pervertido tanto? ¿Por qué ha caído tan bajo la moral? La razón es una: la fe en la eficacia de un régimen de violencia.>

Desde luego en el capítulo deja clara su postura contra el estado de derecho, y su aparente confianza en la anarquía:

<La gente está tan acostumbrada a la violencia, que piensa que vive pacíficamente sólo porque hay juzgados, policía, ejército.Pero no sólo no es verdad, sino que, por el contrario, todos los juzgados y la policía y los ejércitos impiden, más que ninguna otra cosa, que la gente viva en amistad y armonía. Las personas depositan sus esperanzas en estas instituciones y dejan de preocuparse de establecer, con sus propios recursos, una vida pacífica entre ellas.>

El escritor insiste en que la ley que se debe acatar es la divina, puesto que las humanas son cambiantes y difieren, en cambio la de Dios es la misma en todas partes. Cristo habla de respetar en todos los casos la vida humana, y esto Tolstói lo lleva a rajatabla: No matarás nunca, y nunca es nunca. Tampoco cree en las cárceles ni en las penas para los delincuentes, sea cual sea su delito, y dice:

<En cualquier situación en la que se haga uso de la violencia, trata de convencer racionalmente y pocas veces tendrás pérdidas en el sentido material y en cambio tendrás grandes ganancias en el espiritual.>

Y continúa:

<Anarquía no significa la ausencia de organismos, sino la ausencia de aquellos organismos mediante los cuales las personas son obligadas a someterse por la fuerza. Al parecer una sociedad formada por personas dotadas de inteligencia no podría ni debería estar organizada de otra manera.>

Pone fin al capítulo haciendo apología de su principal convicción: llegar a la felicidad a través del amor y la ausencia de la violencia en la sociedad. Un ideal para la vida que muchos de nosotros quisiéramos, pero que en mi opinión, es pura utopía.

Hoy tenía pensado abrir la entrada del diario con un suceso ocurrido en mi comunidad de vecinos. Un atraco a mano armada que sufrió en el portal una joven que vivía  en mi edificio. Quería ejemplificar el miedo que siembran en un grupo de personas ciertos acontecimientos violentos con los que convivimos a diario, especialmente en las grandes ciudades; además de los daños físicos, psicológicos y pecuniarios de la victima que lo sufre en primera persona. Pero he decidido que no, no me esforzaré en convencer a nadie que un acto violento no debe tener la pasividad de la sociedad. ¿Cómo conseguir controlar la violencia en la sociedad? No creo que nadie tenga la fórmula mágica pero, en mi opinión, la ausencia de reglas de conducta en la misma no ayuda.

Admiro a Tolstói por querer encontrar la solución al problema, comparto con él la condena a la violencia de cualquier tipo, pero discrepo en su idea de eliminar los organismos que rigen el comportamiento de los individuos; aunque sin duda conocemos casos en el mundo en los que estos deberían humanizarse. Quizá en su época su punto de vista estuviera justificado, su testimonio y el de otros pensadores dan fe y nos ilustran de las injusticias. Pero la historia de la humanidad y mi experiencia de vida me hacen desconfiar de ese difícil compromiso que pide Tolstói a cada individuo para conseguir la sociedad ideal. Con él cierro hoy la entrada del diario:

<Si ves que el orden social es malo y quieres arreglarlo, sabe que para esto hay solo un medio: que todas las personas se vuelvan mejores; y para que todas las personas se vuelvan mejores, tú sólo tienes una forma: volverte mejor tú mismo.>


Hasta la próxima entrada, amigos.


Undine von Reinecke ♪




16 comentarios:

  1. Cada vez siento más curiosidad y ganas por leer a Tolstoi, y sabes que eres la culpable.
    Besazos y enhorabuena por tu diario.

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    1. Jajaja, bueno, es un buen vicio :)
      Si te decides a leer a Tolstói no dejes de contármelo.
      Un abrazo!!

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  2. Hola Undine,

    Acabo de leer esto y creo que te puede interesar por lo que te gusta tanto este autor...

    https://xordica.com/producto/de-quien-es-la-culpa/

    Parece ser la mujer de Tolstoi escribió un libro como "venganza y respuesta" a uno de los libros que publicó su marido,

    "Sofia, la esposa del gran escritor ruso Lev Tolstói, escribió esta novela como respuesta literaria a Sonata a Kreutzer, publicada en 1889. La autora interpretó esta obra como un ataque público y despiadado contra ella, donde su marido reflejó como en un espejo las tumultuosas relaciones de su matrimonio en la pareja protagonista.

    ¿De quién es la culpa? revela el talento literario de una gran escritora, una mujer que vivió a la sombra de un genio"

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    1. Buenas tardes:
      Primeramente, gracias por acordarte de mí con estos libros. Y respondiendo a tu pregunta, sí los conozco. Tengo las dos novelas preparadas para reseñarlas, pero creo que lo dejaré unas semanas, porque después de El camino, mucho me temo que terminaré exhausta con Tolstói :)
      Un abrazo, y mil gracias por leerme y comentar!!
      PD:¿Cuál es tu blog?

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    2. Hola de nuevo,

      Mi blog es www.cadavezqueteleo.blogspot.con.es

      Pero lo tengo inactivo temporalmente por motivo de unas oposiciones a las que me presento... Si todo va bien, quizás para mayo lo vuelva a activar...mientras tanto me consuelo leyendo vuestros blogs y participando en la RRSS

      Un saludo,

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    3. Buenas tardes, Ana:
      Pues ya queda claro :)
      Espero que tu oposición sea un proyecto bueno para ti. Y esoero termine muy prontito, para que pueda leerte en tu blog, que ya no se me olvidará.
      Aquí siempre serás bien recibida.
      Un abrazo!!

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  3. Hola.
    Me quedo con la última cita aunque no sé hasta qué punto podemos cambiar el mundo pero, por lo menos, que no sea por no intentarlo y si todos fuéramos mejores personas haríamos un mundo mejor.
    Un saludo.

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    1. Buenas tardes, preciosa.
      Sin duda, si nuestras intenciones fueran las de mejorar la armonía entre nosotros estaría más cerca de conseguirse.
      Un abrazo, y gracias un día más por visitarme!!

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  4. Seguimos.
    En algunas cosas estoy de acuerdo con él, en negar cualquier uso de violencia y en que hay que reconocer que para someter a la gente es eficaz. Pero estoy de acuerdo contigo en que es una utopía y que vivir sin reglas solo abriría la veda a los salvajes y estaríamos perdidos. Sería como esa peli que me niego a ver, la Purga, que un día se pueden cometer impunemente todos los delitos, no tendríamos dónde escondernos. A veces con estas teorías da la sensación de que es incluso ingenuo.
    Buenas noches, Querida Undine.

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    1. Buenas tardes, Norah:
      Sí, yo también he pensado lo mismo que tú, sus ideas son ingénuas en ocasiones. No sé qué pensar muchas veces, si quizá al final de su vida perdió cierta conexión con la realidad. Tengo que seguir leyendo sobre su vida para saberlo.
      Un abrazo, preciosa, y muchas gracias por tu fidelidad a mi camino!!

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  5. Desde luego, Tolstoi sigue estando de moda. Creo que es un ejercicio estupendo leer este libro y reflexionar junto al autor sobre todos estos temas pero nosotros con los ojos del nuestro presente.
    Besos

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    1. Buenas tardes, Inés:
      Sin duda, no se puede leer a Tolstói con los ijos de nuestros días, porque su mundo era extremo y muy diferente. En estos días me he enfadado con él a veces, pero sus intenciones de amor siempre me ganan.
      Un besazo, y gracias por pasar a leerme y comentar!!

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  6. En esta ocasión, mi estimada Von Reinecke, no estoy de acuerdo con el maestro y yo diría que le encuentro hasta infantil; es imposible vivir sin reglas, el estado ideal se convertiría en un estado de caos absoluto. La sociedad necesita normas, tendemos al alboroto,el desorden y si, a la violencia en mayor o menor grado ¿Ancha es Castilla? No, lo siento. No puedo ni entenderlo ni aceptarlo.

    Este capítulo si es peliagudo 🤔
    Besitos preciosa 💋💋💋

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    1. Hola otra vez, hoy conversamos por partida doble :)
      A mí me parece que Tolstói no es realista en cuanto al ser humano se refiere, confía demasiado en él. Me resulta muy utópico todo.
      Estoy totalmente de acuerdo con tus palabras. Verás en la entrada de hoy, sigue con lo mismo en el capítulo de El castigo.
      Un besazo, preciosa y muchas gracias!!

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  7. Eliminar a las instituciones también me parece un imposible y te diría que no quiero que ocurra. Las instituciones organizan, mejor o peor, de una forma u otra pero organizan la sociedad. Yo más que infantil lo veo más una idea adolescente, yo cuando era adolescente era de las que gritaba que las instituciones no servían para nada más que para mandarnos, y claro... luego la vida te va enseñando otras cosas. Me quedo con una reflexión que me ha surgido estos días: la inversión que hacen los estados, el nuestro también, en temas de armamento ¿para qué ha servido en esta pandemia? Quizá las instituciones o como lo llamemos tengan que pensar más en terminos de vida (más sanidad, más investigación) que en terminos de violencia (muerte, defensa violenta).

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    1. Buenos días, Esther:
      Lo que está claro es, que de utopías no se vive; Tolstói no tenía visión periférica, en mi opinión. Comparto contigo la orientación que debe darse a capital invertido por los gobiernos mundiales, aunque no confío en que ello pase.
      La pandemia que estamos sufriendo deberíamos tomarla como un aviso, pero el ser humano ha demostrado siempre no aprender de los errores.
      Pese a todo, quiero pensar en positivo.
      Un abrazo!

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