sábado, 18 de enero de 2020

DIARIO DE UNA LECTORA DE TOLSTÓI: EL CAMINO DE LA VIDA CON TOLSTÓI Y SELMA ANCIRA

Fuente: Undine von Reinecke

Sinopsis de la editorial
El camino de la vida sólo vio la luz en ruso en 1911, unos meses después de que Lev Tolstói falleciera en la estación ferroviaria de Astápovo. El libro, que había permanecido inédito en español, como un tesoro escondido, es la culminación de la obra moral del escritor y la expresión más completa de su pensamiento religioso: un destilado de máximas legadas por los sabios de todos los tiempos y de todas las tradiciones del mundo que le inspiraron sus propias reglas para el perfeccionamiento interior. Cada uno de los treinta y un capítulos que integran este volumen—uno por cada día del mes—conforman un singularísimo breviario espiritual destinado a «llevar una vida de bien» y contribuir así a la realización de una aspiración tan antigua como irrenunciable: la convivencia pacífica entre los individuos y los pueblos.


18 de enero de 2020


Capítulo XVIII: Las Falsas creencias


<Las falsas creencias son aquellas que las personas aceptan no porque sean necesarias para su alma, sino únicamente porque creen a los que predican.>

Desde que comencé mi camino junto a Lev Tolstói he llevado un listado de afrentas lanzadas contra la Iglesia Ortodoxa por parte del gran escritor, y analizar así qué motivos utilizaron para echarle de la misma. Lo cierto es, que tras haber leído este capítulo me ha quedado claro que éste por sí solo hubiera bastado para su excomunión, ya que no se limitó a decir tal o cual cosa inconveniente, sino que elaboró una estrategia para desmontar sus cimientos, acusándola de todos sus errores e invitando a sus fieles a abandonarla. Denunció a los jerarcas de corruptos y a los fieles los tachó de ignorantes por creer en ellos antes que en la verdadera fe. Sus palabras fueron incluso más allá, incluyendo en su crítica a todas las religiones, cristianas o paganas, que no siguieran los preceptos que Lev Tolstói consideraba aceptables. Aunque, como ocurriera con temas anteriores, llegara a contradecirse más de una vez sobre si existe o no una verdadera religión,  nada nuevo a estas alturas de El camino de la vida.

Comienza su cruzada denunciando la falsedad de las creencias y de los fieles, aduciendo que es hipocresía. Por otro lado, como ocurriera en el capítulo dedicado a los gobiernos y sus leyes, acusa a los poderosos de intentar dominar al pueblo mediante una falsa religión inventada por ellos. Lo hace de la siguiente manera:

<Con frecuencia la gente piensa que cree en la ley de Dios, cuando en realidad sólo cree en lo que todos creen. Y todos creen no en la ley de Dios, pero llaman ley de Dios a los que les conviene y no les impide llevar la vida que llevan.>

<Desde el momento en que los primeros miembros de las Iglesias dijeron: “Porque hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros”, es decir, reconocieron los razonamientos de la gente reunida como más importantes y más sagrados que la razón y la conciencia humana, desde ese momento comenzó la mentira que ha acabado con millones de seres humanos y continúa llevando a cabo su nefasta labor.>

Como se traduce de sus palabras, condena las luchas que se libraron en nombre de Dios. También habla del clero en general y no solo de los gerifaltes, señalándolos como falsos profetas que mantienen al pueblo engañado para no perder el control sobre él; porque si el rebaño fuera culto y pensara encontraría por sí mismo la verdad:

<El clero necesita mantener al pueblo en su ignorancia; porque el Evangelio es tan sencillo que si no lo hiciera así cualquiera podría decir a los pastores espirituales: “Aun sin vosotros, todo eso ya lo sabemos”.>

<La verdadera fe no necesita de la Iglesia.>

Superado la primera batalla contra la mentira que representa la Iglesia, Tolstói expone las razones por las que surgieron las falsas leyes de la Iglesia, reiterando de nuevo su conveniencia para los pecadores que, a estas alturas de El camino de la vida, todos adivinamos a quienes se refiere:

<Si los hombres viven en el pecado y la tentación, no pueden estar tranquilos. La conciencia los delata. Y por eso, dichas personas están obligadas a elegir una de dos: o reconocerse culpables frente a los hombres y frente a Dios y dejar de pecar, o seguir llevando una vida pecadora y cometer malas acciones en diciendo que son buenas. Es para esas personas para las que se han inventado las falsas creencias, según las cuales uno puede considerarse justo aun llevando una mala vida.>

Dicho lo anterior, da paso a su batalla contra las prácticas abstractas o ritos en que se fundamentas muchas religiones. Para ello utiliza  las palabras de un filósofo al que recurre en múltiples ocasiones, Kant. Afirma que lo único que desea Dios del ser humano es la bondad, todo lo demás sobra y es malo:

<Puede haber tres clases de falsas creencias. La primera es creer en la posibilidad de conocer a través de la experiencia lo que según las leyes de la experiencia no puede ser admitido (fe en los milagros). La segunda falsa creencia consiste en admitir, en aras de nuestro perfeccionamiento moral, cosas sobre las que no podemos formarnos ninguna idea por medio de nuestra razón (fe en los misterios). La tercera falsa creencia es reconocer la posibilidad de invocar por un medio sobrenatural una acción misteriosa, a través de la cual la divinidad influiría en nuestra moralidad (fe en la gracia divina).> Kant

<El hombre puede agradar a Dios únicamente si lleva una vida justa. Y por eso todo aquello que no sea una vida justa, pura y buena con la que el hombre crea agradar a Dios, no es más que un engaño burdo y nocivo.> Kant

Dicho esto, apunta más alto, es el momento de criticar los Evangelios. Opina que los evangelistas son como “charlatanes”, que contaban cuentos para impresionar a la gente y no hablaban de la verdad de la fe en Cristo. Lo más notable es su negación de la resurrección de Cristo:

<Desde el principio, los apóstoles y los primeros cristianos, entienden tan mal la esencia de la doctrina de Cristo, que enseñan a la gente que adopta el cristianismo a creer, por encima de todo, en la resurrección de Cristo, en los efectos milagrosos del bautismo, en el descenso del Espíritu Santo y demás. Pero nada o casi nada hablan de la doctrina moral de Cristo, como se ve por todas las arengas de los apóstoles descritas en los Hechos.La fe en los milagros que, en su opinión, confirma la veracidad de la confesión, era lo principal; la fe en la enseñanza de Cristo era secundaria, con frecuencia incluso quedaba olvidada o no era comprendida, como puede verse, por ejemplo, en los mismos Hechos, por el castigo a Ananías en nombre de Cristo, el maestro del amor, del perdón.>

Tolstói asegura que todo lo que hay alrededor de la religión es un engaño, y afirma:

<La religión, al no tener nada que dar, da una letra de cambio para la vida después de la muerte.>

Partiendo de la base de que la religión y la Iglesia son un engaño, practicarla en grupo no le parece oportuno. Su manera de acercarse a Dios mediante la plegaria es diferente a como el resto de los cristianos de su tiempo la entendían, basándose principalmente en lo espiritual. Por supuesto, detesta las imágenes y la iconografía tan propia de las Iglesias ortodoxa y católica:

< (…) La verdadera plegaria consiste en, habiendo renunciado a todo lo mundano, lo exterior, comprobar nuestra alma, nuestros actos, nuestros deseos según las exigencias no de las condiciones del mundo exterior, sino de ese principio divino que nosotros percibimos en nuestra alma.Y esa plegaria suele no ser ni un enternecimiento vano ni esa excitación que producen los rezos colectivos con sus salmos, sus iconos, sus velas y sus sermones; esa plegaria es ayuda, fortalece y eleva el alma; es una confesión, examina los actos pasados e indica la dirección a seguir en el futuro.>
Como es signo característico en Tolstói, aboga por la sencillez y la pobreza. No cree en los ritos extravagantes y complejos, los considera nocivos para el entendimiento:

<Cuanto más irracional y más perniciosa es una institución, de mayor pompa exterior se rodea, de otra forma no atraería a nadie. Así es la Iglesia. La solemnidad y el brillo exterior de los cultos eclesiásticos son los principales indicios de su irracionalidad y su nocividad.>

También habla de supersticiones y de santerías que rozan el paganismo y la brujería. Tales como hacían los llamados “hombres santos” (Rasputín, entre otros):

<El hombre que realiza acciones que en sí mismas no tienen nada de moral sólo para atraer directamente hacia él el favor de dios y alcanzar, a través de ellas, el cumplimiento de sus deseos, comete el error de pensar que por medios naturales se pueden obtener consecuencias sobrenaturales. Esos intentos se llaman brujería, pero como la brujería está en relación con el espíritu del mal, y estos intentos, aunque por error, se realizan con buenas intenciones, más bien los llamamos fetichismo. (…)>

Y llega el momento en el capítulo de desvelar cuál es la verdadera fe y para ello desacredita al resto de religiones. Aduce paradójicamente a  que nadie tiene la verdad absoluta, para contradecirse luego afirmando que su fe es la verdadera:

<En cuanto aparecieron personas que comenzaron a decir de sí mismas que eran la Iglesia y que por lo tanto eran los únicos infalibles, rápidamente aparecieron otras personas que comenzaron a decir unas de otras que están en el error, lo más probable es que ambas estén equivocadas.>

<Dicen que los creyentes verdaderos son los que componen la Iglesia. No podemos saber si existen o no creyentes verdaderos. Cada uno de nosotros desearía ser un creyente verdadero y cada uno intenta serlo. Pero nadie debe decir ni de sí mismo ni de otras personas que creen como él, que ellos son los únicos creyentes verdaderos, porque si ellos pueden decir eso de sí mismos, otros pueden decir exactamente lo mismo.>

<Para los católicos, la Iglesia divina concuerda con la jerarquía romana y el papa. Para los ortodoxos, la Iglesia divina concuerda con los organismos de la jerarquía oriental y rusa. Para los luteranos, la Iglesia divina concuerda con un grupo de creyentes que admite la Biblia y el catecismo de Lutero. Para la gente pensante, tanto la una como la otra y también la tercera tienen en su esencia falsos organismos humanos.¿Acaso no está claro que ni en la una ni en la otra ni en la tercera hay ni puede haber verdad?>
<Nuestra vida se ha vuelto mala, peor aún que la vida pagana, porque en vez de una fe verdadera, tenemos una fe falsa, el engaño de la fe.>

Él defiende que la verdadera fe está en seguir la ley de Cristo y para seguirla hay que renunciar a todo lo demás. Descubrir al cristiano interior y espiritual buscando la conexión con el alma y así lograr la transformación de todos los hombres:

<La fe no consiste en saber lo que ha sucedido o lo que sucederá, ni siquiera lo que sucede actualmente, sino sólo en saber lo que cada ser humano debe hacer.>

<La doctrina cristiana es tan clara que hasta los niños la entienden como debe ser entendida. No la entienden únicamente aquellos que no quieren vivir como cristianos.Para entender el verdadero cristianismo, lo primero que hay que hacer es renunciar al falso cristianismo.>

<La Iglesia, la verdadera, es decir, la unión de quienes tienen una fe verdadera y afín, siempre es interior. El reino de los Cielos está dentro de vosotros. Las personas que no se conocen, que están lejos tanto en el espacio como en el tiempo, se hallan indisolublemente unidas porque profesan la misma verdad. En cambio, la Iglesia exterior, la que une a la gente en el tiempo y en el espacio, viola la verdaderamente unión interna, poniendo lo aparente en el lugar de lo verdadero. (…)>

<Todo hombre de forma individual, así como la humanidad en su conjunto, debe transformarse, pasar del estado inferior al estado superior, sin detenerse en su crecimiento, cuyo límite está en Dios mismo.> Lamennais

Ha sido un capítulo poco ilustrativo, puesto que muchos de sus preceptos ya los había comentado en temas anteriores o eran imaginables, conociendo su manera de pensar con respecto a los poderes y las leyes. Por otro lado, no me parece tan descabellado las razones por las que ataca a las diferentes religiones; no hay más que recurrir a los libros de historia para conocer todos los hechos en los que se basa: Inquisición, actos de fe, Cruzadas, intereses en las guerras, sacrificios humanos, etcétera. Si lo llevamos a la religión ortodoxa imperante en la Rusia de su tiempo, ya se sabe la complicidad que tenía con el régimen zarista y sus abusos a la población. Pero creo que peca una vez más de contradicción cuando quiere desmontar las religiones existentes; no puede decir que todas ellas se acusan mutuamente de erróneas, y que ya por eso están confundidas, cuando él mismo hace lo mismo con todas ellas.

No obstante, su búsqueda de lo espiritual, su fe en el amor, el anhelo de unión entre todos los hombre, son principios innegables. Todas estas características por las que define su fe no parecen tan abstractas, ni absurdas. Lo positivo impera sobre ellas, construye. Me quedo con este Tolstói que se muestra esclarecedor y humano:

<A Dios no se Le puede conocer por lo que se cuenta de Él. A Dios sólo se Le puede conocer si se cumple Su ley, esa Ley que el corazón de todo ser humano conoce.>


Hasta la próxima entrada, amigos.



Undine von Reinecke ♪





5 comentarios:

  1. Ha estado batallador Tolstoi en este capítulo. Como se suele decir, con la Iglesia hemos topado!
    Besos

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    1. Buenas tardes:
      Siempre es batallador, pero en este caso además demasiado vehemente. A estas alturas del camino, estoy espectante de si me dirá algo nuevo.
      Un beso grande, preciosa, y muchas gracias por pasar y comentar!!

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  2. De él, me esperaba más caña, me ha resultado casi dogmático y todo 🙄 yo misma discutiría con él si pudiera, solo por verle encendido con el tema 😅

    Bona nit carinyet 💋💋💋

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  3. Buenas noches, Undine:
    Sigue con lo suyo, no se le puede decir que no sea coherente ni que le falte perseverancia. Una vez más confía en exceso en la buena voluntad del ser humano y obvia cuántos hay que no la tienen.
    Por otro lado, alabo como tú sus principios de bondad y amor, no predica nada malo, pero no me gusta su intransigencia.
    Que se organice la creencia en lo inmaterial y en lo irracional en torno a una religión para entenderlo, o para entender la vida en sí, no tiene nada de malo. Solo es malo si lo utilizas para cosas que no están bien, para someter a otros, hacer daño, o cualquier otra barbaridad de esas que se cometen en nombre de dios, sea el que sea.
    Besos

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  4. Qué hubiera sido Tolstói con un blog o con una cuenta en twitter! Venga a generar polémicas! En este capítulo me quedo con la base de toda su filosofía, la unión de los hombres, y la moral de cada uno.

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