RESEÑA: EL MUSEO COMO TEMPLO (Y OTROS DISPARATES), LORENA CASAS PESSINO

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica

Editorial: La Huerta Grande

Colección: La Huerta Grande Ensayo

Edición: Rústica con solapas

Páginas: 128

Idioma: Español

Fecha de publicación: Mayo 2024

ISBN 9788418657535

ISBN e-book 9788418657542

PVP: 15,00€


Sinopsis de la Editorial

¿Hacia dónde camina el museo del siglo XXI? Este ensayo hace un breve repaso de los orígenes y evolución del museo clásico desde el siglo XVIII al XXI. En ese recorrido se centra en la trasformación de la institución museística de templo de la cultura en centro que compite con el resto de la oferta de ocio de su ciudad, desdibujando los ideales que lo sustentaron en origen, mermando el potencial de comunión sublime que puede ofrecer el gran arte, y rindiéndose, además, al poder, las exigencias y manipulaciones de los nuevos cánones imperantes.


Propuesta musical para este libro

Sinfonia No. 3 “Eroica” Op. 55: I. Allegro con brio, Beethoven

*Crédito de vídeo: Canal de Youtube Jordi Savall - Tema

La pieza que el lector está escuchando es el primer movimiento, Allegro con brio, perteneciente a la Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, Op. 55, también conocida como Eroica,  compuesta por Ludwig van Beethoven entre 1802 y 1803. La obra está dedicada al príncipe Joseph Franz von Lobkowitz (1772-1816), aunque inicialmente el compositor de Bonn tuvo la intención de dedicársela a Napoleón Bonaparte, porque veía a éste como la encarnación de los ideales de la Revolución Francesa, por los que Beethoven sentía admiración. Sin embargo, decepcionado por las decisiones que este cuestionable estadista estaba tomando, como la de proclamarse a sí mismo emperador, el gran músico alemán decidió borrar su nombre de la partitura.

La primera interpretación de la obra fue en 1804 y tuvo carácter privado, realizándose en la residencia del príncipe Lobkowitz. Meses después, antes del estreno público que se celebró el 7 de abril de 1805 en el Theater an der Wien de Viena, que contó con el propio Beethoven a la batuta, se ejecutaron diferentes matinés dominicales en las que se escuchó esta famosa sinfonía. Y, aunque en su tiempo hubo opiniones encontradas con respecto a la valía de la pieza, lo cierto es que la sinfonía  Eroica representa por muchos motivos un hito en la historia de la música.

Mi elección de la pieza musical para la reseña de hoy se debe a la historia de su composición. Me refiero a las motivaciones que llevaron a Beethoven a querer dedicar su trabajo a Napoleón. Este hecho histórico conecta con gran parte de los motivos que sugiere Lorena Casa Pessino en su interesante ensayo El museo como templo.


Lo que Undine opina del libro


<Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá.> Friedrich Schiller (1759-1805)


Decía, allá por el siglo XVIII, el ensayista francés Joseph Joubert (1754-1824), que el objeto de toda discusión no debe ser el triunfo, sino el progreso, una máxima muy constructiva y vivificante que, en nuestros convulsos días, parece más una quimera que una realidad. Pese a ello, dentro del ámbito académico e intelectual, de vez en cuando podemos encontrarnos con textos empáticos, escritos por mentes lúcidas en contacto con el mundo real, que invitan al individuo a reflexionar y actuar. El poder dialéctico que tienen determinadas voces es muy necesario en nuestra maltrecha sociedad.

Hace algunas semanas llegó a mis manos un ensayo titulado El museo como Templo (y otros disparates), firmado por la historiadora del arte Lorena Casas Pessino, que la editorial La Huerta Grande me hizo llegar, asegurándome que era un ensayo que me iba a agradar. La editora Phil Camino me conoce bien.

Sin embargo, no soy una persona fácil de contentar cuando se ponen sobre la mesa temáticas artísticas. Por ese motivo, dejé mis expectativas en la fresquera, y comencé mi lectura con cierta incredulidad. Esperaba toparme con un texto repleto de clichés, como frecuentemente suele ocurrir.

Fuente: E. La Huerta Grande

Empero, y aquí debo pedir perdón por mi falta de fe, lo que encontré es un ensayo sobresaliente, bien argumentado, ágil y valiente, que no sólo se dirige al lector más intelectualmente dotado, sino al público en general. En su escrito, la autora acerca hasta todos nosotros la realidad de nuestro tiempo y toma como excusa la esfera cultural.

Partiendo como motivo principal del título del ensayo, la idea del Museo como Templo, como contenedor de esa divinidad que el mundo clásico encontraba en conexión con el arte y con la cultura y el conocimiento en general, Lorena Casas Pessino plantea la relevancia que estas instituciones han tenido para la sociedad desde sus comienzos hasta la actualidad. La escritora no se limita a hacer un barrido por la historia de las más grandes salas de arte de carácter privado o estatal, sino que analiza el impacto que éstas han venido teniendo, y desarrolla la teoría de cómo las diferentes ideologías utilizan el arte para afirmar sus posiciones. Y créanme mis lectores que lo hace de manera brillante y convincente.

Gliptoteca de Múnich (fuente: Undine von Reinecke)

Desde Egipto, que ve como el germen del coleccionismo, pasando por la Grecia Clásica, el mundo romano o el Renacimiento, periodo de la historia en que la autora enmarca el nacimiento del museo como tal, Casas Pessino describe el espíritu del que han gozado estas salas del saber, desde que en tiempos remotos se estableció lo que era el canon de belleza y surgió lo que hoy conocemos bajo el término de estética

Matemáticos, filósofos, artistas eminentes, e incluso políticos y megalómanos, pasan por estas poco más de cien páginas intrépidas, que lo mismo conjugan la sabiduría de Pitágoras o la iluminación de Leonardo da Vinci, que compara la siniestra horda negra de la Francia revolucionaria o del nazismo, con los movimientos ideológicos extremistas de la Norteamérica actual que han traspasado nuestras fronteras. La autora intenta establecer en qué momento el individuo se desorientó, perdiéndose en la idiosincrasia de la historia y aceptando como una verdad ideas incompletas o cuestionables que nos apartan del libre albedrío. 

Por otro lado, en ese mismo sentido, Lorena Casas Pessino se pregunta hacia dónde se encamina nuestra civilización si estamos arrinconando e ignorando las Humanidades, tan necesarias para alimentar nuestras inquietudes intelectuales y nuestra educación emocional. Y aquí especialmente debo partir una lanza en su favor, porque las estadísticas que comparte en su ensayo son verdaderamente alarmantes.

De manera cercana y muy amena, con alusiones literarias, cinéfilas y socialmente coyunturales, por todos conocidas, la autora rompe la cuarta pared y se dirige a los lectores, invitándoles a sentir el arte como elixir de vida, como terapia contra la desidia y la desinformación de nuestros días. Y lo hace con la autoridad, con la experiencia que da toda una existencia dedicada a la cultura, a la belleza como sacerdocio y como camino hacia la felicidad.


<La vida feliz y dichosa es el objeto único de toda la filosofía.> Cicerón (106 AC-43 AC)


Undine von Reinecke ♪


👉Lorena Casas Pessino estará firmando su ensayo el jueves 13 de junio en el Parque del Retiro de Madrid, dentro del marco de la FLM 2024. La firma tendrá lugar en la caseta Nº 111 de la editorial La Huerta Grande


La autora por la Editorial

Fuente: E. La Huerta Grande

Casas Pessino, Lorena

Nació en España en 1967. Hija de padre español y de madre cubana, pasó su infancia entre Estados Unidos, Bélgica y España. Tras cursar sus estudios universitarios en Boston University (Bachelor in Arts en Historia del Arte e Historia), obtuvo su MA en Historia del Arte en el Courtauld Institute of Art (University of London) con una especialización en manuscritos de la Alta Edad Media (la producción de manuscritos realizados por mujeres religiosas en la Inglaterra anglosajona).

Trabajó durante cinco años como editora en Harvey Miller Publishers en Londres. Regresó a Madrid donde, entre 2002 y 2016 trabajó en el Museo Nacional del Prado, primero como Asistente del Director y, a partir de 2008, como jefe de Relaciones Institucionales del Museo. Desde 2017 es Miembro del Patronato Internacional de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Vive entre Madrid y Ruiloba (Cantabria).


Comentarios

  1. No soy una loca de los museos. Cuando viajo no voy al museo de turno como una obligación, pero me gusta ir a algunos en los que sé que hay obras o exposiciones que me interesan. Cada vez es más difícil a no ser que vayas a horas intempestivas. La cantidad de personal es tal, que no disfrutas de nada. Y su comportamiento deja mucho que desear. Se ve que, como dice la sinopsis de la editorial, es otra de las ofertas de ocio y hay gente que la consume como el viaje en góndola o la noria de Londres. Por otra parte estoy de acuerdo en lo que comenta la autora acerca de "la desidia y la desinformación de nuestros días" y no entiendo que con esa desidia, la gente se lance a los museos como pollos sin cabeza. ¿Es afán de belleza y cultura o es necesidad de no perderse nada de lo que la guía turística recomienda? Me pillas sensibilizada porque hace un par de semanas sufrí en el museo D'Orsay una de las visitas más tensas de mi vida a una exposición en principio apasionante.
    Un beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Rosa.
      Yo soy visitante asidua de los museos desde que era una adolescente, aunque es cierto que siempre he procurado ir en horarios y fechas con baja afluencia. El motivo es el que tú comentas, y que Lorena Casas Pessino toma como uno de los argumentos de su ensayo.
      Por otro lado, concuerdo plenamente contigo, ese exagerado consumo de los museos poco tiene que ver con lo cultural. Lamentablemente, la sociedad actual sigue las directrices que marcan las tendencias, y lo hace para cumplir con una ley tirana del llamado postureo. Esperemos que la cosa se relaje algún día.

      Un abrazo, y gracias por la visita!!

      Eliminar
  2. Buenas tardes Undine, yo soy fan de los museos, los visito cuando viajo y también con frecuencia los de mi ciudad, preferentemente si hay poca gente y puedo disfrutar con las obras expuestas en tranquilidad. Curiosamente sentarme con calma ante un cuadro que me gusta me da sensación de paz, también es verdad que que en tropel pueden ser un agobio. Tomo nota de este libro tan interesante para echarle un vistazo. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas tardes, Mar.
      Tenemos otra afición en común. No me refiero al gusto por visitar los museos, que también, sino al placer de sentarse frente a una obra de arte y dejarse llevar por un mundo infinito de sensaciones. Creo que uno de los momentos más felices de mi vida intelectual fue la primera vez que visité la National Gallery de Londres; aquel día perdí la noción del tiempo admirando mi obra favorita de W. M. Turner: El último viaje del Temerario. Experiencias como aquella dan sentido a muchos aspectos de mi vida.

      Un abrazo, y gracias por compartir tus opiniones!!

      Eliminar
  3. ¡Hola! Yo no soy una gran fan de los museos pero cuando viajo siempre trato de visitar alguno, así como los de mi ciudad, a los que voy siempre que hay alguna exposición importante aunque, en general, son pequeñitos. Eso sí, considero que son lugares mágicos en los que perderse. Un besote :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenos días, Marya.
      En mi opinión, tu postura hacia las instituciones que representan los museos es la correcta. No se trata de ser una adicta a las visitas, sino a ser una persona con intereses. Ojalá todos podamos decir lo mismo.

      Un abrazo, y gracias por dejar tus impresiones!!

      Eliminar
  4. Buenas noches, Undine:
    Apoyo la moción, los museos con categoría de templos. Son tan necesarios... Y sí, está sociedad está maltrecha y a veces parece que imposible de salvar.
    Es que yo creo que ya están denostada no solo Humanidades, que son las primeras en caer sino también la ciencia, a mucha gente no le da por pensar, solo lo que diga Google y las redes.
    El libro me ha dado la sensación de que va en el camino del infinito en el junco de Irene Vallejo. Así que seguro que me gusta mucho.
    Besotes y feliz fin de feria

    ResponderEliminar
  5. Bueno, Undine, yo creo que el problema principal del lleno exagerado en los museos es básicamente que sobran habitantes en el mundo, que ahora los viajes están al alcance de cualquiera y que requisito básico en los viajes turísticos es la visita masiva y sin sentido de museos, iglesias y palacios, sin ningún tipo de formación previa de los visitantes.

    Los museos hay que verlos con calma, reflexión y disfrute, cosa imposible cuando las salas están llenas de gente chillona y consumista de ese ocio sin sentido, de hacer, hacer y hacer porque está de moda o porque queda muy guai hacerse el selfie de turno.

    A mí siempre me ha gustado el arte, en todas sus expresiones, y siempre me ha merecido un respeto, aunque supiera poco acerca de según qué movimiento. Siempre he estudiado ciencias, pero cuando llegué a la universidad y debido a los estudios de arquitectura que cursé, tuve que ponerme al día en esas humanidades que conformaban un tercio del programa de estudios —junto con la parte técnica y la artística— y que se me habían negado hasta entonces debido a las carencias del bachillerato de mi época. Aunque nunca se me ocurrió —como a gente que conozco— pasar por un museo de arte contemporáneo para reírme de las obras expuestas.

    Todo esto requiere una mínima cultura previa, ya sea de arte, historia, tecnología o de cualquier materia sobre la que verse el museo en cuestión. Y si no la tienes, al menos has de mostrar un mínimo de humildad para aprender de lo expuesto y sacar provecho. Eso sí, con calma y soledad, y no con algarabías y tumultos. A los museos hay que acudir con otro tipo de ánimo y de predisposición. El verdadero arte es vida. No un simple objeto de consumo. Esa es mi opinión.
    Y creo que este ensayo que nos presentas puede ir bastante por esa línea.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Aquí una fan de los museos. Me pasaría horas, días y semanas dentro de uno. Soy de las que quiere leer todas las cartelas, todos los tripticos, toda la información a mi alcance... Pero es cierto que, dependiendo del museo y de la obra que quieras ver, resulta un poco caótico por la cantidad de gente. Muchos van a hacer la foto y punto. Yo también hago foto (si me dejan) pero como te digo, me gusta leer la información. Es más, me gusta prepararme la visita con antelación. A lo que voy que, como era de prever, el ensayo no la conocía pero me ha gustado todo lo que nos cuentas. No es que sea muy fan del género pero cada vez me atrae más. Besos

    ResponderEliminar
  7. Me gusta mucho ir a los museos. Y detenerme en cada pieza, e intentar disfrutarla. Pero es verdad que cuando se viaja, y se va a los museos de más renombre, es tarea imposible ante tanta gente como hay. Y no solo los de arte. Últimamente cuando viajo intento también ir a museos más dedicados a las ciencias, que aunque no es mi ámbito, últimamente los disfruto y aprendo mucho. Un ensayo interesante el que nos traes hoy. No me importaría leerlo si se cruza en mi camino.
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  8. Hola Undine, un tema muy interesante y polémico. Yo era asidua de los museos cuando era más joven, ahora no sé por qué me da más pereza... seguro que acabaré volviendo, igual cuando las "hordas" del postureo se vayan,jeje...
    Un besazo

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

ENTRADAS POPULARES EN LECTURAS DE UNDINE

RESEÑA: "EL CASCANUECES Y EL REY DE LOS RATONES", E. T. A. HOFFMANN

RESEÑA. "LOS TREINTA Y NUEVE ESCALONES", JOHN BUCHAN

RESEÑA: EL BAILE, IRÈNE NÉMIROVSKY

RESEÑA: "El GATOPARDO", GIUSEPPE TOMASI DI LAMPEDUSA

RESEÑA: "EL HORROR DE DUNWICH", H. P. LOVECRAFT