miércoles, 15 de septiembre de 2021

RESEÑA: "GUÍA PARA VIAJEROS INOCENTES", MARK TWAIN

 

Fuente: Undine von Reinecke

Ficha Técnica:

Autor: Mark Twain
Editorial: Ediciones del Viento
Traducción: Susana Carral Martínez
Encuadernación: Tapa dura
Número de páginas: 624
Edición: 6
Formato: 16x24cm
Fecha de lanzamiento: 01/10/2009
ISBN 9788418227028


Sinopsis de la Editorial:


En 1867, los periódicos de Norteamérica se hacen eco del anuncio de la “Excursión a Tierra Santa, Egipto, Crimea, Grecia y lugares de interés intermedios”, para la que se proponen fletar un barco que partirá del puerto de Nueva York. Se trata de uno de los primeros viajes organizados de la historia, del que forma parte el que luego sería padre de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, decidido a plasmar su opinión en las crónicas que envía al diario Alta California. No deja títere con cabeza: empezando por él mismo, pasando por Miguel Ángel, los Maestros Antiguos, los guías de turismo –a los que pone a caldo–, franceses, napolitanos, y acabando por los Peregrinos y su viaje a Tierra Santa. En 1869 se edita “The innocents abroad” que recoge todas sus crónicas y tiene tanto éxito que, durante mucho tiempo, se empleó como guía de viajes. De hecho, fue la obra más vendida del autor en vida. Twain utiliza sus amplios conocimientos, su dominio del idioma, su peculiar humor y su ingenio para conseguir un libro espléndido; un regalo para el lector moderno.


Propuesta musical para este libro:



William Mason fue un pianista y compositor estadounidense, que nacido en una familia de músicos. Viajó a Europa mediado el siglo XIX, y allí fue alumno de Franz Liszt. A su regreso a los Estados Unidos formó parte y lideró en Nueva York un grupo de cámara que introdujo en el continente la música romántica europea, especialmente la de Robert Schumann. Todo ello en el contexto sociocultural de la Guerra de Secesión.


Lo que Undine opina del libro:


<El que no sale nunca de su tierra está lleno de prejuicios.> Carlo Goldoni

Como cada tercer miércoles de mes de 2021, Lecturas de Undine dedica la entrada semanal del blog al viaje literario La vuelta al mundo en doce libros👈 Septiembre está dedicado a Nueva York, ciudad a la que llega por tren el carismático Phileas Fogg de Julio Verne, tras haber dejado San Francisco a sus espaldas. Esta línea de ferrocarril que utiliza el autor fue construida tres años antes de que el francés publicara La vuelta al mundo en ochenta días, dato que evidencia el gran trabajo de documentación de la inmortal novela.

Jacobo II
Fuente: wikipedia
Nueva York es en la actualidad la ciudad más poblada de Estados Unidos, y desde finales del siglo XIX es además uno de los puntos estratégicos más importantes de la economía mundial. A la ciudad se la reconoce también por sus característicos rascacielos, por la inconfundible Estatua de la Libertad y por su contribución al mudo de las bellas artes y la cultura mundial.

Nueva York fue bautizada con este nombre en 1664 en honor al duque de York, quien se convertiría en Jacobo II, rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1685-1688), por expreso deseo de Carlos II, su hermano mayor, que decidió regalar a Jacobo los terrenos de Nuevos Países Bajos, incluida Nueva Ámsterdam, que Inglaterra arrebató en 1664 a Holanda, después de una cruenta batalla. Los holandeses volvieron a recuperar la ciudad en 1673 y la renombraron como New Orange, pero un año más tarde volvió bajo control inglés.

Mujeres Lenape, 1910
Fuente: Wikipedia
Es de recibo mencionar que antes de llegar los europeos a aquellas tierras en 1524, por obra y gracia de la corona francesa al mando de Giovanni da Verrazzano, que la bautizó como Nouvelle Angoulême, el lugar donde hoy se ubica Nueva York pertenecía a la tribu Lenape; estos primeros pobladores vendieron en 1626 la isla de Manhattan a los holandeses, y la leyenda que narraba la transacción estuvo bajo sospecha durante mucho tiempo. Como quiera que sea, esta gran metrópoli comenzó a cobrar importancia como punto estratégico comercial y de comunicación bajo la corona inglesa, que supo sacar partido a uno de los puertos naturales más grandes del mundo. Ubicado en la desembocadura del río Hudson, que cede sus aguas a la bahía de Nueva York y que terminan en el océano Atlántico, el puerto neoyorquino era la puerta de entrada al Nuevo Mundo para la mayoría de inmigrantes, especialmente en el siglo XIX y comienzos del XX, donde fueron recibidos por Miss Liberty desde 1886, gran paradoja para una ciudad que había sido uno de los centros de esclavitud más destacados en el siglo XVIII. Nueva York jugó un papel capital en la Guerra de la Independencia (1775-1783), allí se libró la Batalla de Long Island, la más importante de la contienda, que cayó del lado británico. Transcurridos dos años tras la victoria final norteamericana, la asamblea del Congreso de la Confederación designó a Nueva York como la capital de la nación, función que desempeñó hasta 1790. Allí fue investido George Washington como primer presidente de los Estados Unidos, allí se redactó la Declaración de Derechos, ambos acontecimientos en 1789. 

Edward Moran, 1886
Fuente: Wikipedia
Nueva York recibió el siglo XIX con dos grandes fenómenos, el de la inmigración masiva, especialmente llegada desde Irlanda, y el de convertirse en una sede abolicionista de gran importancia. A ello se unió el crecimiento industrial y comercial de la ciudad, que extendía su influencia internacionalmente. Así era la Gran Manzana cuando estalló la Guerra de Secesión en 1861, y que duró hasta 1865, pocos años antes de la publicación del libro de Mark Twain que me ocupa hoy.

En cuanto a la cultura neoyorquina, es importante comentar que la prestigiosa Universidad de Columbia fue fundada en 1754 y se convirtió en el primer centro de estudios superiores de Nueva York y la quinta más antigua de los Estados Unidos. Cabe señalar, además, que este centro universitario administra anualmente, y desde 1917, el Premio Pulitzer, galardón que se otorga por los méritos en materia de periodismo, composición musical y literatura.

Edgar Allan Poe, 1849 aprox.
Hablando de literatura, como comentaba en la etapa de San Francisco, donde hablé de la novela del Oeste y de frontera👈 los orígenes de las letras norteamericanas fijaron su atención en lo que se escribía en Europa, y tuvo su máximo exponente en escritores como Washington Irving (1783-1878) y James Fenimore Cooper (1789-1851). Pero el gran primer gran escritor del siglo XIX fue Edgar Allan Poe (1809-1849), cuyos trabajos influyeron en la poesía europea a nivel conceptual y de estética. Pero mediado el siglo XIX, nuevas corrientes literarias se ponen de moda en Norteamérica y surgen así el Trascendentalismo de R.W. Emerson y H.D. Thoreau, a quién debemos Walden (1854); la novela puritana desarrollada por Nathaniel Hawthorne (1804-1864), creador de La letra escarlata (1850); y, cómo no, el gran representante del Renacimiento estadounidense de finales de siglo, Herman Melville, que escribió Moby Dick (1851), obra inmortal de la literatura universal. Dos nombres más engrandecen las letras norteamericanas, esta vez en el campo de la poesía; me refiero a Walt Whitman (1819-1892), que con Hojas de Hierba erigió a la lírica al grado de representante de la libertad, y Emily Dickinson (1830-1886), cuyas creaciones elevaban la musicalidad y la sensibilidad a un grado sublime. Otros nombres conocidísimos de la literatura estadounidense de este momento quedan en el tintero, como es el caso de  L. M. Alcott, pero mis lectores sabrán añadirlos a la lista principal.

He dejado para el final un nombre que dio una vuelta de tuerca a las letras en su país y las llevó hasta el siglo XX, ofreciendo a los lectores de uno y otro lado del Atlántico un nuevo concepto literario, con su particular sentido del humor y su aguda mirada sobre la sociedad que le tocó vivir. Me refiero a Samuel L. Clemens (1835-1910), más conocido como Mark Twain, todo un icono para Norteamérica por lo que representa su persona, un hombre hecho a sí mismo que se curtió tanto en el Mississippi como en el Lejano Oeste, y por su excelencia como escritor y periodista. A él pertenece la obra que he elegido hoy para la etapa neoyorquina de La vuelta al mundo en doce libros, que lleva por título Guía para viajeros inocentes, publicada en España por Ediciones del viento, que va ya por su séptima edición. De los motivos que me han llevado a esta elección ahora daré razón.

Guía para viajeros inocentes relata un viaje real que se realizó en 1867. Un crucero que partió desde Nueva York y que recorrió diferentes capitales y ciudades europeas, navegando por el Atlántico, el Mediterráneo y el Mar Negro, hasta llegar a Oriente Próximo para visitar Tierra Santa, como punto culmen del viaje. Desde allí se iniciaría el viaje de regreso, no sin antes hacer la parada obligada en Egipto, y en otros lugares de interés, como España. Pero al crucero había que añadir unas cuantas excursiones por tierra que los viajeros podían hacer o no, en grupos organizados por ellos mismos, y que complementaban estupendamente la experiencia.

Primera edición
Fuente: Wikipedia
El libro fue publicado en 1869 por American Publishing Company, bajo el título original de The Innocents Abroad o The New Pilgrims' Progress, y se publicitó como un texto perteneciente al género de la literatura de viajes. Fue el título más exitoso y vendido de la producción de Mark Twain en vida del autor, y durante mucho tiempo fue también un importante referente para los norteamericanos que querían viajar a tierras extranjeras. Aunque ya existía la literatura sobre viajes, el propio Twain había escrito unos cuantos artículos sobre el tema y había ofrecido conferencias sobre sus experiencias viajeras, hasta la fecha no se conocía una aventura organizada para turistas de tamañas dimensiones. Si tenemos en cuenta que La vuelta al mundo en ochenta días fue publicado en 1872, debemos entender que los organizadores del crucero y Mark Twain pudieron servir de algún modo como inspiración al genial Julio Verne

El viaje que se relata en Guía para viajeros inocentes había sido anunciado en los periódicos norteamericanos durante 1867 y, según Mark Twain, que fue uno de los viajeros que se unieron a la experiencia para documentarla, la idea era tan buena que no podía fracasar.


<Se trataba de una idea magnífica; era fruto del más ingenioso de los cerebros. Se le hizo una buena publicidad, pero no era necesario: su osada originalidad, lo extraordinario de su carácter, su seductora naturaleza y la inmensidad de la iniciativa provocaron comentarios en todas partes y le hicieron propaganda en todos los hogares de la tierra. ¿Quién iba a ser capaz de leer el programa de la excursión sin desear formar parte del grupo?>


Quaker City (1861-1865), Clara Ray (1900)
Fuente: Wikipedia
Twain, siempre con su característicos humor e ironía,  comienza su narración contando cómo se unió a este periplo por el mundo, y comparte con los lectores la carta que escribieron los organizadores del viaje, donde exponen las características y las condiciones económicas del mismo, y da fe de los nombres que formaban el comité de selección de pasajeros, porque estos debían cumplir unos requisitos, no se especifica cuáles, y se comunicaba, además, las características que tendría el vapor en el que navegarían, que debía ser elegido por el propio comité. Como curiosidad he de decir que el barco seleccionado fue el Quaker City, un vapor que había participado pocos años antes en la Guerra de Secesión con el nombre de USS Quaker City. Tras el viaje por Europa el barco fue vendido dos veces más, hasta perderse en 1871 frente a las Bermudas en su última travesía.


<¿Qué le faltaba al programa para que resultase absolutamente irresistible? Nada que cualquier mente limitada fuese capaz de descubrir. ¡París, Inglaterra, Escocia, Suiza, Italia-Garibaldi! ¡Las Islas Griegas! ¡El Vesubio! ¡Constantinopla! ¡Esmirna! ¡Tierra Santa! ¡Egipto y nuestros amigos los habitantes de las Bermudas! Las gentes de Europa que debían unirse a la Excursión, enfermedades contagiosas que habrá que evitar, desplazamientos en barca a cargo de los responsables del navío, médico a bordo, la posibilidad de dar la vuelta al mundo al planeta si los pasajeros lo desean al unánime, el grupo seleccionado con rigidez por un despiadado “Comité para la aprobación de solicitudes”, el vapor seleccionado con la misma rigidez por un igualmente despiadado “Comité para la selección del vapor”. La naturaleza humana no es capaz de resistirse a tentaciones tan desconcertantes.>


Sultan Abdülaziz I
Fuente: Wikipedia
No me he resistido a compartir este pequeño pasaje introductorio de Mark Twain, y será el último, porque el libro no tiene desperdicio y cada pasaje es más hilarante y mordaz que el anterior, para que mis lectores comprendan el carácter del texto. Porque Guía para viajeros inocentes no es un libro viajero cualquiera; el autor, que había sido contratado por un periódico local para que enviara cartas de las crónicas del viaje, adoptó en todo momento una postura crítica respecto a los comportamientos de sus compañeros de aventura, sobre los sucesos diarios en el el barco y en las diferentes etapas del viaje, acerca de las costumbres de los diferentes países que visitaban y en referencia a los acontecimientos que contemplaba durante sus andanzas, causados por la situación política y social internacional. De este modo, el libro no es sólo un relato humorístico que narra una peculiar aventura de sesenta turistas osados por el mundo, sino un interesante testimonio de la historia que todos hemos estudiado, contada por un cronista librepensador, que ofrece su particular punto de vista. Al respecto, y teniendo en cuenta que absolutamente todas las etapas del viaje son interesantes y están contadas con un estilo mordaz, quiero destacar las observaciones que Mark Twain hace sobre las tierras y gentes del Imperio Otomano y su sultán Abdülaziz I, a quien pudieron ver en la Exposición Universal de París de 1867 junto a Napoleón III. Estas apreciaciones, de marcado carácter político y social, serían hoy tomadas hoy en día como una ofensa o una peligrosa provocación de un ciudadano norteamericano. 

Este es el punto de vista que adopta en todo momento el gran escritor. Desde mi perspectiva, Mark Twain observa el Viejo Mundo bajo el prisma de la joven nación en la que nació, una mirada sesgada por carácter altanero y en ocasiones arbitrario de la sociedad norteamericana de su tiempo. Es curioso cómo el escritor parece haber olvidado en su relato los tristes acontecimientos que su país acaba de vivir antes y durante la Guerra Civil, otro quizá hubiera adoptado una posición más humilde con respecto al funcionamiento de las naciones que visitó. Pero eso era parte de la genialidad de Mark Twain, quien, no contento con sus osadas palabras, también se vio involucrado en temerarias excursiones. El relato de ciertas visitas prohibidas por la cuarentena debido al cólera en Italia, Grecia y España, van más allá de la simple picaresca de unos viajeros curiosos, incluso podrían haberse convertido en un conflicto internacional. Dejo a mis lectores que reflexionen sobre el tema.

Por otro lado, y en relación a la cultura, podríamos establecer dos partes en el libro. Por un lado está la etapa europea, en la que el escritor y sus compañeros de viaje visitan una ciudad tras otra, consumiendo arte y lugares de interés sin descanso; y por otro, cuando el grupo de amigos de Twain decide visitar Tierra Santa por su cuenta y a caballo, recorriendo los lugares más emblemáticos que aparecen en la Biblia. En la primera parte europea, el lector se echará las manos a la cabeza por los comentarios que hace el escritor con respecto al mundo antiguo y su arte. De sus críticas no se salvan Roma con sus iglesias, ni Venecia con sus palacios, incluso el grandísimo Miguel Ángel llega a fastidiarle; tan sólo se arrodilla ante el mundo clásico de Grecia. Ni que decir tiene que las costumbres y las comodidades que le ofrecen las naciones que visita, en cuanto a transporte y alojamiento, pasan por su exigente vara de medir. Quiero destacar de entre todos los capítulos el que dedica a dos amantes que dejaron huella en las letras francesas, me refiero a Eloísa y Abelardo. Los pasajes que dedica Twain a la visita de la tumba donde están enterrados son verdaderamente soberbios.

William Cowper. escritor de viajes
Fuente: Wikipedia
Con respecto al viaje a Tierra Santa, aquí la narración se vuelve menos frívola, aunque su tono es igual de crítico
. En esta parte del libro la lectura se torna un poco más lenta, debido a las partes dedicadas a temas bíblicos del Antiguo Testamento que, para quienes están poco versados en el tema, pueden resultar algo áridos. Pese a ello, el relato del periplo por aquellos lugares no carece de interés para quienes amamos la historia del mundo Antiguo y de las diferentes religiones, que tampoco escaparon a su censura. Por otro lado, los capítulos que dedica el autor a comparar las experiencias que tiene en los lugares que visita en Oriente Medio, con respecto a las observaciones que encontraba en los libros de viaje que estaban de moda a mediados del siglo XIX, son de lo más hilarante. Mark Twain desmonta la idea romántica que muchos autores de guías de viajes habían creado. En especial, se desquitó con el libro Tent Life in the Holy Land de William Cowper Prime, al que satirizó hasta la saciedad, debido a las exageraciones que encontró en su relato con respecto a los nativos y a la peligrosidad del lugar. Debo decir que, aunque creo fielmente en su juicio literario, la curiosidad literaria me puede y ya estoy buscando estos libros tan denostados por Twain.

Pero, como pasa siempre, todo viaje llega a su fin, y el buque Quaker City inició el viaje de retorno hacia Nueva York, con escala en Egipto, una parada en el viaje que el grupo de turistas norteamericanos no pudieron disfrutar en su justa medida, debido al cansancio acumulado durante tantos meses. Pese a que visitaron muchos de los lugares que tenían previstos, y que son de gran relevancia histórica y artística, el relato de las excursiones decae al mismo ritmo que la energía de los viajeros. Es una verdadera lástima, ya que me hubiera gustado poder comparar con más exactitud las opiniones de Mark Twain con las que recogí de Amelia B. Edwards en mi reseña de Mil millas Nilo arriba 👈 libro que narra el viaje que realizó la escritora inglesa por Egipto en 1873, creo que contrastar dos visiones tan distintas siempre es enriquecedor. Pese a ello, fue para mí muy satisfactorio encontrar algunos datos de cómo la nación egipcia se preparaba emocional y materialmente para la visita de la Emperatriz de los franceses, conocida en casa como Eugenia de Montijo, de lo que hablé en la reseña que acabo de citar.

Poco más queda por explicar de Guía para viajeros inocentes. Quizá lo más notorio es comentar que el artículo que publicó Mark Twain en el Herald al llegar a Nueva York, con el que cerraba la crónica del viaje, se adjunta al final del libro. Desde mi punto de vista, este texto es el cierre de oro para un libro muy particular, característico de la personalidad y estilo literario de su autor, de una calidad narrativa indiscutible, pero incendiario donde los haya. Leerlo ha sido divertido muchas veces, en otras me ha enfadado, a ratos parece algo árido, y siempre se muestra descarado, pero lo que nadie puede rebatir es que Guía para viajeros inocentes es narrativa de primer orden y que, pese a los ciento cincuenta años desde su publicación, su contenido resulta de máximo interés y relevante en la actualidad por lo que tiene de cotidiano. En definitiva, el libro cumple con las expectativas de su autor que, como aseguraba en el prólogo del libro, Guía para viajeros inocentes pretendía sugerir al lector cómo vería los lugares que se describen en el viaje si los mirase con sus propios ojos, y no con los de aquellos que han viajado a dichas zonas antes que él. ¿No es eso lo que todos queremos?




<He descubierto que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él.> Mark Twain



Undine von Reinecke ♪



Os espero el 20 de octubre de 2021 en Cobh, Irlanda, la siguiente etapa de La vuelta al mundo en doce libros. Gracias por acompañarme en el viaje.




El autor por la Editorial: 


Foto de A. F. Bradley, 1907
Fuente: Wikipedia
Mark Twain
Samuel Langhorne Clemens es el icono literario más famoso de los Estados Unidos de América y uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Nace en Missouri en 1835. A los trece años, tras morir su padre, se emplea como aprendiz de tipógrafo y posteriormente trabaja en el periódico de su hermano. En San Luis se hace piloto de río y de allí extrae su seudónimo: Mark Twain, voz que grita el proel para indicar un calado suficiente para la navegación segura. En 1861 regresa al periodismo y comienza a publicar artículos de opinión y relatos de humor en distintos diarios. Después llegarían los libros cuyos personajes, como Tom Sawyer y Huckleberry Finn, le darían fama universal. Fallece en Redding, Connecticut, en 1910.

27 comentarios:

  1. Me encanta Mark Twain , no conocía este libro (vergüenza, lo sé) Me lo apunto sí o sí para buscarlo.

    Muchas gracias

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    1. Buenas tardes, Jani:
      No te de vergüenza, yo misma lo conocí hace pocos meses. Si te animas con él, no dejes de contarme tus impresiones.
      Un abrazo y gracias por la visita!!

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  2. Tus entradas Undine son clases de literatura, historia, música... Esta me la guardo para leerla con calma. Gracias por compartir tanto. Un abrazo

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    1. Buenas tardes, Esther:
      Muchas gracias por tus amable palabras. Intento contextualizar el libro para que se disfrute más la experiencia. Si lo consigo al menos en una pequeña porción ya me voy contenta.
      Un abrazo grande y gracias por la visita!!

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  3. En mi infancia leí y releí sin cansarme tres libros de este autor: los conocidísimos Aventuras de Tom Sawyer y Aventuras de Hukleberry Finn, y otro menos conocido, pero igual de maravilloso: El príncipe y el mendigo que era el que más me gustaba por aquel entonces. Ahora no sé si podría con ellos. Los tengo tan asociados a la infancia y primera adolescencia que como adulta no sé si los disfrutaría.
    Esta Guía para viajeros inocentes, que no conocía, tiene una pinta estupenda y es que la prosa de Twain es magnífica y ver lo que opina un estadounidense de finales del siglo XIX acerca de Europa y Asia es algo para disfrutar y aprender en lugar de sacarlo de contexto como se tiende a hacer hoy en día. Por lo que cuentas, muchos se quedarían con las ganas de quemar este libro.
    Un beso.

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    1. Buenas tardes, Rosa:
      No sabes cuánto me alegra tu comentario. El otro día lo hablaba con una amiga, hoy por hoy es difícil encontrar comentarios sobre Twain y otros autores que no sean juzgado con severidad por el ojo crítico del siglo XXI. En guía para viajeros inocentes el propio autor deja entrever lo que escocían a otros sus escritos. En mi opinión hay que ver los acontecimientos y la cultura de aquellos días como parte de la historia. Te animo a que leas el libro, te gustará.
      Un saludo y muchísimas gracias por leerme y dejar tus impresiones!!

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  4. Me encanta Mark Twain, sobre todo por su sentido del humor, la inteligente ironía de su narración y su prosa, pero ahora que leo tu reseña (me encanta la intro histórica que nos regalas) me doy cuenta de que nunca he leído no-ficción de este autor, solo novelas, y a eso tengo que ponerle remedio ya. Me ha hecho gracia el título original de estas entregas de viajes de Twain en referencia al libro del progreso del peregrino de John Bunyan que tan de cabeza traía a las hermanas March en Mujercitas ;-) Es que últimamente no dejo de encontrarme este título de Bunyan por todas partes. Besos.

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    1. Buenos días, Mónica:
      Muchas gracias por tu amabilidad. Con respecto al Twain de no ficción, es incluso más mordaz que en sus novelas más famosas. Con John Bunyan se despacha de tal manera que es imposible no querer leer su obra por cotillear. Ya me contarás si finalmente te animas con este libro.
      Un abrazo y felices lecturas!!

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  5. Hola Undine, Mark Twain me encanta. Aún guardo como oro en paño una edición de Príncipe y mendigo de Historias Selección y Tom Sawyer, ilustrado que me regalaron cuando tenía como ocho años. Sin embargo esta que traes hoy no la conocía. Me la llevo apuntada desde luego. Ya me da miedo pasar por tu Blog que es raro que no salga con otro libro para mi lista. Estupenda reseña. Un abrazo.

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    1. Buenos días, Mar:
      Yo también tengo esas novelas de cuando era pequeña, pero en aquel momento no supe apreciarlas en su justa medida. A Mark Twain le tomé afecto ya con cierta edad y, desde entonces, guardo mucho respeto a toda su obra. Te recomiendo este libro encarecidamente.
      Un abrazo grande, y mil gracias por tus ambles palabras!!

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  6. Hola Undine, no sé si me adentraría en este libro. Por un lado me llama eso que dices de que es divertido, pero creo que me enfadaría más que otra cosa por las críticas que dice que suelta... no sé igual algún día me atrevo.
    Un besazo

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    1. Buenos días, Nitocris:
      Guía para viajeros inocentes es un libro que tiene más de ciento cincuenta años, Nitocris. Por ese motivo no debes tener temor a cómo se despacha el autor en sus comentarios. Ya verás que si le das una oportunidad disfrutarás de su ingenio y narrativa. Ya me contarás si finalmente te animas con él.

      Un abrazo fuerte y mil gracias por tu visita!!

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  7. Holaa!! qué ganas de leer al autor y, aparte, este libro suena interesante, así que apuntado queda. Gracias por tan buena reseña.

    Blessings!!

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    1. Buenos días, BookLover.
      Me alegra que te guste mi propuesta. Espero que disfrutes del libro también.
      Un abrazo y gracias por la visita!!

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  8. Querida Undine:
    Sinceramente me ha sorprendido. Esperaba algo ambientado en Nueva York pero vaya, que no le hago ascos a un crucero de semejante calibre y encima contado con ese estilo. Me gusta lo de crítico y mordaz aunque reconozco que sería mi estreno con Twain.
    De la historia de Nueva York se algo más que de costumbre porque me leí Nueva York de Edward Rutherfurd y me gusta mucho la novela americana en general por lo que no estoy tan ignorante. Me ha gustado mucho tu repaso y claro que me llevo el libro.
    Besitos y ¡¡Feliz semana!!

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    1. Buenos días, Norah:
      Siento mucho que mi elección de libro no se centre en la ciudad. Pero, si te sirve de consuelo, el libro capta ese ritmo trepidante y el ambiente que se debía vivir en ella por aquella época. Cuando me topé con este libro la tentación de leerlo fue máxima, por tratarse de una vuelta al mundo. Además, que Twain partiera del puerto de Nueva York y regresara a él, después de seis meses mandando cartas a los periódicos neoyorquinos me dio el argumento que buscaba para leerlo. Vamos, que me empeñé en ello :) Por otro lado, tengo muchas ganas de leer el libro que comentas de Rutherfurd.
      Ya me contarás si te animas con este Twain.
      Un beso grande y mil gracias por leer la crónica del viaje!!

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  9. ¡Hola! Yo a Mark Twain solamente lo leí en una ocasión y la verdad es que me gusta cómo escribe. Nunca me he planteado repetir con él y este libro no me llama demasiado pero tal vez algún día me anime. Un besote :)

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    1. Buenos días, Marya:
      A Twain a que leerlo convencida, porque de otro modo quizá no te agrade. Pese a ello, yo admiro su estilo narrativo y lo incisivo que es en algunos aspectos.
      Un abrazo y gracias por leerme!!

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  10. Ohhh, Twain. Qué maravilla. No conocía el título. Pasar por aquí es un regalo. Besos de Marisa G.

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    1. ¡Muchísimas gracias y bienvenida a Lecturas de Undine!
      Un saludo

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  11. No conocía este título de Twain, que maravillas rescatan las editoriales últimamente.
    Me busco el libro y la editorial a ver que encuentro. Besos.

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    1. Buenos días, Rocío:
      Ediciones del viento tiene una selección de títulos muy original y especial. Te animo a que busques en su web, encontrarás auténticas maravillas.
      Un abrazo y gracias por la visita!!

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  12. Hola Undine!! Me anoto tus impresiones lectoras acerca de este título, creo que me podría animar y darle una oportunidad. ¡Genial reseña y gracias por tu recomendación!

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    1. Buenos días, Ana:
      Espero que te animes con este libro porque es realmente especial. Ya me contarás si lo haces y qué impresiones te ha causado.
      Un abrazo y felices lecturas!!

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  13. Hola ♥ Soy nueva por aquí y lamento mucho decir que no he leído nada Mark Twain y por ende, no conocía estas historias :'v
    Espero que se animen a leerlos, no me queda más que agradecerte por compartir con nosotros esta entrada de esta guía.

    Espero nos sigamos leyendo, yo quedo al pendiente :D

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    1. Buenos días, Femme Book Freak:
      Bienvenida a Lecturas de Undine. Estoy encantada de conocerte y seguirte en tu blog.
      Un saludo

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  14. Ains, Undine. Mark Twain es uno de los autores clásicos "culpable" de mi afición a la lectura en mis años mozos. Aunque este libro de viajes no lo leí, porque me decantaba por sus novelas. Tomo nota de este libro porque me atrae lo que nos comentas sobre el enfoque que le dio a sus artículos. Wilson, el chiflado, o El bobo Wilson, según la editorial que lo publique, fue de las últimas novelas que leí de este genial autor. Excelente reseña, para variar. Un abrazo.

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